Interactué ayer con la humanidad de carne y hueso. Fue fascinante. Escribí, claro, pero después salí de mi casa, era una tarde asoleada de sábado otoñal en Lyon, algo hermoso de presenciar. Grégory me invitó a un atelier de dibujo de maquetas en un festival de ilustración en la escuela de Bellas Artes. Al principio estaba un poco perpleja en relación a qué dibujar, pero luego me aventuré con una librería art nouveau, fue lo que se me ocurrió. Una le toma el gusto a este asunto de dibujar, aunque mis habilidades son limitadísimas en ese rubro, casi inexistentes. Pero saqué adelante la fachada de la casa, que luego había que armar como un dibujo plegable que queda convertido en algo real, con dimensiones en el planeta, una casa hecha y derecha, de papel, como las que habitamos usualmente, porque sabemos que todo es provisorio en el existir. Esta era de papel, con ventanas, puertas y vitrinas, azules, moradas y naranjas. Me divertí en grande. Hace un tiempo que no veía a Grégory, que estaba aquí en Lyon porque tenía un pequeño rol en una película que va a salir sobre Johnny Hallyday. Luego de bailar un momento en un concierto electrónico de ese mismo festival fuimos a un bar en el centro. Con él siempre son aventuras insólitas, grandiosas, como las que a mí me hacen soñar. Es un gran aliado de la literatura. Estábamos en una sofá, música R&B, y en las mesas de al lado un grupo de nueve mujeres celebraran el cumpleaños de veinte años de una de ellas, algo digno de ver, con mucha algarabía y fuerza, y al otro lado, un grupo rarísimo, que no logramos comprender bien de qué se trataba, si unos mafiosos o alentadores de la trata de personas, eran tres hombres mayores que hablaban alemán, de lo que se podía comprender por la música, más otros tres jóvenes que hablaban francés, y dos mujeres muy jóvenes, que al parecer también hablaban francés. Pidieron varias botellas completas y brindaban con gran euforia y majestuosidad. Una no sabía si alegrarse o tener miedo. Grégory estaba en un estado aún más abrumado por la existencia que las veces anteriores que lo había visto, lo que es para mí humor negro a raudales, porque nunca sé exactamente si me está hablando en serio o está exagerando hasta lo más lejos posible. Siempre está al borde del precipicio, una vida al límite, en el vértigo, hundido por la dificultad de tener que levantarse cada mañana y hacer algo digno con su existencia. Lidiando con una serie de exigencias atroces que no logra sobrellevar ni medianamente bien, más bien muy mal, y todo me lo cuenta serio, pero yo sé que es imposible que todo sea tan oscuro y siniestro en su cerebro, entonces yo gozo, porque es como que me siento comprendida, y porque sé que en el fondo sí disfruta de la vida, a su manera, llena de actividades, donde no para, afrontándola de manera frenética, y siempre, pero siempre, maravillado como que el espacio completo le abre nuevas posibilidades del milagro permanentemente. Tienes que ver la película “Vampira humanista busca suicida que consienta”, me dijo. Habla del suicidio como quien habla de ir a tomar un café. Grégory, le dije, cuando pienses en eso, mejor llámame, quedan aventuras por delante. De acuerdo, me dice él, tierno, obediente. Yo lo observo, lo encuentro guapísimo, y disfruto de sus desvaríos y derivas con un placer omnipotente. Es como una personificación de la literatura. Es un caso raro, único. Habita una especie de planeta del dolor placentero. Yo sé que en definitiva quiere vivir, quiere habitar este planeta hasta el último centímetro, se nota, en su mirada, en su desesperación, de abarcar el oasis, de encontrar el destello en cada configuración de la realidad, ese hábito escurridizo de comprender al que todos aspiramos. No creo que sea amor lo que sentimos, es algo mucho más profundo, una estadía en el lado literario de la vida. A mí es casi el único lugar que me interesa, con el tiempo me voy dando cuenta. Pero quiero detener al fascismo, eso sí. Eso todas las veces. Es una de mis aspiraciones principales. Un objetivo claro, contundente, necesario. Porque con la música no se juega. Sin la música es la muerte, es más que el suicidio, es la muerte total, de todo lo conocido. Estoy encantada que ayer dejé los libros de lado un momento para disfrutar en ese bar extraño al que no iba hace mucho tiempo, y la conversación con Grégory, que me hace reír, de tanta desolación. A mí lo que me da la vida son esas aventuras imprevistas que surgen. Para esas siempre estoy preparada. Permanentemente lista para la literatura. Para el amor no sé, pero siempre hay un atisbo en las aventuras. Lo que me hace soñar son los lugares de la literatura, donde se manifiesta, donde se muestra, donde se despliega, donde se esboza. La humanidad de carne y hueso es lo más interesante que hay. El cuerpo de Grégory, su boca, su mirada profunda, sus palabras penetrantes. Necesito desarmarme, y las aventuras literarias me hacen partir de nuevo, desencajar esa estructura que he ido forjando, que me ayuda, pero me limita. Quiero ser libre y abrir mi cerebro a otras visiones, a una comprensión nueva. Sé tan poco y disfruto, porque voy vislumbrando otros puntos de vista. El mayor placer es salir de una misma, olvidar cada centímetro de imposiciones que una misma se arma para sobrevivir. Yo quiero vivir, pero que sea en lo más profundo de la literatura. En esas tinieblas del placer. En la desesperación de las palabras correctas, de las tramas agudas, de las aventuras reales. En las conversaciones sinceras es donde encuentro mi inspiración. Nací para este oficio. La honestidad es la música.
27 de septiembre de 2026
26 de septiembre de 2026
Piano III
Ahora caigo en cuenta lo traumático que es que dos de mis ex parejas que más he querido se hayan muerto. Quedan otras cinco, afortunadamente. Pero claramente las cosas cambian sin vuelta atrás después de eso. El tiempo queda sin duda suspendido. Pierde sentido, materialidad. Pierde coherencia y realidad. No salí con Grégory, le dije que estaba agotada, lo que era cierto. Había sido un largo día. El día anterior había caminado la ciudad completa después de una reunión. Necesitaba ver las calles, la vida, el espacio público, el movimiento. La existencia entre libros es extraña. También las cosas pierden materialidad. Pierden realidad, una cierta dimensión de la realidad. La vida en el arte, al menos en la literatura, está totalmente falseada. Una cree habitar castillos y combatir dragones. Hay algo de eso, pero hay más. La literatura es sin duda un refugio, aunque sea ese mismo refugio el que te ataca sin misericordia cuando estás más a la deriva. Cuando crees que un libro va tomando forma, y luego eres todo dudas. Grandes polémicas surgen de temas que ni habías pensado. Escribir ya es bastante complicado, para que ahora surja que hay personas que recurren a las máquinas para hacerlo. A mí eso ni se me ocurriría. No empleo máquinas para nada. Pluma, papel, libros físicos. Delinear las palabras en un ordenador, buscar de cuando en cuando información en la gran red, pero sin jamás recurrir a robots que me resuman nada. Jamás se me ocurriría anotar una frase o idea que no es de mi propio cerebro sin expresar dónde la adquirí. Es extraño, leo todos los comentarios a esta polémica y es como que sucede en el mundo de al lado, en algún otro planeta al que no he accedido, ni me interesa acceder, esa es la verdad. Me parece un atajo inconducente. La literatura es frágil, es difícil, es complejísima, para avanzar con muletas, no se puede ser humano y no enfrentarlo. Creo que no hay caminos breves, en este oficio. Es largo y doloroso. Además está toda la ideología que se nos viene encima, que nos lanzan encima, para criticar el trabajo, argumentando que no se trata de eso, sino de la calidad de la literatura. Hay muchas personas enojadas de que los temas cambien, de que haya espacio para otras cosas, y argumentan que entonces eso no es literatura. Por dios, es absolutamente literatura, lo que duele es tener menos tribuna, menos elogios, menos espacio, porque ahora hay otrxs que también quieren decir algo. Es triste de ver, y por otro lado da como escozor o ternura, de que sea tan evidente que la democracia les molesta. De que estaban contentos antes cuando era posible dominar sin interrupciones. Otra literatura se abrió espacio. No lo quieren escuchar, insisten en criticar, pero es que no comprenden bien, o quieren que no se comprenda, eso es tal vez. Pero está claro, y significa que no había espacio para otras cosas, eso es todo. Yo soy mucho más feliz desde que leo a autoras mujeres principalmente, en esos libros he ido encontrando todo lo que necesitaba, lo que soñaba, lo que intuyo, lo que me hace sentido. Lo otro estaba bien, pero faltaba algo, siempre faltaba algo, en el fondo sabía que no me estaban hablando a mí, y eso se siente. Ahora sé realmente qué es la literatura. Ahora me interesa mil veces más, ahora es un gozo perpetuo, algo real, algo vivo, algo que me alcanza, que me completa. Estoy en casa, siento gran serenidad. Es como que de pronto existo. Existimos. Ahora caigo en cuenta cuán aburrido era leer, en comparación al placer actual. Eso que antes, ya era fantástico, pero ahora es como una explosión de estrellas. Leo y no lo puedo creer. Lloro de emoción constantemente. Todo está en esos libros. Mi existencia completa, todo lo que me compone, si voy uniendo los fragmentos. Los que lloran por lo que había y ya no está, no tiene sentido, lo otro sigue estando, lo que pasa es que ahora hay más opciones. Parecen niños con berrinche, porque tuvieron que prestar los juguetes, tuvieron que compartir. Duele, puede ser, era más entretenido jugar solo tal vez, jugar con el compañerito que quería jugar a lo mismo. Hey, era aburridísimo para los demás, mirar sin poder jugar. Ahora que nos tomamos los libros, todo fluye maravillosamente. Los comentarios, eso no es literatura, o no es literatura de calidad: al diablo con eso. Lo que les duele es la democracia. Haber perdido terreno de dominación. Quién va a decidir qué es la literatura de calidad.
25 de septiembre de 2026
Piano
La literatura es un recorrido, no una meta. ¿Como el amor? Está esta frase en italiano: “chi va piano, va sano e va lontano”. Perfecto. El que va despacio, va sano y llega lejos. Es la frase que yo nunca asimilé. “Chi va forte, perde il treno e va alla morte”. Ahí estoy yo, voy rápido, abajo del tren y hacia la muerte. ¿Qué será ir piano? No me ha pasado. Sólo conozco la intensidad del sentimiento, la montaña majestuosa y el profundo océano. Piano. A mí me gusta que sea fuerte, que duela, me gusta morir. Yo me sitúo en el Allegro Molto Vivace. Que no vaya a faltar cadencia. Escribir no es piano, y amar tampoco. Forte. Asimismo, me he quedado abajo del tren todas las veces. He muerto en cada ocasión. Pero siempre ha sido la música. Siempre el piano. No voy piano pero existo en el piano. 30 años de amor y de literatura. Comencé todo a los 15 (el piano a los 6). Ahí escribí: “Tengo tantas cosas dentro podría escribir horas, me encanta escribir. Espero que todo me salga bien en la vida y no equivocarme. Me encantaría escribir un diario o hacer un libro como un diario. Amo la filosofía, amo conversar. Estoy con la sensación de que algo tengo que hacer”. Ya todo estaba ahí. El piano y forte. Piano-forte. Es mi más íntima condición. Donde nace mi creatividad, y mi locura. La dualidad, piano-forte. Sueño forte. Es tan intenso que tengo que extenderme en el suelo, hacerme ovillo, y que el piano-forte me deshaga. El piano es forte. Pensé que había empezado a escribir después, pero encontré todos estos escritos de hace 30 años. Mi deseo de crear libros, de domesticar la creatividad y la locura. Forte. En el piano. Qué es la locura, sino la posibilidad de salir de uno mismo, de ser varias cosas a la vez. Qué es la creatividad, sino inventar los sueños, darles forma. Soñé ayer con Adam, es la cuarta vez este último par de semanas. Qué quieres decirme. Dónde estás. Hoy es el cumpleaños de Jérémie. Uno se hundió en el océano, y el otro se evaporó en la montaña. ¿Esto de “forte” llevará adosado una especie de maldición? ¿Una invitación a la muerte? Mis ex parejas al parecer se mueren. Lo lamento por las que todavía viven, espero que no les vaya a acaecer tan funesto destino. Juro que no he deseado nada de ese tipo. Todo ha sido sin mi participación. Soy inocente, en parte. Porque siempre “forte”. Piano, ¿cuándo? En el piano. Abajo del tren, en la muerte, en la explosión sideral. Es absurdo. La locura es absurda. Es siniestra. Es fantástica. Hay un error de apreciación. Se indica, esas personas están locas. Qué significa eso. ¿Llevan encima 30 años de amor y literatura? Sí, así es. Cómo más se puede estar en esas condiciones. Si es para volverse loco. El amor es demente. Escribir, peor, franca alienación. Inventar una serie de tramas grotescas. Tener a todo el mundo diciendo, por qué escribiste eso, por qué dijiste eso, por qué inventaste eso, por qué imaginas cosas. Yo quisiera un poco de piano. Pero el secreto del milagro está en el “forte”. El que va forte va creativo y llega adonde hay que llegar: a ningún lado. Lo que a mí me alegra es que estoy aquí al lado de las vías del tren, que se fue, y llevo encima esos 30 años de amor y de literatura. Escucho Bed of Roses de Bon Jovi, para que ese “forte” me destruya un poco más. Para recordar que no cierro nada y que todos vuelven a aparecer, o yo los invoco, me asaltan, en sueños, en la realidad, en la intensidad de mi alma fugitiva y a la deriva. Ayer de la nada, apareció Grégory, estoy en Lyon, me dice, alegre. Yo no sé qué es la alegría. Me gustó soñar con Adam ayer, fue alegre, aunque en el sueño él tenía fiebre, como la escena de la serie La Emperatriz con Devrim Lingnau, cuando Elizabeth está en la cama entre la vida y la muerte. Tal vez Adam está ahí mismo. Grégory no sé dónde está exactamente, pero es una mezcla parecida, fulgor y drama. Entonces el océano y la montaña. Perdidos, ellos, en esos accidentes geográficos. En esas fisuras de la realidad, que se los tragaron hacia otra dimensión. Ya no veo separación de las dimensiones. Extendida en el suelo, observo el techo blanco de la habitación, en mi escritorio, observo el sol en el agua que avanza, en mi sillón observo los libros en los estantes llamándome, haciéndome guiños. La locura es una palabra simple para decir creatividad. Por flojera la empleamos. Porque lo otro es más complejo y porque en ella van todos los viajes posibles, y esos viajes dan miedo en ocasiones. Aterrorizan, de hecho. Entonces “forte” se alcanza otro tipo de tren. Un tren que no tiene que ver con el que se alcanza con el “piano”. Este es un tren que te desfigura, te deja herido, sangrando, pero te permite una porción del paraíso. Una pequeña señal. Que dice: Forte o nada. No es tanto el tiempo disponible. Adam y Jérémie lo comprendieron rápido. Tan rápido que no quedó más que hundirse en el océano y evaporarse en la montaña. La pasión la comprendieron. Es lo que yo intento comprender. Ese “forte” que te desmantela. Que desarma la bomba de tiempo para construir otra. Una mucho más potente. Una que no deja nadie vivo. Es mi caso parece, pero juro que no he participado directamente. En otra dimensión tal vez. En la dimensión de la pulverización de la pasión. La que ellos conocieron. La que yo he encontrado algunas veces. No tantas. Pero cada vez ha sido la epifanía. “Forte” fulmina. Todo se acaba. Es la muerte. Disfrazada de paraíso, para que aparezca la creatividad. Pero cuidado. Las consecuencias son consistentes, coherentes. Porque el piano-forte tiene su dificultad, y sobre todo su precio. Porque cada intento de la magia es la extinción. El amor y la literatura me abatieron. 30 años de palabras y cuerpos. De promesas y tramas. En el piano siempre fuerte. Locura es otra palabra para decir amor y literatura. Indisociables. Están ya juntos en esos textos de mi adolescencia. Todo estaba dicho. La comprensión era zigzagueante pero certera. Los libros llegaron, el amor partió. Nuevos libros, nuevo amor, es lo que permite y logra la creatividad. Locura es el nombre secreto del milagro de amar y escribir. Forte. En el piano y forte. Piano-forte ad eternum. Que se queden todos en ese parnaso donde los dejé. Vendrán otros. Con la creatividad en el tren voy. Paradero desconocido y una existencia a la deriva. Piano-forte hacia la morte. Théo me trajo desde Londres cuando yo tenía 19 años las obras completas de Chopin para piano interpretadas por Vladimir Ashkenazy, anotó en la hermosa caja que las contiene: “Para que nunca dejes de descubrir al maestro. Todos los días algo nuevo para sentir, algo nuevo para querer, es como cada día para mí, contigo”. Conseguí en Paris cuando yo tenía 23 años un libro con las composiciones para piano de Debussy en una tienda mágica de partituras en las orillas de la Seine. Mi profesora Gloria me las enseñó luego, antes de partir también a ese lugar misterioso de las nubes. Este rayo de sol ahora en el rostro interceptado por el otoño, me da ese punk romántico que lo constituye. Como era Jérémie, de personalidad punk y máximo romanticismo. Intensidad e indiferencia: así es cuando caen las hojas. Quieres morir de amor, pero en realidad te da exactamente lo mismo. Nada importa, y si no se materializa el deseo es la catástrofe. Una contradicción en acto. Así es la estación de la luminosidad indecisa. De la luminosidad intermedia. Una cama de rosas y una cama de clavos, como las que nombra la canción. Bastante he intentado, yo creo. Pero siempre quedan fuerzas. El otoño tiene una fuerza insospechada. Es el asombro completo unido a la más grande devastación. Punk romántico: que se acabe todo, pero en el amor. Cuál es la génesis de la creatividad. ¿La locura? ¿La intensidad del Allegro Molto Vivace? Piano-forte y sus raíces. Sus destellos y explosiones. Yo vivo en la música, aunque a veces sea la muerte. Sobre todo la que se lleva a quienes he amado. La locura es un hechizo intrincado. La intensidad del sentimiento y la emoción es un embrujo mágico. 30 años más y en el infinito.
23 de septiembre de 2026
Pepo
Pepo, 46 años mañana. Pasa el tiempo, es verdad. A veces está esa pregunta del tiempo. Saber si tiene sentido volver a escribirte, saber si hubo alguna razón para tu partida prematura. Siempre quedan preguntas. Creo que está bien que te escriba algo, porque en realidad escribo para mí misma, para tu familia, para los que se quedaron aquí, sin ti. Pero me gusta pensar que lees, desde alguna montaña imaginaria, desde la nieve del tiempo suspendido. Estoy escuchando Bon Jovi, escuchábamos el cassette, ¿te acuerdas? Lo tengo aquí, imagínate, el mismo cassette, el que escuchábamos. Lo estoy mirando ahora, esa música romántica que interpretaba bien lo que sentíamos. No sé si era evidente que había que ser romántico, o nosotros lo éramos especialmente. Esto es lo que pasa, Pepo, yo me dedico a escribir, y tú no has dejado de inspirarme nunca, porque fuiste mi primer amor. Lo mínimo que puedo hacer es decirte feliz cumpleaños, y volver a agradecer ese paraíso. Estuve leyendo hace poco un cuaderno antiguo, de nuestra adolescencia, a raíz de un libro que estaba escribiendo. 12 de junio de 1996, anoté: “Espero que todo me salga bien en la vida, y no equivocarme. Si el Pepo me deja me muero, me muero. Lo quiero tanto. Sería terrible. Te extraño, mi amor. Por favor nunca me dejes. Me gustaría saber qué diría el Pepo si leyera este cuaderno, me encantaría saber qué piensa de tantas cosas, en serio. Lo amo con todo mi corazón. No sé si voy a poder estar en Suecia sin verlo”. Unas semanas después me mandaste un fax a Suecia, donde yo había partido por unas semanas. Lo tengo aquí en mis manos, lo leo con cuidado porque la tinta ha disminuido su intensidad, pero no la emoción de leerlo. Dice esto: 18 de julio de 1996. “Para Andrea. ¿Mi amor, cómo estás? Yo estoy más o menos bien ya que cerraron La Parva por falta de nieve hoy y tuve que bajar. Mi amor hoy cumplimos dos meses desde que estamos pololeando. Te echo mucho de menos, vente luego ya que te necesito a mi lado. / Llamé a tu casa y me dijeron que estabas bien. Hablé con tu mamá. ¿Te acordaste que cumplimos dos meses hoy? ¿Has dejado bien representado a Chile o no? / Me voy a ir con el Pollo ahora a la playa en la tarde por una semana y media, a Cachagua. El Pollo me dijo que le trajeras por favor los discos de NOFX y de RANCID, todos los que encontraras. Él te los pagaba acá en Santiago. / Mi amor te echo de menos, te amo. Vente luego, ya que te necesito. Un besito grande y que lo pases súper bien. / Te quiero, Felipe”. 11 años y 2 días después de ese fax te perdías en la inmensidad. Partiste a la montaña imaginaria. De eso hace ya casi veinte años. Pero qué es el tiempo. La montaña sigue ahí, la nieve, tu recuerdo, la posibilidad del amor. El cassette de Bon Jovi y tus palabras. Tus fotos, y el recuerdo absoluto de haber amado con una intensidad que no era de este mundo. Pero eso lo sé ahora. Ahí yo pensaba que siempre era sí, porque era la primera vez. También yo pensaba que el tiempo no juega en los cuerpos y siempre podemos volver a encontrarlos. No era cierto. A veces sólo quedan los recuerdos. El cuerpo no. A mí el tuyo me volvía loca. Te encontraba perfecto, guapísimo. Te deseaba hasta el dolor, hasta el desgarro, con todo lo que era. Sé que nos besábamos por horas. Eso no se olvida. Caminábamos de la mano, y todo eso que hace la gente enamorada. La vida me dio pronto un atisbo de la existencia del tiempo. No tenía noción de él cuando estaba contigo, porque todo se detiene cuando uno ama, ¿cierto? La tuve cuando nos separamos, y sobre todo, cuando supe que ya no iba a volver a encontrarte, a pesar de que habías aparecido por casualidad unos meses antes frente a mis ojos y habíamos conversado. Fue tan extraña esa certeza de tu desaparición absoluta. En definitiva, conocí contigo lo que era el amor, y lo que era la muerte. Ahora caigo en cuenta. Es bastante. Es casi todo. Es lo más importante. Fui feliz, con cada día, cada instante, que te tuve a mi lado. Acuérdate de nosotros desde tu montaña imaginaria. Seguimos aquí, ¿viste?, el tiempo a veces perdona, a veces permite eso. Sigue habitando el infinito, con esa sonrisa tímida que tenías, que escondía la pasión completa. Gracias, Pepo, feliz cumpleaños. Quién sabe, en la montaña imaginaria, algún día, encontrarnos, de nuevo. Qué es el tiempo. Va quedando menos. Definitivamente en la montaña imaginaria encontrarnos. Fuiste mágico para mí. Por un tiempo, lo fuiste todo.
13 de septiembre de 2026
"Revolución" y "Fuga" (Novelas)
Revolución y Fuga
Novelas
Prefacio a "Fuga"
“Fuga” es una novela. Es el cuarto libro que compone “Lisa y la pasión”. En este orden: “Lisa y la pasión”, “Aventura”, “Revolución”, “Fuga”. Comencé a escribirla en la canícula lionesa, y terminé de escribirla en el comienzo del otoño amarillo. No intenté fugarme del presente. Ni siquiera del pasado. Me dije, ahí está, ciérralo. Míralo directamente. Cuánta fuga. No queda otra que abordarla con humor. Eso me dije. La soledad es mi más fiel compañera, pero no solamente. Hay otras cosas. Qué es este libro. Es un libro sobre el deseo, y sobre el trazado de la fuga. Lo que el deseo permite, y lo que la fuga autoriza. Lo que el deseo destruye y lo que la fuga asola. Yo me dije, año tras año lo intenso y lo demoledor. Organízalo, me dije. I thought I could organize freedom, how Scandinavian of me, canta Björk en la canción Hunter. Yo tengo el mismo defecto, gozo organizando la libertad en libros. No soy de Escandinavia, pero debo tener algo de eso. También me gusta la fuga hacia la libertad, y sobre todo hacia la música. Yo he deseado a gente. Quería hablar de eso. Y de la fuga que terminó lanzando por la borda toda estabilidad. Mi existencia es estrictamente estable porque no hay nada más que literatura. Así fluye totalmente. Nos llevamos increíble, nos morimos de la risa, nos acompañamos, criticamos al futuro, formulamos las dudas e interrogantes. Como toda esta gente ya no está en mi vida a mí me gusta agradecer. Porque también hay que pasar a otra cosa. Es lo que hago. Pasar a otra cosa. Adiós, muchas gracias, fue un gusto. Suerte y buenos deseos. Ni el deseo me queda parece. No por ellos, en todo caso. A fuerza de insistencias de todos los lados, la corrosión es inevitable. Abrasada pero viva. Eso es lo bueno. Este es un libro sobre el deseo y la huida. Sobre lo que permite existir y lo que constituye lo más determinante de este acto gratuito que llevamos a cabo. Como que nos obligaron. Nos pusieron ahí y haz lo que puedas. A quién le preguntaron. Juega el juego o nada. De qué se trata este juego. Una llega sin comprender ni las reglas. Nada de nada. Ni cuál es el juego. ¿Estás jugando? ¿A qué? En ese bendito día que nos pusieron ahí a debatirnos con la comprensión inalcanzable, fuimos arrojados a un extraño juego. Creerás morir, pero es amor. Creerás morir, pero es deseo. No se entiende nada. 45 años y es como que empecé ayer. Sigo sin comprender exactamente de qué se trata. Me interesa comprender, sin embargo. Por eso me doy el trabajo de escribir estos libros. Para que alguna regla del juego salga a la luz, se muestre a través de la ventana, se bañe conmigo en el mar del hastío y la fascinación. Estoy fascinada, pero nunca sé bien de qué. ¿De haber podido amar? ¿De lo que viene? ¿De despedirme de esta gente que no me ha dado ni un instante de respiro? Ni una pequeña maldita tregua donde poder instalarme tranquila y depositar mi manta para sentarme en la hierba, en la arena, y observar el paisaje sin tablas incrustadas a través del cuerpo que se cruzan con cada pensamiento que llega a puerto. El deseo es embeleso y asfixia. El contenido no sé quién lo tramó, pero es una contradicción en acto. Igual como el amor es fuga y estabilidad. Hay que rendirse ante la evidencia, fue alguien confundido. Y se nos pide hacerlo bien, respetar las reglas del juego, ¡pero si ni siquiera están claras! You change like sugarcane, canta Tori Amos. Van cambiando, esas miserables reglas. Esas insólitas y abyectas reglas. Nunca fui realmente de las reglas, ni aunque las estudiaba y las ejercía. Tienen un lado ruin, sobre todo cuando devastan, o cuando no se respetan los grandes acuerdos, como proteger la vida y la integridad, por ejemplo. Vivimos en un vil presente en algunos sentidos. Hay que seguir insistiendo en esto, a fuerza de desfigurarnos si no lo hacemos. Es genocidio, decirlo, porque como además se censura. En la televisión francesa se censura. Insistamos un poco más, a ver si modificamos la infamia sostenida. “Fuga” es un libro sobre la vida. Sobre el intento de llevarla a cabo, y esas tormentas, y esos paraísos que conocemos a veces, que le dan un sentido a todo. El amor y el deseo es lo definitivo. Yo me he entregado.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 12 de septiembre de 2026.
Libros 2025-2026
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_lisa_vertigo_03-12-25.pdf
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_misterio_23-07-25.pdf
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_cosmos_18-05-25.pdf
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
























































