8 de mayo de 2026

Libre V - VIII

Libre V

Vaya, donde una se dirija hay algún recuerdo de violencia. Pero yo dije que iba a hablar de la libertad. Pero sin un guion preestablecido, de manera libre (para estar bien a caballo del tema). Suena coherente. Pero estábamos en esto de la escuela. Cuando teníamos seis años una persona del país ganó el concurso internacional de miss universo. Ese concurso de belleza en que desfilan, con un traje de fiesta, en traje de baño, entre otros, creo que también responden preguntas. Fue un gran acontecimiento porque nunca antes nadie de Chile había ganado, y yo creo que ese tipo de noticias eran algo a explotar además, recordemos que todavía estábamos en dictadura. La ganadora había estudiado en nuestra misma escuela, así es que nos hicieron sacar las sillas afuera de las salas y sentarnos formando un largo pasillo por el corredor, y ella fue a visitar la escuela y pasó por aquel pasillo de niñxs, mientras supongo que aplaudíamos o algo así. A ese mismo pasillo salíamos todas las semanas formados a cantar el himno nacional, incluida la estrofa donde se toca el tema de los valientes soldados, y donde se menciona “que han sido de Chile el sostén” y a nosotrxs invariablemente nos daba como risa nerviosa que se mencionara un sostén (en el sentido de sujetador femenino), que no era el sentido de la frase, pero daba lo mismo, y siempre nos reíamos de decir aquella palabra que nos ruborizaba y hacía mención a partes íntimas y prendas femeninas, que no ocupábamos, porque teníamos cuerpos infantiles, y que nunca ocuparían, en el caso de los hombres, aunque quien sabe, tal vez sí, a escondidas, o luego de una transición de género, en cualquier caso en ese momento nadie ocupaba.


Libre VI

Pero a mí me ocurrió que tenía unas camisetas, que tenían tirantes, como un sujetador, que ocupaba bajo la camisa escolar. Ocupábamos un uniforme en la escuela, por lo que todxs estábamos vestidos iguales, o muy parecidos, en cualquier caso tenía que ser igual. Por alguna razón que no recuerdo un compañero vio que yo tenía tirantes de sujetador. Entonces se le ocurrió la genial idea de comentarle a toda la clase que yo usaba sujetador, lo que no era cierto, pero daba lo mismo, y el asunto fue que luego recuerdo haber tenido que correr por el patio completo escapando de los compañeros que querían ver mi supuesto sujetador, y yo exhausta corre que corre, para que nadie me alcanzara y no tener que exhibir mi camiseta, ni tener que hablar de ese tema que no me correspondía, pero el giro de la trama es que en vez de desesperarme me sentí importante, porque de pronto era el centro de atención y los compañeros querían alcanzarme y cerciorarse de lo que había dicho el que vio los tirantes de aquella misteriosa prenda. Luego de correr por horas, o tal vez fueron unos minutos, me alcanzaron, y yo jadeante, no me quedó otra que exhibir los tirantes de mi camiseta, pero aclarando que no era un sujetador, lo que ya había hecho. No recuerdo si tuve que mostrar la camiseta completa para que me creyeran. Pero la persecución acabó, eso sí lo recuerdo, y también recuerdo que años después, empecé a ocupar sujetador aunque mi pecho era plano como una tabla porque no quería ser la única que no usaba, así es que yo anuncié que también usaba, no importa si era necesario o no. No tenía mucho sentido, pero me sentía incorporada en la novedad. Me sentía libre de hacer lo que yo quería. Libre, a veces, es un concepto elástico.


Libre VII

Otro evento relevante, un poco antes del pasillo de aplausos de la miss universo, al que el gobierno de facto le dio con bombos y platillos como un acontecimiento único e inolvidable fue el paso del cometa Halley por nuestro cielo. Era mejor mirar al firmamento que a los centros de tortura, había que mantener ocupada a la población con belleza y cometas. Bien. Entonces grandes orquestas, marchas militares, noticias en bucle, el país detenido (también en ese sentido), porque venía el cometa. Teníamos cinco años. Qué más quiere un niñx que ver un cometa. Es como ver a santa claus, algo que uno espera eras completas, lo que dura el tiempo en la infancia, algo infinito, iba a ser un momento de gran emoción. Además si estaba anunciado así como algo tan crucial en nuestras vidas, seguro que era algo espléndido, una oportunidad irrepetible (lo que no sucedía con las torturas, que se repetían). Bueno, el cometa, no se vio para nada, esperamos en vano, con recuerdos espaciales y cohetes, mirando hacia arriba con atención, pero no nos enteramos de aquel fenómeno estelar, sólo nos quedaron las marchas militares y la sensación de fiasco o tomadura de pelo, o tal vez sólo dijimos no vi nada, ¿y tú?, y seguimos jugando, y olvidamos al instante los cometas y las reinas de belleza. Lo otro nos costó más, una quiere hablar de la libertad y aquí está una hablando de cometas y torturas.  


Libre VIII

Es divertido que haya mencionado que voy a hablar de la libertad, y termine hablando de recuerdos aleatorios de mi infancia en dictadura. Suena paradójico, pero ahí está quizá todo el tema. Tal vez justo hablar de lo contrario ayuda. Para clarificar. Qué es esto, y dices lo que no es. Eso ya te va avanzando en el asunto. Entonces luego vino el momento en que había que decir no, con fuerza decir no. Teníamos siete años. Yo había entendido que había que decir no, pero a veces no sabía, porque en mi inmensa familia había unas personas que decían que había que decir sí, y otras que daban la vida por afirmar que era no lo que había que decir. El sí era una banderita del país, y el no un gran arcoíris. Recuerdo la canción del no, decía: Chile, la alegría ya viene. Si supieran adónde llegamos ahora. Es como el anuncio del cometa que no llegó. ¿Y la alegría? ¿Y el arcoíris? ¿Ya viene? Al bolsillo. Mejor la banderita chilena. Borrar los colores del arcoíris y dejar el blanco, azul y rojo, tres colores son, yo los llevo adentro, de mi corazón. Era un poema que había que recitar cuando niñxs, en esos momentos del himno del sostén. La historia parece que se va repitiendo como esas noticias que anunciaban al cometa. El cometa Halley se parece a veces a la democracia, se supone que pasa, pero no se ve. Comíamos en esa época de la alegría que ya venía grandes algodones de azúcar, eso recuerdo bien porque siempre me parecieron fantásticos esos dulces como nubes. El sabor me importaba menos, no era lo mejor que he comido, pero ese borrón rosado gigante me indicaba una alegría que ya venía. La nube se deshacía en la boca, y en realidad no quedaba nada, era como comer aire dulce, pero no importa. Al menos en ese momento, comiendo los algodones de azúcar rosados, la alegría llegó. Pero las historias continúan, y no siempre de la mejor manera. Al dictador no lo juzgaron nunca y había que verle la cara sentado en el congreso, como una gran bofetada que se va repitiendo, y ahora ese presidente que es amigo de sus amigos. El algodón de azúcar ya no corre, y el cometa definitivamente no llegó. Los recortes en educación y las fosas, sí. El algodón de azúcar se deshizo a continuación del voto, no quedó nada. El color rosado ni hablar, quedó para los vestidos de señoritas. El morado y el verde, al ropero, con los profesores de gimnasia que van a medir la grasa para ver si engordaste, que van a tocar tu cuerpo para vigilarte, y algunas otras cosas. Pero sobre todo, sobre todo, para que nunca en tu vida, pero nunca, nunca, conozcas la libertad. 

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