Vivo en una especie de éxtasis. No pensé que se podía ser tan feliz con una existencia tan simple como la mía: leer y escribir. Lo veo igual a una pasión mística, un estado de iluminación. Creo que nunca había deseado fundirme con el todo tan profundamente como ahora. Sé en este momento que todo se trataba sobre el silencio. El mágico silencio en mis sesos cansados de batahola. Esto es más fuerte que cualquier droga. Definitivamente es más alto. Y no tiene esa bajada que acuchilla la esperanza. No conozco nada tan intenso como la literatura. Es el amor absoluto, definitivamente el caos verdadero. Ni hablar del encuentro con otro cuerpo: esto va más allá. Es la conciencia del universo y la fuerza de la naturaleza. Permítaseme seleccionar un momento, ayer estaba sentada en el sofá de mi salón, con las piernas cruzadas apoyadas en la mesa de centro, y un té verde de China al lado, en mi delicada tetera con motivos pintados a mano, leyendo “Mitologías” de Roland Barthes, y “Alfred y Emily” de Doris Lessing, mientras el sol iba descendiendo hasta esconderse tras la colina, junto al río, apareciendo y desapareciendo entre las hojas de los inmensos plátanos orientales que tengo frente a mi ventana. En silencio. Es una operación que repito todas las tardes, cuando mi seso está ya cansado de inventar aventuras y organizar tramas. No pensé que amaría un día la rutina con tal fervor. Si voy a hablar de la libertad, que es el tema de este libro, para que no sea todo decir lo que no es, esto es lo más parecido a ser libre que yo he habitado, y Virginia Woolf no se equivocó en nada. Cada una de sus líneas son el paraíso y la verdad. En tiempos en que no siempre está claro de qué se trata esta, a mí me gusta descubrirla. Digámoslo claramente: es la verdad. El cuarto propio, las libras. La creatividad, la imaginación. Si tienes dudas: esta es la verdad. Rearme demográfico, la desigualdad es erótica: esa no. Lo único erótico es tener tu cuarto propio y tus libras para escribir lo que se te cante. Si lo que te interesa es la ficción, como dice Woolf. A mí justo eso es lo que me interesa. Me interesan también los derechos de los seres vivos y la filosofía, pero no veo una separación en ese sentido. Soy ambigua como Barthes. Como Lessing también a su manera. Dejo constancia aquí, si mi vida finaliza: fui libre. Tengo 45 años y habité la libertad.
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