2 de octubre de 2023

La caja de pandora es muy grande

4
Sentí como sus labios tocaban los míos. Después su lengua. Muy lentamente. Quería fijar el tiempo. Detenerlo lo más que se pudiera. Se abrió un paraíso desconocido. Mientras su lengua iba tocando la mía se iba componiendo. Una música suave. Una oportunidad de vivir. Una tregua eterna. El deseo tomaba una forma tan real que dolía. Era como convertirse en deseo. Pasión absoluta. Era dolor y éxtasis. Precipicios de flores en las venas. Cascadas en la sangre. Un vendaval en el cuello. En el sexo. Las entrañas de fuego. Yo sólo quería vivir, pero esto era otra cosa. Era más que vivir. Era ser la vida. Encontrarse con ella en un pasadizo como un puente elevado sobre el río. Saludarla. Conversar como ella. Obtener sus más íntimos secretos. Esto es vivir, pensé. Esto era vivir, y yo lo había olvidado. Recordé lo que era vivir. Todo volvió a mí. Deseé con mucha fuerza que Loup me perteneciera para siempre. Deseé entregarle mi pasión completa. Mi cuerpo entero. Excitarlo hasta volverlo loco. Igual como me sentía yo en ese momento. Excitación absoluta. Ganas de vivir sin límites. Sin forma ninguna. Ganas de agradecer a la pasión y desestabilizarla. Incluso a ella. Hacerla añicos. Superarla. Quise perder el juicio para siempre y volverme caos. Su boca y el agua creaban laberintos en el aire. Iba paseando por ellos a medida que nuestros labios seguían juntos. Que una lengua jugaba con la otra. Se encontraban. Quiero ser el éxtasis y desintegrarme: nada más.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario