Lisa, me dije, hay que tener un método para ser feliz. Entonces salimos a buscar la llama olímpica. Porque nos dijeron que pasaba ahí donde estábamos. Por la playa de Biarritz, por el centro de Biarritz, por el parque de Biarritz. Por dónde diablos pasaba. Para ser felices necesitamos una llama, nos dijimos. Temprano en la mañana pasaba esa llama que necesitábamos. El método era algo por construir. Pero al menos la llama. Olímpica o no, qué más da. El calor es lo que cuenta. Tomamos medidas, nos acostamos temprano, nos despertamos a la hora que se nos indicó. Pero tomamos un café antes de salir, por supuesto, y entre una cosa y otra, llegamos a la plaza y no había nada. Debe estar por llegar, dijimos. Dónde está esa llama. Unos policías cortaban la calle. Claro, porque viene la llama. Me acerqué a hablar con ellxs. Hola, ¿la llama? Claro, la llama, contestaron. Va llegando a Anglet. ¿A Anglet? ¿Ya no está? ¿No viene? ¿No hay llama? Sí hay, dijeron, pero no está aquí, está en Anglet, luego estará en Saint-Jean-de-Luz, y después quién sabe dónde. Entonces no saben dónde encontrarla, afirmé. Sabemos el recorrido, pero dónde está esa llama, no. Tal vez si piensas un método para encontrarla, dijeron. Eso venía pensando esta mañana, les contesté. Un método. Para encontrar esa endiablada llama. Porque a veces todo es oscuro, como cuando gana la extrema derecha. Claro, dijeron, ahí se requiere una llama. Una llama fuerte y clara. ¿Ustedes vieron la llama?, les pregunté. ¿La han visto? La vimos, dijeron. Pero pasó rauda. Llegaste tarde, me dijeron. Tú método no va a servir así. ¿Y el café?, les dije. ¿Dejarlo todo por la llama? Claro, dijeron. Dejar de lado el café, porque después la llama se va. Tal vez ya va en Bayonne, y tú aquí. Cómo alcanzarla, les pregunté. Levántate más temprano. Ah, no, les dije, esos consejos de los refranes, no. A quien madruga, dios lo ayuda, y todo eso. Ahora no, ¿de acuerdo? Ahora no. Ahora tengo que encontrar la llama. Redactar un método para ser feliz. Levántate temprano, me decían, mientras se despedían en la oscuridad, moviendo las manos como en cámara lenta. ¡Fue el café!, les grité desde lejos. Pero cómo iba a saber que esa llama iba a pasar tan rápido. La ciudad se la tragaba la extrema derecha, y se escuchaba, ¡fue el croissant!, ¡fue el croissant! La policía decía levántate temprano. Tal vez el método para ser feliz es nunca dejar de buscar la llama, aunque sea tarde, aunque las calles estén cerradas, aunque no sepas con exactitud dónde se encuentra, aunque el encuentro sea una total incertidumbre. A la extrema derecha hay que pararla. Eso también está en el método. Buscar y parar. Ser feliz sin llama y con la extrema derecha, es extremadamente difícil. Ese es el método, ya lo tienes. Los detalles se van construyendo en los caminos. Ideal levantarse temprano, y el café tomárselo después de la llama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario