25 de mayo de 2026

Pasión III

Mi existencia es similar a una película de ficción. A veces una de terror, y a veces una tipo “La novicia rebelde”, cantando por los pastizales, entonando canciones simples, como “do, un ciervo, re, un rayo de sol, mi, el nombre que me doy a mí misma, fa, un camino más largo a recorrer”. Algo por ahí. Pero claro, pierde en la traducción, porque ciervo no empieza con do, un rayo no es re, yo no es mi, y fa, nada que ver con un camino más largo por delante. Pero se entiende la idea. Un día donde la existencia es amable y hay notas musicales. Donde uno va medio saltando por la colina. Otras veces, la vida es como una película de Emir Kusturica, en cuanto a lo inesperado y festivo. Eso es lo que me ocurrió el viernes. Vamos entonces a lo que nos convoca, las aventuras de tan singular velada. Le escribí a Grégory para comunicarle que no había podido asistir a su obra de teatro, porque estaba enredada en tramas de pasión, que lo lamentaba, pero le envié mis coordenadas de ese cálido atardecer, por si quería sumarse. Intercambiamos unos mensajes, pero luego vino lo que siempre pasa, esa parte (la primera) en que la ficción se cuela, y yo le contesté cuando él no vio el mensaje y él me contestó cuando yo no vi el mensaje. Una especie de Romeo y Julieta, de misivas que llegan tarde, noticias que no componen el presente. Pero en este caso no hubo suicidio ni muerte. Lo que ocurrió es que cuando llegué a mi casa, tenía un sinfín de mensajes. Lo hago partícipe de la información: ya llegué a mi casa. Veámonos ahora, me dice. Pero dónde, le digo yo, acabo de entrar. Donde quieras, me dice. De acuerdo, respondí, señalando un bar que queda cerca de mi departamento. Era más de la medianoche. El bar cerrado. Bájate en el metro tal, le propongo. Caminé hasta allá. El barrio estaba como que todos ya estaban durmiendo hace rato. Un desierto de cemento. Nos encontramos, a la salida del metro. Aquí estoy, le dije, soy real, existo. Así veo, me dijo. Nos pusimos a caminar sin rumbo fijo. Hacia el bar imposible porque todo estaba clausurado por la hora. Aquí viene esa parte (la segunda), donde la ficción ingresa en el presente. De la nada, se abre una puerta, y dentro, una fiesta iraquí. Alguien cantando fantásticamente en árabe, con otra persona que lo acompañaba en un teclado, otras personas bailaban, y la algarabía era visible, imagino que los comensales llevaban varias copas encima, porque eran ya más de la una de la madrugada. Con una amabilidad impresionante, nos dijeron, únanse a la fiesta. Recapitulemos, caminando por la acera sin destino, y de pronto abducidos por un convite iraquí de lo más animado. Nos miramos con Grégory, sorprendidos, de dónde salía este festejo recreado como por autogénesis, que nos dejó instalados en el bar de un gran alboroto, de un segundo al siguiente, en un barrio baldío. Saludamos, aceptamos unas cervezas. Se abría un agujero en el tiempo. Bailamos, qué más íbamos a hacer, la danza era magnífica, e integramos inmediatamente la coreografía, como si hubiésemos nacido dando esos pasos y moviendo los brazos de esa manera. Grégory pidió un par de canciones, me comentó que conocía esa música por su infancia en Paris. No tuve tiempo de preguntarme a mí misma qué hacía yo ahí, lo que es siempre muy agradable. Entregarse a ese presente despojado de obstáculos. Donde lo único que importa es cantar y bailar. Lejos del do, re, mi de Julie Andrews, y tan cerca de otra cosa, nueva, mágica. Sí tuve tiempo de observar a los participantes, por todas partes era una especie de caos vital, que me hizo reír. Pequeños dramas y tragedias por todos lados, peleas y abrazos. Por supuesto a medida que avanzaba la noche el cuerpo de Grégory y el mío estaban cada vez más cerca, hasta llegar al franco contacto físico, y de pronto estábamos tan cerca, que nos besamos. En medio de esa música que inspiraba. A mí las ficciones ya no me atemorizan. Al contrario, me encantan. Mientras más desconcertantes se presenten las horas encima mayor el gozo. Eso fue. Tengo una pasión insaciable por la ficción. Ahora sé que también por las celebraciones iraquíes. Grégory todavía no sé, porque la pasión también requiere trabajo. Este punto ya lo hemos tratado en otros libros, la pasión por el presente, la libertad, la literatura, el amor. Lo que me alegra es esa capacidad de la existencia de regenerarse. De sorprenderte una y otra vez. Abducirte cuando ibas por el barrio yermo. Llevarte a lo desconocido. Sin preguntarte nada. Eso creo que es lo que atesoro más cerca de mi corazón, la incertidumbre absoluta que nos calcina, y el control inexistente que tenemos de las cosas que ocurren. Escucho ahora la versión acústica de la canción “Free” de Prince, bajo un sol de más de treinta grados, en una ciudad presa del incendio. Tal vez la vida sí me permita una tregua de la despedida que llevo encima. Prince es tan sensual. Todo, su voz, su guitarra, sus letras, su ritmo, su atmósfera. Luego de tres meses sin haber yo dado señales de existir en la realidad, estoy contenta de haber conocido a Grégory. Sobre todo, en una reunión de esas características. Hibris pura. Yo sé que la desmesura es lo que esconde mi espíritu. Estar viva es ya un placer. Que sea bailando en un verano de fuego. Sé que tu corazón late, mi baterista me lo dice, si das por sentada tu vida, tu corazón dejará de latir, canta Prince, así es que no duermas hasta sentirte culpable, porque todos somos pecadores, hay otros que hacen cosas mucho peores que nosotros, así que alégrate de ser libre. Estoy ya cerca de la vida, la rozo, la acaricio, la siento en mi piel. Vivir es simplemente un milagro. Con pasión se vuelve trama. 

22 de mayo de 2026

Pasión II

Tírenme en la cordillera, para ser el alimento de los cóndores que habitan entre las cumbres y el viento, sólo pido ese favor, si la comida escasea terminar entre sus tripas me parece cosa buena, canta Camila Vaccaro. El activismo es una pasión. Que no tiene fronteras. Nos reunimos con nuestro colectivo feminista y antirracista, en un nuevo momento de la unión latinoamericana. En un espacio feminista alternativo que acaba de fundarse. Nos sentimos como en casa. Tiramos líneas de ese trazado activista que venimos armando desde inicio de año. En los tiempos donde se aplasta la pasión, la nuestra reluce, nos lanzamos a la cordillera para ser el alimento de los cóndores que habitan. Si termino de carroña, es la rueda de la vida, canta Vaccaro. Nuestra ambigua pasión se alimenta de Latinoamérica y de Europa, porque en la comunidad brota la claridad de espíritu, nuestra inteligencia y nuestro arte. Nuestra solidaridad y nuestro ritmo brillante. Junto al sol en la cumbre cantamos. Siempre un carnaval en el alma. Con alegría armamos para desarmar. Pasión es salir de los senderos ya trazados para crear lo que la imaginación germina en las tripas. Pasión es confiar en la utopía del valor de la existencia de los seres vivos. Activismo es la pasión de confiar. Nosotrxs cruzamos fronteras. 

20 de mayo de 2026

Pasión

No es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad, canta Jorge Drexler, para que se vea desde altamar, de poco le sirve al navegante que no sepa esperar. Hace exactamente cuatro años me aprestaba para firmar la promesa de compra de mi departamento. A una distancia equidistante de ese momento se encontraban los comienzos de dos de los duelos más duros que he vivido en mi breve y sin embargo interminable existencia. Diez días antes se encontraba el cierre de mi relación con Jean y diez días después se encontraba la muerte de Adam en el océano. Si hubiese sido un mapa me habría encontrado en el punto de los doce segundos de oscuridad, como si hubiese sido un faro. Hacia adelante, en el mapa, los cuatro segundos de oscuridad, que fueron en realidad cuatro años y dos duelos, guardada en mayor o menor medida en este departamento, que vino a ser un punto fijo en la tempestad. En este mapa estaría dibujado como un barco este departamento, como un punto de partida. Pero damos vueltas en círculos. La pasión tiene esa fuerza. Dónde estoy ahora, en el mismo lugar, tal vez, y en otro totalmente diferente. La pasión ni un rasguño, como si el tiempo fuera imaginario. La pasión tuvo a bien explotar y convertirse en libros. La literatura tiene esa bondad. En el barco preciso. Con la pasión justa en el corazón. Conocí la pasión con estas dos personas, y con Jacques. Conversaba ayer con una amiga sobre esas ocasiones en que la pasión lo desencaja todo. Esos puntos en que el mapa tiene rasguños. Donde no hay manera de componer el presente. En el mapa de la conversación partió ella contándome de una mujer que había desencajado su presente, y terminé yo contándole de esa época en que llamaba a Adam a horas absurdas, cuando nuestro presente era el desencajado. Teníamos veinticinco años, nuestra relación había terminado hace un año, cada uno estaba en otra cosa, pero nuestra pasión nunca tuvo límites. Entonces yo era de esas que llaman a cualquier hora, creo que es el único período de mi existencia que la pasión me hizo hacer cosas visiblemente transgresoras. Cómo olvidar a alguien que te entregó eso. Es imposible. Cuatro años, podrían ser veinte, eso no se olvida. Este verano en Santiago de Chile fui a bailar con Jacques a un lugar donde años atrás le pedí matrimonio a Adam. Lo recordé cuando estaba ahí. No le conté a Jacques, estábamos felices los dos de reencontrarnos, y no era un buen momento para ese recuerdo. Son las únicas dos veces que he estado en ese local. De más está decir que en el mapa tiene un espacio significativo. Yo le dije a Adam: casémonos, hagámoslo todo, igual como un día le dije a Jacques. La pasión que sentíamos no tenía precedentes. Yo sé el tamaño ilimitado de su pasión, porque lo hundió al fondo del mar. Hace cuatro años. Me refugié en este departamento, en Lyon, junto al río, donde escribo ahora estas líneas. Para que la pasión de estos tres hombres que me componen se escribiera palabra a palabra. Para que cada desgarro fuera una frase. Para que cada atardecer fuera la presencia del milagro de amar. Para que cada amanecer fuera dar con la forma que pudiese describir ese sentimiento que justifica el levantarse, aunque el trance sea el de olvidarlo todo porque ya no queda nada. Siempre queda algo, la certeza de la pasión, como un árbol gigantesco que llegó más allá del fuego. Incluso si en mi mapa hay veinte, cuarenta años más, la pasión no se extingue. Sabía que nos volveríamos a encontrar, Adam. Cuando recién me vine a Europa querías venirte tú también, me escribiste. Pero el destino me llevó a otro lugar del mapa justo antes de tu mensaje, apareció Jean un año nuevo. Cuando Jean partió de mi cotidianeidad, nueve años después, volviste de tu viaje por un paraje interior, tal vez es ahora, me dije. Entonces el momento equidistante, el departamento, y diez días después tu inmersión irrevocable en la pasión. Es como que el tiempo no hubiese transcurrido. Estamos en el mismo punto del mapa, de los doce segundos de oscuridad, de ese mensaje unos días tarde, de esas llamadas desencajadas en la madrugada, de esa pedida de matrimonio en ese lugar en penumbras, donde estuve este verano, queriendo partir de nuevo. Existir es una broma absurda pero apasionada. Me dejaste doce segundos de oscuridad, para que pueda ver desde altamar. La pasión es lo único que conozco. A ti ya no te tengo. Jean me dejó, y a Jacques lo dejé yo porque no me amaba de la manera que yo quería. La pasión es lo único que yo conozco. Yo buscaba el rumbo de regreso, sin quererlo encontrar, canta Drexler, un faro quieto, nada sería, guía mientras no deje de girar. Cuatro años, Adam. No hubiese imaginado jamás lo que era hacer dos duelos al mismo tiempo, y todo lo que podía surgir de esos doce segundos de tinieblas. Te extraño igual como te extrañaba en ese tiempo de las llamadas a la una de la mañana, con una desesperación que no tiene un nombre preciso: pasión es lo único que se me viene a la cabeza. No voy a perdonarte, aunque no haya sido una afrenta contra mí. Tal vez eso te haga volver, rogar por clemencia. Tengo límites, Adam, mi corazón no es tan bondadoso como yo creía. Es mi pasión la que no te perdona, pero yo sé que ella me pertenece, somos lo mismo. No dejes de dar vueltas en mí. Tuve tu cuerpo, cuando tenga tu alma será otra cosa. Tengo límites, Adam, me convertí en la pasión. Debe ser porque nos habita el milagro. Lo vi nuevamente recorriendo las fotografías que tomaste, que pronto van a ser expuestas. Creemos que en el mapa vamos dejando atrás, pero todo surge desde un solo instante, desde un solo sitio. Me respondías a esas llamadas en la madrugada, hablábamos. Creíamos que todo sería eterno. Aprendí hace cuatro años que no era exactamente así. El tiempo imaginario se me desvanece entre las manos ahora. La literatura no tiene tiempo. Por lo tanto la existencia tampoco. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte, y el dolor no se haya modificado. Tengo mi casa, mi soledad, y mi pasión. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte. 

15 de mayo de 2026

Lisa y el caos verdadero, Impulso perpetuo, La expedición sigue, Libre (Libros)

Nuevas novelas
"Lisa y el caos verdadero", "Impulso perpetuo", "La expedición sigue", "Libre" (enlaces al final de la publicación)

Prefacio

“Lisa y el caos verdadero” es una novela, compuesta de cuatro libros: “Lisa y el caos verdadero”, “Impulso perpetuo”, “La expedición sigue”, “Libre”. Escribí estos libros entre enero y mayo de 2026, principalmente en Lyon, Francia. Desde el invierno, luego de un viaje de dos meses a Santiago de Chile e Isla Negra, Valparaíso, Chile, hasta la primavera lionesa, poblada de sol y de lluvia por partes iguales. Mientras escribo estas palabras es el diluvio, lo veo por mi ventana, el agua cayendo con decisión en el río caudaloso. Los árboles a reventar de hojas nuevas resultando en un follaje denso. “Lisa y el caos verdadero” es la novena serie de libros de la gran novela “Lisa”. La serie completa de cincuenta y cinco novelas comporta una línea narrativa, pero cada libro es independiente. Esta serie de cuatro libros es una suerte de cima donde el caminante se detiene a observar desde su salón cómo se ha producido tal serenidad ante la batahola. Tengo 45 años, los cumplí justo antes de comenzar a redactar estos cuatro libros. Se me apareció como un tiempo de intervenir la ambigüedad que esclaviza que venía siguiéndome los últimos cuatro años. Estas novelas tratan sobre la cruzada anti ambigüedad que libré sin cuartel, lo que resultó en la libertad, y en comprender que lo que tenía que reinventar era la pasión, Eva Illouz me ayudó en eso, y en identificar que la libertad era una etapa, hacia la pasión. La llevo dentro, en todo caso, pero quiero reinventarla. Esto será objeto de otros libros, pero lo crucial de estos es que describen el tránsito hacia la libertad, la comprensión del caos verdadero, y la conclusión en relación a la pasión. Hace muchos años, cuando tenía 30 comencé a reflexionar acerca del caos, en tanto vitalidad, y sus componentes. Este camino de 15 años me trajo al caos verdadero, que implicaba despejar el caos de manipulaciones. En el silencio fértil de la soledad todo es posible. El caos verdadero es también un concepto situado y feminista. A los 30 compuse una canción cuya letra decía, lo que yo quiero es que nunca se acabe la vida, lo que yo quiero es que nunca se acabe el dolor. Dolor hacía referencia aquí a la posibilidad de conectar con los demás, al dolor como consustancial al vivir. En este presente de tantas máquinas y aparatos que intentan captar nuestra constante atención, se nos ofrece como una posibilidad el escapar del dolor, se nos presenta la libertad como la lejanía de los vínculos profundos, y en cambio alguna otra cúspide de independencia absoluta donde el planeta en el que estamos insertos puede desaparecer y esto no tendría mayores repercusiones. Igual como a los 30 años se me propuso recurrir a medicamentos para adormecer la necesidad de caos y pasión que sentía, y esto me espantó profundamente, igual de perpleja estoy con las grandes redes de información masiva: ambos mecanismos de esclavitud, de uniformidad, de borrarse, de adoctrinamiento, de adicción. Cómo combatir esto sin marginarse completamente: esta es la estrategia a encontrar. También me sorprende que la vida esté codificada completamente en pareja, sobre todo para las mujeres. Pero así también hay menos espacio para pensar y crear. Estas estupefacciones dieron origen a estos libros, a caballo siempre de las aventuras, porque así es como se desenvuelve la existencia: en las expediciones que siguen y los impulsos perpetuos. Hasta llegar a la libertad. Convierto mi ocasional cansancio en fuerza, es algo que aprendí. Sale el sol entre las nubes. Me alcanza ahora a través de las hojas verdes. Llega a mi retina, a mi cerebro, como en un caos verdadero. Entonces se abre. Se muestra la vida. He aprendido a vivirla, sin dar mi brazo a torcer. Me guía la pasión. El amor a ratos. Lo acepto y lo reniego. Pero comprendo su papel en todo esto. Yo estoy en los libros. Tal vez en otro momento esté también en alguna otra cosa. Veo fugaz el existir. Los libros habitan un lugar entre la rigidez y la huida. Ahí estoy situada yo. Ahí está mi salón con mi sofá y mi taza de té. Ahí está mi escritorio vista al río. En Lyon, Francia, y en todos mis temores y esperanzas, que son infinitos. Pero los mantengo al margen, donde yo misma vivo. Para que no me nublen el seso, y dar con las obras que proyecto. En mal momento abracé este destino. Me ha traído asperezas, pero yo confío en algo más allá de mí misma. En algo que me excede y que llevo dentro. La belleza mi paso decidido. El arte mi existencia absoluta. De la mano del amor. De la libertad aterricé, finalmente, en la pasión. Con humildad, y siempre con profunda honestidad, escribo.
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 14 de mayo de 2026. 

Lisa y el caos verdadero
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Impulso perpetuo
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La expedición sigue
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Libre  
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