17 de septiembre de 2024

De cuando fui feliz IV

Al mismo tiempo vamos sacando cosas en claro, porque observamos en el mundo virtual y la alegría tiene una consistencia extraña. Se asemeja a colores saturados, pero sin música. Nos quedamos con hitos vitales, pero no sabemos para nada de qué estaban compuestos. Tal vez estaba anotado feliz cumpleaños, por ejemplo, y una torta, pero los cumpleaños están rodeados de asuntos que apremian. El paso del tiempo, por ejemplo, que es lento, pero ocurre. Entonces está el presente, y la noción de tiempo, que nunca comprendemos bien, porque es muy abstracta, y totalmente concreta por otro lado. Tan concreta que el pasar de los años nos hace conscientes de la alegría. De las palabras que leemos, que decimos, de cuando entregamos alegría y de cuando entregamos dolor, sabiéndolo, o sin darnos cuenta. Estamos tan atentxs que podemos a veces perder naturalidad. Es una dualidad difícil. Dar y recibir, sin herir, y pudiendo expresarse. Lo importante es que las palabras queman y tenemos que imprimir la pasión para que vibre. Tal vez sirve identificar las palabras que aman de las que destruyen. Cuando hablamos, si estamos amando o estamos destruyendo. 

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