Cuando ya esté más tranquilo le voy a decir la verdad: no mejora, marciano. Es siempre así. ¿Cómo? Me va a decir. ¿Siempre es así? Te lo prometo. Pero yo no vine a esto, dirá el marciano. Da lo mismo eso, le voy a decir. ¿A qué viniste, en todo caso?, le voy a preguntar. Intentaré entablar un diálogo, con serenidad. ¿A qué viniste, crees tú? El marciano va a creer que es una pregunta sarcástica, pero es una pregunta genuina.
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