A veces me digo: no voy a renunciar al amor de mi vida. Lo que es totalmente ridículo porque no es una decisión que dependa sólo de mí. Me quedo entonces con la pregunta. Me pregunto qué significa renunciar, qué significa el amor de una vida. Qué esperas, Lisa, de esta relación. Qué le estás pidiendo a la vida. Qué necesitas y sigues buscando. Soy toda preguntas en definitiva. Pero me guía su sonrisa, sin su risa en mis pulmones no hay interrogantes. ¿Hiciste todo lo que pudiste?, canta Ani DiFranco. Lo que también es ridículo de preguntarse porque no quiero hacer nada. Quiero que la vida venga a mí, y yo concentrarme en mis libros. A veces deseamos cosas sin entender bien por qué o sin evaluar exactamente qué significan. Lo que lleva aparejado a ese deseo que queda en la sombra. Dejamos de verlo. El cerebro está lleno de puntos ciegos. Juega con nuestro corazón como se le da la gana. Sin darse cuenta de la fragilidad de una llamada, de una sonrisa. De reírse al unísono. De esa mirada que te perteneció y que te acribilla. Hay una música que se acomoda perfectamente al alma, pequeñas modificaciones cada día que van esculpiendo las emociones. No quiero renunciar al amor de mi vida.
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