La familia de Maïa está perpleja porque Maïa tal vez ya no va a estar en Lyon, sino que en alguna otra ciudad, frente al mar, o no. Dónde va a estar Maïa. Y su familia qué. Huérfanas. No nos dejes, Maïa. Me encontré con Bestia, dijo Maïa. ¿Con un tequila sunrise en la mano?, preguntó Emma. Dos, dijo Maïa. Uno en cada mano. Con un paraguas de colores en cada uno. Con dos paraguas de colores dentro de cada uno. Con dos colores cada paragua dentro de cada uno de los vasos de colores. ¿No lo habrás imaginado?, preguntó Tori. A mí me parece que Bestia es el gran espejismo, dijo. Te acercas y no hay artista, sólo tequila sunrise, y los paraguas no son de colores. Lo que pasa es que Bestia es una artista imaginaria, dijo Cléo, con amigos imaginarios y amenazas imaginarias. Maïa, no te vuelvas espejismo, le dijimos. Eres nuestra familia. Quién nos va a hacer clases de danza. Quién nos va a enseñar sobre Isadora Duncan. Quién nos va a citar a César Vallejo. De acuerdo, la playa, pero no es suficiente para nosotras. No queremos espejismos, ya tenemos suficiente con Bestia. Votemos, propuse. La familia no te da permiso para irte, esto es como Hotel California, puedes entrar, pero nunca irte. Es como un juego, el que se va pierde. Sólo puedes ganas si nos invitas a la playa. Votemos, quién vota por autorizar a Maïa a irse. Y quién vota que Bestia es un espejismo y que en realidad la hemos imaginado. No es que ella imagina, sino que nosotras la inventamos. Para sentirnos mejor con nosotras mismas. De acuerdo, Lisa, yo voto porque Bestia es un espejismo, dijo Tori. Pero yo la vi, dijo Maïa, los paraguas se transformaban en criaturas voladoras. Yo también la vi, dijo Emma, y luego desapareció, nos dejó los tequilas rosados. ¿Viste a la artista imaginaria?, preguntó Cléo. No sé si tiene continuidad lo que la habita, dijo Tori. Tal vez aparece y desaparece, como el gato de Schrödinger. Existe y no existe, ahí está el asunto. Existe, sin existir. Es una apariencia de artista con forma de tequila sunrise. Es la gran paradoja. No sé si llega al final de sus amenazas, dijo Tori. Tal vez surgen y luego antes de alcanzar a ser se vuelven gato misterioso, dijo Maïa. Como un gato-teléfono, como los del cuento de Cortázar, dijo Emma. Es un gato, que en realidad es un teléfono. Una artista, que en realidad es tequila sunrise, y gato y teléfono. Tal vez en la playa toma la forma de una tabla de surf, y campea las olas, agregó Emma. No quiero encontrarme con ella en la playa, dijo Maïa. Vámonos a Biarritz, propuse. A surfear. A observar desde el faro. Para identificar con claridad los grandes espejismos. Necesitamos un faro. ¿Se dan cuenta?, dije. Lisa, todo calza, dijo Tori. Ahí en el gran faro blanco, podremos identificar a los tequilas sunrise. Maïa, no te vayas, dijo Cléo. Vivamos en el faro blanco. A resguardo de los grandes espejismos. Pero yo quiero explorar, dije. Bueno, Lisa, dijo Cléo, te importa o no la familia, tienes que decidir. Lo quiero todo, dije. No se puede, aseguró Cléo. Arista o tequila sunrise, hay que elegir. Gato o teléfono, y así. Una cosa o la otra. Somos una troupe de artistas cheerleaders, Lisa, acuérdate, dijo Maïa. No olvides las coreografías, que siempre terminan asomando la cara. Explorar, explorar, ¿y la familia?, ¿y la olla? Cómo hacemos. Yo le dije a Bestia, el tiempo es dinero, dijo Maïa, si eres como el gato que desaparece y aparece, no me sirve. Tengo cosas más importantes que hacer. Yo también, dije, explorar. Estoy indagando en la euforia. Todo calza, dijo Tori. Recuerden que la próxima semana son los helados, dijo Emma. Sin paraguas. Los helados y las coreografías infinitas. Traigan los pompones. Y los sombreros de pájaros exóticos, dos veces divorciados. Para ser artista no puedes ser un espejismo, dijo Tori. Eso es, dijo Cléo, hay que surfear la ola hasta el final. Atención familia, advertí, tabla de surf, faro, y estamos al otro lado. Sigamos explorando.
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