31 de julio de 2026

Aventura IV

No voy a cambiar. Voy a seguir siendo exactamente como soy. No me modificaré. Insistiré en mis calidades y atributos. Los tengo de sobra. Sin ti será esta aventura. Y no voy a escapar. Este es mi lugar. El que yo elegí. No habrá fuga esta vez. Escribiré un manifiesto del corazón desbocado. Del corazón amante de la aventura. Dónde estás corazón, en qué paraje te encuentro. En qué prado desmedido. En qué río desaforado. En qué paseo desenfrenado. Paso a paso seguiré sus huellas en la arena. En el mar será el cántico universal. Esa noción de los límites. Demarcaré lo que no va a modificarse. La sustancia de ese corazón de rodillas, que ya no va a amar. No de esa manera. Te extirparé del camino para no ver tu perfección que me subleva. Para recordar mi fantasía y sus posibilidades. Tiempo habrá de reflexionar y advertir mi ineluctable ausencia. Toda la vida. Me voy con mi corazón desbocado sin moverme de donde estoy. Ya no duele. Ya no hay grito. Ya no hay espera ni desconcierto. La indiferencia de reafirmar con toda calma el equilibrio de la pasión. El corazón desbocado es un barco encendido que no se detiene. El corazón de la aventura. 

Aventura III

Tengo un corazón desbocado. Uno lleno de ternura, y rencor en ocasiones. Saturado de música y poesía. Un corazón como dios manda, atiborrado de amor desorientado. De amor incompleto y por completarse. Dónde está el límite. Cuál es la verdadera aventura. Pagué. Juro que pagué. No me sigan cobrando. No me abandonen en la mitad del camino. No me lancen proyectiles. No cierren la avenida a casa. No me susurren acantilados al oído. Así es este juego, te dejo ir y me esperas, te propongo y te escondes, te olvido y me buscas. Qué pasa si ya no quiero jugar. Si ya entendí las reglas y no me interesa. Quiero otra cosa. Una con tintes de aventura. Una real e imaginaria. Un juego distinto. Uno que no implique perseguir a la presa como un león en la sabana. Que no sea todo temblor y alarma. Agitación y demora. Tengo un corazón desbocado pero disciplinado. Que sabe dónde están sus cuerdas. Sus instrumentos y orquestas. Dónde. Ese es otro juego. Escribo poemas de amor y luego la debacle. Luego la fuga y el acecho. Encuentro tormentas y tornados. Olas y tablas. I need a break from my troubling ways, canta Melody Gardot. El corazón desbocado es la única aventura. 

Aventura II

Crecimos escuchando y cantando Joan Baez, Cat Stevens, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Charo Cofré, Joan Manuel Serrat y Leonard Cohen, era la música que le gustaba a mi mamá, y escuchando Chopin y música flamenca, era la música que le gustaba a mi papá. Cassettes y luego discos, en el auto, en viajes, en las vacaciones, en la casa. Me acompañan esas letras y acordes. Esas voces. De qué manera nos da forma la música que va con nosotros. Una especie de puente al futuro, de raíz en el presente. A Bob Dylan le dieron el premio nobel de literatura, pero creo que hay que considerar también a Joan Baez y a Violeta Parra. “Diamonds and Rust”, y “Cantores que reflexionan”, son un resumen perfecto del existir. A mí esas canciones me escoltan. Me llevan sana y salva a casa, cada vez que emprendo una aventura, y luego las preguntas. Me recuerdan que la nostalgia es necesaria pero no imprescindible, y que tengo una misión que no debe ahogarse en la mentira. Mi imaginario estuvo tallado al calor de lo humano, cabalgando en la poesía. Joan Baez me dejó diamantes y vigilancia al óxido. Violeta Parra me dejó justicia y voz. En ambos casos calor y poesía. Con ellas imaginé castillos y triunfos. El triunfo de la pasión y la verdad. “And if you’re offering me diamonds and rust, I’ve already paid”. “Hoy es su canto un azadón, que le abre surcos al vivir, a la justicia en su raíz, y a los raudales de su voz”. La música es la aventura del corazón desbocado. 

Aventura

Éramos ya feministas, pero hace siete años comenzamos la verdadera aventura: creamos colectivos y revistas. F-union, Simone, Parchadxs. Hagámoslo juntxs, ¿por qué no? Así es más grande. Qué aventura del éxtasis. El feminismo es como una pareja. Una incondicional: algo nunca visto. Nunca te defrauda, y nunca te dice lo que tienes que hacer: todo lo contrario, te dice, autonomía, justicia, sororidad, solidaridad, activismo. Una pareja que te quiere tal cual eres. Te incentiva, te apoya, extrae lo mejor que tienes dentro, y fuera. Una pareja perfecta, humana, como todo lo que tiene consistencia real. Una pareja, viva, latiendo, en movimiento. Una pareja que te dice, piensa por ti misma, no sigas a las masas desbocadas, ni a líderes manipuladores. Ayer nos reunimos a cerrar un nuevo año con el equipo Parchadxs. Un año de reflexión, acción y comunidad. Parchadxs es un colectivo feminista y antirracista con base en Lyon, Francia. Compuesto de personas de origen latinoamericano y francés. Nos reunimos los jueves cada dos semanas en un lugar asociativo que se llama La Médiane. Un lugar violeta y verde, abierto a la comunidad y sus múltiples iniciativas. Un lugar que resiste, igual que nosotrxs. Sin pantallas, nos reunimos a mirarnos las caras y comprender el presente. En qué consiste esta pareja que se llama feminismo, nos preguntamos una y otra vez. Qué estrategias para llegar a nuestros derechos, nos preguntamos. La realidad y nuestros derechos, ¿se encuentran? Queremos saber. Rápidamente nos damos cuenta que hay brechas, fosos, abismos, fronteras, pero también puentes, encrucijadas, confluencias, intersecciones. Qué aventura emocionante. Dan ganas de llorar de sentido. Sentimientos elevados que nos recuerdan que estamos en casa. El feminismo es un refugio y un palacio. Un camino abierto y por inventar. Salvo algunxs del planeta que insisten en extrañas ideas de dominación, el resto ya vamos siendo todxs feministas, antirracistas y antiespecistas. Lo que está muy bien. ¿Sobre quién estamos? No hay tal cosa como aquellas jerarquías en desuso. Hey amigx, todxs nacimos de alguien y queremos vivir plenxs. Hay suficiente belleza en el mundo, alcanza para todxs. Paz para el mundo: SEGUIMOS.    

24 de julio de 2026

Prefacio II (Lisa y la pasión)

Segundo prefacio, unos días después. Cada día es distinto. El día de ayer hicimos un picnic, en el gran parque de Lyon. Bajo unos árboles, mantas y alimentos compartidos. Sentí una felicidad radiante, no participaba de una iniciativa así hace tiempo. Era un picnic con personas originarias de América latina, y también de Francia. Una comunidad pequeña y enorme. Una comunidad improvisada, fugaz e implacable. Ni dormido me olvido de mi identidad, canta Rubén Blades con Calle 13. Llevamos también ropa e intercambiamos, un gesto que me pareció ecológico y solidario, pero sobre todo cargado de un simbolismo que no le había visto antes, después de todo son las prendas que una ha llevado encima, que se entregan para que alguien más lo haga desde ese momento en adelante. Compartimos este planeta y sus paraísos y objetos y todo nos trasciende. Somos unos inmigrantes del mundo, nos prestan el lugar por un tiempo acotado. Nos pertenece, y por otro lado es una entrega provisoria. Tal vez si lo viéramos como algo ajeno lo cuidaríamos de otra manera. Algo que tenemos que devolver luego de un cierto plazo. Nada nos pertenece, en definitiva, está tan claro. Por qué no entonces compartir más. Entregar nuestra vestimenta, y recibir otra. Volver a entregarla, y recibir otra. Todo lo que circula recibe aire para impulsarse. Se genera una suerte de viento que da movimiento. Cuando vivía en Chile mi ropero casi completo, con excepción de los regalos de mi padre y mis abuelas, que me fascinaban, eran prendas de vestir intercambiadas con amigas. Nos reuníamos dos veces al año y llevábamos adelante este ritual generoso, además de compartir un aperitivo y unas conversaciones, que siempre me alegraban y me daban claves de reflexión y cercanía. No había participado aquí de estas iniciativas. Recordé entonces que era algo que siempre había llevado a cabo. Eran amigas con las que compartíamos en el mismo grupo scout, donde estuve 16 años. En ese grupo, con quienes acampábamos en lugares prestados y salvajes, teníamos el concepto de dejar los lugares, luego de nuestra partida, mejor de lo que los habíamos encontrado al llegar. Es un principio importante, que no olvido. Intento llevarlo a cabo en todo tipo de situaciones, amistades, relaciones, viajes, residencias, lecturas, trabajos, existencias. Nacimos de muchas madres, pero aquí sólo hay hermanos, canta Rubén Blades con Calle 13. Creo que tener consciencia de la muerte y la finitud de las cosas es saber que todo es tiempo y espacio prestado. No en vano entramos y salimos de las cosas con una incertidumbre que no podemos sacarnos de encima. En tanto inmigrantes permanentes de la sociedad y el planeta, mejor es observar lo que se llevó a cabo antes de una y conservar lo que tuvo sentido, mientras modificamos lo que ha aplastado a otrxs antes que nosotrxs. Me gusta respetar el lugar al que llegué, y traer lo mío para compartirlo. Una nación es más grande cuando comprende que nada le pertenece. Somos inmigrantes hasta en nuestras lenguas. Las tomamos como vienen, y las vamos modificando. Salimos de ellas dejándolas distintas de cuando nos acogieron. Tengo un acercamiento sagrado a las palabras, las observo con curiosidad y con distancia para ver todos sus ángulos. Las uso con cuidado, para que se me entienda y para que no carguen una violencia que no me representa. No inventé las palabras y me las dieron para trabajarlas. Para entendernos mejor y crear la belleza que ellas permiten. Sin la belleza no nos entendemos para nada. Creemos que todo es destrucción y ahí nos quedamos. Yo tengo una devoción absoluta a las palabras, y una veneración por lo que pueden crear, cuando es inmenso, y temor cuando es abyecto. A veces nuestra identidad nos determina mucho más allá de nuestras acciones concretas, y podemos recibir proyectiles en pleno concierto donde estamos poniendo música, por nuestro peso, orientación sexual u origen. Nos llegan proyectiles entonces de todos lados. Ocurre a veces. Las definiciones que damos a las palabras terminan en proyectiles reales. Las palabras son delicadas igual que el paisaje. Las sometemos a unos ejercicios intensos, como si las pusiéramos a marchar en un entrenamiento militar en la madrugada con un fusil apuntándonos. Las pobres palabras, desesperadas, bajo presión, terminan haciendo cualquier cosa, plegándose a significados absurdos, como confesiones bajo tormento. Por dios, parece como “El señor de las moscas” de William Golding, manadas irreflexivas aceptando consignas aprendidas y repitiéndolas como papagayo. Al final las manadas irreflexivas terminan siempre atacando a las minorías y a quienes menos pueden defenderse. Cómo dejar el planeta mejor si lo mezclamos todo. Para eso nos sirven las palabras, para que signifiquen cosas y desarrollar nuestra posibilidad de pensar. Para que no nos impongan significados. Para que un partido extremo no intente confundirlo todo y vestirse con un disfraz que oculte su sustancia racista, por ejemplo. Cansa un poco, pero una sabe que las contiendas con las palabras son duras y sin cuartel. Concentrémonos en lo que nos convoca. Somos inmigrantes de este planeta y nuestras lenguas, más vale que intentemos dejar todo mejor de lo que estaba. 

22 de julio de 2026

Prefacio (Lisa y la pasión)

“Lisa y la pasión” es una novela. Una novela ambiciosa, como yo. Una novela escrita con pasión, evidentemente. Una novela de 30 capítulos, 30 aventuras y 30 reflexiones sobre la pasión. Dije que era ambiciosa. Se extiende sobre las páginas con determinación, como todo lo que emprendo. Agotada, así estoy, pero muerta de la risa también. El humor negro es una linterna al final del pasillo oscuro. Un sonido de timbales en la ópera que no acababa de comenzar. Un beat cuando la melodía no encendía la chispa. Esta novela me gusta, porque la pasión es un tema que motiva, ¿no? Apasiona. Llegar abajo es siempre subir. Es lo que dijo Didier Deschamps cuando terminó el primer tiempo del partido. No se equivocó. Pero ganar, ganar, no siempre. Pocas veces. Aunque se tenga la pasión. Más bien es perder, perder, y a caballo de la pasión. Incandescente la pasión, y perder, perder. No parar de perder. Esta novela relata nuestro encuentro con Roberto Bolaño en persona, y otros misterios. Lo clave es la ola de calor y nuestros intentos por sobrevivir. Nuestra pasión por la sobrevivencia posible. Este libro habla de mudanzas y viajes. De literatura, desde luego, el tema cumbre en el amplio espectro de la pasión. Sé que van a leerla, y estoy contenta por este motivo. Aunque tengan cosas más importantes que hacer, porque el concepto de importante ya pasó de moda, porque se confundía con lo esencial. Se le llama importante en ocasiones a lo supuestamente más urgente, pero este es un error, porque el tema es lo esencial: qué es lo esencial. Entonces la premura nos priva de lo esencial. Eso es un problema. Porque entonces este libro, que es esencial, dejarlo de lado, ¿te imaginas? Por pasar horas en esas pantallas del infierno. Convertirse en burro, como en Pinocchio, la marioneta de madera. Y así se nos va pasando la corta vida que tenemos. En esa corta vida, yo voy escribiendo libros, con pasión. 
Gracias. 

Pasión XXX

Cuando los libros se van terminando queda la pregunta, ¿qué era reinventar la pasión? Peripecias, acrobacias, descubrimientos, pero existir tiene una cruel linealidad. Una nota enseguida este asunto. El eterno retorno, ídem. Una línea plana que se enreda y explota. Hay que ponerle ganas, sin duda. Una tiene que hacerse la ingenua con los días transcurriendo, hacerlos sentir como que tienen novedad, para no herir sus sentimientos, pero todo es más como lanzar ingredientes en la olla y ver qué resulta, inventando recetas estrambóticas, inverosímiles. Ese asombro va acompañado de un hastío subrepticio, mezclado con horror y negación. Llorarlo todo de emoción, alegrarse, desde la cuerda floja, para constatar que el suelo está tan cerca. Cada día más cerca. Y el bajo el suelo cada día más cerca. Ahí debajo de la tierra. Entonces, ¿para qué? ¡Para qué! La pregunta ineludible. Para ver que cada asunto son años de esfuerzo en comprender. Yo soy organizada, rigurosa, exigente, ordenada, quiero ir abarcándolo todo y cerrando, y los asuntos ahí mirando de reojo, muertos de risa, destornillados a carcajadas, con ese afán insólito. En ocasiones siento ternura de mí misma, esa confianza en las cosas, por momentos ni sé de dónde la extraigo. Entonces me sumo al humor de las cosas y me pongo a reír con ellas, hasta que lloramos de la risa y nos caemos al suelo (pero no abajo del suelo). Ese alivio cómico es lo que más atesoro, porque me recuerda que aquella carrera frenética hacia la nada no es necesaria. Me quita tensión, me distiende. Que llegue lo que sea. Estoy ganando tiempo, para cuando el bajo tierra sea una realidad. Qué era reinventar la pasión: sentir. Ser capaz de emoción a pesar de la carrera de obstáculos. Concentrarse en lo que no se ha acabado, ya que todo tiende hacia allá, y entregarse como quien se arroja a la pileta. Olvidarse del cansancio. Inventar obstáculos para sazonar las historias. Sal, pimienta, especias. Sol, caminatas, lecturas, atardeceres, besos, música, agua, vegetación. Ahí se adquiere la pasión, y gratis. Para qué reinventarla si está disponible. Tengo pasión por la pasión a secas. Por la simpleza de la pasión y su fuego profundo. Intento reírme de la existencia, y no, me la tomo en serio en realidad, me emociona. Extraigo su elixir. Es lo único que realmente aprendí. En lo otro soy como un mimo, cara empolvada, ojos delineados, haciendo muecas expresivas y moviendo los brazos. Un ánimo impecable, pero siempre las fisuras, por donde penetra la luz y lo impensado. Escribo en una especie de trance que viene de otra galaxia. También está eso, lo espacial. Toda esa energía que no me deja detenerme. La pasión es jamás aburrirse de ver las hojas de los árboles danzar con el viento. Amar el reflejo del sol en el agua, cada día de mi asoleada vida. 

20 de julio de 2026

Pasión XXIX

España ganó la copa del mundo de fútbol, ayer domingo. Yo hace dos semanas estaba escuchando una banda de Sardanas en un parque en Montgat Nord, y hace exactamente diez años le tomé a mi iaia Agustina María su última fotografía, sonriente en Gavà Mar, junto a nuestras familias. Estoy contenta que haya ganado uno de mis países, es una competición, se trata de ganar, ¿no? Yo me alegré, porque jugaron bien, porque sentí una suerte de adrenalina con ese gol decisivo a último minuto. Sin duda mis cuatro abuelxs habrían estado contentxs. Hablaban de su tierra como disco rayado. Mi estadía en Chile en realidad siempre aconteció en una embajada de España, Catalunya y el País Vasco. Cuando me fui de Chile y llegué a vivir a Barcelona, comprendí muy bien este hecho, que había nacido inmigrante, y que lo seguiría siendo. Fue bonito ayer, pero más bonito fue esas Sardanas en el parque, un poco antes de donde comienza la Costa Brava. Pero fue bonito por otra cosa, no sólo por el recuerdo nítido de mi iaia y de cuánto me hacía reír, sino porque estaba con mis amigxs, y la amistad es siempre una familia. La inmigración vive de la amistad porque esta es su tanque de oxígeno. Entiendo ahora que mis abuelxs se apoyaran en sus amigxs, que muchas veces eran familiares, y que todo transcurriera como embajada, así como aquí en Europa yo tengo muchxs amigxs de América Latina, y no es nostalgia, es gozo. Es sobrevivencia, es disfrute, es alegría. Ayer ganamos, porque España es un país que está abierto a su identidad ambigua, porque así son las identidades, y porque las fronteras son una soberana estupidez. Lo que emociona es esa música que una escuchó, esos bailes que una bailó, esos platos que comimos, esas fiestas donde fuimos felices. Yo fui feliz con mis abuelxs. Sobre todo con mis iaias, con quienes mantenía una estrecha relación, Agustina María y Antonieta Gertrudis Eugenia. Cientos de miles de domingos de conversación, de paseos, de abrazos. Amaban desigualmente su tierra, Agustina con más pasión y Antonieta con mayor crítica, pero ambas con el corazón poblado de ese catalán que fue el idioma exclusivo que hablaron hasta los 7 años de edad, cuando entraron a la escuela y aprendieron el castellano. Agustina María vivía unos meses de su existencia cada año en Catalunya. La alegría intacta cada vez. La última vez estuvimos juntas en España y Francia, ella radiante, de estar ahí a sus 88 años. Mi abuela gozaba de la vida, lo disfrutaba todo, siempre con humor y una gran sonrisa. 10 años y te extraño tanto, iaia, no me acordaba nítidamente lo mucho que te extrañaba, y esas sardanas en el parque me lo pusieron al frente. Te amé con todo lo que soy, y lo que seré, sin duda. Todos los triunfos, colectivos e individuales, como el de ayer, y otros más sutiles, son tuyos porque mi identidad está instalada en tu amor y tu apoyo constante. Quisiera tenerte un poco más acá, pero no me quejo, ya se ve que ocurre así, un día se acaba, eso ya lo aprendí. No nos olvides, por favor. Tu humor negro siempre fue mi casa. Es ahora la sustancia de mi literatura. 10 años y seguimos juntas. Sigue leyendo mis libros, ¿de acuerdo? Me queda tu música, y tu siempre eterna alegría de vivir. Ayúdame para cuando olvido, para cuando no sé de dónde vengo, cuando mis versos divagan en mar abierto y en esas ocasiones en que el humor negro no es suficiente para volver a casa. Te extraño, iaia, dónde estás, ayúdame a darle forma a este presente siempre en vías de expandirse. Era distinto contigo. Tengo a mi adorada madre y a mi amada pequeña ahijada Agustina, el baile sigue, que la música se quede en mi cuerpo, siempre nueva, siempre atenta, siempre disponible, todo lo comenzaste tú.

Pasión XXVIII

Hay libros cuya lectura podemos demorar, y otros que es necesario leer sin dilaciones, en este segundo caso está ubicado el libro de Valentina Correa Uribe, “Reflexiones sobre la vida, la justicia y el Estado tras el asesinato de mi padre”. Un homenaje a su padre fallecido por una bala pagada, y el calvario posterior para alcanzar justicia, y recuperar lo recuperable, dado que la vida no regresa. Un libro honesto y un libro inteligente, dos características que unidas hacen a un texto imbatible. Por qué hay que leerlo, porque habla de todxs nosotros, de nuestras falencias, y de nuestra humanidad compartida, sin eludir ningún asunto, desigualdad, ética, medios de comunicación, cálculos políticos, y haciendo frente a la complejidad, pero con una nitidez que se agradece. Si miramos de cerca, el tránsito nos interpela, porque tantas veces sigue ese camino exacto, violencia, trauma, un estado inoperante, una justicia posible, y la recuperación de lo que nos pertenecía, pero de otra forma, porque nunca se vuelve igual de la violencia. Quien lea encontrará su existencia reflejada, en una vivencia que llevamos dentro. El libro se divide en dos apartados, una reflexión impecable sobre el duelo, y un relato sobre el Estado de Derecho y sus sinsabores permanentes en el recorrido a conseguirlo. Estamos tan cerca de todo esto, nos constituye, y todas esas preguntas son las nuestras y más encima Valentina Correa Uribe aventura respuestas: es lo más alto que se puede pedir a un libro, que nos ayude a comprender y a despejar en qué estamos fallando y los caminos deseables. Una cruzada llevada adelante con determinación y con la pasión de quien sabe que fue amada. No rendirse se nutre tantas veces de esto, y en este caso de una ética transparente, y el sentimiento concreto de aportar a las modificaciones necesarias que vienen. Porque ese es el tema, están viniendo, han ido llegando, un relato que rompe el silencio y lo condena a someterse a la ética. Ahora nos parece evidente: no siempre lo fue. Valentina Correa Uribe nos instala en la reflexión de un presente posible. Esto nunca se puede dejar pasar. Sus palabras ya están en mi cuerpo y hoy me siento distinta. Optimista y atenta. A la vida que queda, y a la justicia posible. Un Estado de Derecho del que formemos parte y donde existir sea realizable. Valentina Correa Uribe nos recuerda nuestra fragilidad, y lo más interesante, nuestra osadía. 

18 de julio de 2026

Pasión XXVII

Creo que tengo que ver este asunto de cerca, de frente: lo de las intemperies. Cómo lidiar con tantas experiencias en una vida. La pasión, de acuerdo, pero cómo canalizarla, cómo darle cauce. El calor infernal por un lado, las intemperies por el otro. Todo parte de una misma tómbola, y una con determinación tomándolo todo en las manos. Llevándolo todo en la espalda. En el pecho, los brazos, las piernas, el seso siempre extraviado en la velocidad. Trece años de viaje y cuánta algarabía, cuánta desorientación, cuánto sentido expuesto a la intemperie. Cómo encontrarle sentido a tanta interacción profunda y a tanta interacción superficial. Qué es el encuentro. Qué esperamos de él. Qué nos queda. Primer sábado de silencio luego de mucho tiempo. Entonces pasar revista a un mes de alegría y pasión. De descubrimientos y paseos. Encuentros y música. El río sigue avanzando. Pero tal vez yo me modifiqué, como siempre estas cosas. Las experiencias nos devuelven a una esencia que a veces se nos escapa. Me gusta recordar quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy. Sólo en el encuentro nos hacemos más grandes, más presentes. Sólo en el silencio recordamos, decantamos. Existir es una experiencia de pasión secreta. Saber que todo avanza más rápido que nuestro espíritu cansado. La lectura es un refugio, una casa. La sensación de querer comprender, aunque sea difícil.

17 de julio de 2026

Pasión XXVI

Ayer eran las intemperies. El calor infernal y luego las intemperies. Me reuní con las feministas a refundar el mundo, como siempre. A continuación me encontré con Grégory para comer en un lugar perdido en Lyon bajo las intemperies. Unas gotas escasas cuando me dirigía hacia el lugar, y luego ahí, la tormenta se desencadenó con la furia del cielo listo para vaciarse sobre nuestras cabezas. Comimos observando la cortina de agua que era exacta a un muro sólido. Es un fenómeno extraño. No tuvimos dudas que era el final de esta era. Todo acabaría. Ahí en ese local extraviado en una ciudad del fuego acuático. Una ya no sabe qué pensar. Es la intemperie absoluta. Roberto Bolaño estaría de acuerdo con esto (todavía no lo encuentro). No le conté la inverosímil historia a Grégory, tengo que decantarla todavía. Cómo expresarle con exactitud lo que vivimos en carne propia. Esa aparición del más allá. No quiero atemorizarlo. En cambio hablamos de libros, lagos y mudanzas (y de intemperies). He ido descubriendo episodios de su existencia como en una especie de mosaico. Reconstruyo una historia basada en lecturas y viajes, sinsabores y trabajos. Muy seguido me hace pensar en algún personaje de una película de Noah Baumbach. Disfruto de sus preguntas y anécdotas. Tiene tinieblas dentro, pobladas de un asombro casi infantil por los acontecimientos. Hay algo que no penetro y me fascina. Pero no he olvidado a Roberto Bolaño, no crean. Ayer estaba en la intemperie, su lugar favorito. A la salida caminamos bajo el paraguas, mientras los rayos nos alcanzaban tangencialmente, advirtiendo que llegarían a nuestras cabezas al mínimo movimiento. Yo recordé nítidamente aquel concierto de Cat Power donde no quiso seguir tocando porque estaba segura que un rayo de la tormenta la fulminaría. Es posible, le dije a Grégory. Esos rayos pueden alcanzarnos, y luego todo habrá terminado. Carbonizados. Moriremos juntos, me dijo Grégory, valiente frente a la tormenta. Paso a paso, sin amilanarse. Pero tengo que escribir una obra de teatro donde Candela será la protagonista, le respondí. No puedo partir todavía. Combatiremos las intemperies, me aseguró. Yo ya ni sé qué significa eso. Solía saberlo. Lo supe una vez. Pero ese temporal te carboniza. Es mi caso. Las intemperies me borraron. Ahora escribo disfrazada de persona. Pero soy un fantasma. Me deslizo por las aceras llenas de agua, la ropa empapada, el pelo adherido a la cabeza turbulenta, no tengo herramientas ni aspiro al equilibrio, sólo vago por las calles en busca de historias, soy una sombra de mí misma, no sé articular las maneras de comportarse ni las razones de hacerlo. Mi única motivación es la literatura. Le dije. Le causó gracia. Tal vez no captó la intensidad metafísica de mi afirmación. Estoy inerme ante los fenómenos cotidianos. Me superan. Las relaciones interpersonales se convierten en relatos. No puedo escapar. ¿Me sientes ahora?, canta Yael Naim siguiendo a Britney Spears. Can you feel me now. Claramente estoy atrapada en las intemperies. Todo fue la pasión por esa literatura de los márgenes. Until you feel me now (es hasta las últimas consecuencias).  

15 de julio de 2026

Pasión XXV

Cuando vimos con mis amigxs a Roberto Bolaño aparecer de casualidad nos quedamos pasmados, como Laura Dern y Sam Neill cuando ven los dinosaurios en Jurassic Park de Steven Spielberg. Íbamos por la pradera Raval, y de pronto, dinosaurios. Lo seguimos como braquiosaurios, por el bosque de cemento, sin dar cuenta a nuestros ojos. Se movilizaba en bicicleta y participaba en las fiestas de barrio. Queríamos saber qué especie de dinosaurio era. Si le gustaba escribir novelas y cuentos. Un pterodáctilo extraviado en las fiestas de barrio del Raval. Aquí ocurrió igual que en la película, nosotros como Triceratops al acecho, y llegó el Tiranosaurio Rex. Le compartimos nuestro hallazgo, pero era de pocos amigos, igual que el espécimen de la obra cinematográfica. Señaló con claridad que el pterodáctilo le pertenecía y se lo llevó de la mano, lejos de los velociraptors que éramos ahí de pie vigilando la situación mística para no perder detalle de aquella aparición. En el reino animal ocurre eso a veces, lo de la pertenencia. Se equivocó el Tiranosaurio Rex. Yo quería intercambiar unas palabras con Roberto Bolaño, tenía derecho. Me leí todos sus libros. Cuándo iba a encontrar de nuevo a su doble. El Tiranosaurio Rex con la boca llena de saliva se lo llevó. Luego nos hacemos una fotografía, dijo Roberto Bolaño antes de partir arrastrado por esa criatura maléfica. Yo creo que el Tiranosaurio Rex se comió después el papel con mi teléfono, y tal vez lo escupió en una alcantarilla, bien disuelto para que los números no pudieran distinguirse. El pterodáctilo volando tratando de localizar a la escritora triceratops que lo encontró en las fiestas del fuego, al ritmo punk, pero los dinosaurios se extinguieron, igual que el teléfono, y la escritora misma, que partió a la pradera del lado porque sonó la campana, igual que la de Montgat Nord, que suena diez minutos antes de la hora, luego a la hora, luego diez minutos después, aunque sean las 3 de la mañana, igual suena, a las 4, a las 5, a las 6, aquí sonaron todas las campanas, extinción total, la escritora por ningún lado, y Roberto Bolaño volando como pterodáctilo reencarnado. Ir a unas fiestas de barrio puede ser una experiencia singular. Ya no sé si encontraré al Roberto Bolaño extinto. No mientras esté en Lyon, porque él frecuenta otros bosques, y el teléfono con saliva en la cloaca subterránea flotando hasta extinguirse y la escritora en un tren mirando descendientes de dinosaurios sobrevolar el agua de mar estancada. Ahora voy a necesitar un detective privado, porque aparecer dos veces de casualidad, yo creo que ya no, hay límites, este fue uno, esto fue más allá de todo límite, pero siempre los límites, una vez, ya, pero dos, lo dudo, quién me encuentra ahora a Bolaño. Además hay que esquivar al Tiranosaurio Rex. No es cualquier tarea. Un trabajo serio. Estar armado, ser valiente, tener determinación. Cómo es tu nombre, Bolaño imaginario. Te espero en el colector de aguas lluvias. Tendré el papel con saliva en la mano. Mi anatomía de triceratops preparada. La literatura no me intimida. Ayúdame Roberto, déjame fuera de todo tipo de pertenencia. Por las calles lanzados para explotar. 

14 de julio de 2026

Pasión XXIV

14 de julio en una Francia bajo el fuego. 37 grados en este momento en Lyon. Me hace pensar en la canción “Toxic” de Britney Spears. Too high, can’t come down, losing my head, spinning around and around, do you feel me now? it’s in the air and it’s all around, canta Britney Spears, with a taste of your lips, I’m on a ride, you’re toxic, I’m slipping under, with a taste of a poison paradise, I’m addicted to you, don’t you know that you’re toxic? Britney no se imaginó que su canción se ajustaría tan bien a este presente tóxico de fuego. Baby, can’t you see I’m calling? A guy like you should wear a warning, it’s dangerous, I’m falling, there’s no escape, I can’t wait, I need a hit, baby, give me it, you’re dangerous, I’m loving it, canta Britney Spears. Creo que todo se volvió más intenso porque encontramos a Roberto Bolaño. Un encuentro fortuito, por supuesto. El último día en Barcelona. Toxic Bolaño, la copia exacta. Adictivo, incandescente. Tal como esa ciudad, de la intensidad interminable. Mi intuición de que volvería a aparecer era exacta, tal como su parecido con el escritor. Estábamos afuera de un bar en el Raval, donde nos aprestábamos a entrar, y Roberto Bolaño llegó en su bicicleta y la aparcó en la puerta del bar. Yo había partido unos pasos más allá a comprar un bocadillo, y mis amigxs me hicieron señas, vuelve, movían las manos exageradamente. No entendí qué pasaba, volví, nos quedamos los tres atrapados en el asombro. Era Roberto Bolaño, atraído por mis ganas de encontrarlo, nos observó mientras aparcaba su bicicleta sin entender mucho de qué trataba tanta batahola, por qué tres extraños lo miraban con esa cara de sorpresa. Partió caminando por las pequeñas calles, lo seguí, qué más podía hacer, si estaba ahí era el destino hacerle las dos preguntas que me corroían, si sabía que era exacto al escritor, y si él escribía a su vez. Lo alcancé, pude preguntarle. Pero llegó su novia, como en esas películas en que el plan fracasa, y se lo llevó lejos. Bueno, no tan lejos, un poco más allá, era un concierto punk de una banda de mujeres en el Raval, eran las fiestas del barrio. No nos rendimos, al volver al bar, donde teníamos la intención inicial de entrar, nos encontramos con su bicicleta, pero mis amigxs no recordaban exactamente cuál era, y yo ni me había fijado cuál, obnubilada por este encuentro fortuito que había invocado al destino. No importa, anoté en dos papeles, porque estábamos entre dos bicicletas que podían ser, Bolaño, y a continuación mi teléfono. Los dejé en los candados que ataban las bicicletas, para poder terminar mis preguntas relativas a Roberto Bolaño a su doble real y ficticio. Espero su llamada. Siempre la mayor fuente de aventuras de ficción es la propia vida. Feliz 14 de julio, y que gane Francia el partido de fútbol enfrentando a España. No pueden ganar todos, ¿cierto? Yo perdí, como Bolaño, pero lo encontré. Lo espero, en la ciudad tóxica bajo el fuego. Eres tóxico, Bolaño, soy adicta a ti. Mi pasión es fabricar la suerte. Imaginar el destino y perderme en su boca.

Pasión XXII

Nunca será posible abarcar la extensión del sentimiento. La completitud de la emoción. Intentos vanos. Laberintos, insistencias. Dejar atrás, mirar más de cerca. No centrarse en las partidas. Olvidar el arrebato. Sardanas ayer en el parque. Llorar un poco. Por esa familia que ya no está. Por esa pasión de los demás, que es lo que nos enciende. Por lo que fue impreso en nuestros huesos. Que aparece a la mínima señal. Me fui de Barcelona porque era mi casa. La literatura necesita distancia. Observar con un abismo de separación. Sentir el desarraigo para comprender otras cosas. Asuntos desconocidos. Para abarcar la extensión imposible del sentimiento. La quimera de la completitud de la emoción. Voy con Agustina María porque ella me enseñó a amar a esta tierra. Mis abuelos y sus recuerdos. Aquí tomé su mano por última vez. La banda ayer me llevó a esa fuerza. La de saber que todo sigue. Que somos testigos de los acontecimientos, y artífices de la línea infinita. 

10 de julio de 2026

Pasión XXI

A veces no sé exactamente para qué se me entregó la existencia. Dudo, desvarío, planeo, busco. En ocasiones entiendo poco pero sigo. Dejo que me alcance la avalancha. Que pase a través mío y quizá surja algo. Es la velocidad. El raudal de acontecimientos que me persiguen. Un estado de alerta semejante a un torbellino. Hago mi mejor esfuerzo. Decanto, alcanzo, observo, insisto. Quisiera tener más respuestas. Una calma que me señalara un camino. Pero la pasión es siempre más grande. Todo lo permea. Todo lo transforma. Todo lo determina. Tal vez la existencia fue para crear y eso es mi mundo completo. La corriente caudalosa de quien tiene la intención de salir a flote en el arte. De no pasar de largo. De captar una parte del oasis. El calor se me impregna. Lo miro de reojo y me sonríe. Me funde, se burla de mí. La emoción me desestructura. Le da forma a la literatura. La pasión es la base de todo lo importante. La cima desde donde observo para volver a saltar. Siempre es hacerlo. Olvidar la calidad de ser humano de carne y hueso. Aspirar a la evaporación. Disolverse en el sentimiento para ser los demás. Dar ese bendito mensaje que nos interpela y nos reclama la vida. Una condena. Eso es la literatura. Sólo la forma del presente para no hundirse en lo incomprensible. Para desmigajar la rapidez que nos secciona. Aspiro a la armonía y la entereza. Cierro los ojos como en un rezo ante la totalidad que pertenezco. No hay divisiones reales. Me completa llegar a los cimientos. Decir lo que inaugura cada jornada para que el significado no se transforme en superficialidad y desesperación. Juntxs es más poderoso. Estoy lejos, pero no olvido el calor de la cercanía. Me nutre en mi sustancia. Mientras más sentido más impulso. No voy a parar. Esto siempre fue hasta las últimas consecuencias. 

Pasión XX

Vuelvo a casa luego de mi periplo alemano-catalán. Mis amigxs vuelven a casa. ¿Qué es volver a casa? ¿Qué es una casa? La mía es la música. Los libros. La música que siento cuando la conversación es honesta. Cuando quien tengo al frente escucha mis palabras. Cuando atesoro las palabras de otrxs. Cuando me instalan en un sentido prestado. En un sentido imaginado. A veces temeroso, pero lleno de verdad y determinación. Lo que se realiza con pasión es lo que queda. Es lo que enciende las ganas. En mi cuerpo comprendo esa algarabía que me hace apegarme a la existencia. Que me lleva a indagar en cada día que se me regala. Tengo amistad y arte a raudales. Todo es asunto de verlo. Lo que me gusta de esas conversaciones es que me otorgan un lugar. Una casa. Toda saudade la dejo de lado porque me irriga más que aplastarme. Son las dos modalidades de la existencia. Las cosas nos atacan pero nos mantienen en el aire. Toda existencia es ambigua porque lleva en su seno la perfección incompleta. Estoy inerme ante el milagro de vivir. Intento asirlo y todo es fuga y ensayo. Propósito y renuncia. Nada termina, nada comienza, floto en la literatura del designio, del abandono. La aceptación y la rebeldía. Libran una conversación encarnizada. No me decanto, no tomo forma ni cuerpo. Me expando simplemente, y sigo. Alcanzo una especie de parnaso que me da curiosidad, que no me espero. El trance literario tiene una parte de involuntario. No me pertenezco. Las palabras son las que hablan. Me escondo en el secreto de ese ritual cotidiano de la renuncia y la epifanía. 

9 de julio de 2026

Pasión XIX

Crecimos bailando. Compartiendo esa pasión. Coincidimos seis años en el continente europeo. Fue por supuesto una fiesta. Al ritmo de lo que llegaba, siempre inmenso y a veces más difícil. Lo dejamos todo en las pistas y las playas. Conciertos y celebraciones. Obras de teatro y caminatas. Cafés y terrazas. Conversaciones interminables que nos veíamos obligadas a interrumpir para continuar al día siguiente. Sants y Montgat Nord. Conservo en mi cuerpo varios de los máximos estados de éxtasis en esta ciudad. En ella conocí al amor de mi vida hace trece años. En ella me encontré con mis amigxs de toda una línea vital para continuar la pasión de existir en el momento presente. Vivir no es tan fácil en ocasiones, pero el baile de encontrarse le da sentido a todo este carnaval incomprensible. Mis amigxs regresan ahora a aquel lugar que nos vio nacer, pero sé que la celebración continúa simplemente en otro lado. Mi intenso entrenamiento migrante conoce estos trances, y ha aprendido a transformar en agradecimiento los encuentros y a comprender la magia del movimiento. También nos encontramos en Lyon más de una vez, en esa ciudad que adoro y en esos festivales de jazz que me modificaron para instalarme en el asombro. Barcelona me compone y sé que su éxtasis es inacabable. No me despido de lo que no tiene final. 

8 de julio de 2026

Pasión XVIII

A veces es el verano. Es una especie de fuego interior. Algo que no se apaga. La chispa es la amistad y la música. El mar y el sol. Luego se mantiene el acorde y la armonía. Mantén la fe, canta Michael Jackson, no dejes que nadie te haga cambiar de opinión, tienes que saber cuándo es el momento de ir, hacerlo. Qué iba a saber una cómo serían los 45 años. Simplemente llegaron. Lo que ya es fantástico. No opuse resistencia. Me gusta abrir la puerta a lo inevitable para que la fiesta sea más inmensa. Tenía 18 años cuando le pregunté a la Piedad cuál era su nombre. Comenzó un carnaval gigantesco. Reírnos hasta caer desmayadas. Esos amigos inolvidables. Felipe, Germán, Juan Ignacio, Benjamín, y tantos otros. Nos acordábamos ayer de ellos, como siempre. No todos llegamos a los 45 años. Pero los recuerdos intactos. La existencia se teje de esas carcajadas que nos dejaron en el aire una y otra vez. No se han modificado en su sustancia, y al mismo tiempo estamos en un lugar completamente diferente. Los afectos nos acompañan como ese fuego íntimo que nos despierta. La base de toda creación. Mi corazón está poblado de un presente lleno de pasado luminoso. Recorrer estas calles que recorrimos con Montserrat. Ahora con Frano y Chabuca. Con amigxs radiantes. La única posibilidad de la literatura es el amor, que es un símil del verano. No hay ninguna diferencia entre ese calor que sofoca y ese sentimiento que enaltece. La literatura se nutre en secreto del verano. Todas sus raíces se anclan en esa música infinita. Que atraviesa el tiempo. 45 largos y explosivos años. Junto a toda esta gente legendaria. Creativa y valiente. Honesta y original. Bondadosa y divertida. Un sentido del humor capaz de reírse de una misma. Ahora veo todo lo que llegó cuando entré a esa facultad. Cuando llegué a esta ciudad. El presente es inmenso como el mar y la playa ilimitada. Yo no quiero olvidar. Quiero que el presente me cruce la piel hasta los huesos. Saber que fui feliz. Que la felicidad es un comienzo. De algo. Una palabra grande para algo íntimo. La serenidad de comprender que todo estaba ahí. 

3 de julio de 2026

Pasión XVII

Tenía una cita con un libro. Uno de una afección particular porque la edición final antes de la imprenta fue llevada a cabo en mi casa de Lyon, luego de un intercambio de pisos con su autor. Una vez en Barcelona me dirigí a la librería Finestres, donde el año pasado tomé un café con el artífice de “Pista vacía” para intercambiar las llaves de nuestros pisos. En esa oportunidad conversamos por primera vez en persona en un lugar al final de la librería con plantas y cascadas. Sin duda el encuentro gozó del estatuto literario adecuado a las circunstancias, el lugar hacía su parte. Esta vez el café del fondo estaba cerrado por remodelaciones, pero no fue impedimento para la aventura porque yo iba en busca del libro para mi cita. Lo busqué en el estante donde habíamos mirado libros de la futura editorial de la novela pero no estaba ahí. Pregunté al librero por su ubicación, esbozó una sonrisa y me dijo, claro que lo tenemos, y el autor es también nuestro asiduo cliente. Fantástico, le contesté. Caminamos hacia el estante que lo resguardaba y exhibía, y lo puso en mis manos. Hay algo muy emocionante de estos pequeños artefactos con letras dentro. “Pista vacía” de Matías López Navajas, Editorial Clandestina, narrativa, con una ilustración en la cubierta de Judy Kaufmann. No tuve dudas en ese momento que la aventura sería grande, y no me equivoqué en ningún sentido. Aproveché una mañana de calma mirando el mar en Montgat Nord, y una tarde de silencio entre los árboles en Sant Cugat del Vallès para recorrer sus páginas con atención. Tenía la intuición que el libro también hablaría de mi biografía, la cual comparto de cerca con el autor, nacido también en Santiago de Chile el año 1980, y emigrado a Barcelona con un par de años de diferencia, para no regresar a su país natal, situación que me describe con gran precisión. El resultado fue el siguiente: disfruté el libro como quien se ríe al unísono en una conversación con un amigo con quien se ha compartido una vida completa sin conocerse en absoluto. El libro es espectacular. Profundo, divertido, irreverente, humilde, explosivo, un intento bien logrado de dar cuenta de las dificultades de una vida por las cuerdas del nomadismo congénito y ese desarraigo que nos arranca de todo lo que aparece, conquistando terrenos que no deberían pertenecernos. El libro es rebelde, porque todo lo bueno se ríe de lo preestablecido, y sobre todo de lo que cree ser grande y se equivoca. Es un libro que se ríe de sí mismo y de los demás que hace falta, y qué más es el núcleo absoluto de la literatura: es eso. Para mí es eso. Alcanzar todo lo que uno fue y quiere ser y aceptar que nunca se será ni tal vez nunca se fue, y que en definitiva da lo mismo. Este es un libro que comprende a cabalidad el oficio literario, y además el movimiento perpetuo. Lo que ya es bastante. Es muchísimo. Más de lo que yo esperaba de mi cita. Yo no sabía bien qué esperar. Me gusta llegar a las cosas sin expectativas. Pero encontrar un libro que relata tus pesadillas, insomnios y pasiones es una felicidad sin límites. El libro de Matías López Navajas nos deja en un lugar diferente del que entramos. Varios registros, salidas y fugas, como los libros de Julio Cortázar. Así como el aeropuerto tiene varias plantas, este libro tiene varios niveles, y no hay nada que yo agradezca más en la vida. No encontrarme con nada que comprenda, y al mismo tiempo comprenderlo todo: ¿qué más se puede pedir? “Pista vacía” es un reflejo de nuestro desasosiego y nuestras ganas de entender un presente pies hacia arriba y cabeza abajo. Existir no es muy diferente de eso. Por lo que es un libro que llega al vórtice del alma. Al menos llegó a la mía. Fui anotando como siempre un asterisco en cada lugar donde me reía a carcajadas, y el libro está repleto de aquellas anotaciones. El humor es lo más grande. Compartimos con Matías López Navajas nuestro amor por Roberto Bolaño y Nicanor Parra, maestros del humor negro. Este libro sigue los pasos de aquellos autores, y se ubica en una generación que vibró con ellos hasta hacerlos propios, como es su caso y el mío. Al final tal vez sí era determinante haber nacido allá lejos. Y estar ahora aquí cerca de esos lugares míticos que admiramos y ahora nos pertenecen. Estoy agradecida de haber leído “Pista vacía”. El arte es motivo de orgullo, y la literatura, en definitiva, es una casa. 

Pasión XVI

Hace un tiempo ya que mi pasión por el teatro no deja de crecer, pero ver a mi amiga Piedad actuar fue una cúspide. La verdad es que la Piedad hace todo bien, y en este rubro no fue una excepción. Vine a Barcelona desde mi casa en Lyon con la emoción de verla sobre las tablas. El año pasado no pude venir, así es que atesoré la ocasión esta vez. Venía en el tren que va directo desde Lyon Part-Dieu hasta Barcelona Sants, y pasa por la Camargue, humedales y aves rozando el agua, y pensaba en la amistad, en el teatro, el arte, los viajes, la música. Un calor impresionante aplacado por la climatización del tren. Yo he admirado siempre a la Piedad por su manera de pararse en la existencia, por su disciplina certera que la ha llevado a ser una de las mejores abogadas y mediadoras de derecho de familia que existen en Barcelona y Santiago de Chile, y ahora por su talento de comediante y su pasión por el teatro. Disfruté hasta el último segundo de la obra. “La ratonera” de Agatha Christie. La Piedad encarnaba Mollie Ralston, una de las protagonistas. La obra te mantiene en vilo hasta el final. Una intriga policial como tan bien le resultaban a Agatha Christie. Todas las actrices y actores eran espléndidos, Piedad Esguep, Alexandre García, Ana Vega, Sira Homs, Montse Martínez, Inma Rodríguez, Cristina Puig, Humberto Vila, Palmira Robles, Monte Reza. En la Sala Versus, en Glòries, barrio que conocía poco y me sorprendió gratamente. Bonita escenografía y vestuario, adaptación muy bien trabajada, la directora Eva de Luis fantástica, una puesta en escena que me encantó, y la pasión de cada intérprete para alcanzar las entrañas de su personaje. A mí el teatro me emociona mucho, cómo se estructuran las historias, cómo se da vida a un relato en carne y hueso, es la emoción en acto, el sentimiento sobre el escenario develando toda la humanidad posible que nos compone. A mí el arte me desarma. Sobre todo la pasión, sobre todo el impulso de relatar una intriga que pasa a ser la vida completa por un momento. Con la Piedad siempre nos hemos entendido de maravilla, las dos tenemos una doble identidad, abogada y actriz, la suya, escritora y abogada, la mía. Compartimos algo muy íntimo, nuestra creencia en la justicia y nuestro amor por el arte. Observé esa obra también como algo muy íntimo, como una sugerencia de ese mundo que nos mantiene despiertos y atentos, que nos permite seguir adelante. Es la amistad y el arte lo que siempre lidera la fiesta. Todo el año espero este momento de mar y conversación. Refugiada en mi barco literario el año completo, estos momentos son la expansión absoluta. Lo que acontece ahora es lo siguiente: mi admiración hacia la Piedad creció. Mi cariño se mantiene intacto porque no podría estirarse más, creo. Pasé unos días de paraíso con ella, Frano y la Chabuca en ese lugar que me llega al corazón en cada vuelta: Montgat Nord. Yo pido pocas cosas de existir, aparte de una pluma ágil, y siempre me llega tanto. Me quedo asombrada, porque a veces va más allá de lo que imaginaba. La felicidad es algo secreto y yo la alcanzo siempre con mis amigxs, y la llevo siempre conmigo gracias a ellxs. Mollie Ralston inolvidable y para siempre, viajando en el tiempo y sobre las nubes. La pasión es lo único que nos mantiene en vida.