17 de septiembre de 2024

De cuando fui feliz IX

El deseo es siempre sombrío, y lleva dentro algo luminoso, como una explosión. Comprendí algo con Paul, la alegría es el amor poético. Como los crepúsculos de colores al borde de los viñedos cargados de uvas. Comprendí que la alegría es siempre el viaje. Muy pocas veces el destino. Porque no siempre alcanzamos el que teníamos trazado. Nos detuvimos en la playa de las velas que volaban sobre el agua, caminamos por el borde y hundimos nuestros pies en las olas breves de la orilla. Yo tenía un sombrero para el sol, que a Paul le causa alegría, por distintas razones que no logro dilucidar exactamente, y me dijo, Camille, vestida así pareces un personaje de una escena de Godard o Rohmer, me encanta. A mí me parece que tenerlo frente a mí es siempre una escena de una película que ejerce sobre una mí una seducción ilimitada. Su presencia causa en mí una atracción innumerable. Un magnetismo que me hechiza. Me pregunto seriamente de dónde viene eso, si es como una fuerza del centro de la tierra, como un imán, un mineral todopoderoso. Su cuerpo, su piel, sus manos, su mirada transparente e impenetrable me perturban, pierdo toda noción del presente y lo que rodea el instante. El amor es alegría.  

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