La consistencia poética siempre fue discriminada. Parecía una condena sin juicio. Fotos de sombras forzadas al olvido. Hojas que caen arrinconadas en un corral bajo la lluvia. Luego una mazamorra inentendible. Una especie de barro alabado como sagrado. Creímos que existir era remar en una galera. El timbre de la fábrica. En ella se creaban piezas de joyería que costaban más que el salario anual de quien las fabricaba. ¿Y la poesía? Todo bien liso para poder patinar encima sin caer. Nos evaporamos luego. La olla estaba a presión, el calor asfixiante. Sensación de frío glacial, sin embargo. ¿Y la poesía? Dónde estaba. Nos abandonaron. Seguimos puliendo el metal. Crearon leyes que no expulsaban. Que nos confinaban en centros que parecían prisiones. Mi padre estuvo en uno de esos. La fianza que alguien pagó pudo sacarlo de ahí. Las lágrimas cubrían su rostro. No tuvo tiempo de preguntarse por la poesía. El miedo era intenso. A veces sentimos miedo. No hay duda. Aun así preguntamos por la poesía. Es una confianza extraña. Uno pregunta eso en su casa. En su calle. En su ciudad. La de los leones. Si uno vino a la ciudad de la literatura, unx pregunta dónde está la poesía. Entonces creen que la política les pertenece y está lejos de la poesía y se aventuran a imponer leyes. A la troupe de artistas cheerleaders le importa un comino (no todas las veces). Cuando no hay la deportación entonces un comino. Con la familia de Maïa nos reunimos, para saborear los platos de Emma y preguntarnos con énfasis dónde está la poesía. Parece difícil, pero la encontramos. Siempre terminamos por encontrarla. Es como que nacimos en ella. Como que la llevamos dentro, igual que las coreografías. Entonces nos podemos a bailar y a recitar y todo se ilumina. Mientras esperamos las respuestas de las prefecturas que vuelan por el aire como cuchillos filosos. Al cuello llegan si no tienes el papel adecuado. En qué momento se parceló el mundo para que lo gobernaran antisociales. Sin embargo había poesía. No tanta. No siempre. Con la troupe de artistas cheerleaders nos reunimos cada semana junto a un altar de libros y diosas para agradecer que va modificándose el escenario y ya no es como antes, y vamos tramando los saltos e identificando las barreras que se nos van incrustando. Todo es agradecer, y continuar con las coreografías, porque nunca acaban. Lo que hacemos es música, a veces sin darnos cuenta. Concluimos que había la poesía. Lo importante es que la vamos inventando. La revolución 9 es inventar.
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