Ayer me llamó Jean. Qué gusto, le dije, tanto tiempo, qué te trae por aquí. Veo que estás de vuelta en tu casa. Sí, me dijo, hace un momento ya. Me alegro, le dije. Cómo está Nadya tu canario trans. Aquí al lado, cantando, me dijo. Por qué le dices canario trans. Porque es un canario macho y se llama Nadya. Cierto, me dijo. Por qué le pusiste así. Me lo regalaron y se llamaba así. Quién te lo regaló. Cruella. De acuerdo, le dije. Qué nombre más raro el de ella. Por qué se llama así, pregunté. No sé, me dijo, tal vez a sus papás les gustó la película los 101 dálmatas. Puede ser, le dije. En qué anda. No sé, me dijo, hace un tiempo que no la veo. Te abandonó, le dije. Se fue con los dálmatas. No, yo la abandoné, dijo Jean. ¿Tú la abandonaste? Pero Jean, abandonas a todo el mundo. Estás muy aislado, por dios, un verdadero ermitaño. Lisa, no empieces. A qué te refieres, pregunté. Te conozco, me dijo. Ahora me vas a decir que nos veamos para tomar un café, y luego quizá qué. Pero Jean, si fuiste tú el que me llamó, y es Cruella la que me manda mensajes extraños, por qué me mezclan en esto. Cierto, me dijo Jean. ¿Cruella tiene trastorno de la personalidad múltiple, como la de la película? Lisa, por dios, dijo Jean. Bueno, explícame un poco, sobre esos mensajes, para eso me llamas, supongo. No, dijo Jean. Para qué me llamas entonces. Para que tomemos un café, Lisa. Por dios, Jean, no te hagas falsas ilusiones. Lisa, ¿me estás tomando el pelo? No, para nada. Sólo estoy repitiendo las cosas que tú me dijiste hace un par de años. Bueno, eran otros tiempos. Yo los veo iguales estos tiempos, le dije. Cuando haga más calor, le dije. No le respondas más a Cruella, me dijo. Jean, sólo le mandé el artículo de la ley que dice que todo lo relativo a mezclarse con correspondencia ajena es un delito. Lisa, no hacía falta, eres incorregible. Bueno, a veces hay que defenderse, ¿no?, respondí. Por qué leyó nuestras cartas. No tengo nada que esconder, Lisa. Pero Jean, no se trata de esconderse o no, la correspondencia es privada. No le respondas nada más, Lisa. Jean, tal vez me escribe a mí para ponerse en contacto contigo de alguna manera, pero qué mala estrategia, les recomiendo que cada unx resuelva los temas con quien corresponda. Lisa, ¿vamos a tomar un café? Estoy escribiendo una novela, Jean, no puedo ahora, cuando llegue el verano, como te dije. Pero si todavía no llega ni la primavera. Queda poco, le dije. Hoy se abrieron cuatro de las flores de mi orquídea blanca. Lisa, haces como que te estuviese proponiendo matrimonio, sólo te estoy diciendo que nos tomemos un café. Jean, ya estamos casados, así es que sé que no me estás proponiendo eso. No sé qué estás tratando de proponerme. Pero no te está resultando. Te dejo ahora que tengo que volver a la novela.
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