Tengo una nueva pareja: Doris Lessing. Nos conocimos hace años, pero volvimos a encontrarnos a fines del año pasado. Fue un flechazo absoluto. Un coup de foudre, como se dice aquí. Un rayo en tu alma. Está muerta: no importa. Se puede ser pareja de unos libros. Los vas leyendo y descubres cosas. Lo pasamos en grande. Nos divertimos completamente. Hasta conversamos. Tomamos café. Comentamos pasajes, capítulos, personajes, tramas, historias, progresiones. Nos entendemos perfectamente. Es como la relación del personaje de la canción de Serrat con la mujer de cartón piedra. Pero aquí hay contenido. Un ir compartiendo desasosiegos, luchas, interrogantes, convicciones. Sobre todo, Doris no me quita mucho tiempo y me deja escribir. Aprueba que yo escriba. Me impulsa. Me exhorta, de hecho. Tienes que seguir, Lisa, dice. Sigue adelante. Doris me deja llevar a cabo la relación como yo lo estimo. Haz lo que estimes, parece decir. No te intimides, no te rindas, no renuncies. Es exigente, Doris. Es una relación totalmente libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario