Algunas personas creen que el romanticismo es algo tonto o no lo entienden bien. El romanticismo es lo contrario a la pusilanimidad. También es lo contrario a la violencia. El romanticismo rompe con lo plano. Es una manera de existir. Tiene que ver con la imaginación y la valentía. Dice relación con la búsqueda incesante de la belleza de la vida. Saber que puede estar ahí en cada encuentro. Por un lado es simple. Consiste en identificar el amor en cada situación. El real, no el que se obtiene mediante manipulaciones. Tiene que ver con compartir en el tiempo fuera del tiempo. Fuera de lo que se ve a simple vista. Fuera de la pragmático. Fuera de lo evidente. Aspirar a él es perfectamente posible. Se puede incluso ser él mismo. Tiene relación con la conciencia de la libertad. También con la noción de un tiempo determinado sobre este planeta en cuerpo físico. Lo más romántico es la autenticidad. Actuar conforme a tus deseos más íntimos. Encontrarlos y dejarlos salir. Permitirse ser. Hacer. Las palabras vacías no son románticas. Son intentos cobardes que no comprenden la fragilidad de la vida y la belleza. La violencia tampoco tiene nada que ver con el romanticismo. La destrucción tampoco. Sólo la que tiene que ver con transformar el miedo. El romanticismo real no conoce los obstáculos. El romanticismo real es acción y ensoñación. Extraerle a la vida las ganas de mostrarse. Exhibir todos los signos inscritos en el alma. Rendirse ante el reflejo del sol en el agua en una tarde de primavera. La certeza de que la existencia es pura en el ahora. Que lo que es necesario que ocurra debe ocurrir. Dar el paso que nos define para siempre. Todos esos pasos que nos han construido. Amar el deseo.
30 de marzo de 2023
26 de marzo de 2023
Partir III
Aldito, me habría gustado conocer tu casa de Hawaï. Al sol. Te escribo desde Lyon, la noche ya cayó, llueve, las luces de la calle acaban de encenderse, en una Francia que estalla. Escucho Christine & the Queens, te gustaría esta música, tiene algo determinante y sensual, como esa tensión creativamente fértil que teníamos nosotros. Pienso en esas ocasiones que no llegaron y definitivamente no van a llegar. Esta música tiene algo optimista que me gusta, algo intenso. En este caso no me sirve, pero sé que quedan otras cosas. Miro un correo que me mandaste un día de enero años atrás. Me decías que ibas a ir a verme a Barcelona. Miro la fecha, doce días antes de ese correo yo había conocido a quien sería mi pareja por muchos años. No me acordaba de este correo. Miro mi respuesta. Te contaba que acababa de comenzar una relación con alguien. No fuiste finalmente. Años después, estando los dos en Chile por un breve período, cuando las circunstancias lo permitían, acordamos vernos. Tampoco llegó ese momento, me escribías a horas insólitas y nunca pudimos encontrarnos. Unas semanas después hablamos y estabas enojadísimo. Me sorprendió. Habías organizado todo y yo finalmente según tú no había ido ni había cumplido mi palabra. Te pedí disculpas porque me afectó verte tan molesto, pero al mismo tiempo nuestra interacción había sido siempre caótica y esta llamada al orden tuya me llamaba la atención. Quizá algo se quebró ahí. Quizá no. Te puedo decir algo: cuánto daría ahora por la oportunidad de abrazarte. En nuestra historia de años de encuentros y desencuentros hay algo implacable. Algo trágico como lo que viaja junto a la búsqueda del amor verdadero. Nunca dejamos de buscar el amor absoluto. En nuestro mundo donde todo era profundo y desgarrador el amor era algo muy serio. Algo que nos empujaba y nos destruía. Para transformarnos. Lo que hacíamos constantemente era ponernos a prueba, en todos los sentidos. El completo opuesto a la indiferencia. La búsqueda del amor verdadero es la certeza de la importancia de la vida. La existencia llevada a sus márgenes donde se deja de sentir el suelo bajo los pies. Quizá por eso amabas el océano, porque sentías que siempre se podía llegar más lejos. Siempre se podía profundizar aún más. Era desafiante relacionarse contigo. Y absolutamente sublime. Pero cada encuentro era renacer, estallar y confusión. Lo ya vivido quedaba obsoleto. Sinceramente no sé por qué la conexión de la perfección y el caos se mantenía en un punto que continúa sin desintegrarse ni convertirse en algo distinto. Sé que tendrías la respuesta. Tenías la respuesta para literalmente todo. Te sumergiste en el océano para encontrar la gran pregunta que no tendría respuesta para ti. La encontraste, a un costo altísimo. Sobre todo para quienes seguimos aquí, los que quedamos, acuérdate, te lo dije, los que todavía tenemos que pensar en ti sin tus palabras. Sin tu cuerpo. Es un costo imposible de saciar. Como nuestro deseo, unas ganas de vivir y ser libres que guiaron por siempre nuestros pasos. Sigo en ese camino. Sin tu cuerpo.
Me escribió quien fuera tu amigo. La persona que me llevó a conocerte. Ahora también es mi amigo, bajo el signo del caos, sin embargo, como ese que tú conoces. Decidí contestarle. Te lo dije, acuérdate, no quiero que todos se vayan, no quiero que sea demasiado tarde para decir lo que haya que decir. Me pidió disculpas por lo sucedido hace un año. Le dije que también lamentaba las veces que le causé dolor. Creo que lo dije a nombre de los dos, ya que tú ya no vas a poder hacerlo. Sé que estarías de acuerdo. Igual queda un sabor amargo de decirlo en tu nombre. No sé si sirve. No sé bien tampoco qué es lo que te habría gustado decir. Es imposible anticiparte. Siempre fue así. Aldo, quizá eras nuestra tensión, nuestro impulso a comprender, a perdonar, nuestra lección de humildad. ¿Y ahora qué hacemos sin ti? Nos faltas. Siempre estabas ahí entre los dos, de una manera que a mí me señala belleza, me señala fragilidad, me señala el desafío ilimitado. Ahora queda tu fantasma, tu recuerdo. Podrías haber buscado la pregunta definitiva con los pulmones llenos de aire, no en el fondo del mar. Cómo le explico ahora tu verdadera sustancia. La razón por la que no pudimos detener jamás la avalancha. No entiendo por qué me abandonaste a medio camino, Aldo. Qué injusto estás siendo. Perdóname por mis palabras crueles. Por el caos que me habita y nos llevó a un sinfín de tormentas. Pero tú sabes exactamente de qué estoy hablando. Nunca necesitaste grandes explicaciones. Comprendías cada detalle. Avanzábamos rápido en nuestra búsqueda de respuestas, pero las preguntas se multiplicaban y se multiplicaban, no tenían final. Quizá simplemente la interacción era como estar en casa, amor puro, un estado de total autenticidad. En el fondo, yo lo sé: no tenías miedo a nada. Igual que yo. Sólo a la soledad profunda de saberse en ese espacio que no es posible compartir con otros. Donde nosotros nos encontrábamos, un lugar fuera del mundo. Un lugar dentro de la vida, directamente. En las entrañas de la existencia. Un territorio como correr a campo abierto olvidando que se es algo, sólo transportando el fuego de la libertad, donde reside toda la creatividad posible. Aldo, eras mi familia, mi alma gemela, el grito de todas las primaveras alcanzables. No hay consuelo posible. Sólo me queda escribirte, y que en ese trance nazca la nueva vida. La que me lleve a la Gran Obra, la que me vas a ayudar a imaginar, yo lo sé, tu sustancia llenará de fuerza las páginas, ayúdame a descubrir el presente, te lo pido, ven en sueños y vuélveme lúcida, entrégame esas claves a descifrar que allanaron por siempre un camino que ahora recorro y me hace tan feliz. Ven a mi departamento a Lyon y acompáñame por las calles, por el borde del río, pliégate a mis deseos como quisiste hacerlo tantas veces. Qué pasa cuando las respuestas llegan de manera extemporánea. Como un amor imposible que se materializa en belleza, en poesía, en un gemido que todo lo despierte, por su fuerza de llevar adelante el presente e invitar a la primavera a quedarse. Me dijiste una vez que habíamos trivializado todo de pronto y por eso tus recuerdos no eran nítidos. Ahora sé que me arrepiento de algo. De que no hayamos logrado encauzar nuestro caos en algo que podría haber crecido. Te extraño, Aldo, por la cresta, yo sabía que nuestro encuentro iba a cambiarme, pero no pensé que de esta manera. Te lo digo ahora, aunque sea tarde, por qué si nuestra búsqueda era seria no pudimos hacer lo mismo con nuestra unión perpetua. Crear fuego sobre nuestras preguntas, que se materializara en algo diferente del caos. Yo habría construido contigo. Por qué te lo estoy diciendo ahora. Es una estupidez quizá, pero para mí es importante, y sé que lo estás leyendo. Libérame igual, dime que da lo mismo, que la vida sigue, que vendrán nuevas cosas. Prométeme que me vas a ayudar a poner en palabras la sustancia que descubrimos juntos, la del amor absoluto. La del deseo que no conoce fronteras. La Gran Obra nacerá en tu nombre, te lo juro, y será lo no pudimos hacer juntos: renacer.
Estoy muy agradecida de que tu mamá me escribió y me envió estas palabras que te pertenecen y que me acercan a ti. Me contó de tu casa, la que no pude conocer, que se parece a la que yo conocí. Te comparto sus palabras, creo que tenerlas te ayuda a seguir partiendo.
Su respuesta a Aldo III es esta, te la anoto aquí.
Estamos en una escala entre Los Ángeles y Honolulu, Lanai, una pequeña isla caliente y pegajosa con un aeropuerto sencillo y artesanal con piso de adoquines. Hay que comer porque es la hora y en los aviones no dan alimentos, compramos productos envasados y tratamos de engullirlos. Estamos muy abrigados y busco un poco de brisa generosa que me calme. Me siento sonámbula, flotando, suspendida. Ya falta menos para llegar, lo primero que haré será ir al servicio médico a ver a Aldito, pienso ingenuamente porque no anticipo los doce días que serán necesarios para conseguir por fin estar con su cuerpo.
Tomamos un taxi en el aeropuerto y le pido que nos lleve por el centro de Honolulu en dirección al servicio médico. Cierran a las 4 de la tarde, vamos con el tiempo justo. Aprovecho para mostrarles desde el auto, a Pablo y Coté, los lugares que recorrí con él. No lo sabíamos, pero ese día y el siguiente son feriados y los edificios públicos están cerrados. Pasamos por fuera de una suerte de casa de cemento, grande y rodeada de rejas. Allí adentro está mi niño.
Nos dirigimos a Kalakawa Ave. a su departamento, Marco y Coti están allí desde ayer, volaron desde San Francisco y no han tocado nada para que encontremos todo tal y como lo dejó él cuando salió a nadar el lunes a medio día. Su casa es como Aldo mismo, luminosa, divertida, llena de tecnología, aparatos de gimnasia, su guitarra, todo muy zen, pocas cosas. Su taza de café a medio consumir en el lavaplatos, algo de comida en el refrigerador, un escritorio gigante, luminarias de estudio, micrófonos, audífonos, monitores con su logo que irán apagándose con el correr de los días, al igual que sus sitios y páginas Web. Un osito de peluche, el regalo de cumpleaños por sus 40 años que le enviamos por Amazon.
Sus zapatillas, su barra instalada en un marco de puerta. Todo listo para su regreso, excepto por la nota que yace sobre una mesa desde el martes diciendo, Aldo, llama a tu mamá que está preocupada por ti.
19 de marzo de 2023
Los que quedamos
Los que quedamos tampoco podemos encontrarnos porque el tornado también está asegurado. Luego del tornado inicial, Aldo y mi enamorado no volvieron a hablarse nunca más. Sólo en un puñado de ocasiones en veinte años. Lo duro es que luego de su partida la imposibilidad de esa ocasión se volvió definitiva. Yo sigo aquí pero hace un año que no le hablo tampoco. La partida de Aldo, sin embargo, exhibe la fragilidad de nuestra estadía e ingresa un terremoto en toda convicción de decisiones estables. Sobre todo, revela el carácter fútil y a veces estúpido de nuestros esfuerzos. Si nuestra existencia va a abandonarnos más temprano que tarde, por qué afanarnos tanto en construir. Quizá sólo hay que crear y el resto llega solo. Si partió Oso, partió Aldo, por qué no habría de partir él, o yo misma. Quizá somos un grupo que lleva el signo de lo inexorable. De lo maldito. De lo expansivo. Como todas nuestras experiencias. Perdidos en la existencia, queriendo bailar hasta desvanecernos. Hasta poder penetrar de una vez en la dimensión paralela, esa vida que no es vida, que es algo distinto, que es un conjunto de explosiones que no se sostienen entre ellas pero significan algo aunque nos rebane. Lo que sé es que todos estábamos unidos por estrellas incapaces de alejarse unas de otras. Me pregunto cuál es la sustancia de vínculos que tienen la consistencia de una abeja y una flor. Sólo los mata la muerte. Son aledaños a los precipicios. Nos invitan a caer una y otra vez para ver el sonido que producen nuestros cuerpos al acariciar a la roca, como la canción de Björk, Hyperballad. Hacer eso cada mañana para acordarnos que aún estamos vivos y sentirnos más afortunados de esta oportunidad. De que todavía no nos haya tocado, aunque podría perfectamente ser nuestro momento. Pero yo todavía tengo cosas que escribir, sólo pido un poco de tiempo. Sólo te pido, Aldo, que esperes un poco. Que las conversaciones cara a cara se reanuden más adelante, si es que un día llega ese idilio de alguna manera. Sé que los tornados hay que mantenerlos lejos pero yo nací bajo el signo del asombro y las historias siempre pueden mostrar nuevos descubrimientos. Estoy enojada pero no quiero que una vez más sea demasiado tarde. No quiero volver a sentir eso. Nunca más. Quiero subir a esa colina y observar hacia abajo para recordar como un tatuaje que todavía estoy viva y que la partida de nadie será en vano. Llevaremos el estandarte del presente absoluto porque creo que es lo único realmente interesante que he aprendido. Existe el cuerpo y un día se evapora. No hay más. Estamos aquí para dar testimonio de nuestro nacimiento y fragilidad, y todas las sintonías con que conectamos cada día y toda la inmensa, infinita capa subterránea que ocultan las cosas y sus propuestas. Construyendo castillos hacia arriba que van transformándose. Donde habitar para observar con detención incluso más detalles en nuevos estratos de la realidad que van haciendo aparición y dejando un sedimento repleto de fantasía y nuevas historias por contar. Distintas versiones que indican diversos ángulos desde donde mirar un fenómeno para poseerlo por un momento, jugar con su superficie para entrar luego en la experiencia y atesorar un pedazo de ella en el alma. Sólo pido que nunca acabe. Que haya siempre nuevas oportunidades. Que las experiencias se dobleguen a las palabras. Que crean en su único destino. Ser escritas. Llevar el mensaje de todo el amor disponible. Del triunfo del amor y todos los tornados que crea. Soy una sobreviviente definitiva del cataclismo. Un instrumento de la literatura. Una existencia contada en tornados. Una amante fiel y definitiva. El amor tal vez para mí deje de tener secretos un día. El día que todo acabe. El día que todo acabe para nosotros. Los que quedamos.
18 de marzo de 2023
Partir II
Aldito, éramos jóvenes y felices, como la canción de Aznavour, la bohème. Sigo siendo joven y tú suspendido en la nada. Seguirás siendo joven para siempre. A veces estoy más optimista y a veces menos. Lo que no he sido capaz de hacer es materializar la idea de que ya no vas a contestar. ¿Quieres que te diga cómo fue? Te fuiste a Hawaï, pandemia, te aislaste, no tuve noticias de ti, pero esperaba volver a tenerlas. Unos días antes de tu inmersión en el abismo estaba con mi mamá aquí en Lyon, y le dije, estoy contenta porque veo que Aldo subió una foto con su papá, quizá está retomando contacto con el mundo exterior, pero no le voy a escribir nada, voy a esperar que él me escriba. Vi que habías leído una de mis historias y me alegré. Demasiado tarde. Recibí la noticia sentada en un café cuando mi mamá había partido un momento al baño, miré mi teléfono y ahí estaba el mensaje de mi hermano Francisco. Me quedé muda y todo se detuvo. Leí varias veces con atención, para asegurarme que era exactamente eso que estaba leyendo. Me quebré por dentro en mil pedazos. Una sensación difícil de describir. De ahí en adelante entré en un trance como un túnel sombrío. Mi mamá partió de vuelta a Santiago de Chile al día siguiente. Comencé a escribirte como poseída por una fuerza extraña, tenía que dar cuenta de tu fuerza. Salí un día con unos amigos y besé a cualquier extraño sólo para proyectarte en alguien y sentir el contacto físico que esperaba tener de ti y sólo podía hacerse real en el terreno del delirio. No estabas, no eras tú. Hecha un ovillo en mi casa me saqué las tripas llorando, casi me ahogo. Llamé a un par de personas que pensé que podían entenderme. Uno me contestó y el otro no. Nada servía. Lo definitivo tiene contornos estáticos como muros. A la semana siguiente conocí a Jorge Drexler en una fiesta. Estaba segura que tú lo habías mandado. Conversamos, bailamos, nos besamos, y tuve la certeza de que la vida podía recomenzar. De que la intensidad de existir seguiría desgarrándome para siempre. Caí en cuenta de que amaba la vida más que nada en el mundo, y que tu partida era el testigo absoluto de que el presente es todo. Cualquier nostalgia es inútil. Yo sé que estás pensando eso, sé que estás diciéndome todo el tiempo, Andrea, haz lo que tienes que hacer, recuérdame con cariño, pero no pierdas tiempo, recuérdame con alegría, de todos los desvaríos de los que nos reíamos, recuerda las conversaciones, pero sigue firme, escribe, exprime la realidad antes de que sea demasiado tarde. Nada es tan injusto como tener que seguir hablando sola, temas que debería estar conversando contigo. Eras un faro que un día se apagó. La soledad a veces significa que la luz del horizonte ya no te guía y tienes que trazar los caminos sola. Da vértigo. Pero sé que se puede. Lo he venido haciendo desde el principio, desde que me fui de ese país de la gran cordillera hace diez años.
Fuimos jóvenes y felices. Hubo momentos duros también. Muy duros. Nuestra relación partió de la peor manera posible. Eras amigo de mi enamorado, alguien a quien yo quería mucho, y seguí queriendo mucho tiempo después. Antes de dar cualquier paso terminé mi relación para separar las cosas. Pero no había manera de que nuestro encuentro fuera pacífico. Era algo explosivo y además en aquellos años la condena social fue impresionante. Anna Karenina era un reflejo pálido de nuestra historia. Yo tenía veintitrés y tú veintidós años. Qué raras eran las cosas antes. Estoy consciente, sin embargo, del dolor que causamos. Esto debería hablarlo contigo ahora, y ya no estás. Puedo decirte que no me arrepiento de nada. Volvería a hacer todo exactamente igual. Sí pienso que esto nos jugó en contra hacia adelante. También creo que se puede perfectamente estar enamorada de dos personas y me alegro infinitamente que los tiempos hayan cambiado. Lo inútil es que es muy tarde para decírtelo. Pero todas esas cosas tú ya las sabías. Siempre ibas un paso más adelante. Cuando la relación con mi enamorado terminó de manera definitiva años después, pudimos reencontrarnos. Pero nuestro encuentro quedó desde el primer momento grabado con el sello de la tragedia. La más alta felicidad y el caos completo. Estoy enojada con tu partida porque cada etapa de la vida es distinta y ahora cómo compartirte mis descubrimientos. Yo quería saber de tu vida para siempre, seguir admirándote, asombrándome con cada uno de tus pasos y expediciones por la realidad y sus bordes. Eras la inmersión total en la existencia. En pocas ocasiones me he sentido tan viva como en cada ocasión que estaba contigo. Eras la punta más alta de la cordillera. Un estado absoluto de pasión y felicidad extrema. Algo indescriptible. Una explosión constante. No es tan raro si lo pienso que hayas partido. Ese estado absoluto es difícil de mantener. Yo vivo en él pero tiene sus costos. Cada día es la certeza del hechizo eterno. La activación total de todos los sentidos. El deseo de profundizar tanto en la existencia que esta acabe contigo. La necesidad de desafiarla hasta que te muestre los dientes, hasta que se entregue a ti como un amante enloquecido. Somos dos estrellas fugaces que nos encontramos y lo destruimos todo, y lo creamos todo. Delineamos una estela en el cielo que sigue surcando el vacío. Sigue explorando el paraíso y sus confines más ocultos. Vaciarse entero para alcanzar el milagro. Entregamos todo lo que éramos. Sin ningún tipo de límite. La euforia perfecta que da sentido a existir. Aparte de un par de personas nadie me ha atraído físicamente como lo hacías tú. Era un tornado sin principio ni final. Un atardecer que se mantiene en un punto sublime sin desintegrarse. Por eso debe ser tan extraña la partida de tu cuerpo. Esa energía queda alojada en el aire ahora. Tengo que dirigirla hacia algún lado. La convertí en literatura. Es lo que mejor sé hacer. Sé que te habría gustado leer lo que te escribo. Si estuvieras vivo te escribiría en la piel. Redactaría para ti además cartas que acabarían con tus atardeceres apacibles. Nada nunca fue tranquilo entre nosotros dos. Como si hubiésemos sabido que ibas a abandonarme un buen día. He vivido contigo los más grandes contrastes. Eres el sentimiento absoluto. La condensación de todas las emociones posibles.
Estoy muy agradecida porque tu mamá compartió conmigo sus palabras, lo cual me honra y me emociona. Las comparto contigo, porque como sabes, te pertenecen, igual como te pertenece para siempre una parte de mi alma, la que sabe que la vida es absoluta y de una intensidad completa. Te las anoto aquí para que puedas leerlas:
Hola Andrea. Esta es mi respuesta al Aldo II. El día siguiente a la noticia.
Me quedé varada en Lima. Salí corriendo, me subí al primer avión posible y no pensé en el PCR. Segunda vez que me sucede, la primera vez me sostuviste tú a lo lejos mientras volvía a Los Ángeles desde tu casa en Honolulu para hacerme la prueba. Estaba muy cansada después de 3 días de viaje, pero dichosa a la vez porque volvería para estar contigo dos semanas, que se convirtieron en tres, mis últimos recuerdos atesorados. Y me mandaste de regalo un masaje con una tailandesa en Santa Mónica. A quién se le ocurre, sólo a ti, un masaje gestionado remotamente para que me sintiera nuevamente con fuerza. Esta vez, en Lima, no estás para acompañarme. Creí ver, con el rabillo del ojo, un punto luminoso en altura adelante a mi izquierda y me dije que tal vez eras tú. Estaba desorientada, incrédula, soy una madre sufriendo por llegar a buscar a su hijo que está solo en un lugar extraño, sin alguien que lo pueda rescatar y me detienen aquí, como odio este aeropuerto, recorro los lugares que me indican en busca de un puesto para chequearme, hago las filas, pero no los encuentro, estoy perdida y el avión se va sin mí.
Es medianoche en Lima y me traslado a un Hotel para esperar el vuelo del día siguiente. No tengo sueño, organizo que me envíen una persona a la habitación para la toma de muestra. No puedo parar de llorar y sigo confundida, tengo miedo de escribir mal mi correo y no recibir los resultados. El examen me lo toma una mujer joven que empatiza conmigo contándome la historia de su hijo de 8 años que casi muere. Lleva tatuado su nombre en el brazo y pienso que yo también me tatuaré el nombre de Aldo, escrito con su letra tan particular.
Hablo con Pablo y acordamos encontrarnos para abordar juntos el vuelo al día siguiente.
Llego temprano al aeropuerto y me dirijo a la zona de embarque. Pasan lentas las horas, recorro el interior y compro tres pares de zapatillas tejidas en lana de alpaca, para el vuelo. Para Pablo, Coté y también para mí. Me instalo a esperar que me llamen para mostrar, por fin, mi PCR y creo que vuelvo a ver ese punto luminoso que en algo me tranquiliza. Pablo no aparece aún.
Siento las primeras oleadas de dolor que me acompañarán por meses. Es como si una ola del mar reventara en mi espalda y me atravesara para salir por delante a la altura de mi pecho mientras mi cuerpo se deforma como una esponja y se resiste al movimiento. Y siento el sabor de la sal que se mezcla con el sabor de mis lágrimas y lloro fuerte y aúllo sin importar que me miren porque tengo derecho a estar así, desgarrada. No se le puede quitar un hijo a una madre. ¿Por qué te fuiste y no me llevaste contigo?
Tú me cambiaste a una persona nueva cuando llegaste a mi vida, a partir de ti me hice otra para acogerte y luego pude acoger a tus hermanos porque mi corazón se hizo gigante y ahora, ¿me cambias de nuevo? ¿En qué me convertiré?, ¿en qué me quieres transformar?
11 de marzo de 2023
Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, ¿y el miedo?, ¡qué arda!
Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, ¿y el miedo?, ¡qué arda!
Cantar siempre ha sido catártico. Dejar salir lo que está alojado dentro en forma de música. Cantar en grupo tiene la magia de la invocación. La frecuencia de la bruja que revuelve su pócima. Que se adelanta un paso al destino que quiso imponerle su visión de las cosas. Somos un grupo de brujas felices con cuerdas vocales. Contra viento, lluvia y marea marchamos. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo. Preguntamos, ¿y el miedo? Decimos: qué arda. Lo decimos en serio. El fuego es un catalizador que tenemos dentro y convierte el miedo en música. Estamos disfrutando de la existencia y su fuego.
Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar, de todas las locas que nunca pudieron callar
Lo pasamos bien porque elegimos nuestras pócimas, nuestras estrategias, nuestra poesía. La vamos escribiendo con los colores que elegimos. La locura estuvo siempre deliberadamente tan mal entendida. Simplemente quería decir creatividad. Pero parecía amenazante porque delineaba las líneas de la venganza. La venganza real siempre llega a puerto. La venganza compleja. No la venganza estúpida cuyo único sustento es la violencia. Esta es una venganza alegre. Tiene mucho de humor. Ella sola es suficiente para vivir, porque sienta las bases de la felicidad.
Ahora que estamos todas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, arriba el feminismo que va a vencer
Cantar es también poesía. Es manifiesto de maneras de existir. Qué mejor que poder ser todo. Ser lo que cada una elija. Abajo el patriarcado y arriba el feminismo es redistribuir. Es soñar y actuar. La violencia tiene la forma de lo inorgánico. Algo sin órganos para la vida. Opresión innecesaria. Nuestra propuesta es la siguiente: que cada uno organice su existencia como mejor le parezca. Nuestra propuesta es la siguiente: es tarea de todos crear las condiciones para la vida.
Mujer, escucha, únete a la lucha
Haz lo que te dé la gana. Pero si tienes un minuto, únete a la lucha. Únete al desborde de energía. Al deseo expansivo. Al viaje eterno. Nunca olvides, por buenas razones empezaste, no estás sola y si necesitas ayuda contáctanos. Ni perdón ni olvido. Instalamos las canciones que liberan. Con miedo o sin miedo, la música está del lado de la amistad y del amor, cantamos: la violencia se va a terminar, nosotras decimos basta, todas juntas salimos a luchar, por el aborto legal, no queremos más femicidios, ni trata ni explotación, construyendo más feminismo, para la revolución.
Cantamos: ni de la iglesia, ni del marido, mi cuerpo es mío, sólo mío, yo decido.
Clítoris
Aunque a algunas personas les cueste encontrarlo, no piensen en él o no sepan dónde está, ahí está. Ingresa en el lenguaje de los sueños. Para imponerse. Tiene un objetivo claro y difuso. Una máquina de amor y placer escondida en los confines del paraíso que llamamos cuerpo. A él le da lo mismo todo, se abre camino. Es como una novela, esconde las historias para poseerlas. Hipnotiza a los paseantes con su ritmo. Define la sustancia de la travesía. Cuántos viajes se han perdido por su desconocimiento. Los grandes mapas han llegado tarde. La selva se ha cerrado sobre sí misma envolviendo todos los vestigios de la civilización que llamamos existencia. Hoy rompemos el silencio deliberado. Porque crear también quiere decir poner en movimiento lo oculto. Afirmar su cúspide. Abrir puertas y ventanas. Darle la bienvenida al deseo del placer misterioso que desvía los caminos hasta dar con el templo encerrado. Poseerlo es cargar con verdades veladas. Acceder al espacio disponible que se detona hacia sí mismo y hacia el universo. Le debe bastante al feminismo, a pesar de su total autonomía. En el centro de su deseo grita su nombre para expresarse y ser al fin conexión y arte. Se regocija de existir. De ser al fin protagonista de su propio destino.
Orgasmo
Cuál es el itinerario de los sueños. Lo que me gusta de la aventura es poder inventarla. Mis sueños se componen de encontrar las palabras correctas. Cuánto nos pertenecen los cuerpos que tocamos. Lo que me gusta es sentir. Quizá todo lo que hacemos es para llegar a una culminación, un día. Algo que termine en algo. Saber que lo que soñamos concluye en algo. Un día la culminación tenía un propósito determinado: crear seres humanos. El verdadero objetivo de la culminación es vivir por ella misma. Se acaba y listo. El objetivo es el viaje. El viaje que tiene un final, o quizá no. Un viaje eterno, larguísimo, o quizá no, y la magia de un final en comunión. El viaje tiene la característica de ser un arte, por sí mismo. El patriarcado también nos ha jugado en contra en esto (¡qué tiene de bueno, dios santo!), que ha reducido el sueño a entrar y salir como quien tiene prisa para ir a dejar una carta al correo. Nos ha privado de un sinfín de viajes, llenos de fantasía y artificio, llenos de presente, y de finales como obras de arte para atesorar. ¿A qué vinimos a este lugar? Claramente no a criar hijos, o no solamente. Ir a tientas por años por los silencios deliberados y tener que descubrir los caminos por uno mismo. Para qué están los mapas. Por qué los han ocultado todos. Qué perversa voluntad. Qué mundo gris y sin atractivo. No hay culpa posible. Tenemos el deber de la exploración. Compartir los mapas. Cuerpos y orgasmos como recorrido y destino. El arte de encontrarse con otra persona es el lenguaje de los sueños, el que nos mantiene en vida.
10 de marzo de 2023
Manifiesto 8M
El feminismo es una manera de vivir. El 08 de marzo es el gran día de lucha y la gran fiesta. Con cariño preparamos todo para ese día, banderas, pancartas, cantos.
Sabemos que el esfuerzo no ha sido en vano. Ese es el motor de nuestro impulso.
El feminismo nos ha entregado la certeza de que la unión es invencible. Marchar al mismo paso nos entrega una seguridad que el patriarcado nos arrebató silenciosamente.
El 08 de marzo es el canto de la justicia que rompe con el silencio. Es la afirmación de que podemos cantar lo que se nos dé la gana. De que podemos bailar como mejor nos parezca.
Identificamos un día que nuestros cuerpos eran nuestros, que podían desear y ubicarse en el espacio público de manera de ser vistos y desordenar lo que la policía quiso organizar por nosotros.
Por la calle caminamos. Por la mitad de la calle, las grandes y las pequeñas avenidas se abren para sentar un precedente: los derechos también nos pertenecen y tienen un contenido específico, no son solamente declaraciones de buenas intenciones, como a veces sucede por ejemplo con Naciones Unidas y sus normas etéreas y apócrifas en la práctica.
Creo que nos cansamos de esperar. El feminismo es acción porque pone en movimiento ideas estancadas que nos destruían para modificarlas. Nos cansamos de sentir en nuestra piel y de escuchar una y otra vez la apropiación por otras personas de nuestro cuerpo y dignidad. Nos cansamos de que todo sea lucha. De que a la primera de cambio se vuelva a poner en entredicho que podemos educarnos, caminar solas en la noche, vestirnos como creemos mejor, amar a quien estimemos y un sinfín de cosas que otros tienen, más o menos, aseguradas. Hasta vivir parece por momentos un privilegio sólo de algunos.
El feminismo es un movimiento de todxs, ponemos atención de que no jerarquice por colores y clases. Esa es su fuerza. El feminismo será inclusivo o no será nada. Será reparación o no será nada. Los machitos violadores y satisfechos de sí mismos sabrán lo que es el feminismo. Lo sabrán. Una y otra vez. Ocupamos esas calles que nos estuvieron otrora vedadas.
Escuchen bien los machitos violadores: somos felices, lo estamos pasando bien, y nunca el presente tuvo un fuego tan definitivo. Viva el feminismo, y la lucha y la algarabía continúan. Hasta que los barcos de colores recalen en cada puerto. Cada pequeño acto, palabra y gesto ha valido la pena. Siguen los cantos y nuestros derechos son música. Nuestra fuerza crece de manera irrevocable. El planeta no seguirá siendo destruido. El feminismo es el deseo de que todos los seres vivos encuentren su lugar. El feminismo es el deseo de la felicidad del planeta y su cuidado. La ternura que comparte en igual medida con el respeto, la resistencia y la valentía. Marchamos por nuestros derechos, y por un mundo mucho, mucho mejor. Cada día lleva el sello del 08 de marzo. El feminismo es un modo de vida, coherente. Nunca el planeta le debió tanto a un movimiento. Todo será cuidado y reparado. El feminismo lleva el sello de la amistad profunda y el amor real. Todo será amado.
7 de marzo de 2023
Presentación: Simone Manifesto
Tenemos la necesidad de la poesía. La necesidad de amar en un mundo a veces oscuro. La necesidad de pertenecer. La necesidad de poder ver a los cisnes aterrizando en el agua.
La necesidad de que nuestros derechos signifiquen algo. Como mapas que nos adhieran a algún territorio. Una revista puede ser un mapa que nos señale cómo salir de los laberintos de nuestra alma.
Una revista puede ser un fósforo que enciende una antorcha en el interior del abismo antes del alba. Quise un día que las palabras fueran acción. Que exhibieran otras maneras de decir. Significados cargados de intuición y verdad.
Una revista puede ser como una mujer. Como una persona. Algo que contenga las dimensiones humanas. Como la urgencia de volar como un cuervo. Algo que refleje lo que nos define y descubrimos en los ojos de los demás al hablarles desde una misma altura.
La poesía tiene leyes propias que se relacionan de maneras imprevistas con la justicia. Para mí hay dos cosas sagradas: la literatura y los derechos humanos. Junto con la capacidad de preguntarnos por el funcionamiento del mundo y de nosotros mismos, que se llama a veces filosofía.
Siempre pensé que podían unirse. Siempre pensé que la literatura y la acción podían estar juntas. Simone es un lugar. Un espacio ubicuo. Un tiempo determinado. Simone intenta definir qué es el feminismo. Recorrer el planeta para llevar la buena nueva.
Cerca de doscientas autoras, artistas visuales y traductoras ya, que se encuentran en un terreno que tiene un objetivo sublime: pensar cuál es la consistencia y la sustancia de los obstáculos que nos rodean. Simone es el presente feminista. Un proyecto colectivo de activismo feminista literario, artístico y lingüístico. Definir el espíritu del activismo feminista. Dar un impulso al sueño.
Tres lenguas porque el mensaje toma formas expansivas al traducirse. Al romper las fronteras. Al considerar que los límites no son tales. La palabra debe llegar en tiempo real a su casa. Pero el eco de su voz sigue resonando en las cavidades de la cueva que llamamos existencia. La palabra debe ser un refugio. Debe ser el fuego de la libertad en el deseo del presente y sus recodos e intersecciones. Debe resolver interceptar los desafíos del presente.
Es necesario creer en la justicia. Es necesario creer en la acción y la palabra. Creer en el arte que nos transforma. En el cuestionamiento que nos da vida. Que nos instala en la belleza. Hemos querido entregar un pedacito de nuestras existencias. Con la humildad de quien se sabe frágil y atravesado por la soledad. Porque el sueño está construido de verdad. De la coherencia que tiene el sello de la valentía. A la luz del sol dejamos ir al silencio. Otro mundo, sin ninguna duda, es posible. Tiene la consistencia del desgarro. La ausencia de limitaciones artificiosas, y el amor sublime. La cruzada por el amor real recién comienza. 08 de marzo y ya pertenecemos.
Andrea Balart
Lyon, marzo de 2023
5 de marzo de 2023
Partir
Aldito, miro tu foto a la entrada de mi casa, que tengo en un pequeño altar donde he acomodado a personas que me acompañan y objetos artísticos significativos de personas a quienes admiro. Es el altar del amor y la perplejidad. Un tributo a la vida que me recuerda que la existencia es frágil y hermosa. Que me recuerda que no estoy sola y que tengo que crear antes de que sea mi hora. Me recuerda también que el presente es todo y que ya no estás. Aunque una vez estuviste. Es también un altar para agradecer que la existencia sea tan grandiosa y haya puesto personas tan geniales en mi camino.
Te hablo, como siempre, sabiendo que estoy en realidad hablando conmigo misma. La verdad es que no sé si puedes escucharme. ¿Adónde se dirigen las personas que parten? Pero esa foto es un pedacito tuyo. Te la tomé yo frente al mar. Es una foto sin tiempo, una extensión de mí misma que me observa desde afuera. Que me dice que no debo perder el tiempo. Que todo debe ser escrito antes de irme. Te quiero tanto. Eres mi alma gemela que se perdió en el abismo. Camino ahora sin la mitad de mi cuerpo. Ahora caigo en cuenta por qué nos acompañamos tantos años uno frente a otro, éramos un espejo donde reflejarnos. Una señal de que teníamos que confiar, a pesar de los obstáculos, de que la existencia podía ser vivida como creíamos, como intuíamos. La certeza de que los sueños podían materializarse en alguna dimensión, en algún intersticio del espacio-tiempo. Aprendí contigo de que era posible. De que la sensibilidad y la valentía pueden ir juntas y romper lo señalado como un límite. Quizá lo más difícil es ser un alma a la deriva cargando mensajes. Me dejaste todo el trabajo. La soledad existencial se había difuminado desde que te conocí, hace más de veinte años, pero ahora tu foto no es suficiente. Era quizá una tregua. Tus mensajes siempre fueron esenciales y profundos, todo lo que plantabas en mí, era complejo de entender y me transformaba, pero ahora, fuiste demasiado lejos, todavía no puedo descifrar tu partida. Son injustas las partidas. Nos recuerdan todo lo que no va a ocurrir. Nos recuerdan que nosotros también vamos a ser injustos con otros cuando partamos. Que también vamos a recordarles todo lo que no va a ocurrir. Quizá las partidas dejan espacio para otras cosas, y el mensaje tiene que ver con eso. La lección final de autonomía. Puedo seguir sola. Quizá era eso lo que quería decirme.
Te cuento que le mandé a tu familia los textos que escribí para ti. Tu madre me escribió ayer, leí con el alma en un hilo, atesorando cada palabra. Sintiéndote más cerca. La verdad es que me rebelo ante tu partida, sin resultado. Me parece injusta. Pero probablemente lo significativo de esto es el mensaje diáfano de que sí hay cosas en la existencia que se terminan de manera definitiva. El movimiento no es todo poderoso. El cuerpo un día, cansado, antes o después de su momento, o simplemente en un instante determinado, se detiene, para descansar o sencillamente desintegrarse en el espacio.
Te comparto lo que escribió tu madre, porque te pertenece, tal como serán tuyas todas las olas que el mar quiera crear. Ella me lo envió y quiso compartírtelo además en la publicación que hice para honrarte. Te lo anoto aquí, porque sabes que haré todo lo que pueda por reflejar, como el espejo que fuiste para mí, lo impresionante que eras. Avanzaste en silencio pero modificaste el mundo con tu estadía en estos parajes:
Hola Andrea. Por fin estoy pudiendo leer lo que escribiste de Aldo y lo agradezco tanto. Esta es mi respuesta al primer escrito.
Mamá… Aldo se ahogó, Aldo está muerto.
Mi útero se contrajo y mis ovarios despertaron con fuerza como si nunca hubieran estado dormidos. Era como parir de nuevo, un dolor intenso, desgarrador, esta vez sin resultado. No es verdad, no puede ser cierto. Aldito debe haber viajado a otra parte, tal vez a México o Groenlandia, debe estar por ahí en una nueva aventura. Es parte de su manera de hacer las cosas, una sorpresa más, algo inesperado. Se fue para protegerla a ella, no tuvo tiempo de contarnos, no quería que lo persuadiéramos de volver.
Sufrió tanto las últimas semanas, “mamá, estoy acabado, todo lo que hice en los últimos 10 años, todo aquello por lo cual luché, ya no sirve. Mis amigos me encuentran tóxico”.
“Pero, no te preocupes mamá, voy a estar bien, siempre encuentro la forma.”
Y el miedo y la preocupación se apoderaron de mí. ¿Qué puedo hacer desde acá, tan lejos? Aldito, te voy a ver, me subo a un avión y llego. Tengo plata que junté, dime que vaya y parto al tiro. Es jueves.
Es jueves, el sábado puedo estar allá.
“Mamá, la próxima semana pasará algo, acuérdate de lo que te digo, tengo miedo de que le pueda pasar algo a ella o a sus padres, incluso a su perro. Tengo que hacer algo. Lo que me desespera es que ella no se da cuenta, no me cree.”
Me quedo pendiendo de un hilo, lo conozco y le creo, estamos conectados profundamente, sé que sus temores son reales, lo siento en su voz, en el hecho de que no me deja verlo, solo llamadas, ni siquiera textos.
Ay Aldito, mi amado Aldo, la luz que me alumbra el camino, que me muestra una vida intensa, que vale la pena vivir. ¿Dónde estás ahora?
Mamá… ¿qué quieres hacer? Me pregunta Pablo en el teléfono. Vamos para allá con Andrés, haremos lo que tú quieras.
No puedo parar de gritar, los gritos vienen desde lo profundo mientras mi cuerpo se licúa por dentro, ya no soy sólida, soy líquido que fluye a mis ojos y no se detiene.
2 de marzo de 2023
Cheerleader
Ya no quiero ser una cheerleader. Lo dijo Jane Fonda y lo dijo St. Vincent. Se acerca el 08 de marzo, un día fantástico (¡marcha con nosotrxs en place bellecour!). Coronado por un triunfo feminista, igual que el año anterior. El administrador del bar donde me pusieron GHB en el vaso me pidió disculpas y me dijo que iban a tomar medidas. Anularon, además, la velada musical con un machito de esos que gustan de agredir a las mujeres, y en su reemplazo programaron a una mujer que toca música latina. El administrador es genial. Hacen falta más como él. Definitivamente se terminaron las cheerleaders. Este 08 de marzo marchamos con toda la fuerza, porque los machitos violadores van a la heladera, ahora y siempre. ¡Viva el feminismo! ¡Vivan los derechos humanos! Abajo el patriarcado, ahora y siempre. Cada vez somos más. No estás sola y no estás solo. Gracias Delphine Seyrig por Sois belle et tais-toi ! (Callada estás más guapa). Sigue la revolución. No más cheerleaders.
1 de marzo de 2023
Mélisande
Lo importante es tener la capacidad de amar. La ópera y el teatro son lo mismo que un poema: artificio y verdad. El lenguaje de los sueños. La puesta en escena de una obra es igual que la poesía: metáfora y atmósfera. Metáfora dentro de la metáfora. Pelléas et Mélisande con la música de Debussy es una alegoría de la existencia de una mujer en el patriarcado. La necesidad de amar en un mundo oscuro. Me pregunto si a veces pido demasiado. Me pregunto por la capacidad de amar. Qué es el amor, en definitiva. He amado intensamente siete veces en mi vida. Relaciones que me transformaron y me transforman. Debiera ser capaz de definir qué es el amor. Es quizá la capacidad de volverse disponible para el otro. El impulso de querer proponerle tu cuerpo y tu tiempo. El sentimiento que surge despojado de convenciones, de querer entregarse a alguien. La sensación de que una persona se convierte en una necesidad vital, como el aire y el agua. Amar es desear que la otra persona llegue alto y sea libre. No tiene que ver con la posesión. Sólo se ama en libertad. La más fundamental de las capacidades es la facultad de amar. Ser inteligente es ser capaz de amar. Es ser la metáfora. Volverse el tiempo de los demás y entrar en ellos para plantar las flores que modifican la experiencia y crean el sueño. El lenguaje de los sueños es el lenguaje del amor, el que surge desprovisto de razones, desprovisto de intereses que mueven la trama. Una fuerza vital por la supervivencia. El amor no tiene que ver con la destrucción. Tiene que ver con la aventura. Con llegar más allá de lo que somos. De lo que conocemos. Con romper los límites. Con el sentido de cada una de nuestras acciones. Impulsado por la bondad. Me pregunto si la capacidad de amar se pierde con el tiempo si no se ejercita. Es nuestro deber intentar conocerla. La capacidad de amar es lo único que necesitamos. Yo quiero amar en lo que me queda de vida. Quiero conocer el amor real, contigo. Esa es mi propuesta.
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