29 de marzo de 2021

Situation : la mère

[Texto que escribí para Simone]

Lo peor creo, de ser mujer, es tener útero. Así es como lo he vivido yo. No estoy hablando de sangrar todos los meses. Uno termina, por supuesto, por acostumbrarse. Inventaron maneras de lidiar con eso de forma bastante simple. Lo que todavía no se ha inventado es la posibilidad de tener útero y no ser bombardeada la mitad de tu vida con la posibilidad de rellenarlo. Si ese destino te acomoda, fantástico, vas con la corriente del río, nadie intenta detenerte. Si tu destino, por el contrario, es crear libros, es tan molesto como una pantalla con publicidad: ruido. 


En vez de concentrarte en lo que quieres decir, tienes que atender a los escaparates porque el ruido te sobresalta y te interrumpe. En cambio los libros que proyectas suscitan menos interés, y ese programa parece que no lo miran. Todavía no entiendo por qué. ¿El hecho de tener ese órgano en tu cuerpo, acaso, implica que tu cerebro es menos relevante? ¿Significa que sí o sí tienes que utilizarlo para poblar al planeta sobrepoblado? También tengo piernas, pero no me entrené para ir a las olimpíadas. Y sin embargo nadie me ha preguntado por qué no lo hice.

Tuve un día la ocurrencia de casarme. La fiesta fue maravillosa. Lo mismo la luna de miel. A continuación, sucedió un fenómeno extraño: perdí sustancia y todo se volvió transparente, salvo un hecho innegable: tenía un útero dentro de mi cuerpo. Mi marido comenzó a dirigirse directamente hacia él, y mi cara perdió forma. No había manera de zafar de aquel hecho incontestable: si tienes un útero, sirve para algo y esa realidad no se puede evadir. El ruido es tan fuerte, ensordecedor incluso después de comprometerte con alguien, que acaba por adherirse a ti. 

Sucede lo peor que puede acontecer: por un instante te preguntas si ese escenario sería algo deseable. Pero las respuestas ya las tienes. Siempre las has tenido. Lo que te interesa está en tu cerebro, y sigue ahí. Cubres tus oídos para no oír las pantallas encendidas, le haces ver a tu marido que la temática te queda grande y lo que hay en ti son libros, y nunca te has planteado la posibilidad de hacer alguna otra cosa que no sea eso. El ruido crece y crece, no hay cómo escapar. Años después agradeces que tu cuerpo haya estado alineado con tu cerebro lleno de libros y se haya negado a engendrar cualquier otra cosa. El alivio es sideral. Le muestras a tu marido todos esos libros que él intentó dejar tras la puerta, los tomas y te vas. No había manera de ocultarlos. El destino de una escritora es incluso más fuerte que el ruido. Es de vida o muerte. O te vas o morirás, crees. ¡Además morir sin libros! no hay destino más trágico que los libros por escribirse que se esfuman. 

Muy lejos ya, de todo eso, llega un nuevo momento también muy incómodo: el ruido se dispara cuando tu edad implica que tu órgano puede volverse ineficaz para su función. Y eso, combinado con que estás apasionadamente enamorada de tu nuevo marido, hace que vuelva a suceder el peor escenario: te preguntas si esas decisiones que esculpiste en la piedra tienen todavía esa calidad de inmóviles. El clamor tiene que ser muy fuerte para considerar que una piedra pueda volverse flexible. Así de invasivo es el patriarcado. Te entra por todos los poros, y lo único que quieres es escribir tranquila en tu cuarto propio. Y viajar, ir a conciertos, al cine, a tomar café, con tu marido, con amigas, o sola.

Ante la inminencia de la supuesta fatalidad de que el órgano indeseado pierda su productividad, consideras algo insólito: ¡guardar unas pequeñas muestras que custodiadas bajo cero podrían aún un día crear un hijo que en realidad no quieres! Primero te envían a investigar si los canales que conducen esas pequeñas muestras de tu cuerpo hasta el útero están abiertos o cerrados. Un examen en el que te inyectan un extraño líquido con una pistola por la vagina y en una pantalla se ve si la sustancia tiene a bien avanzar o no: pocas veces has sentido un dolor así. Tanto así que cuando horas después estás en tu casa y la anestesia decide acabarse, te baja la presión a cero, todo se detiene y terminas internada en urgencia. El mensaje está claro: tu cuerpo no quiere ni puede cumplir ese destino impuesto. 

Pero aún hay más. Como si no fuera suficiente, porque no vaya a ser que después quieras, algo que nunca has querido, accedes al extrañísimo procedimiento, llenar tu cuerpo de hormonas para luego dejar detenidas en un armario de hielo esas muestras de tu cuerpo esperando nada. Al segundo día de tan singular procedimiento, despiertas deforme, convertida en un gigante egoísta cíclope que no puede levantarse de la cama. Tienes un ataque de nervios y dado lo evidente, decides, por fin, por fin: dejar de lado de una buena vez y para siempre todo el ruido que te han infligido y te infligiste por equivocación y dedicarte a rellenar en cambio, sin culpas y sin dolor, lo único que siempre has querido rellenar: páginas. 

No hay mayor alegría para la escritora que aquel momento en que el ruido se apaga. Y cierras la puerta. Te preparas un té. Y todas las ideas brotan. Como helechos desesperados, invadiéndolo todo. Y las orquestas silenciosas urden estrategias en tu alma. Maniobras subversivas compuestas de peces que nadan en el agua. El ruido se transforma en música. Y esa melodía a continuación se convierte en palabras, en ritmos sincopados y complicadas partituras para modificar el viento y la corriente. 

De algo estoy segura, no me he rendido ni me he resignado, afortunadamente, a la propuesta ajena: Mi destino es la literatura y es incompatible con cualquier otro.  Como dijo Simone de Beauvoir: ningún fantasma afectivo me incitaba a la maternidad. No me parecía compatible con el camino en el cual me internaba: sabía que para ser escritora tenía necesidad de mucho tiempo y de una gran libertad. No me molestaba jugar a la dificultad; pero no se trataba de un juego: el valor, el sentido mismo de mi vida, se encontraba sobre el tapete. Para arriesgarme a comprometerlos hubiera sido necesario que un niño representara para mí una realización tan esencial como una obra: no era el caso. […] Por la literatura, pensaba, se justifica al mundo creándolo de nuevo en la pureza de lo imaginario y al mismo tiempo uno salva su propia existencia; parir es aumentar en vano el número de seres que están sobre esta tierra sin justificación. […] Mi vocación no soportaba trabas y me retenía ante cualquier proyecto que le fuera extraño. Así mi empresa me imponía una actitud que ninguno de mis impulsos contrariaba y sobre la cual nunca sentí la tentación de volver atrás. No he tenido la impresión de rechazar la maternidad; no era mi destino; al quedar sin hijos, cumplía mi condición natural. 

No pienso seguido en esto, pero cuando lo recuerdo, agradezco sinceramente que nunca se materializó la delirante idea de coartar a la literatura, con otros menesteres. Agradezco a cada uno de mis óvulos que no quiso encontrarse con ningún espermatozoide y dar rienda suelta a una condición que no era la mía. A cada pequeña píldora que se interpuso en el camino de ese encuentro, por años. Cada momento de recordar este pequeño gesto que no sucedió es una celebración. Un reconocimiento al azar benevolente y alineado con las obras por existir. Siempre que estoy frente a la hoja vacía, y la voy rellenando, siento que todo lo que he hecho ha tenido sentido. Hasta lo más difícil. Y sueño, y trabajo, porque a las escritoras del mañana les sea más fácil, y se vean enfrentadas a menos ruido causado por el azar de haber nacido con un útero. ¡Viva la libertad y la literatura! ABAJO EL PATRIARCADO. 

Simone: una presentación

Con una emoción desbordante y un entusiasmo sin límites, les presentamos nuestra revista feminista, literaria y activista: SIMONE. 

Lo primero, agradecer a mi compañera infatigable de batallas, Piedad Esguep Nogués, una mujer fuera de serie que nunca se rinde, y con quien tengo la suerte de compartir la dirección de la revista. 

En segundo lugar, agradecer, con una sinceridad profunda y una reverencia casi sagrada, a todas las mujeres que se dieron el tiempo de sentarse a reflexionar acerca de nuestros tiempos feministas, y enviaron sus maravillosos textos para poblar de bienaventuranza una plataforma que busca ser lucha y aire fresco para nuestros confinados y modelados cerebros. 

Textos que tendrán la suerte de leer desde hoy y durante los días por venir.

Esta maravilla de espacio, llega hasta ustedes en forma de blog, redes sociales, y más adelante libro digital para leer e imprimir, y llevar junto a nosotros en los momentos más negros y más chispeantes y detergentes, como dijo Jorge Díaz en El velero en la botella, o incluso bucólicos y deshilvanados, como también dijo, en definitiva: en todos. Porque, ¡qué curioso! ¡qué extraño! ¡y qué coincidencia! como dijo Eugène Ionesco, todos vivimos en el quinto piso, en el departamento número 8 del espacio. Es más, ¡vivimos en la misma habitación y hasta dormimos en la misma cama! ¿En serio?

Por esto, ¡qué mejor que dialogar entre nosotrxs! Qué gran oportunidad. Así es que Simone, que es un libro, une livre y a book, te invita a dar tu opinión, en el idioma que mejor se acomode a tu cerebro, o en el que se acomode menos si te gustan los desafíos o estás aprendiendo otro, en todas las plataformas que se abren para tu creatividad.

Y además, y esto es realmente clave, te invita a ESCRIBIR (si eres mujer, conforme la definición que quieras dar a esta palabra) un texto donde de manera libre, digas, de una vez, todo eso que hay que decir. Porque como ya lo dijo Simone de Beauvoir, la creatividad es aventura, es juventud y libertad. 

Sin olvidar, claro está, el carácter de nuestro impulso: feminista, literario y activista.

Unamos las luchas de todo el orbe, compartamos lo de allá, acá, y viceversa, feministas unidas (más necesario que nunca cuando las circunstancias nos roban nuestra trascendencia, como bien dijo Simone de Beauvoir), NO HAY MEJOR FUTURO QUE EL QUE SE CONSTRUYE COLECTIVAMENTE. TE ESPERAMOS.


Simone // Revista / Revue / Journal

Fundada y dirigida por Andrea Balart-Perrier (Lyon) y Piedad Esguep Nogués (Bcn)
Edición: Andrea Balart-Perrier
Fotografías: Andrea Balart-Perrier (Lyon) y Piedad Esguep Nogués (Bcn)
Diseño: Andrea Balart-Perrier

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Redes sociales


23 de marzo de 2021

Un libro formado por muchas voces

Lo que me gustaría proponer es un libro formado por muchas voces. Uno donde haya cabida para los nuevos derechos. Y sobre todo las voces. Simplemente las voces. Y los diálogos entre ellas. Y el reflejo nítido de ellas en el agua. Sin distorsiones. Y por qué no escuchar el eco que ellas producen en el vacío. Y la estela que se crea y florece. Por qué no cantar, cantar y cantar. Nada está afuera. Pero el libro puede proporcionarlo para darle al tambor hasta que su sonido se escuche. 




10 de marzo de 2021

La Manif

Mientras caminaba por la rue Place Bellecour cantando Por todas las compas marchando en Reforma, peleando en Sonora, luchando por Chiapas, buscando en Tijuana, etc., sentí de pronto dos cosas: 

Una gran emoción de elevar las voces en conjunto y de estar marchando, peleando, luchando, buscando, en grupo. El feminismo es, sobre todo, la sensación fantástica de encontrarte con personas que también están marchando, peleando, luchando y buscando, una existencia en comunidad que extraiga lo mejor de cada impulso. Es la unión de las capacidades. Es la celebración de la vida en libertad. Es música en rubato, un poco afuera del ritmo. Es la certeza que envuelve y permite respirar para seguir. Tomarse una cerveza un día asoleado en el quai y soñar, ¿qué mejor? 

Pero, por otro lado, tener que corear que nos queremos vivas me pareció de pronto totalmente absurdo. Como un niño de 16 que lo llevan a jugar a los columpios. El desfase queda a simple vista, entre los deseos del niño y el contexto. Entre lo que somos y el paternalismo con que nos tratan. Cómo explicarlo: No queremos jugar. (Y a diferencia del ejemplo, hace un rato ya no tenemos 16). El feminismo es todo lo que dije y al mismo tiempo no es eso. Se ve como si fuera una pataleta, un capricho, una diversión. Y es lo más serio que hay. La mitad de la humanidad diciendo hey, eso ya no va más, el síndrome del impostor no es un problema que las mujeres sufren. Dirige nuestra visión hacia la idea que hay que arreglar problemas de las mujeres en el trabajo, en lugar de arreglar los lugares donde las mujeres trabajan, como dijo Ruchika Tulshyan y Jodi-Ann Burey. 

A la altura de la Rue Constantine llegando a la Place des Terreaux (como también han avanzado los derechos en la historia), coreando El patriarcado es un juez, el brío crecía, y al mismo tiempo me pareció francamente que esto ya no puede demorar más. Miren qué evidente, nuevamente Ruchika Tulshyan y Jodi-Ann Burey: Incluso si las mujeres demuestran fuerza, ambición y resiliencia, nuestras batallas diarias con microagresiones, especialmente expectativas y suposiciones formadas por estereotipos y racismo, a menudo nos empujan hacia abajo. El síndrome del impostor como concepto no logra capturar esta dinámica y hace que las mujeres tengan la responsabilidad de lidiar con los efectos. Los lugares de trabajo siguen estando mal orientados hacia la búsqueda de soluciones individuales para problemas causados de manera desproporcionada por sistemas de discriminación y abusos de poder. 

8 de marzo de 2021 y vamos a tener que ir dándonos prisa, porque ciertamente nos queremos vivas, ¡qué duda cabe! El que se sienta cansado y no quiera escuchar pues tendrá que hacerlo. Porque Claudia, Esther, Teresa, Ingrid, Fabiola, Valeria querían simplemente vivir tranquilas. Y Juana, Fulana y Zutana quieren simplemente trabajar tranquilas y que se les pague lo que el trabajo cuesta. Es fácil de comprender. Nada del otro mundo, una petición incluso mediocre, poco ambiciosa, de una simplicidad básica que incluso aburre. 

Entonces nos vamos poniendo las pilas, y vamos dejando a las mujeres tranquilas, con sus úteros, por si los quieren usar o no, o se los quieren sacar, o quieren tener sexo y frotarse harto el clítoris. Porque en definitiva, qué cresta les importa a los demás. Porque como dijo Gabriela Cerruti, dejen de hacer del cuerpo de las mujeres el territorio de disputa de aquello que no puede solucionar la economía o la política, el mundo es injusto pero la respuesta no está en nuestro útero, el mundo es injusto porque está construido hace 500 años sobre un modelo de explotación de las mujeres y la naturaleza. 

Y, por favor, se quejan del toque de queda, pero nosotras, si vivimos solas tenemos que obligatoriamente volver a la casa temprano siempre, todo el año, porque el riesgo de que algo ocurra en el camino es tan alto como la posibilidad de que una planta se muera si no la regamos: es casi del 100%, a menos que sea un cactus en el desierto (y aún así, necesita un poco de agua). Y no es una exageración, aunque lo parezca.

Así funciona el feminismo, miles de temas que se empujan unos a otros, enredándose, por dónde empezar. Como una manifestación llena de colores y cantos. ¿Suena confuso? ¿Disparatado? ¿Insistente? Sin embargo, es bastante simple: Ya no más. No va más, como se dice en el casino. Así es que con claridad, sin ponerse nervioso, sin confusión, lee esto: ¿ESTÁS CANSADO? TOMA FUERZA PORQUE ESTO SIGUE. 


9 de marzo de 2021

8 mars : Journée internationale des droits des femmes

Vaya, facebook me recuerda que un día como hoy, 8 de marzo, hace 4 años escribí, entre otras cosas y luego de un momento de vacilación, lo siguiente: 
“El problema es que se habla muy poco, y me incluyo. El problema es el miedo, la opresión. El problema es estar atrapado, en desventaja. Supongo que es bueno expresarlo, pensando en los que pueden venir después que nosotros, si optamos por el silencio.
En este día de los derechos de la mujer, lo que quisiera decir, es que hay muchos abusadores dando vueltas, en total impunidad, y quisiera invitar a que detengamos esto. Que sepamos que puede detenerse. ¿Por qué hacerlo? Porque no quisiera que le pase a nadie. […] Si te ha pasado, cuéntalo. Tómate el tiempo, pero cuéntalo, a las personas en las que confíes. No es tu culpa, eres víctima. Nadie tiene derecho a hacerte pasar por el infierno. Si puedes denunciar, mejor”. 
Asunto que tuvo un eco que fue como un responso en el vacío, creo.
Pero el ambiente, ya se ve, estaba gestándose. Quizá había algo en el aire. 
No recuerdo exactamente de dónde surgió el impulso. 
7 meses después se viralizaba el hashtag “me too” en redes sociales.
Quien diga que las cosas no han cambiado nada, sin duda, se equivoca. 
Lo bueno, es que ya no hay que invocar a la valentía, sino a un simple sentido de justicia y de derechos humanos. 
8 de marzo de 2021, y los violadores, definitivamente, eran ellos. 
Ahora sí: denuncia.
Porque como bien dijo Audre Lorde, tu silencio no te protegerá.
Y la buena noticia es que (ahora, con toda seguridad) queremos escucharte. 

5 de marzo de 2021

La Revue

No entramos en las colecciones, no importa
Los panteones vedados, no importa

Esta es nuestra revista
La fuimos armando de a poco
Palabra a palabra
Conversación a conversación

Caminando al borde del río
Observando a los cisnes deslizarse con calma
Lentamente, sobre el agua que cambia de color
La estela queda, se amplía

Invitamos, cara a cara
A todas quienes quieren decir
A todas quienes van a entrar
A las colecciones y a los panteones

Porque el destino no tiene una cara establecida
Porque la pluma no te la entrega alguien
La tomas tú misma
Y desde ese escritorio se asienta en el movimiento

Nos nutrimos de gestos y de bailes firmes en el vacío
Para llegar al horizonte donde está esperando el oído atento
Amamos nuestra mirada y nuestro diálogo
¡Tan extenso, tan extenso, se muestra el presente!