2 de junio de 2024

Perfume a manzanas y laureles

Vengo de una estirpe de justicia y poesía. Esa es mi constitución más íntima. Mi nombre es Andrea Balart Armendariz, y todas las tormentas están en mí. Tengo el impulso del vendaval que modifica. Aprendí que todo es transformación. Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales, escribió Pablo Neruda, en el libro que me regaló Hugo. A veces no tengo ninguna respuesta. Pero tengo la convicción de la justicia y la poesía. Es suficiente para seguir. Todo está ya en mí. Y todo lo aprendo. Leyendo, escuchando. Enfrentándome a la vida cada mañana con valentía. El camino de la justicia y la poesía es a veces difícil. La oscuridad ha querido sembrar dudas en mí en algunos momentos. Nunca he dado mi brazo a torcer. Porque me acompaña la justicia y la poesía, que son cosas muy concretas y a veces difíciles de asir al mismo tiempo. He intentado incansablemente encontrar la justicia y la poesía fuera de mí. Cuando todo se pone muy difuso dentro. Hay algo que siempre está intacto. Las ganas de seguir. El deseo de decir. El deseo de encontrar. El deseo de alcanzar. El deseo de ser. El deseo de personificar. De ser una persona, esa obligación ineludible, a la que aludió María Zambrano. No puedo volver a los diecisiete, como quiso Violeta Parra. Descifrar signos, volver a ser de repente, tan frágil como un segundo, como quiso Violeta. Volver a sentir profundo, en este instante fecundo, como ella cantó. Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber, dijo con su sabiduría habitual. Creo que mi serenidad está construida de justicia y poesía. Creo que mi torbellino está construido de justicia y poesía. No aspiro a otra cosa que comprender la existencia. Que comprender y vivir. A veces tengo miedo de vivir. Me basta con comprender.  

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