Se nos impulsa una y otra vez al silencio. Por qué vas a hablar de eso, para qué vas a tocar ese tema, y así. Repetidamente he llegado a la convicción de que lo que es importante para mí debe ser dicho, verbalizado y compartido, incluso con el riesgo de que sea desvirtuado o malentendido, escribió Audre Lorde. El silencio debe ser transformado en lenguaje y acción, dice Lorde. Voy a morir de todas maneras, haya hablado o no, escribió Lorde, mis silencios no me han protegido, tu silencio no te protegerá. ¿Qué palabras no tienes todavía?, pregunta Audre, ¿qué necesitas decir?, ¿qué tiranías te tragas día a día e intentas hacer tuyas, hasta que te enfermen y te maten, todavía en silencio? Por supuesto, tengo miedo, dice Lorde, porque la transformación del silencio en lenguaje y acción es un acto de auto-revelación y eso siempre parece cargado de peligro. Al sostener el silencio, dice Lorde, cada una de nosotras dibuja la forma de su propio miedo. Pero sobre todo, creo, agrega, tememos la mismísima visibilidad sin la cual tampoco podemos vivir. Y esa visibilidad que nos hace más vulnerables es también la fuente de nuestra mayor fuerza, continúa, porque la máquina tratará de pulverizarnos de todas maneras, hablemos o no. Podemos quedarnos en nuestros seguros rincones mudas como botellas y, aún así, dice Lorde, nuestro miedo no será más pequeño. ¿Por qué guardamos silencio? ¿Por qué nos impulsan a guardar silencio? Tal vez junto con dejar de guardar silencio debamos ponernos firmes en exigir que las personas que van a liderar nuestras instituciones, sobre todo si dicen relación con derechos humanos, deban ser de una ética intachable. ¿Merecemos otra cosa? Abrir espacios donde se pueda reflexionar en relación a lo que esto quiere decir, o no, sin dejar a nadie fuera. ¿Qué significan los derechos humanos? ¿Cuál es su contenido? ¿Para qué creamos instituciones, si en realidad van a perjudicarnos? Que sea la ética el primer requisito de quienes quieren representarnos y defendernos.
5 de octubre de 2023
El secuaz
En un lejano reino existía un soberano que creía reinar sobre todo pero sólo reinaba sobre una pequeña parcelita. La ética era algo desconocido en su pequeño reino. Esta calamidad de soberano tenía un secuaz. Un fiel secuaz para quien el concepto amistad no tenía ningún significado. El secuaz ponía mucha atención a todo lo que se conversaba en lo íntimo del reino, y sin conocimiento de la plebe lo hacía llegar al extraño soberano. Esto era por supuesto peligroso. Pero así era el secuaz. Hacía una pantomima pero luego todo lo que había dicho se desvanecía en el aire porque sus actos tenían otra sustancia. La sustancia de la traición. Este inusual soberano estaba encantado con este secuaz que lo ayudaba a reinar aplastando aún más a los plebeyos. Un día los plebeyos tomaron las armas. El secuaz tuvo miedo. Más tarde decidió que él también quería ser soberano de su pequeña parcelita. ¿Por qué no? El soberano desahuciado creyó que era buena idea alabar las características de su secuaz. ¿Por qué no, si finalmente había sido su secuaz principal? El delirante soberano creyó que eso podía realzar el valor de su secuaz número uno. Pero no. Sólo quedaba al descubierto la punta de un gran menhir enterrado en la tierra. La seguidilla de actos infames que el secuaz había llevado a cabo, que no protegían, y en cambio dañaban. El absurdo soberano estará tal vez esperando que el secuaz reine para cortar su tajada, tal como él lo supo hacer cuando el soberano reinaba.
4 de octubre de 2023
Corazón elástico
Quizá tenemos un corazón elástico, como dice Sia. Un corazón que olvida y perdona. O recuerda pero puede seguir viviendo. Un corazón hambriento. Que quiere ser perdonado. Un corazón sediento como en un desierto interminable. Quizá somos solamente un corazón de rodillas. Que quiere liberarse de toda culpa y remordimiento. Un corazón capaz de cualquier barbaridad. Un corazón certero pero errante. Quizá vamos por ahí deshaciéndonos. Vagando por las avenidas infinitas. Sin nunca llegar a casa. Buscando algo todavía no inventado. Quizá sólo queremos descansar de la llovizna. El corazón elástico se estira y cree haber llegado. Pero la creación es el borde eterno. Creamos criaturas y luego nos dan la espalda. Porque todo eran proyecciones en la sala oscura. No podemos aceptarnos a nosotros mismos ni a los demás. Todo es exigencia. Todo es ir a tientas. El corazón elástico haciendo un esfuerzo. Pero la sala está vacía. La ciudad desierta. El corazón elástico en la entrada del cine. Pagando la entrada. Para ver la película muda. Los subtítulos que no entiende. Las muecas en la pantalla. Los bailes veloces. Los finales felices y las tramas ocultas. Los finales tenebrosos. El corazón elástico aprendiendo. Sin rendirse. El corazón elástico quiere ser lluvia. Quiere unirse a la tormenta para que esta acabe. El corazón elástico no puede más. No se explica cómo empezó todo y no sabe cómo terminará. Deja de lado la película y escribe libros. Se estira aún más. Decide que la incertidumbre es su reino.
3 de octubre de 2023
Me quiere mucho, poquito, nada
La primera vez que escuché a alguien sacando los pétalos a una margarita y viendo el tamaño del amor de alguien en Francia sentí que mi vida había sido una estafa en relación a margaritas y vaticinios. Yo tenía tres opciones solamente: me quiere mucho, poquito o nada. Ahí estaba yo. Aquí tenía las siguientes opciones: Il m'aime un peu, beaucoup, passionnément, à la folie, pas du tout. Imagínate cómo se me ampliaron las posibilidades: me quiere un poco, mucho, apasionadamente, con locura, nada. Un nuevo universo. Lo máximo a lo que yo podía aspirar era mucho. Ahora tengo la pasión y la locura. Yo no sé qué estamos esperando para agregarlas a nuestras margaritas y sus pétalos. Tal vez avance en los pétalos y llegue igual a nada, o a un poco, pero la posibilidad de la pasión y la locura me hacen soñar. Tal vez haya que crear una tercera variante que sea, me quiere mucho, apasionadamente, con locura. Esas tres opciones, y la persona al frente que se adapte. Ya verá él cómo hace: yo no quiero ni un poco ni nada. Mucho, pasión y locura. Mucho, pasión y locura. Mucho, pasión y locura. Voilà. Para qué estar a medias.
La verdad
Tengo un compromiso sin límites con la belleza. Con la verdad. La verdad que me pertenece. La que dejo escapar de mí para entregarla. Para que alcance otras y puedan danzar juntas. Para que mi verdad pueda reverenciarse ante la soledad de la vida. Ante lo inmenso del abismo y vencerlo. Todo trata acerca de explorar por la selva más densa. Abrir las puertas de lo impenetrable. Perder el miedo. Perder el terror a los días que pasan. Al fracaso constante de las circunstancias. Al ridículo y a sus tentáculos asesinos. No hay verdad que no sea seria. No hay verdad que no sea benevolente. Vivimos en grandes castillos encerrados. Si un día todos van a olvidarnos, para qué llorar hoy en la torre. Con cargar con la embriaguez y con el látigo ya tenemos suficiente. Quiero que mi verdad encuentre su lugar y esté a sus anchas. La cargo muy dentro y me libera. Lo he perdido todo pero la verdad siempre sigue conmigo. Ante su fuerza encuentro un camino.
No rendirse
Tal vez todo se trata acerca de no rendirse. No rendirse hasta el final. Agarrar los asuntos del cuello y jurarles amor eterno. Establecer una contienda hasta las últimas consecuencias. Volar como bruja en una escoba y observar desde arriba con un poderío ficticio. Sentir que vamos ganando la batalla con nosotros mismos. Desdoblarnos para poder hablarnos seriamente a la cara. Para sentir que traspasar los límites no duele tanto. Que no nos ocurre a nosotros sino a nuestra determinación. Que no se trata de nosotros sino de algo más grande. Algo que nos supera. Algo como una misión secreta que se nos encomendó y tenemos que cumplir. La mente es amiga de cualquier triquiñuela. Cuando la tarea le da contenido a nuestro pasar duele mucho menos. Tal vez no rendirse se compone de un sentido. Yo escogí las palabras. Me llamaron. Me cobijan.
En el lector
En el lector encuentro refugio. Encuentro consuelo. En su alma me alojo un momento buscando sembrar algo. Desatar un encuentro con el río que pasa y no volverá jamás. En el lector se materializa el sueño. Se hace carne el milagro de la literatura. La vibración de la fibra en tanto deseo vital es el objetivo del camino. Decirle: sé cómo te sientes. También estuve ahí. También recorrí esos parajes escarpados y asoleados a ratos. Las grandes preguntas nos pertenecen a todos. Las grandes sensaciones y emociones. Tal vez escuchar el alma de los demás y poder leerla en frases sea el esfuerzo y el regalo más sublime.
Los sueños
Cómo construimos nuestros sueños. Cuánto los traicionamos. Cuánto trabajamos para alcanzarlos. Cuántos obstáculos encontramos en el camino. Los sueños deben ser una creación colectiva. No un camino individual de destruir al que se me interpone. Sonreírle al destino no es suficiente. Ir aplastando al que está al lado tampoco. La victoria en ese caso es imperfecta. Tal vez alguien no tiene sueños. O no los conoce. Cuánto tomamos prestados los sueños de los demás para hacerlos propios. Cuánto hay que propio y de ajeno en cada sueño. El territorio de los sueños es un terreno a la vez verdadero y desconocido. Quisiera que mis sueños transiten acompañados. Quisiera ser parte del vendaval que nace como un gran tejido invisible. Tus sueños van junto a los míos.
Del sueño
El comienzo del día está a veces teñido de extrañas sensaciones provocadas por el contenido de los sueños. Sentimientos olvidados, o sentimientos que ni sabíamos que estaban en nosotros. En las mañanas recuerdo los sueños como si los hubiese vivido uno a uno. Las imágenes me persiguen. Las sensaciones me invaden. Estamos atrapados por un sinfín de sensaciones que no queremos. Inermes ante el bombardeo de historias que nos hilvanan en sueños un mundo paralelo y tan íntimo y desconocido. Luego cada escena queda en mí como si la hubiese vivido en carne propia. Tengo que esforzarme en dejar de lado los rostros presentes y las palabras dichas. Los abrazos llevados a cabo. Ayer soñé con el cuerpo de mi anterior pareja junto al mío. De dónde surge eso. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro nos traicionan. Llevamos en nosotros todo lo vivido. Como trazos indelebles. La literatura es traer del sueño otro sueño. Ese inmenso continente que nos habita. En forma de cortocircuitos que nos han dado placer y dolor. Tal vez vivir sea un largo recorrido de placer y dolor. Los sueños nos van recordando una y otra vez momentos de la ruta. El placer y el dolor que siempre queda en nosotros. Cuánta importancia tenemos que darle a este bombardeo de imágenes y sensaciones. Así me lo vivo yo, como un bombardeo. Historias larguísimas que mezclan todo en vendavales eternos. Novelas enteras. Que no sé cómo se han creado. Ni quiero saber. Todo lo que percibimos permea nuestra sensibilidad. Sueño a veces con cosas de las que no he tenido noticias directas. Esa energía llega a mí. Quisiera a veces liberarme de aquel inmenso continente. Pero el arte se nutre de él como un hambriento caníbal. Existir y escribir es navegar en la profundidad. Dejar salir lo que estaba mejor escondido. Tal vez existir sea un juego que consiste en ir cavando agujeros para esconder cosas e ir destapando otras que estaban enterradas. Mientras bailamos en el vacío hacia un lado y hacia el otro. Crear es encontrarse con todo lo oculto, lo por ocultarse, lo descubierto y lo por descubrir en forma de intuición, y hacer malabarismo. Del sueño traigo la traición de los sueños. Para pedirles perdón y volver a intentarlo.
2 de octubre de 2023
La voluntad de vivir
10
Loup me sacó el pantalón mirándome a los ojos. Su mirada era el océano completo. Bandadas interminables de pájaros en el celeste intenso. Seguíamos dentro de la bañera. El deseo es como un cuchillo. Con un gran filo. Como una flecha. Una vez que se te clava queda incrustada entre el corazón y el alma y no hay manera de sacarla. Te golpea la cabeza suavemente pero luego no puedes olvidar el golpe. Queda una pequeña cicatriz implacable. Queda la piel abierta a la intemperie. El caos y el deseo son una sola cosa. El afán de que las cosas pasen. La aspiración al paraíso. La sensación de omnipotencia ante las circunstancias. La creencia en una inmortalidad quimérica. El esfuerzo en que las cosas se materialicen. En que comiencen a significar algo. Es ver señales e indicios por todos lados. Señas de que todo sucederá. Una confianza firme y cándida al mismo tiempo. Identificar nuevos códigos y querer ponerlos en práctica. Es la necesidad absoluta de actuar aunque los obstáculos nos rebanen. Loup se sacó lentamente el pantalón, de pie en la bañera, yo lo observaba sintiendo el rayo fulminante que recorría mi cuerpo. Un escalofrío que tenía erizada toda mi piel. El cuerpo atento. Siguiendo el deseo que anhelaba el desenlace. La continuación del gesto. Su prosecución sin dilaciones. El laberinto se hacía finalmente carne. Todo sucedería. Se instalaba una certeza en el pasar siempre incierto. El carrousel que no se detiene tendría su merecido. El mapa atrasado expiaría sus culpas y tendría la intención de volver a inventarse. Estaba sucediendo. Loup había bajado el cierre del pantalón y lo quitaba de su cuerpo de oasis. Me sentí como bajo palmeras en el Caribe, con grandes hojas imponentes y frutos que esperan ser devorados por el lado salvaje de la vida. Ese lado indomable que trae tantas gratificaciones merecidas. La sed era eterna y visceral. Afilaba los colmillos de la bestia. Que era capaz de morder lo que se cruzara. Alcanzar a todos los antílopes que atravesaran su camino dando saltos al compás hasta perderse en el abismo. La necesidad de abismo era sideral. Tan profunda como una excavación que quiere llegar al centro el planeta. Se abrían todas las grietas. Tragaban todo a su paso. No era posible mantenerse en pie. Sucedería. Sucedería. El caos encontraba su razón de ser.
Capítulos 11 y 12 en https://www.academia.edu/107481640/Jade_III
Lo maravilloso y el tormento de la pasión
9
Es amable la vida después de todo, me dejó el recuerdo de Adam y me trajo a Loup. Me dejó la fuerza de Adam, y vino a ofrecerme la autenticidad de Loup. Me dejó la pasión de Adam y el deseo de Loup. La nostalgia puede ser también fuerza. Puede ser comienzo. La nostalgia puede olvidarse en los brazos de alguien. O puede unirse al deseo y ser existencia. El carrousel puede ser benevolente y permitirnos trascender. El mapa atrasado puede darnos treguas y dejarnos salir por momentos de él, aunque buscar la salida sea una entelequia que nos asalte cada vez que estamos desprevenidos. Loup estaba ahí y yo estaba en sus brazos en ese momento. Eso era lo importante. Lo que estaba modificando el reguero de cabos sueltos. Tuve a Adam y tal vez nunca tendría a Loup. Pero estaba ahí en ese momento. Estábamos ahí adentro de esa bañera inmensa que nos acogía como una casa. En esa agua hirviendo que nos calentaba las venas. Que hacía la sangre circular por nuestras arterias. Que bombeaba nuestro corazón al unísono por un instante. Que quedaría en nosotros como algo eterno. Algo para visitar y sentirse en casa. El encuentro con la vida. Dos almas perdidas en la bañera que se encontraban para hacerse cariño y renacer. Para seguir perdidas pero sabiendo que la conexión es posible. Que nunca estamos solos. Que aunque la existencia nos arrebata cosas, otras llegan. Que el río corre hasta perderse en la inmensidad azul.
Superarla es otra cosa
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Con mucha suavidad me sacó la camisa. El beso eterno continuaba. No había manera de pararlo. Ahora estaba acompañado de un abrazo enérgico. Mis senos tocaban su pecho con delicadeza. Mis pezones erectos se encontraban con su piel. Me sentía guardada en sus brazos. Protegida del pasado y del futuro. Protegida de todo orden insensato. Protegida de ingratitudes y rencores. A salvo de la envidia y el sufrimiento. A buen resguardo de la inclemencia y la llovizna constante. De las dudas que atacan como punzadas. De la incertidumbre que devasta y nos acompaña sin tregua. Lejos de los muelles en los que no podemos recalar y nos asolan. A la distancia de toda la sinrazón que nos sigue los pasos. Sus brazos eran calor. Eran pasión pura. Eran deseo de fundirse con alguien. De ser una sola cosa y combatir toda la avaricia. Ser una sola cosa y superar a la vida. Desafiarla. Llegar mucho más allá de lo que conocemos. De lo que la existencia nos ha mostrado. De la vida misma. De su esencia misteriosa pero definitiva. Sus brazos eran milagro. Eran plegaria de agradecimiento. Eran carnaval íntimo que centellea. Sus brazos que me rodeaban impetuosos contenían la fuerza de las criaturas marinas. Esa valentía de recorrer el ancho océano y descubrir sus confines. De poseer el espacio para sanarlo. Para hacerlo vibrar. Para convertirlo en armonía que brilla. Sus brazos estaban llevándome más allá. Donde nunca había llegado. Siempre hay una primera vez. Una primera vez para amar la fragilidad y perdonarse. Sus brazos me liberaban de toda culpa y remordimiento. Sus brazos resaltaban mi dignidad. Sus brazos habían construido un castillo sin grandes murallas. Me convertí en reina de la comarca misteriosa. Él era el soberano y entregarse era oasis. Quería pertenecerle. Para siempre.
Superar la vida
7
Mientras me desabotonaba la camisa yo le acariciaba el pelo, con una dulzura inusitada, con una pasión explosiva, le agarraba la cabeza y quería transformarla. Quería que fuera otro, por un día, y que al mismo tiempo fuera él mismo en lo más profundo. Que todos los sueños salieran a flote. Que toda la pena inherente al abandono inicial desapareciera. Quería que todos los demonios se desvanecieran. Que todo pareciera fácil y fluido. Una existencia con la corriente río abajo sin esfuerzo. Llegar al mar y admirar el horizonte despejado. Quería que la noche fuera paraíso cierto. Que la incertidumbre de existir se difuminara. Que todo fuera amor y certezas. Vendaval que libera. Laberinto lleno de belleza y pasión. Quería que fuera feliz. Que floreciera. Que todo se ordenara en una ciudad maravillosa en las nubes. Quería que fuera capaz de volar. Quería que supiera que me estaba transformando. Que no iba a salir ilesa de esa bañera. Que ya no podía reconocerme. Que su alma se había adherido a mi piel en reemplazo de la camisa. Que quería estar junto a ella. Que quería explorarla hasta el último rincón. Recorrer el laberinto como una necesidad vital. Conocer todos sus subterfugios y sus verdades más íntimas. Sus verdades que nadie sabe. Quería que me las compartiera. Poder ser él por un rato. Fundir su alma con mi esperanza. Con el deseo intacto que estaba ahí esperando por ser despertado. Loup había desatado una pasión que había olvidado. Un sentido. Una autenticidad que me cautivó. Era como una balsa a la deriva que contiene todos los tesoros del mundo. Que lleva en su seno el complejo secreto de existir. Una manera de estar en el universo que desata todos los nudos. Era magia. No había un nombre más exacto. El amor es magia. La pasión es magia. Es sinceridad que desarma. Es volverse vulnerable para poder seguir viviendo. Para fluir, fluir, fluir.
Es necesario el filo, el borde vertiginoso
6
Al mismo tiempo que Loup seguía besándome iba desabotonándome la camisa lentamente. La camisa mojada. Pegada a la piel. Adherida a la piel como si fuera parte de mi cuerpo. Iba separándola de mi piel. Dejando de lado lo que había en ella. Lo que ella traía sin tal vez darse cuenta. Dejando de lado todo lo que yo había aprendido. Era un comienzo. Era como una primera vez. Una primera vez sin camisas sobre la piel. Un desnudarse realmente. Mostrarse tal cual uno es. Sin pantomimas. Sin coreografías. Sin camisas que oculten eso que creíamos ser y no tenía sentido. Eso que nos prometieron y ahora sabemos que no era como se mencionó. Eso que tuvimos que aprender solos, dejando de lado la infinidad de bailes en el aire que no llevaban a ningún lado. Heridas y traumas que ahora eran livianos como aire. Que parecían nunca habernos tocado el cuerpo. Lejanos y escurridizos hasta disiparse. Era como ungüentos sobre el cerro de dudas que significa existir. La montaña de dificultad que va adherida. La sutil montaña que tiene un peso que hunde. La montaña que es materialidad pura que te deja contra el suelo. Con un pie en tu cara. Impidiéndote respirar. Un pie sobre tus pulmones humildes que sólo quieren vivir con tranquilidad y soñar con paisajes amplios sin orden que destruye. Tus pulmones que son toda la dignidad del mundo concentrada. Que son consideración encajonada para liberar. Que son emancipación certera que alguien apagó porque su alma estaba endurecida. No como la tuya ahora. La tuya está liberada. Esas manos que desabotonan la camisa te hacen consciente de la prenda que llevabas. Pegada a la piel. Adherida a ti como si fuese parte de tu identidad. No era lo mismo. Estaba la piel y estaba la camisa. Todo pasado inservible se hace aire. Todo pasado ingrato y demoledor. Todo pasado oscuro y peligroso. Eres borde absoluto. Margen que sana. Que rodea el vacío para hacerlo arte. Sus manos en tu camisa son arte. Son obra que resiste el paso del tiempo. Que cambia la configuración del mundo. Que en esa intimidad abre un destello capaz de modificar la corriente.
El erotismo que bordea la relación
5
Superar la vida, eso es lo que quiero. Bordearla, bordearla. E interceptarla, de pronto. Llegar más allá. De lo que veo. De lo que siento. Quiero que el encuentro con Loup atraviese la vida. La irrumpa. Impregne la pasión de un contenido esencial. Algo que tenga que estar. Sin lo cual no somos. Sin lo cual no queremos ser. Quiero que Loup sea esencia. Sea como lo que sentimos al admirar un paisaje solemne. Un paisaje que nos deja sin habla. Un paisaje amplio y luminoso. Un paisaje de crepúsculo ciego. De encuentros con epifanías improbables. Un panorama que nos tire al suelo de rodillas. Para ponernos a rezar por tal oportunidad ante los ojos. Que nos haga reverenciarnos ante lo que creíamos que era existir y nos habíamos equivocado. No habíamos comprendido nada. Estábamos totalmente perdidos. A la deriva en un mar de acontecimientos siniestros. De balsas que intentan seguir a flote. Balsas enclenques. Balsas enfermizas que nos hunden aunque creían salvarnos. Esos barcos miserables de dos caras. Que nos arrojan al piso, pero esta vez para aniquilarnos. Esa ingratitud que no encuentra salida. Ese sinsentido que está al acecho. Como una ballena que espera para tragarnos. Conservarnos en su estómago aparentemente amplio. Pero tan estrecho. Tan miserablemente estrecho. Lo más estrecho del mundo: existir sin un sentido. Ir por ahí inconsciente hablando necedades. Rompiendo la magia. Rompiendo todo borde posible con planicie y fealdad. Quiero que ese paisaje que ahora me muestra que no había comprendido pero que puedo comprender, me siga por todos lados. Vaya conmigo. A cada paso.
La caja de pandora es muy grande
4
Sentí como sus labios tocaban los míos. Después su lengua. Muy lentamente. Quería fijar el tiempo. Detenerlo lo más que se pudiera. Se abrió un paraíso desconocido. Mientras su lengua iba tocando la mía se iba componiendo. Una música suave. Una oportunidad de vivir. Una tregua eterna. El deseo tomaba una forma tan real que dolía. Era como convertirse en deseo. Pasión absoluta. Era dolor y éxtasis. Precipicios de flores en las venas. Cascadas en la sangre. Un vendaval en el cuello. En el sexo. Las entrañas de fuego. Yo sólo quería vivir, pero esto era otra cosa. Era más que vivir. Era ser la vida. Encontrarse con ella en un pasadizo como un puente elevado sobre el río. Saludarla. Conversar como ella. Obtener sus más íntimos secretos. Esto es vivir, pensé. Esto era vivir, y yo lo había olvidado. Recordé lo que era vivir. Todo volvió a mí. Deseé con mucha fuerza que Loup me perteneciera para siempre. Deseé entregarle mi pasión completa. Mi cuerpo entero. Excitarlo hasta volverlo loco. Igual como me sentía yo en ese momento. Excitación absoluta. Ganas de vivir sin límites. Sin forma ninguna. Ganas de agradecer a la pasión y desestabilizarla. Incluso a ella. Hacerla añicos. Superarla. Quise perder el juicio para siempre y volverme caos. Su boca y el agua creaban laberintos en el aire. Iba paseando por ellos a medida que nuestros labios seguían juntos. Que una lengua jugaba con la otra. Se encontraban. Quiero ser el éxtasis y desintegrarme: nada más.
La fuerza de la pasión y del arte
3
Sentía que deseaba a Loup más de lo que había deseado a alguien en toda mi existencia. Pero todo estaba teñido por la presión baja. Por la pérdida del conocimiento a intervalos. Los pensamientos volvían a repetirse. Eso que ya había pasado por la mente volvía y la pregunta quedaba inconclusa. Los recuerdos terminaron por difuminarse completamente y quedó el presente absoluto. Loup y yo, y el presente. Los tres juntos como una sola cosa. Sin meteoritos ni planetas. Loup, yo, el presente, y el desierto de terciopelo. Nada alrededor. Kilómetros de vacío. Precipicios de flores que aparecen y desaparecen. Hasta que ya no hay nada. Ni desierto de terciopelo. Loup, yo, y el presente flotando en el universo. Suspendidos. Me senté en la bañera saliendo un poco del agua. Loup se acercó lentamente. Sólo veía frente a mí su boca. El resto estaba borroso. Como un espejo con vapor. Sólo su boca tenía nitidez. Su boca entreabierta. Su lengua. Sus dientes. El brillo de sus labios. De pronto su boca estaba justo frente a la mía. Como si entremedio hubiese habido un borrón. Un salto en el tiempo. Su boca había aparecido a unos centímetros de distancia. Una distancia ínfima. Podía ver su lengua. Sentía que sólo necesitaba una cosa en la existencia entera: tener esa lengua dentro de mi boca y sentir su saliva. Esparcir su saliva por mi cuerpo. Nos acercamos todavía un poco más. Nos separaban un par de centímetros. Los jeroglíficos estallaban. Los precipicios se componían. El caos había decidido redimirnos. Entregarnos la existencia completa. En un beso.
El sujeto en su base es vacío y caos
2
Loup se puso de pie dejando su silla y se dirigió a la sala de baño. Lisa, qué haces con ropa adentro de la bañera, me preguntó. Todavía tenía el pantalón puesto. El botón estaba fuera del ojal. El cierre todavía arriba. Entró en la bañera con el pantalón. Se sentó frente a mí en el agua que todavía estaba muy caliente. Bajaba la presión y se abrían los poros. Como lo que pasa cuando invade el deseo. Baja la guardia y algo de la mente se bloquea. Sentimos que vamos a desmayarnos. Perder el conocimiento. Todo se enreda. Todo son nubes que te llevan. Cascadas. Nos quedamos mirando largo rato. En silencio. Sintiendo como perdíamos el conocimiento. Como nos derretíamos. No sé si alguna vez en mi existencia he deseado tanto a alguien como en ese momento. Tal vez a Adam. Esa vez en la cabaña del bosque. Habría acabado con mi vida por la intensidad del deseo que me consumía. Tal vez desde esa vez no había vuelto a sentir algo así. Tal vez Adam y Loup compartían algo secreto. Algo inefable. Algo que una vez que lo conoces ya no puedes volver atrás. Es algo que abrasa hasta el último átomo de tu cuerpo. Te vuelves cuerpo completamente. La mente pasa a ser una entelequia. Una broma. Algo inútil. Algo sin sentido. Como jeroglíficos imposibles. Indescifrables porque nunca tuvieron realmente significado o lo perdieron completamente porque los mapas quedaron atrasados y ya no muestran nada que exista realmente. Adam y Loup compartían la esencia del caos. Su parte más verdadera. Era como de pronto materializar la perfección del caos. Su quintaesencia. Era como entrar al vórtice del vendaval. Pero interiormente sentir una serenidad que te destruye. Es una paradoja. Al mismo tiempo te da razones suficientes como para seguir para siempre y te entrega la certeza de que vas a destruirte porque la sensación es insostenible en el espacio tiempo en el que habitas. Una explosión sideral. De universos esperando orbitar y dar vuelta todo lo existente. De planetas alineados y por alinearse. De planetas esperando explotar como meteoritos. Caer en la atmósfera y desintegrarse.
El intento por bordear la cosa en sí, sin nunca llegar
1
Llegó la debacle. Así son las debacles. Llegan. El caos a veces termina por rendirse. Es su lado infernal. Su lado vivo. Que arrasa. Es tal vez la mejor parte del caos. Su lado auténtico. Lo que verdaderamente le pertenece. Nada nos pertenece. Pero a veces por momentos algunas cosas nos pertenecen. Por intervalos. Por instantes. Esta noche Loup me pertenecía. Él, yo, y el mundo entero evaporado. Nadie tenía existencia material salvo nosotros dos. El deseo trazó una estela en la realidad que fue abriendo todas las compuertas que aparecían. El caos tiene un lado salvaje. Indomable. Un lado que desconoce lo aprendido. Que quiere no tener forma. Que va multiplicándose. Pero de manera íntima. Multiplicándose dentro de él mismo. Como pájaros que van liberándose. De jaulas de aire que parecían otrora tener materialidad. Yo amo al caos. Sé que Loup también lo ama. Por eso nos encontramos en ese núcleo infinito. Por eso hablamos la primera vez. Por eso la primera vez que nos miramos algo quedó sellado. Eso no se improvisa. Es tan definitivo como el hecho de que respiramos. De que los pulmones se llenan de aire y nos permiten seguir. Nos miramos a los ojos y supimos que el destino estaba esbozado. Sólo faltaba darle sustancia. Liberarse de la forma y llegar al núcleo. La parte más significativa del caos es el amor. La pasión es su fuerza. Lo que lo hace moverse. Llegar. Alcanzar el precipicio delineado.
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