Se nos impulsa una y otra vez al silencio. Por qué vas a hablar de eso, para qué vas a tocar ese tema, y así. Repetidamente he llegado a la convicción de que lo que es importante para mí debe ser dicho, verbalizado y compartido, incluso con el riesgo de que sea desvirtuado o malentendido, escribió Audre Lorde. El silencio debe ser transformado en lenguaje y acción, dice Lorde. Voy a morir de todas maneras, haya hablado o no, escribió Lorde, mis silencios no me han protegido, tu silencio no te protegerá. ¿Qué palabras no tienes todavía?, pregunta Audre, ¿qué necesitas decir?, ¿qué tiranías te tragas día a día e intentas hacer tuyas, hasta que te enfermen y te maten, todavía en silencio? Por supuesto, tengo miedo, dice Lorde, porque la transformación del silencio en lenguaje y acción es un acto de auto-revelación y eso siempre parece cargado de peligro. Al sostener el silencio, dice Lorde, cada una de nosotras dibuja la forma de su propio miedo. Pero sobre todo, creo, agrega, tememos la mismísima visibilidad sin la cual tampoco podemos vivir. Y esa visibilidad que nos hace más vulnerables es también la fuente de nuestra mayor fuerza, continúa, porque la máquina tratará de pulverizarnos de todas maneras, hablemos o no. Podemos quedarnos en nuestros seguros rincones mudas como botellas y, aún así, dice Lorde, nuestro miedo no será más pequeño. ¿Por qué guardamos silencio? ¿Por qué nos impulsan a guardar silencio? Tal vez junto con dejar de guardar silencio debamos ponernos firmes en exigir que las personas que van a liderar nuestras instituciones, sobre todo si dicen relación con derechos humanos, deban ser de una ética intachable. ¿Merecemos otra cosa? Abrir espacios donde se pueda reflexionar en relación a lo que esto quiere decir, o no, sin dejar a nadie fuera. ¿Qué significan los derechos humanos? ¿Cuál es su contenido? ¿Para qué creamos instituciones, si en realidad van a perjudicarnos? Que sea la ética el primer requisito de quienes quieren representarnos y defendernos.
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