Cada vez entiendo menos de la vida. Pero la existencia del amor la conozco. Mi gran escuela fue mi hermano Felipe, que hoy cumple 36 años en el mundo transformándolo todo. Yo tenía un pequeño diario de vida cuando era pequeña, y anoté en ese feliz día 9 de marzo de 1989 (yo tenía ocho años): “hoy tuvimos una guagua, le pusimos Felipe.” Guagua es la palabra en Chile para designar a un bebé. Viene de la lengua quechua, de los pueblos indígenas de los Andes, y es una onomatopeya del sonido que hacen los bebés al llorar, gua-gua. Lo que enternece de mi anotación en el diario es el gesto colectivo que yo vi en ese nacimiento. Consigné que nos había llegado un niño, a todxs. El nombre lo propuse yo, sin embargo, y a mis padres les pareció bonito. Fue también una decisión colectiva. Redacté: nos llegó un bebé, como si viniera en una cesta por el río. Así era, nos llegó una especie de mesías salvador. Eso fue lo que ocurrió. Porque Felipe es una suerte de ser iluminado que llegó a salvarnos de nosotrxs mismxs. Llegó a enseñarnos lo que era el amor. Como un símil de Jesús en el pesebre. Todxs lo fuimos a visitar, siguiendo la estrella. No creo haber vuelto a ser tan feliz como cuando conocí a esa pequeña criatura traída por el agua durmiendo en ese pesebre: era sobrenatural. Era perfecto. Para mí lo sigue siendo. Felipe, El Gran Capitán. Este verano austral en un lago trajo su gran barco y paseamos por las aguas con brío, pelo al viento. Mientras recorríamos los parajes al sol con velocidad reinando el lago con gran serenidad sentí lo siguiente: soy feliz. No tuve dudas. El Gran Capitán hace eso: sabe cómo ser feliz. Mucho más que los demás. Todxs llenos de dudas, de problemas, de mezquindades a veces, pero El Gran Capitán trae su barco y todo es día asoleado y alegría. Antes del lago lo había traído para la piscina en navidad. El gran barco dentro de la piscina. Todos arriba, gobernando el día. La música del Gran Capitán es lo que me guía a mí, es lo que me hace vivir. No me equivoqué ese día 9 de marzo de 1989, nos llegó un mesías. Vino a salvarnos del aburrimiento y del hastío. Vino a mostrarnos con actos y gestos lo que es el amor. La consistencia de la felicidad. El Gran Capitán es mi vida completa y yo voy junto a la estela luminosa y musical que va dejando por el mundo cada día. Felipe, nuestro brillante salvador que además tiene un sentido del humor que va más allá que el que un ser humano pueda tener. Nada es aburrido con Felipe. Nada es plano ni superficial. El Gran Capitán de las cien mil aventuras es quien nos mantiene despiertxs y atentxs. Un tesoro de la humanidad. Una maravilla habitando el planeta. Felipe de mi corazón, MUCHAS GRACIAS, Y MUY FELIZ CUMPLEAÑOS.
Felicitaciones, un escrito sobre una persona preciosa, que es, al mismo tiempo, una lección de vida para cualquiera
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