6 de septiembre de 2026

Fuga V

El cuerpo que me desencaja de manera absoluta es el de Jean. Es tal vez la definición de deseo. El hombre más guapo del planeta. Simplemente un milagro. No hay otro como él. Con Jean terminamos en la cama el mismo día que nos conocimos. Fue un amor fulminante. Nos besamos la primera vez esperando un cocktail en la barra de un bar. Creo que era con tequila. ¿Tequila margarita puede ser? Tal vez yo esperaba una cerveza. Pero recuerdo que se habló de tequila. Por supuesto eso daba lo mismo en ese momento. Su cuerpo no daba lo mismo. Para nada. Lo había observado toda la noche. Quién es él, esa maravilla sentada en esa escalera. Ese prodigio había manejado toda la tarde desde Lyon a Barcelona, para que yo pudiera observarlo sentado conversando en los escalones de un bar con un amigo. Hay instantes que definen quiénes vamos a ser. Ese fue uno. Yo voy a existir exclusivamente para que ese cuerpo se encuentre con el mío. Para siempre. Para que el destino de esa persona que está ahí al frente mío se funda con el mío. A veces fugarse es dejar de lado la realidad tal como la conocemos y decidir que ahora será otra. Necesito saber quién es, qué hace aquí y hacerlo mío. Conversamos, y un momento después estábamos besándonos esperando el tequila margarita. Se abrió un abismo que era similar a un paraíso intenso. El pacto quedó sellado estrictamente en ese instante. En ocasiones sólo un beso puede entregarnos las claves de lo que vendrá hacia adelante. Un paraíso. El bar cerró. Jean se iba al día siguiente. Vamos a mi departamento. Nos fugamos. Jean desnudo en la habitación. Tal vez es el fin del mundo, pensé. Nunca había vivido algo así. Era el fin del mundo en un sentido. Del mío, al menos. Todo comienza aquí, me dije. En ese cuerpo junto al mío. Estando en sus brazos quise decirle que me parecía el hombre más guapo de la tierra, pero no sabía exactamente cómo todavía y le dije: Je t’aime. Lo que lo sorprendió, evidentemente. Ahora pienso que tal vez era lo que quería decir. Amo a esa persona más de lo que jamás me he amado a mí misma. Todo es nimio al lado de mi amor por él. Me fugué con él esa vez, y todas las veces desde ese momento hacia lo que vino a continuación. Vivo en su cuerpo en realidad. En la certeza de que la belleza existe. Yo la encontré en ese bar. Royale, estuve este verano ahí, en la puerta, estaba cerrado. Escuchamos a un saxofonista de jazz en el local de al lado. Saxofonista como mi Jean. Escuchamos a otro saxofonista de jazz en un viñedo extraído de un sueño al atardecer en un can catalán, Can Reon. Saxofonista como mi Jean. A mí me gusta pertenecer a esa música. Pertenecer a Jean. Cada paso que doy es con él. Nadie en el universo me enciende como Jean. Es perfecto. Su risa determinó mi existencia y todos sus rincones. Su humor. Tal vez todas las decisiones que tomé se organizaron para que Jean estuviese ahí ese día y yo pudiera encontrarme con él. Tal vez sea ese el momento más determinante de mi vida, cuando comenzó la nueva era. Cuando yo descubrí lo que era el amor. Jean me dijo desde el primer día, estoy enamorado de ti tal cual eres. No hay nada que modificar. Descubrí con él la libertad absoluta. Comprendí lo que era el amor verdadero. Te quiero exactamente como eres. No cambies ningún detalle. Con el tiempo caí en cuenta que éramos iguales, imposible no haberse fusionado. Comprendo a esta persona como no comprendo a nadie. Cada uno de sus pasos. Estoy de acuerdo con todo. No hay alguien más lúcido que Jean. A veces no sé cómo lo hace, esa sabiduría. Vive en la fuga permanente del mundo, igual que yo. En alguna dimensión paralela llena de belleza, que fue donde nos encontramos. Todo ha quedado siempre sellado en la música. Jean es un ser de una extrema bondad. Lo volvería a hacer todo de nuevo, exactamente igual, desde ese beso esperando el cocktail hasta ahora. Jean es mi verdadera fuga, donde amaso la literatura. Donde moldeo la revolución. Da lo mismo lo que pase, siempre va a ser el amor de mi vida. Con esos ciervos salvajes, esos erizos y esas ardillas. Con el amor de esa familia. En ese bosque mágico en sus brazos comprendí lo que era la vida. 

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