Las tramas demasiado simples también destruyen, porque los colores saturados sin música nos arrebatan humanidad. Olvidan lo rugoso. La justa medida es quizá lo rugoso y la alegría. Comprender que no se contraponen. El intento de las instrucciones en este sentido es siempre muy molesto. Sobre todo cuando amparándose en valores extraños y excluyentes se intenta hacer estacionar una universalidad que deja a más de la mitad de la humanidad fuera. Es necesario poder identificarse con las cosas. Es necesaria la mirada amorosa hacia lo que nos compone, y que además en muchas ocasiones no hemos elegido. Tal vez lo más duro es cuando se nos juzga por aspectos sobre los que no tenemos control alguno. Creo que a la base está la noción de la uniformidad que lo aplana todo. Una gran retroexcavadora que va sacando de nosotrxs la poesía que vamos formando con el tiempo, con bastante esfuerzo. Porque la poesía hay que encontrarla. Igual que la alegría. Se llama agradecimiento.
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