8 de junio de 2024

Soy el animal que habita en la profundidad

Este es el tiempo del éxtasis no tengo dudas. Hace un año escribí lo siguiente: Hay música y hay música. A veces alguien crea algo que te modifica. Que te susurra al oído que la vida vale la pena. Que aunque tanto de lo que vemos es falso, otras cosas iluminan algo que está ahí dentro que quiere salir y tiene que ver con la libertad. Es el caso del último disco de mi querida amiga Camila Vaccaro. El que no lo escuche está dejando de lado algo crucial. Algo que podría hacer que te aferres a lo que queda a pesar de las ansias de dejarlo todo. Aquí dejo esta sugerencia para ti, en ese momento en que retrocedas del precipicio recordarás que la verdadera música es lo que nos mantiene en vida: Drama dramática forever. Estoy muy emocionada porque la Camila Vaccaro ganó ayer el premio a mejor cantautora en los premios pulsar de Chile. Se conjuga la poesía tarde o temprano y se condensa. Conocí a la Camila hace muchos años. Siempre la he admirado mucho. Nos conocimos, al mismo tiempo que conocí a mis amigxs Elena Jaime y Alejandro Venegas, en circunstancias muy fantásticas. Los cuatro seguimos en contacto, por un grupo que tenemos que atesoro. Nos conocimos tocando el piano. Los cuatro teníamos a la misma profesora, Gloria Inostroza, que hacía recitales grupales a fin de año en los que tocábamos todxs. Era una profesora impresionante. Muy estricta y mágica a la vez. Ella hacía los arreglos para esos recitales, en los que presentamos Rhapsody in Blue de George Gershwin, Jesus Christ Superstar y Cats de Andrew Lloyd Webber, en diferentes años. Íbamos a preparar Carmina Burana de Carl Orff, pero Gloria partió, dejándonos en la más completa orfandad. Preparar esas obras y presentarlas era una experiencia sublime. Además en los recitales cada unx tocaba alguna pieza. Aprendí con ella Chopin y Debussy, música que había querido tocar siempre, además de varios otrxs compositores. Gloria nos decía siempre, tienen que tomar las riendas de su vida. A nosotrxs nos causaba mucha gracia. Teníamos veinte años y su manera obsesiva de enfrentar el estudio a veces nos sobrepasaba. Pero Gloria tenía toda la razón en relación a las riendas de la vida. Hoy escucho a todo volumen el disco de Camila, Drama dramática, en mi equipo de música, brindo por todxs ellxs y me cae una lágrima. La Gloria habría estado muy orgullosa. Se abre un espacio sublime en la poesía porque el trabajo es reconocido. Porque todo el esfuerzo ha valido la pena. Siempre vale la pena. Estoy tan feliz por la Camila. Porque su arte me ha transformado. Siempre me transformó, desde que la escuchaba tocar en la casa de Gloria, en esa habitación sagrada donde tenía el piano. Es la música la que nos transforma. La pasión completa. La que tenía Gloria. La que tenía la Camila. La que tenemos nosotrxs. La Elena además cantaba lírico y a mí me parecía que ya podía morirme tranquila, y Alejandro tocaba Tori Amos, que era mi sueño, y mi admiración era absoluta. Lo que me hace vivir son esos amigxs que me han modificado. Esa música que me ha modificado, que me modifica. La música de la Camila alcanza algo muy vital. El alma misma, no sólo de ese país, también de la vida directamente. Sin mediaciones. Esa emoción que te indica que nada está muerto, y en cambio todo está vivo, incluso lo que ha intentado eliminarse. En esa música que compartimos yo comprendí con mucha claridad lo que era vivir. A veces una profesora te entrega mucho más que conocimientos o técnicas sobre algo. A veces te muestra un universo que te hace seguir buscando. Te muestra algo definitivo y algo por escribirse. Como la música de la Camila. Algo certero y por componerse. Porque las cosas cuando son importantes nunca dejan de construirse. Nacen y vuelven a nacer. Cada vez más alto. Cada vez más lejos. Cada vez más profundo. Soy el animal que habita en la profundidad, escribió Camila. La profundidad que todo lo ha alcanzado y que se renueva, como la necesidad sinfín de la poesía. Gracias, Camila, y todos los honores para tu nombre y tu música.

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