30 de junio de 2025

Mito (Libro)

 Mito

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Mito es una novela. Es el libro quinto de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito.


29 de junio de 2025

La mitad de la vida VII

Lo que le pido a esas islas es que se plieguen por una vez a la descripción del paraíso que intento. Uno sobre la mitad de la vida. Que tal vez sea un paraíso como cualquier otro. Qué tiene de particular este. Hace calor. Tengo la música y los castillos de Kafka. La exploración poética de Barthes. La fuerza de Adam. Tal vez no mucho más. Pero todo eso es ya muchísimo. Lo poseo todo, podríamos decir, si a poesía se refiere. Voy danzando con los elementos. Voy acompañando a la vida para mostrarle un camino. Dejando las palabras en los surcos para que no estén sólo llenos de miseria. Voy describiendo los precipicios de la grandeza que terminan en el mar agitado con el viento. Hubo un tiempo en que no era la mitad de la vida. Ahora es la mitad. Porque la literatura va dando vuelta las páginas para encontrarse con los secretos necesarios. Con las claves que logren dar con el acertijo inicial. Para qué. Para qué vivir esta vida. Si a veces es tan ingrata. Si a veces es tan luminosa como el mar abierto asoleado. En esta mitad de mi vida tengo una respuesta. Porque Adam, Kafka y Elvis Presley lo habían dado todo. Yo todavía tengo más que entregar. Mi mano y mi vida completa, también, como canta Elvis. Toma mi mano y mi vida completa. Es lo que le digo a la literatura. Es lo que me digo a mí misma. Es lo que le digo a la posibilidad del amor. El eterno retorno y las nuevas islas por descubrir. El mito de la felicidad en realidad vacía y sus resortes internos que nos atrapan. Prefiero estar atrapada en libros que en el aire sofocante. Hay un cierto tipo de ficción que me interesa, y es la que se va revelando verdadera. La que lo entrega todo sin miedo a esa intensidad que rebana. Sé por qué partieron y tenían buenas razones. A mí me gustaría quedarme, permanecer en la contienda con la hoja vacía. Con la creatividad posible de llevar a cabo con cariño. No quiero competir con la hoja vacía. Quiero que sepa que estoy inerme pero que ya viví la mitad de mi vida y me gustaría continuar aquí y compartir algunas cosas. Con honestidad compartir algunas cosas. Con el amor que me ha sido entregado, que ya no me pertenece, sino a la hoja vacía que va delineando la belleza al mismo tiempo que mi pluma porque juntas llegamos más lejos. Hablamos más fuerte. Se hace audible el eco de los despeñaderos abruptos que terminan en el mar sereno. En el mar profundo por donde pasó mi barca para llegar a la orilla. La mitad de la vida es la orilla de la poesía cierta. Todo lo que soñé está ya en mis manos. Ahora sólo es delinear el deseo para que siga significando algo. Para que vida signifique también esperanza. Signifique también algo que es para todxs. Signifique algo que sea íntimo, y mío, y podamos compartir los dos en esas playas que están por venir. En esas islas donde crecí y me transformé para siempre. Donde el llamado de la vida tuvo un sentido. Quisiera seguir. No hay que olvidar que tengo la música, los castillos y la fuerza. La mitad de la vida es la certeza de la dificultad del camino. Compartirlo mucho mejor. Para no querer dejarlo todo, y en cambio continuar. Alcanzar esa playa secreta. Crear algo que se parezca al amor, para nunca olvidar que una vez fue nuestro. Que conocimos esos acordes y esos paisajes que nos permitieron la vida. La otra mitad la tengo ya soñada y voy cada día anotando esos descubrimientos. No sé vivir de otra manera. Lo que pido es que la barca no se hunda antes de haber llegado a la playa. El camino ha sido largo y escarpado, como todo lo que vale la pena. Aunque no haya más palabras yo hablé de esos paisajes. Siempre fue una forma de agradecimiento. Siempre fue una invitación al amor. 

La mitad de la vida VI

Entonces tenemos a Adam, a Kafka y a Elvis Presley partiendo en la mitad de la vida. ¿Y yo? Yo todavía aquí, incrustada en los libros. Pensando en Adam, en Kafka y en Elvis Presley. En la intensidad de la vida que impide que esta continúe. Shall I stay?, would it be a sin?, se pregunta Elvis. Las grandes obras son ahora, antes que la intensidad me rebane. Estuve la semana pasada en Marseille, en un barco por las Calanques. Me bañé en esa agua cristalina. Observé ese sinfín de riscos de roca que me dejaron boquiabierta del asombro. Quisiera perderme en esas islas gloriosas, en esas playas extraviadas y suspendidas en el tiempo. Tal vez ahí podría calmar la intensidad, o dispararla. Ahora sé que escribo gracias a esos paisajes y lo que causan en mi alma. Gracias a esos sentimientos que dibujan esos panoramas en mi espíritu a veces extraviado. Entiendo el afán de Adam de perderse ahí, el esfuerzo de Kafka de sumergirse en los castillos impenetrables, el intento de Elvis de disolverse en el ritmo. ¿Y yo? Yo sólo me pregunto esto en un atardecer de treinta y seis grados y unos paisajes por describir. Tal vez sea suficiente. Tal vez la vida puede tener sentido y mantenerse con un ahínco insensato por la descripción de esas perspectivas que nos capturan el alma y nos llevan a ese viaje para el que nacimos. Hay una suerte de secreto que se esconde en esas playas recónditas. Tiene que ver con el mensaje de que efectivamente es la mitad de la vida porque no lo hemos visto todo y quedan cosas por ver que ni imaginábamos. Tal vez cosas por sentir. Un nuevo paraje del amor. Una noción implacable de que en esa naturaleza indómita está la vida. En esa aspiración a capturar la esencia de lo vivo. La intensidad es esa certeza de que esas rocas esconden incógnitas aún ignoradas. La literatura vive por esas manifestaciones posibles. Por esas revelaciones que se van dando de tiempo en tiempo. Que nos devuelven al punto cero, como si no fuera la mitad. Como si todo estuviese simplemente comenzando. Como el verano ahora. La voz de Elvis me da una suerte de esperanza de poder capturar esos enigmas ocultos. Esos lugares por descubrir. Hay que aceptar que es la mitad de la vida y que queda espacio-tiempo a rellenar con palabras. Los días a veces se parecen mucho, pero no hay que olvidar esos acantilados escarpados que terminan en un mar infinito. La literatura es el mar infinito. La que perseguimos sin renuncia posible. Porque dimitir de la intensidad es quedarse varado en esa playa para siempre como un náufrago aburrido y desesperado. Por ese lado entiendo las decisiones de Adam, Kafka y Elvis. Por ningún motivo quedarse aburrido en la playa. Yo voy en el barco. ¿Combatí el hastío? Tal vez la desesperación. Intento no pensar mucho en esto, para no correr la misma suerte que mis compañeros de ruta. A fin de cuentas estoy a mitad del camino. “Only fools rush in”, but I can’t help, falling in love with you: una disposición hacia el presente de los paisajes eternos. En esas Calanques de Marseille tuve un nuevo impulso. Por las islas podré llegar a las frases que me salven. Es urgente. Estoy en la mitad de la vida.  

La mitad de la vida V

El amor tiene que ser radical para que sirva. Creo que he aprendido esto en la mitad de mi vida. Las dudas son posibles, pero no los cálculos. Si hay cálculos todo se distorsiona y el ingrediente esencial comienza a faltar. A mí ya la lista de requisitos que uno tenía antaño me da igual. Me importan otras cosas ahora. A mí lo que importa ahora es sentirme enamorada, que no me pasa jamás, o muy rara vez. Lo que me importa es que haya un deseo que me calcine, y sentir admiración por alguien. Las otras consideraciones son secundarias. A mí me gustan las personas que me hacen reír. Que me hacen reírme de mí misma con cariño. Me interesa la pasión, por un quehacer, por la vida, por una relación. Una convicción total. Las dudas ahora me dan risa. Sé inmediatamente si algún candidato a pareja llegó a mi corazón o no. Que tenga eso la mitad de la vida. Haber afinado la intuición. Por ejemplo Maël llegó a mi corazón, pero es caótico y no logra ponerse de acuerdo con él mismo. Hay una parte de mí que eso le causa gracia. No es que me ría de él, pero me causa ternura. Tal vez eso me gusta también. Su terquedad. Su obstinación por querer organizarlo todo. Comprenderlo todo. Gobernarlo todo. Ser amado incondicionalmente aunque todo sea un desastre. A mí me gusta su tormenta constante. Tiene algo que me atrae. El componente de fragilidad me genera deseo, pero sólo cuando va acompañado de pasión e insistencia en lograr lo deseado. Como la que tenía Adam. Una vulnerabilidad acompañada de una valentía a prueba de todo. La sensación de lo infinito, de poder alcanzarlo, eventualmente. El gusto por la vida que tiene Maël me divierte, su manera de funcionar. Ahora hace unas semanas que no me habla porque quería reflexionar. De acuerdo, le dije, suerte con eso. La pasión arrecia siempre. Darling, so it goes, some things are meant to be.

La mitad de la vida IV

Qué es lo que nos sostiene en la tormenta. Cuando recién me había casado con Jean, se cayó un día de un árbol. Casi pierde la vida. Completa, no la mitad. Cuando recién lo conocí, también pensé que la había perdido un mes después. Yendo en moto a verme desde Lyon a Barcelona la batería dejó de funcionar y desapareció de la faz de la tierra hasta la noche. Para mí casi pierde la vida. En ambas ocasiones lo recuperé con vida. Por lo menos la mitad de la vida. En ambas ocasiones me dije lo siguiente, esta existencia es indescifrable, encuentro el amor verdadero y ahora esto: inmediatamente la muerte. Entonces luego ya es como días que te van regalando. Días que no esperabas, y ahí están. Durante muchos años más después de esos acontecimientos estuve cada día en sus brazos: tuve suerte. Todavía tiene la vida, pero ya no estoy en sus brazos: no importa. Estoy en la mitad de mi vida. En este momento frente al ventilador que rueda raudo para bajar la temperatura que asciende a los treinta y seis grados a la sombra. Sigo escuchando Elvis Presley, la misma canción like a river flows, surely to the sea. Aquí no hay nada seguro. Sólo que escribo libros y que eso ocupa casi la totalidad de mi tiempo. Escribir y leer libros. Cuando Jean se cayó del árbol tenía que dormir sentado porque en caso contrario no podía soportar el dolor del cuerpo lastimado con la caída. Yo dormía al lado y lo veía intentando dormir sentado apoyado en almohadas. Recuerdo la sensación de observarlo y agradecer que estaba ahí al lado mío y con vida, aunque fuera en un estado deplorable. La vida da ese tipo de oportunidades de reconocer que nos sería difícil vivir sin una persona. Nos da una noción nítida de lo que es el amor. Creo que lo que hizo que nuestra relación durara tanto es que lo pasábamos muy bien juntos, conversábamos siempre hasta que nos echaban de los lugares porque tenían que cerrar, nos reíamos mucho, disfrutábamos, nos gustaba comer bien, pasear, escuchar música, ver películas, o simplemente estar juntos, leer uno al lado del otro. Ya no lo echo de menos casi nada. Estoy acostumbrada a mi vida y me gusta. Pero estoy muy contenta que ni el árbol ni la moto ni nada más se lo hayan llevado, y siga alegrándome a la distancia con su belleza. Estoy contenta que estuvo en mis días y yo estuve en los suyos. J’ai beaucoup aimé, appris et grandi à tes côtés, me dijo hoy. La mitad de la vida y la alegría. Tal vez la confianza, en el valor propio, en la posibilidad de un presente con mayor paz en el mundo. Mi optimismo es crónico y no bajo los brazos. Crecí con una familia que nunca los bajó. La pasión arrecia siempre. Darling, so it goes, some things are meant to be.

La mitad de la vida III

Creo que el momento más feliz de mi vida fue cuando me casé con Jean. Por eso es un divorcio imposible el nuestro. Por eso esa suspensión constante. Esas preguntas hacia la vida. Hacia la mitad de la vida. ¿Qué viene ahora? ¿En qué va a consistir la felicidad? Pero el presente ocurre haya preguntas o no. Esa es su fatalidad. La necesidad de hacerle frente cada día. Yo por suerte tengo las letras. Pero este presente no está fácil, hay la solidaridad, pero hay el dolor. Lo bueno de haber sido feliz es que se puede ser feliz todos los días. La felicidad es una noción que hay que tener, para recurrir a ella cuando hace falta. Es una especie de pilar que nos va constituyendo. Como no sé si es la mitad ni si va a continuar, prefiero escribir sobre estas cosas que me han hecho feliz. Porque así habrá claridad. Porque así me pierdo menos en la vorágine que es existir. En todos los sinsabores que aparecen, o la dificultad constante de poner una letra luego de otra y que signifique algo. Todas esas situaciones que no entendemos bien, pero luego vamos sacando cosas en claro, aprendizajes, ideas. Mona Chollet critica la devoción total a los quehaceres cuando estos te transforman hasta quedar irreconocible. ¿Pero cómo más puede ser? En las letras para mí no hay otro camino. Es esa poesía verdadera de la exploración de la que habla Barthes, pero es sin retorno. No se puede entrar en las palabras y seguir siendo la misma. Por eso la mitad de la vida es importante, porque lo hitos dan cuenta de nuestras transformaciones. Nos anclan al presente para que al menos haya algo que no se modifica. Anclarse al presente permite la serenidad en un movimiento que no cesa. Las palabras para mí son serenidad, aunque hayan acabado completamente con mi cordura y con toda la estabilidad que alguna vez tuve en mi vida. Pero la pasión arrecia. Lo que nos da estabilidad y cordura es el sentido. La claridad de que al menos algo de lo que hemos hecho ha valido la pena. Aunque sea una sola cosa. Aunque parezca un detalle dentro de una vida de casi cuarenta y cinco años. El mensaje de Jean de hoy desata un nudo porque sé que todo valió la pena, y que ambos estamos de acuerdo. En estos tiempos turbulentos eso es algo muy grande. Un inmenso regalo, o tesoro, que puede llevarse para construir toda la poesía. Porque la poesía no es exigente, puede construirse con algo pequeño, pero es más profunda cuando está construida con cosas que han tomado tiempo. Eso es algo inexorable de la vida, lo efímero se desvanece, pero la belleza sostenida es otra cosa. La belleza cuando todo es más difícil. La belleza cuando es imposible, pero de todas maneras queda, se manifiesta. Eso es lo hermoso de Jean, su belleza no se empaña ni en la tormenta. Por eso el divorcio es imposible. Porque no está en la mitad, ni a medias, está en todo lo que lo mueve. La belleza completa es lo que dicta el asombro para seguir la otra mitad que queda. Admiro mucho a este hombre del alma intacta. Del alma bondadosa. He aprendido tanto de él. Me transformó, igual que la literatura. La mitad que queda voy con esa felicidad que conocí. 

La mitad de la vida II

Observaba ayer la película sobre Elvis Presley, que falleció en la mitad de la vida, agobiado por el ritmo afiebrado de los conciertos y la vida. Qué voz fantástica. Toma mi mano, toma mi vida entera, canta. Un verdadero mito, un mundo entero en una voz y en unos movimientos. Lo escucho ahora y puedo entender la fascinación que suscitaba. Me causa alegría la posibilidad del amor, del deseo de decirle a alguien take my hand, take my whole life, too. Tal vez eso es lo que emociona, que está integrado en él esa fuerza del amor, esa pasión que desgarra, por la vida, que se va en la mitad cuando es muy intensa. La mía es intensa y estoy en la mitad, pero aquí estoy. Antes de Elvis Presley ayer por la tarde salí en medio de la canicule a buscar nuevos cuadernos porque se me van acabando. Conseguí de varios colores y tamaños, para seguir llenándolos de líneas, porque eso nunca sobra. Puede ser infinito y la travesía sigue siendo serena. A la vuelta decidí en el camino entrar a un restaurant de comida japonesa del barrio al que fui una vez con Jean. Me senté en la barra para pedir comida, observando la carta en medio de los treinta grados. Me senté en una butaca del restaurant con una cerveza esperando que estuviese listo mi pedido. Una persona tomaba una copa de vino en la barra conversando con la mujer que atendía y el cocinero. Entre ellos hablaban japonés, pero con la persona de la barra en francés. Era un señor de avanzada edad que parecía ser un amigo, cuando se le acabó la copa le sirvieron más. Se mostraban extremadamente amables. Me alegró la escena, me gusta el anonimato, pero aquí me sentí como en casa, como en un ambiente de barrio donde se despliega la humanidad de la gente. Yo estaba fuera de la escena sin embargo, observaba desde mi butaca, donde estaban las mesas. Recorrí el lugar con la mirada. No pude evitar pensar en Jean, creo que ese restaurant fue el primero que fuimos cuando alquilamos el piso en Lyon la primera vez, al otro lado del puente de donde vivo ahora. Exactamente a la misma altura de donde vivo hoy, pero unas cuadras hacia adentro cruzando la pasarela sobre el río, frente a un teatro. Me sorprendí con lágrimas en los ojos, pero de una especie de nostalgia que emociona. Observando el restaurant vacío, pero listo para acoger a las personas en unos minutos. Supongo que la mitad de la vida emociona porque es la noción nítida de que la intensidad no ha sido en vano. El ritmo del alma es afiebrado como la canicule. Yo que lo le digo a esta mitad de la vida es take my hand, take my whole life, too. Porque esa intensidad es lo que permite la literatura. “Only fools rush in”. Es mejor la vida vivida en las manos de la fiebre, con el calor de la canicule. No es fácil pero me ha permitido permanecer, a pesar del hastío y la desilusión. Hoy me desperté con un mensaje de Jean en el que me agradece el libro que les escribí y las fotografías, y me habla de esos años de amor, aprendizaje y crecimiento. Vuelvo a emocionarme, en medio de los treinta grados que no bajan. Take my hand, take my whole life, too. Sé que un día podré volver a amar, luego de esta mitad de la vida, pero no sé si a alguien tan hermoso. Por mientras puedo escuchar a Elvis Presley, y recordar que la intensidad de la vida no me impidió llegar a la mitad. Take my whole life, too.

28 de junio de 2025

La mitad de la vida

La literatura es pura improvisación, más o menos como la vida. Está la hoja ahí, y hay que anotar algo. Inventar algo, a riesgo de que quede si no vacía. La hoja puede estar llena. La existencia ojalá no esté tan llena. Ojalá que haya esos espacios vacíos. Esos del silencio y la música. O llena de música. O llena de frutillas. O de libros. Aquí ya es personal. A mí me gusta la música, los libros, y las frutillas. Las consigo siempre que puedo y las disfruto. Tal vez si mi vida estuviera realmente llena de frutillas ya no sería tan atractivo. Hay algo agradable de la moderación aunque a veces no lo parezca. Pensemos, cientos de frutillas. Una casa llena de frutillas. Es demasiado. Con unas quince cada semana, ya estoy. Por ejemplo ahora es la canicule. El calor es fantástico, pero la canicule, para nada. Si me separo del ventilador, creo estar dentro de un horno. Como si fuese un guisado. Un pollo en un plato, con arvejas alrededor, y zanahoria. Algo que se cocina con mucho calor. Es mejor la brisa fresca y que los glaciares no se derritan. Bueno, vamos al tema que nos convoca aquí, aunque sea difícil organizar las ideas con el calor. Es la mitad del año, y siendo optimista, la mitad de mi vida. El veintinueve de noviembre de este año cumpliré cuarenta y cinco años tocando música y comiendo frutillas. Los libros vinieron después, alrededor de los seis años, los con letras, antes de esos había otros. Qué tengo por decir de estos hitos medianos. No sé si fue, o si va a ser o si es, pero lo clave es que me interesa la verdadera poética de la exploración, como dice Roland Barthes a propósito del barco de Arthur Rimbaud, y no un navío encerrado sobre sí mismo apropiándose de las cosas, como el de Jules Verne. No quiero apropiarme de nada. Sólo seguir navegando en un barco ebrio. Ebrio de poesía, como Baudelaire. Observemos la poesía de estas frases de Barthes: “mientras afuera la tormenta, es decir el infinito, se enfurece inútilmente”, y “algún capricho mordaz de la geografía”. Ya el día puede llenarse con esas dos frases. Observemos ahora las frases completas, tan de actualidad: “El arquetipo de este sueño es esa novela casi perfecta, La isla misteriosa, donde el hombre-niño reinventa el mundo, lo llena, lo cerca, lo encierra dentro de él y corona este esfuerzo enciclopédico con la postura burguesa de la apropiación: pantuflas, pipas y un rincón del hogar, mientras afuera la tormenta, es decir el infinito, se enfurece inútilmente”, y “sobre este planeta, deglutido triunfalmente por el héroe verneano, suerte de Anteo burgués cuyas noches son inocentes y “reparadoras”, se arrastra a menudo algún desesperado, presa del remordimiento o del spleen, vestigio de una edad romántica concluida que destaca, por contraste, la salud de los verdaderos propietarios del mundo, quienes sólo se deben preocupar por adaptarse, de la manera más perfecta posible, a situaciones cuya complejidad nada tiene que ver con la metafísica y ni siquiera con la moral sino que se vincula simplemente a algún capricho mordaz de la geografía.” Todo está ya dicho, quisiera yo llenarme de estas frases y no de otras. No de esas de las pantuflas encerradas y las geografías escabrosas. Sólo la expedición para el barco y no la apropiación. Como la mitad es un concepto cuantificable, yo más bien quisiera lo cualitativo, porque no sé bien cuánto en realidad. Todo son apuestas. Todo son rayos, trombas, resacas y corrientes, como dice Rimbaud, todo son lunas atroces y soles amargos. Pero no exageremos, todos podemos velar por el telar de belleza, sentido y generosidad que mantiene unido al mundo, como dice Mona Chollet. La fe en un fuerte poder creativo que obra a través del mundo vivo hacia la vida, la diversidad, la reparación, la regeneración, como dice Starhawk, citada por Chollet. Sí, está siendo necesario el optimismo para esta mitad de la vida en que vamos todxs juntxs, como la canción de Los Jaivas. La mitad de mi vida la construí con Los Jaivas y Roland Barthes: mejor así porque evité el navío cerrado. ¿Ahora qué? Apagar el teléfono un momento y abocarme a los libros: mucho mejor así. Mitad de la vida y la esperanza completa. La música absoluta, los libros y las frutillas. Mi piano nuevo que toco cada día y mi biblioteca, que es la generosidad total, como dijo Bolaño. Riendo como Doris Lessing, eso nunca lo olvido. El gran barco para la poétique véritable de l'exploration. El silencio y toda esa vida. Igual que Rimbaud, “desde entonces me baño inmersa en el Poema del Mar”, “soñé la noche verde de nieves deslumbradas”, “¡Que me pierda en el mar!”. Que me pierda en el mar. No pido nada más.

26 de junio de 2025

Grupos con hombres

Uno le pone onda y todo, pero siempre hay malos entendidos. Tal vez sea necesario aclarar algunas cosas. He organizado un sinfín de grupos y proyectos en esta ciudad, profesionales generalmente, y en ocasiones recreativos, con distintos resultados, pero quisiera hablar aquí sobre un aspecto importante. Sólo en dos ocasiones que recuerde he decidido hacer convocatorias mixtas, con el siguiente desenlace: un desastre. Por qué. En esas dos oportunidades surgieron hombres que querían proponer sus casas para llevar a cabo la actividad, un grupo para tocar música y un grupo de escritores. Hasta ahí vamos bien. Pero luego qué. Esa propuesta iba junto con hablemos por teléfono, veámonos para organizar la actividad. ¿Es una técnica? Por supuesto ninguna de esas propuestas se llevó a cabo dada mi decisión de cambiar los lugares, y verme obligada a eliminar a estas personas del grupo. Qué sucede entonces. Tal vez lo siguiente, un mito anclado profundamente y falso que es necesario zanjar aquí: la creencia de que querer relacionarse con seres humanos en actividades es querer buscar pareja. Ese es el número uno. No es tan grave pero cansador. El segundo es más arduo, el mito de que una siempre está disponible para cualquier cosa, porque obvio hay que aprovechar cualquier oportunidad para acosar. Ante estas dos creencias, sucede lo siguiente, ayer conversaba con una amiga para organizar un grupo de estudio para aprender alemán, y cuando iba a proponerlo en un grupo mixto: me abstuve. Quisiera concentrarme en esa actividad, y no en lidiar con otras problemáticas que no tienen relación alguna. Entonces aclaremos, no es todos los hombres, pero es cada vez que he armado un grupo con hombres en esta ciudad. ¿Se entiende la sutileza? El resultado sin embargo es el mismo: no quiero perder mi tiempo ni mi integridad. Surge entonces el tema del consentimiento cada vez, que es crucial, y puede ayudar a aclarar estas creencias instaladas. Puntualicemos entonces, con optimismo, o sin, cuando quiero formar un grupo para hablar sobre libros, por ejemplo, lo que me interesa es hablar sobre libros, no encontrar una pareja ni tener sexo, porque entonces organizaría otro tipo de grupo, o ninguno. Grupo de hablar sobre libros: quiero hablar sobre libros. Con personas del sexo o género que sea, eso es irrelevante, mientras me hablen sobre libros, que es lo que me interesa, y no sobre cualquier libro, sobre el tema que se haya convocado, porque si se leen libros sobre escarabajos, por ejemplo, y se convocó a un grupo sobre novelas, a menos que sea la metamorfosis, no veo cómo. Ahí hay otro punto: si no lees novelas, es mejor abstenerte de integrar el grupo de lectores de novelas. Hay como una sensación de no importa, no hago nada de eso, pero igual voy a ir a conversar un momento. Aclaremos: no es interesante conversar en un grupo de lectores de novelas con personas que no las leen. Tal vez es clave entonces, de manera más general y para que salga más fácil, atenerse a esto: si voy a un grupo de lectores de novelas, tengo que querer llevar eso a cabo y hacerlo, y no esperar que los demás quieran hablar sobre escarabajos o intentar, por la insistencia o la fuerza, abordar el cuerpo de esas personas. No pierdo las esperanzas. Por el contrario, si yo no quiero leer novelas, y en cambio quiero abordar el cuerpo de alguien, lo voy a expresar con claridad y esperando su consentimiento. No pierdo las esperanzas. 

25 de junio de 2025

Canicule

Me aventuré a salir a la calle hoy, en un día de canicule. Me fundí inmediatamente con el cemento. El corazón al rojo vivo. Ni tanto. No es tan difícil olvidar. Se me olvidó que te olvidé, a mí que nada se me olvida, como canta Diego el Cigala. A mí no se me olvidó. Recordé que te olvidé. Bajo la canicule que abrasa. Llegué al correo a mandar unos libros que escribí de regalo, atravesando el cemento al rojo vivo, y no se podía mandar nada. Vuelva mañana, me dijo el practicante, que no debe haber tenido más de dieciocho años. Qué otra oficina de correos está funcionando, le pregunto. No tenía ni la menor idea. De acuerdo, le dije. Recordé la oficina de correos de la Croix-Rousse. Crucé nuevamente el cemento al rojo vivo para llegar al paradero de buses, donde todas las personas estaban refugiadas como podían en la sombra que había. Subí el cerro, y llegué dieciocho minutos antes del cierre. Con el corazón no al rojo vivo, pero el resto del cuerpo sí. Logré enviar los libros, luego de obstáculos que terminaron siendo posibles de superar. El funcionario me sonrió de manera sugerente. Le devolví la sonrisa, sin ningún tipo de sugerencia, pero contenta de haber logrado un objetivo que parecía irrealizable en uno de esos momentos de ese día al rojo vivo dada la temperatura. Volví a la casa y me senté con un té frente al ventilador a escuchar Fiona Apple. Un disco que amo y que encontré la semana pasada de manera totalmente improbable en una brocante, y que tiene el título más largo del mundo: Cuando el peón se enfrenta a los conflictos piensa como un rey, lo que sabe es lo que le da fuerza cuando va a la lucha, y ganará todo antes de entrar en el ring, no hay nadie a quien golpear cuando tu mente es tu fuerza, así que cuando vayas solo, mantén tu propia mano, y recuerda que la profundidad es la mayor de las alturas, y si sabes dónde estás, entonces sabes dónde aterrizar, y si caes, no importará, porque sabrás que tienes razón. Entonces parece que todo está ya dicho leyendo el título, pero no. Hay mucho más. Pero ya tienes bastante para reflexionar. Pero luego ya con la música, ahí sí que se dispara la reflexión, y sobre todo la sensación, porque la música es eso, ¿no? Sentir. Sentir calor y música. Emocionarse. Pelo al viento. El ventilador, el té, la música y el libro de Manon Garcia, sobre el que sigues reflexionando, y los mitos, esos mitos que no te abandonan. Porque lo que duele es el mito. Lo que se supone que es de una cierta manera, pero en realidad es de otra. Por ejemplo los tres mitos falsos y fundadores que estructuran nuestra representación de la sexualidad según Nicola Gavey, citada por Manon Garcia, el mito de que los hombres sólo quieren sexo y no amor, el mito de que las mujeres sólo quieren relaciones monógamas estables y sólo tienen sexo porque les ayuda a conseguir esas relaciones, y el mito de que las relaciones sexuales se definen como la penetración de un pene en una vagina, que termina en eyaculación. O los mitos sobre lo femenino sobre los que habla Simone de Beauvoir, la manera en que estos hacen que los hombres no sepan nada de las mujeres en su “realidad concreta”, escribe Garcia, siguiendo a Beauvoir, y la cita: la relación real es recíproca; como tal, da lugar a dramas auténticos: a través del erotismo, el amor, la amistad y sus alternativas de decepción, odio y rivalidad, es una lucha de conciencias que cada uno reivindica como esencial, es el reconocimiento de libertades que se confirman mutuamente, es un paso indefinido de la enemistad a la complicidad. Plantear a la Mujer es plantear al Otro absoluto, escribe Beauvoir, sin reciprocidad, negando contra toda experiencia que sea un sujeto, un ser humano igual. Entonces la canicule y el rojo vivo y el peón de Fiona Apple que piensa como rey en los conflictos, y las ganas de que los mitos no tengan la apariencia de la realidad y en cambio se derritan como el cuerpo en la canicule y queden las personas en carne y hueso, con calor, con ideas de dónde aterrizar, y dónde derretirse mejor, si es que el calor autoriza seguir pensando, porque a este paso, pocas ideas y más que nada mucha temperatura que va subiendo, para quedar rojo como la cabeza del que va tomando decisiones imprevistas que van acabando con todo, igual como hacen sus amigos y sus no tan amigos, porque la no profundidad es la peor de las bajezas. 

24 de junio de 2025

El colchón

Hoy en la mañana, un bello día de canicule (35 grados de calor ininterrumpidos hasta la noche), llegó a mi puerta una persona que decía traerme el colchón que compré. Pero traía una caja. Por qué compré un colchón, porque el mío era del siglo pasado y tenía surcos que no podían arreglarse a pesar de las ganas. Qué es esta caja, le digo. Un colchón. Está enrollado, me dice. Listo, me voy. Firme aquí. ¿Hay que inflarlo?, le pregunto. ¿Como una rueda de bicicleta? ¿Como un flotador de la piscina? No sé, me dice. De acuerdo. Firme, insiste. Espere un momento, le digo. Tiene que llevarse este, el colchón del siglo pasado. Por supuesto que no, me dice. ¿No? Es lo que se me indicó, le digo. Nada está ocurriendo, le digo. Llamemos a la persona con la que hablé, le propongo. Firme aquí. Espere le voy a mostrar donde se indica que tiene que llevarse el colchón del siglo pasado. Vuelvo. No encontré nada, le digo. Las cosas no están en su lugar en mi casa en este momento con la llegada del piano nuevo. Pero eso no se lo digo, pero lo pienso, porque no encuentro nada. Ni el teléfono de la persona con quién firmé ese documento del colchón que se supone que no era una misteriosa caja. Me tengo que ir, me dice, cada vez más exasperado. Un momento, le dijo. Se pone a llamar él, me pasa personas en el teléfono, pero ninguna es la persona con la que yo tengo que hablar, más bien me pasa en el teléfono personas con las que él quiere hablar que indican que hay que firmar a toda costa, da lo mismo la caja, y el colchón del siglo pasado, y todo eso que no está sucediendo, y tal vez otras cosas que se podrían haber arreglado con una firma, pero nada se arregla, y todo son cada vez más problemas, y personas en el teléfono, y nunca la persona que yo quiero. Si no va a firmar, yo me voy, me dice, y toma la caja con decisión. Adónde va, le pregunto. Me voy. ¿Con mi colchón? ¿O mi flotador? ¿O mi rueda de bicicleta? Con qué voy a inflar todo eso. Se sube al ascensor. Pero no hemos hablado con la única persona con la que teníamos que hablar, le digo. La única que podía tener las respuestas que necesitamos, y no esas seudo respuestas que nos están confundiendo aún más, porque ya no sé si tengo que dormir en un flotador o qué. Ni qué hacer con el colchón del siglo pasado. Sostengo la puerta del ascensor mientras continúa la conversación, que no logra avanzar porque todo es misterio e interrogaciones y el hombre del flotador toma la caja, baja del ascensor porque no puedo firmar sin antes resolver los misterios que nos asaltan, y decide bajar por la escalera con su cofre indescifrable, y sin el colchón prehistórico con surcos donde me hundía cada noche, y voy a tener que seguir haciéndolo, porque el hombre del cofre se llevó el flotador por la escalera, o lo que sea que había dentro de esa arca. Baja como puede la escalera con el recipiente, no resulta fácil, mientras lo observo llevarse la posibilidad de dormir fuera del surco que me traga cada noche como si soñar cosas absurdas no fuese suficiente, situaciones en que las cosas parece tener sentido. Pero el señor del cofre confirma que nada tiene sentido, sobre todo no nuestra conversación que termina con él descendiendo la escalera, flotador en mano. Cierro la puerta y devuelvo el lugar de los surcos a su puesto porque tengo que volver a dormir cuando llegue la noche. Logro ubicar a la persona que me mandó un flotador en un cofre, se oye calmado, explica el error, llegamos a un acuerdo de fechas, y vuelvo a llamar al señor del cofre para decirle que estamos exentos de responsabilidad, y que nada tenía sentido pero tal vez nuestras vidas sí, y luego encuentro el documento y le envío una foto donde se indica que él debía llevarse el lugar de los surcos, le digo que lamento el sinsentido en el que nos sumieron, por razones que nos exceden, y me manda un audio donde me dice que no hay problema, que todo será mejor mañana, que habrá sentido, que tal vez no habrá más sangre en los surcos, como en el himno de Francia, esa sangre impura de los surcos, y lloramos los dos por el teléfono y tomamos café y hablamos de los surcos y las pesadillas, y la sangre, y los colchones que parecen flotadores, y de la muerte, y de las firmas, e intentamos reparar, y terminar con las pesadillas, pero no acaban, si no que empeoran, y no hay manera de hacerlo mejor porque gobiernan personas con cabeza de flotador lleno de piedras, y seguimos llorando, y seguimos tomando café, y ya mañana será otro día, tal vez igual al anterior, con surcos, hasta nuevo aviso. 

6 de junio de 2025

Lo que duele es la muerte II

Creo que finalmente he ido comprendiendo cosas de la vida, y estoy tranquila. Cuarenta años me ha tomado. También estoy agitada. Aprendí, por ejemplo, que lo que duele es la muerte. Aprendí que lo que duele es la vida. La incapacidad a veces de que las cosas tomen forma. De que conserven su forma. La incapacidad de dejar ir lo que perdió la forma. La creencia de que nada más podrá tomar forma alguna. Es por supuesto un error de apreciación. Porque luego de cuarenta años vamos viendo que toman forma muchas veces, aunque el túnel era oscuro y estrecho, y no se veía salida ninguna. Incluso la muerte puede ser liviana con el tiempo. Eso también lo he aprendido. El tiempo tiene una capacidad sobrenatural. ¿Es natural? ¿Existe? He aprendido también que no podré comprenderlo todo. Me afano, sin embargo, en este cometido. Con mucha insistencia. Recordaba también ayer otra escena, que conservo con cariño, esta de tipo más festivo, pero igual de apasionada, como todo lo que tenía que ver con Adam. Nos encontramos en un carnaval en la calle, música con grandes carros alegóricos por el centro de la ciudad. Terminó la jornada en la casa de un amigo, donde decidimos por alguna razón grabar una especie de programa. Una amiga no encontraba su vaso por ningún lado, y preguntaba, dónde está mi trago. Decidimos que sería el nombre del programa: dónde está mi trago. No recuerdo en qué consistía el programa, pero sí que estaba Adam ahí, y yo estaba siempre fascinada con su presencia. Antes de eso yo había tirado una foto de su ex por el balcón, en un confuso incidente marcado por el alcohol supongo, algo que iba en la línea del juego, pero que lo había hecho enojar mucho. Lo acompañé a buscar la foto a la acera, bajando varios pisos por la escalera de emergencia. Años después me confesó que se había enojado mucho con la escena de la foto lanzada al vacío, pero que al mismo tiempo sentía una pasión que lo estrangulaba, de hecho me dijo, quería vengarme de alguna manera, pero al mismo tiempo quería hacerte mía, en ese mismo momento, en esa escalera, sin darte opción a nada más. Pero Adam, le dije, qué es eso, nos reímos, cuando me lo dijo. Luego del carnaval, y la foto, y las escaleras, y el programa, dormimos todos juntos en la habitación del dueño de casa, creo que éramos cinco, vestidos, por supuesto, Adam y yo muy cerca, totalmente adheridos el uno al otro, pequeñas caricias furtivas, besos sobre la ropa y la piel que se asoma, felices de esas ocasiones que la existencia nos entregaba y que ahora atesoro como recuerdos imborrables y mucha dicha de haber estado viva en ese momento, y de estarlo ahora, aunque él ya no esté. Por supuesto no dormimos nada. Pero no recuerdo qué pasó al día siguiente. Yo quedaba siempre en jaque luego de verlo. Ya no lo puedo ver porque está muerto, y lo que duele es la muerte. Esa escalera donde no hay intentos posibles. Donde se pueden ir a buscar fotos bajándola, hasta la acera, pero luego no se podrá volver a ese lugar para sentir a un cuerpo adherido al de uno para sentir el calor de esa fuerza que es la vida en su lugar más alto y más apasionado. La pasión me queda. Me duele la muerte, pero la pasión la tengo. La conservo. Soy pasión y grito al viento. Quiero amar y que no siga doliendo la muerte. Que no siga doliendo lo que perdió la forma. Que no siga doliendo lo que no tomó forma. Tal vez no he comprendido tanto, pero quiero amar, de eso no tengo dudas. Lo que duele es el amor cuando la intuición es de paraíso. Cuando la pasión arrecia y te quiero en mis días. Tu cuerpo en mis días. Como no estás muerto espero la vida. 

Lo que duele es la muerte

Lo que duele es la muerte. Lo definitivo. La imposibilidad de los grandes recuerdos de convertirse en pequeñas cosas, en actos cotidianos, simples, donde está la inmensidad. La felicidad es mayor cuando es más pequeña, escribió Kafka, por eso, si tuviera que escribir mi vida, sólo anotaría las pequeñas cosas, qué feliz me hace escucharte cantar, o simplemente sentir cómo me pasas la mano por el pelo, creo que la grandeza de la vida siempre está presente en toda su plenitud, pero oculta, invisible en las profundidades, si la llamas por su verdadero nombre, entonces llega. Estuve ayer tratando de imaginarme a Kafka en la realidad, viendo la película que hicieron sobre su último verano en el mar y su posterior muerte, a los cuarenta años. Lo había escrito todo, y había quemado una porción de su obra, dejando instrucciones de quemar lo inédito luego de su partida, petición que no cumplieron afortunadamente quienes se quedaron. Partió a los cuarenta años ahogado por una tuberculosis. Igual que Adam, pero a él lo ahogó el mar. De qué se trata esto de partir a los cuarenta años. Me quedé luego escuchando tango electrónico hasta tarde y pensando en Adam, en pequeñas cosas, que no se materializan, que quedan como recuerdos abstractos que no se vuelven cotidianeidad porque forman un todo estático. Que luego no se modifica, queda en el aire como algo eléctrico, pero flotante. No se produce alquimia alguna porque los fragmentos se quedan unidos como una gran masa y no hay manera de desintegrar eso. Con el tiempo es tal vez peor porque es definitivo. Me habría gustado hablar con él ayer. Pasa el tiempo y valoro aún más esos vínculos que son difíciles de conseguir. Ayer fue revivir una escena particularmente punzante. A propósito de las pequeñas cosas de las que habla Kafka. Esas de la grandeza, del sentido. La primera vez que nuestros cuerpos se encontraron, una escena de una belleza sublime, pero el recuerdo era algo mucho más pequeño que eso, un detalle inolvidable. Nos miramos a los ojos, en la cama, manteníamos la vista fija, en silencio, él sobre mi cuerpo, como en un paréntesis eterno, y yo le dije de pronto, te quiero. Puso su mano sobre mis labios porque todo era muy fuerte, porque era la primera vez que decíamos esas palabras, porque la pasión era definitivamente amor, y lo supimos en ese momento. Lo supimos para siempre. Desde ese momento. Pero nada se conjuga porque el amor es grande como las abstracciones ahora. No hay materialidad posible. Creo que es lo que Kafka intuía que sucedería luego de su partida, que todo quedaría como esos castillos y procesos de sus libros, algo gigante, inalcanzable, distante, ajeno, hostil, porque está lejos de la vida. Esa es la muerte, castillos impenetrables. Donde no se conjuga la grandeza. Tal vez por eso duele tanto. Tal vez Kafka quería en realidad hablar de la muerte. Del hambre suscitado por la muerte. Él fue un artista del hambre. Quizá hacer cosas grandes es ser un artista del hambre. Dejar la vida de lado a los cuarenta años, porque el milagro ya fue dictado, escrito, creado, entregado. Lo que duele es la muerte, pero ese te quiero, que pronunciaste tú o yo primero, porque sé que fue al mismo tiempo, es la grandeza, la noción de la felicidad, y eso sí puede conjugarse. Para siempre. 

4 de junio de 2025

3 de junio de 2025

La fantasía teatral II

Recorrí la ciudad entera hoy a pie. Antes del anuncio de tormenta, que nunca llegó. A veces va a venir la tormenta, y luego no llega. Llovió un poco, no mucho. Unos truenos, y eso fue todo. Él no me habló en todo el día, salvo en la mañana. Está enojado supongo, ya ni sé por qué. Pierdo a veces la noción de las cosas. El seguimiento adecuado. Recorro la ciudad a pie y espero el temporal. Que no llega. Que no termina de llegar. Empieza y luego nada. Qué es la fantasía teatral. Una tormenta que no termina de llegar. Relámpagos que dan escalofríos. Como cuando alguien te habla al oído susurrando. Como cuando alguien desliza la lengua por el lóbulo de tu oreja. Como cuando los labios de alguien te rozan el cuello. Esos son los relámpagos que siento. Que no terminan de traer la tormenta. Una tormenta en ciernes. Para recorrer la ciudad completa buscándola. La fantasía teatral me deleita. Me hace soñar. Me inspira. Él no quiere ser la inspiración de nada. O no sabe si quiere. Es como el temporal. No sabe si quiere llegar o no. Yo recorro la ciudad. Buscando las palabras, antes del aguacero. Antes del éxtasis completo. La fantasía teatral es la euforia que crece. El cuerpo atento. A los truenos estridentes. Todo es exagerado con él. Como soy yo misma. Por las calles encuentro la revelación completa. 

2 de junio de 2025

Teatro

Maël me pregunta si estoy enamorada de él. No te conozco lo suficiente todavía, le contesto. Cómo podría estar enamorada de ti. Es cierto, me dice. Entramos en discusiones gigantes sobre la ficción, el amor, las proyecciones, el concepto de pareja, la consideración del otro, la amistad, los vínculos, el cuerpo, los significados de las palabras. A veces no sé cómo salimos de ahí. A veces siento que no vamos a salir. Pero luego vuelve a fluir. Qué es el deseo. ¿Enredarlo todo pero luego seguir? Sé que el deseo está ahí y por eso desandamos esa colina de teatro en la cima. Hay una parte de mí que disfruta esas conversaciones, porque son una especie de prolongación de los debates que mantengo en mi cerebro conmigo misma. Es frágil el equilibrio, pero la confianza de poder expresarse sin filtrarlo todo es un bálsamo para el alma tantas veces coartada. El deseo es sin duda un motor impresionante, la base del impulso. Deseo su cuerpo y disfruto escuchar los laberintos de su cerebro. ¿El amor comenzará así? Dónde comienza. Tengo la certeza que esto puede ir para absolutamente cualquier lado. Pero disfruto en el camino. He aprendido a hacerlo. En base a ficciones y selvas recorridas. Lo que va apareciendo, lo real, sólo se revela con el tiempo. El amor debe ser cuando las ficciones se revelan verdaderas. Nunca es exactamente igual a la ficción, a veces es mejor, y a veces mucho peor, a veces parecido, si las proyecciones no eran gigantes. He aprendido mucho acerca de las proyecciones, ya no pierdo el tiempo en crearlas. Tomo hasta el último detalle de lo que va apareciendo en lo real. Me dejo sentir, entender, ver, identificar las conexiones entre las cosas. La seducción es un teatro. Un teatro real. Un teatro sincero. La voluntad de acercarse a la existencia en lo que tiene de cierto. Sin simulacros, sin atajos. En ese teatro aparezco tal cual soy cuando quien tengo al frente aparece también sin muros que distorsionen la experiencia real. Me interesa la actuación que se reconoce como tal. Que va revelando verdades. Es muy fácil identificar una cosa de la otra, porque todo va repitiéndose y no es posible ocultarlo, pero todo se va descubriendo con el tiempo. La ficción y las proyecciones son mecanismos muy potentes. Muy rápidamente podemos perdernos. Yo disfruto, aprendí a hacerlo, luego de una vida de agonía por todo eso que estaba en mi cerebro y yo no sabía. El teatro es gozo. Porque contiene las claves de la vida. De a poco las comprendemos. Mientras la sorpresa no cesa. Nunca comprendemos cabalmente nada. Tampoco es necesario, porque perdería toda gracia, supongo. La pluralidad es lo que embelesa. Esa necesidad de saber improvisar. Amo la improvisación. También he aprendido a amar esto. La incertidumbre absoluta y la fascinación de ir descubriendo tesoros escondidos. Lo que me hechiza es vivir la complejidad de existir mientras voy fluyendo río abajo observando el paisaje de paraíso. Si el amor va a tomar forma o no lo dejo para más adelante. Los libros van siempre exigiéndome mucho, también está eso. Es como que ya hubiese recorrido a conciencia varias selvas, las observo ahora con alegría y con la noción nítida de la dificultad del camino. Le propongo a la literatura que vayamos intentando y está de acuerdo. Tal vez lo mejor de todo es que esos recorridos no se han convertido en miedo a subirme a los barcos que van por el río cuando intuyo un paraíso. Cuando me invitan a subirme, o me subo sola. Estar enamorada es un estado que no busco. Llegará si es el momento. Mi amor definitivo es la literatura. Que no existe sin el amor real, el que a veces llega. Siempre con improvisación y asombro. Mi fascinación es el teatro real. El de las verdades ineludibles. El amor es una verdad absoluta, no es una verdad a medias. No ceso de aspirar a seguir conociéndolo. Quiero saber bien lo que es. Quiero hacerlo real. Como el teatro.  

1 de junio de 2025

Lo real II

Lo real son los contornos del laberinto. Los límites verdaderos. La vida, la muerte, el amor. El teatro de las ilusiones y la ficción. Lo que inventamos y lo que nos alcanza sin clemencia. Me persiguen los límites y los observo con atención. Se van desarrollando para atravesar el presente desprevenido. Los límites son niebla, mito, misterio, corriente acuática. El laberinto contiene márgenes que delinean mi literatura. La libertad no es tal en todos los casos. También la abordamos como ficción para sentirnos libres. Lo real es la libertad que intento modelar sin conseguirlo. Porque esos límites rodean. Como si fuésemos una presa en la sabana. Porque esos límites están también en nosotros. La vida, la muerte, el amor. Me libera el amor, mientras me va cercando. ¿Es real? Como no sé exactamente lo que es dejo que se aproxime. Tal vez así pueda comprenderlo, sentirlo, escribirlo. Lo real son las ansias de respuestas. Lo real es el gozo de la imposibilidad de las respuestas fijas. Las buscamos, y luego, ¿entendemos lo que es el amor? El amor son esos límites reales, la vida y la muerte. Las conocemos al acercarnos. Porque lo real atrae. Porque yo deseo lo real y la ficción. Deseo no saber dónde empieza ni termina nada. Deseo no morir y en cambio vivir. En libertad vivir y difuminar los contornos innecesarios. Esos límites inútiles. Lo real es lo que no puedo modificar. La estrella que me guía y el tiempo que me queda. Lo verdadero lo llevo dentro y lo busco también en los demás. Amar es esa comunión en lo real. Tu cuerpo en el presente. El mío en la música del verano. Lo que no cambia y va cambiando al mismo tiempo. Lo real es ese tiempo de palabras que imagino y la incertidumbre más absoluta. Sin embargo vivo y quiero hacerlo. Me aferro a lo real. Confío en la música. Me entrego a ella para que nazca la literatura. Describo el laberinto. La belleza constante del laberinto. Ya que vine lo que me interesa es lo real. (Casi) todo es real. ¿El amor? El verano sin duda. 

Lo real

Lo real es el laberinto por el que circulo cada día. A veces encuentro la salida, a veces no. Lo real es la música que escucho, que me recuerda que estoy viva en un presente rítmico, armónico y melódico. Un presente con guitarras, bajos y baterías de rock. Un presente como la canción Tom Sawyer de Rush. No, su mente no se alquila, a ningún dios ni gobierno, canta Rush, siempre esperanzado, pero descontento, sabe que los cambios no son permanentes, pero el cambio sí lo es. Captura la niebla, captura el mito, captura el misterio, captura la corriente, canta Rush. Yo no capturo nada. Yo voy por el laberinto de manera perseverante. A veces me pierdo en teatros romanos y en museos de la resistencia. Subo colinas y declamo en odeones. Sugiero las notas. Las del verano apasionado. Las reales. El verano real que captura la corriente. Pero yo no capturo nada. Porque todo fluye en el laberinto. Lo real es lo que no capturo. Lo real es lo que siento. Lo real son las palabras sinceras. Lo real es la existencia que yo vivo, donde gobierna el arte. Estoy en el Lugdunum real. Esas colinas del arte. Esa existencia del teatro verdadero. El que representa la comedia humana. La que hace reír, la que hace comprender. La que salva al alma en pena. Despierta y alza. Mi cuerpo es un pentagrama donde inscribo las melodías. Para ir bailando por las calles. Bajo el sol que me perfora. No hay balas aquí. Sólo flechas de amor y pasión. Cascadas de acordes. Niebla, mito, misterio, corriente acuática. Mi cuerpo es acuático como el río. Se desliza por las aceras buscando el significado. Lo que busco es la música. Para desplegar en el escenario. En el gran teatro invoco la vida. Para decir lo que quema. Para que ningún día sea igual al anterior. Para que ningún año sea igual al pasado, porque el cambio es permanente. Pero mi laberinto no cambia. Entro en él para encontrar las verdades. Porque me fue prometida la existencia. La busco. La imagino. La vivo. Lo real es mi presente eterno, construido de amor y palabras. 

Closer to the heart II

Las personas que ocupan altos cargos, deben ser los primeros, en moldear una nueva realidad, más cerca del corazón, canta Rush, el herrero y el artista, lo reflejan en su arte, forjan su creatividad, más cerca del corazón, los filósofos y los labradores, cada uno debe conocer su papel, para sembrar una nueva mentalidad, más cerca del corazón. Tú puedes ser el capitán, y yo dibujaré el mapa, navegando hacia el destino, más cerca del corazón, canta Rush. Yo observo una realidad, más cerca del corazón. Encuentro personas más cerca del corazón. Converso con personas más cerca del corazón. Camino las calles bajo el calor del verano más cerca del corazón. Adam, te fuiste hace tres años soñando un nuevo mundo y ahora estás más cerca del corazón. Otro mundo es posible. Esa nueva tierra más cerca del corazón. Navegando vamos por el destino hacia el corazón. Tan cerca de esa fuerza de la bondad. En esa tierra no habrá personas olvidadas. Vamos forjando mediante la palabra compartida, esa realidad más cerca del corazón.