16 de marzo de 2025

Doris III

Doris unió todo en un cuaderno dorado. Unió todo en una vida. En unos libros. Su movimiento y su conciencia. Con la belleza. Yo también quiero unirlo todo. Mis fragmentos, mis identidades, mis intentos de modificarlo todo. Doris Lessing me ayuda. Va haciendo bullir mi alma. Mi cerebro. Es como un sol permanente. Es como fuego que va fraguando a fuego lento. Leo a Doris Lessing, y escucho a Ani DiFranco al escribir. El sol va y vuelve entre las nubes. Me siento en una mesa en la parte de atrás de la casa que da al bosque de Villa Gillet y el parque de la Cerisaie, donde me llega el sol en la mañana. Que va y vuelve entre las motas de algodón enormes que se mueven apenas. Qué necesitabas tú, Doris, le pregunto. Qué necesitabas para escribir. Voy sacando pistas de sus libros. Cada vez que encuentro una soy feliz. La siento más cerca. Cómo uniste todo, le pregunto. Cómo. Sus palabras me cobijan, esa es la palabra. Su destreza, su fluidez, la manera de moverse por las páginas como si uno fuera río abajo en una balsa apacible. Como si el sol estuviese ahí fijo. ¿Hiciste todo lo que pudiste?, Ani DiFranco no deja de preguntar. Ayúdame, Doris. Ayúdame. Dame fuerza. Dame esos rayos de sol que necesito. 

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