Sé que habrá escépticos que no van a creerme. Pero lo sucedido es lo sucedido, y hay que relatarlo. Aquí en Montgat Nord mirando el mar puedo redactar los acontecimientos. Barcelona se compone de una serie de epifanías que me extraen del presente para instalarme en la ficción. Ayer fue una de esas. Fui a un concierto y me encontré con Roberto Bolaño en persona. Juro que era él. En el tiempo circular estaba ahí. Fiel a sí mismo, despreocupado, crítico. Antes del entrar al local me encontré con Ignacio Echevarría, el editor de Roberto Bolaño, lo que ya era bastante epifanía. A continuación, al traspasar las puertas que no podían estar abiertas al mismo momento para evitar la fuga del ruido y había que abrir de a una, lo vi. Era Roberto Bolaño. Nos dirigimos a conseguir una cerveza al bar y nos siguió. Mi sorpresa era demasiado grande para preguntarle sobre su reencarnación, así es que sólo constaté su aparición, sin habla, cuando se encontraba a mi lado en el bar. Nos ubicamos entre el público a continuación, y sucedió la tercera epifanía. El concierto era de Colombina Parra, que subió al escenario, y yo me encontraba atrapada en un momento de una épica difícil de describir. A un intervalo equidistante de Colombina Parra, Roberto Bolaño e Ignacio Echevarría. El tema de fondo es que yo estaba ahí para presenciar ese momento. Para cantar “Sacar la basura”, un tema de avantgarde de mi adolescencia, “La corbata de mi tío”, “Todos contra el muro”, y otros. Todo se conjuró para que se presentara en mi cuerpo y mi presente la mística absoluta. Necesitaba saber si aquel Roberto Bolaño sabía que era la reencarnación del escritor, y si escribía también literatura. Es mi nueva misión. La que espero resolver pronto. No fue posible en ese momento. Pero confío en Barcelona y en la literatura que me sigue los pies. Que se reencarna en mis entrañas para liberar la pasión verdadera. Espero encontrar a Roberto Bolaño a la brevedad. Cualquier información se agradece.
30 de junio de 2026
24 de junio de 2026
Pasión XIII
Munich me cambió, no tengo dudas. Mi nueva pareja es el idioma alemán, que intento descifrar y aprender con devoción. Por pequeños momentos siento que he perdido mi capacidad de fascinación y suele estar ahí, esperando, observándome a los ojos, para desafiarme, para embelesarme por su grandeza. Ópera, ballet, lagos, ríos, ritmo. Sol incandescente, jardines, partidos de fútbol, cerveza, libros, museos. Naves espaciales, ciudades medievales, cascadas. Yo quiero vivir, y a veces lo consigo. Quiero explorar esa ciudad hasta que me pertenezca un poco. Hasta que esas palabras, esa filosofía, esa música, ese cine, ese arte estén a mí lado como compañeras y amigas. Quiero pensar que nunca he tenido una existencia antes y esta es la que va a guiarme, porque somos más grandes cuando comprendemos lo que otros quisieron decir. Lo que otros crearon y soñaron. A mí me gusta tomar prestado los mundos de otrxs para estar en ese espacio un momento. Así siento que el asombro no se detiene. No comprender nada es mi pasión. Lo único que me mueve es comprender lo que se me hace incomprensible. Con los pies en el río Isar en un día de treinta grados de calor, prometí comprender. Ese tipo de promesas son las cruciales porque nos dan movimiento e impulso. Mi pasión es la música que yo advertí en esa ciudad.
16 de junio de 2026
Pasión XII
Una se dice liberada de la ópera y la ingenuidad no tiene límites. No hay un solo movimiento que no esté determinado por esa pasión oculta. El amor es fuego y se enciende súbitamente, canta Othon en la ópera “La coronación de Popea” de Claudio Monteverdi. Es como si hubiese distintos estratos de la existencia. Una corriente interior que sin excepción electriza los pliegues de los órganos cada vez que comienza la ópera. Existir es una especie de tragedia de regocijo. Cuando duele es cuando despierta. Por ti miro, por ti gozo, te abrazo, te estrecho, ya no peno, ya no muero, ¡oh, mi vida! ¡oh, mi tesoro!, cantan Popea y Nerón. Me creo liberada y siempre me alcanza el impulso de esa pasión secreta que moldea los versos. Mi vida no es vida, es ópera. Cualquier intento de dejar ese escenario del desgarro es infructuoso. Me define su lamento de placer vital. Esa brisa que siento en un día de temperatura canicular. Me abrasa el atrevimiento de existir cantando, declamando la energía que circula por mis venas hijas de la furia de la poesía que devasta. El sentimiento es lo que me pone de rodillas. Lo que me entrega cada frase de esas voces profundas que parece que se unieran a mi cuerpo. Sin pasión no hay existencia que pueda llegar hasta el final del duro camino. El amor muda el mundo a su antojo, como dice la ópera. Para qué vivir en el estrato adosado al suelo si elevar lo que contiene el pecho embriaga para olvidar lo banal. Para olvidar lo miserable. A mí me gusta olvidar, y entrar en la música. Pasión y música dictan mi camino. Cada momento está teñido de magia que me exalta. Vuelvo a encontrarme una y otra vez con el sentimiento que creí perdido para siempre. La ópera gatilla las ganas de vivir y de seguir al corazón palpitando. Unos latidos nuevos que me sorprenden y me embelesan. No diré que la ópera ha finalizado porque me compone. Pasión es tal vez mi nombre absoluto.
10 de junio de 2026
Pasión XI
Ô Ma beauté, sígueme, esto no hace más que comenzar, canta Arthur H. Yo soy el carnaval, tú eres la caníbal, canta. Ô Mon amour, continúa la fiesta, canta H. El jardín del pabellón lo convierto en un bosque primitivo, para que los vecinos de la urbanización nunca más vuelvan a encontrar sus casas, canta. Tengo la misma aspiración. Convertirlo todo en bosque primitivo, para que volver a casa tenga un sabor diferente, no sea ya lo mismo. No estoy segura de poder lograrlo. Escalo montañas, descanso en las cumbres, observo. Ser la caníbal del libreto me cambió un poco. ¿Tú eres el carnaval? Sé en este momento que la fiesta continúa. Me voy, a perderme por un mes en el mundo. Regresaré, le dije a Grégory, y esté tal vez lista para nuevas aventuras. Para las fiestas que continúan y los libretos de caníbales. Lo nuevo es lo siguiente: amo el presente desprovisto de expectativas. El presente desnudo, perdido y abierto. El presente corrosivo, poético y disparatado. El presente de vampiros y música cáustica. El presente del sol que desarma. El presente que me pertenece y modelo a mi guisa, sin tener idea de qué se trata. Es un presente, lo que es ya bastante. Un presente de viajes, literatura, abogadas feministas, fiestas iraquíes, películas en terrazas nocturnas, barrios medievales, temperatura canicular. Siempre quise un presente. Uno como este. Comprender la pasión.
7 de junio de 2026
Pasión X
Hace seis años recuperé lo que me había sido robado, diez años antes. Recuperé mi calidad de abogada, la que he ejercido mediante el activismo desde entonces. Estoy encantada. Esto se ajusta perfectamente a mi personalidad. Incendiaria, pero desde el margen. Armamos colectivos y revistas, y hemos dado lo mejor de nosotrxs. No ha sido todo triunfos, pero siempre se avanza de alguna manera. Antes de recobrar lo que me había sido saqueado, pasé seis años guardada en bibliotecas y entre los árboles, a cientos de kilómetros de aquellos fatídicos hechos, intentando comprender qué era exactamente lo que había ocurrido. Lo comprendí: mi problema era de una recurrencia sorprendente. Lo que ocurría era lo siguiente: mi problema no era mi problema, yo era un grano de arena refugiado en una playa interminable. Venir a enterarme de eso con certeza a los cuarenta años no es cualquier cosa. Siento una gran responsabilidad, hacia mi profesión y hacia mi experiencia. Ahora lo que viene es esto: la responsabilidad de las instituciones. Reparar, proteger, investigar, condenar. Qué es la justicia, si no el acto de organizar una sociedad de manera ética. Las víctimas están denunciando, ahora falta que sean escuchadas como se lo merecen, y los gobiernos, los Congresos, la policía y los tribunales tomen el relevo. Aquí en Francia acaba de ser asesinada una niña por un hombre que, desde el 2017, había sido objeto de varias denuncias y de tres querellas por violación de niñxs presentadas el 2022, el 2025 y, más recientemente la semana pasada, sin que se le hubiera imputado ningún cargo hasta la desaparición de la pequeña niña. Aquí en Francia más de cuarenta mujeres testimoniaron en la justicia contra un antiguo presentador de televisión, más de treinta mujeres contra un cantante. Hicimos nuestra parte: ahora hagan la suya. No es una amenaza, es más que eso. ¿A ti también? Queremos saber tu historia. Sin miedo: denuncia.
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5 de junio de 2026
Pasión VIII
Una le toma el gusto a esto de ir a una cita. Le puse una mordaza a la literatura. Dame un respiro, la increpé. Dio resultado. Liberada por un momento. Le hablé de mujer a mujer, mira, le dije, las dos estamos perdidas, las dos tenemos dudas, las dos habitamos este siglo extraño, este presente torcido, por qué no abrir nuestro corazón a lo desconocido. No parecía convencida, pero es amante de las aventuras igual que yo. De acuerdo, respondió, pero sólo si hay desgarro. Nunca puede salir de su personaje. Fiel a ella misma. Todo tiene que ser ampuloso, exagerado. Pero es otra cosa en realidad: comprende a cabalidad el tinte de estos tiempos de la incertidumbre. Comprende límpidamente el cariz de los asuntos de las emociones: un pantano. Para qué vamos a decir una cosa por otra. La preparación real de una para estos afanes: nula. La experiencia, polvareda en el viento. Kansas habló ya de este tema: all they are is dust in the wind. Zanjado esto, improvisar es la consigna, y sobre esto sabe bien la literatura, no se puede anticipar un solo día luego del otro. Neblina, muros, confusión, zambullida. Clavado al lago azulino entre los árboles. De qué demonios se trata amar. La literatura me observaba como si de hablar obviedades se trata. Como si su mensaje fuera: por qué comprender lo incomprensible. Me declaré perdida. Porque no sé cómo se hace esto, pero quería aceptar su invitación. Terminó mi reunión, le escribí, estoy caminando hacia el río. Voy, me respondió. Había parado de llover, era de noche. Nos encontramos en el puente, como le gusta a la literatura, entre charcos de agua. Tengo que hacer algo, me dijo Grégory, tienes que ayudarme. De acuerdo, respondí, qué. Tengo que grabar un video para mañana, es para el casting de una película de vampiros, contestó. Caminamos al casco antiguo de la ciudad, cruzando dos puentes. Llegamos a un bar extraído directamente desde Venecia en 1720, vitrales y sofás de castillo. Nos sentamos en la terraza de esa lluviosa noche a leer el libreto. De acuerdo, me dijo, yo soy este vampiro y tú este otro. La idea hacía soñar. Siempre quise ser un vampiro. Vivir en la noche y morder cuellos (un guiño para la literatura). Aprendamos la mitad y actuamos, me dijo. Me parece que es mejor que leamos, y hacemos el libreto completo que te enviaron, propuse. De acuerdo, contestó. Nos pusimos mano a la obra, y luego de ensayar un momento, grabamos. Lo divertido, entre otras cosas, es que en medio del diálogo de vampiros apareció una persona pidiendo un cigarrillo, la segunda vez una persona vendiendo rosas, y la tercera vez un grupo de extras que entraban al bar. El primero se sintió ofendido porque pensó que nos reíamos de él, pero tuve que explicarle que estábamos grabando y él estaba en todo su derecho de pedir un cigarrillo, pero que eso indicaba volver a comenzar, y que no era nada personal contra él. Miro ofendido, pero siguió su camino. Al segundo le hice señas sin que se notara para que volviera después con las rosas, pero con resultados poco claros. Los terceros quedaron registrados en nuestra película, con sus risas y comentarios en voz alta. Ser vampiro está lleno de obstáculos, igual que grabar una película en una terraza oscura bajo la lluvia. Grégory, manifesté, espero que te seleccionen. Se veía confiado. Luego del trabajo, terminamos la jornada en los sofás de castillo bajo los vitrales. Su boca cerca de mi cuello. La literatura encantada. Del mismo modo que mi sed de aventuras. Me gustan sus historias. Su acercamiento al presente convulso. La pasión es saber que la experiencia no sirve para nada. Siempre es como la primera vez.
Pasión VII
Hay actividades de tipo accesorio y actividades de tipo esencial. Reunirnos con las feministas es de tipo esencial. Es como que saliera el sol. Siempre es viernes en mi corazón, canta Alex Anwandter. La iglesia me mandó al infierno, y el congreso piensa que estoy enfermo, canta. Pasan años, pasa el tiempo, martillando el mismo clavo, cansado y el trabajo se hace eterno, canta. Nuestra convicción es firme. No hemos dejado de reunirnos en seis años. Truenos, relámpagos. Papeles, trabajo, casa, abandono, problemas. Canicule, lluvia, nieve. La iglesia nos manda al infierno, el congreso nos deporta. Las denuncias archivadas. Ex parejas nos siguen acuchillando, disparando. El presupuesto para el arte recortado. Precariedad nuestro hogar. Avalanchas, incendios. Siempre es viernes en nuestro corazón. La pasión es sin duda resistir. Nuestra pasión es como una música incandescente. Nos guía el humor y la solidaridad. Nuestros derechos sobre todo. La voz y la acción de todas quienes nos preceden y nos acompañan. Tal vez el feminismo parece un movimiento disperso: muchas voces en una sola voz. Contratiempos: vamos ganando con el viernes en nuestro corazón. La pasión de vencer al silencio. Ganamos, y sin dudar: seguimos.
1 de junio de 2026
Pasión VI
Annie Ernaux es la hostia. Tiene tan merecido el premio nobel. Cada día lo confirmo más. Leí hace unos días “Mémoire de fille”: un libro perfecto. De esos que sé que van a acompañarme hasta el final de mis días, porque al igual que ella, yo también soy “un ser literario”: “alguien que vive las cosas como si ellas debiesen ser escritas un día”. La incorporé a mi lista de autoras de la novela-tesis de nuestras vidas, Doris Lessing, Simone de Beauvoir, Gabriela Mistral, Hannah Arendt, Virginia Woolf, Annie Ernaux. Tengo el libro en mis manos y recorro los pasajes donde subrayé y anoté un asterisco (es mi manera de volver luego a los libros para transitar lo que era crucial), y sé que cada párrafo van a ser varios meses, o años, para realmente integrarlo y comprenderlo en profundidad. Es como que me encontré con una amiga, alguien que se hizo las preguntas que yo también me hago, antes de mí, y entonces ya tiene una pequeñas luciérnagas en la oscuridad, esa torre del faro para llevarte a algún lado. Su manejo de la forma es superior. Estoy tal vez diciendo boludeces porque eso ya quedó zanjado. No importa, igual está bien insistir sobre esto, porque no todos los días se acerca una a lo más alto. El punto es este, su literatura tiene la distancia precisa entre emoción y forma. Está el libro, y a una medida equidistante de él está la emoción del relato sincero, y la separación de la forma. Esto es, cercanía y lejanía se conjugan de manera ideal. Si pudiésemos leer cada día libros así estaríamos al otro lado. Pero el arte es reacio a plegarse a las medidas justas. No se obtienen así no más. Además es más que el arte, porque es la entrega de una parte de uno mismo. Y eso requiere riesgo, parresía, como diría Aristóteles, la franqueza que oculta el miedo, lo transmuta, lo hace indisociable de la verdad. Cuando leo libros, ahora puedo advertir esta relación con la verdad, si se escribió con una amenaza real o no, si hubo un gesto de coraje, si el libro nació solamente de la forma o si él acarrea el temor cierto de expresar lo que nos quita el sueño cuando no hay nadie más en la habitación. Tampoco aspiramos a libros de pura emoción porque se nos desvanecen entre los dedos, y la literatura es forma. Creo que ambas cosas se entrenan, aunque de distinta manera. La emoción se obtiene del vivir, y la forma, del trabajar. De los libros que he leído este último tiempo, también me sorprendió mucho el último libro de Judith Godrèche: impecable. Contiene la medida justa. Siempre es un placer descubrir esto. Es escaso. Un espejismo que pocas veces existe en la realidad, pero a veces se materializa, como oasis en el desierto de la literatura, tan exigente que todxs se van quedando fuera del vagón en el camino, pero algunos libros llegan. La literatura es un desierto fascinante, del cual estoy dichosa de formar parte, aunque probablemente me haya caído del vagón todas las veces, pero mi obstinación es de película de terror: soy capaz de lo que sea necesario. Un ser literario. Encontré al fin mi definición, en un libro por supuesto, todo lo que vivo tiene una sola función, destinarse a ser escrito, como si cada paso estuviese adosado a una forma en tiempo real. Lo que dije no es contrario a la atención plena, no implica estar en dos lugares al mismo tiempo, sino que el ser literario habita el presente de esta manera. Simplemente no hay una separación. Cada paso es un párrafo, cada aventura una historia. Cada momento, además, no es solamente existencia y literatura de manera integrada, sino que existencia está a su vez dividido integradamente en dos personas, la que vive y la que observa. Vivo sola pero es como si viviera con alguien, hablo en voz alta, y voy comentando mis pensamientos y acciones, para elogiarlos o recriminarlos. Una especie de Fernando Pessoa en potencia. Pero aquí solo hay dos, y no setenta. No perdí la cabeza, habitamos el mundo en una conversación constante con uno mismo. Para llegar a nuestra verdad. Para dar con la forma. Para alcanzar la emoción. Ese modo que tenemos de existir y observar en un solo instante es una facultad sorprendente. Sentir y reflexionar de manera integrada. Somos una suerte de máquina asombrosa. El ser literario es al mismo tiempo de eso estilo. Como una especie de paisajes que se suceden. Arte integrado. El ser literario tiene algunas dificultades, las preguntas dentro de las preguntas. Lo resuelto puede convertirse en interrogación al momento siguiente, o incluso nacer con una pregunta dentro. Un mecanismo es ir zanjando interiormente, aunque esté la pregunta en la pregunta. Pero luego esta decisión puede revelarse apócrifa, porque debe pasar el cedazo de la parresía, de dónde viene esta decisión, se apresura a llegar la pregunta. Las cosas que sentimos tienen una parte de verdad y una parte de condicionamiento, de trauma, de trazado anterior, de imposición, de experiencia pasada, y eso genera una oscilación que hace difícil hasta el vivir con una misma y nadie más. Porque siempre somos dos. Si integro un tercero ya es una gran multitud. Me preguntan en ocasiones si las cosas que escribo suceden en la realidad. La literatura es por definición ficción porque consiste es una serie de elecciones y decisiones que se interponen entre la experiencia y el papel. Es un tema de estilo sobre todo, porque se trata de dar con la palabra que se acerca lo más posible a la emoción y la forma que organiza de la mejor manera la experiencia en su conjunto. A pesar de formar un todo integrado, hay una distancia insalvable entre la experiencia y el texto. Hay una especie de querer convencer, persuadir, inventar una estructura que se pliegue a la experiencia, a lo real de ella, para que exprese su abismo verdadero, no su coraza, y esto es una decisión y una constatación al mismo tiempo. Constatamos qué es lo esencial de la experiencia, y al mismo tiempo decidimos qué es lo esencial de ella para nosotros. En un mismo movimiento están las dos cosas, lo que ella nos dejó inesperadamente, y lo que creemos que debería habernos dejado, creamos esta parte recurriendo al plano completo de nuestra existencia. Conviven ambas cosas, la sorpresa y la convicción de su ubicación en el hábitat de nuestro devenir. Es como que avanzamos con una constelación que nos rodea, y depositamos la experiencia en la línea de planetas para que el conjunto tenga algún sentido. El ser literario es la necesidad de que el sentido le dé armonía al plano completo. Que existir tenga alguna razón de ser. Creo que la principal motivación, en mi caso, es que estar aquí sea entretenido, sobrevivir. Un gran juego mortalmente serio: no hay tantas oportunidades. Yo intento asir el humor y lo irrisorio de todo lo que se nos viene encima, que es bastante. Algo así como que no dejan de llegar cosas. Escribo para contrariar a lo rígido y la velocidad. Escribo porque me siento libre. Para, en un mismo gesto, dejar de lado las imposiciones y simplemente escribir por hacerlo. Cuando se dice pasión creo que se quiere decir que es fuego que habita y se traduce es una necesidad de organizar la realidad en frases, que estructuren este existir sin sentido aparente. Creo que el sentido hay que inventarlo, y que la imaginación es consustancial a este acto. La propia verdad y derechamente inventar un universo propio que nos extraiga de lo más ácido, y que le dé liviandad a la certeza de que cualquier modificación a lo que vivimos toma tiempo. La velocidad nos engaña en eso, nos desconcierta pensando que se precipitarán los resultados, y en realidad estamos inermes ante los ciclos y lo requerido para cada etapa. La rigidez tampoco nos ayuda, y como existir es con baches constantes, la imaginación nos da el significado que precisamos para que no todo parezca columnas de piedra y en cambio puentes y callejuelas. Lugares donde perdernos un poco y olvidar la calidad de absurdo de nuestro conjunto de días. El sentido hay que inventarlo, y de eso se trata, en definitiva, la literatura.
31 de mayo de 2026
Ganamos, no ganó el silencio
A 6 años del libro “Relatos de bastardos II” -donde publiqué la denuncia (en castellano, francés e inglés) que realicé por acoso sexual y abuso de autoridad contra quien fuera mi jefe en la oficina de UNICEF entre los años 2009 y 2013, y otros textos relacionados- insistir en que todo cuajó gracias al gesto de denunciar que llevaron a cabo otras mujeres que me antecedieron, de quienes estaré eternamente agradecida, entre ellas, como se indica en el libro, especialmente, Vanessa Springora, Virginie Despentes, Adèle Haenel. Insistir también en mi inmenso agradecimiento hacia todas las mujeres con quienes tuve largas conversaciones, antes y después de la denuncia, y con quienes –varias de ellas-, trazamos líneas activistas que se transformaron en un colectivo (F-union), y luego en una revista (Simone). Muchas obras, entrevistas y textos se han publicado hacia delante, además de otras que se habían ya publicado, las que he ido leyendo con dedicación, admiración y agradecimiento. Queda camino por recorrer, pero lo crucial es lo siguiente: ganamos, no ganó el silencio.
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Pasión IV
¿En qué se convertirá esa serpiente de tus pensamientos que está tejiendo poco a poco la ponzoñosa crisálida asesina?, escribe Carmen Ávila. Me di el tiempo de leer, muy atenta, los libros “Mémoire de fille” de Annie Ernaux, “Prière de remettre en ordre avant de quitter les lieux” de Judith Godrèche, “Le Consentement” de Vanessa Springora, “La familia grande” de Camille Kouchner, “Triste tigre” de Neige Sinno, “King Kong Théorie” de Virginie Despentes, “Impunité” de Hélène Devynck, “La nuit au cœur” de Nathacha Appanah, “De grandes dents” de Lucile Novat, “Et la joie de vivre” de Gisèle Pelicot, “Vivre avec les hommes” de Manon Garcia, “Méfiez-vous des hommes qui se disent féministes” de Flora Souchier, “Dire vrai” de Isild Le Besco, “Notre silence nous a laissées seules” de Judith Chemla, “La Consolation” de Flavie Flament, “Enfin seule” de Lauren Bastide, “Le Gaslighting” de Hélène Frappat, “Allumeuse” de Christine van Geen, “Résister à la culpabilisation” de Mona Chollet, las entrevistas a Adèle Haenel, Charlotte Arnould, Florence Porcel, Arnaud Gallais, los textos de todas las autoras que hemos publicado en nuestra revista Simone, y tantos otros libros, entrevistas y textos. En qué se convirtió esa serpiente de tus pensamientos, en tu crisálida asesina. Duele, no hay duda. No importa, ganamos, no ganó el silencio, y somos felices (y no nos hemos suicidado). La pasión intacta. Lo más interesante tal vez sea lo siguiente: esto recién comienza. Atención, ahora es tu turno. Esto recién comienza.
[esp-fr-eng]
29 de mayo de 2026
Pasión IV
¿En qué se convertirá esa serpiente de tus pensamientos que está tejiendo poco a poco la ponzoñosa crisálida asesina?, escribe Carmen Ávila. Me di el tiempo de leer, muy atenta, los libros “Mémoire de fille” de Annie Ernaux, “Prière de remettre en ordre avant de quitter les lieux” de Judith Godrèche, “Le Consentement” de Vanessa Springora, “La familia grande” de Camille Kouchner, “Triste tigre” de Neige Sinno, “King Kong Théorie” de Virginie Despentes, “Impunité” de Hélène Devynck, “La nuit au cœur” de Nathacha Appanah, “De grandes dents” de Lucile Novat, “Et la joie de vivre” de Gisèle Pelicot, “Vivre avec les hommes” de Manon Garcia, “Méfiez-vous des hommes qui se disent féministes” de Flora Souchier, “Dire vrai” de Isild Le Besco, “Notre silence nous a laissées seules” de Judith Chemla, “La Consolation” de Flavie Flament, “Enfin seule” de Lauren Bastide, “Le Gaslighting” de Hélène Frappat, “Allumeuse” de Christine van Geen, “Résister à la culpabilisation” de Mona Chollet, las entrevistas a Adèle Haenel, Charlotte Arnould, Florence Porcel, Arnaud Gallais, los textos de todas las autoras que hemos publicado en nuestra revista Simone, y tantos otros libros, entrevistas y textos. En qué se convirtió esa serpiente de tus pensamientos, en tu crisálida asesina. Duele, no hay duda. No importa, ganamos, no ganó el silencio, y somos felices (y no nos hemos suicidado). La pasión intacta. Lo más interesante tal vez sea lo siguiente: esto recién comienza. Atención, ahora es tu turno. Esto recién comienza.
25 de mayo de 2026
Pasión III
Mi existencia es similar a una película de ficción. A veces una de terror, y a veces una tipo “La novicia rebelde”, cantando por los pastizales, entonando canciones simples, como “do, un ciervo, re, un rayo de sol, mi, el nombre que me doy a mí misma, fa, un camino más largo a recorrer”. Algo por ahí. Pero claro, pierde en la traducción, porque ciervo no empieza con do, un rayo no es re, yo no es mi, y fa, nada que ver con un camino más largo por delante. Pero se entiende la idea. Un día donde la existencia es amable y hay notas musicales. Donde uno va medio saltando por la colina. Otras veces, la vida es como una película de Emir Kusturica, en cuanto a lo inesperado y festivo. Eso es lo que me ocurrió el viernes. Vamos entonces a lo que nos convoca, las aventuras de tan singular velada. Le escribí a Grégory para comunicarle que no había podido asistir a su obra de teatro, porque estaba enredada en tramas de pasión, que lo lamentaba, pero le envié mis coordenadas de ese cálido atardecer, por si quería sumarse. Intercambiamos unos mensajes, pero luego vino lo que siempre pasa, esa parte (la primera) en que la ficción se cuela, y yo le contesté cuando él no vio el mensaje y él me contestó cuando yo no vi el mensaje. Una especie de Romeo y Julieta, de misivas que llegan tarde, noticias que no componen el presente. Pero en este caso no hubo suicidio ni muerte. Lo que ocurrió es que cuando llegué a mi casa, tenía un sinfín de mensajes. Lo hago partícipe de la información: ya llegué a mi casa. Veámonos ahora, me dice. Pero dónde, le digo yo, acabo de entrar. Donde quieras, me dice. De acuerdo, respondí, señalando un bar que queda cerca de mi departamento. Era más de la medianoche. El bar cerrado. Bájate en el metro tal, le propongo. Caminé hasta allá. El barrio estaba como que todos ya estaban durmiendo hace rato. Un desierto de cemento. Nos encontramos, a la salida del metro. Aquí estoy, le dije, soy real, existo. Así veo, me dijo. Nos pusimos a caminar sin rumbo fijo. Hacia el bar imposible porque todo estaba clausurado por la hora. Aquí viene esa parte (la segunda), donde la ficción ingresa en el presente. De la nada, se abre una puerta, y dentro, una fiesta iraquí. Alguien cantando fantásticamente en árabe, con otra persona que lo acompañaba en un teclado, otras personas bailaban, y la algarabía era visible, imagino que los comensales llevaban varias copas encima, porque eran ya más de la una de la madrugada. Con una amabilidad impresionante, nos dijeron, únanse a la fiesta. Recapitulemos, caminando por la acera sin destino, y de pronto abducidos por un convite iraquí de lo más animado. Nos miramos con Grégory, sorprendidos, de dónde salía este festejo recreado como por autogénesis, que nos dejó instalados en el bar de un gran alboroto, de un segundo al siguiente, en un barrio baldío. Saludamos, aceptamos unas cervezas. Se abría un agujero en el tiempo. Bailamos, qué más íbamos a hacer, la danza era magnífica, e integramos inmediatamente la coreografía, como si hubiésemos nacido dando esos pasos y moviendo los brazos de esa manera. Grégory pidió un par de canciones, me comentó que conocía esa música por su infancia en Paris. No tuve tiempo de preguntarme a mí misma qué hacía yo ahí, lo que es siempre muy agradable. Entregarse a ese presente despojado de obstáculos. Donde lo único que importa es cantar y bailar. Lejos del do, re, mi de Julie Andrews, y tan cerca de otra cosa, nueva, mágica. Sí tuve tiempo de observar a los participantes, por todas partes era una especie de caos vital, que me hizo reír. Pequeños dramas y tragedias por todos lados, peleas y abrazos. Por supuesto a medida que avanzaba la noche el cuerpo de Grégory y el mío estaban cada vez más cerca, hasta llegar al franco contacto físico, y de pronto estábamos tan cerca, que nos besamos. En medio de esa música que inspiraba. A mí las ficciones ya no me atemorizan. Al contrario, me encantan. Mientras más desconcertantes se presenten las horas encima mayor el gozo. Eso fue. Tengo una pasión insaciable por la ficción. Ahora sé que también por las celebraciones iraquíes. Grégory todavía no sé, porque la pasión también requiere trabajo. Este punto ya lo hemos tratado en otros libros, la pasión por el presente, la libertad, la literatura, el amor. Lo que me alegra es esa capacidad de la existencia de regenerarse. De sorprenderte una y otra vez. Abducirte cuando ibas por el barrio yermo. Llevarte a lo desconocido. Sin preguntarte nada. Eso creo que es lo que atesoro más cerca de mi corazón, la incertidumbre absoluta que nos calcina, y el control inexistente que tenemos de las cosas que ocurren. Escucho ahora la versión acústica de la canción “Free” de Prince, bajo un sol de más de treinta grados, en una ciudad presa del incendio. Tal vez la vida sí me permita una tregua de la despedida que llevo encima. Prince es tan sensual. Todo, su voz, su guitarra, sus letras, su ritmo, su atmósfera. Luego de tres meses sin haber yo dado señales de existir en la realidad, estoy contenta de haber conocido a Grégory. Sobre todo, en una reunión de esas características. Hibris pura. Yo sé que la desmesura es lo que esconde mi espíritu. Estar viva es ya un placer. Que sea bailando en un verano de fuego. Sé que tu corazón late, mi baterista me lo dice, si das por sentada tu vida, tu corazón dejará de latir, canta Prince, así es que no duermas hasta sentirte culpable, porque todos somos pecadores, hay otros que hacen cosas mucho peores que nosotros, así que alégrate de ser libre. Estoy ya cerca de la vida, la rozo, la acaricio, la siento en mi piel. Vivir es simplemente un milagro. Con pasión se vuelve trama.
22 de mayo de 2026
Pasión II
Tírenme en la cordillera, para ser el alimento de los cóndores que habitan entre las cumbres y el viento, sólo pido ese favor, si la comida escasea terminar entre sus tripas me parece cosa buena, canta Camila Vaccaro. El activismo es una pasión. Que no tiene fronteras. Nos reunimos con nuestro colectivo feminista y antirracista, en un nuevo momento de la unión latinoamericana. En un espacio feminista alternativo que acaba de fundarse. Nos sentimos como en casa. Tiramos líneas de ese trazado activista que venimos armando desde inicio de año. En los tiempos donde se aplasta la pasión, la nuestra reluce, nos lanzamos a la cordillera para ser el alimento de los cóndores que habitan. Si termino de carroña, es la rueda de la vida, canta Vaccaro. Nuestra ambigua pasión se alimenta de Latinoamérica y de Europa, porque en la comunidad brota la claridad de espíritu, nuestra inteligencia y nuestro arte. Nuestra solidaridad y nuestro ritmo brillante. Junto al sol en la cumbre cantamos. Siempre un carnaval en el alma. Con alegría armamos para desarmar. Pasión es salir de los senderos ya trazados para crear lo que la imaginación germina en las tripas. Pasión es confiar en la utopía del valor de la existencia de los seres vivos. Activismo es la pasión de confiar. Nosotrxs cruzamos fronteras.
20 de mayo de 2026
Pasión
No es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad, canta Jorge Drexler, para que se vea desde altamar, de poco le sirve al navegante que no sepa esperar. Hace exactamente cuatro años me aprestaba para firmar la promesa de compra de mi departamento. A una distancia equidistante de ese momento se encontraban los comienzos de dos de los duelos más duros que he vivido en mi breve y sin embargo interminable existencia. Diez días antes se encontraba el cierre de mi relación con Jean y diez días después se encontraba la muerte de Adam en el océano. Si hubiese sido un mapa me habría encontrado en el punto de los doce segundos de oscuridad, como si hubiese sido un faro. Hacia adelante, en el mapa, los cuatro segundos de oscuridad, que fueron en realidad cuatro años y dos duelos, guardada en mayor o menor medida en este departamento, que vino a ser un punto fijo en la tempestad. En este mapa estaría dibujado como un barco este departamento, como un punto de partida. Pero damos vueltas en círculos. La pasión tiene esa fuerza. Dónde estoy ahora, en el mismo lugar, tal vez, y en otro totalmente diferente. La pasión ni un rasguño, como si el tiempo fuera imaginario. La pasión tuvo a bien explotar y convertirse en libros. La literatura tiene esa bondad. En el barco preciso. Con la pasión justa en el corazón. Conocí la pasión con estas dos personas, y con Jacques. Conversaba ayer con una amiga sobre esas ocasiones en que la pasión lo desencaja todo. Esos puntos en que el mapa tiene rasguños. Donde no hay manera de componer el presente. En el mapa de la conversación partió ella contándome de una mujer que había desencajado su presente, y terminé yo contándole de esa época en que llamaba a Adam a horas absurdas, cuando nuestro presente era el desencajado. Teníamos veinticinco años, nuestra relación había terminado hace un año, cada uno estaba en otra cosa, pero nuestra pasión nunca tuvo límites. Entonces yo era de esas que llaman a cualquier hora, creo que es el único período de mi existencia que la pasión me hizo hacer cosas visiblemente transgresoras. Cómo olvidar a alguien que te entregó eso. Es imposible. Cuatro años, podrían ser veinte, eso no se olvida. Este verano en Santiago de Chile fui a bailar con Jacques a un lugar donde años atrás le pedí matrimonio a Adam. Lo recordé cuando estaba ahí. No le conté a Jacques, estábamos felices los dos de reencontrarnos, y no era un buen momento para ese recuerdo. Son las únicas dos veces que he estado en ese local. De más está decir que en el mapa tiene un espacio significativo. Yo le dije a Adam: casémonos, hagámoslo todo, igual como un día le dije a Jacques. La pasión que sentíamos no tenía precedentes. Yo sé el tamaño ilimitado de su pasión, porque lo hundió al fondo del mar. Hace cuatro años. Me refugié en este departamento, en Lyon, junto al río, donde escribo ahora estas líneas. Para que la pasión de estos tres hombres que me componen se escribiera palabra a palabra. Para que cada desgarro fuera una frase. Para que cada atardecer fuera la presencia del milagro de amar. Para que cada amanecer fuera dar con la forma que pudiese describir ese sentimiento que justifica el levantarse, aunque el trance sea el de olvidarlo todo porque ya no queda nada. Siempre queda algo, la certeza de la pasión, como un árbol gigantesco que llegó más allá del fuego. Incluso si en mi mapa hay veinte, cuarenta años más, la pasión no se extingue. Sabía que nos volveríamos a encontrar, Adam. Cuando recién me vine a Europa querías venirte tú también, me escribiste. Pero el destino me llevó a otro lugar del mapa justo antes de tu mensaje, apareció Jean un año nuevo. Cuando Jean partió de mi cotidianeidad, nueve años después, volviste de tu viaje por un paraje interior, tal vez es ahora, me dije. Entonces el momento equidistante, el departamento, y diez días después tu inmersión irrevocable en la pasión. Es como que el tiempo no hubiese transcurrido. Estamos en el mismo punto del mapa, de los doce segundos de oscuridad, de ese mensaje unos días tarde, de esas llamadas desencajadas en la madrugada, de esa pedida de matrimonio en ese lugar en penumbras, donde estuve este verano, queriendo partir de nuevo. Existir es una broma absurda pero apasionada. Me dejaste doce segundos de oscuridad, para que pueda ver desde altamar. La pasión es lo único que conozco. A ti ya no te tengo. Jean me dejó, y a Jacques lo dejé yo porque no me amaba de la manera que yo quería. La pasión es lo único que yo conozco. Yo buscaba el rumbo de regreso, sin quererlo encontrar, canta Drexler, un faro quieto, nada sería, guía mientras no deje de girar. Cuatro años, Adam. No hubiese imaginado jamás lo que era hacer dos duelos al mismo tiempo, y todo lo que podía surgir de esos doce segundos de tinieblas. Te extraño igual como te extrañaba en ese tiempo de las llamadas a la una de la mañana, con una desesperación que no tiene un nombre preciso: pasión es lo único que se me viene a la cabeza. No voy a perdonarte, aunque no haya sido una afrenta contra mí. Tal vez eso te haga volver, rogar por clemencia. Tengo límites, Adam, mi corazón no es tan bondadoso como yo creía. Es mi pasión la que no te perdona, pero yo sé que ella me pertenece, somos lo mismo. No dejes de dar vueltas en mí. Tuve tu cuerpo, cuando tenga tu alma será otra cosa. Tengo límites, Adam, me convertí en la pasión. Debe ser porque nos habita el milagro. Lo vi nuevamente recorriendo las fotografías que tomaste, que pronto van a ser expuestas. Creemos que en el mapa vamos dejando atrás, pero todo surge desde un solo instante, desde un solo sitio. Me respondías a esas llamadas en la madrugada, hablábamos. Creíamos que todo sería eterno. Aprendí hace cuatro años que no era exactamente así. El tiempo imaginario se me desvanece entre las manos ahora. La literatura no tiene tiempo. Por lo tanto la existencia tampoco. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte, y el dolor no se haya modificado. Tengo mi casa, mi soledad, y mi pasión. Estás aquí, aunque ya no pueda tenerte.
15 de mayo de 2026
Lisa y el caos verdadero, Impulso perpetuo, La expedición sigue, Libre (Libros)
Nuevas novelas
"Lisa y el caos verdadero", "Impulso perpetuo", "La expedición sigue", "Libre" (enlaces al final de la publicación)
Prefacio
“Lisa y el caos verdadero” es una novela, compuesta de cuatro libros: “Lisa y el caos verdadero”, “Impulso perpetuo”, “La expedición sigue”, “Libre”. Escribí estos libros entre enero y mayo de 2026, principalmente en Lyon, Francia. Desde el invierno, luego de un viaje de dos meses a Santiago de Chile e Isla Negra, Valparaíso, Chile, hasta la primavera lionesa, poblada de sol y de lluvia por partes iguales. Mientras escribo estas palabras es el diluvio, lo veo por mi ventana, el agua cayendo con decisión en el río caudaloso. Los árboles a reventar de hojas nuevas resultando en un follaje denso. “Lisa y el caos verdadero” es la novena serie de libros de la gran novela “Lisa”. La serie completa de cincuenta y cinco novelas comporta una línea narrativa, pero cada libro es independiente. Esta serie de cuatro libros es una suerte de cima donde el caminante se detiene a observar desde su salón cómo se ha producido tal serenidad ante la batahola. Tengo 45 años, los cumplí justo antes de comenzar a redactar estos cuatro libros. Se me apareció como un tiempo de intervenir la ambigüedad que esclaviza que venía siguiéndome los últimos cuatro años. Estas novelas tratan sobre la cruzada anti ambigüedad que libré sin cuartel, lo que resultó en la libertad, y en comprender que lo que tenía que reinventar era la pasión, Eva Illouz me ayudó en eso, y en identificar que la libertad era una etapa, hacia la pasión. La llevo dentro, en todo caso, pero quiero reinventarla. Esto será objeto de otros libros, pero lo crucial de estos es que describen el tránsito hacia la libertad, la comprensión del caos verdadero, y la conclusión en relación a la pasión. Hace muchos años, cuando tenía 30 comencé a reflexionar acerca del caos, en tanto vitalidad, y sus componentes. Este camino de 15 años me trajo al caos verdadero, que implicaba despejar el caos de manipulaciones. En el silencio fértil de la soledad todo es posible. El caos verdadero es también un concepto situado y feminista. A los 30 compuse una canción cuya letra decía, lo que yo quiero es que nunca se acabe la vida, lo que yo quiero es que nunca se acabe el dolor. Dolor hacía referencia aquí a la posibilidad de conectar con los demás, al dolor como consustancial al vivir. En este presente de tantas máquinas y aparatos que intentan captar nuestra constante atención, se nos ofrece como una posibilidad el escapar del dolor, se nos presenta la libertad como la lejanía de los vínculos profundos, y en cambio alguna otra cúspide de independencia absoluta donde el planeta en el que estamos insertos puede desaparecer y esto no tendría mayores repercusiones. Igual como a los 30 años se me propuso recurrir a medicamentos para adormecer la necesidad de caos y pasión que sentía, y esto me espantó profundamente, igual de perpleja estoy con las grandes redes de información masiva: ambos mecanismos de esclavitud, de uniformidad, de borrarse, de adoctrinamiento, de adicción. Cómo combatir esto sin marginarse completamente: esta es la estrategia a encontrar. También me sorprende que la vida esté codificada completamente en pareja, sobre todo para las mujeres. Pero así también hay menos espacio para pensar y crear. Estas estupefacciones dieron origen a estos libros, a caballo siempre de las aventuras, porque así es como se desenvuelve la existencia: en las expediciones que siguen y los impulsos perpetuos. Hasta llegar a la libertad. Convierto mi ocasional cansancio en fuerza, es algo que aprendí. Sale el sol entre las nubes. Me alcanza ahora a través de las hojas verdes. Llega a mi retina, a mi cerebro, como en un caos verdadero. Entonces se abre. Se muestra la vida. He aprendido a vivirla, sin dar mi brazo a torcer. Me guía la pasión. El amor a ratos. Lo acepto y lo reniego. Pero comprendo su papel en todo esto. Yo estoy en los libros. Tal vez en otro momento esté también en alguna otra cosa. Veo fugaz el existir. Los libros habitan un lugar entre la rigidez y la huida. Ahí estoy situada yo. Ahí está mi salón con mi sofá y mi taza de té. Ahí está mi escritorio vista al río. En Lyon, Francia, y en todos mis temores y esperanzas, que son infinitos. Pero los mantengo al margen, donde yo misma vivo. Para que no me nublen el seso, y dar con las obras que proyecto. En mal momento abracé este destino. Me ha traído asperezas, pero yo confío en algo más allá de mí misma. En algo que me excede y que llevo dentro. La belleza mi paso decidido. El arte mi existencia absoluta. De la mano del amor. De la libertad aterricé, finalmente, en la pasión. Con humildad, y siempre con profunda honestidad, escribo.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 14 de mayo de 2026.
Lisa y el caos verdadero
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Impulso perpetuo
o
La expedición sigue
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Libre
o
9 de mayo de 2026
Libre XIV
Vivo en una especie de éxtasis. No pensé que se podía ser tan feliz con una existencia tan simple como la mía: leer y escribir. Lo veo igual a una pasión mística, un estado de iluminación. Creo que nunca había deseado fundirme con el todo tan profundamente como ahora. Sé en este momento que todo se trataba sobre el silencio. El mágico silencio en mis sesos cansados de batahola. Esto es más fuerte que cualquier droga. Definitivamente es más alto. Y no tiene esa bajada que acuchilla la esperanza. No conozco nada tan intenso como la literatura. Es el amor absoluto, definitivamente el caos verdadero. Ni hablar del encuentro con otro cuerpo: esto va más allá. Es la conciencia del universo y la fuerza de la naturaleza. Permítaseme seleccionar un momento, ayer estaba sentada en el sofá de mi salón, con las piernas cruzadas apoyadas en la mesa de centro, y un té verde de China al lado, en mi delicada tetera con motivos pintados a mano, leyendo “Mitologías” de Roland Barthes, y “Alfred y Emily” de Doris Lessing, mientras el sol iba descendiendo hasta esconderse tras la colina, junto al río, apareciendo y desapareciendo entre las hojas de los inmensos plátanos orientales que tengo frente a mi ventana. En silencio. Es una operación que repito todas las tardes, cuando mi seso está ya cansado de inventar aventuras y organizar tramas. No pensé que amaría un día la rutina con tal fervor. Si voy a hablar de la libertad, que es el tema de este libro, para que no sea todo decir lo que no es, esto es lo más parecido a ser libre que yo he habitado, y Virginia Woolf no se equivocó en nada. Cada una de sus líneas son el paraíso y la verdad. En tiempos en que no siempre está claro de qué se trata esta, a mí me gusta descubrirla. Digámoslo claramente: es la verdad. El cuarto propio, las libras. La creatividad, la imaginación. Si tienes dudas: esta es la verdad. Rearme demográfico, la desigualdad es erótica: esa no. Lo único erótico es tener tu cuarto propio y tus libras para escribir lo que se te cante. Si lo que te interesa es la ficción, como dice Woolf. A mí justo eso es lo que me interesa. Me interesan también los derechos de los seres vivos y la filosofía, pero no veo una separación en ese sentido. Soy ambigua como Barthes. Como Lessing también a su manera. Dejo constancia aquí, si mi vida finaliza: fui libre. Tengo 45 años y habité la libertad.
8 de mayo de 2026
Libre V - VIII
Libre V
Vaya, donde una se dirija hay algún recuerdo de violencia. Pero yo dije que iba a hablar de la libertad. Pero sin un guion preestablecido, de manera libre (para estar bien a caballo del tema). Suena coherente. Pero estábamos en esto de la escuela. Cuando teníamos seis años una persona del país ganó el concurso internacional de miss universo. Ese concurso de belleza en que desfilan, con un traje de fiesta, en traje de baño, entre otros, creo que también responden preguntas. Fue un gran acontecimiento porque nunca antes nadie de Chile había ganado, y yo creo que ese tipo de noticias eran algo a explotar además, recordemos que todavía estábamos en dictadura. La ganadora había estudiado en nuestra misma escuela, así es que nos hicieron sacar las sillas afuera de las salas y sentarnos formando un largo pasillo por el corredor, y ella fue a visitar la escuela y pasó por aquel pasillo de niñxs, mientras supongo que aplaudíamos o algo así. A ese mismo pasillo salíamos todas las semanas formados a cantar el himno nacional, incluida la estrofa donde se toca el tema de los valientes soldados, y donde se menciona “que han sido de Chile el sostén” y a nosotrxs invariablemente nos daba como risa nerviosa que se mencionara un sostén (en el sentido de sujetador femenino), que no era el sentido de la frase, pero daba lo mismo, y siempre nos reíamos de decir aquella palabra que nos ruborizaba y hacía mención a partes íntimas y prendas femeninas, que no ocupábamos, porque teníamos cuerpos infantiles, y que nunca ocuparían, en el caso de los hombres, aunque quien sabe, tal vez sí, a escondidas, o luego de una transición de género, en cualquier caso en ese momento nadie ocupaba.
Libre VI
Pero a mí me ocurrió que tenía unas camisetas, que tenían tirantes, como un sujetador, que ocupaba bajo la camisa escolar. Ocupábamos un uniforme en la escuela, por lo que todxs estábamos vestidos iguales, o muy parecidos, en cualquier caso tenía que ser igual. Por alguna razón que no recuerdo un compañero vio que yo tenía tirantes de sujetador. Entonces se le ocurrió la genial idea de comentarle a toda la clase que yo usaba sujetador, lo que no era cierto, pero daba lo mismo, y el asunto fue que luego recuerdo haber tenido que correr por el patio completo escapando de los compañeros que querían ver mi supuesto sujetador, y yo exhausta corre que corre, para que nadie me alcanzara y no tener que exhibir mi camiseta, ni tener que hablar de ese tema que no me correspondía, pero el giro de la trama es que en vez de desesperarme me sentí importante, porque de pronto era el centro de atención y los compañeros querían alcanzarme y cerciorarse de lo que había dicho el que vio los tirantes de aquella misteriosa prenda. Luego de correr por horas, o tal vez fueron unos minutos, me alcanzaron, y yo jadeante, no me quedó otra que exhibir los tirantes de mi camiseta, pero aclarando que no era un sujetador, lo que ya había hecho. No recuerdo si tuve que mostrar la camiseta completa para que me creyeran. Pero la persecución acabó, eso sí lo recuerdo, y también recuerdo que años después, empecé a ocupar sujetador aunque mi pecho era plano como una tabla porque no quería ser la única que no usaba, así es que yo anuncié que también usaba, no importa si era necesario o no. No tenía mucho sentido, pero me sentía incorporada en la novedad. Me sentía libre de hacer lo que yo quería. Libre, a veces, es un concepto elástico.
Libre VII
Otro evento relevante, un poco antes del pasillo de aplausos de la miss universo, al que el gobierno de facto le dio con bombos y platillos como un acontecimiento único e inolvidable fue el paso del cometa Halley por nuestro cielo. Era mejor mirar al firmamento que a los centros de tortura, había que mantener ocupada a la población con belleza y cometas. Bien. Entonces grandes orquestas, marchas militares, noticias en bucle, el país detenido (también en ese sentido), porque venía el cometa. Teníamos cinco años. Qué más quiere un niñx que ver un cometa. Es como ver a santa claus, algo que uno espera eras completas, lo que dura el tiempo en la infancia, algo infinito, iba a ser un momento de gran emoción. Además si estaba anunciado así como algo tan crucial en nuestras vidas, seguro que era algo espléndido, una oportunidad irrepetible (lo que no sucedía con las torturas, que se repetían). Bueno, el cometa, no se vio para nada, esperamos en vano, con recuerdos espaciales y cohetes, mirando hacia arriba con atención, pero no nos enteramos de aquel fenómeno estelar, sólo nos quedaron las marchas militares y la sensación de fiasco o tomadura de pelo, o tal vez sólo dijimos no vi nada, ¿y tú?, y seguimos jugando, y olvidamos al instante los cometas y las reinas de belleza. Lo otro nos costó más, una quiere hablar de la libertad y aquí está una hablando de cometas y torturas.
Libre VIII
Es divertido que haya mencionado que voy a hablar de la libertad, y termine hablando de recuerdos aleatorios de mi infancia en dictadura. Suena paradójico, pero ahí está quizá todo el tema. Tal vez justo hablar de lo contrario ayuda. Para clarificar. Qué es esto, y dices lo que no es. Eso ya te va avanzando en el asunto. Entonces luego vino el momento en que había que decir no, con fuerza decir no. Teníamos siete años. Yo había entendido que había que decir no, pero a veces no sabía, porque en mi inmensa familia había unas personas que decían que había que decir sí, y otras que daban la vida por afirmar que era no lo que había que decir. El sí era una banderita del país, y el no un gran arcoíris. Recuerdo la canción del no, decía: Chile, la alegría ya viene. Si supieran adónde llegamos ahora. Es como el anuncio del cometa que no llegó. ¿Y la alegría? ¿Y el arcoíris? ¿Ya viene? Al bolsillo. Mejor la banderita chilena. Borrar los colores del arcoíris y dejar el blanco, azul y rojo, tres colores son, yo los llevo adentro, de mi corazón. Era un poema que había que recitar cuando niñxs, en esos momentos del himno del sostén. La historia parece que se va repitiendo como esas noticias que anunciaban al cometa. El cometa Halley se parece a veces a la democracia, se supone que pasa, pero no se ve. Comíamos en esa época de la alegría que ya venía grandes algodones de azúcar, eso recuerdo bien porque siempre me parecieron fantásticos esos dulces como nubes. El sabor me importaba menos, no era lo mejor que he comido, pero ese borrón rosado gigante me indicaba una alegría que ya venía. La nube se deshacía en la boca, y en realidad no quedaba nada, era como comer aire dulce, pero no importa. Al menos en ese momento, comiendo los algodones de azúcar rosados, la alegría llegó. Pero las historias continúan, y no siempre de la mejor manera. Al dictador no lo juzgaron nunca y había que verle la cara sentado en el congreso, como una gran bofetada que se va repitiendo, y ahora ese presidente que es amigo de sus amigos. El algodón de azúcar ya no corre, y el cometa definitivamente no llegó. Los recortes en educación y las fosas, sí. El algodón de azúcar se deshizo a continuación del voto, no quedó nada. El color rosado ni hablar, quedó para los vestidos de señoritas. El morado y el verde, al ropero, con los profesores de gimnasia que van a medir la grasa para ver si engordaste, que van a tocar tu cuerpo para vigilarte, y algunas otras cosas. Pero sobre todo, sobre todo, para que nunca en tu vida, pero nunca, nunca, conozcas la libertad.
Libre I - IV
Libre
La libertad no es más que otra forma de decir que ya no queda nada para perder, canta Janis Joplin. Me gusta esa canción, habla de blues, de tocar música y sentirse bien, de la naturalidad de perder cosas, del presente, de la fugacidad del instante, de lo que ya no vuelve. Hubo una época de mi vida que escuché mucho a Janis Joplin, me conectaba a una forma de libertad. La libertad de la música, la libertad del riesgo. Creo que todo eso fue muy importante. Ahora tengo otra forma de libertad. Es la libertad de la serenidad. De haber llegado a algún lado y no estar buscando nada. Para escribir sólo hay que saber recordar, ahora lo sé. Hay que llevar en uno la gratitud de todo lo que ocurre. De manera obsesiva observar, con una atención completa en el momento. Escribir no es muy compatible con los aparatos, porque te alejan de lo crucial que hay que distinguir.
Libre II
Por qué justo ahora la libertad. No lo sé. Algún día tenía que llegar. No en vano es cada paso y cada día. La soledad tiene un sabor dulce. Es la soledad habitada. La soledad de mantener a raya las formas de esclavitud, que son innumerables. Se reproducen como gremlins en el agua. Es una película de los años ochenta, de mi infancia, sobre unas criaturas que cuando las lanzaban a la pileta se multiplicaban. Eso es lo que recuerdo, la vi muchas veces porque cuando llovía en la escuela y no podíamos salir afuera para la clase de deportes íbamos a una especie de cine que había en el subterráneo (una sala con un proyector), y ponían esa película. Qué absurdo haberla visto tantas veces. Lo bueno es que ahora puedo ejemplificar muy claramente lo que sucede con los mecanismos de la esclavitud, se reproducen como esos horribles entes diminutos que luego atacaban.
Libre III
Otras veces nos ponían la película de la vida de Nadia Comăneci, la gimnasta, esa también la vimos muchas veces, y también la película de Annie, la niña colorina, huérfana, que limpiaba los escalones de una mansión, que triunfa luego, creo, un final feliz. Son todas películas de los años ochenta. En el caso de la gimnasta yo no podía entender por qué tanta disciplina, y por qué ella quería comer cosas a escondidas. En el caso de Annie, me gustaba la canción del final, mañana, mañana, te amo, mañana. Ella soñaba con un futuro mejor. Teníamos que tener esa esperanza nosotrxs. El ambiente era extraño. No olvidemos que era una dictadura, por lo que no todos los temas eran adecuados. La disciplina de la gimnasta, la niña huérfana que triunfa, y las criaturas demoníacas que se multiplican, eso sí podía ser. Nos quedábamos en esa sala oscura para olvidar todo. Para olvidar que no podíamos salir afuera a hacer deportes.
Libre IV
En relación a los deportes, uno de esos profesores organizó en una ocasión, o en un período, tal vez a petición de algunas alumnas, o no, una actividad que era extra programática (los alumnos no participaban, sólo las mujeres, no sé por qué). Era un gimnasio, como esos que va la gente, con pruebas a superar y etapas. Yo no he ido nunca a uno, y en ese momento menos, era una pre adolescente, no sé exactamente qué edad. Estaba formado en el recinto destinado a los deportes, una serie de vallas y caballetes. El tema es que dado que yo me inscribí se me informó que había que presentarse ante el profesor porque él hacía unas anotaciones antes, respecto a la grasa del cuerpo, para ver si uno había progresado en el tiempo. Me sometí al asunto porque si decían que era lo que ocurría en un gimnasio, fui. El asunto es que me señalaron que era en una suerte de closet grande donde se guardaban los útiles de gimnasia, pelotas, aros, cintas, petos de colores, y ahí estaba el profesor. Como había que al parecer levantarse un poco la ropa el procedimiento era más íntimo sin nadie alrededor, más privacidad. Procedió a medir la grasa de mi cuerpo de pre adolescente, agarrando una por una las partes de mi cuerpo, mis brazos, mis muslos, mi cintura, con una cinta métrica, la grasa que yo no tenía para nada, por lo tanto sólo me tocaba y medía los pocos centímetros que sobresalían, luego de pellizcar la piel. Me pareció el procedimiento más absurdo al que había sido sometida, me sentí extremadamente incómoda, concluí que los gimnasios eran algo muy raro, no fui nunca a ese armado rústicamente por el profesor, ni a ningún otro. La dictadura ya se había acabado, porque yo debo haber tenido unos doce, trece años. Me parece que ese profesor ya está muerto. No sé si las que siguieron yendo se sometían a ese procedimiento cada cierto número de días.
7 de mayo de 2026
La expedición sigue XXX
Qué significa que la expedición sigue. Significa que estoy en el presente. Que estoy inerme ante la vida, pero despojada de lo que me quitaba libertad. 45 años y estoy en el grado cero. Sin pasado, sin futuro escrito. Un presente por escribirse. Rehíce mi vida. Tengo la serenidad. Es una existencia simple y con libros. Con naturaleza. Con amigxs y con creatividad. Con activismo y pasión. Cuando comenzaba el año me pregunté qué es el caos verdadero, y es la libertad. La libertad de arriesgarlo todo por el propio caos, por la propia creatividad. En cuanto a tener pareja, no quiero en este momento y no la estoy buscando. Estuve siempre en pareja, y ahora veo que era lo excepcional, lo más natural es no tenerla. Conviven en mí el romanticismo más puro y la ironía más completa. Como cualquier ser humano instalado en la ambigüedad. La cruzada anti ambigüedad la llevo adelante de todas maneras porque tiene que ver con otra cosa: con hacer frente a la manipulación, que esconde la falta de simetría y de igualdad. La igualdad exige una redefinición del erotismo y el deseo romántico que aún no se ha logrado, afirma Eva Illouz en “Por qué duele el amor”. El caos verdadero es la libertad y la igualdad. Es el caos propio, el caos auténtico y no impuesto, instalado en la democracia. Vivo en el exilio de las imposiciones. Busqué el exilio. Arriesgué todo por mi amor a Jean, y por mi amor a la literatura. Tomo a las palabras por el cuello, con delicadeza. Qué significas, les pregunto. Intento componer libros que se parezcan a existir: libres. O a lo que yo creo que es existir. Que se parezcan a mi manera de existir: libre. Soy toda emoción, palabras e intelecto. Altos sentimientos e imaginación. Sigo exiliada, el margen es mi lugar predilecto. Habito en la apariencia de estar afuera, pero estoy muy adentro, en el centro mismo de los acontecimientos. Me decidí a modificar el mundo desde afuera de la dominación, porque dentro la carga mental me explotó el cerebro, y el ruido ensordecedor me impedía pensar claramente. Organizo las disciplinas para que se vayan entrelazando, pero mi lenguaje es el literario. Este fue un recorrido, yo lo arriesgué todo para llegar a él. Todo fue una intuición. Todo fue una certeza y una incertidumbre. Viajar ahora es atrapar las historias. Darles la forma que se merecen. Son decisiones. Las historias no saben lo que se merecen, existen simplemente. Improvisación, espontaneidad, reflexividad. Lo que me hace más feliz es haber arriesgado todo por amor. Haber tenido esa capacidad. Haber siempre escogido el exilio a la muerte. Haber amado a Jean. Haber amado a Adam. Haber amado a Jacques. Estoy tan lejos ya de todo eso. El grado cero. El lugar de la serenidad. La tranquilidad es igual de apasionada. Porque amo lo que hago. Lo amo cada día. Porque llegué al caos verdadero. A mi caos verdadero (a Jean lo sigo amando). Estoy abierta a la vida. De rodillas ante el arte y la belleza. Sigue la expedición del amor, los viajes y los libros.
2 de mayo de 2026
La expedición sigue XIX - XXII
La expedición sigue XIX
Mi manera de conjurar la velocidad es escribir. De hacer que quede algo. Que todo este caos verdadero tenga sentido. De olvidar que no sé vivir. De dejar de lado un momento el batallón de preguntas. Voy leyendo, anoto impresiones, reflexiones, en un cuaderno. En todos los otros momentos me presento frente a la hoja en blanco y le hago una seña, un guiño, una mueca, algo que le indique que no le tengo miedo. Le digo, prepárate, porque llegaremos a la cúspide. Sí, es un poco como follar. Un encuentro cuerpo a cuerpo, sudor, trance, emoción, abismo. Similitudes entre escribir y follar: la ilusión y la emoción de un encuentro verdadero. Sentirse espectro encarnado. Mensaje al otro. Piel abierta. Laberinto infinito. Inmensidad celeste. Refugio y poesía. Verdad y entusiasmo. Canto y resonancia. Eco y grito. Gemido y baile. Saberse literatura y cuerpo. Alegría y acantilado. Borde del vértigo y caja de pandora jamás abierta. Paso sincronizado y brillo de estrella solitaria y rebelde. Comprensión y ganas de existir. Música exquisita y refinada. Pastizales altos y ranas en el charco. Libélulas y abejas. Lagartijas y erizos. Río y océano completo. Sangre y órganos. Catedrales y puentes. Templos y rucas. Desiertos y observatorios. Rascacielos y alcantarillas. Valijas y armarios. Pluma y flecha. Olvido y memoria. Luna y teatro. Escribir y follar es el encuentro con el todo.
La expedición sigue XX
Amo aunque no ame. Amo todo el tiempo. Vivo gracias a que amo. Siempre amo. Es lo que permite la literatura. Todos a quienes he amado los llevo dentro. Así voy construyendo mi castillo, que está poblado de personajes. Todo es ceremonial y digno. Grito y júbilo. Música suave y luces bajas. Sol enceguecedor y ardiente. Prados y lagunas. Las montañas me sugirieron que había una fuerza. El océano me dio la palabra confiscada. La tomé en esa botella que venía flotando. Extraje la nota: en la isla te espera el edén, decía. No comprendí inmediatamente. Pero entonces se reveló: este es el tiempo del amor.
La expedición sigue XXI
De cada día extraigo un verso. Igual que el acto del amor. De cada encuentro ha quedado un sedimento en mi alma de ese lenguaje que me llevó al otro lado. Al final del arcoíris, al comienzo de la pasarela, al intermedio del placer. Al acto siguiente, a la obra completa, a la ópera eterna. Al paso estable, a la melodía dispersa, a la cadencia creciente. En cada momento una palabra, alguna me espera, alguna me acecha, alguna me intercepta. En el acto del amor se descubre también este diapasón. Se crean las palabras, pero de otro modo, uno más cercano a las formas de las nubes. Al contorno de las hojas. Al radio de una estrella marina. El resplandor de una medusa cristalina. Ver a través. En ambos casos es traspasar. Avanzar la expedición en círculos. Espirales. Rayos concéntricos. Desposar el momento, para volverse eterno.
La expedición sigue XXII
Escribir y amar tienen la consistencia del cisne sobre el agua. De las algas que van y vienen en las olas hacia las rocas. Del rayo que surge entre las nubes para llegar a la colina verde. Entonces nos alcanza. En ese prado donde no esperábamos nada. Esperábamos sin esperar. Como es existir. La naturaleza la tenemos en el interior. Desde ahí surgimos. De los manantiales y las cascadas. Los riachuelos y las cataratas. Desde el agua. Para llegar al fuego. Para llegar al viento en las hojas que es idéntico al canto de los pájaros en el alma. Las mariposas. Las orugas. Las hormigas. Los alacranes. Los escorpiones. Los grillos. Los saltamontes. Las avispas. Las cigarras. Las luciérnagas interiores. Esas lucecitas perdidas en el bosque que pueden guiarnos cuando escribir y amar no tienen la consistencia del cisne sobre el agua, y en cambio el vuelo accidentado del cormorán sin destino porque extravió a su bandada. Nos sumergimos en el río, para volver a aparecer al otro lado. En la otra orilla es el amor y los versos. La plegaria imperecedera, por que siga ocurriendo la vida.
La expedición sigue XVII
Tengo 45 años, toco música desde hace 40 años, tomo fotografías desde hace 30 años, escribo literatura desde hace 20 años. Qué he aprendido en este trance, que es mi vida completa. Lo primero, es que no hay ninguna separación entre el arte y la vida, son lo mismo exacto. Lo segundo, es que es imposible vivir sin arte, lo que se desprende igual de lo anterior, porque son lo mismo. Lo tercero, es que cuando el arte se destruye o no se apoya, se acaba la vida, lo que también se desprende de los dos puntos anteriores. Lo cuarto, es que el arte existe independiente de las condiciones vitales, porque tiene vida propia, a pesar de ser lo mismo que la vida. Existe simplemente. Pero también se desarrolla. Es una condición ambigua, existe sin existir, y existe cuando existe. Existe cuando lo creamos y cuando lo imaginamos. O aunque no lo imaginemos, se abre camino. Los regímenes autoritarios temen al arte, porque el arte es por definición la libertad. Eso es lo quinto, el arte no es sólo la vida, sino también la libertad. Apenas llegan al poder los autoritarios cortan este asunto, porque no quieren saber nada de la libertad. Les gusta la obediencia. Adoran las instrucciones. Lo más grande del arte es que no sigue las instrucciones. Pero tiene guías, no es lo mismo. El arte se sustenta en el arte de los demás porque todo es una red de libertad. Un pasarse la voz para dar la buena nueva. No hay barandilla, entre todxs lo sabemos. Fuera de la ley es donde se despliega el paraíso de lo imaginado. Todo está conectado, y todo surge desde un mismo núcleo, que es múltiples cosas a la vez, eso es lo sexto. Nuevamente la ambigüedad presente. Dentro de la forma está la sin forma. Que es a su vez forma, en el instante inmediatamente posterior. Lo séptimo es que el arte no es sólo la vida, sino que ayuda a vivirla. En un universo en ocasiones sin sentido aparente, el arte lo organiza todo para que los fragmentos encajen. Es el verdadero cosmos, junto a la naturaleza. Lo octavo es que el arte imita a la vida y a la naturaleza, va pisándole los pies para apropiarse de cada impulso, de cada movimiento, de cada expedición. El arte son básicamente viajes por la vida. Juntos son firmamento y territorio. Vivimos en el arte, sobre el arte y bajo el arte. Junto al arte también. Por todos los costados nos alcanza. Nos rendimos ante la evidencia. Lo dicho y creado nos llega. Entonces las certezas también. Las certezas y la verdad están en el arte. La mirada bondadosa y sincera. La humildad de presentarse desnudo ante los acontecimientos. Eso es lo noveno, la respetabilidad subsiste de rencillas con el arte. Están lejos y no se entienden. El arte es el gesto sencillo de expresar el presente, o el pasado, o el futuro. El ademán simple pero habitado por un trabajo incansable. Eso es lo décimo, no hay atajos posibles en el arte. Lo más incomprensible lo aprendemos rápido, pero el arte nos toma toda la vida, a pesar de llevarlo ya en nosotros. Una nueva ambigüedad. El arte nos desordena nos desconcierta, pero le entrega el sentido y la sustancia a cada una de nuestras preguntas porque sus emociones y sentimientos nos desarman para siempre volver a recomenzar. Existir y el arte es siempre volver a empezar. Cada día un nuevo esfuerzo, con alegría, con valentía, con esperanza. Llegar al corazón de la selva, a lo inexplorado y ya existente. Insistir en los mismos motivos pero con la originalidad de ser un ser humano único. Avanzar no hacia arriba, sino hacia los lados. Entrar más profundamente en el existir, en el alma de ese pasar por los días para que cada instante tenga una razón, liviana, o compacta. Pero siempre en fuga. El arte es efímero, como nuestro pasar por este planeta. Lo situamos, queremos rodearlo, y está bien, pero es también siempre una huida. Es fuera del mundo donde se construye el mundo. Para estar dentro de él lo más posible. Para ser el mundo. El arte es decir el mundo, una parcela de él. El valor es absoluto porque cada manifestación equivale lo mismo. Las jerarquías no corren en el arte, sólo entorpecen. La exclusión, el margen, la invisibilización, sólo lo hacen más fuerte. Y perdemos. Nos faltan trozos, de la gran geografía que nos compone. Perder el arte es perder nuestra condición de seres humanos. En el arte se pierde, pero la humanidad en su conjunto gana. Si todo es un juego, esta es la movida que triunfa, que descubre, que cuida, que sana. El arte es la comprensión completa de la vida.
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