31 de mayo de 2026

Ganamos, no ganó el silencio

A 6 años del libro “Relatos de bastardos II” -donde publiqué la denuncia (en castellano, francés e inglés) que realicé por acoso sexual y abuso de autoridad contra quien fuera mi jefe en la oficina de UNICEF entre los años 2009 y 2013, y otros textos relacionados- insistir en que todo cuajó gracias al gesto de denunciar que llevaron a cabo otras mujeres que me antecedieron, de quienes estaré eternamente agradecida, entre ellas, como se indica en el libro, especialmente, Vanessa Springora, Virginie Despentes, Adèle Haenel. Insistir también en mi inmenso agradecimiento hacia todas las mujeres con quienes tuve largas conversaciones, antes y después de la denuncia, y con quienes –varias de ellas-, trazamos líneas activistas que se transformaron en un colectivo (F-union), y luego en una revista (Simone). Muchas obras, entrevistas y textos se han publicado hacia delante, además de otras que se habían ya publicado, las que he ido leyendo con dedicación, admiración y agradecimiento. Queda camino por recorrer, pero lo crucial es lo siguiente: ganamos, no ganó el silencio.  

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Pasión IV

¿En qué se convertirá esa serpiente de tus pensamientos que está tejiendo poco a poco la ponzoñosa crisálida asesina?, escribe Carmen Ávila. Me di el tiempo de leer, muy atenta, los libros “Mémoire de fille” de Annie Ernaux, “Prière de remettre en ordre avant de quitter les lieux” de Judith Godrèche, “Le Consentement” de Vanessa Springora, “La familia grande” de Camille Kouchner, “Triste tigre” de Neige Sinno, “King Kong Théorie” de Virginie Despentes, “Impunité” de Hélène Devynck, “La nuit au cœur” de Nathacha Appanah, “De grandes dents” de Lucile Novat, “Et la joie de vivre” de Gisèle Pelicot, “Vivre avec les hommes” de Manon Garcia, “Méfiez-vous des hommes qui se disent féministes” de Flora Souchier, “Dire vrai” de Isild Le Besco, “Notre silence nous a laissées seules” de Judith Chemla, “La Consolation” de Flavie Flament, “Enfin seule” de Lauren Bastide, “Le Gaslighting” de Hélène Frappat, “Allumeuse” de Christine van Geen, “Résister à la culpabilisation” de Mona Chollet, las entrevistas a Adèle Haenel, Charlotte Arnould, Florence Porcel, Arnaud Gallais, los textos de todas las autoras que hemos publicado en nuestra revista Simone, y tantos otros libros, entrevistas y textos. En qué se convirtió esa serpiente de tus pensamientos, en tu crisálida asesina. Duele, no hay duda. No importa, ganamos, no ganó el silencio, y somos felices (y no nos hemos suicidado). La pasión intacta. Lo más interesante tal vez sea lo siguiente: esto recién comienza. Atención, ahora es tu turno. Esto recién comienza.  

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29 de mayo de 2026

Pasión IV

¿En qué se convertirá esa serpiente de tus pensamientos que está tejiendo poco a poco la ponzoñosa crisálida asesina?, escribe Carmen Ávila. Me di el tiempo de leer, muy atenta, los libros “Mémoire de fille” de Annie Ernaux, “Prière de remettre en ordre avant de quitter les lieux” de Judith Godrèche, “Le Consentement” de Vanessa Springora, “La familia grande” de Camille Kouchner, “Triste tigre” de Neige Sinno, “King Kong Théorie” de Virginie Despentes, “Impunité” de Hélène Devynck, “La nuit au cœur” de Nathacha Appanah, “De grandes dents” de Lucile Novat, “Et la joie de vivre” de Gisèle Pelicot, “Vivre avec les hommes” de Manon Garcia, “Méfiez-vous des hommes qui se disent féministes” de Flora Souchier, “Dire vrai” de Isild Le Besco, “Notre silence nous a laissées seules” de Judith Chemla, “La Consolation” de Flavie Flament, “Enfin seule” de Lauren Bastide, “Le Gaslighting” de Hélène Frappat, “Allumeuse” de Christine van Geen, “Résister à la culpabilisation” de Mona Chollet, las entrevistas a Adèle Haenel, Charlotte Arnould, Florence Porcel, Arnaud Gallais, los textos de todas las autoras que hemos publicado en nuestra revista Simone, y tantos otros libros, entrevistas y textos. En qué se convirtió esa serpiente de tus pensamientos, en tu crisálida asesina. Duele, no hay duda. No importa, ganamos, no ganó el silencio, y somos felices (y no nos hemos suicidado). La pasión intacta. Lo más interesante tal vez sea lo siguiente: esto recién comienza. Atención, ahora es tu turno. Esto recién comienza.  

25 de mayo de 2026

Pasión III

Mi existencia es similar a una película de ficción. A veces una de terror, y a veces una tipo “La novicia rebelde”, cantando por los pastizales, entonando canciones simples, como “do, un ciervo, re, un rayo de sol, mi, el nombre que me doy a mí misma, fa, un camino más largo a recorrer”. Algo por ahí. Pero claro, pierde en la traducción, porque ciervo no empieza con do, un rayo no es re, yo no es mi, y fa, nada que ver con un camino más largo por delante. Pero se entiende la idea. Un día donde la existencia es amable y hay notas musicales. Donde uno va medio saltando por la colina. Otras veces, la vida es como una película de Emir Kusturica, en cuanto a lo inesperado y festivo. Eso es lo que me ocurrió el viernes. Vamos entonces a lo que nos convoca, las aventuras de tan singular velada. Le escribí a Grégory para comunicarle que no había podido asistir a su obra de teatro, porque estaba enredada en tramas de pasión, que lo lamentaba, pero le envié mis coordenadas de ese cálido atardecer, por si quería sumarse. Intercambiamos unos mensajes, pero luego vino lo que siempre pasa, esa parte (la primera) en que la ficción se cuela, y yo le contesté cuando él no vio el mensaje y él me contestó cuando yo no vi el mensaje. Una especie de Romeo y Julieta, de misivas que llegan tarde, noticias que no componen el presente. Pero en este caso no hubo suicidio ni muerte. Lo que ocurrió es que cuando llegué a mi casa, tenía un sinfín de mensajes. Lo hago partícipe de la información: ya llegué a mi casa. Veámonos ahora, me dice. Pero dónde, le digo yo, acabo de entrar. Donde quieras, me dice. De acuerdo, respondí, señalando un bar que queda cerca de mi departamento. Era más de la medianoche. El bar cerrado. Bájate en el metro tal, le propongo. Caminé hasta allá. El barrio estaba como que todos ya estaban durmiendo hace rato. Un desierto de cemento. Nos encontramos, a la salida del metro. Aquí estoy, le dije, soy real, existo. Así veo, me dijo. Nos pusimos a caminar sin rumbo fijo. Hacia el bar imposible porque todo estaba clausurado por la hora. Aquí viene esa parte (la segunda), donde la ficción ingresa en el presente. De la nada, se abre una puerta, y dentro, una fiesta iraquí. Alguien cantando fantásticamente en árabe, con otra persona que lo acompañaba en un teclado, otras personas bailaban, y la algarabía era visible, imagino que los comensales llevaban varias copas encima, porque eran ya más de la una de la madrugada. Con una amabilidad impresionante, nos dijeron, únanse a la fiesta. Recapitulemos, caminando por la acera sin destino, y de pronto abducidos por un convite iraquí de lo más animado. Nos miramos con Grégory, sorprendidos, de dónde salía este festejo recreado como por autogénesis, que nos dejó instalados en el bar de un gran alboroto, de un segundo al siguiente, en un barrio baldío. Saludamos, aceptamos unas cervezas. Se abría un agujero en el tiempo. Bailamos, qué más íbamos a hacer, la danza era magnífica, e integramos inmediatamente la coreografía, como si hubiésemos nacido dando esos pasos y moviendo los brazos de esa manera. Grégory pidió un par de canciones, me comentó que conocía esa música por su infancia en Paris. No tuve tiempo de preguntarme a mí misma qué hacía yo ahí, lo que es siempre muy agradable. Entregarse a ese presente despojado de obstáculos. Donde lo único que importa es cantar y bailar. Lejos del do, re, mi de Julie Andrews, y tan cerca de otra cosa, nueva, mágica. Sí tuve tiempo de observar a los participantes, por todas partes era una especie de caos vital, que me hizo reír. Pequeños dramas y tragedias por todos lados, peleas y abrazos. Por supuesto a medida que avanzaba la noche el cuerpo de Grégory y el mío estaban cada vez más cerca, hasta llegar al franco contacto físico, y de pronto estábamos tan cerca, que nos besamos. En medio de esa música que inspiraba. A mí las ficciones ya no me atemorizan. Al contrario, me encantan. Mientras más desconcertantes se presenten las horas encima mayor el gozo. Eso fue. Tengo una pasión insaciable por la ficción. Ahora sé que también por las celebraciones iraquíes. Grégory todavía no sé, porque la pasión también requiere trabajo. Este punto ya lo hemos tratado en otros libros, la pasión por el presente, la libertad, la literatura, el amor. Lo que me alegra es esa capacidad de la existencia de regenerarse. De sorprenderte una y otra vez. Abducirte cuando ibas por el barrio yermo. Llevarte a lo desconocido. Sin preguntarte nada. Eso creo que es lo que atesoro más cerca de mi corazón, la incertidumbre absoluta que nos calcina, y el control inexistente que tenemos de las cosas que ocurren. Escucho ahora la versión acústica de la canción “Free” de Prince, bajo un sol de más de treinta grados, en una ciudad presa del incendio. Tal vez la vida sí me permita una tregua de la despedida que llevo encima. Prince es tan sensual. Todo, su voz, su guitarra, sus letras, su ritmo, su atmósfera. Luego de tres meses sin haber yo dado señales de existir en la realidad, estoy contenta de haber conocido a Grégory. Sobre todo, en una reunión de esas características. Hibris pura. Yo sé que la desmesura es lo que esconde mi espíritu. Estar viva es ya un placer. Que sea bailando en un verano de fuego. Sé que tu corazón late, mi baterista me lo dice, si das por sentada tu vida, tu corazón dejará de latir, canta Prince, así es que no duermas hasta sentirte culpable, porque todos somos pecadores, hay otros que hacen cosas mucho peores que nosotros, así que alégrate de ser libre. Estoy ya cerca de la vida, la rozo, la acaricio, la siento en mi piel. Vivir es simplemente un milagro. Con pasión se vuelve trama. 

22 de mayo de 2026

Pasión II

Tírenme en la cordillera, para ser el alimento de los cóndores que habitan entre las cumbres y el viento, sólo pido ese favor, si la comida escasea terminar entre sus tripas me parece cosa buena, canta Camila Vaccaro. El activismo es una pasión. Que no tiene fronteras. Nos reunimos con nuestro colectivo feminista y antirracista, en un nuevo momento de la unión latinoamericana. En un espacio feminista alternativo que acaba de fundarse. Nos sentimos como en casa. Tiramos líneas de ese trazado activista que venimos armando desde inicio de año. En los tiempos donde se aplasta la pasión, la nuestra reluce, nos lanzamos a la cordillera para ser el alimento de los cóndores que habitan. Si termino de carroña, es la rueda de la vida, canta Vaccaro. Nuestra ambigua pasión se alimenta de Latinoamérica y de Europa, porque en la comunidad brota la claridad de espíritu, nuestra inteligencia y nuestro arte. Nuestra solidaridad y nuestro ritmo brillante. Junto al sol en la cumbre cantamos. Siempre un carnaval en el alma. Con alegría armamos para desarmar. Pasión es salir de los senderos ya trazados para crear lo que la imaginación germina en las tripas. Pasión es confiar en la utopía del valor de la existencia de los seres vivos. Activismo es la pasión de confiar. Nosotrxs cruzamos fronteras. 

20 de mayo de 2026

Pasión

No es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad, canta Jorge Drexler, para que se vea desde altamar, de poco le sirve al navegante que no sepa esperar. Hace exactamente cuatro años me aprestaba para firmar la promesa de compra de mi departamento. A una distancia equidistante de ese momento se encontraban los comienzos de dos de los duelos más duros que he vivido en mi breve y sin embargo interminable existencia. Diez días antes se encontraba el cierre de mi relación con Jean y diez días después se encontraba la muerte de Adam en el océano. Si hubiese sido un mapa me habría encontrado en el punto de los doce segundos de oscuridad, como si hubiese sido un faro. Hacia adelante, en el mapa, los cuatro segundos de oscuridad, que fueron en realidad cuatro años y dos duelos, guardada en mayor o menor medida en este departamento, que vino a ser un punto fijo en la tempestad. En este mapa estaría dibujado como un barco este departamento, como un punto de partida. Pero damos vueltas en círculos. La pasión tiene esa fuerza. Dónde estoy ahora, en el mismo lugar, tal vez, y en otro totalmente diferente. La pasión ni un rasguño, como si el tiempo fuera imaginario. La pasión tuvo a bien explotar y convertirse en libros. La literatura tiene esa bondad. En el barco preciso. Con la pasión justa en el corazón. Conocí la pasión con estas dos personas, y con Jacques. Conversaba ayer con una amiga sobre esas ocasiones en que la pasión lo desencaja todo. Esos puntos en que el mapa tiene rasguños. Donde no hay manera de componer el presente. En el mapa de la conversación partió ella contándome de una mujer que había desencajado su presente, y terminé yo contándole de esa época en que llamaba a Adam a horas absurdas, cuando nuestro presente era el desencajado. Teníamos veinticinco años, nuestra relación había terminado hace un año, cada uno estaba en otra cosa, pero nuestra pasión nunca tuvo límites. Entonces yo era de esas que llaman a cualquier hora, creo que es el único período de mi existencia que la pasión me hizo hacer cosas visiblemente transgresoras. Cómo olvidar a alguien que te entregó eso. Es imposible. Cuatro años, podrían ser veinte, eso no se olvida. Este verano en Santiago de Chile fui a bailar con Jacques a un lugar donde años atrás le pedí matrimonio a Adam. Lo recordé cuando estaba ahí. No le conté a Jacques, estábamos felices los dos de reencontrarnos, y no era un buen momento para ese recuerdo. Son las únicas dos veces que he estado en ese local. De más está decir que en el mapa tiene un espacio significativo. Yo le dije a Adam: casémonos, hagámoslo todo, igual como un día le dije a Jacques. La pasión que sentíamos no tenía precedentes. Yo sé el tamaño ilimitado de su pasión, porque lo hundió al fondo del mar. Hace cuatro años. Me refugié en este departamento, en Lyon, junto al río, donde escribo ahora estas líneas. Para que la pasión de estos tres hombres que me componen se escribiera palabra a palabra. Para que cada desgarro fuera una frase. Para que cada atardecer fuera la presencia del milagro de amar. Para que cada amanecer fuera dar con la forma que pudiese describir ese sentimiento que justifica el levantarse, aunque el trance sea el de olvidarlo todo porque ya no queda nada. Siempre queda algo, la certeza de la pasión, como un árbol gigantesco que llegó más allá del fuego. Incluso si en mi mapa hay veinte, cuarenta años más, la pasión no se extingue. Sabía que nos volveríamos a encontrar, Adam. Cuando recién me vine a Europa querías venirte tú también, me escribiste. Pero el destino me llevó a otro lugar del mapa justo antes de tu mensaje, apareció Jean un año nuevo. Cuando Jean partió de mi cotidianeidad, nueve años después, volviste de tu viaje por un paraje interior, tal vez es ahora, me dije. Entonces el momento equidistante, el departamento, y diez días después tu inmersión irrevocable en la pasión. Es como que el tiempo no hubiese transcurrido. Estamos en el mismo punto del mapa, de los doce segundos de oscuridad, de ese mensaje unos días tarde, de esas llamadas desencajadas en la madrugada, de esa pedida de matrimonio en ese lugar en penumbras, donde estuve este verano, queriendo partir de nuevo. Existir es una broma absurda pero apasionada. Me dejaste doce segundos de oscuridad, para que pueda ver desde altamar. La pasión es lo único que conozco. A ti ya no te tengo. Jean me dejó, y a Jacques lo dejé yo porque no me amaba de la manera que yo quería. La pasión es lo único que yo conozco. Yo buscaba el rumbo de regreso, sin quererlo encontrar, canta Drexler, un faro quieto, nada sería, guía mientras no deje de girar. Cuatro años, Adam. No hubiese imaginado jamás lo que era hacer dos duelos al mismo tiempo, y todo lo que podía surgir de esos doce segundos de tinieblas. Te extraño igual como te extrañaba en ese tiempo de las llamadas a la una de la mañana, con una desesperación que no tiene un nombre preciso: pasión es lo único que se me viene a la cabeza. No voy a perdonarte, aunque no haya sido una afrenta contra mí. Tal vez eso te haga volver, rogar por clemencia. Tengo límites, Adam, mi corazón no es tan bondadoso como yo creía. Es mi pasión la que no te perdona, pero yo sé que ella me pertenece, somos lo mismo. No dejes de dar vueltas en mí. Tuve tu cuerpo, cuando tenga tu alma será otra cosa. Tengo límites, Adam, me convertí en la pasión. Debe ser porque nos habita el milagro. Lo vi nuevamente recorriendo las fotografías que tomaste, que pronto van a ser expuestas. Creemos que en el mapa vamos dejando atrás, pero todo surge desde un solo instante, desde un solo sitio. Me respondías a esas llamadas en la madrugada, hablábamos. Creíamos que todo sería eterno. Aprendí hace cuatro años que no era exactamente así. El tiempo imaginario se me desvanece entre las manos ahora. La literatura no tiene tiempo. Por lo tanto la existencia tampoco. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte, y el dolor no se haya modificado. Tengo mi casa, mi soledad, y mi pasión. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte. 

15 de mayo de 2026

Lisa y el caos verdadero, Impulso perpetuo, La expedición sigue, Libre (Libros)

Nuevas novelas
"Lisa y el caos verdadero", "Impulso perpetuo", "La expedición sigue", "Libre" (enlaces al final de la publicación)

Prefacio

“Lisa y el caos verdadero” es una novela, compuesta de cuatro libros: “Lisa y el caos verdadero”, “Impulso perpetuo”, “La expedición sigue”, “Libre”. Escribí estos libros entre enero y mayo de 2026, principalmente en Lyon, Francia. Desde el invierno, luego de un viaje de dos meses a Santiago de Chile e Isla Negra, Valparaíso, Chile, hasta la primavera lionesa, poblada de sol y de lluvia por partes iguales. Mientras escribo estas palabras es el diluvio, lo veo por mi ventana, el agua cayendo con decisión en el río caudaloso. Los árboles a reventar de hojas nuevas resultando en un follaje denso. “Lisa y el caos verdadero” es la novena serie de libros de la gran novela “Lisa”. La serie completa de cincuenta y cinco novelas comporta una línea narrativa, pero cada libro es independiente. Esta serie de cuatro libros es una suerte de cima donde el caminante se detiene a observar desde su salón cómo se ha producido tal serenidad ante la batahola. Tengo 45 años, los cumplí justo antes de comenzar a redactar estos cuatro libros. Se me apareció como un tiempo de intervenir la ambigüedad que esclaviza que venía siguiéndome los últimos cuatro años. Estas novelas tratan sobre la cruzada anti ambigüedad que libré sin cuartel, lo que resultó en la libertad, y en comprender que lo que tenía que reinventar era la pasión, Eva Illouz me ayudó en eso, y en identificar que la libertad era una etapa, hacia la pasión. La llevo dentro, en todo caso, pero quiero reinventarla. Esto será objeto de otros libros, pero lo crucial de estos es que describen el tránsito hacia la libertad, la comprensión del caos verdadero, y la conclusión en relación a la pasión. Hace muchos años, cuando tenía 30 comencé a reflexionar acerca del caos, en tanto vitalidad, y sus componentes. Este camino de 15 años me trajo al caos verdadero, que implicaba despejar el caos de manipulaciones. En el silencio fértil de la soledad todo es posible. El caos verdadero es también un concepto situado y feminista. A los 30 compuse una canción cuya letra decía, lo que yo quiero es que nunca se acabe la vida, lo que yo quiero es que nunca se acabe el dolor. Dolor hacía referencia aquí a la posibilidad de conectar con los demás, al dolor como consustancial al vivir. En este presente de tantas máquinas y aparatos que intentan captar nuestra constante atención, se nos ofrece como una posibilidad el escapar del dolor, se nos presenta la libertad como la lejanía de los vínculos profundos, y en cambio alguna otra cúspide de independencia absoluta donde el planeta en el que estamos insertos puede desaparecer y esto no tendría mayores repercusiones. Igual como a los 30 años se me propuso recurrir a medicamentos para adormecer la necesidad de caos y pasión que sentía, y esto me espantó profundamente, igual de perpleja estoy con las grandes redes de información masiva: ambos mecanismos de esclavitud, de uniformidad, de borrarse, de adoctrinamiento, de adicción. Cómo combatir esto sin marginarse completamente: esta es la estrategia a encontrar. También me sorprende que la vida esté codificada completamente en pareja, sobre todo para las mujeres. Pero así también hay menos espacio para pensar y crear. Estas estupefacciones dieron origen a estos libros, a caballo siempre de las aventuras, porque así es como se desenvuelve la existencia: en las expediciones que siguen y los impulsos perpetuos. Hasta llegar a la libertad. Convierto mi ocasional cansancio en fuerza, es algo que aprendí. Sale el sol entre las nubes. Me alcanza ahora a través de las hojas verdes. Llega a mi retina, a mi cerebro, como en un caos verdadero. Entonces se abre. Se muestra la vida. He aprendido a vivirla, sin dar mi brazo a torcer. Me guía la pasión. El amor a ratos. Lo acepto y lo reniego. Pero comprendo su papel en todo esto. Yo estoy en los libros. Tal vez en otro momento esté también en alguna otra cosa. Veo fugaz el existir. Los libros habitan un lugar entre la rigidez y la huida. Ahí estoy situada yo. Ahí está mi salón con mi sofá y mi taza de té. Ahí está mi escritorio vista al río. En Lyon, Francia, y en todos mis temores y esperanzas, que son infinitos. Pero los mantengo al margen, donde yo misma vivo. Para que no me nublen el seso, y dar con las obras que proyecto. En mal momento abracé este destino. Me ha traído asperezas, pero yo confío en algo más allá de mí misma. En algo que me excede y que llevo dentro. La belleza mi paso decidido. El arte mi existencia absoluta. De la mano del amor. De la libertad aterricé, finalmente, en la pasión. Con humildad, y siempre con profunda honestidad, escribo.
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 14 de mayo de 2026. 

Lisa y el caos verdadero
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Impulso perpetuo
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La expedición sigue
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Libre  
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9 de mayo de 2026

Libre XIV

Vivo en una especie de éxtasis. No pensé que se podía ser tan feliz con una existencia tan simple como la mía: leer y escribir. Lo veo igual a una pasión mística, un estado de iluminación. Creo que nunca había deseado fundirme con el todo tan profundamente como ahora. Sé en este momento que todo se trataba sobre el silencio. El mágico silencio en mis sesos cansados de batahola. Esto es más fuerte que cualquier droga. Definitivamente es más alto. Y no tiene esa bajada que acuchilla la esperanza. No conozco nada tan intenso como la literatura. Es el amor absoluto, definitivamente el caos verdadero. Ni hablar del encuentro con otro cuerpo: esto va más allá. Es la conciencia del universo y la fuerza de la naturaleza. Permítaseme seleccionar un momento, ayer estaba sentada en el sofá de mi salón, con las piernas cruzadas apoyadas en la mesa de centro, y un té verde de China al lado, en mi delicada tetera con motivos pintados a mano, leyendo “Mitologías” de Roland Barthes, y “Alfred y Emily” de Doris Lessing, mientras el sol iba descendiendo hasta esconderse tras la colina, junto al río, apareciendo y desapareciendo entre las hojas de los inmensos plátanos orientales que tengo frente a mi ventana. En silencio. Es una operación que repito todas las tardes, cuando mi seso está ya cansado de inventar aventuras y organizar tramas. No pensé que amaría un día la rutina con tal fervor. Si voy a hablar de la libertad, que es el tema de este libro, para que no sea todo decir lo que no es, esto es lo más parecido a ser libre que yo he habitado, y Virginia Woolf no se equivocó en nada. Cada una de sus líneas son el paraíso y la verdad. En tiempos en que no siempre está claro de qué se trata esta, a mí me gusta descubrirla. Digámoslo claramente: es la verdad. El cuarto propio, las libras. La creatividad, la imaginación. Si tienes dudas: esta es la verdad. Rearme demográfico, la desigualdad es erótica: esa no. Lo único erótico es tener tu cuarto propio y tus libras para escribir lo que se te cante. Si lo que te interesa es la ficción, como dice Woolf. A mí justo eso es lo que me interesa. Me interesan también los derechos de los seres vivos y la filosofía, pero no veo una separación en ese sentido. Soy ambigua como Barthes. Como Lessing también a su manera. Dejo constancia aquí, si mi vida finaliza: fui libre. Tengo 45 años y habité la libertad. 

8 de mayo de 2026

Libre V - VIII

Libre V

Vaya, donde una se dirija hay algún recuerdo de violencia. Pero yo dije que iba a hablar de la libertad. Pero sin un guion preestablecido, de manera libre (para estar bien a caballo del tema). Suena coherente. Pero estábamos en esto de la escuela. Cuando teníamos seis años una persona del país ganó el concurso internacional de miss universo. Ese concurso de belleza en que desfilan, con un traje de fiesta, en traje de baño, entre otros, creo que también responden preguntas. Fue un gran acontecimiento porque nunca antes nadie de Chile había ganado, y yo creo que ese tipo de noticias eran algo a explotar además, recordemos que todavía estábamos en dictadura. La ganadora había estudiado en nuestra misma escuela, así es que nos hicieron sacar las sillas afuera de las salas y sentarnos formando un largo pasillo por el corredor, y ella fue a visitar la escuela y pasó por aquel pasillo de niñxs, mientras supongo que aplaudíamos o algo así. A ese mismo pasillo salíamos todas las semanas formados a cantar el himno nacional, incluida la estrofa donde se toca el tema de los valientes soldados, y donde se menciona “que han sido de Chile el sostén” y a nosotrxs invariablemente nos daba como risa nerviosa que se mencionara un sostén (en el sentido de sujetador femenino), que no era el sentido de la frase, pero daba lo mismo, y siempre nos reíamos de decir aquella palabra que nos ruborizaba y hacía mención a partes íntimas y prendas femeninas, que no ocupábamos, porque teníamos cuerpos infantiles, y que nunca ocuparían, en el caso de los hombres, aunque quien sabe, tal vez sí, a escondidas, o luego de una transición de género, en cualquier caso en ese momento nadie ocupaba.


Libre VI

Pero a mí me ocurrió que tenía unas camisetas, que tenían tirantes, como un sujetador, que ocupaba bajo la camisa escolar. Ocupábamos un uniforme en la escuela, por lo que todxs estábamos vestidos iguales, o muy parecidos, en cualquier caso tenía que ser igual. Por alguna razón que no recuerdo un compañero vio que yo tenía tirantes de sujetador. Entonces se le ocurrió la genial idea de comentarle a toda la clase que yo usaba sujetador, lo que no era cierto, pero daba lo mismo, y el asunto fue que luego recuerdo haber tenido que correr por el patio completo escapando de los compañeros que querían ver mi supuesto sujetador, y yo exhausta corre que corre, para que nadie me alcanzara y no tener que exhibir mi camiseta, ni tener que hablar de ese tema que no me correspondía, pero el giro de la trama es que en vez de desesperarme me sentí importante, porque de pronto era el centro de atención y los compañeros querían alcanzarme y cerciorarse de lo que había dicho el que vio los tirantes de aquella misteriosa prenda. Luego de correr por horas, o tal vez fueron unos minutos, me alcanzaron, y yo jadeante, no me quedó otra que exhibir los tirantes de mi camiseta, pero aclarando que no era un sujetador, lo que ya había hecho. No recuerdo si tuve que mostrar la camiseta completa para que me creyeran. Pero la persecución acabó, eso sí lo recuerdo, y también recuerdo que años después, empecé a ocupar sujetador aunque mi pecho era plano como una tabla porque no quería ser la única que no usaba, así es que yo anuncié que también usaba, no importa si era necesario o no. No tenía mucho sentido, pero me sentía incorporada en la novedad. Me sentía libre de hacer lo que yo quería. Libre, a veces, es un concepto elástico.


Libre VII

Otro evento relevante, un poco antes del pasillo de aplausos de la miss universo, al que el gobierno de facto le dio con bombos y platillos como un acontecimiento único e inolvidable fue el paso del cometa Halley por nuestro cielo. Era mejor mirar al firmamento que a los centros de tortura, había que mantener ocupada a la población con belleza y cometas. Bien. Entonces grandes orquestas, marchas militares, noticias en bucle, el país detenido (también en ese sentido), porque venía el cometa. Teníamos cinco años. Qué más quiere un niñx que ver un cometa. Es como ver a santa claus, algo que uno espera eras completas, lo que dura el tiempo en la infancia, algo infinito, iba a ser un momento de gran emoción. Además si estaba anunciado así como algo tan crucial en nuestras vidas, seguro que era algo espléndido, una oportunidad irrepetible (lo que no sucedía con las torturas, que se repetían). Bueno, el cometa, no se vio para nada, esperamos en vano, con recuerdos espaciales y cohetes, mirando hacia arriba con atención, pero no nos enteramos de aquel fenómeno estelar, sólo nos quedaron las marchas militares y la sensación de fiasco o tomadura de pelo, o tal vez sólo dijimos no vi nada, ¿y tú?, y seguimos jugando, y olvidamos al instante los cometas y las reinas de belleza. Lo otro nos costó más, una quiere hablar de la libertad y aquí está una hablando de cometas y torturas.  


Libre VIII

Es divertido que haya mencionado que voy a hablar de la libertad, y termine hablando de recuerdos aleatorios de mi infancia en dictadura. Suena paradójico, pero ahí está quizá todo el tema. Tal vez justo hablar de lo contrario ayuda. Para clarificar. Qué es esto, y dices lo que no es. Eso ya te va avanzando en el asunto. Entonces luego vino el momento en que había que decir no, con fuerza decir no. Teníamos siete años. Yo había entendido que había que decir no, pero a veces no sabía, porque en mi inmensa familia había unas personas que decían que había que decir sí, y otras que daban la vida por afirmar que era no lo que había que decir. El sí era una banderita del país, y el no un gran arcoíris. Recuerdo la canción del no, decía: Chile, la alegría ya viene. Si supieran adónde llegamos ahora. Es como el anuncio del cometa que no llegó. ¿Y la alegría? ¿Y el arcoíris? ¿Ya viene? Al bolsillo. Mejor la banderita chilena. Borrar los colores del arcoíris y dejar el blanco, azul y rojo, tres colores son, yo los llevo adentro, de mi corazón. Era un poema que había que recitar cuando niñxs, en esos momentos del himno del sostén. La historia parece que se va repitiendo como esas noticias que anunciaban al cometa. El cometa Halley se parece a veces a la democracia, se supone que pasa, pero no se ve. Comíamos en esa época de la alegría que ya venía grandes algodones de azúcar, eso recuerdo bien porque siempre me parecieron fantásticos esos dulces como nubes. El sabor me importaba menos, no era lo mejor que he comido, pero ese borrón rosado gigante me indicaba una alegría que ya venía. La nube se deshacía en la boca, y en realidad no quedaba nada, era como comer aire dulce, pero no importa. Al menos en ese momento, comiendo los algodones de azúcar rosados, la alegría llegó. Pero las historias continúan, y no siempre de la mejor manera. Al dictador no lo juzgaron nunca y había que verle la cara sentado en el congreso, como una gran bofetada que se va repitiendo, y ahora ese presidente que es amigo de sus amigos. El algodón de azúcar ya no corre, y el cometa definitivamente no llegó. Los recortes en educación y las fosas, sí. El algodón de azúcar se deshizo a continuación del voto, no quedó nada. El color rosado ni hablar, quedó para los vestidos de señoritas. El morado y el verde, al ropero, con los profesores de gimnasia que van a medir la grasa para ver si engordaste, que van a tocar tu cuerpo para vigilarte, y algunas otras cosas. Pero sobre todo, sobre todo, para que nunca en tu vida, pero nunca, nunca, conozcas la libertad. 

Libre I - IV

Libre

La libertad no es más que otra forma de decir que ya no queda nada para perder, canta Janis Joplin. Me gusta esa canción, habla de blues, de tocar música y sentirse bien, de la naturalidad de perder cosas, del presente, de la fugacidad del instante, de lo que ya no vuelve. Hubo una época de mi vida que escuché mucho a Janis Joplin, me conectaba a una forma de libertad. La libertad de la música, la libertad del riesgo. Creo que todo eso fue muy importante. Ahora tengo otra forma de libertad. Es la libertad de la serenidad. De haber llegado a algún lado y no estar buscando nada. Para escribir sólo hay que saber recordar, ahora lo sé. Hay que llevar en uno la gratitud de todo lo que ocurre. De manera obsesiva observar, con una atención completa en el momento. Escribir no es muy compatible con los aparatos, porque te alejan de lo crucial que hay que distinguir. 


Libre II

Por qué justo ahora la libertad. No lo sé. Algún día tenía que llegar. No en vano es cada paso y cada día. La soledad tiene un sabor dulce. Es la soledad habitada. La soledad de mantener a raya las formas de esclavitud, que son innumerables. Se reproducen como gremlins en el agua. Es una película de los años ochenta, de mi infancia, sobre unas criaturas que cuando las lanzaban a la pileta se multiplicaban. Eso es lo que recuerdo, la vi muchas veces porque cuando llovía en la escuela y no podíamos salir afuera para la clase de deportes íbamos a una especie de cine que había en el subterráneo (una sala con un proyector), y ponían esa película. Qué absurdo haberla visto tantas veces. Lo bueno es que ahora puedo ejemplificar muy claramente lo que sucede con los mecanismos de la esclavitud, se reproducen como esos horribles entes diminutos que luego atacaban.


Libre III

Otras veces nos ponían la película de la vida de Nadia Comăneci, la gimnasta, esa también la vimos muchas veces, y también la película de Annie, la niña colorina, huérfana, que limpiaba los escalones de una mansión, que triunfa luego, creo, un final feliz. Son todas películas de los años ochenta. En el caso de la gimnasta yo no podía entender por qué tanta disciplina, y por qué ella quería comer cosas a escondidas. En el caso de Annie, me gustaba la canción del final, mañana, mañana, te amo, mañana. Ella soñaba con un futuro mejor. Teníamos que tener esa esperanza nosotrxs. El ambiente era extraño. No olvidemos que era una dictadura, por lo que no todos los temas eran adecuados. La disciplina de la gimnasta, la niña huérfana que triunfa, y las criaturas demoníacas que se multiplican, eso sí podía ser. Nos quedábamos en esa sala oscura para olvidar todo. Para olvidar que no podíamos salir afuera a hacer deportes. 


Libre IV

En relación a los deportes, uno de esos profesores organizó en una ocasión, o en un período, tal vez a petición de algunas alumnas, o no, una actividad que era extra programática (los alumnos no participaban, sólo las mujeres, no sé por qué). Era un gimnasio, como esos que va la gente, con pruebas a superar y etapas. Yo no he ido nunca a uno, y en ese momento menos, era una pre adolescente, no sé exactamente qué edad. Estaba formado en el recinto destinado a los deportes, una serie de vallas y caballetes. El tema es que dado que yo me inscribí se me informó que había que presentarse ante el profesor porque él hacía unas anotaciones antes, respecto a la grasa del cuerpo, para ver si uno había progresado en el tiempo. Me sometí al asunto porque si decían que era lo que ocurría en un gimnasio, fui. El asunto es que me señalaron que era en una suerte de closet grande donde se guardaban los útiles de gimnasia, pelotas, aros, cintas, petos de colores, y ahí estaba el profesor. Como había que al parecer levantarse un poco la ropa el procedimiento era más íntimo sin nadie alrededor, más privacidad. Procedió a medir la grasa de mi cuerpo de pre adolescente, agarrando una por una las partes de mi cuerpo, mis brazos, mis muslos, mi cintura, con una cinta métrica, la grasa que yo no tenía para nada, por lo tanto sólo me tocaba y medía los pocos centímetros que sobresalían, luego de pellizcar la piel. Me pareció el procedimiento más absurdo al que había sido sometida, me sentí extremadamente incómoda, concluí que los gimnasios eran algo muy raro, no fui nunca a ese armado rústicamente por el profesor, ni a ningún otro. La dictadura ya se había acabado, porque yo debo haber tenido unos doce, trece años. Me parece que ese profesor ya está muerto. No sé si las que siguieron yendo se sometían a ese procedimiento cada cierto número de días. 

7 de mayo de 2026

La expedición sigue XXX

Qué significa que la expedición sigue. Significa que estoy en el presente. Que estoy inerme ante la vida, pero despojada de lo que me quitaba libertad. 45 años y estoy en el grado cero. Sin pasado, sin futuro escrito. Un presente por escribirse. Rehíce mi vida. Tengo la serenidad. Es una existencia simple y con libros. Con naturaleza. Con amigxs y con creatividad. Con activismo y pasión. Cuando comenzaba el año me pregunté qué es el caos verdadero, y es la libertad. La libertad de arriesgarlo todo por el propio caos, por la propia creatividad. En cuanto a tener pareja, no quiero en este momento y no la estoy buscando. Estuve siempre en pareja, y ahora veo que era lo excepcional, lo más natural es no tenerla. Conviven en mí el romanticismo más puro y la ironía más completa. Como cualquier ser humano instalado en la ambigüedad. La cruzada anti ambigüedad la llevo adelante de todas maneras porque tiene que ver con otra cosa: con hacer frente a la manipulación, que esconde la falta de simetría y de igualdad. La igualdad exige una redefinición del erotismo y el deseo romántico que aún no se ha logrado, afirma Eva Illouz en “Por qué duele el amor”. El caos verdadero es la libertad y la igualdad. Es el caos propio, el caos auténtico y no impuesto, instalado en la democracia. Vivo en el exilio de las imposiciones. Busqué el exilio. Arriesgué todo por mi amor a Jean, y por mi amor a la literatura. Tomo a las palabras por el cuello, con delicadeza. Qué significas, les pregunto. Intento componer libros que se parezcan a existir: libres. O a lo que yo creo que es existir. Que se parezcan a mi manera de existir: libre. Soy toda emoción, palabras e intelecto. Altos sentimientos e imaginación. Sigo exiliada, el margen es mi lugar predilecto. Habito en la apariencia de estar afuera, pero estoy muy adentro, en el centro mismo de los acontecimientos. Me decidí a modificar el mundo desde afuera de la dominación, porque dentro la carga mental me explotó el cerebro, y el ruido ensordecedor me impedía pensar claramente. Organizo las disciplinas para que se vayan entrelazando, pero mi lenguaje es el literario. Este fue un recorrido, yo lo arriesgué todo para llegar a él. Todo fue una intuición. Todo fue una certeza y una incertidumbre. Viajar ahora es atrapar las historias. Darles la forma que se merecen. Son decisiones. Las historias no saben lo que se merecen, existen simplemente. Improvisación, espontaneidad, reflexividad. Lo que me hace más feliz es haber arriesgado todo por amor. Haber tenido esa capacidad. Haber siempre escogido el exilio a la muerte. Haber amado a Jean. Haber amado a Adam. Haber amado a Jacques. Estoy tan lejos ya de todo eso. El grado cero. El lugar de la serenidad. La tranquilidad es igual de apasionada. Porque amo lo que hago. Lo amo cada día. Porque llegué al caos verdadero. A mi caos verdadero (a Jean lo sigo amando). Estoy abierta a la vida. De rodillas ante el arte y la belleza. Sigue la expedición del amor, los viajes y los libros. 

2 de mayo de 2026

La expedición sigue XIX - XXII

La expedición sigue XIX

Mi manera de conjurar la velocidad es escribir. De hacer que quede algo. Que todo este caos verdadero tenga sentido. De olvidar que no sé vivir. De dejar de lado un momento el batallón de preguntas. Voy leyendo, anoto impresiones, reflexiones, en un cuaderno. En todos los otros momentos me presento frente a la hoja en blanco y le hago una seña, un guiño, una mueca, algo que le indique que no le tengo miedo. Le digo, prepárate, porque llegaremos a la cúspide. Sí, es un poco como follar. Un encuentro cuerpo a cuerpo, sudor, trance, emoción, abismo. Similitudes entre escribir y follar: la ilusión y la emoción de un encuentro verdadero. Sentirse espectro encarnado. Mensaje al otro. Piel abierta. Laberinto infinito. Inmensidad celeste. Refugio y poesía. Verdad y entusiasmo. Canto y resonancia. Eco y grito. Gemido y baile. Saberse literatura y cuerpo. Alegría y acantilado. Borde del vértigo y caja de pandora jamás abierta. Paso sincronizado y brillo de estrella solitaria y rebelde. Comprensión y ganas de existir. Música exquisita y refinada. Pastizales altos y ranas en el charco. Libélulas y abejas. Lagartijas y erizos. Río y océano completo. Sangre y órganos. Catedrales y puentes. Templos y rucas. Desiertos y observatorios. Rascacielos y alcantarillas. Valijas y armarios. Pluma y flecha. Olvido y memoria. Luna y teatro. Escribir y follar es el encuentro con el todo.  


La expedición sigue XX

Amo aunque no ame. Amo todo el tiempo. Vivo gracias a que amo. Siempre amo. Es lo que permite la literatura. Todos a quienes he amado los llevo dentro. Así voy construyendo mi castillo, que está poblado de personajes. Todo es ceremonial y digno. Grito y júbilo. Música suave y luces bajas. Sol enceguecedor y ardiente. Prados y lagunas. Las montañas me sugirieron que había una fuerza. El océano me dio la palabra confiscada. La tomé en esa botella que venía flotando. Extraje la nota: en la isla te espera el edén, decía. No comprendí inmediatamente. Pero entonces se reveló: este es el tiempo del amor. 


La expedición sigue XXI

De cada día extraigo un verso. Igual que el acto del amor. De cada encuentro ha quedado un sedimento en mi alma de ese lenguaje que me llevó al otro lado. Al final del arcoíris, al comienzo de la pasarela, al intermedio del placer. Al acto siguiente, a la obra completa, a la ópera eterna. Al paso estable, a la melodía dispersa, a la cadencia creciente. En cada momento una palabra, alguna me espera, alguna me acecha, alguna me intercepta. En el acto del amor se descubre también este diapasón. Se crean las palabras, pero de otro modo, uno más cercano a las formas de las nubes. Al contorno de las hojas. Al radio de una estrella marina. El resplandor de una medusa cristalina. Ver a través. En ambos casos es traspasar. Avanzar la expedición en círculos. Espirales. Rayos concéntricos. Desposar el momento, para volverse eterno. 


La expedición sigue XXII

Escribir y amar tienen la consistencia del cisne sobre el agua. De las algas que van y vienen en las olas hacia las rocas. Del rayo que surge entre las nubes para llegar a la colina verde. Entonces nos alcanza. En ese prado donde no esperábamos nada. Esperábamos sin esperar. Como es existir. La naturaleza la tenemos en el interior. Desde ahí surgimos. De los manantiales y las cascadas. Los riachuelos y las cataratas. Desde el agua. Para llegar al fuego. Para llegar al viento en las hojas que es idéntico al canto de los pájaros en el alma. Las mariposas. Las orugas. Las hormigas. Los alacranes. Los escorpiones. Los grillos. Los saltamontes. Las avispas. Las cigarras. Las luciérnagas interiores. Esas lucecitas perdidas en el bosque que pueden guiarnos cuando escribir y amar no tienen la consistencia del cisne sobre el agua, y en cambio el vuelo accidentado del cormorán sin destino porque extravió a su bandada. Nos sumergimos en el río, para volver a aparecer al otro lado. En la otra orilla es el amor y los versos. La plegaria imperecedera, por que siga ocurriendo la vida. 

La expedición sigue XVII

Tengo 45 años, toco música desde hace 40 años, tomo fotografías desde hace 30 años, escribo literatura desde hace 20 años. Qué he aprendido en este trance, que es mi vida completa. Lo primero, es que no hay ninguna separación entre el arte y la vida, son lo mismo exacto. Lo segundo, es que es imposible vivir sin arte, lo que se desprende igual de lo anterior, porque son lo mismo. Lo tercero, es que cuando el arte se destruye o no se apoya, se acaba la vida, lo que también se desprende de los dos puntos anteriores. Lo cuarto, es que el arte existe independiente de las condiciones vitales, porque tiene vida propia, a pesar de ser lo mismo que la vida. Existe simplemente. Pero también se desarrolla. Es una condición ambigua, existe sin existir, y existe cuando existe. Existe cuando lo creamos y cuando lo imaginamos. O aunque no lo imaginemos, se abre camino. Los regímenes autoritarios temen al arte, porque el arte es por definición la libertad. Eso es lo quinto, el arte no es sólo la vida, sino también la libertad. Apenas llegan al poder los autoritarios cortan este asunto, porque no quieren saber nada de la libertad. Les gusta la obediencia. Adoran las instrucciones. Lo más grande del arte es que no sigue las instrucciones. Pero tiene guías, no es lo mismo. El arte se sustenta en el arte de los demás porque todo es una red de libertad. Un pasarse la voz para dar la buena nueva. No hay barandilla, entre todxs lo sabemos. Fuera de la ley es donde se despliega el paraíso de lo imaginado. Todo está conectado, y todo surge desde un mismo núcleo, que es múltiples cosas a la vez, eso es lo sexto. Nuevamente la ambigüedad presente. Dentro de la forma está la sin forma. Que es a su vez forma, en el instante inmediatamente posterior. Lo séptimo es que el arte no es sólo la vida, sino que ayuda a vivirla. En un universo en ocasiones sin sentido aparente, el arte lo organiza todo para que los fragmentos encajen. Es el verdadero cosmos, junto a la naturaleza. Lo octavo es que el arte imita a la vida y a la naturaleza, va pisándole los pies para apropiarse de cada impulso, de cada movimiento, de cada expedición. El arte son básicamente viajes por la vida. Juntos son firmamento y territorio. Vivimos en el arte, sobre el arte y bajo el arte. Junto al arte también. Por todos los costados nos alcanza. Nos rendimos ante la evidencia. Lo dicho y creado nos llega. Entonces las certezas también. Las certezas y la verdad están en el arte. La mirada bondadosa y sincera. La humildad de presentarse desnudo ante los acontecimientos. Eso es lo noveno, la respetabilidad subsiste de rencillas con el arte. Están lejos y no se entienden. El arte es el gesto sencillo de expresar el presente, o el pasado, o el futuro. El ademán simple pero habitado por un trabajo incansable. Eso es lo décimo, no hay atajos posibles en el arte. Lo más incomprensible lo aprendemos rápido, pero el arte nos toma toda la vida, a pesar de llevarlo ya en nosotros. Una nueva ambigüedad. El arte nos desordena nos desconcierta, pero le entrega el sentido y la sustancia a cada una de nuestras preguntas porque sus emociones y sentimientos nos desarman para siempre volver a recomenzar. Existir y el arte es siempre volver a empezar. Cada día un nuevo esfuerzo, con alegría, con valentía, con esperanza. Llegar al corazón de la selva, a lo inexplorado y ya existente. Insistir en los mismos motivos pero con la originalidad de ser un ser humano único. Avanzar no hacia arriba, sino hacia los lados. Entrar más profundamente en el existir, en el alma de ese pasar por los días para que cada instante tenga una razón, liviana, o compacta. Pero siempre en fuga. El arte es efímero, como nuestro pasar por este planeta. Lo situamos, queremos rodearlo, y está bien, pero es también siempre una huida. Es fuera del mundo donde se construye el mundo. Para estar dentro de él lo más posible. Para ser el mundo. El arte es decir el mundo, una parcela de él. El valor es absoluto porque cada manifestación equivale lo mismo. Las jerarquías no corren en el arte, sólo entorpecen. La exclusión, el margen, la invisibilización, sólo lo hacen más fuerte. Y perdemos. Nos faltan trozos, de la gran geografía que nos compone. Perder el arte es perder nuestra condición de seres humanos. En el arte se pierde, pero la humanidad en su conjunto gana. Si todo es un juego, esta es la movida que triunfa, que descubre, que cuida, que sana. El arte es la comprensión completa de la vida.  

1 de mayo de 2026

La expedición sigue XVI

Creo que el caos verdadero es la pasión por la aventura. Te daré todo y me darás algo, algo que me alivie un poco más, canta Fito Páez. Una cuchillada del amor, canta. Dan ganas de claudicar en la cruzada anti ambigüedad. Sobre todo porque caí en cuenta de algo horrible: yo soy la cúspide de la ambigüedad. En mal momento se me ocurrió este asunto. Una descubre cosas terribles. La enfermedad de la ambigüedad. ¿Es consustancial a la post modernidad? ¿Es la libertad? Tengo para un momento para estar a caballo de este tema. ¿Hasta dónde quiero llegar? ¿Hasta las últimas consecuencias? Por qué recurro a la ambigüedad. ¿La necesito? ¿Es consustancial a mi sed literaria? No quiero respuestas fáciles ni condescendientes. No me sirven. Quizá lo más difícil es responder qué es lo que una quiere, y que la respuesta no esté plagada de sinsentidos y contradicciones. Me negué a las invitaciones de Grégory, pero luego tenía ganas de conocerlo. No voy a dejarme maltratar de manera indefinida, me dijo. Me causó gracia. Me hace reír mucho. Me invitó a que vaya a verlo a la obra de teatro en la que va a actuar. No se rinde. Me parece muy bien. Le dije que iría. Y siempre es la lucha conmigo misma y mi propia ambigüedad. Aquí estoy frente a frente a ella. Nos miramos de manera desafiante. A que no te libras de mí, parece decir. Siempre estoy a punto de decirle que ganó, pero me detengo. Es lo que indica que no todo es exactamente igual. Hablo de cambiarla por cambiar no más, canta Páez. Lo hago todo el tiempo, pero en lo profundo, es difícil cambiar. Terminar la expedición: no conozco tal cosa, y asimismo lo hago constantemente. La ambigüedad está en el núcleo de mi caos verdadero.