29 de septiembre de 2025

Aparato complejo (Libro)

Aparato complejo

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Prefacio

Aparato complejo es una novela. Es el cuarto libro de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primero, Lisa Lyon Barthes y el arte, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, trata sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, y el cuarto, este libro, Aparato complejo, trata sobre el amor. Cuando comencé a redactarlo era el cumpleaños número cuarenta y cinco de quien fue mi primer amor, a los quince años, Felipe Parker Undurraga, snowboardista chileno, campeón sudamericano y candidato a vencedor mundial, fallecido a los veintiséis años de edad. Caí en cuenta en ese momento que habían pasado exactamente treinta años desde esa relación, a los quince años, en que descubrí el amor por primera vez, y quedé en jaque hacia adelante. Treinta años amando, y desamando. Decidí entonces reflexionar sobre este recorrido de treinta años. Yo misma voy a cumplir cuarenta y cinco años en exactamente dos meses más, el 29 de noviembre, y dado que es la mitad de la vida, mejor ir sacando cosas en claro, si es posible. En el amor hay que insistir, de eso no tengo dudas, con más fuerza que nunca en unos tiempos infames como estos. Lo que no tengo claro es que haya que insistir en las relaciones de pareja. Al menos como algo esencial. Las alegrías esenciales, a saber, el sol, el espacio, el verde, como decía Le Corbusier, el arquitecto del lugar que aparece en la foto de la portada, la Ciudad Radiante en Marseille. La pareja como una alegría esencial, tengo mis dudas. He estado en pareja casi toda mi vida, treinta años, con algunos intervalos. Quise rescatar en este libro las experiencias que han sido las más relevantes. Siento la necesidad de sacar cosas en claro antes de volver a embarcarme en proyectos de esa especie. Mi feminismo, mi libertad, mi condición literaria y mi necesidad de sentido exigen profundizar en esta serie de encuentros y experiencias, porque como sabemos no todo es coser y cantar en estos tiempos de la superficialidad y la masacre, antes de considerar llevar a cabo una nueva aventura de esta envergadura. Experiencias ingratas este año con personas que tienen más dificultad para reconocer a los demás me han puesto en compás de espera en este ámbito, sumado a dos matrimonios que se acabaron, y otras relaciones años atrás que fueron importantes para mí, en treinta años de insistir en la construcción de vínculos que signifiquen algo. Que sean algo esencial, sino para qué hacerlo, no veo la motivación. Estoy consciente de las dificultades, las propias y las que me exceden totalmente, que tienen que ver con los demás, y en gran parte con el contexto. No veo posible vivir vidas sin examen, o relaciones que no estén habitadas realmente por lo que considero es el amor: la capacidad de ver a los demás y el deseo profundo de querer estar con alguien. Algo que me desarme absolutamente, en caso contrario tengo mejores cosas que hacer para pasar el rato. Byung-Chul Han menciona una cita de Kafka que anota Roland Barthes en uno de sus libros: “Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos.” La música interna de las cosas suena por primera vez al cerrar los ojos, cosa que introduce su demora, escribe Byung-Chul Han, el amor es una conclusión absoluta porque presupone la muerte, la renuncia a sí mismo. Este libro fue mi manera de cerrar los ojos para identificar lo que fue música. Para dilucidar qué puede ser música hacia adelante. Creo que amar a alguien, como todo lo demás, tiene que tener un sentido, sigo buscándolo. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 29 de septiembre de 2025.

Andréa Balart-Perrier (de nacimiento Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) es una escritora y abogada de derechos humanos, francesa, chilena, española. Escribe literatura hace 20 años, y es autora de más de 100 libros, publicados en Fée Éditions / Intemperie Ediciones, entre los que destacan la serie de novelas: Lisa. Cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal. Activista feminista, participa hace más de cinco años en agrupaciones feministas militantes, y es cofundadora y miembro de Parchadxs / Collectif féministe et antiraciste. Trabajó diez años como abogada, entre ellos cuatro años en la oficina de UNICEF (Naciones Unidas) en Santiago de Chile. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona, y completó cuatro años de estudios de doctorado en filosofía y literatura (candidata a doctora) por la misma universidad. Máster por la facultad de filosofía y literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile. Franco-chilena-catalano-vasca, vive en Lyon, Francia, desde hace más de una década (Lyon Ciudad de la Literatura UNESCO).

Lisa Lyon Barthes y el arte.

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf

Grandiosa mitología

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf

Aparato complejo

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_aparato_complejo_24-09-25.pdf



28 de septiembre de 2025

Aparato complejo VIII-XIV

VIII

Ya se ve como el aparato complejo tiene que debatirse con todo, el amor, la debacle, la distancia. No le he dado tregua al aparato complejo. Treinta años de intensidad sublime. Lo compadezco por una parte. Pero sigue latiendo. Con la misma intensidad, eso es lo más extraño. Aunque ahora no esté latiendo por nadie en particular. Sólo por este otoño, asoleado el día de hoy. Por esta ciudad. Por el grupo de activistas que me motivan a seguir en las calles para que algo se arregle, aunque sea pequeño. No nos rendimos ante los poderosos. En eso hemos estado siempre muy claros. Aunque el aparato complejo sea el terreno eterno de las dudas, en lo otro hay convicción, aunque sí muchas dudas también. Estamos rodeados parece, por las dudas. El aparato complejo es un nido de dudas. Porque existir tiene esa sustancia vacilante. 

IX

Señor agrimensor, dice el maestro del castillo de Kafka, usted deberá renunciar a no pocas fantasías, ya lo veo. Qué vamos sacando en claro. Treinta años. Recapitulemos. A ver. De los quince a los veinte años. Qué tenemos. Comenzó el funcionamiento de este aparato complejo. Conocí el amor con Jérémie el esquiador. Expansión, expansión. Naves espaciales, veleros. Subir, subir, meses después caer, caer. Conocer por primera vez que el amor no duraba para siempre. Que podía acabar, a pesar de las cimas y las promesas. Bastante duro. A los diecisiete años caí en las garras de Arsène el guitarrista, con quien compartí mi vida hasta los veinte años. Su nombre suena como arsénico. Tocaba bien la guitarra, creo. Aprendí mucho de música, de eso no tengo dudas. Sus oscilaciones y sus siete años más de edad me hicieron creer que el amor era una cosa. A los veinte años todo terminó y estaba lista para comenzar algo (y olvidar todo lo anterior, tal vez).

X

De los veinte a los veinticinco años. Compartí mi vida con Ariel el dibujante. Mucho amor y muchos viajes. Fui muy feliz. Intentar sacar adelante una carrera. Lograrlo a costa de perder la cordura. No fue tan feliz. El aparato complejo sometido a pruebas complicadísimas. Adam el explorador y la explosión constante. Los límites de Ariel el dibujante en lo tocante a los compromisos, y las dudas incesantes en relación al camino que íbamos a seguir, juntos o separados. Arriba, abajo, al lado, al otro lado. Amigos, baile, dudas existenciales, el cuerpo de Ariel el dibujante. La delicadeza de Ariel el dibujante. Su creatividad, acompañarnos, reírnos. El miedo, la tensión, el futuro que no llegaba, ni en lo profesional ni en nuestras ganas de estar juntos. El aparato complejo como en una batidora, el aparato complejo en pausa. La necesidad de que todo fuese tomando forma. Pasión y dificultad. Música y temor. Se preparaba el final de algo que fue un gran idilio, con montañas rusas. 

XI

De los veinticinco a los treinta años. El primer tramo recuperarme de lo que empezó a ser mi existencia sin Ariel el dibujante. Vagar en la oscuridad. Comenzar a trabajar como abogada, nuevos mundos, nuevas personas. Conocer a Henri el tenista. Pero antes de eso reencontrarme con Virgile el naturalista, mi primer novio infantil de los once años. Sentir que era el amor de mi vida y que todo tomaría forma. Partir de viaje varios meses, para encontrarme a la vuelta de que no lo era, y que la dirección de los acontecimientos sería otra. Henri el tenista, sentir que era el momento de crear algo grande, grandes palabras, grandes acciones. Casarnos, viajar, armar cosas, tener miedo. Preguntas serias, determinantes. Cada vez más preguntas serias y determinantes. Nuevamente vagar en la oscuridad. Se preparaba el camino para terminar con esas grandes cosas y en cambio buscar otras. También grandes, distintas.

XII

De los treinta a los treinta y cinco años. Primero terminar de hundirme. Comenzar a escribir con aún más ahínco. Tomar decisiones. Comenzar una vida sola. Acompañada de los derechos humanos y la literatura. Acompañada de la música. Subirme a estrellas espaciales y recorrer todo lo que podía llevarse a cabo. Concluir que esta era la vida que me hacía volar. Decidir que retomaría el plan inicial de partir lejos. Irme del trabajo. Hundirme procesando todo lo que había ocurrido en ese trabajo y en los últimos años. Tocar fondo. Despertar. Partir. Para no volver nunca más. Para redactar los libros. Para darle forma al activismo. Llegar a Barcelona. Conocer a Jean el saxofonista. Saber inmediatamente que era el amor de mi vida. Luego de un año a la distancia, terminar el master y partir a Francia a vivir juntos. A comenzar una vida literaria que siempre estuvo muy clara en mi complejo aparato entre los pulmones. Decidir que nos casaríamos con Jean el saxofonista. Decidir que habitaríamos en el campo entre los árboles y los venados. 

XIII

De los treintaicinco a los cuarenta años. El idilio absoluto con Jean el saxofonista. Celebrar en Avignon mis treinta y cinco años y nuestra decisión de compartir la vida, ojalá para siempre. Mudarnos a Serpaize, preparar nuestra casa. Tomar la decisión que dedicaría mi existencia a la literatura. Comenzar a redactar las grandes novelas, sin tener idea qué significaba eso. Trabajar duro. Viajar mucho con Jean el saxofonista. Pasear por Francia completa. Estar en el bosque. Leer como mala de la cabeza. Escribir como poseída por algún demonio creativo. Años en el bosque y las flores. Mis hermosos hijos adoptivos. Mi suegra maravillosa. Los gatos. El piso de Lyon, por primera vez. Compartir mi vida entre la ciudad y el campo. Las letras, las letras. El activismo comenzaba a dibujarse más claramente. Terminar de darle forma. Ser feliz con Jean el saxofonista. Disfrutar de la vida. 

XIV

De los cuarenta a los cuarenta y cinco años. Comenzar la revista Simone. El colectivo feminista y antirracista. Nuestros caminos con Jean el saxofonista se iban distanciando imperceptiblemente. El aparato complejo fuertemente sacudido con todo esto. Incomprensión. Preparar el camino para mi instalación definitiva en Lyon. El departamento frente al río. La explosión creativa. Las cientos de novelas. Los intentos infructuosos de comprender cómo se recomponía el aparato complejo y de saber si servía aún para amar a alguien. Concluir que no. Una y otra vez. Aventurarme en historias extrañas. Muy extrañas. Terminar más desilusionada y hastiada que antes. Asuntos que no terminaban de cuajar. Asuntos que cuajaban, o parecían cuajar, pero luego se enredaban. La literatura como camino único. Los derechos humanos siempre presentes. Caer en cuenta que son treinta años amando. Terminar la recapitulación. Declararme fuera de juego. En los márgenes extraoficiales de la vida. Perdida en letras y tramas. El aparato complejo latiendo como nunca. El sol que aparece en un día que se anunciaba nublado de un blanco cerrado. Tomar un café, escuchar Fiona Apple. Leer a Kafka, a Eva Illouz, a Roland Barthes. Leer a Doris Lessing y a Byung-Chul Han. Saber que lo que siempre me ha acompañado ha sido el amor y el arte, y quiero creer que la vida. Sigo buscándola. Pequeñas olas en el río. La debacle mundial. La esperanza en el futuro. Un presente planetario ciego y confuso. Cerrar los ojos para sentir el sol en el cuerpo. Recibir un mensaje de Liam el comediante. No tener idea de lo que es el amor y tener muchas dudas para responder ante la incomprensión del aparato complejo. Decidir que han sido treinta largos años. Cuarenta y cinco años de vida y un futuro, y un presente. Sol otoñal. Barcos. Embarcaciones. Milagros. Desastres. Confianza. Amor. Arte. Música. Cine. Literatura. Escribir las novelas y partir a Chile para cumplir los cuarenta y cinco años. Comenzar algo que tenga sentido. Volver a Lyon. Vivir. El aparato complejo se ha divertido conmigo. Que su intensidad siga iluminándome. Asoleándome. Llevándome en las embarcaciones. El aparato complejo, ese órgano misterioso y sin razones. La existencia puesta en manos del azar. Puesta en manos del arte, la grandiosa mitología, la maquinaria insólita y el aparato complejo. No se puede decir que no lo intentamos. 

27 de septiembre de 2025

Agustina

Hoy la pequeña Agustina, mi ahijada, ya no es tan pequeña y cumple nueve años. Nueve pequeños y grandes años. No es tan fácil la distancia en lo relativo a la pequeña Agustina, pero conjuro la distancia, como todo lo demás, escribiendo. Así es que observo los barcos con luces de colores por el río y redacto unas líneas para ella, mientras ella celebra con sus amiguitos y la familia. El aparato complejo que late la mantiene muy cerca para que crezca grande, hermosa, talentosa y cariñosa, como es. A Agustina le gusta leer, igual que a mí, compartimos esta actividad esencial. También le gustan las aventuras, como ella me ha expresado, así es que también estamos cerca en eso. Quizá algún día quiera también redactar líneas, o no, podrá hacer lo que estime, pero tal vez no sea eso porque a sus padres les fascinan los números, aunque también las letras, sobre todo a su padre. La filosofía y las letras. Agustina sabe que su misteriosa madrina vive en Francia y escribe libros, y me apersono cada año para pasar con ella momentos que atesoro, en que jugamos, hacemos paseos y leemos. Tal vez debiese decirle cosas serias e inmensas a Agustina hoy en su cumpleaños, pero lo único que espero es que sea feliz. Lo único que quisiera que sepa Agustina es que la queremos y que no necesita hacer nada más que ser amable y ser feliz. Agustina la vida parece misteriosa, pero no es tan misteriosa, hay el amor, los juegos y los libros. Los bosques y los animales. Los amigos y una familia que te adora. Da libre cauce a tu imaginación, y todo eso que está contigo, es real. Acuérdate, todo es real. No dejes que nadie te intimide. Eres la princesa de todas las comarcas, y la astronauta que sube a las naves, y la marinera que va por el mar, o lo que tengas ganas. Qué más te da. Es tu vida. Que este décimo año que comienza sea la fantasía total y todas las flores se plieguen a tu vuelo. Aquí tienes una madrina que le gusta inventar cosas, así es que podemos inventarlas juntas, y ser felices. Soy afortunada de tener una ahijada tan hermosa, inteligente y amable como tú. Cada día agradezco a tus padres que me dieron esta tarea que guardo en mi corazón, la de seguir de cerca tus maravillosos pasos y estar para ti. Estoy honrada en todo momento de la propuesta que se me realizó: desarrollar mi papel de apoyo incondicional a todo lo que eres y quieres ser. Cuenta conmigo, la gran fantasía y este inmenso viaje que hacemos juntas por la existencia, con todos los que te queremos. La dicha es la de volar y la música. El amor completo es para ti, Agustina. Sé feliz. 

26 de septiembre de 2025

Aparato complejo VI

Digamos ahora que este es el año del genocidio. Lo que más lejos está del amor. Treinta años y el número treinta el genocidio. No es posible amar en este año miserable. Yo no he amado a nadie en este año de la infamia. El cuerpo no me ha permitido ese tipo de actividades. El aparato complejo confundido y entristecido. Rebelde pero inerme. Desconsolado pero tenaz. Me guardo a una cierta distancia de esos encuentros y me he refugiado en los libros. Me he refugiado en la amistad y el activismo. Pero todo se viene abajo y no se ve el final. ¿Tanto poder tiene esta gente? ¿Tanto dinero tiene esta gente? ¿Tanta inhumanidad tiene esta gente? El aparato es complejo, pero cuando existe no participa en genocidios. Nos han faltado las palabras en el año del genocidio. Nos van a seguir faltando al parecer, porque a veces el mal y la ambición no tienen límites. Se sentía demasiado feliz por tener a Frieda en sus manos, siente K en el castillo de Kafka, demasiado temerosamente feliz también, porque le parecía que si Frieda lo abandonaba, le faltaría todo lo que tenía. Kafka entendió bien lo que es el amor. Este año hemos perdido todo lo que teníamos. Perdimos lo que una vez llamamos amor. El túnel es largo y lóbrego para recuperarlo. Cómo seguir entonces. Volvamos a definir esta palabra que destruyeron, saliendo a las calles. Aunque todo sea falta y abandono. Volvamos a encontrar todo eso que teníamos: una comunidad. El amor es el lenguaje del aparato complejo y no se opone a la política, la nutre. El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro o de la diferencia, escribe Byung-Chul Han. El caso se cierra, por lo general con mucha justicia, pero de todos modos arbitrariamente, dice el alcalde del castillo de Kafka. Recuperemos la comunidad, reparemos. La política no puede nunca separarse del amor, ni del arte. Volvamos a crear esa comunidad política del arte y del amor.  

Aparato complejo IV

Treinta años amando, debiese recibir una condecoración. Salir adelante al podio y dar discursos. Ir a grupos de ayuda y compartir la experiencia. Ir por las calles esparciendo la palabra. Escribir libros. Llueve, llueve hace días, en la gran ciudad de la literatura y la resistencia. En esta gran ciudad galo-romana al infinito. La ciudad de las colinas del trabajo y la oración. De los anchos ríos y puentes hacia el abismo. Porque así es amar: un abismo. Es urgente sacar algo en claro después de treinta años de ejercer esta actividad: compartir mi vida con seres humanos del primer sexo. Yo estoy en el segundo, según Simone de Beauvoir. Cómo me ha ido: más o menos. A ratos bien, a ratos mal. Lo importante a estas alturas es no dar pasos en falso. Debiese dar clases, impartir seminarios. El arte de amar en las grandes ciudades. El arte de amar en las colinas y los puentes. En los ríos y en las calles. Los parques y los acantilados. Ir por las calles y querer amar. No es suficiente. Doy fe. Toda destreza parece experimento. Los nuevos desafíos son constantes. Desvarío; desvarío total, dice la mesonera en el castillo de Kafka, se confunde uno mismo jugando con tales desvaríos. No, dice K, no hemos de confundirnos. Ahí está la clave: no hemos de confundirnos. En treinta años puedo decir que el amor no es tantas cosas sino muy pocas, y que efectivamente no hemos de confundirnos. Este será el primer capítulo.  

24 de septiembre de 2025

Aparato complejo III

Veamos la descripción de Kafka del amor: “Se abrazaron. El pequeño cuerpo ardía en las manos de K. En un descontrol del que K. trataba continua pero inútilmente de salvarse, rodaron algunos pasos que fueron a dar sordamente contra la puerta de Klamm, y ahí se quedaron acostados. Allí pasaron horas; horas de un simultáneo latir de corazones, horas en que sus alientos se fundían, horas durante las cuales K. seguía teniendo la impresión de que se extraviaba, o de que se había internado tanto como ningún otro hombre antes que él en lo desconocido, en un lugar tan extraño que ni siquiera el aire tenía allí una partícula del aire de su tierra, aire que, de tan extraño, tenía que resultar sofocante, y ante cuyos insensatos atractivos uno no podía sino seguir avanzando y perderse.” A ver si sacamos algo en claro, para que no todo sea suspensión y sinsentido. Descontrol, extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable. Perfecto. Kafka me ha ayudado mucho más de lo que él se imagina. Me reconozco en todas. Tal vez sobre todo en el descontrol y el extravío. Pero también en lo desconocido sofocante, y en lo insensato inevitable. Se ve que Kafka estaba encantado de enamorarse. Que era lo que más quería, pero luego ya se iba arrepintiendo y quería mejor escribir, tal vez. No hay razón para el delirio. ¿Pero quería él la razón? Quizá lo que lo mortificaba era la razón, esa que no va unida a la desorientación del aparato complejo. Creo que el amor muy calculado pierde magia, y luego un contrasentido, y eso él lo entendió bien. El aparato complejo se mueve en el terreno del descontrol. Luego las cuentas van contra su naturaleza jovial. Tal vez lo de más expectativas también tiene que ver con más cálculos. Pero el amor es autónomo. En cuanto se lo une a intereses o imposiciones se rebela. Creo que sólo es posible amar en libertad. Para eso hay que ser libre, y en muchas ocasiones no es posible. Pero incluso en esas queda una oportunidad, la de no plegarse a la desfiguración. Hay un espacio que siempre nos pertenece. Yo ahora lo empleo para leer a Kafka y ver si entiendo algo de este castillo en el que me pierdo y me encuentro, guiada por el aparato complejo que no me da tregua en el despiste y confusión. Quisiera no crear castillos en el aire, pero llevo mucho entrenamiento en estas lides: es mi ocupación principal. Crear castillos, en el aire. Inventar. Me la paso inventando. Organizando sucesos en tramas, eventos en historias, sentimientos en intrigas, emociones en argumentos. Debiese escribir novelas. En realidad es lo que hago. Debiese vivir en novelas, en realidad es lo que hago. Soy experta en este tipo de confusiones y desconciertos donde todo se mezcla y no hay claridad ninguna. Me he salvado de laberintos que parecían sin salida. A veces me ha salvado el azar, y otras veces los demás. Insisto con mucha fuerza en el arte, quizá ahí está el problema. Un arte a prueba de todo. Lo que sea que eso signifique. Confío en el descontrol, el extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable.

23 de septiembre de 2025

Pepo, 45 años

45 años mañana. La mitad de la vida. Partiste mucho antes que eso. Me gusta escribirte para tu cumpleaños, es un ritual que atesoro. Pronto yo también estaré en la mitad de la vida, nacimos con dos meses de diferencia. Yo me quedé, tú partiste de manera prematura. De interrogantes está poblada la existencia. Luego de tu partida de mi vida tuve muchas. Pero a esa edad tal vez era lo que tocaba: partir. Estar en pareja con la intensidad del amor que compartíamos quizá era apresurado, todavía había otras cosas que hacer. Pero era la primera vez, el primer amor que te lleva a observar la vida desde una cima. Cómo más podía abordarse. Es muy fuerte el primer amor. No se olvida. Yo no te olvido, y me gusta en tu cumpleaños decirte que fue inolvidable. Que me parecías perfecto. Que te amé con un sentimiento que me hizo invencible hacia delante. Fui feliz. De eso hace ya treinta años. No creas que las cosas han cambiado mucho. Todavía es difícil, y tan mágico. Sé ahora con certeza que seríamos amigos. Que habríamos descubierto alguna manera de seguir encontrándonos, aquí en Francia, o en Chile. Lo importante es que viviste veintiséis años arriba de la tabla y era lo que querías. El resto, olvídate, somos nosotros los que recordamos.

22 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita (Libro)

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf

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https://www.academia.edu/144092398/Maquinaria_ins%C3%B3lita

Maquinaria insólita es una novela. Es el tercer libro de Lisa Lyon Barthes y el arte, luego de Grandiosa mitología. De esta forma: Lisa Lyon Barthes y el arte, Grandiosa mitología, Maquinaria insólita.

Lisa Lyon Barthes y el arte.

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf

Grandiosa mitología

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf


Papá

Hoy está de cumpleaños mi padre. En Santiago de Chile, donde vive. Hace unos meses estuvimos paseando por Marseille y por las Calanques, con mi madre también. Días asoleados y de ponernos al día de todo eso que trae la vida. Mis padres me han siempre escuchado y apoyado en todo. Podrás llegar adonde quieras, tienes mucho talento, siempre ha sido amable y cariñoso mi padre. Yo lo admiro mucho. Siempre lo he admirado mucho. Te ayudaré siempre en lo que quieras estudiar, es lo único que podré dejarte, me dijo. Es lo más importante, me dijo. Yo no tuve esa ayuda y fue difícil para mí. Me fui a Estados Unidos a estudiar, y no tenía dinero ni sabía el idioma, pero pude hacerlo finalmente, pintando casas y trabajando en un laboratorio. No te faltará nada, te lo prometo. He tenido siempre un padre presente. Un padre atento a mi destino y quehaceres. Haz lo que quieras, pero trabaja duro. La pasión es muy importante. Mi padre me regaló cientos y cientos de libros que inundaban mi casa durante toda mi infancia y adolescencia. Muebles completos de colecciones de colores, aventuras e historias fantásticas, que leía como si mi destino completo hubiese estado descrito en esas páginas que me hacían volar. Hice cientos de viajes guardada en esos muebles eternos de libros. La educación es lo más importante, pero hay algo aún más importante: el amor. Tienes que amar a todos los seres vivos, todos tienen un alma y una vida que cuidar. No estás por sobre nadie. Eres parte de algo más grande y que te excede. Te mostraré lo que pueda del mundo. Todos esos secretos que he descubierto. El amor se construye. Debes priorizar a quienes amas, darles tiempo, ponerlos en primer lugar siempre. Honro su vida como si fuera lo único que tengo. Es tan grande su existencia que es una barca donde voy río abajo para saber que podré llegar al mar. Papá, todo ha sido por ustedes, por estar a la altura de tu generosidad. Por agradecer tu compañía y todo lo que me has entregado. Me enseñaste el amor y el altruismo. La pasión y el trabajo duro en los quehaceres que nos elevan. Sigo tus pasos y voy río abajo con esperanza. Muy feliz cumpleaños, el sol es tu aliado, y has formado parte de su magia. Que siga brillando tu amor y tu hermosa generosidad, que ha transformado todo en ritual de agradecimiento.

21 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita XIV

Tal vez, de lo que en realidad quiero hablar es la condición humana. La condición humana y los tiempos sombríos. Que se asemeja a la condición literaria y el otoño. El extraviarse en ocasiones. La condición humana es necesitar del amor y el arte. Es quizá lo siguiente: mi persona real, dice K en el castillo de Kafka, yo, que estoy afuera de las oficinas, y a quien amenaza un perjuicio, que sería tan absurdo que continúo sin poder creer en la seriedad del peligro. El peligro está ahí, frente a nuestros ojos. La maquinaria insólita nos alcanzó como una aplanadora. El peligro está ahí, hoy, ayer, devastando en tiempo real a la persona real. Los que están afuera de las oficinas. Como tantas otras veces, y de manera distinta que otras veces. Yo no pensé que iba a presenciar un genocidio en tiempo real de la persona real. Somos nosotros mismos el castillo que se va cerrando. Las zanjas, los cocodrilos. El otoño nos va perteneciendo y entonces la condición humana se transforma. Es primera vez que veo un despliegue activista de esta envergadura. Es primera vez que veo un despliegue activista que no cambia un ápice el curso de los acontecimientos. Somos la persona real, y las oficinas son muy fuertes en este momento. Tal vez siempre lo fueron, pero tuvimos una esperanza. Quisimos creer en el amor y el arte. Insistimos una y otra vez en la fuerza. La fortaleza de la persona real. Nos hemos quedado sin herramientas. La condición humana es esperanza y límites. Los que sentimos y los que se nos vienen encima. Quiero insistir en que nunca los dejaremos ganar, pero entonces el amor y el arte tienen que significar algo. Pronunciarlos tiene que tener un sentido. Perdimos, perdimos esta vez, pero ganaremos para la próxima. La condición humana es morir y volver a nacer. Es morir y volver a morir. Es nacer, y volver a nacer. Llueve en la ciudad en este primer día del otoño, y luego vendrá el invierno. Luego será volver a nacer, y siempre, siempre, insistir en el amor y el arte. 

20 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita XIII

Ya que quedó claro lo que no es amor, ni arte, tal vez a estas alturas haya que hablar de lo que sí es amor, y arte. Porque de tanto irse en ese viaje uno va pensando que no es capaz de amor ni arte, y es todo lo contrario. El problema es otro. Se requiere la persona y el libro correcto, y el amor y el arte no se improvisan, o está o no está. Pero yo sé que soy capaz de amar. Lo supe ayer cuando vi la aparición de Pascal el dramaturgo. Tengo una conexión con él muy excepcional. Pero tampoco voy a hablar de esto, porque es el caos absoluto y nunca se entiende nada. Quizá es todo responsabilidad de que el tema aquí sea el otoño y la condición literaria: un caos absoluto. Entonces una quiere organizar un poco las cosas, sacar aspectos en claro, zanjar, afirmar conceptos e ideas universales, y nada más alejado del otoño y la condición literaria. Un gran vendaval, lluvia, hojas cayendo, colores imprecisos, sol tibio, atardeceres amarillos, música afilada, días escabulléndose, noches instalándose. Dudas, nostalgia, conductas a veces erráticas y sin demasiada coherencia. Pero, de todos los estados está hecha la vida, aunque ahora las historias parezcan la felicidad constante y sostenida. Es lo más cansador que hay. Yo he querido aquí hablar de historias sin salida, con colores difusos, sin metas, sin objetivos, un libro de las historias cotidianas, y tantas veces sin sentido. Porque todo parece en ocasiones un empujar a la producción ambiciosa y está muy bien, pero nada se mantiene en el tiempo sin contratiempos. Siempre se me criticó mucho, a mí y a tantas personas, esa necesidad de viajes impecables, de destinos claros y líneas firmes. Comencé hablando de este viaje de doce años que llevo en la barca, y ha sido todo menos definiciones estrictas: la literatura no lo permite. La literatura es el caos absoluto, desde el cual debe nacer algo. No tengo idea qué, pero voy atenta. No sé cuántos castillos he dejado atrás. Remando, remando. Este año ha sido un desastre. Muy difícil, ver la debacle del mundo, y tener que seguir remando. Además tener la fuerza de seguir dándolo todo por los sueños colectivos, por una existencia universal sin machismo ni racismo, y constatar con estupefacción y profunda tristeza que la contienda es durísima. Hay eso también en el otoño, y este año ha sido un año de un gran otoño eterno y crudo. Dan ganas de hablar de otras cosas, de sumergirme exclusivamente en las letras, pero es ilusorio, todo se viene abajo, es hora de seguir. Siempre seguir. Nunca me he rendido, eso lo sé. Lo que más duele es la impotencia. La muerte y la impotencia. Quisiera elaborar nuevos sueños colectivos. Sacarse de encima la desilusión. Dejar de hacerlo es haberlos dejado ganar. La condición literaria tiene esa fuerza ante la adversidad. Nunca los dejaremos ganar. 

19 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita X

Cómo conocí a Liam el comediante. Fue hace más de un año, en esta ciudad. No lo conocí en realidad. Qué fue lo que sucedió. Era un 14 de julio, día de la toma del castillo. Aquí no nos apropiamos de ningún castillo, pero sí vimos fuegos artificiales. Es un lugar que se llama las subsistencias, como si el arte fuera intentar sobrevivir de manera constante, que creo lo es. Un día de mucho calor y festejos. Vimos unas performances de baile que me gustaron mucho. El lugar queda ubicado en la escuela de bellas artes de Lyon, a unas cuadras de mi casa, un edificio antiguo, y en el centro había una especie de kraken gigantesco de madera y metal, con sillas de playa todo alrededor. Algo así como que uno estaba en el mar con esta criatura bestial, pero aquí era algarabía veraniega y descontrol. Luego de la danza había una dj y bailamos. Había un tipo que estaba bastante borracho, y colisionaba con nosotros de tanto en tanto, una amiga quería llamar a los guardias, y otra se puso a bailar con él. Fue un espectáculo divertido, porque era como dos polos que no se encuentran, cada una en su planeta. Yo por mientras estaba dedicada al baile, la música era muy buena, con mi grupo de amigos, y un poco más allá estaba Liam el comediante, que me observaba de tanto en tanto, con su grupo de amigos. Ni él ni yo nos acercamos a conversar, por mi parte supongo que por timidez, y de parte de él no tengo ni idea, pero el resultado es que no hubo intercambio alguno más que miradas. Grandes fuegos artificiales, y luego la fiesta se daba por terminada y había que seguirla en otro lado. Nos sentamos en el muro de la reja del recinto que da a la acera, esperando que se solucionara el incidente del hombre borracho, que estaba ahí y al parecer había intensificado su colisión con los demás. Liam el comediante estaba un poco más allá, con un grupo de personas, al otro lado de la puerta, por el mismo muro. Le comenté a mis amigos que me parecía guapo, pero eso no más, que no me atrevía a ir a hablarle, incluso aunque había existido una clara interacción visual. ¿Alguien le puede ir a pedir el teléfono?, pregunté, un poco en serio, un poco en broma. Una amiga, para mi sorpresa, responde, yo voy. Partió a hablar con Liam el comediante, de quien no teníamos noticia del nombre ni nada, pero ahí estaba. Nos quedamos observando, mientras había el altercado con los guardias y el sujeto ebrio, y ella entre la gente abordando a Liam el comediante. La verdad que la situación era bastante cómica, no puedo mentir. Esa batahola de situaciones que a mí siempre me hacen soñar porque parecen historias que luego uno puede escribir. Entremedio del caos, llegó de vuelta con el teléfono, ni el nombre ni nada, sólo el teléfono, de Liam el comediante, cuya identidad conocería con posterioridad. Le agradecí la hazaña, nos reímos todos, antes de partir a otro lado, sin mirar mucho hacia el alboroto, para no cruzar miradas de nuevo con Liam el comediante, porque mi timidez se había acentuado luego de tan valerosa proeza, de la que yo en realidad no había hecho nada. Pero ahora tenía un teléfono anotado en un papel. Al cabo de un par de días, resolví enviar algún mensaje. Contestó enseguida. Me llamo Liam, me dijo, soy comediante. De acuerdo, le dije, yo me llamo Lisa, y soy escritora. Lamento haber enviado a mi amiga a preguntarte el teléfono, en vez de haber ido yo misma. Vaya, me dijo, nuestros nombres se encuentran. No hay problema, respondió, me alegro que me escribiste. Tuvimos una conversación espaciada, yo porque estaba escribiendo libros y él porque había partido unos días a Grecia a presentar una obra. La conversación podría haber proseguido, pero unos días después comencé una relación con Jeff el botánico, y no volví a enviar respuesta alguna, hasta el jueves en la tarde, más de un año después. Qué te trae por aquí después de todo este tiempo, me preguntó. Es una buena pregunta, me dije a mí misma. No hablé de novelas y personajes, me pareció de mal gusto. Me limité a dar una breve explicación. Se mostró conforme, me gusta la historia, tal como es, me dijo, estoy en pleno proceso creativo, así es que lleno de efervescencia, me dijo, ¿y tú en qué andas?, quiso saber. Entonces por alguna razón de tipo intuitiva, porque así son las cosas que me pasan con él, reapareció Pascal el dramaturgo, y todavía no le respondo a Liam el comediante. Dije que la condición literaria era un desastre. 

Maquinaria insólita IX

Tal vez la condición literaria se ajusta perfectamente a mi personalidad porque nunca fui del grupo de la estabilidad extrema. Siempre me pareció que había una anomalía en esa conducta. Algo que no terminaba de cuajar. Sin embargo, veo que fue un error escribirle a Joseph el alpinista y Liam el comediante, ahora tengo que responder, y no tengo espacio en mi cerebro para eso. Esa es la falla del otoño, realizar actos que luego se devuelven contra ti. Lanzar un boomerang que luego te da en plena cabeza. Tratas de esquivar y nada. El boomerang en tu ojo. En tu oreja, sangrando. En tus sienes heridas. Luego las trampas del suelo, caes en las zanjas, cocodrilos, y todo eso que hay alrededor de los castillos. Una maquinaria insólita para impedir que ingreses. Yo no sólo no puedo esquivarla, sino que la impulso. Confío en ese boomerang obediente que no va a darme en plena cara, pero claro que sí. Ahí está la falla, queda aislada, se ve, como en un microscopio, o en un telescopio, porque tiene que ver con las estrellas celestes de los versos. Los versos crean universos. Ahí está uno. Con cocodrilos y versos. Las hojas de papel rasgadas por los dientes, mojadas con el agua, la tinta esparcida por la página, las ropas hechas jirones, pero sobrevives, en general. Los versos crean puentes para llegar a los castillos y luego la gran puerta cerrada que te muestra el impasse de la condición literaria: tienes todo y no tienes nada. Crees tenerlo todo, y en realidad nada. Describes los cocodrilos y los puentes, para pasar el rato, mientras sabes que todo es un callejón sin salida, el amor, el arte, y sobre todo, la condición a la que perteneces: la condición literaria. Vivo en el impasse interminable.  

17 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita VI

Tal vez el problema es confundir la enfermedad literaria con amor o arte. Hay que separar las cosas. O quizá es todo lo contrario, son lo mismo y se quiere separarlas. Desde dónde nace la creatividad. No se puede separar la creatividad de la inspiración, así como no se puede separar al ser humano del artista. Una amiga me envía una foto de un lugar al que las dos íbamos a bailar en la adolescencia, en un pueblo junto al mar. No nos conocíamos en esa época, caímos en cuenta hace poco que veraneábamos en el mismo poblado. Era un recinto que se llamaba César, en una ciudad que queda en la región de Valparaíso, en Chile, su nombre es Concón. Me quedo observando la foto, es muy buena, se ve la gran circunferencia de cemento junto a las olas, lo que era el techo del sitio, que ahora está abandonado. ¿Lo reconoces?, me dice. Me tomó un momento. Pero habíamos comentado de eso hace poco, así es que me dije, debe ser eso. Así es, me dijo. Me quedé pensando en ese local, en tantas vacaciones en esa playa. De pronto recordé que fue en ese establecimiento que besé a alguien por primera vez, creo que tenía catorce años. Bueno, Virgile el naturalista dice que fue con él a los once años, pero de ese beso no me acuerdo, pero sí que fuimos novios y que nos dábamos la mano. Tengo guardada una pequeña carta en que me pregunta si quiero ser su novia. Yo le respondí de vuelta con una pequeña misiva en que indicaba que sí, pero que me iba de vuelta a mi casa a la gran ciudad, porque se habían acabado las vacaciones, pero que sería para la próxima. Todo fue en persona, nos entregamos cartas. Ahora que lo pienso es una historia fantástica. Las cartas para que todo quedara secreto entre nosotros, para que hubiese misterio y expectación. Las historias buenas son así. Pero volvamos al César a los catorce años. Es importante el primer beso. Tal vez debería acordarme si fue con Virgile o no. Pero centrémonos en esta historia. Recuerdo que bailé, era alguien unos años mayor que yo, y que luego me dijo que nos sentáramos a conversar en unos sillones que había en esa especie de bar discothèque con grandes ventanales que daban al océano donde se podía ver la luna brillando en la inmensidad. Lo único que recuerdo de la música es Soda Stereo, de esa vez. Suena romántico todo, pero el sitio era más cercano a un bar de mala muerte que al espacio de tus sueños. Pero eso lo sé ahora, en ese momento estaba bien. Nos sentamos. Conversamos. De a poco se fue acercando, y luego se me vino encima y me besó. Recuerdo que me sorprendió, pero tenía noticias de estas prácticas amorosas, así es que no me alarmé. Además me parecía guapísimo, por lo que no opuse resistencia. Ahora bien, lo del beso en sí, no me gustó mucho. Me esperaba otra cosa. Lo de la lengua me pareció demasiado íntimo e invasivo. Me llevé una desilusión. ¿Esto es?, me dije. Pensé que podía ser mejor. Al personaje en cuestión no volví a verlo. Quedamos de reunirnos al día siguiente en la playa del pueblo de al lado, pero no llegué. Creo que la situación me intimidaba. Preferí dejar la experiencia hasta ahí. Igual había sido una experiencia interesante. Seguí de todas maneras recordándolo por un tiempo. Alguna vez lo vi en Santiago en otro bar discothèque, al año siguiente puede ser, pero nunca más volvimos a cruzar palabra. Lo que recuerdo es que se quedaba al lado de la pista de baile y observaba, era una conducta extraña, a decir verdad. En cualquier caso, creo que la inauguración de mi sexualidad fue pacífica, una experiencia agradable, raya para la suma, como se dice, aunque lo de la lengua en principio impacte un poco. Ahora que lo pienso estoy contenta que no nos volvimos a ver, pero no sé bien por qué, intuyo que continuarla no habría sido lo mismo que esa fuerza inicial. Bueno, con esto queda zanjado el vínculo próximo entre enfermedad literaria, amor y arte. 

Maquinaria insólita V

La literatura me ha perjudicado en algo: me meto en cada problema, todo sea por explorar personajes e historias. Es como que fuera armando sola castillos de Kafka. Mientras más intrincado se ve el personaje y la historia: mucho mejor. Debe ser una enfermedad la literatura: buscar el castillo. Cuando el mar se anuncia apacible: por supuesto ahí no. Definitivamente es una enfermedad. Yo no sé cómo no me di cuenta antes. De repente me dije, le voy a escribir a Joseph el alpinista, lo que finalmente no hice, ahí fue cuando caí en cuenta de que es muy grave esta condición literaria. De dónde nacen esas iniciativas. Lisa, por dios, lee Kafka, Barthes, Han, Illouz, Lessing, quédate tranquila y redacta las líneas, pero eso no, no de nuevo, me dije. Todo se reveló en su amplitud. Lo peligroso de la enfermedad literaria. Lisa, son personas, no personajes, tienes que darte cuenta, me dije. Pero la maquinaria insólita se pone en movimiento, y es muy difícil detenerla. Es muy difícil. Retomamos el intercambio con Ariel el dibujante hace unas semanas, y por supuesto inmediatamente un conflicto, son muchos años, y él debe tener una enfermedad parecida, pero por motivaciones disímiles en este caso, no sé cuáles serán las suyas. ¿La planicie lo alarma? Tal vez nos entendemos en eso. Pero si Joseph es planicie, por qué escribirle. Ahí está el nudo ciego, el castillo firme. Kafka lo entendió todo, y yo, al parecer, nada. Partir de cero una y otra vez. Libérame, enfermedad literaria, si se van los demonios, ¿quedan los ángeles?, como temía Rilke. Libérame, enfermedad literaria. El problema es creerse invencible, la maquinaria insólita te salta encima inmediatamente. Libérame, enfermedad literaria. Repetirlo como un mantra. Tal vez deba hacer un ritual de caminar por las calles y sacarme de encima los demonios del otoño. Existir es un eterno retorno diabólico. Escribir es una maldición inenarrable. 

Maquinaria insólita IV

¿No le aburre la historia?, pregunta el alcalde del castillo de Kafka. No, dice K, me divierte. A esto repone el alcalde: no se lo cuento para su entretenimiento. Me divierte sólo porque, dice K, así puedo hacerme una idea de la ridícula confusión que en determinadas circunstancias decide la existencia de un ser humano. Una descripción perfecta de mi existencia. Esta secuencia una y otra vez. Biografía: ¿no te aburre la historia? No, me divierte. Esto no está hecho para tu entretenimiento. Me divierto sólo porque puedo hacerme una idea de la ridícula confusión que decide nuestro destino. Hay algo reconfortante de encontrar la secuencia de tu existencia en un pasaje de un libro. Es como sentirse en casa. Como tener un nuevo gran amigo. Creo que el arte y el amor también están en ese pasaje. Un pasaje estrecho y en penumbras, pero de un éxtasis interminable. Me divierte lo que no está hecho para mi entretenimiento. Ese oscuro fondo que va decidiendo nuestro destino. La falta de historia es más o menos lo mismo. ¿No te aburre la falta de historia? No, me divierte. No está hecho para que te diviertas. Me divierte sólo porque puedo hacerme una idea precisa de la dificultad o del aburrimiento de una historia sin tener que entramparme o hastiarme en ella. Observarla con distancia, digámoslo así. El cerro de expedientes al lado del escritorio, aburre. Si no hay historias te sacas los expedientes de encima. Bueno, si llega una historia que tenga trascendencia y trasgresión ahí es otro cuento. Riesgo, atrevimiento, exceso, locura. Todo está en divertirse en lo que no está hecho para tu entretenimiento. 

16 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita III

Qué es el amor, qué es el arte, cada cierto tiempo hay que volver a estas preguntas insidiosas. Nunca puedo realmente dejarlas de lado. Son tal vez maquinarias insólitas que nos van consumiendo. Creo que estas son tal vez mis dos preguntas principales. Luego voy identificando lo que no es amor ni arte. Así voy despejando, para llegar a respuestas que sirvan de algo. ¿Se van modificando las respuestas? He estado riéndome a carcajadas con el castillo de Kafka. Donde sucede todo aquello que es lo más lejano al amor y al arte. Mi ambición, dice K en el castillo, no reside en hacer que se formen y se derrumben estrepitosamente grandes columnas de expedientes referentes a mí, sino en trabajar como simple agrimensor frente a una pequeña mesa de dibujo. Básicamente Kafka comprendió muy bien lo que es el amor y el arte. La ambición simple de querer trabajar en una pequeña mesa de dibujo, pero estar rodeado de expedientes que te lo impiden. Es como que todo se confabulara para alejarte de esa tranquila mesa de dibujo. Además expedientes con la información más extraña. Grandes embarcaciones que quieren eliminar todo atisbo de amor y arte, y una en su pequeño velero con la mesa de dibujo intentando trazar líneas mientras las gigantescas olas formadas por los cruceros logran que todo salga deformado. Desde que retomé la lectura de Kafka hace unos meses he estado comprendiendo bien dos cosas, la descripción perfecta de esa noción de nudo ciego en que vivimos tantas veces, y cómo el humor puede desmontarlo. Leía hoy una carta que escribió Judith Butler en que compara su situación a la de K en el proceso, me sorprendió la coincidencia, y me entristeció, por supuesto. Son tiempos amargos en tantos sentidos. Definitivamente hay que insistir en el amor y el arte. Trazar las líneas en la pequeña mesa de dibujo, aunque todo sea deformación por las grandes olas.  

14 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita II

Invento cosas nuevas por mera rebeldía. Rehuyo las imposiciones en todos los sentidos. Me alarman, me aburren. En este aniversario de viaje no estoy en viaje. Estoy en mi casa y observo el atardecer otoñal por la ventana. El río y la ciudad sumiéndose en la noche. En vez de pensar en amantes, como corresponde a una situación de estas características, pienso en libros y en películas. En tramas posibles. No me voy a intimidar por la falta de historias porque es algo que he generado. Lo prefiero a la negociación interminable, al menos de momento. De todas maneras puedo preguntarme qué es el amor y no pasa nada. Ahorro tiempo para más adelante. Cuando la ocasión se presente. Para estar preparada. No me vaya a pillar de imprevisto. Pienso en los personajes de mi libro. Por supuesto nada cercano al amor se me viene a la mente cuando reflexiono sobre ellos. El amor es otra cosa. Qué es. Por primera vez no tengo ni la más remota idea. Bueno, en la espera de algo más sustancial, desarrollar unos personajes puede ser amor por el momento. Inventar cosas nuevas por mera rebeldía. Echar a andar la insólita maquinaria. A esa que le gustan los atardeceres, y la música. Me divierto en grande, esa es la verdad. Publicar libros es como subirse a una montaña rusa, y yo a esas estoy totalmente acostumbrada. De hecho lo estático, estático, me alarma, me aburre. Soy feliz inventando cosas. Me parezco en eso a mi padre, que está muy pronto de cumpleaños. Su cerebro es una maquinaria insólita, lo admiro mucho. Él tampoco lidia bien con las instrucciones, igual que mi madre. Creo que mi condición la heredé. Ese amor absoluto por el movimiento, por las posibilidades. Hacer del atardecer la ocasión de preguntarme qué es el amor, sin mayores respuestas. Tal vez esto: personajes en vilo intentando subir al velero. Tori encontró el amor, estoy contenta por ella. Siempre estoy contenta cuando a las personas les va resultando el viaje posible. Aunque luego las cosas se modifiquen, como suele ocurrir. El amor es tal vez esto, las montañas rusas que nos despiertan a lo que en realidad somos: un condensado de dudas y resquemores. Riesgo, exceso y locura. Sin deseo no hay viaje posible. Como escribe Byung-Chul Han, al amor de hoy le falta toda trascendencia y transgresión. Por mientras escribo. Dijimos que lo importante es hacerlo. 

Maquinaria insólita

Un día como hoy hace doce años partí. Tenía un poco más de treinta años. Mi llamado era la literatura. Estaba atrapada en una maquinaria insólita. Ahora sé que está en todos lados. La diferencia es que ahora me siento más libre. Creo que todo ha sido exactamente igual a la película Queer de Luca Guadagnino, basada en el libro de William S. Burroughs. Una peregrinación a la selva tupida en busca de algo que no se sabe bien qué es ni qué efectos tendrá. Un recorrido donde te faltan cosas y las consecuencias no se dejan esperar. Aquí no es síndrome de privación porque te falta la heroína sino otras cosas. Aspectos que hay que estar gestionando cuando se es inmigrante. Aquí tampoco estaba en busca de yagé para alcanzar la telepatía, sino de entender de qué se trataba ser una escritora. Todo el resto, igual. Anhelar cosas, seducir por terquedad al que huye, escribir, tomar café o cerveza en bares perdidos, ir por lugares donde no has estado nunca, aprender otra lengua, pertenecer a categorías marginalizadas, llegar a una jungla compacta y apelmazada, intentar llegar al sitio donde se supone que hay secretos que imaginas basándote en libros que encontraste por casualidad, conocer personas de la más diversa índole y sorprenderte sin cesar, y hacer un viaje del que crees que en cada ocasión no podrás volver, sin entender nada a continuación, pero con grandes esperanzas de ir encontrándote una y otra vez con lo que ha valido a la pena, como el amor, la amistad. Yo antes le decía a todo el mundo, tienes que partir, es fantástico, ya no, ahora pienso que lo correcto es decir, tienes que partir es fantástico, si tienes espíritu aventurero. Bueno, a veces no queda otra. Si tienes espíritu aventurero, o no te queda otra. Ser inmigrante es esto: estar obligado a tener una proactividad ilimitada. Así no más me quedo tranquila en la casa: nada. Así no más voy a buscar cosas sola: nada. Ni comida, ni trabajo, ni casa, ni documentos, ni amigos, ni personas, ni pareja, ni vida. Ser inmigrante es la experiencia de la interdependencia total. Cuando uno viene de un país neoliberal es una linda experiencia. Paradojalmente tal vez lo que más he disfrutado es ser nadie. Tal vez lo que más he disfrutado es el arte. Ser nadie y sumergirme en el arte. El yagé lo encontré, hundida en la selva espesa. El síndrome de privación lo superé, aclimatándome cada vez a lo que se me venía encima. Al inicio escribí la siguiente biografía: “Nací en 1980 en Santiago de Chile. Así: Andrea Francisca Balart Armendariz. Todavía estaba el bárbaro al mando, asolando medio país. Cuando pude partí. Barcelona, Lyon. Andréa Balart-Perrier: sólo quiero escribir (y leer).” Creo que ahora sería así: “sólo quiero escribir (y leer).” Aquí estoy, el yagé lo llevo conmigo, la mitología y el arte. Literatura o nada. El nobel o nada. Lo importante es hacerlo.