Me asalta la exigencia que depositamos sobre las cosas. Quiero que mi caminar sea liviano. Llevar sólo lo imprescindible. Tu sonrisa, por ejemplo. Tus palabras, a saber, cuando me dices, buenos días mi sol amado. Cuando me dices te amo, cuando me expresas, es tu luz la que me embellece, amor mío. Voy perfectamente con eso encima. No necesito mucho más. St. Vincent y Rahim Redcar son la perfección para mí. Escucharlxs es ya bastante. Una vertiente de la felicidad. Creo que la alegría está subestimada y se la ha vaciado de contenido. Pensemos en lo siguiente: una mariposa. El vuelo liviano de una mariposa puede perfectamente ser alegría. Su manera sutil de posarse en las flores y luego seguir su camino. Ese vaivén hipnótico y desordenado. La alegría es desordenada como el vuelo de una mariposa desprevenida. A veces no sabemos que está en nosotrxs la alegría y dejamos que el color de la mariposa nos sobrepase sin detenernos. Sí, no es fácil, es verdad. Pero nunca nos derrotan del todo.
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