2 de mayo de 2026

La expedición sigue XVII

Tengo 45 años, toco música desde hace 40 años, tomo fotografías desde hace 30 años, escribo literatura desde hace 20 años. Qué he aprendido en este trance, que es mi vida completa. Lo primero, es que no hay ninguna separación entre el arte y la vida, son lo mismo exacto. Lo segundo, es que es imposible vivir sin arte, lo que se desprende igual de lo anterior, porque son lo mismo. Lo tercero, es que cuando el arte se destruye o no se apoya, se acaba la vida, lo que también se desprende de los dos puntos anteriores. Lo cuarto, es que el arte existe independiente de las condiciones vitales, porque tiene vida propia, a pesar de ser lo mismo que la vida. Existe simplemente. Pero también se desarrolla. Es una condición ambigua, existe sin existir, y existe cuando existe. Existe cuando lo creamos y cuando lo imaginamos. O aunque no lo imaginemos, se abre camino. Los regímenes autoritarios temen al arte, porque el arte es por definición la libertad. Eso es lo quinto, el arte no es sólo la vida, sino también la libertad. Apenas llegan al poder los autoritarios cortan este asunto, porque no quieren saber nada de la libertad. Les gusta la obediencia. Adoran las instrucciones. Lo más grande del arte es que no sigue las instrucciones. Pero tiene guías, no es lo mismo. El arte se sustenta en el arte de los demás porque todo es una red de libertad. Un pasarse la voz para dar la buena nueva. No hay barandilla, entre todxs lo sabemos. Fuera de la ley es donde se despliega el paraíso de lo imaginado. Todo está conectado, y todo surge desde un mismo núcleo, que es múltiples cosas a la vez, eso es lo sexto. Nuevamente la ambigüedad presente. Dentro de la forma está la sin forma. Que es a su vez forma, en el instante inmediatamente posterior. Lo séptimo es que el arte no es sólo la vida, sino que ayuda a vivirla. En un universo en ocasiones sin sentido aparente, el arte lo organiza todo para que los fragmentos encajen. Es el verdadero cosmos, junto a la naturaleza. Lo octavo es que el arte imita a la vida y a la naturaleza, va pisándole los pies para apropiarse de cada impulso, de cada movimiento, de cada expedición. El arte son básicamente viajes por la vida. Juntos son firmamento y territorio. Vivimos en el arte, sobre el arte y bajo el arte. Junto al arte también. Por todos los costados nos alcanza. Nos rendimos ante la evidencia. Lo dicho y creado nos llega. Entonces las certezas también. Las certezas y la verdad están en el arte. La mirada bondadosa y sincera. La humildad de presentarse desnudo ante los acontecimientos. Eso es lo noveno, la respetabilidad subsiste de rencillas con el arte. Están lejos y no se entienden. El arte es el gesto sencillo de expresar el presente, o el pasado, o el futuro. El ademán simple pero habitado por un trabajo incansable. Eso es lo décimo, no hay atajos posibles en el arte. Lo más incomprensible lo aprendemos rápido, pero el arte nos toma toda la vida, a pesar de llevarlo ya en nosotros. Una nueva ambigüedad. El arte nos desordena nos desconcierta, pero le entrega el sentido y la sustancia a cada una de nuestras preguntas porque sus emociones y sentimientos nos desarman para siempre volver a recomenzar. Existir y el arte es siempre volver a empezar. Cada día un nuevo esfuerzo, con alegría, con valentía, con esperanza. Llegar al corazón de la selva, a lo inexplorado y ya existente. Insistir en los mismos motivos pero con la originalidad de ser un ser humano único. Avanzar no hacia arriba, sino hacia los lados. Entrar más profundamente en el existir, en el alma de ese pasar por los días para que cada instante tenga una razón, liviana, o compacta. Pero siempre en fuga. El arte es efímero, como nuestro pasar por este planeta. Lo situamos, queremos rodearlo, y está bien, pero es también siempre una huida. Es fuera del mundo donde se construye el mundo. Para estar dentro de él lo más posible. Para ser el mundo. El arte es decir el mundo, una parcela de él. El valor es absoluto porque cada manifestación equivale lo mismo. Las jerarquías no corren en el arte, sólo entorpecen. La exclusión, el margen, la invisibilización, sólo lo hacen más fuerte. Y perdemos. Nos faltan trozos, de la gran geografía que nos compone. Perder el arte es perder nuestra condición de seres humanos. En el arte se pierde, pero la humanidad en su conjunto gana. Si todo es un juego, esta es la movida que triunfa, que descubre, que cuida, que sana. El arte es la comprensión completa de la vida.  

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