23 de diciembre de 2021

El deseo

El triunfo de Boric es desear. Es abrir los poros y respirar. El olor de jardín en verano. Es sororidad. Hermandad. Es todos juntos. Cielo azul, al fin. Nos reverenciamos ante la esperanza. 

Creo que el mensaje quedó claro. Tú no. No así. No aquí. No soy yo, eres tú. Pensaste que no podíamos pensar, y tu cara se veía desde tan lejos. Lo que proponías era el final. Pero esto recién comienza.

Cuesta tiempo ver todo lo que ha costado llegar. Pero los caminos decididos rinden frutos. Los recorridos verdaderos se abren camino. Hoy te deseo. ¿Es el camino verdadero? Recorrerlo es tan vital. Circular por él es tan interesante y misterioso. Subo al acantilado para ver caer lo antiguo y saber que estoy mejor aquí, que ahí abajo en esas rocas. 

Todos estos años en mi piel. Esa sonrisa sin tiempo. Ese país sin edad. Naciendo a la vida. Antes del domingo teníamos la cabeza bajo el agua a intervalos. Dudas, aprensiones. Tinieblas intermitentes. Y de pronto, deseo. Juventud. Confianza. Seguridad en nosotros mismos. Estamos más desenvueltos. La oscuridad y las cosas mudas toman otras formas. Ahora podemos rellenarlas de una imprecisa fantasía. 

No en vano el país sin edad adquiere edad. Para recomenzar como si fuésemos jóvenes. El amor, el mismo, a veces comienza de otra manera, nueva. Y todas esas historias a cuestas para resignificarlas. No en vano tenemos la pluma. No en vano el país sin edad tiene las palabras. A veces no es necesario definirlas. Se sienten. Lo que sentimos el domingo es significado. El sentido se siente. Los simulacros siempre quedan al descubierto.

Esto es tan real. Si esto no es real no sé qué es la realidad. Hoy te deseo. Hoy me siento tan viva en el país de la nostalgia. ¿Y si vivir es lo que sentimos cuando estamos juntos? Hoy te deseo como antes. País de la nostalgia, tu fuerza sabe lo que es sentir. Tú sabes lo que es el significado. Aunque a veces las respuestas sean intrincadas. El país sin edad sabe lo que es la realidad. No hay cuentos. Metáforas escondidas a medias. 

Pensé a veces que el país sin edad no tenía alma. Probablemente era yo quien no podía verla. A veces no se ve lo que se tiene muy cerca. Hoy te deseo y tienes significado. ¿Cuán efímeros son los significados? ¿Cambian? Pensé que el país sin edad era forma. Pero es deforme y hermoso. Sobre todo, sabe decir que no a la represión y a las imposiciones antojadizas. Criminales. El país sin edad es como una mujer feminista, tiene el valor de hablar cuando es necesario.

El domingo deseamos. Bailamos. Penetramos. Porque así somos. Así hemos aprendido. Porque lo que una vez estuvo vivo, sigue vivo cuando la dicha es verdadera. Hoy somos deseo. Hoy nuestros cuerpos existen. Hoy nuestros cuerpos son nuestros. Hoy tu cuerpo se acerca y brilla. El país sin edad es un cuerpo libre. El violador eras tú y perdiste. 

El país sin edad tiene muchas caras, tantas como habitantes recorren su territorio. Una cosa es cierta: ante la amenaza está el significado que se siente. Está el deseo conjunto. Las ganas de estar despiertos y cantar. Porque la voz es cuerpo. La voz es deseo conjunto. La voz es vida. La palabra es esperanza. Deseamos sentido y ya sabemos lo que significa sentir el significado. Te amo a ti.

Desear es amar. Es querer vivir. Subirse al acantilado para ver lo que ha caído, y disfrutar y agradecer que todavía quede chispa para encender el fuego. Saber que nada ni nadie podrá apagarlo. Saber que somos fuertes y solidarios. Que el país sin edad lo gobierna hoy la juventud. Lo gobierna la esperanza. Hoy te deseo. Y hoy, parece ser todos los días. 

Gracias al significado. Gracias a los votos del domingo. Y viva el deseo y la democracia. El domingo tu cuerpo fue obra de arte y cercanía. Seguimos. Vencimos al miedo y aquí estamos: nunca he dejado de amarte. Un país que recuerda y desea, nunca morirá. ¡Seguimos! El rugido de la tierra marca un tiempo, y yo no puedo olvidar, porque desear es vivir. Seguimos, seguimos, ¡deseando! Prométeme que seguirás. 

19 de diciembre de 2021

Deja de mentirme

Es difícil no vivirse la postulación del candidato sombrío como una traición. Como algo oscuro, claustrofóbico, como ese miedo a ser torturado que queda pegado a la piel habiendo vivido en dictadura. 

¿Por qué te fuiste del país? Por esa claustrofobia. Lo dejaste en pausa. Pero por su cuenta seguía avanzando. Ojos perdidos. Nuevas constituciones. De pronto la amenaza latente. Las mentiras. Aquí estás de nuevo. Evadiendo el por qué te importa tanto si no vives aquí. Observando, desde tu condición doble. Pero si integraste correctamente, lo doble es uno. Esa lejanía te permitió unir los fragmentos. 

La unión de los fragmentos se llama confianza. Y la unión de las personas se llama esperanza. No, no había comodidad en la claustrofobia. Te habías equivocado. Ahora lo puedes ver. También lo dijeron ellos: no más claustrofobia. Observas, para ti efectivamente Chile significa lejanía, nostalgia. No hay cómo revivirlo. Incluso cosas que te encendían y admirabas, a ratos te son indiferentes. 

Luego caes en cuenta de la dimensión de la amenaza. Una violación en ciernes. Fragmentos, fragmentos, todas convertidas en fragmentos. Silencio. No te da lo mismo. Llevas dos años hablando sobre esto con otras: la claustrofobia es universal. Las mentiras se parecen. Todos son los tiempos de hablar y, sobre todo, los que son como estos: tiene que escucharse con mucha fuerza el no a la claustrofobia. Para eso Chile es largo como un extendido pasadizo para circular libremente, de norte a sur, entrar y salir, entrar y salir, con quien se quiera, esa gran familia formada por quien uno quiera. 

No más mentiras de amantes a escondidas, y fluidez a las relaciones libres. Para entrar y salir, entrar y salir. Y decidir sobre nuestros cuerpos. Y unirlos como los fragmentos de la confianza. Lo importante es ubicar nuestros cuerpos donde lo estimemos. Que no se nos asigne lo que podemos ver, sentir, decir. Mañana le vamos a decir, te equivocaste, te equivocaste: no es tu fundo y nunca lo va a ser. Deja de mentirme. 

Lo importante no es donde vivimos la mayor parte del tiempo sino la fuerza con la que decimos no sin mi consentimiento. Da lo mismo el idioma en este caso. Mañana le vamos a decir un solo y fuerte: no. Tú no. Nunca. Nunca más. 

Y en esa sensación de extensión, de pasadizo lleno de viento en movimiento, de circular juntos, está la vida. Recorrí Chile de norte a sur en mis tiempos mozos: la belleza me dejó sin aliento. Las flores en el desierto, las cascadas en los bosques. No perdamos esto, no perdamos esto. Nuestro destino son las extensiones. El agua que circula. Las olas que rompen. Los kilómetros de cordillera hasta donde se pierde la vista. Nunca sentí claustrofobia en esa naturaleza indomable. Nuestro destino es ese carácter indómito. Es ese no someternos, fluyendo en la cascada, amando a las olas que van y vienen.

Mañana son las flores en el desierto y las cascadas en los bosques. Entrar y salir. Amar. Decir nuestra verdad. 

Papeleta en mano, decir: Boric. Y seguir con el carnaval y la solidaridad. Seguir con nuestra literatura, que siempre ha sido belleza y grito. Votar es comenzar a escribir. Extenderse es comenzar a circular. Mañana es cuidar y comenzar. 

3 de diciembre de 2021

41 (parte cuarta)

El 29 de noviembre además de encontrar el 41 y el sol, encontré abrazos, llamadas, mensajes. El encuentro tuvo un sabor dulce, suave e intenso. Un encuentro muy vital. Igual como me siento por estos días. Nunca me parece algo obvio todo el cariño que aterriza. Lo observo y lo siento. Me encanta el cumpleaños. Esa certeza de que el tiempo pasa y de que vamos habitándolo y siendo parte de algo. De que llegamos a algún lado, y de que una cierta cantidad desconocida de días nos esperan en el puerto para rellenarlos con la libertad y su impulso. La libertad en definitiva está compuesta de amor. Esa sensación de que caminas con otros a tu lado. Manteniendo tu autonomía. De que esos otros conectan contigo en el tiempo y en el espacio. A veces unos tiempos y unos espacios. Y también hay el amor incondicional. Ese tengo y ese encontré con el 41 al soplar las velas, ese núcleo que siempre está ahí, esta familia que adoro y recorre conmigo donde quiera que estén. Quiero agradecer hoy ese amor incondicional y ese amor condicional, porque de ambos está compuesta la existencia. Cada abrazo y cada mensaje urdió una trama en mi alma que creó puentes para atravesar este año creando. Esos añitos que van quedando inyectarles sentido y carnaval. Cada gesto de amor el día de cumpleaños podría parecer anodino, pero para eso circulo por las aceras vociferando el mensaje: sin ustedes no me interesa. Lejos lo que más he tenido en mi vida, aparte de palabras, ha sido amor. Amor y silencio para apreciarlo con la intensidad que se merece. Cercanías y distancias de las cosas es lo que determina mi presencia. La música de mi vida es la conversación y el arte. Hoy rodeada de mi amada biblioteca de Santiago de Chile repaso cada gesto de amor que he recibido estos días –sí, ser mujer no es sólo entregar-. Aunque presiento que algo he entregado porque cada palabrita que recibí era profunda. La reciprocidad es mágica. En definitiva el amor es fiesta. El año se ha finalmente apersonado y estoy lista para penetrarlo. Entrar en sus entrañas con literatura y feminismo. Bailando con la libertad –no la del postulante sombrío-. Que el amor guíe nuestros pasos. Recibí tiempo y fuga. Vuestro tiempo me dio espacios sin tiempo. No detendré los números pero abriré espacios de tiempos elásticos. Todo, todo lo que hago es debido a esos gestos de amor fuera del tiempo. Instalados en la temporalidad musical llena de rubatos. Amar, escribir y viajar es acelerar y desacelerar el tiempo. Qué importa que sean 41 si la vida es suave como una caricia el día de tu cumpleaños. Si te elevas cuando corresponde para crear movimiento. Santiago de Chile tiene un sabor distinto y muy dulce este año. Que continúe el tránsito perpetuo si las distancias y el rubato entregan conciencia. Sólo espero retribuir todo lo que recibo.