En unos días, el 22 de septiembre, mi padre está de cumpleaños. Llegó a este planeta hace ochenta años, el año 1946. Sus padres lo nombraron Francisco Antonio. Cuando tenía treinta años se casó con mi mamá, hace exactamente cincuenta años, un 07 de octubre. Esto quiere decir que en unas semanas cumplen 50 años de casados, con mi madre, Andrea María. Vi una vez un video mudo y en colores de este momento, muy emocionante. A mí me gusta llevar en mi nombre a mi madre y a mi padre: Andrea Francisca. Igual voy con ellos, además del nombre. Hace poco vinieron a visitarme, como todos los años, tiempo que pasamos juntos y atesoro el año completo. Pasamos unos días espléndidos en Lyon, con paseos y ópera, y viajamos a conocer Munich, aventura que teníamos conversada hace tiempo. Vimos ópera y ballet, museos y partidos de fútbol del mundial en terrazas, nos bañamos en lagos, anduvimos en barco, y nos divertimos en grande. Casi todas las cosas importantes que sé sobre existir las aprendí con ellos. Cuando los veo las repasamos, para que no se me olviden, para acordarme exactamente de dónde vengo y la suerte que tengo con unos padres como los míos. Apoyo es poco, cada alegría, cada triunfo, está construida en lo que ellos han hecho por mí. Nunca un juicio, nunca una duda, de mis capacidades y posibilidades. Al contrario, entusiasmo desbordante por mis ideas y logros. Se alegran como si cada palabra fuera una fiesta. Nos reímos porfiadamente, jamás irse el suelo con lo difícil. Imaginamos salidas, estrategias, puentes, chalecos de salvataje. Nunca pensamos que las cosas iban a ser fáciles, pero juntos siempre todo es alegre y la disposición es otra. A ninguno de los dos les han faltado penas, pero en compañía todo es distinto. Doy fe, estar con ellos es carnaval. Además cuando vienen me ayudan con cosas de la casa, para que mi espacio sea más lindo y acogedor. Esté lleno de música y poesía. Con ellos conseguimos un piano, un equipo de música, con paciencia y amor me acompañan en los sueños y tareas. El año pasado me acompañaron a materializar mi pasaporte español, para poder tenerlo, igual que ellos. A veces no sé si lo he hecho bien, si he podido retribuir todo lo que recibo. Es demasiado. Estoy lejos, pero cerca a nuestra manera, y pasamos un tiempo juntos todos los veranos australes, en esa casa de paraíso, y mirando el mar en esa terraza asoleada. De mi papá aprendí dos cosas que me han determinado, cuestionar las reglas y respetar la ética en toda situación, da lo mismo las circunstancias. Aprendí también la generosidad, aunque jamás vaya a alcanzarlo, mi papá es de una generosidad sin límites. Capaz de esperar horas sin modificar su sonrisa, si hace falta acompañar para algo. De pequeña me llevaba a jugar a unos juegos cerca de la casa. Se sentaba con paciencia. Nos llevaba a andar a caballo, a lanzarnos duna abajo en ese desierto al borde del océano que parecía de otro planeta. Nos traía cientos de libros y juguetes para que lo aprendiéramos todo. De cada viaje regalos para que pudiéramos vivir un poco lo que él había descubierto. Admiro a mi papá con todo lo que soy. Es un inventor amable y brillante. Ecuaciones y ecuaciones hasta dar con las fórmulas adecuadas. Dibujos y dibujos, hasta dar con el diseño adecuado. Se le pasa el tiempo concentrado en su pasión. Pero luego está encantado de compartir. No se incomoda como yo, cuando lo interrumpen en sus ensoñaciones y planificaciones. Tiene mucha más paciencia. A mi papá le gusta estar acompañado. Hermosa familia han construido. Con esfuerzo y amor. Mi papá es un espécimen raro, no alberga en su corazón ni sexismo, ni clasismo, ni racismo, ni especismo. No le puedes hacer daño a ningún ser vivo, desde el primer día me lo dijo. Hija, los animales también tienen un alma, no mates a esa araña, la dejamos mejor en el patio. Hija, todxs son tus hermanxs, no hay diferencias, hay que ser empático y ayudar a todas las personas. Jamás pasar por encima de nadie. Mi existencia completa se construyó en los libros que me regalaba mi papá, uno cada día, cuando volvía del trabajo. Lo descubrí todo en esas aventuras que me traía. Mundos completos. Las cosas que sabemos vienen de algún lado. No se improvisan. Aprendí con él cómo debe ser una con alguien que uno quiere, mi papá nos decía: la más importante para mí es la mamá de ustedes. Lo que a mí me causaba gracia, que nos dijera en la cara que ella era más importante que nosotros, pero comprendía que se refería a priorizarla, era lo que decía para explicar esta afirmación. Cincuenta años juntos, día tras día. Amor mío, ¿quieres algo?, qué te traigo, ¿todo bien?, qué puedo hacer por ti, qué necesitas. Cada día. Mi papá ha apoyado el abanico completo de ideas que hemos tenido, mi mamá, mis hermanos y yo. Del ámbito que sea y lo más o menos fuera de la realidad que estas estén. Fantástico, dice. Me encanta, dice. Te apoyo en todo. Cómo no tener ideas así, dan ganas. Mi papá me enseñó el amor por los suyos, el amor por la familia, por sus países, y el respeto de las tradiciones, sin jamás dejar de cuestionarlo todo. Profundamente espiritual, sigue un camino en silencio de recogimiento, agradecimiento y oración que siempre me ha impresionado. Siempre está dando las gracias. La gratitud la aprendí de ambos mis padres. Tal vez es lo más importante que me han enseñado. Nunca dar por sentado nada. Cada día es un regalo. Lo aplico cotidianamente, dedico un momento a hacerme consciente de todo lo maravilloso que me acompaña, y de la suerte loca que tengo de contar con esta familia impresionante y de poder dedicarme a mi pasión, con una perseverancia intensa, igual que mi padre. Si fuera por nosotrxs estaríamos cada uno en sus ocupaciones la totalidad del tiempo, pero tenemos que esforzarnos en socializar. No nos sale tan natural. Se abre siempre ese abismo de invenciones esperando. Lo heredado no se hurta, dicen. Crecí con la siguiente frase: hija, cuenta las horas que no estudias. Parece broma, pero no. Todo el resto, superfluo. Eso quería decir. Es decir, puedes dormir y comer, pero el resto del tiempo, mejor lo dedicas a estudiar. Bien en el fondo de mi corazón siempre pensé que me estaba tomando el pelo. Pero mi existencia se convirtió exactamente en eso. Escribir en todas las horas disponibles, y leer, esto es: en todas las horas. Escuché atentamente la frase probablemente. Me la tomé en serio. Eso que me hacía reír. Una nunca sabe bien qué es lo que va a ocurrir, y convertirme en eso no era uno de mis sueños. Ahora lo llevo a cabo cómodamente y no se me pasaría por la cabeza modificarlo. Amo mi vida. Yo sé que mi papá también ama la suya, y ama a su gente y recibe todo el amor que ha dado, durante ochenta años. Te adoro, papá, no podría de ningún modo abarcarlo todo, pero estas palabras esperan ser una sonrisa más para tu hermosa existencia, la cual agradecemos cada segundo. Tus nietas también te adoran: Pancho, como te dicen ellas. Nos has permitido a cada uno la felicidad, y tu compañía es música constante. Contigo siempre, muy feliz cumpleaños.
Qué palabras más lindas, como siempre, destilas el alma de las personas. A mí, tu papá es lo mejor que me ha pasado en la vida. Preguntas si tú lo has hecho bien como hija, yo sé que para tu papá eres lo máximo, y para mí, lo has hecho demasiado bien, tu pasión, tu talento y tu valentía nos llenan de orgullo. Y nadie nos ha regaloneado tanto como cuando te visitamos. Gracias hija por las palabras para el cumpleaños de tu papá.
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