Hace un año conocí a mi futuro tercer marido, pero las circunstancias me lo arrebataron, luego de eso decidí cancelar la búsqueda. Tampoco se trata de inmolarse por la causa. Así es que yo cancelé la búsqueda. Así como cuando se pierden personas en la montaña, y pasan unos días sin rastro alguno. Entonces anuncian, se cancela la búsqueda. Como le pasó a los rugbistas de los Andes, atrapados en la cordillera. Les cancelaron la búsqueda y ahí estaban ellos. Asimismo, yo la cancelé. Se acabó, me dije. Dejé a los pobres rugbistas en la nieve. Porque ya basta. Tal vez están intentando mandar señales, y nada. Hasta nuevo aviso no hay más operaciones. Tal vez están pasando hambre y privaciones. Penurias extremas. Van a tener que esperar. Porque esa búsqueda requiere vocación. Siento la ausencia de ella en este momento. Cuando te dejan, agarras tus pilchas, y te dices, encontraré a otro. Luego te dices, no, parece que no voy a buscar nada. Parece que todo está fluyendo bien. Cuando transcurre un tiempo te dices, estoy preparada para esa búsqueda, y luego, no, parece que mejor no. ¿Para qué? Hay que tener consciencia de las cosas que uno hace. Los sitios de citas los abordo con muchas preguntas importantes. Así no avanzo nada. No puedo enfrentar la vida de otra manera. Observo los candidatos, mientras mi cerebro al mismo tiempo se interroga, ¿Andrea, en serio? ¿De verdad vas a hacer esto? No. He vivido toda mi vida estando en pareja y es difícil de describir la plenitud que he sentido estos últimos dos años. Es difícil dar pie atrás. Y los rugbistas atrapados en la nieve. Atrapados en los sitios de citas. Atrapados en aviones destruidos que ya no van hacia ningún lado. Es extraño como se instala esa idea de que es mejor quedarse en aviones destruidos esperando al helicóptero que caminar hacia el valle. Los rugbistas habrían perecido todos. El valle permite soñar. A mí no se me habría ocurrido nunca que no tener pareja podía ser mejor que tenerla. La vida siempre nos va sorprendiendo. Así es que queda cancelada por el momento la búsqueda de tercer marido. Queda la opción de que caminen hasta el valle. Las sorpresas, las buenas, son esa sal tan entrañable que le da sabor a la vida. Cuando los rugbistas salen de la nieve y aparecen en esos prados floridos cuando creías que estaban muertos, y no. Las condiciones de esa aparición hay que ir evaluándolas. Porque otra cosa es con guitarra, como se dice en el país donde nací. Significa que una cosa es la idea de esos rugbistas, y luego otra es cuando están ahí en tu salón, en tu cama. En la cancha es donde se ven los gallos, dicen también en mi patria. O algo así. La idea es que mucho bla bla no te va a indicar cómo es alguien, hasta que lo tienes ahí mismo. La sabiduría popular es la hostia. Uno debiera ir saltando de refrán en refrán, y todo solucionado. Conocer candidatos suele ser olvidar todos los refranes. Porque estar enamoradx es como pegarse en la cabeza fuerte. Tal vez ese es el problema. Cesé las operaciones porque sentí que ya había encontrado a mi futuro tercer marido. Tal vez la que está en el avión destruido soy yo. Sin rugbistas, y en cambio a ratos con ideas absurdas sobre las cosas. No hay caso, ser humano es un problema. Y el amor es una putada.
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