12 de septiembre de 2026

Fuga XXX

De la música yo no he podido fugarme. Es lo que me acompaña más seriamente. Una verdadera relación. Cotidiana, íntima, transformadora. Le entrego mi día a la música para que haga lo que ella estime. Para que surjan todos los versos y las frases consistentes. La música es pura materialidad. Es cuerpo y emoción. Es deseo en acción. No escribo ni una sola palabra sin tener la música en mí. Cuando el extravío toma contornos de desesperación es esa atmósfera la que crea un camino. Sí, los perdí, pero ¿y qué? Renuncié a la estabilidad, es cierto. Pero tampoco fue tan organizado, simplemente fue sucediendo, año tras año. Elegí la catástrofe, para que naciera algo, siempre naciera algo, lo que fuera, pero yo sabía que algo tenía que nacer. Algo grande y significativo. Tal vez fui priorizando otras cosas, sin darme cuenta. Pero fueron ellos lo que me permitieron la vida. Los que me mostraron el amor. Con los que delineé el deseo, para saber lo que era. No hay palabra que no se escriba sin ese deseo incrustado en la médula. No hay paso que no sea con el amor que he recibido. Fugarse es proponerle oportunidades al presente, ser exigente con las relaciones, tener límites, aspiraciones, ideales, sugerencias. Pero en la soledad de mi departamento los recuerdo y a veces duele. Me gusta que sigan en mi vida de todas maneras, de alguna u otra forma. Me siento en paz porque saben que los amé y el sentido que dieron a mi existencia. Es como que estuviesen todos muertos, pero viven. En mí viven. I guess you go too far, when pianos try to be guitars, canta Tori Amos. Fui siempre muy exigente, estoy consciente, es porque también lo era conmigo misma. Lo sigo siendo. Pero sé que fui extremadamente feliz, y que las fugas fue sólo una pequeña parte de lo que viví. Amamos para fugarnos de la realidad, para que la fantasía tome carne. Este misterioso otoño tiene los contornos de la incertidumbre como siempre. A mí vivir me gusta, eso ya lo descubrí. En la música, sobre todo. Vendrán nuevas fugas, pero eso no es lo más determinante. Lo determinante es que estoy viva. Que escribo, que imagino, que voy inventando, y que no morí en el intento. En el intento de amar y de escribir. Lo seguiría haciendo. 

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