31 de julio de 2023

Give me a reason to be a woman

Apareció Loup. Yo estaba sentada en el sillón color azul mar, no más bien azul zafiro, o azul ópalo. Me pierdo a veces con los colores. Con casi todo tal vez. En definitiva vivo perdida. Me levanto y ya no sé dónde estoy. No sé bien lo que tenía que decir. Cómo quería decirlo. A qué hora. Con qué matiz. Cuál era la entonación. La melodía que sonaba. La consistencia. Cuáles eran las palabras y sus significados. Por dónde comenzaba. Hacia dónde iban. Qué querían decirse. Cuáles eran los términos exactos que emplearon. Cómo se ordenaban los elementos. Por qué estaban donde están. Quizá encuentre una razón para ser una mujer. Sólo quiero ser una mujer. Ahí estaba perdida en el sillón. Deseando saber qué es ser una mujer. Perdida en el azul del sillón. En el tono correcto. Ventilador encendido. Mirando el vacío. En los parlantes sonaba Portishead a gran volumen. Sólo quiero ser una mujer. Dame una razón para ser una mujer. ¿Qué es ser una mujer? Querer que el ventilador no se apague. Querer cantar. Desear a veces. Casi todos los días. Querer escribir. Eso es ser mujer: querer escribir. Ahí está. Parezco disco rayado. Siempre lo mismo. Ya, tranquila, Lisa, nadie te va a interrumpir. Vas a poder escribir lo que quieres. Vas a poder escribir tus putas frases. Azules. Ópalo. O zafiro. O quizá como el mar. Vas a poder llegar al mar. En un barco con luces de colores. ¿Azules? En definitiva, me importa un verdadero carajo ser mujer. Por qué siempre me están reenviando a eso. Ni que fuera una falla de nacimiento. Una condición ineludible. Misteriosa. Insorteable. Maldita. Extraña. Loca. Impensada. Original. Extravagante Excéntrica. Si tengo que ser otra cosa no me importa. Quiero ser nada. Sólo quiero escribir. Lisa, por dios, de nuevo. Siempre con la misma cantinela. Me tienes agotada. Lisa, me dije, tal vez debiera escribir con otro nombre. Un símbolo. Como Prince. Qué importa el autor. Lo que importa es el texto escrito. La posibilidad de atrapar la vida en unos párrafos. Pobre gente que tenían que usar seudónimo. Las mujeres que se ponían nombres de hombres. O los maridos firmaban por ellas. Qué ridículo todo. Cuántos obstáculos. Cuántos. Estoy perdida en el azul. Zafiro. En el ancho mar donde quiero encontrarte. Escribamos historias eróticas juntos, ¿cómo lo ves? Firmemos con un símbolo. Azul. Que diga: me importa un carajo el autor. Anónimo. Pobre gente que tenían que firmar con anónimo. Alguien escribió la puta mierda. ¿No? La historia del mundo es no poder decir lo que se tiene que decir. Lo que se quiere decir. Aborrezco de las reglas. Los límites idiotas. Y Portishead que dice que sólo quiere ser una mujer. Que necesita una razón. Esto es: no hay razón. Se puede ser mujer sin más. Decir. Sin género ni sexo. Sin justificaciones. Decir. Sin anónimo. Sin seudónimo. Sin la firma del marido. Sin la tutela de nadie. Sin la opinión de miles de personas a quienes nadie les preguntó nada. A veces todo se vuelve aburrido. Yo quiero que ser mujer sea ser caos. Azul. Bien azul. Incrustado en el azul. Y nada más. 

30 de julio de 2023

Jamás se olvida a una persona con la que se ha dormido

Los amigos son como la literatura: no puedo vivir sin ellos. Puedo vivir perfectamente sin una pareja, le dije a Emma. Pero no puedo dar un paso sin la risa de mis compañeros de ruta. Pertenezco a mis amigos. Existo sólo para ellos. Mis historias les pertenecen. Porque lo que sale de uno ya no vuelve. Entregamos un pedazo de nosotros a los demás y luego esos fragmentos siguen su camino. Lisa, la amistad es revolucionaria, me dijo Emma. Es romper lo que se espera de nosotros. Unirse. Amar. Hablando de amor, ya no me has hablado más de Loup, ¿no lo has vuelto a ver? Emma, se me perdió, le contesté. Lisa, me dijo, todos se te pierden. Jean en el psiquiátrico, ahora no sabes dónde dejaste a Loup. Emma, tal vez me gusta justamente por eso, porque no puedo tenerlo ahora. Porque se me perdió. Porque era susceptible de perderse. Eso es lo que más me atrae: el caos. Cuando todo fluye se acaba la gracia. Cuando todo se vuelve posible no hay tensión. La creatividad bosteza. A todo esto, Emma, van a ser dos años que Jean perdió la cabeza y nos separamos. No tengo pareja. Soy feliz así. No necesito una pareja, a diferencia de Jean, que se encontró una en el psiquiátrico. Ella le debe decir que sí a todo, me dijo Emma. Quizá lo sigue en todos sus desvaríos. Es que no sabe lo que se le viene, le dije. Tal vez está alienada también. No comprende realmente el presente. Cree que este puede durar y no identifica el peligro. ¿Sabes lo que me dijo Jean, Emma? Que estaba con alguien porque tenía necesidades. Lisa, ¿en serio?, además de perder la cabeza se volvió poco elegante y utilitario. Bueno, hace un tiempo que estaba centrado absolutamente en él mismo y en nadie más, según lo que me habías comentado. Cuando te decía, o todo es como yo quiero o se acaba, o cuando te dijo que no fueras más a la casa, todo eso me parece bastante violento. Efectivamente estaba centrado completamente en él mismo, agregó Emma pensativa. Yo estoy perfectamente bien sola, le dije. No destino tiempo a cosas tal vez inconducentes. Lo mejor, es la sustancia de la libertad. El tiempo compuesto de cosas que no van a morir. ¿Sabes qué, Emma? Tal vez nunca había sido tan feliz como ahora. ¿Cuál sería tu hombre ideal?, le pregunté. Uno que sepa cocinar y planchar, me contestó. ¿Y el tuyo? Mi hombre ideal ahora es Clarice Lispector. Con los libros es igual que con los amantes: te enamoras. Tal vez si encuentro a Loup pueda dedicarle un poco de tiempo. Clarice no es tan celosa. Tal vez ella entienda que tengo necesidades literarias, no como las de Jean. ¿Volverías con Jean?, me preguntó Emma. Por ningún motivo, le respondí. El Jean del que yo estaba enamorada tal vez desapareció para siempre. Al menos el de ahora no se parece en nada. Ya no estoy enamorada de él, le dije a Emma. El tiempo es fantástico. Y creo que ya no tengo tanto miedo de estar en pareja ahora. Quizá pueda estar con Clarice y con Loup. Si lo encuentro. 
 

Lo que escribo es una niebla húmeda

Van a ser diez años que vivo en Europa, le dije a Emma. Es bastante tiempo, yo hace seis, me contestó. Lisa, pero hace cuánto tiempo que vives en Francia. Hace nueve, le respondí. Viví un año en Barcelona. Qué tal hasta ahora, me preguntó. Me convertí en libro, le dije. A eso vine. Vine buscando las historias que quería tatuar en mi piel. Vine para crear personajes. Para olvidarme del silencio. Para que doliera menos. Vine para estar constantemente en movimiento. Para que la complejidad del desarraigo me explotara la cabeza. Para entender mejor la vida. Para mirarla desde lejos. Para compararla. Para conocer la soledad. Para vencerla. Para que mi existencia se volviera una desorientación constante. La existencia literaria es exigente. Hay que hacer concesiones. A medias no funciona. Igual que el amor. No, es peor. Tú pasas totalmente a segundo plano. No importas para nada. Tienes que entregarte. Tienes que disolverte en el paisaje. Olvidarte de tu dignidad. Olvidarte de que eres alguien. Pulverizar todas esas imágenes que podrías exhibir. Dejarlas totalmente atrás. Tienes que diseccionar cada centímetro de tu personalidad y mostrar todo lo que no anda. Tus miedos más profundos, tus dudas más encarnizadas, tus esperanzas más feroces, tus sueños más salvajes, lo más hondo que te habita, eso que nunca pensaste que ibas a revelar. Tu identidad descuartizada y casi sin poder respirar. Tus movimientos ensangrentados. Lo que te destornilla de la risa y lo que te mata. Tienes que olvidar completamente tu consideración social. De todas maneras, cuando pareces amenazante, lo que sea que digas te van a criticar. Construyen castillos de aire con la información que sea. La gente está tal vez aburrida. O no quieren perder lo que se les ha dado, sin contraprestación ninguna en muchos casos. Es mejor adelantarse y decir: lo he perdido todo, no puedo perder nada más. Mi vida no importa: sólo soy un personaje. No busquen más. No tengo nada que ocultar. Todo ha sido entregado y todo será dicho. La honestidad es lo único que importa para escribir. La noción de la complejidad de lo que significa existir. Cada día es una lucha. Un mirar a la existencia de frente y decirle: no tengo miedo. No tengo miedo. Ven si quieres. Te estaba esperando. Aquí, frente al río, en este atardecer apacible, te estaba esperando. Aquí, luego de diez años, creo que logré lo que buscaba: domar los demonios. Volverme literatura. Para siempre. 

Hermanos

Mi hermano Francisco cumple 40 años la próxima semana. Es un soplo la vida. En el caso de Francisco no. Ha costado llegar hasta acá. Hubo momentos duros en que pensamos que lo perdíamos debido a su temeridad. ¡40 años, hermano! Una vez al mes almuerzo con mis hermanos por la cámara. Almuerzos que aparecen en nuestro calendario como “Jolgorio Riders of Rohan”. Más bien para ellos es la hora de almuerzo y para mí la hora de comida. Francisco es como un Pepito Grillo, esa persona que siempre está recordándote lo importante. Que tiene un consejo para esos momentos de dudas. Una broma para alivianar lo más pesado. Francisco ha sido para mí en la existencia una fuente constante de diversión. Comparto con mis hermanos un sentido del humor explosivo. Una historia juntos que contiene una base de datos con una lista interminable de frases y situaciones que recordamos cuando viene al caso, y volvemos a reírnos como si fuese la primera vez. Una vida de aventuras juntos. He tenido suerte con los hermanos que me tocaron. Creo que la palabra hermandad podría definirse con el amor que compartimos. Trajo al mundo dos pequeñas personas que se le parecen, y que hacen que mi vida sea mucho más feliz. Agustina y Margarita, lo más bello y divertido que ha pisado este planeta. Yo me fui y tú te quedaste, hermano, estoy tan agradecida de la pasión con que te preocupas de nuestros padres, cada día pienso en ello. Lo feliz que los haces. El tiempo que les dedicas. Estoy tranquila porque sé que estás ahí para ellos. Porque tus hijas son alegría constante para ellos. Trabajas duro por que todo salga adelante, por que funcionen los proyectos. Siempre has sido brillante y creo que nunca dejaré de sorprenderme. Siempre has sido libre y auténtico. Te admiro mucho. Has construido con amor una existencia que se parece a lo que eres: una estrella que guía. Felipe y yo siempre te hemos admirado mucho. A veces tal vez nos sentimos como que eres tú el hermano mayor, tal vez porque Felipe y yo vivimos más en la luna. Siempre fuiste libre. Eres claro, eres sabio, y los años te han dado una calma que agradezco. Tu chispa sigue brillando igual que siempre. A veces lamento que nos veamos menos que antes por la distancia. Pero siempre estamos conectados. Agradezco siempre tu generosidad. Hacia la familia. Todo tu trabajo. Tu ilusión. Tu alegría. Tu fuerza. Siempre fuiste un torbellino. 40 años y ese torbellino de energía sigue marcando la vida de tanta gente. He sido feliz a tu lado, hermano. Cada vez que te veo, lo soy. No cambies. Gracias por la felicidad que nos traes. Riders of Rohan para siempre. Que sean muchos más. Te queremos con devoción. Compañero de toda una vida, hermano de mi alma, muy feliz cumpleaños.

27 de julio de 2023

Lisa

Novela
Lisa




El murmullo, sería mi identidad tocando la identidad de las cosas

De acuerdo. Qué fue lo que pasó. Sucedió exactamente así. Ese día que salimos a caminar con Loup, no llegamos a destino. El destino era el bar en el barco. Para eso íbamos caminando por el paseo que va por el lado del río, donde uno está muy cerca del agua. Con una muralla de piedra a la izquierda, o a la derecha, dependiendo de cuál sea la dirección en que uno va caminando. El sentido. Dependiendo de cuál es nuestro sentido entonces la muralla está a un lado o al otro. Tal vez no hay sentido, entonces puede estar atrás. O adelante. Por ejemplo si uno está mirando el agua, la pared puede estar atrás, no hay sentido, pero la muralla está detrás, olvidada tal vez ya. Sin sentido, pero sin muralla, lo que puede ser de lo más positivo. O sin sentido, y la muralla delante. No es tan positivo. Pero se puede enmendar rumbo. O tal vez esperar. Algo. En general lo de esperar así no más porque sí no lleva a mucho. Es como Agnès Varda dice en Lions Love, quieren hacer arte sin trabajar ni esfuerzo. Bueno, aquí íbamos poniéndole una gran cantidad de esfuerzo por llegar. Pero no. Qué pasó. En eso venía en sentido contrario a nosotros el barman, se acuerdan de él ¿no? Venía con su perro con una correa. Nos detuvimos. Él también. Frente a frente. Qué tal. Qué bonito tu perro. Lo típico. De pronto, el perro, no sé qué le dio, quizá vio un pez saltar, pero se suelta de la mano del barman, y se lanza al agua, con un salto gigante. Con tan mala suerte, que algo sucede con la correa, y el perro queda ahí en el agua que no puede avanzar, como si se le hubiese enredado la pata y se pone a aullar, y parecía como que se empezaba a ahogar. Como un tirabuzón sin pensarlo, el barman se tira al agua para salvarlo, pero lo insólito, es que se queda igual porque al intentar llegar al perro, empieza a dar manotazos en el agua, y nos damos cuenta que no sabía nadar, o algo le pasaba. Resultado, Loup se tira al agua, pero para mi sorpresa, se dirige hacia el perro, y el barman queda al descampado. No me queda más remedio que tirarme al agua, y nadar hacia el barman, para intentar traerlo hacia la orilla. Lo alcanzo y me hunde de un manotazo. En su desesperación su cabeza bloqueada, lo empujo y le grito, lo agarro lo mejor que puedo, como si hubiese sido salvavidas en algún momento de mi vida, lo que no he sido, pero no sé cómo llegamos al borde y se agarra respirando trabajosamente y los ojos desorbitados. Loup está afuera con el perro, un poco más allá, desenredándole la correa de la pata. El barman sale del agua enfurecido, y se dirige hacia Loup, yo observo de lejos, sentada en el borde, todavía recuperando la respiración. El barman agarra a Loup, con tan mala suerte, que al intentar soltarse Loup lo toma de los brazos y vuelven a caer al agua. A continuación, una pelea en el agua, la que no entiendo por qué el barman quería librar si se estaba ahogando, pero a veces no hay explicación para estas cosas. Loup se da cuenta de la situación, y procede a sacárselo de encima como mejor puede, y nada hasta la orilla. El barman de nuevo ahogándose. Qué le pasa a este hombre. Surge mi espíritu de salvavidas, y de vuelta al agua. Todo de nuevo, como repitiendo una escena en la grabación de una película, un déjà vu pero aburrido, de nuevo llegar al borde, y ahora sí, el barman está fuera de sí, sale, apenas pudiendo respirar, y se pone a correr hacia Loup, que a su vez comienza a correr, esta es como una escena de esas típicas de persecución, pero esta es como media idiota, onda parece Benny Hill, dos personas corriendo una detrás de otra como en cámara rápida, esquivando obstáculos, personas, bicicletas, dejando un reguero de agua, de las zapatillas y la ropa mojada. Lo ridículo, es que los pierdo de vista, desaparecen en el horizonte. Miro al perro, que se había quedado jugando con otro perro mientras ocurría la persecución cuyo final desconocemos. Bueno, le digo, no sé tu nombre, pero te propongo que salgamos de aquí. Partimos. El perro y yo, junto con el libro de Clarice Lispector que tenía en el bolso. Nos sentamos los tres en el bar. A Loup no lo he vuelto a ver. Tal vez deba dar aviso a la policía. Pero tengo la sensación que va a aparecer. Por mientras, escribo. 

El único gesto capaz de reunir mi cuerpo con mi alma

Los hechos han terminado por ser un problema. Entiendo a Clarice Lispector. Es esto: la existencia de una mujer es forma. La existencia de la mujer escritora: quiere ser núcleo. De ahí el caos, que es la ausencia de forma. Bolaño se ubicaba a la intemperie: fuera del poder. Lispector se ubica en el caos: fuera de la forma. Iba a anotar los sucesos pero luego me puse a leer La pasión según G.H. de Lispector. Tal vez relatándolos pueda luego dejarlos atrás. Tal vez pueda luego independizarme de ellos. Como Clarice. Me senté con un lápiz y un papel. Sonó el teléfono, al otro lado del auricular la voz de Maïa: murió Sinéad O'Connor. Silencio. Nada se compara contigo. Lisa, y pensar que fue una precursora, me dijo Maïa, una precursora silenciada. ¿En qué andas?, me preguntó. Escribiendo, le dije. Sobre los hechos. O sobre la no-forma. Sobre la renuncia a los hechos. Sobre la fidelidad al caos. Lisa, pero puede haber unos hechos y una no-forma, me dijo Maïa, tal vez eso sea el caos más auténtico. Tal vez los hechos pueden nutrir la no-forma. Tal vez tienes que ir entre ellos como en un baile, agregó. Maïa siempre metía el baile en todo, todas sus metáforas tenían que ver con eso, usaba figuras, pasos, ritmos. No había manera de sacarla de ahí. Sus palabras bailaban al salir de su boca, llegaban bailando a los oídos. Sus orejas puntiagudas de elfa estaban entrenadas para transformar la sonoridad de las palabras en coreografías difusas. Una coreografía sin forma. Tal vez sólo era posible sentirla, no imitarla. No podía seguirse. Una coreografía borrosa sin límites claros. Una coreografía donde todo es posible porque es invisible. Invisible para el ojo humano. Una coreografía que se adivina. O que intenta imponerse pero que se desvanece y sólo queda la reminiscencia de un baile. Sus poemas eran así, tal vez los escribía bailando. Tal vez los escribía en su cabeza, y se transmitían por telepatía. Como una llamada a algo que flota. Que te lleva. Como la voz de Sinéad O'Connor que lleva en ella el sello de la fuerza. La fuerza que fue imperceptible para el ojo humano por mucho tiempo. Ahora que terminaron las coreografías visibles de quienes la silenciaron podemos escucharla, ya sin su cuerpo, pero sabiendo que aquellas coreografías ya no nos representan. Somos la no-forma. Somos las palabras que se incrustaron en la justicia. Cantamos: Nada se compara contigo. Decimos con Sinéad: combate al verdadero enemigo. Nos independizamos de las coreografías visibles y la forma. Maïa, la forma del caos es lo que a mí me interesa. Lisa, tal vez sea como un baile. Nada se compara. Todo se emancipa. Tarde o temprano. Llega. 

25 de julio de 2023

Tengo miedo de esa desorganización profunda

Todavía un poco de paciencia, ¿de acuerdo? Me refiero a los hechos. Había algo más. Algo más. Algo que no eran los hechos. En realidad no tenía nada que ver con ellos. Tal vez los hechos finalmente no terminen importando. Algo más. El verano estaba relativamente tranquilo. Porque aclaremos, tranquilo del todo es imposible. Nunca un verano es totalmente tranquilo. En fin, estábamos en una tranquilidad relativa, a pesar de los incidentes, y Maïa me dijo, Lisa, esa foto que me mandaste que aparece atrás tu biblioteca me recordó a una foto de Clarice Lispector. Maïa es mi amiga bailarina que le escribe poemas a la música y a la noche. Luego de recorrer la ciudad entera nos despedimos. Cuando llegué a mi casa, mirando la biblioteca, tomé un libro de Clarice Lispector que no había leído, recordando la conversación con Maïa. Comencé a leerlo y se desató la catarsis. Estaba entonces la tranquilidad, pero había algo más: Clarice Lispector. Supe que no habría tiempo para intermedios: tenía que leer todos los libros de Clarice Lispector. Avanzaba y avanzaba las páginas y me sumí en una especie de éxtasis. Un éxtasis estético. El momento anual de la epifanía. Cada año ha sucedido con alguna autora o autor. Entonces sentí, como Clarice, la tentación de inventar una forma. Como Clarice, cruzar el umbral de esa cosa sin forma que es un paraíso. Como Clarice, en la desmesura de la verdad. Como Clarice, crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de acceder a la realidad. Como Clarice, un mundo totalmente vivo tiene la fuerza de un infierno. Como Clarice, correr el riesgo de ser triturada por el azar. Como Clarice, una forma circunscribe el caos, una forma da estructura a la sustancia amorfa. Cómo seguir viviendo en un verano pensando en alguna otra cosa. El refrigerador dejó de funcionar, la cocina inundada: pero no podía dejar de pensar en otra cosa. No me importa que hayas dejado de funcionar, le dije. Seguiré de manera autónoma. Tengo a Clarice Lispector. Comeré sus páginas. Masticaré sus palabras. Me alimentaré de sus frases. De acuerdo, no enfríes nada, derrite tu hielo, tengo mejores cosas que hacer que preocuparme porque decidiste dejar de hacer lo que haces tan bien. Tampoco era tan genial el hielo ni la comida que no se echa a perder. Yo quiero la comida que hace el esfuerzo, que quiere llegar, que va a dar lo más de sí, que me va a seguir en los días que van llegando, que va a decirme, no importa que no nos pongas atención de inmediato, te esperamos. Aquí estaremos. Ese es el alimento que yo quiero. Y la atmósfera de Clarice Lispector. Esas frases que están calientes de tanta intensidad metafísica. Recién ahora me entero que mi vida era un libro de Clarice Lispector. Había algo más. Algo más. Siempre hay algo más. 

23 de julio de 2023

They say I'm so shy, but with you I just go wild

Hagamos algo. Dejemos los hechos en el tintero. Igual pueden esperar. A veces no es el momento. Porque hay otras cosas. Vi ayer a mi amiga Emma. Fuimos a la piscina. La vida podría ser sólo escuchar Prince, le dije. E ir a la piscina, dijo ella. La verdad, dijo a la pileta, ella se refiere así a la piscina, lo que a mí me causa mucha gracia. Me imagino que estamos dentro de una fuente de agua con esculturas. A Emma, igual que a mí, le gusta mucho el agua. Al agua le dice agua. Es lo mismo, en definitiva. Pasamos horas dentro del agua conversando. Pero eso no fue todo. Emma es una fuente inagotable de aventuras. Vive en el mundo paralelo, igual que yo. El humor negro es su país. Ahí construyó su casa de madera. Con plantas. Emma ve la realidad distorsionada, igual que yo. La realidad aburrida la tiene sin cuidado. Ella quiere que todo brille. Que las personas hagan el menor ruido posible. Que se vayan a la mierda los que entorpecen el brillo de la realidad. O simplemente todos. Lo que a mí me causa mucha gracia, igual que la palabra pileta para referirse a la piscina. En la tarde fuimos a ver la película de Barbie, esa muñeca de plástico vestida de rosado que ahora tiene su propia película. Cuando terminó, muchas personas se levantaron antes de que terminaran los créditos. Esto molestó a Emma, y cuando un grupo de adolescentes vestidas de rosado iban pasando por el lado de nuestros asientos una preguntó si había post-créditos. Emma escuchó y dijo, sí, para que no se fueran, las adolescentes le dijeron, ¿en serio? Bien, nos quedamos. Emma, me dijo, sí, yo leí que sí. Seguimos observando la pantalla y el desfile eterno de nombres, y luego nada. Las adolescentes, que habían esperado hasta el final de la procesión interminable la miraron con cara de odio. Yo disimulé una carcajada. De verdad pensé que habían, me dice Emma. Las adolescentes en rosado partieron mirando hacia atrás a Emma cada cierto tanto. Pero lo mejor viene ahora, cuando salimos de la sala, partimos por un desfile inagotable de pasillos, Emma dijo, llegó la hora de perderse. Siempre nos perdemos en un momento. Ha pasado a ser un ritual. Por supuesto no es a propósito, pero algo sucede, que se abre una nueva dimensión siempre y ahí quedamos, en la mitad de la nada. Esta vez, íbamos comentando la película y sus momentos más hilarantes, hablando fuerte, y abriendo puertas para lograr salir del laberinto, y en esa, en vez de un nuevo pasillo, caímos en cuenta que estábamos frente a la pantalla de una sala, la cara de Harrison Ford muy grande, miramos hacia el otro lado, la sala llena. Saludos al público. Aprovechando el momento comenzamos una coreografía. Nunca se sabe cuándo habrá una segunda oportunidad como esa. Entonces estábamos nosotras, unas pequeñas figuritas en negro, y la cara de Harrison Ford bien grande detrás. Gigante, de hecho, y nosotras unas pequeñas miniaturas, pero decididas a triunfar. Continuamos la coreografía por las escaleras, cada una por un lado, saludando al público. Dimos la vuelta, cada una volvió por la escalera de la otra, y luego adelante, Harrison Ford aún ahí diciendo algo subtitulado abajo, hicimos una reverencia, para dar por finalizado el espectáculo. Aplausos. Un aplauso cerrado y unánime. La película ya no les importaba, querían ver más. Pero no teníamos tiempo. Nos despedimos. Logramos dar luego con la salida. Al llegar a la calle, era otro lugar que aquel por el que habíamos entrado. Esto parece el mundo de Barbie, me dice Emma. Cierto, le digo. ¿Dónde estamos? Los árboles estaban iluminados de un lila que se parecía al rosado de la película. Cuál Barbie serías, me preguntó Emma. La depresiva, le dije, o la de la crisis existencial, le dije, y tú. La de los pensamientos irreprimibles de muerte Barbie. Qué fantástica esa, le comenté. ¿Jugabas con esas muñecas? le pregunté. Sí, me dijo Emma, pero hacía marionetas con ellas, tenía un par. Actuaban en un teatro. No tenía ningún Ken. Las mujeres hacían todos los papeles, como en la película. La verdad, dijo Emma, que nunca entendí cómo se jugaba a las barbies. Las marionetas tenían más sentido. Sobre todo fuera del escenario. Tras bambalinas. Creando las estrategias. Las coreografías infinitas. ¿No te cansa a veces esta hilera sempiterna de pasillos interrumpida esporádicamente por coreografías? Sí, le dije, claro. Yo también tenía esas muñecas, comenté. Las mías hablaban más que hacer coreografías, intentaban resolver los enigmas. Tenían miedo de esa desorganización profunda, como escribió Clarice Lispector. Hablaban y hablaban, mientras imitaban la vida. Por horas de horas, días, años. A veces se ahogaban en la piscina, o en la pileta, pero siempre sobrevivían. Como si fueran muñecas inanimadas sin necesidad de respirar. Se ahogaban y nada. Salían del agua. Rara vez las vestía de rosado. Me alteraba la organización primitiva. Una vez se rebelaron y las perdí de vista. No querían resolver más enigmas. Tal vez estaban cansadas, como las tuyas, de las coreografías infinitas. Cansadas de los aplausos. De los créditos interminables que luego no exhiben las imágenes prometidas. Quizá haya más salidas al laberinto, decían. Quizá haya algo más. Algo más.       

21 de julio de 2023

I want to be your lover

Pronto los hechos, lo prometo, pero ahora tengo que escribirle a Loup, que partió, confundido, y no hemos vuelto a hablar. Encendí el tocadiscos, puse un vinilo de Prince. Comencé a moverme al ritmo de la música, pero tuve que detenerme, evocar el cuerpo de Loup comenzó a devastarme. Quiero ser tu amante, canta Prince, quiero encenderte, apagarte, toda la noche, hacerte gritar, y necesito tu amor, eso es todo por lo que estoy viviendo, no quería presionarte, cariño, pero es todo lo que siempre quise hacer. Dejé la música continuar, a pesar de que su intensidad estaba perforándome. Tomé un lápiz y un papel. Quiero pertenecerte, Loup, no me importan las distancias, los obstáculos, el viento, las corrientes subterráneas, las mareas desbocadas, la lava ardiente, la playa interminable, las nubes tornasoladas, la gloria indeterminada, las batallas fallidas, los esfuerzos fútiles, las frases crípticas, los pasajes difíciles, los significados escondidos, la música dual, los acordes densos, las melodías incomprensibles, los sueños indescifrables, los traumas tozudos, el mundo oscuro, el verde de los bosques impenetrables, el cielo que se cae, los desiertos infinitos a atravesar, las flores cuya apertura titubea, los cuadernos vacíos, las hojas en blanco, los reflejos en el agua, los colores imprecisos, la alegría inconstante, el oasis aleatorio, las figuras perplejas. Doblé la hoja y la dejé a un lado. Tal vez la envíe, pensé. Por qué tengo miedo. Qué estoy esperando. Qué diablos es lo que estoy esperando. Prince de mierda. Ese ritmo. Esa voz. Tal vez sólo anote lo siguiente: quiero encenderte, apagarte, toda la noche, hacerte gritar.

20 de julio de 2023

La obstinación ridícula

Bien, dicho esto, vamos a los hechos, y cada uno podrá evaluar. Porque la clasificación de un acontecimiento es totalmente personal, bueno, hay límites claro. Pero los hechos están ahí tranquilos, y uno tirándole encima juicios, y tal vez ellos no quieren saber sobre eso. Tal vez quieren ser hechos sin más. Apacibles, en la pendiente que desciende, o en la subida, o en ambas, no al mismo tiempo, pero una después de la otra. Quizá alguien dirá parece tal y tal, una comedia, o una tragedia, por ejemplo, pero nosotros no teníamos esa necesidad. Observamos bien, y no habíamos preguntado eso, ¿te parece una comedia lo que pasó? ¿te parece una tragedia? Miramos hacia los lados con mucha atención, repasamos la conversación, ¿en qué momento le pregunté? ¿En qué momento se le preguntó? Pero a veces las cosas no pueden ser autónomas por ellas mismas, tenemos que ayudarlas a seguir, a avanzar, decirles, eres así y asá, y las cosas comienzan a convencerse, cierto, parezco comedia, o tragedia, o algo en la mitad, no sé bien qué soy. Decimos, hice esto sin más. Luego alguien, pero eso es una comedia, no puede ser, o es una tragedia, cómo te atreves. Pensé que podía hablar de eso. No. Te equivocaste. Pensé que podía hacerlo. No. No estás entendiendo nada. Está perdida ella. No sabe lo que quiere. Si te lo dije. ¿Ah, cómo? ¿Dijiste algo? No te escuché, me distraje. ¿Puedes repetir? Ok. Última vez, me volví a distraer, dime. Pero eso es lo mismo que dije yo, ya di esa idea, afirman. No es la misma. No se te puede haber ocurrido a ti, sugieren con firmeza. Esto es una tragedia. O una comedia.  

Un tel acharnement pour fabriquer de faux semblants

La vida puede ser sólo leer Simone de Beauvoir, le dije. Qué eres exagerada, Lisa, me dijo Loup. Sí, yo sé, respondí, es una de mis características preferidas. Mira este pasaje, tanto encarnizamiento para fabricar parecidos falsos, dice ella, de faux semblants, y pregunta, ¿le parece una ridícula obstinación? Me parece, dijo Loup, que la ficción es lo que más se acerca a la verdad, más bien las imágenes que creamos y son a veces falsas se desenvuelven en nuestra existencia concreta. Vamos a caminar, le dije, y así descubrimos las imágenes falsas. De acuerdo, me dijo Loup, podríamos tomar una cerveza en el bar que está en el barco. Salimos. Sucedió algo divertido. Tal vez no tan divertido. Quizá en el límite entre la tragedia y la comedia. Ese lugar donde sucede la vida, donde el humor negro está a sus anchas. Ese lugar intermedio e incierto donde vive el desconcierto. O tal vez estamos en ese lugar, sin saberlo, y creemos que estamos en la comedia, y en realidad eso en lo que estamos tiene tanto de tragedia, tal vez la mitad es tragedia, y lo vemos como comedia porque nos encanta la comedia, estiramos la situación para que alcance la comedia. La convencemos, sí, parece comedia, aunque en realidad, mirando bien, sabemos que no, pero por qué no podría serlo, sí, demás, yo quiero que lo sea, si lo miro bien, ahí está, la comedia agazapada, apretándonos el cuello, o lista para saltarnos al cuello, o en la mitad entre apretándonos el pescuezo y lista para saltarnos encima, pero miramos para el otro lado, pero cuál es el problema con la tragedia, esa que nos dice, no, no es como crees. Pero para qué verlo ahora, para qué, mejor seguir entre risas porque el llanto llega tarde o temprano, y en realidad, cuando llega el llanto también podemos reír, porque para eso aprendimos desde muy temprano el sentido del humor, que da un cariz totalmente nuevo y distinto a los acontecimientos, y tal vez la vida sea decidir: ¿vas a reír o vas a llorar? Tal vez salir a caminar sea una experiencia inofensiva, en apariencia. 

19 de julio de 2023

Caos III

Nuevo libro
Caos III





Caminar

Ese leve perfume de riesgo y de misterio. Este libro fue escrito entre finales de junio y mediados de julio de 2023 en Lyon, Francia. Es tal vez el tránsito a la ficción. Llega ese día. Esa necesidad. Es desafiante, pero tiene un lado libre que me gusta, y un lado humorístico que me divierte. En este libro conviven las dos cosas, de ahí la transformación, que quizá sea imperceptible para el lector. Quizá estas sutilezas no interesen a nadie más que a quien redacta estas líneas. He incluido en este libro algunos de los primeros capítulos de la novela Lisa. Los textos se encuentran en el orden en el que fueron escritos. Ir de un lado a otro y quedarse en la ficción. Caminar es una de mis ocupaciones favoritas. Escribir se parece a caminar. Avanzar en las ideas, ir cambiando de escenarios, saltar de una cosa a otra, con un hilo conductor que reúne todo al final del viaje. Retomo por estos días la literatura de Simone de Beauvoir, qué gozo sin final. Caminar es también ir junto a quienes nos acompañan de manera permanente. Dejando atrás también a quienes ya no queremos al lado. La ficción todo lo puede y esa es su fuerza. La ficción es tan real. Un viaje al centro de la realidad.

Caos III

La nuance exacte d’objets inexistants

Escucha, Loup, le dije, preparándome para leerle un pasaje de La invitada de Beauvoir que tenía entre las manos: En realidad, para un corazón puro y no prevenido debe ser absurda esa seriedad con que buscamos el matiz exacto de cosas inexistentes. Como tú, Lisa, dijo Loup. Pero yo sí existo, le advertí. Depende, respondió. Escucha la continuación: En este momento, el mundo está en ebullición, y yo me pongo a averiguar cómo se logra el color del amanecer. ¿Qué quieres hacer?, dice ella, era él quien la había convencido de que sobre la tierra no había nada mejor que hacer que crear cosas bellas. Detuve la lectura, para preguntarle, ¿depende de qué? Del momento, dijo Loup. Más bien existes de distintas maneras, Lisa. Me quedé en silencio, esperando que continuara. En las mañanas eres para mí como el color del amanecer, justamente, dijo Loup, un día que se abre y sugiere un tinte que el cielo va a ir adquiriendo a medida que pasan los minutos, eres una nube perdida que descubro, que es como un muelle donde puedo dejar mi barco, descansar entre tus brazos. Luego pasan las horas y la brisa me insinúa una cercanía de tu alma a la mía, la nube se disipa y queda la esencia que empieza a asomarse tímidamente entre las hojas de los árboles, comienza a aparecer ante mí tu fuerza, tu voluntad tozuda de darle forma a las cosas, a las cosas inexistentes, a ese mundo paralelo y tan tuyo que me divierte en exceso. A mediodía tu cabeza aterriza y todo se ordena, descubro una Lisa distinta, obsesiva y con la sensación de que el mundo le pertenece. En la tarde fluyes y le quitas dramatismo a las cosas, logras ponerlas en palabras, te entregas al tren, adonde quiera llevarte, te pierdo en el horizonte para verte regresar al atardecer, esos son los momentos que más gozo, mi Lisa favorita es la del crepúsculo, sonríes, ya nada te importa mucho, estás optimista, disfrutas, me quieres, eres tierna, me haces reír, dejas de hablar tan seriamente. La noche es fascinante, se despliegan nuevos canales de comunicación, es una Lisa diferente, que me excita, me sorprende, me invita a vivir, a viajar, soy yo el que se pierde, me vuelvo luces de colores, presente. En cada Lisa busco los matices exactos de las Lisas inexistentes, completan el cuadro y me recuerdan que todo está en movimiento, y que mientras eres una, eres también las demás, puedo separarlas y volver a unirlas. Pero al final, no puedo dejar a ninguna de lado, somos nuestras luces y nuestra oscuridad, ¿no? No podemos separarlos. Me gusta estar contigo, Lisa. Eres un matiz exacto.    

18 de julio de 2023

En dehors de mes rapports avec toi, tout est frivolité et gaspillage

He amado mucho ya, tal vez sea suficiente. Pero nunca es suficiente dijiste, Lisa, como la canción de Depeche Mode. Es cierto, Loup. ¿Qué estás leyendo?, me preguntó, intentando adivinar mirando más de cerca las páginas. La invitada, de Beauvoir, le dije mirándolo hacia arriba. Se sentó en la silla de lectura frente al sillón donde estaba yo, con un libro en la mano. Tú qué lees, le pregunté. Bolaño, respondió. Así veo, le contesté, me encanta ese libro. Mira, dice aquí, le dije leyendo el libro que tenía entre las manos, es que tú no le das tanta importancia a la vida en sí misma, tu trabajo es lo que cuenta, y luego dice, es verdad, en mí, aparte de mis relaciones contigo, todo es frivolidad y despilfarro. Es como lo que me pasa a mí contigo, le dije mirándolo a los ojos. Se quedó en silencio, y luego preguntó, Lisa, ese día, por qué no te bajaste del tren. No sé, respondí pensativa, es que ya no quiero bajarme del tren. Quiero vivir en el tren. En la nave espacial. Quiero inventar historias y nada más. Escuchar música e inventar historias. Historias significativas e historias estúpidas. Quiero caminar e inventar historias. Caminar por el tren y crear todos los desenlaces. Crear todos los comienzos. Trabajar como un relojero en las historias. Como un joyero en los relatos. Olvidar que hay una vida. Reemplazarla por la ficción. Olvidar la realidad, transformarla en ficción, que sea absolutamente imposible saber qué es real y qué no. Tal vez lo único real es la ficción. Esa capacidad de construir con lo leído en libros, con la experiencia en la piel, en las entrañas cansadas, los pulmones entrenados para respirar. Loup, tienes que entender, yo crucé océanos y cordilleras para decir. Para transformarme en una pluma y una hoja de papel y desaparecer. Para volverme línea, y hacer de cada una de esas frases una existencia. Tengo 40 años y sólo quiero estar en el tren. No me interesa nada más. Es una existencia simple si las miras bien. Y muy desafiante a la vez. Cada día es un tesoro. Cada día son palabras. Que organizo con cariño. Con amor. Como el que tú me das. Puedo invitarte a subir al tren, si quieres. Pero no voy a bajarme. No puedo ahora. No quiero. Dejé la mitad de mi alma en proyectos que no llegaron a puerto. Estoy desconcertada. La realidad perdió interés para mí. Los proyectos que no son literarios me hacen reír, de cinismo tal vez, siento que las personas comienzan con ingenuidad y es como que no supieran cómo todo va a acabar, siendo que los ejemplos están todo alrededor, basta observar. El ser humano tiene una capacidad de resiliencia interesante pero estúpida, mucho esfuerzo a veces para nada, perdemos el tiempo miserablemente, creyendo que todo será recompensado y no, no es así, es de otra manera absolutamente, lo único real son las palabras. 

Ce léger parfum de risque et de mystère

El año del caos. La vida del caos. Se acaba el año europeo. Fuegos de artificio. Tomé el tren. Loup había quedado de esperarme a la llegada. Supuse que estaría ahí en unas horas cuando el tren llegara a puerto. Aterrizara en su órbita. Sucedió algo extraño. Me llamó, tomé el tren hacia allá, me dijo por el teléfono, se escuchaba el ruido de vagones al compás. Cómo, le digo, ya estoy en el tren, voy en camino, dónde estás, hay mucho ruido, no te escucho bien. Estoy entre dos vagones, me dijo, estoy en el tren. ¿En el tren? ¿Qué? Pero Loup, si quedamos que yo iba a ir. Lisa, lo siento, cambié de opinión, quería ir a verte, quería llegar antes de que partieras, pensé que partías más tarde, era una sorpresa. Qué, una sorpresa, habla más fuerte, sal de dónde estás. No puedo moverme ahora, sí te escucho, por qué partiste antes. No partí antes, te dije que partía hoy en la tarde. ¿Hoy? Pero Loup, qué te pasa, estás hablando como en drogas. No estoy en drogas, Lisa, por qué dices eso. No sé, porque estás diciendo cosas incoherentes, si acabas de decirme que pensaste que partía después, y ahora me preguntas si era hoy, como si fuera primera noticia, si lo hablamos. Sí, no es incoherente, no es eso, es que dije que no podía partir, pero quería, pero a pesar de que no sabía, de que era mejor que tú vinieras, luego no. ¿Luego no qué? Quería ir, Lisa, te dije que no sabía, pero sí quería. Bueno Loup, el resultado es que yo tomé el tren. Yo también quería tomarlo. De acuerdo, pero ahora nuestros trenes no se van a encontrar, o sea, en algún punto quizá, y vamos en sentidos opuestos, tal vez nunca volvamos a vernos. Pero Lisa, estás hablando como si estuvieras escribiendo una novela, podemos bajarnos del tren y encontrarnos, aterriza a la realidad. ¿Bajarnos? ¿Dónde? Pero Loup si el que está actuando como en una novela eres tú, por qué tomaste el tren en la dirección contraria, no tiene sentido, y ahora hay que bajarse para encontrarse. ¿Cuál es el problema, Lisa? Dónde está tu espíritu de aventura. ¿Me estás tomando el pelo? El que no tenía sentido de la aventura fuiste tú cuando dudaste de venir y me dijiste que fuera yo. ¿Por qué era una aventura ir? Dudas mucho, Loup, y cambias de opinión, de acuerdo, nos bajamos. ¿Estás segura? ¿De qué, Loup? ¿De bajarme? Lisa, por qué te estás riendo. Porque la situación es graciosa, ¿no te lo parece? Un poco, sí, pero no lo escribas en tu libro, ¿de acuerdo? Y no me digas que cambio de opinión ni que tengo dudas. Ni me hables de las fisuras. Ni de la luz. Ni de los psiquiátricos. ¿Por qué te estás riendo? Bueno, Loup, bajémonos. ¿Adónde?

16 de julio de 2023

La realidad sin fisuras

Lisa, cuándo me vas a contar de tu ex, preguntó Loup. Qué quieres saber, le respondí, está internado en un psiquiátrico. Por qué no me habías dicho, me interpeló, ahora entiendo más. ¿Entiendes qué?, le pregunté, fantástico porque yo no entiendo nada. Ahora entiendo por qué no quieres hablar de él, me dijo, me gustaría saber más. ¿Más?, exclamé, ¿no te basta saber eso? No entiendo por qué te agita el asunto, afirmó desafiándome. Mira, Loup, se le gatilló algo y ahora no puedo ni hablar con él, revelé, tiene acceso restringido a las visitas, y me considera un enemigo en su delirio, así es que tampoco quiere verme, dice que empleo la información en su contra, que estoy tramando algo, que no soy de capaz de identificar el peligro, que el nuevo orden del mundo que se instaló va a usarme contra él, ¿eso quieres saber?, ¿quieres más detalles?, agredió a unas personas, no quedó más remedio que medicarlo, es triste, es artista plástico, le tiró todas las pinturas a unas personas que lo llamaron paranoico, en una conversación de aperitivo, una casi pierde el ojo por la pintura, y a otra le pusieron puntos de sutura por el tajo en la cabeza con el bote de pintura, fue un ataque de furia, una escena de película, a veces no sé si estaba simplemente harto de todo o si se volvió completamente loco, o si algunas cosas de las que dice tienen algún sustento, el resultado, en cualquier caso, no es genial, tuvo problemas con la justicia y ahora está procesado, y además desconfiar hasta de mí, no puedo ayudarlo, el artista incomprendido llegó demasiado lejos. ¿Cómo se llama?, preguntó. Sí lo conoces, le dije, expone a veces en la galería que está cerca de tu casa, se llama Jean, cree en una realidad sin fisuras, cuando las cosas no calzan pierde la cabeza, está convencido de una gran maquinación que existe en su contra. ¿Por qué estabas con él?, me preguntó, no suena como un escenario pacífico. Opté por reírme. ¿Bueno, y tú por qué estabas con tu ex?, le pregunté. Es distinto, dijo. ¿Distinto?, pregunté con cara de interrogación, ella también estaba internada en un psiquiátrico. Por lo mismo, afirmó. Querías cuidarla, le dije, salvarla. Tal vez, dijo, pero no pude. Tampoco me has hablado de eso, le dije. Es difícil, afirmó. De acuerdo, le dije, me hablas de un sinfín de cosas, y muy pocas veces de tus sentimientos o de las razones de por qué haces las cosas o de aspectos relevantes de tu biografía, tal vez deberías hacer un esfuerzo, no me gustan las relaciones superficiales, me aburren enseguida, necesito entender, mostrarse sin máscaras, arriesgarse a exponer la propia vulnerabilidad. Pero Lisa, exclamó, si tú tampoco habías querido hablar de nada de lo que estamos hablando ahora, es lo mismo, aunque no lo ves. Puede ser, acepté, tienes razón, tal vez lo más interesante son las innumerables fisuras de la realidad, las que Jean no es capaz de aceptar. Rose vivía en las fisuras. ¿Quién es Rose?, le pregunté, ¿tu ex? Sí, afirmó, se hundió en las fisuras, no pudo salir de ahí. Sólo me dijiste que había estado internada, ¿por qué no me contaste?, lo exhorté. Lisa, de nuevo, contestó, ninguno de los dos ha contado nada, acabamos de convenir en eso. Cierto, contesté. Hablémoslo, agregué luego de un momento. Ya lo estamos hablando, ¿no?, respondió ladeando un poco la cabeza. Cierto, volví a contestar, imitando su gesto, mira, se está escondiendo el sol, como una gran fisura roja. El cielo parecía a punto de estallar, y tragarse todas las fisuras. Todas. ¿Y luego? ¿Nuevas fisuras? ¿Nuevos psiquiátricos? No, nuevos psiquiátricos, no. Nuevas inquisiciones, no. Sólo nuevas fisuras, simples y llanas, entregándole contenido a los contextos, luz. Tal vez Rose se había ahogado en la luz. Tal vez Loup era oscuridad. O no. Tal vez era una fisura, y por eso Rose se ahogó en ella. Tal vez se ahogó sola. De pronto sentí que no sabía absolutamente nada de él. Tuve curiosidad. Caía la noche. Quedaba por delante la vida, tal vez. O no. Al menos la noche. La Gran Fisura. 

Éxtasis

Quiero tanto verte que me duele. Unas semanas, me dije a mí misma, Lisa, son unas semanas. Inicialmente intenté extirpar todos los pensamientos que venían a mi mente. Luego opté por dejar que la energía fluyera por mi cuerpo. En eso estoy. Me concentro en los libros que estoy escribiendo. Su cuerpo tiene la capacidad de aparecer entre las líneas. Oculto detrás de las palabras. Me observa. Me preguntó, ¿en quién piensas cuando te masturbas? Me quedé observándolo. Me parece un tanto íntima tu pregunta, le respondí, te puedo decir quiénes me parecen atractivos, que no es lo mismo. ¿Quiénes? Me interrogaba con la mirada, pero parecía que la conversación le daba placer, me causó gracia. Jean Dujardin y Jorge Drexler, le dije, por ejemplo. De acuerdo, respondió, se quedó pensativo. Puedo seguir, le dije. No, no es necesario. ¿Tienes más preguntas?, lo interpelé. Sí, por supuesto, afirmó. Hace un tiempo, le comenté, alguien me dijo tu as une jolie chatte, significa, tienes una linda vagina. Nunca me había pasado. La verdad es que me dio risa. Tal vez no era para reírse, o sea, él lo decía en serio. Tal vez me intimidó ese cumplido tan íntimo e inusual. Más tarde me preguntó, je peux te lécher l'anus ? También me causó gracia, la manera de preguntar, el procedimiento, la pregunta misma. Loup me miraba serio. No quiero saber qué más te dijo, afirmó. Era un verdadero personaje, le expresé, no sabías si estar contenta con la sinceridad o echar a correr, no te preocupes no voy a decir nada más. El otro día, le revelé, invité a salir al barman del local y me dijo que no. Le pregunté después si le había molestado, continué, y me dijo que para nada, al contrario, que le había parecido un halago. Por qué me estás contando todo esto, me preguntó. No sé, respondí, tú comienzas a hacerme preguntas, yo estoy contando lo que tengo ganas de contar. Hace unos meses, seguí, tuve sexo sin condón con alguien, ¿qué estupidez, cierto? Luego exámenes y problemas. De verdad no entiendo por qué me estás contando estas cosas, me miraba con cara de agobio. Tú también me cuentas esas cosas y yo te escucho, le expresé. No siempre te las cuento, declaró, además tú me dijiste que te gusta escucharlas, que tienen algo de literario que te estimula. Yo tampoco te las cuento siempre, le contesté seria, pero tengo derecho a decirlas si viene al caso. ¿Cuál barman?, preguntó. El que tiene los tatuajes, le respondí. No sé cuál es, afirmó. Mejor, le dije, no te preocupes, no lo voy a volver a invitar a salir, ahora cuando lo veo me causa timidez. Muéstramelo para la próxima, me pidió, quiero saber quién es. ¿Para qué?, lo exhorté, ¿le quieres decir algo?, si la responsabilidad es mía. Quiero saber, señaló, me gusta saber quiénes te parecen atractivos. Tú, por ejemplo, le dije, tal vez sea suficiente. 

15 de julio de 2023

Amigos

Vivo tal vez para una sola cosa: reír con mis amigos. Entienden la avalancha. Doman los volcanes. El máximo éxtasis es el humor negro explosivo que perfora el presente. Mis amigos son personas hermosas, que no juzgan. Son personas buenas. Fuera y muy dentro de la realidad. La existencia literaria ama lo que recorre nuevos caminos. Las rutas ya trazadas me aburren. Mis amigos me entregan gozo sin final, fuera de estructuras. Me entregan amor y la transformación del instante en fiesta en el alma. Tengo amigos que son como tesoros. Que se alegran de la risa de los demás. De las batallas ganadas. Que saben transformar las perdidas en triunfos de la comunión posible con la vida. Mis amigos enfrentan la existencia con dulzura, con ritmo, con agudeza. No tienen doble cara, se exhiben sin artificios. Son honestos en relación a las tormentas interiores. A veces hay precipicio y a veces hay suavidad, nada queda oculto. Porque cuánto tiempo se nos entrega. ¿Para qué se nos entrega? ¿Para decir quién no somos? ¿Para imágenes pulidas que dejan un sabor insípido? Lo interesante es el encuentro directo con la experiencia. La estadía en la verdad y el miedo y la alegría. Yo tengo amigos que son como ríos que me llevan a todos lados. Que llegan al mar. Que imprimen en mi piel a veces herida una mirada que siembra la esperanza que me hace seguir. Escribo porque puedo reír con ellos. Porque me guían, me acompañan. Porque sin ellos ninguna frase tendría sentido. Escribo para ellos. Para compartir la avalancha y descifrarla. La literatura me entregó la capacidad de percibir la bondad de mis amigos, la valentía, la sinceridad. Camino con ellos porque es lo mejor que he aprendido: reír con los amigos es la verdadera poesía. Lo sublime y la posibilidad de salir de uno mismo para reconocerse en otro. La ocasión interminable de modificar las combinaciones de lo artificioso. Camino con ellos porque es lo que le da nobleza a la avalancha. La magia de salir de la realidad. La risa de mis amigos es mi alimento y mi objetivo. El refugio de la creatividad, que necesita caricias, que necesita sorpresas, que necesita esperanza. Optimismo que respira. Mis amigos son confianza y certeza.

13 de julio de 2023

Vértigo

¿Y todos los días este vértigo? La hoja en blanco, y la vida por delante. La historia por delante. El presidente anunciando por redes sociales como si nada que va a enviar misiles a Ucrania. La muerte que pisa los talones. El miedo a la muerte, como en la película White Noise de Baumbach. La sustancia que la calma. Tal vez escribir es como el Dylar, esa sustancia. Tal vez escribimos para olvidar un rato. Con los efectos secundarios que eso tiene: crear el caos. Buscar el caos. La intolerancia a la estabilidad y la adicción a la libertad. Tal vez escribir es una enfermedad. Una condición del cerebro que disecciona todo para describirlo, para fragmentarlo, para distorsionarlo, para entregar códigos, piezas, ideas, canciones, ritos, festivales, orgías, dudas, emociones, alegrías. La mayoría de la gente percibe el caos como algo amenazante, afirmó Bowie, a mí, en cambio, me parece maravilloso cuando se me hacen aparentes nuevas formas de expresión durante mis intentos de dar estructura al caos. Leo esta entrevista en este momento, por primera vez. Existir ha sido para mí encontrarme una y otra vez a través del tiempo con personas que vibran en mi misma frecuencia, y saber que la soledad es una entelequia, porque otros en su soledad supieron lo que era existir y ahí está el punto de comunión tan poderoso. Hace exactamente diez años escribí: “Yo no solo quiero escribir. Preciso escribir. Es para mí una necesidad. No hay otra manera de salir de mí misma ni de ordenar el caos.” No tengo nada que ver con la industria, realmente tengo muy poco que ver con ella, asevera Bowie, el centro de mi creatividad proviene de lo que hago y de dónde voy, me pongo en lugares en los que tal vez nunca he estado antes, o que siento que hay cierta tensión involucrada. Realmente no puedo escribir o producir mucho si estoy en un lugar relajado, revela Bowie, tengo que tener un conjunto de conflictos a mi alrededor, no necesariamente de mi propia autoría, he aprendido que esa es particularmente una mala idea, no creo mis propios conflictos en mi propia vida, me parece que lo hice en gran medida cuando era más joven, en realidad cuando las cosas iban demasiado tranquilas, me sentía atraído, teniendo una personalidad adictiva, a crear conflictos, que producirían la tensión necesaria para escribir, ahora veo que puedo hacerlo por observación. Hace diez años escribí: “Soy una romántica incurable. Sentimental, soñadora, intensa. Adicta al romance, fanática de la seducción, elogio a la atracción y al encanto. Totalmente apasionada, delirante. Saboreo la tensión, como que despertara en mí algo que tiene que ver con un reto, una provocación. Una delicada y agradable contienda. Un duelo embriagador. Una deliciosa batalla muy sutil y refinada, en que cada detalle es importante. Las palabras, las miradas, las respuestas, los gestos, las ideas, los olores, el timbre de voz. Saborear, y saborear. Enamorada del amor.” Virginia Woolf escribió en Un cuarto propio: en el siglo XIX se había desarrollado tanto la autoconciencia, que se hizo costumbre que los escritores describieran sus mentes en autobiografías y confesiones, también se les consagró biografías y a su muerte se publicaban sus epistolarios. Así, continúa Woolf, aunque no sabemos lo que sintió Shakespeare al escribir el Rey Lear, sabemos lo que experimentó Carlyle cuando escribió la Revolución Francesa; lo que experimentó Flaubert cuando escribió Madame Bovary; lo que padeció Keats al intentar escribir poemas contra el advenimiento de la muerte y la indiferencia del mundo. Y uno deduce que escribir una obra genial es casi siempre una proeza de prodigiosa dificultad, afirma Virginia, pero para las mujeres esas dificultades han sido muchísimo más formidables, el mundo les decía con una carcajada: ¿Escribir? ¿Para qué escribir? Bowie manifestó, quería ser músico porque me parecía rebelde, parecía subversivo, daba la sensación de que uno podía introducir cambios en una forma. Escribir es estar anclada en el vértigo, la hoja vacía, la posibilidad constante del amor y la belleza. Ser el amor y la belleza. Desafiar las estructuras y gozar. Tener poca relación con la industria. Crear el caos que libera. Trabajar día a día en la resistencia. Palabra a palabra. Amar con pasión la vida. 

12 de julio de 2023

Cuerpo

Te extraño, me confesó. Comencemos desde el principio. Me llamo Lisa, y lo que quiero es tener su cuerpo. ¿Saldrá muy caro? Cuántas lágrimas. Cuántos crepúsculos desatendidos. Cuántos trenes en segunda clase. Cuántas estrellas fugaces incrustadas en el pecho para perforarlo. Es mejor tener objetivos concretos. Como ir contando las ovejas que saltan la verja. Como esperar el bus y que llegue a la hora. Además de su cuerpo, me interesa la literatura. Creo que eso es todo. Hace mucho calor ahora, no puedo pensar en nada más. Creo que es bastante ya. Las dos cosas compiten por espacio y por tiempo. No es fácil tomar decisiones. Escribir sí. En realidad no, no es fácil, pero parece ser lo más importante. Pero mientras estoy escribiendo su cuerpo viene a mi mente y ahí se queda, interrumpiéndolo todo. Tal vez puedo convertirlo en literatura, me dije, y matar dos pájaros de un tiro. ¿Cómo se ve un cuerpo convertido en literatura? Es lo que intento dilucidar. Ni siquiera recuerdo bien cómo era su rostro. Tal vez debiera verlo de nuevo antes de intentar cualquier cosa. Para impedir que la empresa sea un fracaso. A veces sucede eso. No hay claridad de cómo era el rostro, entonces la descripción falla. Entonces viene una opción adicional. Inventar. Inventar cómo era. Mentir. La ficción es generosa. Se pliega a los designios de la creatividad. Imagina escenarios fantásticos. Para qué escribimos. Para describir cuerpos. Para sustituirlos por palabras. Cuando no recordamos el rostro. Cuando tal vez haya que subirse al tren y no haya tiempo de alargar la conversación que había comenzado tan apasionadamente y en la catarsis de las ideas en la pendiente listas para lanzarse al mar. Yo quiero tener ideas. ¿A qué precio? ¿Voy a dejar de lado su cuerpo? Quizá mi propuesta le interese. No sé bien qué le interesa a él. Llegó el tren y no hubo tiempo de dejar eso claro. A veces llega el tren y había tantas cosas por decir. Me queda por averiguar qué es lo que le interesa. Pero entonces tengo nuevos objetivos. ¿Cuántos puedo tener? Escribir libros es ya bastante ambicioso. Tal vez lo que me diga lo puedo ir anotando en libros y así mato dos pájaros de un tiro. Le hablé de la libertad literaria. Le causó gracia. A mí no me parece divertida. Es vital, como respirar. Tal vez sí somos vampiros de historias. Chupamos la sangre para esparcirla por la página. Yo quisiera esparcir mi sudor por su cuerpo. Tenerlo una vez más junto a mis músculos. Poseer su lengua como quien olfatea una flor para que su aroma te llegue hasta las neuronas y las haga explotar. Lo más interesante de existir es cuando las neuronas explotan. Haré que todo parezca un sueño. Lo importante es despertar, dicen. Tal vez se pueden hacer las dos cosas. Voy a proponerlo.   

11 de julio de 2023

Calor

El calor nos devuelve a un estado muy primitivo de indefensión. No podemos escapar. Como estar dentro de un útero hirviendo. Una brisa ardiente que roza nuestra piel. Que nos da en el cuello. En la nuca, desde atrás. Queremos que llegue el calor, y cuando se acerca tenemos miedo. Tenemos terror de la posibilidad del amor. De la posibilidad del encierro. Del útero. De las contracciones. De las palabras que adoptan distintos significados y ya no entendemos nada, o muy poco, o casi, casi, nada. Sólo vemos sugerencias, pero cuando se materializan todo se vuelve incertidumbre y opresión. Como este calor sofocante. Cuándo vas a venir, me preguntó. En unas semanas. Pero falta mucho, respondió. Bueno, ven tú, sabes dónde estoy. No puedo escapar de este calor, me reconoció. No puedo escapar de la pasión y la muerte. Quisiera estar en el agua contigo. El destino me carcome y me pulveriza. Cuándo comienza, preguntó. Cuándo termina. El calor me está matando. La muerte me está matando. Este viento de miles de kilómetros por hora. El anuncio de esta tormenta infinita. No puedo pensar en abrazarte con este calor. Sólo quisiera estar en agua fría. Enfriar esta piel y encender mi corazón. Yo pensé que vivir era más fácil, le manifesté. Qué había menos preguntas. O al menos más respuestas. Tal vez hay que inventarlas. Sólo queda escribir. Tengo miedo, le confesé. De comenzar. De terminar. Tengo miedo de la muerte. No la entiendo. Quisiera ser música. Quisiera escribir cosas que hagan reír. Que hagan reír mucho. Quisiera hacerte reír. Quisiera amarte. Pero tengo temor. De la muerte. De los laberintos que se transforman y entregan claves nuevas pero difíciles. Son sólo unas semanas, le indiqué. El futuro incierto a veces me entristece, me reveló. Siento como que fuera a la guerra, al vacío. A veces demuestro no ser quién soy. Quisiera mostrarme ante ti sin armaduras. Sin redes de salvataje. Quisiera que el trapecio fuera suave. No quiero caer. Pero quiero decir quién soy. Quiero una tregua. Quiero vivir. Quiero que el calor alojado en mi alma sea suave como un abrazo con la vida. 

7 de julio de 2023

En el amor todo es empezar

En el amor todo es empezar, cantaba Raffaella Carrà, qué desastre si tú te vas. Estoy separada, le dije, y tú. Yo también, me dijo, hace unos meses, y tú. Hace un par de años, un poco menos, le contesté. Y me viste desde lo alto de tu palanquín de triunfo, según me manifestaste, afirmó. Así es, asentí. Yo también te había visto, confesó, el año pasado. Raffaella Carrà seguía cantando: en el amor todo es empezar. ¿A qué se refería exactamente Raffaella? No hay claridad. Luego dice explota mi corazón. Si el amor tan sólo fuera empezar y listo. Si el corazón explota. Si el corazón explotara y listo. Si tan sólo. Todo es empezar. ¿Luego qué? Pero tiene que comenzar. Qué pasa si quiere comenzar. Pero algo lo detiene. Si comenzó pero luego no sabe qué más hacer. Si parecía como que había comenzado pero turbulencias en el camino, pero cayeron las máscaras de oxígeno, el tobogán, el agua, los salvavidas, los refuerzos, los rescates. Raffaella Carrà se quedó con la primera parte, pero no tomó en cuenta el resto, los accidentes, los motivos de fuerza mayor, las circunstancias, las distancias, los deseos, los tornados, los imprevistos, las sorpresas. Raffaella llegó y escribió la canción sin tomar en cuenta las tinieblas, los encuentros, la meteorología, la tormenta, las corrientes, los rayos, los imponderables, los compromisos, los miedos, las dolencias, la oscuridad, las estaciones, el tráfico aéreo. Se puso a bailar y se olvidó de todo. No había toboganes que valgan. No había turbulencias en la pista. Ya quisiera yo que todo fuera como Raffaella lo imaginó, como ella lo quiso cantar, como lo que ella soñó: que todo sea empezar. Qué pasa cuando llega el amor y luego los accidentes y los chalecos salvavidas y las curvas del camino. Raffaella, ayúdame. Explícame. ¿Todavía crees que todo es empezar? ¿Qué era el amor para ti? Para hacer bien el amor hay que venir al sur, recuerdo que dijiste. Hacer el amor. En el sur. ¿Y luego? Lo importante es que lo hagas con quien quieras tú, también dijiste. Y si te deja, no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar, cantabas. Nos entregaste un montón de sabiduría, Raffaella. Pero ahora que todo tiene que ser empezar, ya no estás. Hazte cargo de este desastre. Fui al sur. Seguí tu ritmo, tus palabras. Y ahora en medio de la pista y cuándo comienza. Cuándo empieza la canción. Canta la canción. Era tan melodiosa. Qué empiece.  

5 de julio de 2023

Softer, softer

Unos amigos me contaron una anécdota que me pareció muy divertida, un amigo de ellos, de visita en Francia, intentó seducir a una mujer en una fiesta. El problema fue que no hablaba bien francés y al querer decirle “tu es la plus belle”, eres la más guapa, le dijo “tu es la poubelle”, eres la basura. Esto es, de lo más alto, a lo más bajo, de la más guapa, a ser la basura de la fiesta. Por descontado, la mujer no reaccionó bien. Tal vez le faltaba sentido del humor. Él se quedó intrigadísimo por qué esa reacción ante semejante halago que él se había aventurado a sugerir. No le resultó para nada. La intención era buena, sin embargo. Pero ella no estaba para que le dijeran que era la basura de la fiesta. Al día siguiente se siguieron riendo de él porque llamó para fijar un punto de encuentro en la ciudad, y cuando le preguntaron en qué estación estaba, dijo, estoy en la estación “sortie”. Lo que en realidad indicaba que estaba a la salida de una estación, pero no pudieron saber cuál. Sus intentos de desplegar el idioma se encontraban con obstáculos, pero él no iba a rendirse, lo cual está muy bien. Ya estábamos en la fiesta, le conté esas anécdotas porque venían a cuento. Por si intentaba decirme algo en francés. Pero no hablaba francés. Por lo que no iba a intentar decirme nada, en ese idioma al menos, supongo. Tal vez sí, y me adelanté a que me dijera por error que yo era la basura de la fiesta, por ejemplo. Tal vez yo habría tenido más sentido del humor, o tal vez no. Pero no se arriesgó a decir nada en francés, sólo dijo, en español, porque hablaba español, que hablaba inglés, alemán y ruso. No me aventuré a decir nada en ruso.  

Tengo todo excepto a ti

Cuando apareció, le dije, como el Faraón de la novela de Théophile Gautier, “cuando te vi desde lo alto de mi palanquín de triunfo llevado sobre las frentes de los hombres por los oficiales, un sentimiento desconocido entró en mi alma. Yo, que anticipo los deseos, deseaba algo; me di cuenta de que yo no lo era todo. Hasta entonces había vivido sola en mi omnipotencia, en las profundidades de mis gigantescos palacios, rodeada de sombras sonrientes que se llamaban a sí mismos hombres y no me causaban más impresión que las figuras pintadas en los frescos. Escuché a lo lejos, crujidos y quejas de las naciones en cuyas cabezas limpié mis sandalias o les levanté por el cabello, como los simbólicos bajorrelieves de los pilones, y a lo lejos mi pecho, frío y compacto como el de un dios de basalto, no oía latir mi corazón. Me parecía que no había ser en la tierra como yo, que pudiera conmoverme; en vano en mis expediciones a naciones extranjeras traje de vuelta vírgenes escogidos y hombres famosos en su país por su belleza: los arrojé allí como flores, después de respirarlas tan sólo un momento. Ninguno me dio la idea de volver a verlo. Presentes, apenas los miré; ausentes, los olvidé enseguida.” Lo dejé hasta ahí no más, porque tal vez iba a ser mucho seguir. Lo que venía era interesante, sin embargo. Pero no siempre se puede decir todo lo que uno quería decir. Tal vez igual había que cerrar la idea. Por lo que finalicé, indicándole que viniera un momento a la fiesta para que pudiese comenzar una conversación. 

Contradicción

Tengo todo excepto a ti, cantaba Luis Miguel años atrás, y el sabor de tu piel. Me sobra juventud, decía, me muero por vivir, pero me faltas tú, tengo todo excepto a ti, y la humedad de tu cuerpo. Queda claro me parece. Esa disposición al encuentro. Lo más valioso de ser humano es la contradicción que nos habita. Esa hermosa posibilidad de desearlo todo. Esa caótica posibilidad de soñar universos que colisionan unos con otros. Volcanes que se entrecruzan y derriten todo a su paso. Tengo todo menos tu mirada, cantaba Luis Miguel, y sin tus ojos, mis ojos ya no ven nada. Contradecirse es la base de toda actitud humana sensata. Mientras más complejos los escenarios más contradicciones que quieren asomar su rostro al viento. El problema es tal vez cuando no se tiene consciencia de este estado de cosas o se le niega. La realidad sin fisuras no existe. En cada decisión hay un sinfín de sí y no que se multiplican se entrecruzan se anulan y conviven. Sí que cambian por no, no que cambian por sí, se enredan y crean nuevas posibilidades. Abren nuevas fisuras en territorios estables. Las mujeres, sobre todo, crecimos con la siguiente exigencia: cada fisura debe ser justificada. Todo debe ser explicado. Tal vez lo más valioso que da la comprensión de las contradicciones y la exigencia de la descripción de cada grieta es lo siguiente: el amor a las fisuras y la noción de que las explicaciones no son necesarias. Por otra parte las exigencias son contradictorias. La situación se vuelve imposible. No pueden cumplirse todas, pero además hay que explicar por qué no se cumplieron todas. Descansemos un poco. Vivir es identificar las fisuras y disfrutarlas. Sobre todo, no dar explicaciones. Tengo todo excepto a ti.

4 de julio de 2023

Disney

Siempre amé Disney. Vi todas las películas de pequeña. Qué gozo tan inmenso. Un buen día, a mi corta edad, cayó entre mis manos un libro que se llamaba La sirenita, de Hans Christian Andersen. Fantástico, dije, como la película. Comencé a leerlo, todo iba bien, hasta que llegué al final, la sirena de la historia se convertía en espuma. Junto a la descripción de esta escena, un dibujo del mar y una ola que sobresale, que representaba a la sirena, que ya no era sirena, sino espuma. Se equivocaron, afirmé, sobresaltada, no se convierte en espuma, se queda con su príncipe. Decidí averiguar en qué consistía este error garrafal, por qué la sirena que estaba con su príncipe, en este libro se convertía en espuma sin más, y eso era todo. No me rendí hasta llegar a las últimas consecuencias. Qué es este fraude, por qué espuma, por qué. Llegué a la verdad de todo el misterioso asunto sirena y espuma. Una persona había escrito una historia un día, hace mucho tiempo, y luego unas personas que hacían películas habían decidido que ser espuma no era tan entretenido y que era mucho mejor que se quedara con su príncipe, encantada de la vida. Ahí entendí todo: Disney había modificado la historia de la sirena, que tanto me gustaba, todo era una mentira. Comencé a desconfiar de Disney, ya no era lo mismo. Quería saber las historias reales, lo que alguien escribió, no ese sucedáneo con sabor a nada. Comenzó una larga historia de desencuentros e investigaciones. Debo haberle dado dolor de cabeza a unos cuantos. Internet no existía en mi infancia, las investigaciones eran con enciclopedias, ese extraño mundo que nos sumergía en bibliotecas como único recurso. Una desilusión similar la viví, a una edad parecida, con la religión. Cuando aprendí a leer, cayó entre mis manos un libro cuyo título era la Biblia para niños. Leí del principio al final, todas las historias que se habían seleccionado como relevantes, supongo, adaptadas para niños, de la biblia. Me parecieron unas aventuras muy interesantes, sobre todo la del arca que llevaba animales en medio de la lluvia. También la idea del cielo me encantó, me imaginaba un lugar lleno de conejos blancos, tal vez con un arcoíris. La triste noticia llegó alrededor de mis siete años. Afirmé que conocía las historias de ese libro, porque las había leído. Por lo que no era exactamente como estaba diciendo. La profesora me explicó que esas historias no pasaron exactamente así como decía ahí, sino que eran cuentos que se contaban para enseñar ciertas cosas, que se creaban para dar una cierta información. ¿Me estaba hablando en serio esa señora? Nunca sentí decepción igual, las historias eran tan buenas, y nada había sucedido como se indicaba. Hasta cuándo con las desilusiones. Decidí que esa religión, y probablemente ninguna otra, era para mí, cómo iba a escuchar a quienes me habían mentido de esa manera. El arca con animales y lluvia tal vez nunca había existido, y yo había confiado en ese mundo que me había sido entregado. Por esta razón, a mis siete años, renuncié a relacionarme con esa institución que me había engañado de manera tan profunda. A los siete años me quedé sin Disney y sin religión. Luego vinieron otras cosas. Lo que más me alegró fue haber descubierto el fraude tan temprano. Se creen que porque uno es niña va a seguir con ese sinsentido: no. Nunca volvieron a hacerme falta ninguno de los dos. A los siete años dejé de lado el engaño: me declaré libre. Es fantástica la inocencia.

2 de julio de 2023

Comunión

Domingo al atardecer en una Francia triste. Las ondulaciones del agua crean reflejos móviles en la pared con el sol que alumbra de costado. En la tarde estuve leyéndole cuentos en francés y español a mi sobrino Vasco para que sus papas pudiesen avanzar con cosas que esperaban. Un cuento era un diccionario chileno con conceptos para cada letra y otro era sobre una niña que vivía en un árbol sin final. Tal vez el cuento entero era el sueño de la pequeña niña, que iba por los lugares más extraños, pero muy interesantes, tal vez era una especie de remake de Alicia en el País de las Maravillas. En qué consiste el país que recibes, Vasco. Cuál es su luz y su oscuridad. Cuáles son sus divisiones. Cuáles son sus heridas. Cuáles son sus sueños. Tal vez se unan en él mundos en apariencia distintos, como dentro de ti, como dentro de tus cuerdas vocales que pronto podrán pronunciar las palabras. Quienes estamos entre dos mundos sabemos en qué consiste el desgarro. Quisiera pertenecer a cuatro mundos, quisiera ser árabe, quisiera ser africana, tal vez lo soy, quisiera pertenecer a seis mundos, a diez, a veintidós. Quisiera entenderlo todo. Quisiera hacer mías todas las distancias para destruirlas. Tal vez tú puedas, Vasco, hacerlo mejor que nosotros, tal vez no haya fronteras para ti. Tal vez comprendas algo que nosotros no hemos comprendido. Tal vez percibas las razones de esas distancias asesinas. De esas distancias apócrifas. Tal vez todo te parezca tan pueril más adelante. Tan absurdo. Estamos quizá poniendo un peso muy grande en tus hombros. Hemos intentado darte la bienvenida a un mundo de belleza. Hemos escrito libros tratando de comprender, tratando de darle colores a las zonas oscuras, tratando de crear belleza que luego pueda ayudarte a avanzar. Quizá todo lo que dijimos no te sirva de nada. Quizá te parezca un museo sinsentido. Quizá por ahí encuentres algo que te haga vivir. Alguna pequeñísima idea, alguna imagen, que refleje algún rincón de tu alma y te haga volar. Tienes suerte, Vasco, porque ser de dos mundos es un privilegio, un corazón quizá más amplio, porque tiene que abarcar una distancia de varios continentes. Tu sonrisa me da esperanza. Llegaste al mundo riendo. Tienes razón, hay muchas cosas por las cuales reír. La posibilidad de hacerlo mejor, la posibilidad del fin de las distancias. Estamos siendo exigentes contigo, Vasco, quizá nuestra flojera habla mal de nosotros, quizá nuestro miedo, quizá nuestra prepotencia. Pero tú no vas a ser así. Lo veo en tu sonrisa. En tu dulzura. El mundo se postra a tus pies porque todo te pertenece. Desde antes de conocerlos ya lo sabes: todos son tus hermanos. 

1 de julio de 2023

Para qué tener pareja si se puede escribir

Ha transcurrido exactamente la mitad del año. Observo impresos todos los libros que he escrito este año sobre la mesa del salón. Son varios. Más de los que habría pensado. A diferencia de Nahel tengo todavía la vida. Podría escribir nuevos libros este año. Quedan todavía la mitad de sus días. Pero qué es la vida. Pero qué es un año. La vida es a veces algo muy concreto, un corazón que late, con días por delante. Un año es una cantidad específica de jornadas que albergan acontecimientos, o libros, o ambos. A veces la vida deja de ser vida. A veces se transforma. A veces alguien detiene a la vida, la de otro. A veces alguien te detiene. O sientes que te detiene y luego te das cuenta que no. ¿Para qué tener pareja si se puede escribir? Es tal vez la pregunta más importante para la escritora. La respuesta es clave porque el número de libros impresos en la mesa cambia dependiendo de cuál esta sea. Si mi vida se detiene, como la de Nahel, no habrá nuevos libros. Esto hay que recordarlo. No podemos quitar la vida. Por otra parte tampoco podemos distraernos tanto como para que luego no haya libros mientras quede la vida. ¿Después qué? No tengo ni la menor idea. La nada, supongo. La voz de la nada. Como la que pensé que había después de ti, y no. Había libros. Entonces dos cosas, que no quitemos más la vida y que sigan creándose los libros.