Uno
se entrega entero
Cuando
se ha de querer
No
me di’ de a pedazos
Migas
pa’ recoger
Ay!
Camila Moreno, Ay!
Deja
que me vaya por siempre con el viento
Deja
que me espante el soplo en la canción
Dulce
marcha el fuego en tu corazón
El
pulso en mi palma ya tiene su propia voz
Camila Moreno, Cae y calla
Caer. Aterrizar.
Levantarse. De pronto una canción que te entrega una claridad inusitada. Llenarse
de una fuerza insospechada. Nueva. No la había sentido antes.
¿Dónde
estás?
No existes.
Eres una
gran nube, inasible. Flotas por el cielo, sin sustancia. ¿De qué estás
compuesto? Veía un cierto material del que estabas formado, pero ahora veo que
no es real. ¿Lo inventé yo? ¿Qué eres? ¿Quién eres?
Caer-aterrizar-levantarse.
La nube sigue ahí. Ahora veo que era una nube. ¿Pero cómo, es la misma de hace
tantos años? Sigue ahí, idéntica, inmóvil, no va hacia ningún lado. Y está exacta
que antes. ¿De qué está realmente hecha? Sólo veo aire.
Le pregunto:
¿Hacia dónde vas? ¿Qué quieres? ¿Cómo es tu nombre? ¿Qué buscas? No hay
respuesta. Espero. Unos minutos. Espero más. Varias horas. Meses. Sigo ahí.
Años. Esperando. No hay respuesta. Aire. Solo aire. Quizá era solo eso. Aire. Alargo
la mano, no hay nada.
Caer,
aterrizar, levantarse. ¿Alguna vez avanzas hacia adelante? Hay varios paisajes,
asuntos por descubrir. ¿Tienes miedo? No, tranquilo, es posible avanzar. A veces
hay que llorar, sí. A veces hay que querer, sí. A veces odiar. Pero hay que
elegir. Hay que hacerlo. ¿Tienes miedo? Mira, para querer, hay que sacarse el
corazón y dárselo a otra persona. A una sola. Y entero. Sacárselo. ¿Tienes
miedo? Las personas no muerden, tranquilo. ¿Por qué me estás dando esa poca
sangre? No, así no se hace. Es todo el corazón, ya te dije. ¿Ese poco? La
semana pasada me diste otro poco. No, no quiero. No es así, ya te dije. ¿Qué
hago con esta poca sangre? Mira, se me va entre las manos. Ya no sé ni dónde
está, se evaporó. ¡Como la nube! ¿Tú eras la nube? Esa que estaba fija en el
cielo, afuera de mi ventana. ¿Eras tú? Estaba tan estática. Parecía inerte. Le
pregunté qué esperaba, pero no obtuve respuesta, y esperé harto, mucho, créeme.
Un día le pregunté si me quería, si acaso por eso se quedaba afuera de mi ventana,
quieta, como esperando. Pero tampoco respondió. Pensé que era muda. Pero no
estoy segura. Creí escuchar que balbuceaba algo, parece que dijo sí, pero fue
bajito, bien bajito, no estoy segura si fue eso lo que quiso decir. Y luego le
pregunté si quería entrar un rato, acompañarme en la terraza, descansar, quizá
le saliera el habla, pero no, ni se movió, ni dijo nada más. Eso fue todo.
¿Eras tú? No lo puedo creer.
Caer/aterrizar/levantarse.
Mira, estuvo tanto tiempo ahí que terminé por enamorarme de ella. A pesar de
que no decía nada. Al preguntarle algo, la veía indecisa, pero claro, yo sé que
la vida a veces es confusa. No quería presionarla tanto. ¿Tenía miedo de que se
fuera? Pero ella nunca preguntaba nada. Parecía un monólogo. Y yo veía que a
veces hablaba con otras. ¿Nubes? No eran nubes parece. Eran personas. También les
daba un poco de sangre. ¡Ahora caigo en cuenta! Era la misma nube, ¡y también
les daba sangre a ellas! Ahora entiendo, tienes razón, era la misma, y yo vi que
le dio sangre a varias. Más de una, te lo juro. ¿Si alguna vez le dio el
corazón a alguna? No que yo haya visto. ¿Tú qué crees? Quizá no lo vi y sí lo
hizo. Pero a mí también me daba sangre así es que no creo. No habría tenido
para darme. ¿Si me dio siempre? Sí. Siempre. No sé por qué no se iba de ahí.
Quizá no sabía adónde ir. O quizá tenía miedo de moverse. Porque entonces no
sabes cómo será otro cielo. ¿Cómo saberlo? Mira, la verdad es que yo no me
movía mucho tampoco. Me fui un tiempo, pero volví. No sé bien por qué. ¿Por qué
habrá sido? La veía y sentía que la quería tanto, era eso. Era tan bonita, su
color, su textura, preciosa, realmente impresionante, te lo prometo. Si tan
solo la hubieses visto. Me quedaba encandilada. Cada vez que la veía. Por eso
volví yo creo. Era realmente hermosa, mágica, y me sentía tan a gusto con ella.
Una vez la abracé. Me llevó al universo, planeamos, por la inmensidad, los
planetas, flotando, un paisaje extraordinario, inverosímil, pasábamos por entre
las estrellas, si hasta pude tocarlas. Sí, por eso volví. ¿Cómo no iba a volver?
Conocí los planetas con ella. Era una nube sobrenatural. Un milagro. Todavía la
recuerdo y me impresiona. Brillaba como un diamante iluminado por el sol. Te
llegabas a encandilar. Nunca vi una nube tan bella como esa. Era única. La más
bonita que yo haya visto jamás. Me llevaba a esos planetas de colores. Estaba
llena de una imaginación desbordante. Nos reíamos mucho. Teníamos nuestro
propio mundo. Era hermoso. Hermoso. Había pequeñas cosas que nos hacían reír.
¿Si fui feliz? Sí, fui muy feliz. Vi todo desde arriba. Le entregue mi corazón
entero. Me demoré un poco, pero luego se lo di. Es que veía todo desde lejos,
todo se veía maravilloso. Yo quería estar con ella toda mi vida. Quería prometérselo.
Yo podía hacer eso. Yo quería hacer eso. Quería. Quería. ¿Pero qué pasó? Yo me
llevaba mi corazón a veces, porque ella no me daba el suyo, pero siempre se lo
devolvía. Es que yo quería estar con ella para siempre. Para siempre. Pero un
buen día agarró mi corazón y lo tiró al río. Me dolió tanto que pensé que iba a
morirme. Me dolía tanto que incluso una vez deseé que se desvaneciera. Para no
tener que seguir viéndola todos los días ahí afuera de mi ventana, porque mi corazón
sangraba y sangraba, sentí que era el final. No quería vivir, no quería seguir.
No quería hacer nada si ella estaba ahí afuera de mi ventana. Pero dándoles
sangre a otras. Todavía lo recuerdo y se me aprieta el corazón, que ya está en
su lugar. Ya lo recogí del río, lo cuidé mucho tiempo, mucho, mucho. Con mucho
cariño, cuidado, con amor, lo acaricié hasta que sanó, le mostré el mundo para
que supiera que había más que el final. Ahora está con nuevas energías, si lo
vieras, palpita con brío. Tiene fuerza, es valiente. Quiere recorrer el mundo. ¿Si
se lo daría de nuevo? Es que ella ya no existe, se evaporó. No, ya no se lo
daría. Es que ya no quiero gotas de sangre. Yo le dije que el corazón se daba
entero. No, no me lo dio. Yo quiero alguien que me quiera de verdad. Pero de
verdad. Yo quiero querer de verdad.
Caer aterrizar
levantarse. ¿Hacia dónde voy ahora? Lejos. ¿De la nube? Lejos de todo. También de la nube. No, si no tenía sustancia,
se evaporó, te dije, ya no está. O quizá tenía sustancia, y luego se evaporó. ¿Si
le daría mi corazón de nuevo? No, porque ella no me lo dio, ya te contesté.
Nunca me lo dio. Ya no quiero verla más,
no quiero que vuelva a mi ventana. Y no tiene sustancia, acuérdate. Si yo le
pregunté qué quería. Su respuesta fue un gran silencio. No, ya no me siento
bien con ella, me arrastra a un lugar que no quiero ir. Me lleva a la muerte,
al vacío. Pero hay tanta vida, ¿por qué ir hacia allá? Yo estoy viva, por qué
ir a la muerte. No, yo quiero seguir viviendo. Seguir en esta caminata luminosa
que llevo. Creación y creación. Descubrimiento. Estoy tan lejos. Y sigo
alejándome. He encontrado tanta y tanta música. Vuelo y vuelo. La vida y yo
somos una sola cosa. Cierro los ojos y hay paz. ¡Hay paz! ¿Si pensé que la
habría? La disfruto, porque la anhelé mucho tiempo, y nunca se sabe cuándo me
abandonará por un rato nuevamente. Disfruto. La música, las palabras, la
amistad, el amor, la paz. Los parques. El sol.
Caer;
Aterrizar; Levantarse. ¿Si quiero despedirme? Sí, para siempre. Desearle
suerte, desearle amor, desearle que pierda el miedo. O que haga lo que quiera. Pero
que no vuelva a arrastrarme. ¿Si ya no la quiero? Parece que no. O al menos no
quiero estar con ella. No quiero morir. Yo quiero vivir. Yo voy a amar de
verdad. ¿Si vale la pena quererla? No, por supuesto que no. ¿Si me da lo mismo?
Sí, ya no me importa. Adiós. Ya no existes. No en mi corazón. Adiós.