10
Loup me sacó el pantalón mirándome a los ojos. Su mirada era el océano completo. Bandadas interminables de pájaros en el celeste intenso. Seguíamos dentro de la bañera. El deseo es como un cuchillo. Con un gran filo. Como una flecha. Una vez que se te clava queda incrustada entre el corazón y el alma y no hay manera de sacarla. Te golpea la cabeza suavemente pero luego no puedes olvidar el golpe. Queda una pequeña cicatriz implacable. Queda la piel abierta a la intemperie. El caos y el deseo son una sola cosa. El afán de que las cosas pasen. La aspiración al paraíso. La sensación de omnipotencia ante las circunstancias. La creencia en una inmortalidad quimérica. El esfuerzo en que las cosas se materialicen. En que comiencen a significar algo. Es ver señales e indicios por todos lados. Señas de que todo sucederá. Una confianza firme y cándida al mismo tiempo. Identificar nuevos códigos y querer ponerlos en práctica. Es la necesidad absoluta de actuar aunque los obstáculos nos rebanen. Loup se sacó lentamente el pantalón, de pie en la bañera, yo lo observaba sintiendo el rayo fulminante que recorría mi cuerpo. Un escalofrío que tenía erizada toda mi piel. El cuerpo atento. Siguiendo el deseo que anhelaba el desenlace. La continuación del gesto. Su prosecución sin dilaciones. El laberinto se hacía finalmente carne. Todo sucedería. Se instalaba una certeza en el pasar siempre incierto. El carrousel que no se detiene tendría su merecido. El mapa atrasado expiaría sus culpas y tendría la intención de volver a inventarse. Estaba sucediendo. Loup había bajado el cierre del pantalón y lo quitaba de su cuerpo de oasis. Me sentí como bajo palmeras en el Caribe, con grandes hojas imponentes y frutos que esperan ser devorados por el lado salvaje de la vida. Ese lado indomable que trae tantas gratificaciones merecidas. La sed era eterna y visceral. Afilaba los colmillos de la bestia. Que era capaz de morder lo que se cruzara. Alcanzar a todos los antílopes que atravesaran su camino dando saltos al compás hasta perderse en el abismo. La necesidad de abismo era sideral. Tan profunda como una excavación que quiere llegar al centro el planeta. Se abrían todas las grietas. Tragaban todo a su paso. No era posible mantenerse en pie. Sucedería. Sucedería. El caos encontraba su razón de ser.
Capítulos 11 y 12 en https://www.academia.edu/107481640/Jade_III
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