La primera vez que nos besamos con Ariel el dibujante estábamos celebrando un año nuevo maya en el Valle del Elqui, en el norte de Chile. Teníamos veinte años. Era un lugar hermoso, con un río cristalino. Al lugar lo llamaban Río mágico, creo que quedaba cerca de Pisco Elqui, un pequeño pueblo, no muy lejos de Montegrande, donde hacía clases Gabriela Mistral, la poeta y diplomática premio nobel chilena, y de Vicuña, donde nació. Era de noche, estábamos sentados con Ariel el dibujante en una fogata, con más personas, que no conocíamos, que cantaban y tocaban la guitarra y unos tambores. De las personas que conocíamos sólo estaba Victorine, una amiga mía de la universidad con quien acababa de encontrarme por casualidad, los amigos con los que habíamos venido dormían, no sé qué hora era. En realidad nos habíamos ido a dormir todos a la tienda de campaña, pero se escuchaba la música de la fogata de la celebración de año nuevo, era un día de julio, invierno austral, supongo que el veinticinco, que es el día que se celebra el año nuevo maya, no podía dormir y pregunté quién quería ir a la fogata un momento. Yo voy contigo, contestó Ariel el dibujante. Tampoco dormía. En realidad yo ya estaba obnubilada por él, desde hace unos meses, pero éramos amigos. Nos habíamos acariciado en la oscuridad inesperadamente el verano recién pasado, en una excursión en la montaña, y yo había quedado cucú. Pero yo estaba enamorada de Arsène el guitarrista, con quien estaba en una relación hace más de tres años. Arsène me había dejado una semana antes de esa fogata, de un día para el otro. Algo horrible. Habíamos recorrido en auto toda la costa desde Santiago hasta Bahía Inglesa, un balneario en el norte, a 800 kilómetros de la capital. Luego pasamos dos semanas ahí, conociendo todas las playas y pueblos a la redonda hasta una reserva nacional que se llama Pan de Azúcar donde hay zorros salvajes, y la semana siguiente, me comunica que me dejaba. Partí con mis amigos al Valle del Elqui. El destino inicial era Cusco y Machu Picchu, queríamos hacer el Camino del Inca, pero la empresa aeronáutica a la que habíamos comprado los pasajes quebró, y nos quedamos sin boletos y sin el dinero. Partimos en auto al norte, eran las vacaciones de invierno. Hacía frío, pero cuando salía el sol durante el día, mucho calor. Cuando nos levantábamos todo tenía una pequeña cubierta de hielo, la oscilación térmica es muy grande en la montaña. Luego los rayos del sol la hacían partir. En la tarde me encuentro con Victorine, le cuento que Arsène el guitarrista acababa de dejarme. Estaba muy sorprendida. En la noche vuelvo a encontrármela, le presento a Ariel el dibujante. Se queda ella en la fogata, conversando con alguien. Ariel el dibujante y yo, suspendidos en este momento mágico. Conversamos, mirando el fuego, escuchando la música. Recuerdo que le pregunté directamente, ¿te puedo besar? Me da risa pensarlo ahora. Luego me dio una vergüenza terrible mi osadía, y dije una excusa muy mala, ridícula, como que no había estado con nadie más que con Arsène hace tanto tiempo, o algo así sin ningún sentido, porque no era que quería besar a alguien, si no que quería besarlo a él, pero no se me ocurrió nada más. Empecé a hablar de otras cosas para cambiar el tema, y me paró en seco. Lisa, sí, sí me puedes besar, me dijo. Es una escena divertida, ahora que lo pienso. Nos besamos, pero no fue como un beso de fogata tarde con alcohol de por medio y sin importancia, duró un largo momento, muy largo, suave e intenso, como el deseo concentrado de todo lo que habíamos querido hacerlo hace meses. Me enamoré de él en ese mismo instante y para siempre, hasta hoy, veinticinco años después. De hecho el próximo año van a ser veinticinco años desde esa fogata mágica. No nos separamos más. No, de hecho nuestra relación comenzó muy accidentada, porque Ariel el dibujante no terminaba de hacerse la idea, y yo intentaba superar el fin de la relación con Arsène el guitarrista, lo que me sumió en un estado nostálgico fuerte. Ese verano, seis meses después, partimos en bus al sur de Brasil, con Ariel el dibujante y unos amigos, y ahí creo que ya todo iba mejor. Cuatro días de bus seguidos cruzando el continente para llegar a Florianópolis, Barra da Lagoa y Pantano do Sul. Enamorados con Ariel el dibujante. En ese bus surgió la conversación acerca de cómo debíamos decir a quien preguntara cuál era la naturaleza de nuestro vínculo. Lisa, puedes decir que eres mi novia, me dijo Ariel el dibujante. ¿Ah sí?, pregunté yo. En ese bus eterno, en medio de películas que ponían para distraer a los pasajeros, y juegos de bingo, y otras diversiones varias muy extrañas, comenzó nuestro noviazgo oficial. Ariel el dibujante tenía un pequeño cuaderno en el que esbozaba breves historietas que me hacían reír. Luego en Brasil finalmente había que decir “meu namorado”, y a mí me parecía lo más bonito del mundo decirlo así. De hecho me enteré porque una mujer me preguntó algo sobre “mi enamorado”, y yo me dije, qué romántica esta mujer, le llama enamorado al novio. A continuación caímos en cuenta que todos eran románticos y esa era la manera oficialmente aceptada. Nos causó gracia, por supuesto. En ese viaje yo aseguraba que Nelly Furtado era brasilera porque su apellido era portugués, a lo que mis amigos se rieron mucho de mí, y yo iba preguntando por ahí a la gente por las calles para saber si era así, y nadie la conocía, y ellos se reían más de mí, eran tres amigos hombres más Ariel el dibujante y gozaban burlándose amistosamente de mí, lo que finalmente yo también disfrutaba, porque no me tocaba todo el tiempo a mí ser el objeto de las mofas, por suerte. Nelly Furtado resultó ser Luso-canadiense, así es que yo no estaba tan perdida, su apellido era portugués efectivamente. También se dedicaron a exagerar todo el viaje, que duró un mes en total, porque yo dije que ni loca saltaba en bungee, esas cuerdas en que uno cae al vacío en un precipicio, y que prefería cualquier otra cosa. Entonces exageraron, y preguntaban todo el tiempo, prefieres esto otro, más esto otro, y yo respondía que sí, lo que era una broma, evidentemente, porque por supuesto todas eran cosas muy obscenas o asquerosas, o absurdas o ridículas, pero raya para la suma, nos divertimos en grande inventando estupideces, lo que hacíamos seguido. El invierno siguiente fuimos finalmente a Cusco e hicimos el Camino del Inca hasta Machu Picchu, con Ariel el dibujante, mi hermano Baptiste y unas amigas, caminando cuatro días, llevando nuestras mochilas al hombro, tiendas de campaña, la comida, etc. No creo haber hecho un viaje más maravilloso en toda mi vida, esa caminata interminable por esa montaña impresionante y mística. Estábamos enamorados con Ariel el dibujante como yo no había estado nunca. Todo era hermoso. Fuimos pareja seis años. Recuerdo esas aventuras leyendo ahora sobre el Planeta fantástico, que sucedió seis años después de terminar mi relación con él. En ese momento nos reencontramos, unos meses antes de que yo partiera a vivir a Europa. Escribí en ese tiempo del reencuentro un texto que se llamaba Hot Knife, como la canción de Fiona Apple, que dice: “If I’m butter, then he’s a hot knife. He makes my heart a cinemascope screen. Showing the dancing bird of paradise. He excites me. Must be like a genesis of rhythm. I get feisty. Whenever I’m with him. I’m a hot knife, he’s a pat of butter. If I get a chance, I’m gonna show him that, he’s never gonna need another, never need another. El texto decía: Me llama Ariel el dibujante y hablamos sobre la idea de ir a la playa juntos, él al otro lado del auricular con su voz de paraíso que me revuelve la cabeza y me derrite, y luego colgamos, y yo me imagino el sonido del mar, y Ariel el dibujante besándome al calor de la chimenea, y luego desvistiéndonos mientras sus labios siguen buscando los míos, y luego imagino su lengua sobre mis pezones, y luego él presionando fuerte contra mi cuerpo, pero con la mayor suavidad y delicadeza como sólo él sabe hacerlo, y luego lo imagino tomándome de los brazos mientras lo hace, y luego sintiendo el éxtasis simultáneo y sincrónico, y luego imagino sus brazos escondiéndome en una quietud única e infinita, y pienso que nadie en el mundo hace el amor como Ariel el dibujante, y que mi amor por él no tiene final.
30 de octubre de 2025
29 de octubre de 2025
Planeta fantástico IV
En aquella época del Planeta fantástico estuvimos juntos de nuevo un momento con Ariel el dibujante. Fue inesperado. Luego de esa primera vez después de años escribí un texto en el que hablaba de cascadas, sol, y océano, y delfines saltando, y cimas nevadas, y cordilleras, y águilas, y flores exuberantes, y pájaros, y baile. Un estado catatónico. Perdí la cabeza. Después no sabía cómo encontrarla de nuevo. Pasa eso. Es el problema del amor. Se olvida todo. Todo empieza y termina contigo, le dije. Cómo puedo hacer cualquier otra cosa sabiendo lo que es el amor, le dije. Sólo quiero amarte. Ahora leo el texto y me causa gracia. Es de una exageración insólita. Creo que tengo un gran sentido del humor. O había realmente perdido la cabeza en ese momento, o las dos. Igual me hace feliz, saber que sentí eso, cada vez que recuerdo que conocí el amor me alegro. Aunque la emoción haya estado al borde del precipicio. Ya sé lo que es el amor, le dije. Y ya sé que para eso quiero vivir. Era la expansión absoluta. Quedaba atrás el caos, y se acercaba el abismo. Se parecen en algunos aspectos, pero en otros se diferencian. Aquí era algo sin vuelta atrás. Hablando ahora con él, le digo, tal vez nos deberíamos haber casado, nosotros, nos habríamos ahorrado problemas. Pero cuando te digo estas cosas te pones nervioso. Lo hago reír. Ya no me pongo tan nervioso como antes, me dice. Me hace reír a mí. Realmente podemos hablar de lo que sea, es muy agradable. A continuación del texto de las águilas y las cascadas, escribí un texto que se llamaba La cordura me abandona. Decía lo siguiente: El reencuentro con Ariel el dibujante, y su idilio, me dejan en un estado de conmoción irreversible, y pierdo la noción del tiempo, y junto con eso la cordura, y el juicio, la sensatez, la sabiduría, el discernimiento, la madurez, la cautela, el equilibrio y el aplomo, sobreviniendo, en definitiva, la locura total, acompañada de la imprudencia y la precipitación, y le envío diversas fotografías, unas cuantas canciones, y le escribo cientos de poemas, además de pasear por las calles y los parques de Santiago en un estado de zombie enamorado, cuya pasión lo insufla de brío y bienaventuranza, y luego de asfixia aguda, desfallecimiento, y de un vértigo afilado, punzante y violento, reforzado por la lista interminable de canciones que suenan en los audífonos cuya materia está compuesta de lo necesario para cortarse las venas por el ser amado, inspirando zozobra y desesperación, junto con la voluntad de sacrificio e inmolación por la causa amorosa.
Lo leo ahora y me pongo a reír. Recuerdo haber caminado la ciudad entera escuchado canciones desesperadas tipo Leona Lewis, Ed Sheeran, Whitney Houston. Pop y soul enamorado para morir un momento, o hundirse de manera definitiva. El amor se intercalaba con un sufrimiento horrible por la intensidad del sentimiento. Sinceramente todo me parece tragicómico ahora. Me parece que ese libro, la tercera parte de Antonia Serrat y el caos, es un tratado de humor negro. Leer lo que uno sentía, con una cierta distancia, es un ejercicio de mucho humor. Hace bien. Quizá la desorientación se transformó en cinismo con el correr de los meses. Luego de la cordura que abandona, escribí un texto que se llamaba Bleeding Love: el amor que aprieta el corazón hasta matarlo. Decía esto: Camino, camino, y debo detenerme cada cierto tanto. Porque este amor aprieta mi corazón y duele, mucho, me ahogo. Debo parar y respirar hondo, rogando porque deje de sangrar, y sangrar y sangrar. Se asfixia. Y voy quedando vacía, de tanta sangre que cae a borbotones. Que todo lo invade. Qué hacer. Qué cresta hacer. No para de sangrar, y se asfixia. Se aprieta, y duele tanto. No puedo respirar. Este amor me mata. No me deja seguir caminando. Me detengo paralizada. Me acurruco en el suelo. Sin parar de sangrar, y sangrar, y sangrar. Y el corazón tan estrujado que ya no late. No queda aire ni sangre, y no sé qué cresta hacer. Si pudiera decirte que esto me está matando. ¿Entenderías?
28 de octubre de 2025
Planeta fantástico II
Antonia Serrat y el caos, son tres libros, hay uno anterior a las aventuras del Planeta fantástico. Son 700 páginas en total. Cambia el sentir un amante, escrito durante el 2011, Antonia Serrat y el caos, escrito durante el 2012, y Menos locura y más romanticismo, escrito el 2013, hasta unas semanas antes de partir a vivir a Europa. Creo que podría ser algo así como duda, el primer libro, caos, el segundo, abismo, el tercero. Ha sido especial e intenso leer todo ese recorrido, antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Cómo era mi presente de los treinta a los treinta y dos años. Uno de los últimos textos del segundo libro se llama La intuición de mi destino. Decía así (los nombres en este libro están adaptados a la serie Lisa):
Es fuerte, porque a pesar de todo, Henri el tenista va a seguir siendo mi marido para siempre. Es parte de mí. Una parte de él está bajo mi piel. Siempre estará ahí. Irá conmigo a todas partes. Con cariño, para siempre.
A veces no quiero luchar más, contra todo. Quiero simplemente fluir, quiero paz. El fin de semana me encontré con Ariel el dibujante en el matrimonio de Julián. Es algo que está como atravesado en mí. Que me quita a veces la respiración. Una condena extraña, una profundidad desconocida. La tensión es potente cuando estoy cerca de él. Mis músculos no se distienden en ningún momento mientras él esté a metros mío. No hay explicación posible. ¿Él también lo sentirá? Será tantos años acariciando su cuerpo. Rozando sus labios. Será que amé demasiado sus manos, sus brazos, cada centímetro de su cuerpo. Amé hasta el fondo todo lo que había en él. Lo amé hasta desintegrarme. Hasta desaparecer. Me hice estrellas a su lado. Polvo mágico, esencia de la vida. Lo más íntimo, y lo más recóndito del corazón. Lo más microscópico del alma, lo que está más escondido. Eso adonde nadie llega. Que sólo podemos acceder nosotros, en momentos únicos que no vuelven a repetirse y se marchan, fugaces, como la intuición difusa del destino. Ayer estuve en el campo, en uno de esos momentos, al atardecer, el viento meciendo las hojas, con una delicada fuerza, el sol entre las hojas apareciendo y desapareciendo, despidiéndose, -este es el paraíso- pensé, lo sentí, lo sentí, una paz profunda, la vida misma, despojada de todo, una magia sabia y perfecta. Habría querido alargar ese momento, el sonido del viento en las hojas, suave y melodioso, calmo. De alguna manera Ariel estaba en ese sonido, y en ese momento no había dolor ni nostalgia, solo alegría y serenidad. ¿Cuándo dejará de doler verlo? Hace un año fui a una ceremonia de matrimonio, y estaba él. En ese momento, él frente a mí, el sol en el cielo, juré que me estaba uniendo a él de por vida. En esas palabras de amor, estaba nuestro amor, que todo lo puede, que nunca muere. ¿Todo muere? ¿Cuándo? ¿Hay algunas cosas que no mueren? Yo pensaba que todo acababa. Pero esa fuerza de nuestras entrañas, de nuestros cuerpos unidos, nunca acaba. Pasa el tiempo y sigue ahí, alertándome acerca de la vida cada vez que lo veo. Apelando a algo que está escondido, que ya no vislumbro, pero es tan intenso que me ahoga, me hace querer escalar la montaña más alta, caminar el sendero más largo, con él, escapar, con él, para siempre, huir de este mundo, los dos, de la hostilidad que a veces se aloja en mi corazón. ¿Acaso en él había paz? ¿Acaso alguna vez hubo paz? ¿Acaso alguna vez habrá paz? En mi corazón, en mi alma. Acaso el caos me dará una tregua. Me dejará caminar libre al menos un tiempo. ¿Acaso soy el caos? Un caos intenso, que va y viene. Que cambia, que permanece. Acaso somos dos seres desconcertados que vagamos juntos en la inmensidad, todo el tiempo. Dos amantes del caos, dos atrapados en el caos, dos destinados a ir y volver de esta vida incierta y confusa. Acaso estamos buscando nuestra identidad y en el fondo es la misma. Acaso estamos unidos en el alma. Acaso estamos unidos en el sonido del viento en las hojas. Acaso estamos unidos en las estrellas y su fulgor intermitente. Acaso estamos unidos en las razones para vivir. Para seguir aquí. Acaso tenemos cada uno una razón para el otro. Acaso cuando la podamos compartir todo acabará. Nos volveremos una explosión de vida, una erupción planetaria. Acaso nacimos para sufrir, para sentir la nostalgia desintegrándonos. Acaso estamos preparados para vivir. Acaso podremos morir un día, lejos uno del otro. Acaso cesará un día el dolor de vernos, el nudo de la fuerza almacenada, escondida. La fuerza timorata, que siente vergüenza. Que traspasa nuestras corazas y propósitos, dejándonos al descubierto, despojados de armas para defendernos. Acaso esto es una condena ineludible. Acaso es el destino, maldito, entrometiéndose a pesar de todo. Acaso esto es una enfermedad sin cura. Acaso es un trastorno, delirante. Acaso es lo que tenemos que aprender en este tiempo, en esta era. Acaso el problema soy yo. Acaso debo acabar con todo esto porque no tendrá final. Acaso partirás para dejarme inmóvil para siempre. Acaso detendrás el tiempo hasta que ruegue por nuevos parajes, por colinas verdes, por una huida exitosa, cueste lo que cueste. Acaso quieres que acabe con tu vida para que pueda seguir con la mía. Acaso el caos cesará. Acaso vas a matarme de una vez para que pueda renacer. Acaso vas a alargar esta agonía, este éxodo de mí misma, donde no me encuentro, donde mi identidad florece y muere, donde se marchita hasta que ya no sé cuál es mi nombre. Acaso tú sabes mi nombre y vas a decírmelo. Acaso tienes razones para mí. Acaso crees que yo voy a salvarte. No podré hacerlo. Estoy lejos ya. Un abismo nos separa. Es la paradoja hecha física. No podemos alcanzarnos, y sin embargo somos lo mismo. Ese es el gran caos, que nos tiene atrapados. Que debemos sortear, o resolver. Tomar decisiones si es posible, operarnos la cabeza, apelar a la ciencia, a la cordura. Olvidar nuestra constitución etérea, poner los pies firmes en la tierra y recordar, por qué dejamos de estar juntos. Recordarlo todo, todos los desencuentros, todo el dolor, los celos, nuestra volatilidad, nuestra poca empatía. Yo sólo quiero recordar eso, para saber por qué no estoy contigo ni tú estás conmigo. Yo sólo quiero recordar, y que ese recuerdo aniquile esa chispa de tu alma que queda en mí, ¿o acaso moriré si ella muere? ¿Tienes razones para mí? ¿Me harás tener fe en la humanidad? ¿Acaso sabes qué decir? ¿Sabes cómo se hace? ¿Acaso sabes algo que yo no sé? Acaso el caos convive contigo, pero sin destruirte. Acaso me dirás cómo se hace eso. Acaso unirás tu caos al mío hasta que podamos expulsarlos a ambos y vislumbrar un pequeño cosmos, maravilloso y sereno. Muy pequeño e íntimo. Acaso nos uniremos en la fibra más íntima de nuestra alma, donde haya algo que no pueda romperse. Acaso podremos crear algo que no pueda romperse. Acaso hay algo que no puede romperse. Como nuestro amor, herido y maltratado, sollozante. Acaso queremos acariciarlo hasta que sane, hasta que podamos estar juntos sin lágrimas perpetuas, sin hacernos daño, acaso es posible quererse sin destruirse. Acaso nosotros construimos sin destruirnos. Acaso eso es lo que queda y nos mata de cuando en cuando. Acaso nos liberaremos un día de esta condena, maldita, perversa, inexplicable. Acaso alguien tiene alguna respuesta. Quizá alguien sabe algo, que nosotros no entendemos. Quizá alguien pueda explicarnos. ¿O debemos buscar en nosotros mismos? Yo no creo que esto sea el amor. El amor moviliza, y esto mata, mata, mata. Va escarbando por dentro tuyo hasta que vas quedando vacío. Es demoníaco. No puede ser amor. ¿El amor es caos? ¿Es destrucción? ¿Hemos sido engañados? ¿Nunca podremos comprenderlo? El matrimonio no es amor. El matrimonio es soledad. Quizá esto es el amor entonces, el amor real, intenso y mortal. El amor suicida y lleno de vida. El amor que te lleva a abandonarte, a desconocerte. A dudar, todo el tiempo. Dudas y más dudas que se renuevan. Yo quisiera algún día amar en paz, pero el caos es muy fuerte, y todo lo domina. Acaso debo dejar de luchar contra él y hacerme su amiga, para entenderlo. Acaso no existes y sólo eres una parte de mí. Quizá soy yo misma, dispersada e intentando unirme, unir mis partes. Acaso nunca se unirán. Acaso seré diez cosas al mismo tiempo, siempre, sin posibilidad de univocidad. Diez voces intentando expresarse, gritando, clamando por mostrar la vida que subyace en cada cosa. Acaso este libro no puede terminar de manera tranquila. Acaso sería un oasis temporal. Acaso asumiré la profundidad con cariño y podré disfrutar la vida, intensamente, de cuando en cuando. Lo que sé es que yo quiero vivir. Y que esto nunca lo voy a olvidar. Nunca. Voy a vivir. Voy a vivir. La muerte ya no es mi amiga, y yo voy a vivir.
27 de octubre de 2025
Planeta fantástico
Llevo días leyendo las intensas y caóticas aventuras del Planeta fantástico, 600 páginas non-stop, inéditas. Editando ese desborde de energía, vitalidad animal y extravagante emoción. Entendiendo los mecanismos internos de toda aquella maquinaria imparable, y todo el gozo de esa creatividad infinita e inspiración inmanejable. Mientras escucho The National, que canta: You own me, there’s nothing you can do, lucky you. En aquella época del Planeta fantástico le compuse una canción a Gaël el humorista, que decía lo siguiente (se llamaba aprender a llorar): Me estaba esperando en silencio bajo un rosal/ Y cuando llegué lo miré y se puso a llorar/ Si tú me prometes me dijo llevarme hasta el mar/ Entonces yo pueda quizá enseñarte a besar/ Por qué tienes pena si yo lo que quiero es cantar/ Quizá si lo intentas puedes aprender a vivir// Para qué te enamoras me dijo si vas a sufrir/ Amar se trata sobre aprender a llorar/ Si me das tus latidos le dije lo puedes sentir/ Yo nací me dijo para aprender a morir/ En mi alma llevo siempre escondido un puñal/ Que aparece y me hiere cuando te vas y no estás// Vamos al mar le dije para vivir/ Cuando todo muera nosotros sabremos amar/ Cuando la música aloje en tu corazón/ Cuando el camino se preste para reír/ No quiero estar lejos de tu valor/ Ni de tu fuerza profunda para luchar// Amar está hecho de caos y de creación/ Cuando se muere los/ suspiros se van a dormir/ Yo quiero las olas, tus ojos y una flor/ La pasión, las nubes y un final/ Cuando me hayas enseñado a besar/ Entonces sabré que aprendí a llorar, en el mar. Luego le compuse otra (que se llamaba cuando quieras ir): Cuando viene el lobo quieres huir/ Cuando se hace tarde quieres morir/ Cuando la ola rompa querrás sentir/ Cuando quieres anclas el cambio está ahí/ Cuando el deseo te lleva de aquí/ Querrás crear un mundo donde fluir// Cuando quieras ir/ No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin.
19 de octubre de 2025
Furioso deseo (Libro)
Furioso deseo
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_furioso_deseo_18-10-25.pdf
o
https://www.academia.edu/144542496/Furioso_deseo
Prefacio
Furioso deseo es una novela, es el libro séptimo de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, el quinto, Forma fulminante, sobre la magia, el sexto, Drama fascinante, sobre la música, y el séptimo, Furioso deseo, trata sobre la imaginación. Este libro relata el inicio del Planeta fantástico. Las peripecias que precipitaron la entrada forzosa a aquel planeta de la euforia y la música. Escribir relatos con una cierta distancia en el tiempo tiene la gracia de poder observarlos con un poco de humor, y conservar lo relevante. Tal vez no parece, pero estoy agradecida de esta persona que me llevó de lleno al Planeta fantástico de un día para otro, cuando yo pensé que todo llegaría con calma. No hay que subestimar al caos, es fuerte y poderoso, nos instala en situaciones particulares o en ocasiones difíciles, pero que con el tiempo comprendemos el significado. Este libro habla de tormentas y embriaguez vital. También de furioso deseo y de catástrofes. Mi especialidad. Estoy consciente de mi responsabilidad. Algunas cosas sólo pueden suceder en la tormenta, dice una canción de Flying Colors. Mirar el caos a la cara, cantan. Este es un nuevo relato de las aventuras de Lisa. A decir verdad, me encantan, me divierto viviéndolas, recordándolas, escribiéndolas. Todo es imaginar la ficción. Este libro habla sobre el furioso deseo de modificarlo todo. Mi cualidad principal. Lo que conservo y me permite seguir, a pesar de las catástrofes, propias y ajenas. Tal vez todo es una especie de juego, incluso ahora que veo las hojas rojas, amarillas y cafés caer con el viento hacia montículos en la acera. Siempre voy con la música, mi compañera principal, además de la literatura, Doris Lessing, Simone de Beauvoir, y tantas otras. Tantos autores que me taladran de furioso deseo sin descanso. Mi espíritu es expansión ilimitada cada día. Catorce años del Planeta fantástico y no cesa. Hay cosas que sólo se pueden llevar a cabo en la tormenta. El Planeta fantástico es el caos absoluto del furioso deseo vital. No hay tristeza, no hay melancolía posible. Todo es expansión, amor y gloria. Lo que queda, que sea en grande. Sólo hay una oportunidad, ¿no? La imaginación es nuestra mejor aliada. Vuelan y vuelan las hojas por el aire. Nubes, cielo azul, van pasándose la posta. El río transcurriendo. El arte siempre en la cima. Creo que lo más importante que he aprendido en estos años de Planeta fantástico es a amar la vida. Su caos completo y la creatividad asociada. Caen, caen las hojas con fuerza. Se eleva la magia. La electricidad del ambiente. Los acordes que nos exaltan. Los hechos que relato sucedieron en un otoño como este, en el hemisferio contrario. En el reverso inevitable de los acontecimientos que siempre nos está acechando. Porque cada cosa tiene su parte secreta que nos moviliza. Espero haber reproducido los eventos con la chispa que tuvieron para mí. Con la intensidad que me caracteriza, que jamás voy a dejar de lado. Mi tendencia es hacia el optimismo, eso no varía. Soy una devota al entusiasmo. La verdad, me sale natural. Vivir es suficientemente eufórico con estos paisajes y melodías como para pasarlo por alto. Yo amo. Es tal vez mi error. Me tiene sin cuidado. Yo nací en la tormenta, y en la literatura.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 19 de octubre de 2025.
17 de octubre de 2025
Furioso deseo
Vivo con Doris Lessing y un piano. Largas conversaciones. La imaginación la tengo. La imaginación es el furioso deseo de modificarlo todo. El anhelo feroz porque las cosas no sean exactamente como son. Nosotros los románticos precisamos obstáculos, escribe Doris Lessing. Persigo amor y gloria, siempre, escribe Lessing. A menudo dice que hay varias personas coexistiendo en usted, ¿qué parte le corresponde a la escritora?, le preguntan en una entrevista. Soy escritora al cien por ciento, responde Doris Lessing, cuando se escribe bien, se moviliza todo el ser, se engloban los recuerdos, la experiencia, el cuerpo, se escribe desde el plexo. Sólo se está escribiendo de verdad cuando se es consciente de que se están sondeando varios niveles al mismo tiempo, continúa Lessing, creo que la escritura sin vida suele ser obra de personas que escriben desde la cabeza, es una exudación del intelecto, no se ve chispa ninguna. Yo busco la chispa con furioso deseo. Para eso lo desarmo todo. Me siento con Doris y el piano y les propongo ideas. Cómo ven esto, cómo lo ven por aquí, por acá, así, de esta manera, de esta otra. Son de gran ayuda, porque Doris y la música lo comprenden todo. Saben lo que debe venir y cómo. Todo es chispa y melodía. No pensé llegar a este momento de las grandes conversaciones. Del amor y la gloria. Mickey Mouse se convirtió en una vaca, canta David Bowie. Pero la película es un aburrimiento triste, canta, porque la escribí diez veces o más, está a punto de volver a escribirse. Les cuento sobre el furioso deseo, los hago parte, les describo el río, y la masa de aventuras eternas que me acompañan. La imaginación es la facultad para compilar en una imagen unitaria los múltiples datos sensoriales que vienen dados con la intuición, escribe Byung-Chul Han. De nuevo, el amor, de Lessing me dejó volando en el aire. Pido tan poco y tengo tanto. Escuchábamos a Glenn Miller, Cole Porter, dice Lessing en la entrevista, esa música, tan potente, sólo expresaba deseo, espera, carencia, si uno se detiene un momento a pensar en ello, no se puede evitar pensar que eso deja huella, que necesariamente nos afecta. Nos afecta, todo nos afecta, Mickey Mouse, las vacas, Cole Porter, las películas vueltas a escribirse. La chispa intentando no extinguirse. Las intuiciones forzándose a construir algo en el cerebro asediado. Intensifico las conversaciones con Doris y el piano. Lo intensifico todo para que quede algo. Voy escribiendo lo que me proponen en ese lenguaje inconfesable. En su estado actual, escribe Doris Lessing, signos y símbolos, augurios y presagios y agüeros, comparaciones sensatas y tontas, se formaban a partir de una voz oída al azar en la calle, el ladrido de un perro, un vaso que se le caía de la mano y se hacía pedazos sonoramente sobre una superficie dura. Todo me habla del amor y la gloria, de la mitad de la vida que comenzó. Del tiempo nuevo que empezó. Secretamente discuto con Doris y el piano. Necesito que me den la venia para cada locura y prudencia que alcanza mi chispa. Sé que están presentes recibiéndolo todo y lo agradezco. Ellos me han dado tanto más que yo a ellos. Pido tan poco y sin embargo tanto, es lo que obtengo. Tantas estrellas alineadas y planetas por descubrir. Viví en un planeta fantástico, y sin embargo no hace más que comenzar. Debiese hablar aquí de ese Planeta fantástico, de cómo empezó. Fue el día de mi bienvenida de soltera, un fin de semana del mes de marzo del año dos mil doce en Santiago de Chile. Las historias son lo mío. Para ellas el furioso deseo es incandescente. A veces la imaginación no es suficiente y la realidad hace su parte mostrándonos cosas que se habían quedado fuera de ella. No hay engaño posible en la capacidad de soñar. De alguna manera todo es cierto, si la locura no nos ha tomado completamente. Pero hay un elemento irracional en cada acción que emprendemos. La creatividad es irracional en un sentido. Viene de ninguna parte. Nace de la chispa impronunciable que cargamos con nosotros. Sólo uniéndolo todo con un deseo furioso cuaja la preparación. ¿Hay vida en Marte?, se pregunta David Bowie. ¿Hay vida en esto?, me pregunto yo. Tiene que haberla. La busco. Me he pasado la vida buscando siempre algo, escribe Doris Lessing, eso le ha ocurrido a todo el mundo, claro. Yo busco la vida, busco la auténtica conversación con Doris y el piano. La conversación íntima que me señale lo esencial. La he encontrado en la literatura y la música, también en la amistad y el amor. Renuevo los votos con el arte en cada ocasión. Te entregaré mi vida, le digo. Los testigos son Doris y el piano. Firman lo que hace falta. El pacto queda sellado. Furtivamente me encuentro con ellos en la medianoche. Junto al río, bajo la luna llena. Junto a la cascada. Les entrego mi cuerpo, mi furioso deseo de cambiarlo todo. Es lo más valioso que poseo. Mi integridad depende de ello. Mi cordura y mi afán de empecinarme en vivir. Como literatura y vida son sinónimos exactos no tengo problemas en saber de qué se trata existir. Mi margen de acción es pequeño, y sin embargo innumerable. Poseo la creatividad y la imaginación para enfrentarme a cada día. Las aprendí de Doris y el piano. Lo saben, y me acompañan con humildad. Lo poseo todo en el fondo, porque los llevo dentro. Se manifiestan sin detenerse. Lo que busco es manifestarme para transformar. Un día comprendí lo que era la imaginación. Armé la escena de la catarata y realicé la ceremonia. Lo mío es el arte, me dije. Todo será explorado porque transformar es imaginar. Ante las puertas del castillo imagino. En los márgenes imagino. Con Doris y el piano imagino. Horas se me van en el salón de las ceremonias. Observando pasar la vida mientras me suceden las historias. El furioso deseo es mi más fiel compañero. Cada año la ceremonia. Renuevo mi compromiso con el Planeta fantástico. En definitiva es la fragilidad y la delicadeza de existir. Cada pequeño gesto que nos permite la vida.
11 de octubre de 2025
Drama fascinante (Libro)
Drama fascinante
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_drama_fascinante_10-10-25.pdf
o
https://www.academia.edu/144403964/Drama_fascinante
Prefacio
Drama fascinante es una novela, es el libro sexto de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, el quinto, Forma fulminante, sobre la magia, y el sexto, Drama fascinante, trata sobre la música. Sobre el furor y la luna llena. Siempre es mejor escribir que perder la prudencia debido al misterio y al anhelo. Drama fascinante habla sobre bandas musicales y sobre el deseo que destruye. Sobre canciones y pasión. Sobre la inspiración, el rol de la música en la literatura, y aventuras encantadoras, como siempre. Trata sobre todo de los remolinos que son música y nos empujan a la música, como ese estado embriagador que a veces conocemos, o no. Esa es la encrucijada acá. Esa posibilidad incierta, como siempre. La de la música, la de los cuerpos, la del amor, la del arte. Este es un deslumbrante drama de esos que nos permiten la vida, que nos mantienen andando, escribiendo, anhelando, embriagándonos, desintegrándonos, que nos derrotan. Porque todo es perder, tarde o temprano, pero está el deseo y el amor para continuar. Está la música de las profundidades, y la sensación de la ilimitación. Me quedo con la pasión aunque acabe conmigo, la música es todo lo que me importa.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 10 de octubre de 2025.
Lyon, 10 de octubre de 2025.
8 de octubre de 2025
Drama fascinante
Existir es un drama fascinante. Sobre todo la música es un drama fascinante. Sí, estoy de acuerdo en que no es fácil convertir esto en un drama fascinante, escribe Doris Lessing. La razón, casi con toda seguridad, era el elemento irracional y peculiar que a menudo es el auténtico motor de las personas y los acontecimientos, y que con frecuencia no se menciona o ni siquiera se advierte, escribe Lessing. No, ella desconfiaba de la música, escribe Doris, se encontraba en buena compañía, a fin de cuentas, muchos de los grandes y de los sabios habían considerado la música como un amigo dudoso, siempre la había escuchado con el ánimo de: no vas a apoderarte de mí, ¡ni lo pienses! Camila Vaccaro compuso un disco que se llama Drama dramática, el cual la llevó a ganar el premio de mejor cantautora de Chile el año pasado, el cual me interpreta completamente. Se va la vida, no entiendo quién soy, canta Camila Vaccaro con su agudeza y humor habituales, voy juntando fracasos, se quiebra mi voz, es muy duro el camino, cuando no sale el sol, escarbando la tierra, busco una razón, las certezas que nunca se podrán alcanzar, es la vida y su tiempo como un huracán, en la copa que alzo está mi corazón, todo hecho pedazos y ahogado en licor, como vidrios molidos es la tierra a mis pies, se me aturde el sentido, y me pierdo en el drama. Una descripción exacta del pasar por este extraño planeta. Toco música desde hace cuarenta años, y escucho música sagradamente todos los días de mi vida, soy música más que cualquier otra cosa. Antes de ser escritora quería ser música. Me decidí por la justicia y por las frases que son música. Había que elegir, no podía hacerlo todo, si quería llegar al fondo de las cosas. Pero a diferencia del personaje de Lessing, no considero a la música como un amigo dudoso, es más bien la razón de mi existir. El elemento irracional y peculiar que me guía, para no hundirme en el drama constante que implica ir por los días intentando sacar cosas en claro. Lo que hago es decirle a la música, al contrario de la ficción de Lessing, apodérate de mí, para que todo sea fascinante. El dinero que tengo lo empleo en libros y discos, conciertos y óperas. Dejo que las armonías, las melodías, los ritmos y las letras reemplacen el drama que invade mi cerebro. La música es el drama fascinante que me mantiene en pie.
6 de octubre de 2025
Forma fulminante (Libro)
Forma fulminante
Forma fulminante es una novela, es el quinto libro de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, y el quinto, Forma fulminante, sobre la magia. Sobre el deseo y las metáforas. Sobre la ausencia de la magia en ocasiones. El primer capítulo trata sobre una mariposa y los duelos, el segundo sobre monstruos de halloween, el tercero sobre cuerpos y expectación, el cuarto sobre música y metamorfosis, el quinto sobre el bosque y amenazas, el sexto sobre lo falso y la muerte, el séptimo sobre la creación del deseo, el octavo sobre la fábrica de las metáforas, el noveno sobre las cataratas de Iguazú, el décimo sobre el miedo, el undécimo sobre el mar Caribe, el duodécimo sobre animales extintos, el decimotercero sobre simios, y el decimocuarto sobre mujeres extintas. Eso a grandes rasgos. La magia claramente no permite las síntesis torpes como la que yo acabo de hacer aquí, pero eso orienta en relación a qué puede uno encontrar en cada capítulo, a lo largo de la historia. Algunas claves, o señales, porque la magia se construye de símbolos convertidos en metáforas. Toda gran historia es sobre otra cosa, como me dijo una vez Aldo Bucchi. Él entendía bien la magia. Esta historia es sobre las metáforas, el deseo y los obstáculos a la magia. Los constantes impedimentos y el propósito infatigable. Lo que me interesa es que vivir sirva para algo, tenga alguna gracia, y no extinguirme. Asimismo, cooperar a que los demás no se extingan tampoco. Reflexionar sobre la literatura, además de escribirla, es mi pasión absoluta.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 06 de octubre de 2025.
Lisa Lyon Barthes y el arte.
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf
Grandiosa mitología
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf
Maquinaria insólita
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf
Aparato complejo
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_aparato_complejo_24-09-25.pdf
Forma fulminante
Forma fulminante VII-XIV
VII
Deseo es lo que siento en las noches de luna llena cuando me recuesto en mi cama y pienso en el futuro. Pienso en cuerpos que quisiera tener a mi lado, o no. Pienso en la voz de esas personas y en el eco que producen en mi cuerpo. La magia la he ido construyendo y la tengo a mi lado, en el presente. Pienso sobre todo en metáforas. En un presente edificado de metáforas. En formas que fulminen. Camino por el borde del río y disfruto el nacimiento de los símbolos. Desear es en el presente. Lo extiendo y se hace grande. Escribir es desear que las cosas ocurran. Acercarlas al cuerpo. Llevarlas a la cama y tenderlas a un lado. Observarlas. Es crear el acontecimiento. Porque tantas veces la ficción y la realidad se confunden. Otras veces se separan. Lo que yo deseo son cuerpos que canten conmigo al unísono. Que caminen por el borde del río identificando lo importante a mi mismo paso.
VIII
La fábrica de las metáforas es lo que está más cerca de mi alma. Lo que llevo en el cuerpo. El contenido de mi mente. Ariel el dibujante me manda una foto de su cuerpo desde un hotel. Su cuerpo que tan bien conozco y me fascina. Un hotel que está a cientos de kilómetros de mi casa por lo que todo lo que sigue queda guardado en la imaginación. La fábrica de la imaginación es lo que está más cerca de mi alma. Las fantasías del deseo las llevo en el cuerpo. Tengo una relación con Ariel el dibujante que es igual a una metáfora de la vida: algo sin pies ni cabeza. Como estar cabeza abajo y los pies para arriba. Somos sobre todo muy amigos, pero siempre está el deseo en la mitad. Hace años que no me planteo con él ningún otro tipo de formato posible, ninguna forma fulminante. Tal vez porque todo lo que tiene que ver con él es siempre algo sin pies ni cabeza. Ya no intento entender nada, tengo otras cosas que hacer.
IX
Pensemos en la música. En la música de cada día. Esa es la magia. La mía consiste en pensar metáforas, o sentir las metáforas. No es posible anticiparlas tanto. Llegan cuando es el momento. La fábrica que despliego para tal efecto consiste en amar la existencia. En querer llegar siempre más allá de mis posibilidades. En identificar los límites y en las maneras de fulminarlos. Tengo un cerebro como las cataratas de Iguazú. Masas de agua que caen con fuerza sobre el precipicio. Agua que te llega encima luego del brío de la caída y el rebotar contra las piedras. Pájaros exóticos de miles de colores volando sobre esa columna descomunal de agua que no deja de rodar. Coatíes y monos caí escondiéndose en la selva. Cientos de insectos merodeando el lugar. Ocelotes, tortugas y yacarés conviviendo. Con mediana paz, depende del momento. Estuve una vez en ese lugar, con mi familia y Henri el tenista, meses antes de separarnos, recuerdo el vigor de esa cascada eterna.
X
En esa oportunidad lloré mucho. No había magia ninguna en mi vida en ese momento. O muy poca. Recuerdo haberme lavado las manos en la habitación del hotel, y a continuación secar toda el agua que había quedado alrededor. Por qué estoy haciendo esto, me dije. ¿Tengo miedo que Henri el tenista vaya a enojarse porque dejé todo mojado? ¿Quiero evitar una pelea idiota más? ¿Otro comentario desafortunado más? ¿En qué me convertí?, me pregunté a mí misma. Yo que vivo de metáforas y fortaleza. Todo se me ha venido encima. Estoy haciendo cosas muy raras, me dije, por qué estoy secando con esmero el agua alrededor de este lavamanos. Algo sin importancia y que en otras circunstancias no habría llevado a cabo. Concluí que tenía miedo, y que mi existencia se había convertido en una serie de conductas que no tenían que ver conmigo. Lloré mucho con mi madre y mi abuela, les dije que no quería esta vida para mí. Que sentía una soledad infinita y quería en cambio encontrar las cascadas y los pájaros de colores.
XI
Luego estuve con Henri el tenista en Santo Domingo en la República Dominicana, y en unas playas que me quitaron el habla. Nunca había visto algo tan hermoso. Era mucho más bonito que las fotos. El mar Caribe para mí es la perfección absoluta. Lo que hacía gran contraste con mi estado mental en ese momento, que era de una muerte interior total. Conversamos largamente varios días con Henri el tenista para intentar arreglar las cosas. Mi existencia estaba exenta de metáforas mágicas. Más bien lo que había era una larga lista de reglas absurdas que Henri el tenista me había tirado encima desconozco la razón. Creo que era lo más aburrido que he vivido, y era espeluznante. Daba miedo. La muerte interior da miedo. Pero yo ni en las situaciones más extremas he perdido el germen de las cascadas explosivas. Sólo necesitaba recuperarlas. Miraba ese mar turquesa con arena blanca, palmeras, el oasis completo. O comienzo pronto con este tipo de metáforas y no otro, o voy a extinguirme. Como un pájaro dodo, o un dinosaurio.
XII
O como un pez de mano liso, o un delfín del río Yangtze, o un rinoceronte blanco del norte, o un guacamayo de Spix, o un lobo de Tasmania, o una paloma pasajera, o un íbice de los Pirineos, o un leopardo de Zanzíbar, o una gran mariposa blanca de Madeira, o una cotorra de Carolina, o un lobo de las Malvinas, o un tigre de Sumatra, o una boa excavadora de la Isla Redonda, o una tortuga gigante de Pinta. Aquí yace Lisa la escritora, causa de la extinción: se le impusieron reglas. Su literatura fue considerada artificio y artículo accesorio. Pero era un artículo de primera necesidad, como la poesía de Nicanor Parra. Aquí no había poesía, sino un animal a punto de extinguirse. Tomé entonces mis bártulos, y en realidad no me fui a ningún lado porque la casa era mía. Más bien invité a Henri el tenista a continuar su existencia en otra casa. Antes de la extinción, porque tenía mejores planes para mi futuro.
XIII
Tenemos claro entonces en qué consiste la magia: en ninguna de esas extinciones. En evitar las extinciones. En ser animales con respeto por los otros animales. La única diferencia entre los simios y nosotros es que podemos caminar largas distancias a pie, según leía ayer. No, el ser humano no desciende del mono, por la sencilla razón de que él mismo es uno, afirma Evelyne Heyer. Yo estoy encantada con esta información, siempre quise ser un simio. De hecho siempre me he sentido un simio. Un mono amigable que hace arte, e intenta hacer algo por este mundo de extinciones. Las mujeres se extinguen seguido, a manos de simios violentos. Pero no podemos vivir sin poesía, como afirmaba Nicanor Parra. Sin justicia tampoco. Magia y justicia: imprescindible. Artículos de primera necesidad, igual que la poesía. Pero ojo a lo que es en realidad poesía. Hay muchos malentendidos al respecto. La poesía es escasa y tantas veces el gato por liebre. Yo soy un simio atento a este tipo de sutilezas. No quiero extinguirme.
XIV
La magia entonces es la no extinción. Es la forma que fulmina la extinción. La lápida, aquí yace Lisa la escritora, extinguida, no me acomodaba para nada. Nunca me ha quedado bien. Como un traje no hecho a mi medida. Pero tampoco estaba hecho el traje a la medida para Julia Chuñil Catricura, ni Hélène Legotien Rytmann, estrangulada por Louis Althusser, ni Géraldine, Sonia, Elena, Salma, Christelle, Agnès, Solange, Cécile, Céline, Sylvie, Melody, o cualquiera de las 118 mujeres asesinadas en Francia en lo que va de este año, por hombres, a golpes, degolladas, estranguladas, cuchillazos, balas, patadas, y otros, como fueron los veinte golpes en la cabeza contra un radiador que le dio Bertrand Cantat a Marie Trintignant que le causaron la muerte, y no sabemos cuántos golpes a Krisztina Rády, además del terror psicológico, que la impulsaron a suicidarse. Nos extinguen, es un hecho, a todos los animales. Uno de los documentos de las atenciones de urgencia a Krisztina Rády indicaba que una violenta disputa con su compañero, la llevaba a ese hospital ingresada con desprendimiento del cuero cabelludo, moretones y hematomas, lo que “significa muy probablemente que Krisztina Rády fue agarrada con mucha violencia por el pelo o arrastrada por el pelo”, según indica un enfermero. Nos siguen extinguiendo, y la justicia, dónde. No quiero ser estrangulada. Prefiero las metáforas. Una lápida, más adelante, que consigne: Lisa la escritora, se dedicó sin violencia a las metáforas. Dio su vida por la magia. Por entender el deseo y sus beneficios. Redactó manuales de pócimas para dar con las metáforas correctas. No tenemos idea si nada de lo que hizo dio resultado. Pero le puso empeño, y el humor no le faltó, a pesar de todo. Tenía amigos, amor, café, un río, viajes y sueños. Suena un poco cliché, pero dijimos que lo de la mariposa era cierto. Los sueños también son ciertos. El nobel o nada, ya está consignado en uno de los libros, no sé exactamente en cuál, ya me pierdo, son muchos, y no puedo dejar de redactarlos. La búsqueda de la magia es de vida o muerte. Quiero crearla. Lo intento. La única metáfora que sirve es la magia. El deseo de la magia, la forma fulminante que modifica. Me afano en descubrir en este presente la magia. Aspiro a la literatura como forma absoluta. Procurar reunidos el nacimiento del amor.
5 de octubre de 2025
Forma fulminante VI
Qué hay después del silencio. Hay la música y la fuerza. El caminar al ritmo de los latidos del bosque. Hubo una maratón hoy en Lyon, estuve horas de mi mañana sentada en el balcón observando las cientos y cientos de personas que corrían pasar por mi calle desde mi balcón. El sol que salía y se escondía entre las nubes. Por alguna razón el evento me llenó de emoción. Todas estas personas corriendo al compás. Vestidos de colores con un mismo objetivo. Llegar a la meta en el menor tiempo posible, o no, o tal vez sólo correr, para algunos. Correr acompañados, al mismo paso, con determinación. Me sorprendí de pronto con lágrimas en mi terraza siendo parte de alguna manera de esta procesión de personas avanzando juntas. Me pareció una actividad necesaria para estos tiempos. Correr todos al mismo paso, o no, todos hacia la misma meta. Había algo solidario en esta estampida de personas avanzando a un ritmo imaginario, y sentí realmente que la suma de las partes era mucho mayor a cada individuo solo en su carrera. Lo que no me pasó para nada por ejemplo con el último comportamiento de halloween de Judas el músico. Sí, hay más. La semana anterior, le escribió a una amiga para decirle que fueran a tomar una copa, a espaldas de todo el mundo, a lo que ella le contestó, por supuesto, si había algo que no andaba en su cabeza. Es lo que sucede al parecer. Sobre todo en su ética, la que es desconocida. Recordemos que este ser humano se escuda en sus circunstancias para hacer todo tipo de acciones nocivas, manipulando y sin considerar a nadie. Miente sin detenerse. Se miente a él mismo, a los demás, a quien llama su pareja, a todo quien se cruce, en definitiva, no hay excepciones. Lo peor debe ser que es un fraude total. Todo es falso. Nada de lo que enarbola es cierto. Ni siquiera es capaz de redactar una investigación, lo que quiso llevar a cabo, pero es un fiasco, como todo lo que emprende. Sí, porque Judas el músico tiene un cerebro en el cual todo se volvió borroso. No hay límites, no hay reglas, y no sólo eso, para él los hombres y los europeos son superiores a todo. Ya sabemos cómo se llama a eso. Anotémoslo por si acaso, es de un machismo que sorprende, conservador como él mismo, y racista, además, como si fuera poco. Lo que quisiera es que nadie tuviese que encontrárselo, porque la experiencia es lo más nociva que hay. Lo que me alegra es que me libré de sus conductas de mierda, en lo general y en lo particular. Espero no tener que verlo nunca más en mi vida, y eso que yo jamás elimino de mi existencia de cuajo a nadie, solamente en casos excepcionales en que lo nefasto gana por sobre cualquier otra cosa, como en el caso de Judas el músico y Arsène el guitarrista. Dos personas que se parecen mucho, no sólo por sus inclinaciones musicales, sino también por sus conductas perniciosas y dañinas. La interacción con cualquiera de ellos dos es el opuesto absoluto de la magia. Es la erosión maligna de la magia. Creo que en ningún caso entienden bien de qué se trata el amor. Creo que todas las personas con las que van encontrándose se van enfermando de esas interacciones perjudiciales. Es grave. Atención si se te cruza uno, el resultado puede ser la muerte.
Forma fulminante V
La literatura colinda con la música. Sus formas están muy cerca. Su necesidad de llegar al núcleo de la emoción. Llevar la música en el cuerpo es poder redactar las frases que dancen. Las lenguas son también música, sonidos, melodías. Por eso atesoro cada nueva palabra que llega a mis manos. Porque entonces crecen las metáforas. Se sitúan, se enraízan, porque cada lengua tiene su imaginario y sus límites. Por lo tanto sus elevaciones y sus precipicios. Por eso toco el piano y aprendo alemán, porque todo es literatura. No se puede escribir sin ritmo y sin significados. No se puede escribir sin imágenes y figuras. Mi cuerpo es una colección de metáforas infinitas. Mi cerebro una biblioteca gigantesca de sonidos, sensaciones, alegorías y símbolos. Tengo todas las palabras del mundo a mi disposición, para imaginar el futuro. Para diseccionar el presente. Lo que me fascina es la musicalidad de las formas y las oraciones. Por eso sé que la inteligencia de artificio es lo más lejano a la magia. Que las traducciones son delicadas y misteriosas. Pero hay que intentarlas para llegar más allá. Para hacer parte a toda la humanidad de la belleza existente. El conocimiento debe ser libre. La literatura tiene que estar al alcance de cada ser vivo. La música está en todos lados y tiene que invadirnos. Lo que me extirpa del cielo nublado es el arte que no se queda en la superficie. El arte que entra. Que recorre la casa embrujada para alcanzar las señales. El arte de historias infinitas sin contenido me rebela. Las imágenes sin texto ninguno ni sentido palpable me desmoralizan. Las series eternas que quieren mantenernos en línea intensificando el sensacionalismo me reenvían a un estado de desamparo. Luego todo es indignación. El robo de lo exótico, la desfiguración y su destrucción de lo esencial. Julia Chuñil es una militante por los derechos humanos y el medioambiente. Fue asesinada el año pasado. Por su lucha, por su resistencia. Son tiempos muy oscuros, como siempre, para quienes insisten en la magia. Los estados inactivos, cómplices. Asimismo autores y encubridores. Cómo insistir en la magia cuando la vida se ve amenazada. Esta semana surgió el tema de firmar con nuestro colectivo feminista un documento para la presentación en un juicio. Pero muchas de las personas que lo componen no tienen ciudadanía de este país. Entonces la amenaza. Los estados se arrogan el derecho de modificar vidas arbitrariamente. Criminalmente. Nuestras vidas y nuestros cuerpos corren constante peligro. Lo que no saben es que la solidaridad es un quinto poder. Una de las formas fulminantes. Algo que colinda con la magia. Que saca de ahí su fuerza. Que sabe hacer uso de las metáforas y las amenazas recibidas. El deseo de un mundo muy distinto al que prefiguran en muchas ocasiones quienes nos gobiernan. En ocasiones los elegimos, en otras se imponen. No hay atisbo de música posible en el asesinato de la magia. Justicia para Julia Chuñil y libertad para todos los pueblos colonizados.
4 de octubre de 2025
Forma fulminante IV
Un día uno se da cuenta que los monstruos de halloween son metáforas de cosas y de personas. De estados mentales. Entonces todo toma su verdadera dimensión. La de la claridad diáfana, que no ocurre todos los días. El invierno y sus componentes son una metáfora que va de la mano con esos monstruos. Hay dentro de todos nosotros algo monstruoso como estar infinitamente perdido. Porque desear es siempre estar perdido. Buscar una magia posible, mientras la forma nos fulmina. Es el deseo el que activa a las criaturas mitológicas. El que pone en marcha el impulso de la pasión creativa. Si no fuera por la magia no haríamos absolutamente nada. Engullidos por las bestias. Aplastados por la alineación de los planetas equivocados. A mí el deseo me intriga totalmente. Su puesta en marcha. Sus mecanismos. Lanzo nubes creadas con la máquina diseñada para tal efecto. Hacen figuras en el cielo que se transforman en especímenes amorfos de fuego. Escribir debiese ser exactamente como redactar música. Los cuerpos como pentagramas. Para recibir los acordes dulces. Las palabras voraces. Las frases de hierro que se vuelvan espuma al pronunciarlas. Pompas de jabón que se eleven al firmamento. Globos aerostáticos suspendidos en la estratósfera. Cada nota es una palabra, muchas palabras, una vida. Cada acorde una historia. Cada compás un llamado. Sólo me interesa captar lo que no veo a simple vista. Las formas del deseo. Cómo se instalan en la emoción. Cómo nos mantienen suspendidos en los aeroplanos de exaltación. Cómo se generan y hasta dónde pueden llegar. Deseo como una ocupación que me moviliza. Acerco la energía hacia mi fibra más íntima. Quiero llegar al núcleo del anhelo. Imitar sus movimientos para comprender. Desear es fulminar la forma para sentir su metamorfosis hacia la intuición de la música. La metáfora adecuada es la que despierta cada instinto. Todos los sentidos y la magia.
Forma fulminante III
La forma de la magia es fulminante. Por eso se reconoce al encontrarla. ¿La he hallado ya? Todos los días me alcanza de alguna manera. En invierno tengo que mirar más de cerca. Pero la descubro. Hoy por ejemplo estoy sentada al sol con un café y todo es magia. Ayer Liam el comediante me contó que está actuando en una obra en un teatro al que siempre voy y yo no tenía idea, esas coincidencias también son magia. Recordemos que llegué a él de manera totalmente azarosa, en una fiesta del catorce de julio del año pasado. Una vez a la semana le respondo y le cuento algún fragmento de mi existencia. Me gusta tener sus noticias. Lo interesante es que vivimos en la misma ciudad, pero nadie ha querido dar el paso de proponer una conversación cara a cara. No tengo nada concreto que formular así es que voy con cautela, y las novelas son celosas de su espacio. Además hay algo agradable de alargar el misterio. Para que la magia adquiera su forma fulminante. Esto no se consigue así no más. La magia adora el suspenso. La expectación del deseo. El deseo es algo que se crea. Igual que Frankenstein. Es algo por imaginar. Es necesario crearlo para uno mismo y para los demás. Para que todo sea magia. Además no estoy dispuesta a adicionales aventuras más cercanas a halloween que al amor. La mansión siniestra la dejé con la puerta cerrada esta vez. No entré. De hecho cerré todas las entradas. Porque el deseo se había completamente desvanecido. Fue lo que sucedió con Joseph el alpinista, Judas el músico, Jeff el botánico, Pascal el dramaturgo. Dejé a todos los Frankenstein en la casa embrujada y puse el pestillo. Porque el deseo, evaporado. Hay aventuras no dignas específicamente de ese nombre. Más bien sería algo como experiencias de la dimensión desconocida. La magia irreconocible. Digámoslo así: experiencias de la magia desconocida. La expectación, inexistente. Voy imaginando el deseo, recordando estos experimentos para no repetirlos. Por mientras trazo la forma fulminante de la magia, para descubrirla cuando se me presente.
Forma fulminante II
Dónde está la magia. No sé, pero cuando la veo la puedo reconocer. He pasado mi vida buscándola. Aprendiendo a identificarla. Desarrollándola, convirtiéndola en arte. Cómo la conocí, estando en la naturaleza, caminando por las calles, conversando con amigos, amando. Ahora puedo generarla. Como crear un Frankenstein. Criaturas con vida propia. Crearse a uno mismo. Convertirse en una especie de gárgola observando la noche. Sintiendo la música y haciendo volar a la forma fulminante. El invierno está inundado de noche. Días cada vez más breves, el frío y el repliegue sobre uno mismo. El invierno es una metáfora de una parte de la belleza que está menos segura de sí misma. Un gólem temeroso y deforme. Con un alma tersa como la nieve recién caída sobre la colina. Explanadas nítidas hacia el infinito. Lagos en las montañas, vegetación incrustada en las rocas. Monstruos pidiendo liberación. Cielo cubierto de nubes. Por momentos no comprendo esta estación. Sus mensajes siempre se me escapan. Su magia me deja perpleja. Me excede. Me guardo en el silencio para que las palabras puedan describirla como se lo merece. Pero nunca estoy a la altura. Todo es un laberinto en que se mezclan cientos de encrucijadas. Imagino quimeras, engendros. No logro sacar cosas en claro. Me visitan todos los entes que he creado. Todos esos cuerpos que alguna vez deseé, y ahora se agolpan en la sangre como si me poseyeran sirenas maléficas. Cantos de los que no puedo desatarme. Medusas me siguen y no puedo observarlas a la cara. Todo es fuego, pero de un infierno maldito. Perros salvajes esperando en la loma. Sed de aventuras que me lleven a poder crearme a mí misma. Que me lleven a fundirme con todo lo que alguna vez me perteneció. Un paseo por la noche para encontrar esos versos. Los de la magia etérea. Lo de la magia pesada como hierro. La magia puesta en el fuego para arder. Convertirla en lámparas de cristal. Vidrios de colores que reflejen lo que está dentro pero que sólo aparece cuando hay el aullido. En los alrededores del pueblo recorrer lo que quedó fuera, lo que no apareció en la foto. Es siempre lo más interesante. Porque la magia es muy poco evidente. Se manifiesta bajo un velo. Una armadura que parece complicada, pero se deshace al evocarla con la fórmula correcta. Yo estoy totalmente inerme ante la belleza. Me desarman los caminos recorridos. Los cuerpos que alguna vez tuve. Las palabras que fueron mías. Los versos que escuche en noches de luna llena, en que me los recitaron susurrando. En el silencio de la noche esos versos. Fueron míos. En este invierno los siento en la piel, y sé que soy una suerte de Frankenstein deseando amar. Pero en la noche sin osar acercarme a ningún acantilado. Porque conozco ese llamado de la luna desapareciendo tras la montaña. Promesas de días por venir que se convierten en gorgonas caníbales. En creaciones infértiles y dudas. La forma fulminante alcanza su cénit en cada momento en que hay la promesa del horizonte. Bosques oscuros y extravíos. La magia tiene una doble cara de lo no revelado. Lo que queda en la sombra es el misterio. La trascendencia y la transgresión necesarias para el arte.
3 de octubre de 2025
Forma fulminante
Qué es la magia. Creo que era lo que sentía en tus brazos. La próxima semana está de cumpleaños Jean el saxofonista. Quien fuera la música de mis días. Los duelos con personas vivas son muy distintos a los duelos con personas muertas. Tal vez se encuentran en la imposibilidad. Creo que siempre estamos olvidando a alguien, de alguna u otra manera. Mientras escribo una mariposa vino a posarse en el alféizar de la ventana, para quedarse ahí. Una mariposa naranja, blanca y negra. Esa debe ser la magia. La belleza que se presenta, una y otra vez. A veces de manera inesperada, a veces sostenida en el tiempo. Se quedó ahí la mariposa, con las alas extendidas. Lo interesante de estar atento a la belleza, es que se presenta. Siempre se presenta. Las alas de esta mariposa son negras, con una línea naranja en cada una, y tres puntos blancos, a continuación de cada línea. Es como que esta mariposa se hubiese tendido al sol de otoño. A sentir los rayos en sus alas coloridas. A descansar. Una mariposa descansando de su breve vida. Existir, aunque breve, cansa. Aquí me quedo, dijo la mariposa. Es divertido querer escribir sobre la magia y que inmediatamente se extienda a descansar una mariposa a tu lado. Parece un cliché, pero la estoy observando, ahí está. A mí la magia no me abandona nunca. Otras cosas y personas, me han abandonado, la magia no. Es como que me siguiera. Que supiera que no puedo vivir sin ella. Sin el resto de las cosas, puedo. Una se va acostumbrando con el tiempo. Así son los duelos, así son las decisiones. La mariposa no se mueve. ¿Vino a morir a mi lado? ¿A decirme algo? ¿A recordarme la magia para que no la olvide? Vivo junto a un bosque, es difícil olvidarla. Un bosque con cuervos y urracas. Con grandes robles y cedros. Sí se mueve la mariposa, ahora se giró y me observa, mueve las alas un poco. Tiene dos antenas extendidas hacia adelante. Qué intenta decirme. Estoy inerme ante la belleza. Ante la magia de las situaciones que me recorren. Las llevo todas en mí y son la explosión constante. De nuevo inmóvil la mariposa. Exactamente al lado y observándome. Las mariposas no siempre son fugaces, ya se ve. Esta es una mariposa que se queda. Debe ser como yo, que permanezco. No olvido a quienes me han amado. A quienes amé. Me intimida la mariposa, quisiera entender sus mensajes cifrados. Partió. Partió volando. Se perdió en el cielo, en el bosque. Tal vez cada paso es un abrazo a la vida, a la forma fulminante de la magia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


