Qué diablos es una fuga. Yo siempre estoy implementándola. Estoy año me pregunté si acaso era buena idea cambiarme de país, dado que estoy aprendiendo alemán. A mí la fuga me da vida, me gusta empezar de nuevo. Pero estoy bien aquí. No cambiaría esta casa por nada, y tengo muy buenxs amigxs. Sé igual que la fuga es una especie de condición ineludible. Todos los años me alcanza, cualesquiera sean las circunstancias. Lo comprendí cuando quería fugarme de una pareja inexistente. En resumidas cuentas quería fugarme de mí misma, al año siguiente de separarme de Henri. No había nadie, igual quería fugarme. No tenía sentido. Comprendí que la fuga era una suerte de postura frente a la existencia, donde siempre hay que ir modificando. ¿Una condena? No tengo idea. Pero sé cómo se siente. Cuáles son sus contornos, aunque adquiera siempre diversas formas. Para existir hay que ir modificando. Para que el presente nunca sea una aplanadora. Para que lo estático no nos devaste ni nos devuelva a todo eso que no podemos cambiar y nos corroe a veces. Lo estático nos pone frente a nuestros demonios y eso que no está saliendo como esperábamos. Conservamos la ilusión de que cambiando, todo acabará por rendirse a nuestros designios. Qué cruel ilusión la del que escapando cree poder solucionarlo todo. Una vez incluso partí de vuelta a Chile, fue un error, y meses después estaba de regreso en los brazos de Jean. Al año siguiente tuve la excelente iniciativa de alquilar un piso en Lyon por primera vez, y proponerle que viviéramos entre los dos lugares, nuestra casa en el bosque a media hora al sur de la ciudad y ese piso. Jean aceptó, ahora no sé si a contrapelo o no. Pero esa modalidad de casas separadas resultaba estupendamente, me parecía a mí. Sé que fui siempre cavando mi propia tumba, pero la libertad de la literatura me ha hecho siempre llevar a cabo ideas descabelladas. La necesaria libertad de la literatura, y la búsqueda incesante y secreta de historias. Voy dando forma a libro tras libro. Es un éxtasis y un martirio en un sentido. He tenido que renunciar a todo. Jamás a la fuga, porque es constitutiva de la literatura. Es difícil existir, y el destino literario es claramente lo más cercano que conozco a una condena. La llevo encima con orgullo, creo. Tampoco es que haya tanta flexibilidad, no puedo vivir de otra manera. Pertenezco a la condición literaria como pertenezco a quienes me han dado la felicidad y la vida. Es irresoluble. Es mejor aceptarlo. Cada vez que me rebelo vuelvo al punto cero y todo recomienza. Simplemente nací para esto. La dicha es demasiado grande. En este otoño especialmente, cuando completo con este libro una larga serie de libros que comencé cuando el deseo literario tomó forma en una saga de novelas que me han liberado como no me había ocurrido nunca. Escribir tiene un poder transformador, no tengo dudas. Escribo para agradecer y para modificar. Esas son mis dos motivaciones principales. El amor y el deseo el impulso absoluto. Una fuga es comprender el propio camino.
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