Veamos la descripción de Kafka del amor: “Se abrazaron. El pequeño cuerpo ardía en las manos de K. En un descontrol del que K. trataba continua pero inútilmente de salvarse, rodaron algunos pasos que fueron a dar sordamente contra la puerta de Klamm, y ahí se quedaron acostados. Allí pasaron horas; horas de un simultáneo latir de corazones, horas en que sus alientos se fundían, horas durante las cuales K. seguía teniendo la impresión de que se extraviaba, o de que se había internado tanto como ningún otro hombre antes que él en lo desconocido, en un lugar tan extraño que ni siquiera el aire tenía allí una partícula del aire de su tierra, aire que, de tan extraño, tenía que resultar sofocante, y ante cuyos insensatos atractivos uno no podía sino seguir avanzando y perderse.” A ver si sacamos algo en claro, para que no todo sea suspensión y sinsentido. Descontrol, extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable. Perfecto. Kafka me ha ayudado mucho más de lo que él se imagina. Me reconozco en todas. Tal vez sobre todo en el descontrol y el extravío. Pero también en lo desconocido sofocante, y en lo insensato inevitable. Se ve que Kafka estaba encantado de enamorarse. Que era lo que más quería, pero luego ya se iba arrepintiendo y quería mejor escribir, tal vez. No hay razón para el delirio. ¿Pero quería él la razón? Quizá lo que lo mortificaba era la razón, esa que no va unida a la desorientación del aparato complejo. Creo que el amor muy calculado pierde magia, y luego un contrasentido, y eso él lo entendió bien. El aparato complejo se mueve en el terreno del descontrol. Luego las cuentas van contra su naturaleza jovial. Tal vez lo de más expectativas también tiene que ver con más cálculos. Pero el amor es autónomo. En cuanto se lo une a intereses o imposiciones se rebela. Creo que sólo es posible amar en libertad. Para eso hay que ser libre, y en muchas ocasiones no es posible. Pero incluso en esas queda una oportunidad, la de no plegarse a la desfiguración. Hay un espacio que siempre nos pertenece. Yo ahora lo empleo para leer a Kafka y ver si entiendo algo de este castillo en el que me pierdo y me encuentro, guiada por el aparato complejo que no me da tregua en el despiste y confusión. Quisiera no crear castillos en el aire, pero llevo mucho entrenamiento en estas lides: es mi ocupación principal. Crear castillos, en el aire. Inventar. Me la paso inventando. Organizando sucesos en tramas, eventos en historias, sentimientos en intrigas, emociones en argumentos. Debiese escribir novelas. En realidad es lo que hago. Debiese vivir en novelas, en realidad es lo que hago. Soy experta en este tipo de confusiones y desconciertos donde todo se mezcla y no hay claridad ninguna. Me he salvado de laberintos que parecían sin salida. A veces me ha salvado el azar, y otras veces los demás. Insisto con mucha fuerza en el arte, quizá ahí está el problema. Un arte a prueba de todo. Lo que sea que eso signifique. Confío en el descontrol, el extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable.
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