28 de abril de 2016

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20 de abril de 2016

10 años entregada a las palabras

I'm not trying to give my life meaning
By demeaning you
And I would like to state for the record
I did everything that I could do
I'm not saying that I'm a saint
I just don't want to live that way
No, I will never be a saint
But I will always say
Squint your eyes and look closer
I'm not between you and your ambition
I am a poster girl with no poster
I am thirty-two flavors and then some
And I'm beyond your peripheral vision
So you might want to turn your head
'Cause someday you're going to get hungry
And eat most of the words you just said
ANI DIFRANCO, 32 Flavors

Hace 10 años que escribí el que considero mi primer texto oficial Hace falta pasión, que dio por inaugurado mi anhelo de convertirme en escritora. En un lugar no muy lejos de donde estoy ahora, en Vicenza, Italia. Rodeada de naturaleza, como ahora, en Vienne, Francia, 10 años después, me regocijo de ver los caminos de la vida, que vuelven a donde partieron, que regresan al inicio para recomenzar, para empezar, para materializarse realmente, esa intuición tan potente, para verdaderamente asir ese destino puesto al alcance de la mano, de la pluma. Rodeada de flores y altos pastizales verdes, rodeada de pequeños insectos, rodeada de abejas, aquí, en este lugar a esta hora, con este cuerpo, con esta vida, declaro solemnemente mi compromiso con las palabras, sin formalidades, así, libremente, como una mariposa que pasa, pero se detiene, por el tiempo que le queda en esta tierra, tan breve. Como esa mariposa, como esa abeja, declaro que las palabras serán miel para los oídos, que mi alma cantara, pero mientras una gota de sudor se desliza por mi sien, cientos de gotas, anunciarán la aurora cada mañana, anunciarán un destino escogido. Como una música suave, con grandes timbales, como el sonido del diluvio que se escucha al colisionar con los tejados, como esta naturaleza que cambia y quiere imponerse, como una maleza que comienza pequeña y luego va invadiéndolo todo, así viviré los segundos que tengo a mi disposición, los años que pueda traer el porvenir, cavando un gran agujero, y tirando la tierra hacia el aire, hacia las nubes, para volar con ellas, para poder tomar todas sus formas, para que me enseñen, esas nubes, esas abejas, como es el trabajo duro, como es la belleza, tan llena de pequeños insectos, que veo pasar, que se detienen en mis brazos, en mis piernas, que me indican que me falta tanto por ver, pero que ya todo está dentro de mí, que este motor que me hace elevarme me permitirá avanzar hacia el lado, hacia el otro lado, hacia abajo, y hacia arriba, y llevaré esa miel, para los dioses del olimpo, o para las pequeñas abejas, o para decir algo, o nada, pero con la convicción de que trabajaré con las palabras como esas abejas afanan en su panal, con dedicación, con amor, con pasión, sagradamente, cada día, cada segundo, cada momento de mi existencia desaforada, aunque aparentemente tranquila, mi existencia resignada, mi existencia convencida, y tranquila por su convencimiento, por la certeza siempre incierta de que para algo estamos aquí, de que aunque las dudas y el gris nos destrocen por dentro de tanto en tanto, ese pequeño panal que llevamos dentro nos dice: trabaja, no te dejes abatir, sigue buscando polen, sigue transformándolo en miel, sigue construyendo las frágiles paredes, que de algo servirá, que un día, de tanto en tanto, ese sabor tiene un gusto divino, aunque todo sea tan terrenal, aunque mi corazón esté vacío de fe, me quedan las palabras, y es todo lo que me importa, en esta existencia falta de sentido, debemos escoger algo que nos haga afanar como las abejas, y cuando ese convencimiento llega, cuando la convicción del amor eterno hacia la belleza penetra como un aguijón, de una abeja enfurecida y asustada en nosotros, entonces no queda más que despertar con ese veneno, que se parece tanto a la vida, son como una sola cosa, como el abatimiento de la última hora, de todos los días, mezclado con ese sol que sale entre las nubes, con ese hastío tan letal, tan inmóvil, que sólo logran calmar esas pequeñas abejas que se pasean concentradas, como si la vida se fuera, a cada momento, como una programación incomprensible, pero que las mantiene vivas, aunque ahora quieran morir, pero sobreviven, continúan, si no hay razones, al menos queda algo: trabajar, no dejarse abatir, seguir buscando polen, seguir transformándolo en miel, seguir construyendo las frágiles paredes, que de algo servirán, o no, pero en algo debe emplearse el tiempo, pero algo debe hacerse con el sinsentido, pero todo está tan muerto, que sólo queda la vida, para observarla, sino imitarla, moverse como ella, intentar decir que está llena de sentido, aunque no haya nada, y escribir sobre nada, para pasar los días, palabras vacías, pero relucientes, que se ordenen armoniosamente, que parezcan de cuando en cuando un bello atardecer, de esos que esconden algo, que pareciera que algo quieren decirnos, pero gracias a que en definitiva no dicen nada, podemos seguir, porque algún día algo dirán, nos decimos, y seguimos adelante, y vamos en busca de polen, porque algo habrá, porque si alguien quiere leer lo que escribo mucho mejor, porque si nadie quiere leer lo que escribo, mucho peor, o mejor, o que me parta un rayo si alguien se interesa por la nada que tengo que decir, porque no quiero escuchar más tanta humanidad vacía, porque no quiero volver a abrir un periódico, ni saber de nada de lo que acontece en el planeta, porque quiero que me dejen tranquila, con mis palabras, con mi desamparo, porque algo habrá, porque la existencia es algo muy confuso, que debo mirar más de cerca, porque quiero seguir, quiero decir algo aunque no signifique nada, porque quiero decirme algo a mí misma, pero no puedo escucharme si el ruido se interpone, porque lo irrelevante me hace enloquecer, porque quiero ver pasar los días llenos de malezas y de abejas, y a veces de flores, a veces de lluvia, a veces de insectos, a veces de erizos y ardillas, y muchos ciervos, pero definitivamente siempre repleta de palabras, hasta el hastío, hasta que no haya lugar para tantos libros y palabras, aunque tenga que dormir sobre ellos, aunque tenga que compartir mi casa con las abejas, para que ellas me muestren eso que veo a veces, trabajando, buscando polen, transformándolo en miel, construyendo frágiles paredes, que de algo van sirviendo, que pueden contener todas las palabras, que se escapan todo el tiempo y vuelven, y a quienes debo mi vida, esas representaciones gráficas de los sonidos, que consisten en una letra o un grupo de letras delimitado por espacios blancos, y que si alguien va a matarme, que sean ellas, porque es lo único que me interesa, y lo único real para mí, a veces.


12 de abril de 2016

Amo la mañana

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Amo la mañana

Amo la mañana, con su promesa de eternidad, del día completo por delante repleto de ideas, de propósitos. Amo el atardecer, con su nostálgica resignación de lo que no pudo llegar a ser, o que fue y luego partió. Amo el anochecer, el arribo del momento de cerrar los ojos, con esa esperanza de un nuevo día, donde todo sea posible, y donde solo contemplar la naturaleza imponente nos llene el alma como si fuese suficiente. El día nos limita y nuestra mortal existencia nos limita. Aunque casi nada tenga sentido, yo quisiera hablar desde el sentido que llevo dentro, que no es otra cosa que observar atentamente, y dejar aparecer el universo que nos habita, nutrido por toda esa maravilla posada a nuestro alcance cuando nos acercamos a verla, y que nos vislumbra de cuando en cuando.


2014

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

2014

Agarré una maleta y subí a un avión, sin saber bien adónde venía, pero con una intuición de música desplegándose. Regalé mi ropa, y me despedí de quienes más quiero, uno por uno, con conversaciones honestas, reparadoras y llenas de esperanza. En el avión iba con mis libros y poemas en la garganta, esperando cantar al nuevo horizonte. Llegué a Barcelona, y sigo siendo la misma, pero estoy lejos desde donde partí. Todo, o casi todo ha quedado atrás. Miro alrededor y todo es nuevo. Voy sumergiéndome de a poco en el vaivén de esta ciudad. Vislumbro los albores de cientos de umbrales que me van llamando, con un susurro revelador. Quizá vine buscando algo. O quizá solo quería dejar de buscar. Pero lo más sublime es cuando encuentras algo que no esperabas. Como conocer personas que crees que están lejos de lo que tú eres, pero en realidad no lo están, como conocer al sustrato íntimo de la tierra. El año acaba, pero mi sensación es que el nuevo año comenzó hace ya tres meses y medio, cuando llegué aquí. Pero cambiará el número, como una nueva realidad que comienza, como siempre. Lo que pido para todos para este nuevo año, es creatividad, y creatividad, sin límites. Y una sensibilidad que hemos perdido, que vuelva, acentuando nuestra percepción de las cosas, para vivirnos cada día como si fuera el último. Disfrutando el mar, la música, las palabras y la amistad. Espero que nos encontremos a nosotros mismos y todos los lugares sean nuestro lugar. Espero que sigamos conociéndonos, unos a otros, y en ese tránsito, se profundice la certeza de que estamos finalmente hechos de lo mismo, a pesar de nuestras diferencias superficiales, amando así al mundo, a pesar de su caos, por nuestra compartida humanidad. Que este año sea distinto, que vengan cambios y revelaciones, que cuando acabe no podamos recordar donde partimos. Les agradezco por todos los buenos momentos. Me he sentido como en casa, donde sea que esté.
GRACIAS por todo, y muy feliz año.

Almendra


Lilit II

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Lilit II

Marry me, marry me
I'll be so good to you
You won't realize I'm gone
Marry me, marry me
I'll be so sweet to you
You won't realize I'm gone
Oh, come on
We'll do what married people do
Let's do what Mary and Joseph did
Without the kid
St. Vincent, Marry Me

¿Vas a escribir eso? Voy a escribir todo lo que pueda escribirse. ¿Y vas a hacer todo lo que pueda hacerse? No lo sé. ¿Y si te dijera que te cases conmigo? No quiero casarme, ya me casé una vez. Pero esta vez será distinto. Es probable, ¿y los demonios? No estarán invitados. Pueden llegar a pesar de eso, ¿y las puñaladas? No serán por la espalda. Me harán daño igual, ¿y las injusticias? Seguirán ocurriendo, pero podemos olvidarlas por un rato. ¿Y las infidelidades? Ocurrirán, pero no para nosotros. Las relaciones pesan después de un tiempo. Las infidelidades también. Yo creo que tú tampoco quieres casarte, además casi ni me conoces. Te conozco lo suficiente. Soy Lilit, recuerda, puede que me escape del edén antes de tiempo. Es el tiempo suficiente que necesito. ¿Para qué? Para que no puedas olvidarme. Seguirás penándome, ¿a eso te refieres? No podrás escaparte del edén. Vivo en él. Pero no conmigo. Es suficiente así. No es suficiente para mí. Nunca podré amarte lo suficiente, además tú tienes que luchar contra las injusticias y yo te quitaré tiempo. Podemos hacerlo juntos. Además yo ya estoy enamorada de las palabras, me quitarás espacio. Podemos escribir juntos. Eso no se hace de a dos. Sólo quiero amarte. No sé bien lo que es amar. Lo que yo siento por ti. Tengo que decirte algo triste, lo siento. ¿Qué? De verás lo siento… estoy enamorada de otro. Ahora tú eres la que me da puñaladas, y por la espalda, ¿por qué no me lo dijiste? No era algo que quería verbalizar, es un amor imposible y nunca resultará, pero está en mi corazón. ¿Cuán profundo? Profundo, creo, no puedo olvidarlo. Quizá se vaya. No lo sé, quisiera, pero algo me tiene atrapada. ¿Y quién es? Vive lejos de aquí, hace un par de semanas que no lo veo. No entiendo por qué no me lo dijiste. No tenía sentido. ¿Qué no tenía sentido? Decirte, la relación con él es un sinsentido, está hecha de nubes y palabras. ¿Y por eso te gusta?, ¿me fuiste infiel? No, ya te dije, es una relación etérea, de palabras, no tiene una sustancia definida. ¿De qué me estás hablando? Te estoy hablando que me enamoré de él, a pesar del sinsentido, no puedo mentirte, y no puedo casarme contigo. ¿Por unas palabras? Y porque tengo tanta pena que quisiera morir, no entiendo nada, y ahora me dices esto. Las palabras te harán daño tarde o temprano. Las palabras me salvarán la vida. Si me dejas acabarás con la mía. Te quiero, pero dame tiempo. Puedo esperarte, sabes lo que siento por ti. Yo no sé lo que siento, y a veces quisiera convertirme en una palabra y quedarme estática dentro de un libro, tranquila. Te leería todos los días. Déjame partir, con mis palabras y mi dolor. No puedo, jamás renunciaré a la rosa que me dio un sabor indefinido, el que ya no puedo olvidar, y me tiene asido a la vida con fuerza. Temo esos sabores, y las rosas no duran para siempre.  


Lilit

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Lilit

Something I should tell you,
But we are never alone
There's something I should tell you,
And I've been waiting so long
When it's over with, going our separate ways
How about you and me:
Dinner for two
David Byrne & St. Vincent, Dinner For Two

Mi nombre en italiano es un nombre de hombre, y en euskera significa mujer. Puedes ponerte Eva, o Lilit. ¿Por lo rupturista?, ¿por la rebelión? Por la feminidad. Pero a ella le gustan los demonios. Es una criatura nocturna, como la lechuza. Es una criatura sobrenatural. Abandonó el edén por las imposiciones. ¿Tratas de decirme algo?, ¿me estás proponiendo que me cambie de nombre? Puede ser tu seudónimo. Ya tengo un seudónimo. ¿Cuál es? Almendra. ¿En flor? Siempre floreciendo, como la primavera. Este fin de semana sentí el invierno, me parece todo tan vacío a veces. ¿A qué te refieres? Las relaciones y el mundo son tan complicados, siento que siempre estoy luchando contra las injusticias. También soy una existencialista desesperada, pero déjalas de lado un momento. Está bien, te contaré una historia. Quiero escucharla. -Un gran banquete, rodeado de almendros en flor. Gran concurrencia, personas riendo y bebiendo vino. Grandes vestidos y sombreros. Demonios y lechuzas sobrenaturales deambulando. En el ambiente una embriaguez extasiante. Un edén demoniaco. Mucho sol y euforia. Un hombre conversa con una mujer de nombre Eva, y le cierra un ojo. Del otro lado de la mesa, varios metros más allá, su mujer conversa con otra mujer de vestido rojo, quien le revela que su marido le es infiel, y que lo ha visto varias veces saliendo de restaurantes con otras mujeres. La esposa monta en cólera, y en un ataque de ira, agarra un cuchillo de la mesa, y comienza a caminar con el cuchillo en alto hacia la víctima infame. La concurrencia se alerta, ella grita, ¡te mataré, te mataré! Él se pone de pie y retrocede, gritando ¡esto es injusto, soy inocente, soy inocente!, y por esas injusticias de la vida, la mujer tropieza, y cae inconsciente al suelo, el cuchillo vuela. Varios hombres corren a su rescate y la llevan dentro de la casa, varias mujeres corren detrás. El ambiente permanece alterado, pero el festejo puede más, y vuelven las risas. El marido acusado, permanece un rato al lado de su mujer, pero cuando ésta vuelve en sí, él le besa la frente y vuelve al banquete. Una vez de vuelta a su puesto, comienza a hablar con la mujer que está sentada a su otro lado, de nombre Lilit, y le dice, debo decirte algo, pero nunca estamos solos, algo debiera decirte, he esperado tanto, cuando esto acabe, qué tal si tú y yo, vamos a cenar…-.  Esa es la historia, ¿crees que nosotros podríamos hacer lo mismo?... ¿Me estás invitando a salir? Claro. Bueno, pero sin puñaladas ni demonios. Ni injusticias ni infidelidades. Empiezas a caerme bien…


Otra historia

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Otra historia

Qué hay en tu corazón. Un poco de odio y un poco de amor. ¿Y yo estoy en él? A veces, ¿por qué me haces siempre la misma pregunta? Porque a veces siento que vas a olvidarme. Lo haría si pudiera. ¿Entonces no quieres olvidarme? Quiero que esto acabe. Pero para mí es lo más importante. Tú no entiendes nada. Yo entiendo que me gusta estar contigo. Tú navegas por la vida sin darte cuenta de las cosas que están pasando. Qué está pasando. Que esto no es real. Lo real es lo que yo siento. Tú no sabes lo que sientes. En mi corazón hay un poco de desilusión y un poco de optimismo. ¿Qué es lo que quieres? No me pidas que tome decisiones. ¿Quieres más café? Eso sí lo puedo decidir. ¿Me vas a decir por qué me sigues llamando? Porque amo tu voz. No es suficiente. Porque amo tu mirada. Más cuando estoy enojada me imagino. Porque no puedo salir de este laberinto al cual me llevaste. Si quieres te muestro la salida. Me hundiría aún más en ti. Por qué te sumerges tan profundo en todo. Porque me hace salir de mí mismo. Por qué te entregas al momento sin contemplaciones. Porque estoy maldito y no puedo arrancarte de mi presente. Podrías darme una tregua. No me hagas llorar. Habíamos dicho que no hablaríamos más. Siento que muero. Sabes que en dos semanas me voy. No pienso en eso. No tendré una relación a la distancia contigo, me duele mucho. No vuelvas a decir eso. Por favor, tú estás con alguien no me vengas con tonterías. Quiero estar contigo. No vuelvas a mentirme. Es lo que siento. No te creo. Si quieres me voy contigo. No vuelvas a decirme eso, me haces daño. Quiero irme contigo. Estamos en la vida real, no en una película. Quiero irme contigo. Por qué me estás diciendo esto ahora, no entiendo. Porque no puedo pensar en nada más. Me pones triste. No puedo soportar la idea de que te vayas. Me tienes con un vacío en el corazón. Te quiero. No sabes todo lo que he llorado por ti. Te quiero mucho. No quiero más palabras sin sentido. No me hundas más. Quiero irme sola, tú vuelve a tu vida. Mi vida no tiene sentido. Ya lo encontrarás. Nunca conoceré a alguien como tú. Tú me dejaste partir. La vida es una mierda. Sólo a veces. Amar es imposible. Yo te amaba, nunca pudiste tomar una decisión. La estoy tomando ahora. Es muy tarde, el corazón se resiente. Yo quiero amar. Podrás hacerlo. No veo razones para intentarlo. Yo tampoco. Pero quisiera que las hubiese. Concéntrate en tus cuentos, quizá ahí surja algo. He escrito cientos, todos para ti. Yo te escribí unas canciones, pero eran tristes. Todas mis historias hablan de ti. Te quiero. Ahora me lo dices. Te quiero desde que te conocí, pero eso no cambia las cosas. Me siento en un despeñadero a punto de caer. Es el vértigo de la vida vivida a fondo. Quiero sentir que nuestro amor ha valido la pena. Lo sabrás después, cuando tu corazón se destroce. Estoy cansado de ver a mi corazón devastado, he ido demasiado lejos. No veo otra manera. No sé si podré soportar más embestidas de este desasosiego. Hay que continuar, con una esperanza ingenua, seguir buscando razones. Siempre me entiendes perfectamente. Creo que no entiendo nada. A mí sí. Debe ser porque intuyo tu desilusión, que se parece a la mía. Quisiera abrazarte en la cama. Llevo varios días soñando con eso. Vamos entonces. No esta vez. Eres preciosa. Tú me haces volar. Yo vuelo contigo, ¿vas a venir? No esta vez, es hora de irnos. El amor es una mierda. Estoy de acuerdo, es un estado drogado irreal. Un estímulo mentiroso. Una sensación penetrante y absurda. No podemos seguir así.   


Otra historia más

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Otra historia más

Nada podrá detenerme, ¿sabías? Otras veces te has detenido. Pero siempre vuelvo a partir. Por alguna razón es posible continuar. Es el amor por la vida. Una vez estuve en la punta de una montaña, ¿y sabes lo que sentí? Qué. Que era inmortal. Esa debe ser la razón, nuestro germen de inmortalidad. Se manifiesta cuando estamos por sobre todo. Cuando podemos ver más allá. ¿Crees que está todo en nuestra cabeza? Yo creo que sí. Yo también lo creo. Mi cabeza es como una nave espacial, siempre está viajando por ahí. La mía se parece a un caleidoscopio. Pequeñas formas y colores que te van guiando. Millares de imágenes que me mantienen unos centímetros sobre el suelo. A mí me cuesta mucho aterrizar. Para qué quieres aterrizar. Cuesta un poco vivir así. Pero es una existencia sublime. La mayor parte del tiempo, sí. Así puedes escribir. Yo nací para esto. Entonces sigue de esa manera. Pero estoy tan fuera del mundo, y al mismo tiempo tan implicada en él. Creo que te entiendo. Mira, escucha esta canción. Me transporta al caleidoscopio. Y qué ves. Veo un prado con margaritas, meciéndose al viento. Y qué más. Un lago gigantesco, y una pequeña barca que se hunde con un hombre dentro. Y qué piensa. Que va a morir. Y qué más. Que debería haber amado más. Tiene miedo. Piensa que no debería haber sido tan cobarde. Que no debería haber tenido tanto miedo. Piensa en la cara de su hijo al que nunca vio. Quiere salvarse para decirle lo que es la vida. Pero no sabe lo que es la vida. Siente que la suya no era tan terrible después de todo. Piensa que fue ingrato con ella. Quisiera decírselo. Recuerda al hombre a quien mató. Siente que nunca dejó de acecharlo. Recuerda la cara de su madre la última vez que la vio. No debería haber desaparecido. Piensa en esa cabaña en la montaña que le traía tanta paz. Podría haberse quedado ahí para siempre. Piensa en sus años en el mar lejos de todo. Recuerda aquella tormenta que casi le quitó la vida, que ahora está por írsele. Piensa en la mujer con la que perdió su virginidad, y que a veces se le aparece en sueños. Aún estaba en la escuela y se sentía tan poderoso. Recuerda la cara de su hermano cuando no pudo sostenerlo en ese precipicio. Siente que fue injusto consigo mismo. Siente que la vida fue injusta con él. Siente que si se salva no volverá a tener miedo. Jura que ama la vida y le pide otra oportunidad. Pero ya es demasiado tarde, y éste no es un momento de inmortalidad.     


Una historia

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Una historia

Quiero escribirte una historia. A veces me adueño del mundo. Todo se reverencia amablemente. La música me eleva. Nada me importa. Porque el momento es mío. Porque contiene tanta magia que deja de lado todo lo demás. Quiero escribirte una historia. Una que te haga llorar. Que te destroce el corazón. Pero sólo tengo unas pocas palabras. Que juntas quizá signifiquen algo. Quiero escribirte una historia. Que cambie el curso del mundo. Que modifique tu estadía en la vida. Ésta es la historia. Escribo bajo una luz tenue. Respiro hondo. Una música suave me habla de revolución. Me pregunto cuándo habrá un sentido para las cosas. Miro por la ventana, y veo pequeñas vidas al otro lado de la calle. Otras ventanas que no son la mía escondiendo cosas que nunca sabré. Esta es la historia: Algo nos separa. Varias calles. Una infinidad de semáforos en rojo. Miles de edificios. Murallas y murallas. Ésta es la historia. Veo una habitación a unos metros. Dos personas separadas por unos centímetros. Veo que hacen gestos, discutiendo coléricamente. Veo que ella intenta acercarse. Él la empuja hacia atrás. Veo que ella se cubre la cara con las manos. No alcanzo a ver sus lágrimas. Ya no se dicen nada. No se miran. Veo que él vuelve a realizar gestos, con una violencia arrolladora. Veo que ella se cubre la cara con mayor intensidad. Veo que él abre un bolso, y lo llena de calcetines, una chaqueta y unos zapatos. Sale de la habitación, y luego lo veo en la vereda caminando atarantado. Veo que se tropieza y cae. Se levanta abrumado y contrariado y continua, enciende un cigarro, mientras la mano le tirita, luego lo pierdo de vista. Ésta es la historia: te perdí caminando por la ciudad y ya no sé dónde estás. Quizá nos separan varias orquestas, unos cuantos teatros, cientos de actores, diversos poetas, múltiples libros de filosofía y un par de novelas. Ahora ya no sé dónde buscarte. Ésta es la historia. Miro nuevamente a la ventana de en frente. La mujer sigue sentada en el mismo lugar de la cama. Vuelve a cubrirse la cara. Tira un cojín contra la pared con fuerza. De pronto sale al balcón, y tomando en sus manos algo que parece un cuaderno, lo lanza lejos. Luego entra, sale con unos zapatos, y repite el gesto. Caen en la mitad de la calle. Nuevamente el mismo rito, con varios libros, cientos de pantalones, poleras y chaquetas. Una silla, luego el cubrecama y unos cojines. Se queda al borde del balcón, mirando al infinito, mi corazón comienza a latir rápidamente. Temo lo peor. Ésta es la historia: quisiera escribirte una historia en la que estuvieras aquí. Una historia en la que me hablaras al oído. Una historia en que me dijeras que las cosas tienen sentido. Una historia en que nos resguarde una fortaleza, en la habitación más alta de una antigua torre. Donde avistemos la ciudad silenciosa, con sus pequeñas lucecitas refulgiendo en la quietud de la noche. Una habitación donde se haga de día y un pájaro se pose en nuestro balcón, con un mensaje de inmensidad. Donde nos ahoguemos de plenitud, con la sensación de un universo bondadoso e innumerable. Donde salir al balcón implique entender algo. Ésta es la historia. La mujer se aferra firme a los barrotes. Luego se saca algo que cuelga de su cuello y lo lanza a la calle. Luego se saca el corazón y lo arroja suavemente hacia el abismo, despidiéndose. Luego se arranca un brazo y lo deja caer. Luego el otro brazo. Luego sus piernas. Luego su pecho, su estómago, y por último su cabeza. Su corazón queda entre los libros, y su pecho arropado entre unas chaquetas. Su cabeza cubierta de lágrimas. Ésta es la historia: vi los planetas alinearse. Luego perder su órbita. Ésta es la historia, la que yo quería escribirte, y acaba cuando los planetas vuelven a alinearse.


Hagamos una juntos

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Hagamos una juntos

Gertrude Stein: The artist's job is not to succumb to despair but to find an antidote for the emptiness of existence.
WOODY ALLEN, Midnight in Paris

Contémonos historias.
Pero tú eres mejor para las historias: Hagamos una juntos.



Mis ganas de ti

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Mis ganas de ti

Un gran tornado que devasta, dura varios días. Luego una quietud honda y espesa. Es el paréntesis que me está costando cerrar. Son estos barrotes que impiden que caiga balcón abajo. Es ese tributo que rindo a la muerte. Son esas carcajadas que escucho cuando lo absurdo gobierna. Son mis ganas de ti.


La muerte que se parece a la vida

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

La muerte que se parece a la vida

A veces se abre una pequeña caja y aparecen grandes cantidades de piel, con un aroma que se adhiere a ella. Las paredes se resquebrajan, y ya no es posible componerlas. Buscas a tientas por la habitación, algo que te resguarde del torbellino. Pero lo que rozas son unas piernas, tibias, y deslizas suavemente tus dedos por ellas. De pronto la cintura, desnuda al momento. Quieres detenerte ahí, pero la pasión mortal se instala en tu pecho. La vida ya no te importa, lo único trascendente es continuar, como una condena inexorable. Sacudes tu cabeza para recordar cómo era la vida, pero lo único que existe son sangre y huesos. Un corazón que palpita a una velocidad arrolladora y violenta. De pronto te acunan unos gemidos, dándote un respiro. Pero la verdad es que el pasado y el futuro se han difuminado. Sientes una lengua húmeda que se desliza por tu cuello. Sientes que la vida es esto y no hay nada más. Entonces se instala la muerte en tu corazón y se adueña del espacio, como una bella catarsis. Despiertas y ya no hay nada ahí. La habitación está vacía y los autos circulan por la calle. Las recorres en busca de la vida. Porque una vez estuvo en ti. Porque antes era fácil dirigirse a algún lugar. Pero el tiempo ha quedado detenido, las caras de la gente ya no tienen sentido. Preguntas cómo llegar a casa pero sólo obtienes muecas de incomprensión. Todo ha quedado al revés, los caminos tienen la dirección opuesta. La muerte incubada en tu corazón distorsiona todo. Invade cada poro de tu piel. Te sientas en un banco a esperar un milagro. Recuerdas la pequeña caja que una vez abriste. Solo queda una solución, matar a la muerte. Devolver los edificios a su sitio. Transcurren un par de días, sigues sentado en el mismo lugar. Buscas a la muerte para acabar con ella. Sabes que está dentro de ti, pero sientes como que hubiese invadido todo el lugar. De pronto la encuentras, pero se parece mucho a la vida. Casi son lo mismo. Te entregas a ella, en un viaje que se parece a un paréntesis donde todo es posible. La montaña rusa sube y baja, tantas veces que te elevas en un éxtasis confuso, asfixiante y sobrenatural. Te cautiva lo desconocido y ya no puedes parar. La caja ha quedado abierta en tu velador. Te lanzas montaña abajo. No hay otra forma de vivir.


En este parque a veces es posible

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

En este parque a veces es posible

Quisiera hacerte mío, pero he llegado al parque y ya no estabas. Me sumí en un paréntesis delirante. Cuando miré hacia atrás lo único que quedaba era tu olor en mi almohada. Pero era tenue y luego se difuminó hasta desaparecer. Ahora voy por la calle y una suave música me aleja de ti. Continuo, y continuo, y sin esperarlo vuelvo al parque. Me siento entre dos grandes árboles, mientras sopla una brisa cálida, que luego se vuelve fría. Me recuesto en el pasto, mientras observo el vaivén de las hojas. A veces la perplejidad se hace carne. A veces el presente se suspende. A veces nuestro poderío se debilita. Entonces esas hojas se convierten en pequeños parques llenos de palabras, que dejan de tener significado. Todo empieza a confundirse, y las palabras quisieran significar otra cosa. Entonces se forman nuevas frases que se abalanzan como un tropel de desvaríos. Ese es el momento en que las tomo entre mis brazos y hago lo que quiero con ellas. Porque están a mi merced ante tal confusión. Y escribo “en este parque todo es posible”, y luego escribo “en este parque nada es posible”. Y luego, “en este parque a veces es posible”. Pero quisiera escribir, “en este parque las palabras significan algo”. Y escribo finalmente, “en este parque las palabras no significan nada”. Y cuando todo está sumido en un gran desorden ininteligible, apareces tú, de manera inesperada. Quisieras escribir una frase pero no alcanzas las palabras. Resuelves observarme mientras ordeno el caos. No es fácil porque llevo largo tiempo conviviendo con él. Te acercas y me miras a los ojos, “algún día las palabras significarán algo”. Continuas con la mirada fija en la mía, “en este parque todo es posible”. “Sólo a veces”, te respondo, y las palabras ya son mis amigas. Me invitas a caminar por el parque, pero debo partir. “La entrada a este parque fue inesperada”, te digo. “Las oportunidades llegan”, me dices. “Y también se van”, te digo, “como el amor”. Resuelvo marcharme, de mi breve estadía en el parque, efímera como la vida, como las palabras, como un abrazo. Me dirijo hacia el mar, para sentir la infinidad en las olas, y devolver las cosas a su lugar. Sabiendo que la reminiscencia es inevitable, y que algo de su mirada persiste en mí. Luego en mi habitación mi almohada ya no tiene su olor, pero algo ha quedado adherido a mi piel, y voy por las calles preguntando por su nombre. Quizá ese “a veces” lo traiga de vuelta a mi piel. Quizá ese abrazo sea menos efímero que la vida. Quizá las palabras insistan en desordenarse y yo seguiré tratando de componerlas. Quizá incluso lo inolvidable puede a veces olvidarse. Quizá lo que se olvida, puede a veces volverse inmortal.


Las cosas que te quitan el sueño

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Las cosas que te quitan el sueño

Vienes y te instalas en mi salón como si nada. Traes una botella de vino. Conversas de todas esas cosas que te quitan el sueño. Hablas de filosofía y de mecánica cuántica. Yo observo y observo. Porque me paralizas. Me inspiras y me frenas. Me vuelvo tímida. De pronto bailamos. Somos cinco personas en la sala. Me recuesto en el suelo. Me pongo de pie. Doy un giro. Te arrancaría un pedazo de la piel con la boca. Te abrazaría hasta ahogarte. Te zamarrearía para que despiertes. Con una mano agarraría tu cara y te daría un breve beso que deje contenido un caudal de sensaciones que te dejen al borde de un precipicio. Te miraría fijamente a los ojos hasta traspasarles toda esa avalancha que está retenida. Porque no haces nada que te acerque a mi sonrisa que significa mis ganas de ti. Porque estás detenido como el caminante exhausto que se sienta al borde del camino para respirar profundo. Porque no sabes cuál es tu nombre. Porque todo da vueltas cuando miras hacia los lados y el vendaval luego te consume. Y yo sólo te miro mientras caminamos por las calles. Con el pedazo de carne que te arrancaría entre los dientes. Con tu cuerpo entre mis brazos cálido en mi emoción. Con tu risa que me roza pero no me alcanza. Entonces siento que está agonía se está prologando excesivamente. Y que quisiera detenerla. Quizá debiera arrancarte ese pedazo de carne que quiero esparcir por mi piel. O morderte el cuello para abrir las compuertas y que reviente este ademán de fiera que me ataca cuando estás cerca.


Balada de lo inesperado

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Balada de lo inesperado

La locura es como este parque, te digo. Puedes entrar y salir de él. A veces la puerta está cerrada. Pero quizá haya un espacio entre los barrotes para escapar. Eso es, es escapar. Porque cuando llega no escucha razones. La locura es como esta cama, te digo. Puedes entrar y salir de ella. Pero se queda adherido a ti un aroma incierto, inevitable, que ya no puedes quitar de tu piel. Porque la locura es un paréntesis profundo, muy profundo. Su llegada es inesperada. Porque cuando llega, quizá en la calle, quizá en el parque, quizá en la cama, estás inerme para combatirla. Su ataque es sorpresivo. Y a veces es tan delicado, que su hipnosis es certera. Conversé esta semana con la locura, y no tenía razones para mí. Quiso desentenderse, pero le dije que su llegada era inesperada. Cuál es tu naturaleza, le inquirí. Qué es lo que buscas. Pero ya era demasiado tarde, estaba sentada en mi balcón, al sol, sonriendo de cuando en cuando. Por qué has venido, le demandé. Pero me hablaba de otras cosas, haciendo caso omiso a mis preguntas. Resolví escucharla, lo que tenía que decir, quizá hubiese explicaciones. Soy como el amor, me dijo, otorgo el impulso de levantarse por la mañana, el deseo de convertirse en música, el anhelo de rozar la piel de otra persona. Soy la entrada al paraíso, y la estadía en un oasis que se disuelve con el tiempo, para dar paso a otro distinto. Soy la respiración del mundo y las ganas de volar. Soy una montaña sin final que todo lo puede. Soy la manera de rozar lo divino. Soy el germen de virtud que empuja a la creación. Soy la belleza de decir las cosas de una manera genuina y única. Soy el deseo de querer abrazarse entre las sábanas, de respirar aceleradamente, de prometerse el infinito, de dejarse llevar, de lanzarse al vacío. Soy la raíz de los árboles más bellos, y el embrión de las criaturas más majestuosas. ¿Sabes por qué he venido? Porque sí. Porque la vida es inesperada. También lo es para mí. Tan pronto estoy en tu balcón, como luego estoy en alguna calle que me llama la atención, o en el mar sintiendo las olas. Pero sabes qué, a veces siento la inclinación de dirigirme hacia algún lugar en particular, como si alguien me llamara de alguna manera. Quizá tú querías que llegara. Sin saberlo. Pero no he venido a hacerte preguntas. He venido a decirte que a veces en la vida te quedarás con un sabor inolvidable. Que a veces debo acudir a la magia que se desborda de pronto. A la fiesta que se desencadena en un paréntesis, como un minuto de silencio profundo y mágico en la punta de una montaña. A lo que nace a veces cuando dos miradas se encuentran. A la magia inevitable. A la explosión del significado de la vida. Te pediré algo, déjame quedarme un poco en tu corazón, aunque duela a ratos, aunque no haya respuestas, aunque haya sido inesperado, de esa manera sabrás lo que es el amor. Te diré algo, siempre acompaño al verdadero amor, porque su sustancia está hecha de catarsis. De salir de uno mismo. De volar, y volar, y morir. Consérvame en tu corazón, te acariciaré por las noches con una suave devoción. Te contaré historias que te harán volar. Te escribiré un sinfín de versos que encenderán tu emoción. Te diré por qué estamos aquí. Te hablaré del significado de nuestra existencia. Entenderás por qué las personas quieren escapar, ordenarse. Tú serás libre, como los pájaros que planean en este momento por el cielo. Te pediré algo, que no olvides esto, yo soy el amor. Te pediré algo, que tampoco olvides esto, ya estaba desde antes en tu corazón.


11 de abril de 2016

Como un cazador

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Como un cazador

Te escuche cantando, a lo lejos. Como un cazador saqué mis flechas. Te lancé una con mi puntería implacable. Tus manos rozaron mi cintura mientras bailábamos. Me seguiste por las calles de Barcelona. La noche estaba llena de vida y de música. Las calles angostas presa de una belleza incierta pero llamativa. Los corazones abiertos al momento. Listos para desbordarse. La promesa de la infinidad. La hermana de la finitud. Esa que te mantiene en esas calles y nada más. En los balcones la fuerza de la vida vivida a fondo. El deseo de saltar. El deseo de volar. El deseo de trascender. El deseo de lo nuevo. De dar un paso más allá. La luz de los faroles alumbrando poesía. El agradecimiento de la estadía en estas calles. De la magia del amor. De sentir la sangre fluyendo por tus venas. De saber que tu corazón palpita. Que tus pulmones se llenan de aire a cada momento.  

Ademán de fiera

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Ademán de fiera

Breathe, breathe in the air
Don't be afraid to care
Leave but don't leave me
Look around and choose your own ground
PINK FLOYD, Breathe

Estamos en la jaula del mundo. Te propongo abrir los barrotes. Salir al descampado. He estado ahí antes. Pero esta vez es distinto. Quiero arrancarte un pedazo del brazo con los dientes. Arrastrar mi lengua por tu espalda con una devoción animal. Acurrucarme en tus brazos como dentro de la bolsa de un marsupial. Estás indeciso porque la sabana tiene riesgos. Está plagada de leones que podrían devorarte. Chitas corriendo a una velocidad bestial. Me propones esperar unos minutos. Que se convierten en horas. Y luego en días. Pero los barrotes ya están abiertos. Sopla el viento. Caminamos por las calles sin decir nada. En el páramo al menos hay palabras. Frases que resuenan invitándote a sentir algo que no has sentido antes. Me haces dudar de la posibilidad de escapar. Pero sé que he estado ahí antes. Alguna vez sentí el paraíso. Aunque el vértigo me destrozara. Era un oasis en las alturas que luego te arrojaba a la tierra con fuerza. Veo esa chispa en tu mirada. Esa humanidad queriendo respuestas. Siento que ya no puedo esperar más. Que algo cambió y la tierra está modificando su curso. La naturaleza comienza a invadirme. Enredaderas en mi cuerpo. Esto ya no se sostiene. No como ha sido hasta ahora. Escapa conmigo. Te prometo el paraíso. La montaña rusa de la realidad. La pasión sin límites que todo lo incendia. Lo más sublime que pueda armarse en tu corazón. Podremos estar dentro de la tierra pero fuera de ella. ¿Ves cómo se arma en tu mirada ese atisbo de bienaventuranza? Mira a tu alrededor. La música podrá sacarnos de este sopor. Los libros, la esperanza, el amor. Sé que la desilusión escarbó en tus entrañas. Mi pecho conoce la parálisis. Pero los barrotes ya están abiertos. Solo se precisa salir. Plantar algunos árboles y regarlos religiosamente. ¿Me dirás lo que esconde tu estampa? Eso que no puedo ver. Fuera del mundo se acaba lo absurdo. No sé por qué he tardado tanto en salir de él. Debía acariciar sus barrotes un tiempo mayor para entender. No sé por qué has tardado tanto en unirte a mi viaje. Te diré algo: es la única manera de vivir. Arrancándose la piel con los dientes. Dejando que la brisa te llegue hasta el hueso. Aunque te destroce la incertidumbre. Arrastrando tu lengua por la espalda aunque tenga final. Percibiendo que dentro tuyo hay algo. Sintiendo que te habita la vida.

He estado viviendo mucho

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

He estado viviendo mucho

Una verdadera ciudad es un espejo donde la historia se mira no sólo en lo que fue, sino más todavía, en lo que estuvo a punto de ser, en lo que hubiera sido, si los procesos históricos no fuesen interrumpidos en su punto mejor, en ese momento en que la historia se aclara y se deja ver un fondo sin légamo, sembrado de piedras blancas; y su corriente ha dejado la prisa de llegar por estar ya llegando, como hace el Eresma cuando por allí pasa. Cuando la historia se asemeja a un domado elemento, donde vivir va a ser, por fin, posible. Cuando pareciendo cosa natural, se hace más trascendente, efecto de una conjugada voluntad. Es un paréntesis, como lo es siempre un espejo.
María Zambrano, España, sueño y verdad

He estado viviendo mucho. De pronto me sorprendo en esta hermosa ciudad y caigo en cuenta del presente y sus posibilidades. De la oportunidad que tengo. Camino cada día a la universidad sonriendo, como si fuera la reina de la ciudad. Como asegurándole que obtendré de ella todo eso que quiere mostrarme. Quizá debiera comportarme como corresponsal encargada de mostrar lo que hay detrás de sus puertas y bajo sus alfombras. Una mirada aguda que descubra sus quejas y sus contentos. Lo que yo quiero es hacer el lugar mío, que se pegue a la piel como si fuera el mío propio. Camino a tu lado por las calles y algo en mí va sugiriendo que quererte es inevitable. Lenta e imperceptiblemente has ido rozando mi corazón hasta ganar en él un pequeño espacio. Sueño con abrazarte, y sentir tus labios hasta hipnotizarte. Quizá tengo miedo, ese maldito miedo a querer escapar que a veces me sobreviene. Pienso ahora que serás mi inspiración para escribir. Te usaré como figura sublime para explorar el sentimiento que causas y enamorarme de una idea de ti, aunque a ratos se aleje de la realidad. Ese aliciente dará vida a mis elevados versos. Este viaje va tomando forma de a poco. Vas entrando en mí y todo va cambiando de aspecto. Cada día algo nuevo. De pronto siento paz. Sueño con que algún día seas realmente mío.


Despedida II

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Despedida II

Querida familia,

Muy pronto partiré de aquí, en busca de las raíces, que quizá otorguen nuevas piezas a mi identidad fragmentada. Existen momentos en la vida en los cuales tener una familia es motivo de celebración, y de risas. Existen otros momentos, en los cuales tenerla te salva la vida. A veces las razones se hacen difusas, y en esa bruma, el amor incondicional es algo que nunca se difumina. En este viaje que emprendo, tengo la sensación de estar comenzando la segunda parte de mi vida. Viajo liviano, porque recomenzar el infinito requiere tener una visión despejada de nudos de antaño. Pero la confianza la llevo conmigo, y es porque el amor incondicional me acompaña, y me guía. Tengo una esperanza desbordante, aunque alguna vez creí perderla, y es por ese amor absoluto que está instalado en mi corazón. Mientras ustedes existan siempre habrá una razón. A veces es posible olvidarse de agradecer, pero yo no puedo olvidar, porque soy totalmente afortunada de la familia en la cual nací. Nunca, pero nunca, lo doy por sentado. Y estoy tranquila, porque nunca voy a estar sola, y estoy feliz, porque siempre me siento apoyada, querida, escuchada, porque nunca me he sentido juzgada, ni pasada a llevar, y porque siempre, siempre, disfruto enormemente de la compañía de todos ustedes, y me siento inmensamente feliz, y a gusto, y porque las risas de todos encienden mi corazón. Siempre he admirado el optimismo que rodea a nuestra familia, y lo perseverantes y combativos que son todos. Es una energía infinita. Es lo único que necesito llevar, el amor definitivo y esa valentía que me hará pasar por las calles con brío y sabiendo que incluso lo imposible, es a veces posible. Lo sé, porque he visto proyectos renacer en medio de las cenizas, porque he visto personas recibiendo diplomas en condiciones adversas, porque he visto viajes en barco para curar dolencias, porque he visto siempre sonrisas, a pesar de la lluvia. A veces no entiendo por qué tengo tanta suerte, y otras veces sólo la agradezco, y me detengo un minuto para pedirle a la vida que todos sean felices, y tengan paz, y que esta linda familia siga teniendo siempre tanta luz. Ahora que han llegado hermosísimos nuevos y nuevas integrantes a ella, me maravillo ante el milagro de la vida, y lo que pido, es que sean tan felices como yo he sido, y deposito en ellos un poco del amor definitivo, porque yo sé que con él podrán serlo. En este momento de partida, lo que pido es que nunca olviden que mi corazón, pleno del amor absoluto, está siempre alerta y pronto para armar el puzle que haya que armar, para escuchar cualquier sensatez o desvarío, para reír, celebrar, compartir lo que a veces es más difícil, o simplemente pasar la vida, que también hace falta.
Gracias.
Amor absoluto y hasta pronto.

Almendrita


Despedida

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Despedida

Sometimes said it’s sun time
Let it sunshine on my mind
Healing I need healing
A good feeling I can shine
Feel it like you can see it
Like you can dream it in your mind
All the same it’s conscience waiting
Cross the line, Cross the line, Cross the line
EDWARD SHARPE, Come In Please

Queridos amigos y amigas,

En una semana y dos días estaré (espero) sentada en un pequeño asiento de avión. Cuando uno cree que ha aprendido a vivir, de alguna manera la sensación de estar una vez más dentro de la crisálida, te demuestra que eso que habías visto no era lo que creías. Como ir caminando por un puente colgante que de pronto se convierte en aire, y ante eso solo queda aferrarse a las nubes, que no tienen respuestas. Existen distintos tipos de abismos. Unos que son simplemente negros, y en los que no hay nada, y otros en los que el desconcierto está instalado como una bruma que lo cubre todo, y no es posible ver mucho más allá. A veces, como me sucedió a mí, un día, hay unos pequeños brotes en las ramas de los árboles, y cuando las flores se abren, la esperanza se sitúa firme en el corazón, volviendo al lugar donde una vez había estado. El pecho se entibia, y la serenidad y el amor fluyen como miel, como una música de Chopin, como un día asoleado que te desgarra de pasión. Entonces sé que había que seguir aprendiendo a vivir, y me reconcilio con los ritmos zigzagueantes de la vida. Ahora que los vientos me llevan a otro lugar, creo estar saliendo de una crisálida que marca el inicio de la segunda parte de mi vida. La anterior, que he tenido la suerte de protagonizar hasta ahora, estoy guardándola en un cofre, con dedicación, con agradecimiento, y hay una sola cosa que llevaré conmigo, y es el amor de todos ustedes, y cada uno de los gestos, que están recordándome siempre, que vivir es la experiencia más maravillosa, y que nunca, nunca hay que perder la esperanza. Quizá no he aprendido a vivir, pero lo que he vivido no ha sido en vano, porque los conocí a ustedes, y cada uno me ha mostrado algo del mundo y de la vida que no sabía, o que construyó una parte de lo que soy, dándole nuevas formas y colores. Lo que me inunda ahora es agradecimiento, y profunda gratitud por el hecho de que la vida, luego de desorientarte, se encargue de mostrarte toda la belleza que hay en ella, y todo lo que vale la pena caminar por sus escarpados, y al mismo tiempo amables, senderos. Todo depende de los ojos que la ven. Ustedes me han hecho siempre querer compartir un poco de toda esa belleza que veo, y salir de mi constante nave espacial en la cual habito, disfrutando, con mi felicidad expansiva, y mi existencialismo penetrante. Les agradezco también por seguirme el ritmo, por reírse conmigo, por todo el respeto, la profunda compresión, el cuidado, el apoyo y el amor. Hay algo realmente impagable, la confianza de la comunicación auténtica y genuina. Sentirse alineado estando con alguien. Lo bueno de ordenar antes de partir, es poder lanzar por la ventana todo lo que no vale la pena, y yo no necesito mucho, solo la lealtad que ustedes han tenido conmigo, esa también va en mi maleta, dándome un calor que entibia mi corazón. Lo que pido es que la belleza esté también en sus corazones, y que la salida de la crisálida, cuando les suceda una y otra vez, tenga magia, y tenga una razón. Mis ojos, mis oídos, mis manos, y mi corazón, estarán siempre atentos para lo que ustedes tengan que expresar, para lo que se precise, y espero poder estar siempre en el lugar que se requiera para detener una avalancha, encender una llama, soñar con lo imposible, o simplemente darle color a lo cotidiano.
Paz y serenidad para todos.
Mucho amor y hasta pronto.

Almendra


Y yo… ¡cómo me voy a ir!

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

Y yo… ¡cómo me voy a ir!

Duro dos segundos el atardecer
Me quemo por dentro
El alma y el cuerpo
La sangre está hirviendo
Sin alma en el cuerpo
Me quemo por dentro
Bomba Estéreo, El Alma y el Cuerpo

A veces dudo, la lejanía, como un eco a la distancia, me llama, me dice cuánto tiempo crees que podrás estar lejos, y si tu familia te llama, te necesita. Y si el amor se vuela, como un pájaro en cámara lenta que no detiene el batir de sus alas. Y si la nostalgia me carcome, y si me desoriento. Y si me quemo por dentro con una pasión por volar alto y quiero partir. …Y me llamas, y me dices miamor, je t’aime… y yo… ¡cómo me voy a ir! Quiero estar aquí. Dijimos creemos vida, y yo… ¡cómo me voy a ir! No sé lo que eso significa. A veces tengo miedo. Dijimos, compartamos nuestra vida, y yo… ¡cómo me voy a ir!… ¡Cómo me voy a quedar!, a tientas, hasta que pueda ponerme de pie, decir, sí, no conozco este lugar, pero quizá pueda conocerlo, quizá no necesite conocerlo, quizá lo desconocido sea un aliciente a mi pluma, quizá puedo sacrificar una cosa por otra, quizá puedo sacrificar mi vida a la pluma, entregar mi comodidad a las hojas en blanco para que puedan desenvolverse libremente, dar vueltas en redondo, partir y regresar, sentarse en el puente y conocer a la vida frente a frente, sin subterfugios, la vida sin muros, la existencia sin fronteras, y el corazón tranquilo, guardado entre dos manos, que lo cobijan, a quienes les das tu confianza, porque no te queda otra, porque tú ya estás en otro lado, en la desorientación creadora, en la resignación de la vida, en la entrega de tu alma a la fértil ventisca, yo no entiendo nada, y yo… ¡cómo me voy a ir! Si yo vine a no escapar, yo vine a ver más colores de tus ojos, a profundizar en tu alma, si yo vine a poner una letra al lado de la otra, un vuelo al lado del otro, un dolor al lado del otro, un sentido que tenga sentido, que pueda leerse y tenga sentido, que pueda sentirse y tenga sentido, un lápiz que se concentre en el pasar del río, unas letras que signifiquen algo, que se organicen y se rindan a la belleza que acecha. Y entonces, ¡cómo me voy a ir! Si no quiero volver, nunca he querido volver, pero luego, si ya no puedo partir, ¡cómo me voy a quedar!, pero, ¡no puedo partir!, pero, ¡no quiero quedarme partiendo!, quiero quedarme quedándome, pero que esa parte que está partiendo sea todo ese amor que me espera al otro lado del océano, y que fue lo que me dio la vida, para poder estar ahora quedándome, a pesar de a veces pensar en estar partiendo. Me quedo quedándome, porque nunca se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir, viviendo.