29 de septiembre de 2021

Ce que nous appelons l’amour

Texto publicado en © Simone // Revista / Revue / Journal


Ce que nous appelons l’amour

Por Andrea Balart-Perrier
Lyon, 28 de septiembre de 2021

Esperemos que cada vez sean más y más mujeres que hablen más y más fuerte, y que sus voces ocupen todo el lugar que les corresponde en la definición de eso que llamamos amor. Así termina su libro Reinventar el amor, Mona Chollet: cómo el patriarcado sabotea las relaciones heterosexuales. 

Considerado en frío, la heterosexualidad es una aberración, afirma Mona Chollet, después de todo, como lo indican Patricia Mercader, Annik Houel y Helga Sobota, las relaciones amorosas entre hombres y mujeres tienen la particularidad de ser las únicas relaciones de dominación social donde se espera que el dominante y el dominado se amen.

El amor heterosexual tiene mala prensa en el mundo de los temas feministas, efectivamente amamos a quienes nos tienen, consciente o inconscientemente en un sistema de dominación jerárquica que se puede ver de manera muy nítida en un sinfín de aspectos de nuestra existencia. Personalmente, soy heterosexual (muy), me encantan afectiva y sexualmente los hombres, y creo que es un asunto que debiese abordarse como primera prioridad, después de todo, trata sobre nuestra cotidianidad más íntima y una de las fuentes más potentes de sentido. Para mí el arte nace desde ahí, la pulsión, el deseo, el amor, la posibilidad de sentirse inmortal a pesar de la evidencia contraria (el tiempo que tenemos es bastante limitado).

Por lo que más vale no perderlo miserablemente dándose cabezazos contra la pared intentando entender por qué diablos no funcionan nuestras relaciones (hay un sentimiento general de que la dificultad es alta y el éxito dudoso), y afrontar el asunto cara a cara. En mi experiencia (no desdeñable desde el punto de vista del número de años rebanándome los sesos para hacerlo lo mejor que me ha sido posible), hay efectivamente ciertos patrones que ya sería bueno acabar. Actuar a dos niveles, igualdad de derechos y en el ámbito íntimo (también político, por supuesto), hacerlo distinto (parece urgente). La pandemia nos ha llevado por un carrusel de emociones de terror y ha llevado nuestras relaciones a una película gore: no queda nadie vivo (no estoy fuera de este extenso grupo). Entonces, ¿qué hacemos? Si el asunto con los años deriva, al compás de nuestra perplejidad, en algo más o menos así: por qué esperas cosas que no puedo dar, o por qué no esperas estas cosas y no esas que dices. Después es peor: todo el resto es silencio. Una que nunca ha estado callada, opta por dejar anotadito en un cuaderno, todo eso que la verdad no funciona para nada, pero para qué decirlo así tan claramente, mejor se lo digo a mi amiga, a mi mamá o a nadie. En realidad para qué lo voy a decir, mejor espero un poco a ver si se pasa, a ver si se acaba la pandemia, a ver si se da cuenta solo, a ver si cambia un poco, o bastante tendría que cambiar, a ver si la altura del balcón a la acera me acogerá con el suficiente cariño como para llevarme a la muerte y acabar con esta peregrinación de rodillas (si no se acaba de manos de la persona antes de alcanzar a saltar, 80 mujeres asesinadas en Francia en lo que va del año de manos de sus parejas). 

¿Qué es el amor? Eso no. Ni el placer, ni nada agradable. Qué no daría por encontrar a alguien más que capte esta deriva, qué no daría por conocer a un semejante, cantaba en 1995 Alanis Morissette, todo lo que realmente quiero es liberarme. La canción no ha perdido actualidad. Movimiento #metoo mediante, el ambiente está mucho, pero mucho, menos hostil, pero el patriarcado continúa saboteando nuestras relaciones heterosexuales, como bien afirma Chollet, y nos faltan herramientas, a pesar de su feliz esfuerzo de desentrañar cómo cuernos hacerlo mejor o al menos de manera diferente cada vez. También queremos liberarnos (no es patrimonio exclusivo de los hombres, eso está claro, aunque a veces quieran que lo parezca). Al igual que ella, lamentablemente, no tengo las respuestas, ni las soluciones, pero sé que el feminismo no va a disminuir mi amor por los hombres, por lo que el tema me interesa muchísimo: cómo tener una relación de pareja que no reproduzca exactamente lo que observamos en la organización del mundo. Es flagrante si una se pone a mirarlo más en detalle. No innovar en lo más mínimo, dios mío, ser feminista no te da ningún avance en este sentido, el patriarcado te da en plena cara apenas bajas la guardia (muy pronto). Las ganas de una relación con mucha imaginación quedan, siempre están ahí. Al final es siempre lo mismo, en todos los ámbitos de la vida, mientras más está presente, mayor el aburrimiento y la violencia, real y simbólica. Quiero estar en pareja y sentirme libre, ¿son incompatibles? No lo creo. Quiero sentir que surgen nuevas ideas, no que me marchito. Educamos a las mujeres para que se conviertan en máquinas de dar y a los hombres en máquinas de recibir, dice Mona Chollet, siguiendo la reflexión de Jane Ward. También nos gusta recibir, aunque a veces no se note. Creo que soy la modalidad de mujer más autónoma (espacio propio, para empezar, y mucho tiempo para la literatura), sin esconder que aspiro al amor y tengo deseos, y doy fe que también la tengo difícil, lo que me indica que es un fenómeno del cual no es fácil zafar: el terreno es adverso, pero nunca hay que rendirse. Muy rara vez me he sentido realmente atraída por una mujer, y no he profundizado en ese plano ni me interesa, así es que el intento sigue, con ánimo y humor, y sobre todo, con mucho amor. Acepto mi sensibilidad y me encanta. Agradezco a Mona Chollet por acompañarme en este momento, también a Doris Lessing, que me mostró que cada vez me acerco más a ser una unidad, como el cuaderno dorado de Anna Wulf, y a Maya Angelou, que ve las cosas tan claramente y con tanto humor. También a las mujeres que tengo más cerca, que siempre me permiten hacerme consciente que camino acompañada, y a los hombres que tengo cerca, que también caminan conmigo, en igual medida. Creo que una vida, una sociedad, una revista, la mayoría de los espacios, debieran estar abiertos a todas las personas, en caso contrario me siento muy limitada en los puntos de vista posibles y me incomoda. No quiero que nadie hable por nadie, pero necesito de todas las visiones y opiniones, aunque sea para darme cuenta de dónde provienen y de las contradicciones posibles. Si ser feminista y ser heterosexual parece a simple vista una contradicción, pienso que el problema justamente sería adaptarse a algo, lo que sea, a pesar de tus sensaciones y sentimientos, y esto es lo que creo que podrá liberarnos: somos quienes somos o que se acabe. El amor tiene que ser necesariamente la libertad y la plenitud: la expansión y el deseo (también de las mujeres). 


* Andrea Balart-Perrier es escritora y abogada de derechos humanos. Activista feminista, cofundadora, codirectora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia.
 

27 de septiembre de 2021

Pepo

Querido Pepo, hoy cumples 41 años. 24 de septiembre, no me olvido. 
La primera vez que empecé a escribir en un cuaderno con regularidad fue cuando nuestra relación se terminó, teníamos quince años. Necesitaba rellenar las horas de tu ausencia. Creí que iba a morir. 
Probablemente una parte de mí murió. Quizá las palabras nacieron en ese momento.
La posibilidad de materializar lo que había sentido, lo que sentía, plasmarlo, describirlo, para ordenar el caos, el caos que había sido tu amor, la gran revolución, y el caos de ver que ese amor flotaba sin saber adónde ir y la necesidad que yo tenía de hacer algo con él. 
Lo convertí en palabras. Y descubrí algo. Que el amor seguía ahí, y dolía, pero podía hacer nacer la belleza, a pesar de la perplejidad. Las palabras me ayudaron a comprender y me mostraron que a través de ellas podía dejarte ir. Me acompañaron mientras entendía por primera vez, lentamente, que el final de una relación, a pesar de las promesas, es algo posible. Tú ya no estabas, pero las palabras ya no partían a ningún lado. 
¿Te das cuenta, Pepo? La literatura nació en tu nombre. 
¿Te das cuenta? Tu amor desató la magia. Tu amor cristalizó el milagro.
Este año estamos cumpliendo 41 años, yo aquí con las palabras, y tú festejando quizá en qué montaña imposible con tu tabla. Observando todo con una sabia distancia, con esa mirada que tenías, siempre perdida en el horizonte. La nieve preguntándose dónde te has ido que has tardado tanto en volver. Lo que no sabe es que en los recuerdos, y en las palabras, y en todos los intersticios donde el amor se cuela, la muerte no tiene cabida. 
Feliz cumpleaños. 

8 años

Un 16 de septiembre del año 2013 llegué a vivir a Europa, a Barcelona. Un año después me instalé en Francia. Hoy recibo una carta, fechada 16 de septiembre, exactamente 8 años después, que indica: la invitamos a presentarse para recoger su libreta de nacionalidad. Me siento en el suelo y lloro. De emoción. 8 años después soy una ciudadana de este lugar, mi casa. El lugar de mi enamorado, donde elegimos vivir. El lugar que siempre me persiguió, en sueños. Hoy, quizá, ya no soy una inmigrante. 

La paradoja es que mis padres tienen la nacionalidad española y yo no, las normativas migratorias son muy razonables. No hay cabida para las identidades fragmentadas. Sólo queda agradecer a mi enamorado por su apoyo y paciencia en el océano de los trámites migratorios. Kafka es real, no son metáforas. 

Aquí algunas de las aventuras. Hace exactamente dos años tenía yo que presentarme a mi examen de francés para demostrar mi manejo de la lengua en vistas a solicitar mi naturalización en este territorio. Venía de Italia en un tren para asistir al día siguiente temprano. El funcionario anuncia por alto parlante (me enteré después), que las personas que se dirigían a Lyon tenían que bajarse en Chambéry porque dado el retraso que llevaba el tren, luego tomaría rumbo directamente a Paris. Escribía yo en mi ordenador un texto sobre el amor como un circo, escuchando la canción On rit encore (todavía reímos) de Arthur H y Lhasa de Sela, que dice algo así como: Somos de aquí, somos amables, por supuesto, somos más fuertes que la naturaleza, avanzamos irradiando optimismo y amor, porque todo lo hemos visto, y todavía reímos. Para escribir, la canción tiene que sonar fuerte, así es que el alto parlante, nada. Cuando me percato, en un momento, que la distancia del tren y Paris es menor que la distancia del tren y Lyon, tuve a bien preguntarme si el tren iba en la dirección correcta. En ese mismo instante dos jóvenes mujeres sentadas en el asiento justo a continuación al otro lado del pasillo, me preguntan, ¿este tren no va a Lyon? Hablaban entre ellas en árabe. Yo respondo que sí, pero doy la mala noticia respecto de la distancia señalada en mi teléfono. Me ofrezco como líder de la comitiva para ir a preguntar al funcionario y aclarar este malentendido. El funcionario, que se encontraba en su cubículo descansando (era muy tarde) se agarra la cabeza y dice, pero si lo anuncié, vamos a Paris. No es posible, señor, nosotras vamos a Lyon. No se va a poder, señorita. Luego de una conversación de varios minutos, le poinçonneur des Lilas (des petits trous, des petits trous), como en la canción de Gainsbourg, hace unas llamadas y dice, listo, podemos llevarlas a un hotel en Paris. Estación de trenes en Paris, once de la noche, un taxi nos lleva hacia un hotel, lejos. En el camino, pregunto, esa estación de metro es Eurodisney, efectivamente, nuestro hotel está en Disney, con personas vestidas de Osos cortapalos, bajamos con mis nuevas amigas, ellas se dirigen al bar a tomar el welcome drink, pero yo no puedo integrar tan distendido momento en el bosque dibujado porque tengo que dar un examen de francés a las 08h30 de la mañana en Lyon y no sé cómo voy a llegar. Voy a mi habitación con bambis por todos lados, y miro los horarios de los trenes, ya son más de las 12 de la noche. Me levanto a las 5 de la mañana, y camino por Disney en penumbra, arrastrando mi maleta, sin encontrar a personas disfrazadas de nada porque literalmente, no hay nadie, y tengo que ir a la estación y no sé dónde está, estoy perdida en Disney, un Disney en la oscuridad, algo que pensé que no iba a ocurrirme, pero sí. De la oscuridad surge alguien (trabajan muy temprano en Disney), y me señala todos unos laberintos que podrán llevarme a mi tren, o a mi nuevo tren, o al que sea que haya, que no podrá, ni soñando, llevarme a mi examen de francés a la hora correcta. Logro salir de la pesadilla de Disney dormido y llego a la estación. Tomo el tren, y por supuesto, llega más tarde que el examen, me dirijo rauda al lugar, directamente, y llego con maleta, y le explico a la funcionaria que vengo de Disney, donde no pretendía ir, pero a veces las circunstancias nos llevan a lugares inesperados. Imposible entrar al examen tarde. Vuelva en dos meses, y vuelva a pagar, afirma, inflexible. Luego, por alguna razón que no logro dilucidar, se ablanda, de un momento a otro, y me dice, ok, pague la mitad, pero igual tiene que esperar dos meses, y tiene suerte porque queda un solo cupo. Extraigo mi lápiz de bambi y firmo. Dos meses después relleno casillas escuchando grabaciones súper capciosas que dicen qué quiso decir la señora Lafitte y el señor Lafitte en esta escena, y converso con una persona que me hace presentarle un plan estratégico para organizar un evento, todo con una fuerte dosis de estrés, y luego de eso, se da por finalizado con éxito mi examen de francés para la naturalización. 

Otras aventuras son menos divertidas que ir a Disney. Dos gendarmes se apersonan en nuestra casa, con una lista, para chequear que no soy un holograma, que tengo existencia física, que tengo cepillo de dientes, me lavo el pelo, tengo calcetines, ropa interior, cosa que tengo, efectivamente, pero no estoy en la casa en ese momento, porque sólo estoy ahí los fines de semana, es sábado, pero no he llegado, y no pueden verme (¿soy un holograma?) pero sí confirmar que me lavo los dientes y que me visto con ropa, los libros no los miran (según me dijo después mi enamorado, quien tuvo que llevar a los invitados por cada habitación señalando lo que se indicaba en la lista). Y un par de semanas después, nos interrogan, en Grenoble, por separado, un funcionario de trato muy agradable, respecto a todos los detalles posibles de nuestra vida, pasatiempos, actividades, gustos, anécdotas, deseos, esperanzas, anhelos. En lo de posturas sexuales preferidas no entró, pero no habría sido raro dado el tipo de preguntas. Quizá hasta habríamos terminado comentando e intercambiando datos. 

Ni hablar las veces que estaba en Francia y tuve que ir a Barcelona a renovar la visa, o que estaba en Barcelona y tuve que venir a Francia a renovar la visa, o ir a Chile para tramitarla, o para obtener doscientos papeles y timbres. 

¿De dónde eres? La verdad es que no tengo idea, pero estoy aquí, y ya son 8 años. 

20 de septiembre de 2021

Lo único que me interesa es la complicidad con el lector

Lo único que me interesa es la complicidad con el lector
Guiñarle el ojo cuando es necesario
Desordenar la frase cuando es el momento
Saber que alguien sigue el juego
Que una pequeña frasecita llega a puerto
Que una idea se abre paso en la sabana de ideas salvajes
En el océano de ideas a la deriva
En el pantano de belleza atrapada en una crisálida
De sugerencias observando desde la ventana
La conversación con el lector se intuye, inspira
Los tiempos nos levantan y hacen reventar la ola 
Lo único que me interesa es la complicidad con el lector
En la exuberancia y en la duda
La seducción de las palabras posibles
Sabernos entre iguales
Saber que ahí, en algún lugar, despierta el movimiento
Saber que anhelamos el amor y podemos decirlo
Que en el encuentro se prolonga el éxtasis
Que podemos reinventar un lenguaje
Producir sonido, y extender el deseo.

16 de septiembre de 2021

Lo que me interesa es tu cuerpo

Lo que me interesa es tu cuerpo
Porque es en él donde el sentido se hace carne

En tu piel descansa la chispa que enciende
Todas esas verdades que rara vez se encuentran

En tu mirada fija, en tu mirada perdida
En la mirada brumosa, en el presente, presente

Es ahí donde el tiempo pierde su cualidad inexorable
Y se agolpa la vida, empujándose para salir y devastar lo aprendido

Donde el orden da paso a la noción de milagro, de realidad insoslayable 
Porque es el complemento perfecto de la música, de la poesía cotidiana y excepcional

Lo que me interesa es tu cuerpo
Ahí puedo guardar toda la inteligencia y el universo

Libre es donde la inteligencia y el cuerpo se encuentran
Porque el amor, el amor, es el cuerpo

El armario sagrado y prosaico 
El deseo.

10 de septiembre de 2021

And out of the chaos, a new kind of strength

Doris Lessing: 
Los dos están enloqueciendo debido al intento deliberado 
de trascender sus propios límites
Y del caos nace un nuevo tipo de fuerza.
El nuevo año y su amigo el caos
En él vive la creatividad, dicen
En él vive el romper con la propia forma
En él descansa la pasión de la imaginación
La posibilidad real de desordenar lo paralizado
La angustia que surge como fuego que quema
El caos es la llamada de auxilio al pantano que hunde
La implementación de lo que se balbucea en sueños
El caos es el compromiso con lo imprevisible que produce música
El nacimiento no programado y su libertad vertiginosa.