Tal vez la muerte de Hugo me despertó a la vida. Tal vez la muerte tiene esa capacidad. La persona nos falta pero le prometemos que todo será vivido. Le prometemos que dejó los mensajes correctos. Nos dijo, no pierdas tiempo, crea. No pierdas el tiempo, haz nacer el arte. Haz nacer la música. Haz nacer la obra de teatro, el documental. Guardo en mi alma las imágenes y la sensación de felicidad del documental que hizo Hugo con Pablo Neruda. Esa progresión mágica y a la velocidad del alma. Ese documental que me mostró una vez en su casa de Isla Negra, que vimos con él y la Charo Cofré y comentamos. Cuando se presenta la belleza sólo queda el asombro. Cuando la poesía llega al corazón como ola estamos indefensos a la bondad. Nos volvemos el océano y queremos abarcarlo todo. Quiero amarte, y al haberme vuelto océano tu barca se perdió entre mis mareas perfectas. Entre mis peces sagrados que iban recorriéndolo todo. Desde mi roca te observo y sé que serás mío. Porque en mi cadencia están los acordes de tu espíritu enloquecido. Se muere el universo de una calma agonía, escribió Neruda, sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde, agoniza Saturno como una pena mía, la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde. El amor tiene la fuerza de crear agonía. La fuerza del amor son estrellas rotas que dan en el blanco que más duele. El de la mayor agonía. El amor es esa agonía eterna que nos despierta a la vida. Que nos impide rendirnos. A veces me dicen, detén tu cruzada. Bájate de ese carroussel vacío del crepúsculo, que sugirió Neruda. Pero, pero, pero, yo quiero saltar al agua para caer al cielo, como escribió Pablo. Sacude las épicas eras un loco viento festival, escribió. Viento festival, ¿me llevas de una vez? Adónde me llevas, adónde me llevas.
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