16 de marzo de 2025

Doris II

Qué he perdido por la literatura: todo. Gané amigxs escritores que leo en libros. Gané algunos amigxs escritores de carne y hueso con quienes hablo en persona. Mi vida es básicamente palabras. Que emocionan, que modifican. Palabras que van desordenando. En ocasiones me siento en una nave espacial, en un barco, mi casa es como un barco, y voy separada del resto del mundo. Pero sé que estoy muy adentro. Doris Lessing me entrega nuevas respuestas. Cientos de nuevas preguntas. Vivo de preguntas. Creo que no hay nada menos glamoroso que ser escritor. Una persona con un café mirando al vacío. Anotando ideas desesperadas, ideas suplicantes. Una persona caminando por el borde del río con muy pocas respuestas. Con una soledad que te constituye. Ser escritor es lo más anti-social que hay, y al mismo tiempo lo más social. Ese equilibrio entre ver a las personas para poder hablar sobre ellas, pero luego dejar de verlas para poder organizarlo todo en el cerebro agitado. Mi cerebro vive en un estado de constante agitación. Como que estuviese encerrado en una cavidad, en una habitación, en una casa, en un país. Siempre he sufrido por estar atrapada, como Ben del libro de Lessing. No estoy atrapada, y sin embargo tengo que estar atrapada. Pero lo vivo bien. Hablo con muertxs, hablo con libros, hablo con espíritus transparentes que me van perforando el corazón. Pido auxilio, lanzo llamadas al espacio, o a donde quiera que estén. Por qué esto, Doris, le digo. Por qué aquí, por qué allá, por qué así, cómo se une todo. Doris lo unió todo. Todo. Yo lo perdí todo y ella lo unió todo. 

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