No soy más que una máquina que escribe. El resto es un espejismo. Por eso es confuso, Loup. Pero las respuestas las tengo. Tú también las tienes. Por eso es tan vital. Porque es la raíz de la euforia. La necesidad de llegar, como una música, a tu alma. El infierno está cerca, canta St. Vincent. Estaba desnuda, canta, y tu palabra aún estaba caliente en mi mano, estaba desnuda, quería todo lo que el cielo permitía. La euforia comienza porque se está desnudo ante la vida. Porque en ese vacío toma forma el asombro. La raíz de la euforia es la curiosidad y el deseo vital. La certeza de esa intuición del paraíso. El que vislumbramos, Loup. Y nos dejó bailando en el aire. La literatura toma la raíz, y la hace subir, para luego florecer. La raíz de la euforia es la primavera de la vida. El anuncio de esos momentos en que todo calza. Cuando todo se conjuga, como el título de una foto que vi de un cisne despegando del agua, con sus grandes alas al sol y las gotas del líquido cristalino y su reflejo infinito. El amor tiene esa capacidad de crear euforia. La necesaria para vivir. La imprescindible para vivir. La raíz de la euforia es siempre el amor. Siempre la pasión.
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