20 de julio de 2026

Pasión XXVIII

Hay libros cuya lectura podemos demorar, y otros que es necesario leer sin dilaciones, en este segundo caso está ubicado el libro de Valentina Correa Uribe, “Reflexiones sobre la vida, la justicia y el Estado tras el asesinato de mi padre”. Un homenaje a su padre fallecido por una bala pagada, y el calvario posterior para alcanzar justicia, y recuperar lo recuperable, dado que la vida no regresa. Un libro honesto y un libro inteligente, dos características que unidas hacen a un texto imbatible. Por qué hay que leerlo, porque habla de todxs nosotros, de nuestras falencias, y de nuestra humanidad compartida, sin eludir ningún asunto, desigualdad, ética, medios de comunicación, cálculos políticos, y haciendo frente a la complejidad, pero con una nitidez que se agradece. Si miramos de cerca, el tránsito nos interpela, porque tantas veces sigue ese camino exacto, violencia, trauma, un estado inoperante, una justicia posible, y la recuperación de lo que nos pertenecía, pero de otra forma, porque nunca se vuelve igual de la violencia. Quien lea encontrará su existencia reflejada, en una vivencia que llevamos dentro. El libro se divide en dos apartados, una reflexión impecable sobre el duelo, y un relato sobre el Estado de Derecho y sus sinsabores permanentes en el recorrido a conseguirlo. Estamos tan cerca de todo esto, nos constituye, y todas esas preguntas son las nuestras y más encima Valentina Correa Uribe aventura respuestas: es lo más alto que se puede pedir a un libro, que nos ayude a comprender y a despejar en qué estamos fallando y los caminos deseables. Una cruzada llevada adelante con determinación y con la pasión de quien sabe que fue amada. No rendirse se nutre tantas veces de esto, y en este caso de una ética transparente, y el sentimiento concreto de aportar a las modificaciones necesarias que vienen. Porque ese es el tema, están viniendo, han ido llegando, un relato que rompe el silencio y lo condena a someterse a la ética. Ahora nos parece evidente: no siempre lo fue. Valentina Correa Uribe nos instala en la reflexión de un presente posible. Esto nunca se puede dejar pasar. Sus palabras ya están en mi cuerpo y hoy me siento distinta. Optimista y atenta. A la vida que queda, y a la justicia posible. Un Estado de Derecho del que formemos parte y donde existir sea realizable. Valentina Correa Uribe nos recuerda nuestra fragilidad, y lo más interesante, nuestra osadía. 

18 de julio de 2026

Pasión XXVII

Creo que tengo que ver este asunto de cerca, de frente: lo de las intemperies. Cómo lidiar con tantas experiencias en una vida. La pasión, de acuerdo, pero cómo canalizarla, cómo darle cauce. El calor infernal por un lado, las intemperies por el otro. Todo parte de una misma tómbola, y una con determinación tomándolo todo en las manos. Llevándolo todo en la espalda. En el pecho, los brazos, las piernas, el seso siempre extraviado en la velocidad. Trece años de viaje y cuánta algarabía, cuánta desorientación, cuánto sentido expuesto a la intemperie. Cómo encontrarle sentido a tanta interacción profunda y a tanta interacción superficial. Qué es el encuentro. Qué esperamos de él. Qué nos queda. Primer sábado de silencio luego de mucho tiempo. Entonces pasar revista a un mes de alegría y pasión. De descubrimientos y paseos. Encuentros y música. El río sigue avanzando. Pero tal vez yo me modifiqué, como siempre estas cosas. Las experiencias nos devuelven a una esencia que a veces se nos escapa. Me gusta recordar quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy. Sólo en el encuentro nos hacemos más grandes, más presentes. Sólo en el silencio recordamos, decantamos. Existir es una experiencia de pasión secreta. Saber que todo avanza más rápido que nuestro espíritu cansado. La lectura es un refugio, una casa. La sensación de querer comprender, aunque sea difícil.

17 de julio de 2026

Pasión XXVI

Ayer eran las intemperies. El calor infernal y luego las intemperies. Me reuní con las feministas a refundar el mundo, como siempre. A continuación me encontré con Grégory para comer en un lugar perdido en Lyon bajo las intemperies. Unas gotas escasas cuando me dirigía hacia el lugar, y luego ahí, la tormenta se desencadenó con la furia del cielo listo para vaciarse sobre nuestras cabezas. Comimos observando la cortina de agua que era exacta a un muro sólido. Es un fenómeno extraño. No tuvimos dudas que era el final de esta era. Todo acabaría. Ahí en ese local extraviado en una ciudad del fuego acuático. Una ya no sabe qué pensar. Es la intemperie absoluta. Roberto Bolaño estaría de acuerdo con esto (todavía no lo encuentro). No le conté la inverosímil historia a Grégory, tengo que decantarla todavía. Cómo expresarle con exactitud lo que vivimos en carne propia. Esa aparición del más allá. No quiero atemorizarlo. En cambio hablamos de libros, lagos y mudanzas (y de intemperies). He ido descubriendo episodios de su existencia como en una especie de mosaico. Reconstruyo una historia basada en lecturas y viajes, sinsabores y trabajos. Muy seguido me hace pensar en algún personaje de una película de Noah Baumbach. Disfruto de sus preguntas y anécdotas. Tiene tinieblas dentro, pobladas de un asombro casi infantil por los acontecimientos. Hay algo que no penetro y me fascina. Pero no he olvidado a Roberto Bolaño, no crean. Ayer estaba en la intemperie, su lugar favorito. A la salida caminamos bajo el paraguas, mientras los rayos nos alcanzaban tangencialmente, advirtiendo que llegarían a nuestras cabezas al mínimo movimiento. Yo recordé nítidamente aquel concierto de Cat Power donde no quiso seguir tocando porque estaba segura que un rayo de la tormenta la fulminaría. Es posible, le dije a Grégory. Esos rayos pueden alcanzarnos, y luego todo habrá terminado. Carbonizados. Moriremos juntos, me dijo Grégory, valiente frente a la tormenta. Paso a paso, sin amilanarse. Pero tengo que escribir una obra de teatro donde Candela será la protagonista, le respondí. No puedo partir todavía. Combatiremos las intemperies, me aseguró. Yo ya ni sé qué significa eso. Solía saberlo. Lo supe una vez. Pero ese temporal te carboniza. Es mi caso. Las intemperies me borraron. Ahora escribo disfrazada de persona. Pero soy un fantasma. Me deslizo por las aceras llenas de agua, la ropa empapada, el pelo adherido a la cabeza turbulenta, no tengo herramientas ni aspiro al equilibrio, sólo vago por las calles en busca de historias, soy una sombra de mí misma, no sé articular las maneras de comportarse ni las razones de hacerlo. Mi única motivación es la literatura. Le dije. Le causó gracia. Tal vez no captó la intensidad metafísica de mi afirmación. Estoy inerme ante los fenómenos cotidianos. Me superan. Las relaciones interpersonales se convierten en relatos. No puedo escapar. ¿Me sientes ahora?, canta Yael Naim siguiendo a Britney Spears. Can you feel me now. Claramente estoy atrapada en las intemperies. Todo fue la pasión por esa literatura de los márgenes. Until you feel me now (es hasta las últimas consecuencias).  

15 de julio de 2026

Pasión XXV

Cuando vimos con mis amigxs a Roberto Bolaño aparecer de casualidad nos quedamos pasmados, como Laura Dern y Sam Neill cuando ven los dinosaurios en Jurassic Park de Steven Spielberg. Íbamos por la pradera Raval, y de pronto, dinosaurios. Lo seguimos como braquiosaurios, por el bosque de cemento, sin dar cuenta a nuestros ojos. Se movilizaba en bicicleta y participaba en las fiestas de barrio. Queríamos saber qué especie de dinosaurio era. Si le gustaba escribir novelas y cuentos. Un pterodáctilo extraviado en las fiestas de barrio del Raval. Aquí ocurrió igual que en la película, nosotros como Triceratops al acecho, y llegó el Tiranosaurio Rex. Le compartimos nuestro hallazgo, pero era de pocos amigos, igual que el espécimen de la obra cinematográfica. Señaló con claridad que el pterodáctilo le pertenecía y se lo llevó de la mano, lejos de los velociraptors que éramos ahí de pie vigilando la situación mística para no perder detalle de aquella aparición. En el reino animal ocurre eso a veces, lo de la pertenencia. Se equivocó el Tiranosaurio Rex. Yo quería intercambiar unas palabras con Roberto Bolaño, tenía derecho. Me leí todos sus libros. Cuándo iba a encontrar de nuevo a su doble. El Tiranosaurio Rex con la boca llena de saliva se lo llevó. Luego nos hacemos una fotografía, dijo Roberto Bolaño antes de partir arrastrado por esa criatura maléfica. Yo creo que el Tiranosaurio Rex se comió después el papel con mi teléfono, y tal vez lo escupió en una alcantarilla, bien disuelto para que los números no pudieran distinguirse. El pterodáctilo volando tratando de localizar a la escritora triceratops que lo encontró en las fiestas del fuego, al ritmo punk, pero los dinosaurios se extinguieron, igual que el teléfono, y la escritora misma, que partió a la pradera del lado porque sonó la campana, igual que la de Montgat Nord, que suena diez minutos antes de la hora, luego a la hora, luego diez minutos después, aunque sean las 3 de la mañana, igual suena, a las 4, a las 5, a las 6, aquí sonaron todas las campanas, extinción total, la escritora por ningún lado, y Roberto Bolaño volando como pterodáctilo reencarnado. Ir a unas fiestas de barrio puede ser una experiencia singular. Ya no sé si encontraré al Roberto Bolaño extinto. No mientras esté en Lyon, porque él frecuenta otros bosques, y el teléfono con saliva en la cloaca subterránea flotando hasta extinguirse y la escritora en un tren mirando descendientes de dinosaurios sobrevolar el agua de mar estancada. Ahora voy a necesitar un detective privado, porque aparecer dos veces de casualidad, yo creo que ya no, hay límites, este fue uno, esto fue más allá de todo límite, pero siempre los límites, una vez, ya, pero dos, lo dudo, quién me encuentra ahora a Bolaño. Además hay que esquivar al Tiranosaurio Rex. No es cualquier tarea. Un trabajo serio. Estar armado, ser valiente, tener determinación. Cómo es tu nombre, Bolaño imaginario. Te espero en el colector de aguas lluvias. Tendré el papel con saliva en la mano. Mi anatomía de triceratops preparada. La literatura no me intimida. Ayúdame Roberto, déjame fuera de todo tipo de pertenencia. Por las calles lanzados para explotar. 

14 de julio de 2026

Pasión XXIV

14 de julio en una Francia bajo el fuego. 37 grados en este momento en Lyon. Me hace pensar en la canción “Toxic” de Britney Spears. Too high, can’t come down, losing my head, spinning around and around, do you feel me now? it’s in the air and it’s all around, canta Britney Spears, with a taste of your lips, I’m on a ride, you’re toxic, I’m slipping under, with a taste of a poison paradise, I’m addicted to you, don’t you know that you’re toxic? Britney no se imaginó que su canción se ajustaría tan bien a este presente tóxico de fuego. Baby, can’t you see I’m calling? A guy like you should wear a warning, it’s dangerous, I’m falling, there’s no escape, I can’t wait, I need a hit, baby, give me it, you’re dangerous, I’m loving it, canta Britney Spears. Creo que todo se volvió más intenso porque encontramos a Roberto Bolaño. Un encuentro fortuito, por supuesto. El último día en Barcelona. Toxic Bolaño, la copia exacta. Adictivo, incandescente. Tal como esa ciudad, de la intensidad interminable. Mi intuición de que volvería a aparecer era exacta, tal como su parecido con el escritor. Estábamos afuera de un bar en el Raval, donde nos aprestábamos a entrar, y Roberto Bolaño llegó en su bicicleta y la aparcó en la puerta del bar. Yo había partido unos pasos más allá a comprar un bocadillo, y mis amigxs me hicieron señas, vuelve, movían las manos exageradamente. No entendí qué pasaba, volví, nos quedamos los tres atrapados en el asombro. Era Roberto Bolaño, atraído por mis ganas de encontrarlo, nos observó mientras aparcaba su bicicleta sin entender mucho de qué trataba tanta batahola, por qué tres extraños lo miraban con esa cara de sorpresa. Partió caminando por las pequeñas calles, lo seguí, qué más podía hacer, si estaba ahí era el destino hacerle las dos preguntas que me corroían, si sabía que era exacto al escritor, y si él escribía a su vez. Lo alcancé, pude preguntarle. Pero llegó su novia, como en esas películas en que el plan fracasa, y se lo llevó lejos. Bueno, no tan lejos, un poco más allá, era un concierto punk de una banda de mujeres en el Raval, eran las fiestas del barrio. No nos rendimos, al volver al bar, donde teníamos la intención inicial de entrar, nos encontramos con su bicicleta, pero mis amigxs no recordaban exactamente cuál era, y yo ni me había fijado cuál, obnubilada por este encuentro fortuito que había invocado al destino. No importa, anoté en dos papeles, porque estábamos entre dos bicicletas que podían ser, Bolaño, y a continuación mi teléfono. Los dejé en los candados que ataban las bicicletas, para poder terminar mis preguntas relativas a Roberto Bolaño a su doble real y ficticio. Espero su llamada. Siempre la mayor fuente de aventuras de ficción es la propia vida. Feliz 14 de julio, y que gane Francia el partido de fútbol enfrentando a España. No pueden ganar todos, ¿cierto? Yo perdí, como Bolaño, pero lo encontré. Lo espero, en la ciudad tóxica bajo el fuego. Eres tóxico, Bolaño, soy adicta a ti. Mi pasión es fabricar la suerte. Imaginar el destino y perderme en su boca.

Pasión XXII

Nunca será posible abarcar la extensión del sentimiento. La completitud de la emoción. Intentos vanos. Laberintos, insistencias. Dejar atrás, mirar más de cerca. No centrarse en las partidas. Olvidar el arrebato. Sardanas ayer en el parque. Llorar un poco. Por esa familia que ya no está. Por esa pasión de los demás, que es lo que nos enciende. Por lo que fue impreso en nuestros huesos. Que aparece a la mínima señal. Me fui de Barcelona porque era mi casa. La literatura necesita distancia. Observar con un abismo de separación. Sentir el desarraigo para comprender otras cosas. Asuntos desconocidos. Para abarcar la extensión imposible del sentimiento. La quimera de la completitud de la emoción. Voy con Agustina María porque ella me enseñó a amar a esta tierra. Mis abuelos y sus recuerdos. Aquí tomé su mano por última vez. La banda ayer me llevó a esa fuerza. La de saber que todo sigue. Que somos testigos de los acontecimientos, y artífices de la línea infinita. 

10 de julio de 2026

Pasión XXI

A veces no sé exactamente para qué se me entregó la existencia. Dudo, desvarío, planeo, busco. En ocasiones entiendo poco pero sigo. Dejo que me alcance la avalancha. Que pase a través mío y quizá surja algo. Es la velocidad. El raudal de acontecimientos que me persiguen. Un estado de alerta semejante a un torbellino. Hago mi mejor esfuerzo. Decanto, alcanzo, observo, insisto. Quisiera tener más respuestas. Una calma que me señalara un camino. Pero la pasión es siempre más grande. Todo lo permea. Todo lo transforma. Todo lo determina. Tal vez la existencia fue para crear y eso es mi mundo completo. La corriente caudalosa de quien tiene la intención de salir a flote en el arte. De no pasar de largo. De captar una parte del oasis. El calor se me impregna. Lo miro de reojo y me sonríe. Me funde, se burla de mí. La emoción me desestructura. Le da forma a la literatura. La pasión es la base de todo lo importante. La cima desde donde observo para volver a saltar. Siempre es hacerlo. Olvidar la calidad de ser humano de carne y hueso. Aspirar a la evaporación. Disolverse en el sentimiento para ser los demás. Dar ese bendito mensaje que nos interpela y nos reclama la vida. Una condena. Eso es la literatura. Sólo la forma del presente para no hundirse en lo incomprensible. Para desmigajar la rapidez que nos secciona. Aspiro a la armonía y la entereza. Cierro los ojos como en un rezo ante la totalidad que pertenezco. No hay divisiones reales. Me completa llegar a los cimientos. Decir lo que inaugura cada jornada para que el significado no se transforme en superficialidad y desesperación. Juntxs es más poderoso. Estoy lejos, pero no olvido el calor de la cercanía. Me nutre en mi sustancia. Mientras más sentido más impulso. No voy a parar. Esto siempre fue hasta las últimas consecuencias. 

Pasión XX

Vuelvo a casa luego de mi periplo alemano-catalán. Mis amigxs vuelven a casa. ¿Qué es volver a casa? ¿Qué es una casa? La mía es la música. Los libros. La música que siento cuando la conversación es honesta. Cuando quien tengo al frente escucha mis palabras. Cuando atesoro las palabras de otrxs. Cuando me instalan en un sentido prestado. En un sentido imaginado. A veces temeroso, pero lleno de verdad y determinación. Lo que se realiza con pasión es lo que queda. Es lo que enciende las ganas. En mi cuerpo comprendo esa algarabía que me hace apegarme a la existencia. Que me lleva a indagar en cada día que se me regala. Tengo amistad y arte a raudales. Todo es asunto de verlo. Lo que me gusta de esas conversaciones es que me otorgan un lugar. Una casa. Toda saudade la dejo de lado porque me irriga más que aplastarme. Son las dos modalidades de la existencia. Las cosas nos atacan pero nos mantienen en el aire. Toda existencia es ambigua porque lleva en su seno la perfección incompleta. Estoy inerme ante el milagro de vivir. Intento asirlo y todo es fuga y ensayo. Propósito y renuncia. Nada termina, nada comienza, floto en la literatura del designio, del abandono. La aceptación y la rebeldía. Libran una conversación encarnizada. No me decanto, no tomo forma ni cuerpo. Me expando simplemente, y sigo. Alcanzo una especie de parnaso que me da curiosidad, que no me espero. El trance literario tiene una parte de involuntario. No me pertenezco. Las palabras son las que hablan. Me escondo en el secreto de ese ritual cotidiano de la renuncia y la epifanía. 

9 de julio de 2026

Pasión XIX

Crecimos bailando. Compartiendo esa pasión. Coincidimos seis años en el continente europeo. Fue por supuesto una fiesta. Al ritmo de lo que llegaba, siempre inmenso y a veces más difícil. Lo dejamos todo en las pistas y las playas. Conciertos y celebraciones. Obras de teatro y caminatas. Cafés y terrazas. Conversaciones interminables que nos veíamos obligadas a interrumpir para continuar al día siguiente. Sants y Montgat Nord. Conservo en mi cuerpo varios de los máximos estados de éxtasis en esta ciudad. En ella conocí al amor de mi vida hace trece años. En ella me encontré con mis amigxs de toda una línea vital para continuar la pasión de existir en el momento presente. Vivir no es tan fácil en ocasiones, pero el baile de encontrarse le da sentido a todo este carnaval incomprensible. Mis amigxs regresan ahora a aquel lugar que nos vio nacer, pero sé que la celebración continúa simplemente en otro lado. Mi intenso entrenamiento migrante conoce estos trances, y ha aprendido a transformar en agradecimiento los encuentros y a comprender la magia del movimiento. También nos encontramos en Lyon más de una vez, en esa ciudad que adoro y en esos festivales de jazz que me modificaron para instalarme en el asombro. Barcelona me compone y sé que su éxtasis es inacabable. No me despido de lo que no tiene final. 

8 de julio de 2026

Pasión XVIII

A veces es el verano. Es una especie de fuego interior. Algo que no se apaga. La chispa es la amistad y la música. El mar y el sol. Luego se mantiene el acorde y la armonía. Mantén la fe, canta Michael Jackson, no dejes que nadie te haga cambiar de opinión, tienes que saber cuándo es el momento de ir, hacerlo. Qué iba a saber una cómo serían los 45 años. Simplemente llegaron. Lo que ya es fantástico. No opuse resistencia. Me gusta abrir la puerta a lo inevitable para que la fiesta sea más inmensa. Tenía 18 años cuando le pregunté a la Piedad cuál era su nombre. Comenzó un carnaval gigantesco. Reírnos hasta caer desmayadas. Esos amigos inolvidables. Felipe, Germán, Juan Ignacio, Benjamín, y tantos otros. Nos acordábamos ayer de ellos, como siempre. No todos llegamos a los 45 años. Pero los recuerdos intactos. La existencia se teje de esas carcajadas que nos dejaron en el aire una y otra vez. No se han modificado en su sustancia, y al mismo tiempo estamos en un lugar completamente diferente. Los afectos nos acompañan como ese fuego íntimo que nos despierta. La base de toda creación. Mi corazón está poblado de un presente lleno de pasado luminoso. Recorrer estas calles que recorrimos con Montserrat. Ahora con Frano y Chabuca. Con amigxs radiantes. La única posibilidad de la literatura es el amor, que es un símil del verano. No hay ninguna diferencia entre ese calor que sofoca y ese sentimiento que enaltece. La literatura se nutre en secreto del verano. Todas sus raíces se anclan en esa música infinita. Que atraviesa el tiempo. 45 largos y explosivos años. Junto a toda esta gente legendaria. Creativa y valiente. Honesta y original. Bondadosa y divertida. Un sentido del humor capaz de reírse de una misma. Ahora veo todo lo que llegó cuando entré a esa facultad. Cuando llegué a esta ciudad. El presente es inmenso como el mar y la playa ilimitada. Yo no quiero olvidar. Quiero que el presente me cruce la piel hasta los huesos. Saber que fui feliz. Que la felicidad es un comienzo. De algo. Una palabra grande para algo íntimo. La serenidad de comprender que todo estaba ahí. 

3 de julio de 2026

Pasión XVII

Tenía una cita con un libro. Uno de una afección particular porque la edición final antes de la imprenta fue llevada a cabo en mi casa de Lyon, luego de un intercambio de pisos con su autor. Una vez en Barcelona me dirigí a la librería Finestres, donde el año pasado tomé un café con el artífice de “Pista vacía” para intercambiar las llaves de nuestros pisos. En esa oportunidad conversamos por primera vez en persona en un lugar al final de la librería con plantas y cascadas. Sin duda el encuentro gozó del estatuto literario adecuado a las circunstancias, el lugar hacía su parte. Esta vez el café del fondo estaba cerrado por remodelaciones, pero no fue impedimento para la aventura porque yo iba en busca del libro para mi cita. Lo busqué en el estante donde habíamos mirado libros de la futura editorial de la novela pero no estaba ahí. Pregunté al librero por su ubicación, esbozó una sonrisa y me dijo, claro que lo tenemos, y el autor es también nuestro asiduo cliente. Fantástico, le contesté. Caminamos hacia el estante que lo resguardaba y exhibía, y lo puso en mis manos. Hay algo muy emocionante de estos pequeños artefactos con letras dentro. “Pista vacía” de Matías López Navajas, Editorial Clandestina, narrativa, con una ilustración en la cubierta de Judy Kaufmann. No tuve dudas en ese momento que la aventura sería grande, y no me equivoqué en ningún sentido. Aproveché una mañana de calma mirando el mar en Montgat Nord, y una tarde de silencio entre los árboles en Sant Cugat del Vallès para recorrer sus páginas con atención. Tenía la intuición que el libro también hablaría de mi biografía, la cual comparto de cerca con el autor, nacido también en Santiago de Chile el año 1980, y emigrado a Barcelona con un par de años de diferencia, para no regresar a su país natal, situación que me describe con gran precisión. El resultado fue el siguiente: disfruté el libro como quien se ríe al unísono en una conversación con un amigo con quien se ha compartido una vida completa sin conocerse en absoluto. El libro es espectacular. Profundo, divertido, irreverente, humilde, explosivo, un intento bien logrado de dar cuenta de las dificultades de una vida por las cuerdas del nomadismo congénito y ese desarraigo que nos arranca de todo lo que aparece, conquistando terrenos que no deberían pertenecernos. El libro es rebelde, porque todo lo bueno se ríe de lo preestablecido, y sobre todo de lo que cree ser grande y se equivoca. Es un libro que se ríe de sí mismo y de los demás que hace falta, y qué más es el núcleo absoluto de la literatura: es eso. Para mí es eso. Alcanzar todo lo que uno fue y quiere ser y aceptar que nunca se será ni tal vez nunca se fue, y que en definitiva da lo mismo. Este es un libro que comprende a cabalidad el oficio literario, y además el movimiento perpetuo. Lo que ya es bastante. Es muchísimo. Más de lo que yo esperaba de mi cita. Yo no sabía bien qué esperar. Me gusta llegar a las cosas sin expectativas. Pero encontrar un libro que relata tus pesadillas, insomnios y pasiones es una felicidad sin límites. El libro de Matías López Navajas nos deja en un lugar diferente del que entramos. Varios registros, salidas y fugas, como los libros de Julio Cortázar. Así como el aeropuerto tiene varias plantas, este libro tiene varios niveles, y no hay nada que yo agradezca más en la vida. No encontrarme con nada que comprenda, y al mismo tiempo comprenderlo todo: ¿qué más se puede pedir? “Pista vacía” es un reflejo de nuestro desasosiego y nuestras ganas de entender un presente pies hacia arriba y cabeza abajo. Existir no es muy diferente de eso. Por lo que es un libro que llega al vórtice del alma. Al menos llegó a la mía. Fui anotando como siempre un asterisco en cada lugar donde me reía a carcajadas, y el libro está repleto de aquellas anotaciones. El humor es lo más grande. Compartimos con Matías López Navajas nuestro amor por Roberto Bolaño y Nicanor Parra, maestros del humor negro. Este libro sigue los pasos de aquellos autores, y se ubica en una generación que vibró con ellos hasta hacerlos propios, como es su caso y el mío. Al final tal vez sí era determinante haber nacido allá lejos. Y estar ahora aquí cerca de esos lugares míticos que admiramos y ahora nos pertenecen. Estoy agradecida de haber leído “Pista vacía”. El arte es motivo de orgullo, y la literatura, en definitiva, es una casa. 

Pasión XVI

Hace un tiempo ya que mi pasión por el teatro no deja de crecer, pero ver a mi amiga Piedad actuar fue una cúspide. La verdad es que la Piedad hace todo bien, y en este rubro no fue una excepción. Vine a Barcelona desde mi casa en Lyon con la emoción de verla sobre las tablas. El año pasado no pude venir, así es que atesoré la ocasión esta vez. Venía en el tren que va directo desde Lyon Part-Dieu hasta Barcelona Sants, y pasa por la Camargue, humedales y aves rozando el agua, y pensaba en la amistad, en el teatro, el arte, los viajes, la música. Un calor impresionante aplacado por la climatización del tren. Yo he admirado siempre a la Piedad por su manera de pararse en la existencia, por su disciplina certera que la ha llevado a ser una de las mejores abogadas y mediadoras de derecho de familia que existen en Barcelona y Santiago de Chile, y ahora por su talento de comediante y su pasión por el teatro. Disfruté hasta el último segundo de la obra. “La ratonera” de Agatha Christie. La Piedad encarnaba Mollie Ralston, una de las protagonistas. La obra te mantiene en vilo hasta el final. Una intriga policial como tan bien le resultaban a Agatha Christie. Todas las actrices y actores eran espléndidos, Piedad Esguep, Alexandre García, Ana Vega, Sira Homs, Montse Martínez, Inma Rodríguez, Cristina Puig, Humberto Vila, Palmira Robles, Monte Reza. En la Sala Versus, en Glòries, barrio que conocía poco y me sorprendió gratamente. Bonita escenografía y vestuario, adaptación muy bien trabajada, la directora Eva de Luis fantástica, una puesta en escena que me encantó, y la pasión de cada intérprete para alcanzar las entrañas de su personaje. A mí el teatro me emociona mucho, cómo se estructuran las historias, cómo se da vida a un relato en carne y hueso, es la emoción en acto, el sentimiento sobre el escenario develando toda la humanidad posible que nos compone. A mí el arte me desarma. Sobre todo la pasión, sobre todo el impulso de relatar una intriga que pasa a ser la vida completa por un momento. Con la Piedad siempre nos hemos entendido de maravilla, las dos tenemos una doble identidad, abogada y actriz, la suya, escritora y abogada, la mía. Compartimos algo muy íntimo, nuestra creencia en la justicia y nuestro amor por el arte. Observé esa obra también como algo muy íntimo, como una sugerencia de ese mundo que nos mantiene despiertos y atentos, que nos permite seguir adelante. Es la amistad y el arte lo que siempre lidera la fiesta. Todo el año espero este momento de mar y conversación. Refugiada en mi barco literario el año completo, estos momentos son la expansión absoluta. Lo que acontece ahora es lo siguiente: mi admiración hacia la Piedad creció. Mi cariño se mantiene intacto porque no podría estirarse más, creo. Pasé unos días de paraíso con ella, Frano y la Chabuca en ese lugar que me llega al corazón en cada vuelta: Montgat Nord. Yo pido pocas cosas de existir, aparte de una pluma ágil, y siempre me llega tanto. Me quedo asombrada, porque a veces va más allá de lo que imaginaba. La felicidad es algo secreto y yo la alcanzo siempre con mis amigxs, y la llevo siempre conmigo gracias a ellxs. Mollie Ralston inolvidable y para siempre, viajando en el tiempo y sobre las nubes. La pasión es lo único que nos mantiene en vida. 

30 de junio de 2026

Pasión XV

Sé que habrá escépticos que no van a creerme. Pero lo sucedido es lo sucedido, y hay que relatarlo. Aquí en Montgat Nord mirando el mar puedo redactar los acontecimientos. Barcelona se compone de una serie de epifanías que me extraen del presente para instalarme en la ficción. Ayer fue una de esas. Fui a un concierto y me encontré con Roberto Bolaño en persona. Juro que era él. En el tiempo circular estaba ahí. Fiel a sí mismo, despreocupado, crítico. Antes del entrar al local me encontré con Ignacio Echevarría, el editor de Roberto Bolaño, lo que ya era bastante epifanía. A continuación, al traspasar las puertas que no podían estar abiertas al mismo momento para evitar la fuga del ruido y había que abrir de a una, lo vi. Era Roberto Bolaño. Nos dirigimos a conseguir una cerveza al bar y nos siguió. Mi sorpresa era demasiado grande para preguntarle sobre su reencarnación, así es que sólo constaté su aparición, sin habla, cuando se encontraba a mi lado en el bar. Nos ubicamos entre el público a continuación, y sucedió la tercera epifanía. El concierto era de Colombina Parra, que subió al escenario, y yo me encontraba atrapada en un momento de una épica difícil de describir. A un intervalo equidistante de Colombina Parra, Roberto Bolaño e Ignacio Echevarría. El tema de fondo es que yo estaba ahí para presenciar ese momento. Para cantar “Sacar la basura”, un tema de avantgarde de mi adolescencia, “La corbata de mi tío”, “Todos contra el muro”, y otros. Todo se conjuró para que se presentara en mi cuerpo y mi presente la mística absoluta. Necesitaba saber si aquel Roberto Bolaño sabía que era la reencarnación del escritor, y si escribía también literatura. Es mi nueva misión. La que espero resolver pronto. No fue posible en ese momento. Pero confío en Barcelona y en la literatura que me sigue los pies. Que se reencarna en mis entrañas para liberar la pasión verdadera. Espero encontrar a Roberto Bolaño a la brevedad. Cualquier información se agradece. 

24 de junio de 2026

Pasión XIII

Munich me cambió, no tengo dudas. Mi nueva pareja es el idioma alemán, que intento descifrar y aprender con devoción. Por pequeños momentos siento que he perdido mi capacidad de fascinación y suele estar ahí, esperando, observándome a los ojos, para desafiarme, para embelesarme por su grandeza. Ópera, ballet, lagos, ríos, ritmo. Sol incandescente, jardines, partidos de fútbol, cerveza, libros, museos. Naves espaciales, ciudades medievales, cascadas. Yo quiero vivir, y a veces lo consigo. Quiero explorar esa ciudad hasta que me pertenezca un poco. Hasta que esas palabras, esa filosofía, esa música, ese cine, ese arte estén a mí lado como compañeras y amigas. Quiero pensar que nunca he tenido una existencia antes y esta es la que va a guiarme, porque somos más grandes cuando comprendemos lo que otros quisieron decir. Lo que otros crearon y soñaron. A mí me gusta tomar prestado los mundos de otrxs para estar en ese espacio un momento. Así siento que el asombro no se detiene. No comprender nada es mi pasión. Lo único que me mueve es comprender lo que se me hace incomprensible. Con los pies en el río Isar en un día de treinta grados de calor, prometí comprender. Ese tipo de promesas son las cruciales porque nos dan movimiento e impulso. Mi pasión es la música que yo advertí en esa ciudad. 

16 de junio de 2026

Pasión XII

Una se dice liberada de la ópera y la ingenuidad no tiene límites. No hay un solo movimiento que no esté determinado por esa pasión oculta. El amor es fuego y se enciende súbitamente, canta Othon en la ópera “La coronación de Popea” de Claudio Monteverdi. Es como si hubiese distintos estratos de la existencia. Una corriente interior que sin excepción electriza los pliegues de los órganos cada vez que comienza la ópera. Existir es una especie de tragedia de regocijo. Cuando duele es cuando despierta. Por ti miro, por ti gozo, te abrazo, te estrecho, ya no peno, ya no muero, ¡oh, mi vida! ¡oh, mi tesoro!, cantan Popea y Nerón. Me creo liberada y siempre me alcanza el impulso de esa pasión secreta que moldea los versos. Mi vida no es vida, es ópera. Cualquier intento de dejar ese escenario del desgarro es infructuoso. Me define su lamento de placer vital. Esa brisa que siento en un día de temperatura canicular. Me abrasa el atrevimiento de existir cantando, declamando la energía que circula por mis venas hijas de la furia de la poesía que devasta. El sentimiento es lo que me pone de rodillas. Lo que me entrega cada frase de esas voces profundas que parece que se unieran a mi cuerpo. Sin pasión no hay existencia que pueda llegar hasta el final del duro camino. El amor muda el mundo a su antojo, como dice la ópera. Para qué vivir en el estrato adosado al suelo si elevar lo que contiene el pecho embriaga para olvidar lo banal. Para olvidar lo miserable. A mí me gusta olvidar, y entrar en la música. Pasión y música dictan mi camino. Cada momento está teñido de magia que me exalta. Vuelvo a encontrarme una y otra vez con el sentimiento que creí perdido para siempre. La ópera gatilla las ganas de vivir y de seguir al corazón palpitando. Unos latidos nuevos que me sorprenden y me embelesan. No diré que la ópera ha finalizado porque me compone. Pasión es tal vez mi nombre absoluto. 

10 de junio de 2026

Pasión XI

Ô Ma beauté, sígueme, esto no hace más que comenzar, canta Arthur H. Yo soy el carnaval, tú eres la caníbal, canta. Ô Mon amour, continúa la fiesta, canta H. El jardín del pabellón lo convierto en un bosque primitivo, para que los vecinos de la urbanización nunca más vuelvan a encontrar sus casas, canta. Tengo la misma aspiración. Convertirlo todo en bosque primitivo, para que volver a casa tenga un sabor diferente, no sea ya lo mismo. No estoy segura de poder lograrlo. Escalo montañas, descanso en las cumbres, observo. Ser la caníbal del libreto me cambió un poco. ¿Tú eres el carnaval? Sé en este momento que la fiesta continúa. Me voy, a perderme por un mes en el mundo. Regresaré, le dije a Grégory, y esté tal vez lista para nuevas aventuras. Para las fiestas que continúan y los libretos de caníbales. Lo nuevo es lo siguiente: amo el presente desprovisto de expectativas. El presente desnudo, perdido y abierto. El presente corrosivo, poético y disparatado. El presente de vampiros y música cáustica. El presente del sol que desarma. El presente que me pertenece y modelo a mi guisa, sin tener idea de qué se trata. Es un presente, lo que es ya bastante. Un presente de viajes, literatura, abogadas feministas, fiestas iraquíes, películas en terrazas nocturnas, barrios medievales, temperatura canicular. Siempre quise un presente. Uno como este. Comprender la pasión. 

7 de junio de 2026

Pasión X

Hace seis años recuperé lo que me había sido robado, diez años antes. Recuperé mi calidad de abogada, la que he ejercido mediante el activismo desde entonces. Estoy encantada. Esto se ajusta perfectamente a mi personalidad. Incendiaria, pero desde el margen. Armamos colectivos y revistas, y hemos dado lo mejor de nosotrxs. No ha sido todo triunfos, pero siempre se avanza de alguna manera. Antes de recobrar lo que me había sido saqueado, pasé seis años guardada en bibliotecas y entre los árboles, a cientos de kilómetros de aquellos fatídicos hechos, intentando comprender qué era exactamente lo que había ocurrido. Lo comprendí: mi problema era de una recurrencia sorprendente. Lo que ocurría era lo siguiente: mi problema no era mi problema, yo era un grano de arena refugiado en una playa interminable. Venir a enterarme de eso con certeza a los cuarenta años no es cualquier cosa. Siento una gran responsabilidad, hacia mi profesión y hacia mi experiencia. Ahora lo que viene es esto: la responsabilidad de las instituciones. Reparar, proteger, investigar, condenar. Qué es la justicia, si no el acto de organizar una sociedad de manera ética. Las víctimas están denunciando, ahora falta que sean escuchadas como se lo merecen, y los gobiernos, los Congresos, la policía y los tribunales tomen el relevo. Aquí en Francia acaba de ser asesinada una niña por un hombre que, desde el 2017, había sido objeto de varias denuncias y de tres querellas por violación de niñxs presentadas el 2022, el 2025 y, más recientemente la semana pasada, sin que se le hubiera imputado ningún cargo hasta la desaparición de la pequeña niña. Aquí en Francia más de cuarenta mujeres testimoniaron en la justicia contra un antiguo presentador de televisión, más de treinta mujeres contra un cantante. Hicimos nuestra parte: ahora hagan la suya. No es una amenaza, es más que eso. ¿A ti también? Queremos saber tu historia. Sin miedo: denuncia. 

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5 de junio de 2026

Pasión VIII

Una le toma el gusto a esto de ir a una cita. Le puse una mordaza a la literatura. Dame un respiro, la increpé. Dio resultado. Liberada por un momento. Le hablé de mujer a mujer, mira, le dije, las dos estamos perdidas, las dos tenemos dudas, las dos habitamos este siglo extraño, este presente torcido, por qué no abrir nuestro corazón a lo desconocido. No parecía convencida, pero es amante de las aventuras igual que yo. De acuerdo, respondió, pero sólo si hay desgarro. Nunca puede salir de su personaje. Fiel a ella misma. Todo tiene que ser ampuloso, exagerado. Pero es otra cosa en realidad: comprende a cabalidad el tinte de estos tiempos de la incertidumbre. Comprende límpidamente el cariz de los asuntos de las emociones: un pantano. Para qué vamos a decir una cosa por otra. La preparación real de una para estos afanes: nula. La experiencia, polvareda en el viento. Kansas habló ya de este tema: all they are is dust in the wind. Zanjado esto, improvisar es la consigna, y sobre esto sabe bien la literatura, no se puede anticipar un solo día luego del otro. Neblina, muros, confusión, zambullida. Clavado al lago azulino entre los árboles. De qué demonios se trata amar. La literatura me observaba como si de hablar obviedades se trata. Como si su mensaje fuera: por qué comprender lo incomprensible. Me declaré perdida. Porque no sé cómo se hace esto, pero quería aceptar su invitación. Terminó mi reunión, le escribí, estoy caminando hacia el río. Voy, me respondió. Había parado de llover, era de noche. Nos encontramos en el puente, como le gusta a la literatura, entre charcos de agua. Tengo que hacer algo, me dijo Grégory, tienes que ayudarme. De acuerdo, respondí, qué. Tengo que grabar un video para mañana, es para el casting de una película de vampiros, contestó. Caminamos al casco antiguo de la ciudad, cruzando dos puentes. Llegamos a un bar extraído directamente desde Venecia en 1720, vitrales y sofás de castillo. Nos sentamos en la terraza de esa lluviosa noche a leer el libreto. De acuerdo, me dijo, yo soy este vampiro y tú este otro. La idea hacía soñar. Siempre quise ser un vampiro. Vivir en la noche y morder cuellos (un guiño para la literatura). Aprendamos la mitad y actuamos, me dijo. Me parece que es mejor que leamos, y hacemos el libreto completo que te enviaron, propuse. De acuerdo, contestó. Nos pusimos mano a la obra, y luego de ensayar un momento, grabamos. Lo divertido, entre otras cosas, es que en medio del diálogo de vampiros apareció una persona pidiendo un cigarrillo, la segunda vez una persona vendiendo rosas, y la tercera vez un grupo de extras que entraban al bar. El primero se sintió ofendido porque pensó que nos reíamos de él, pero tuve que explicarle que estábamos grabando y él estaba en todo su derecho de pedir un cigarrillo, pero que eso indicaba volver a comenzar, y que no era nada personal contra él. Miro ofendido, pero siguió su camino. Al segundo le hice señas sin que se notara para que volviera después con las rosas, pero con resultados poco claros. Los terceros quedaron registrados en nuestra película, con sus risas y comentarios en voz alta. Ser vampiro está lleno de obstáculos, igual que grabar una película en una terraza oscura bajo la lluvia. Grégory, manifesté, espero que te seleccionen. Se veía confiado. Luego del trabajo, terminamos la jornada en los sofás de castillo bajo los vitrales. Su boca cerca de mi cuello. La literatura encantada. Del mismo modo que mi sed de aventuras. Me gustan sus historias. Su acercamiento al presente convulso. La pasión es saber que la experiencia no sirve para nada. Siempre es como la primera vez.   

Pasión VII

Hay actividades de tipo accesorio y actividades de tipo esencial. Reunirnos con las feministas es de tipo esencial. Es como que saliera el sol. Siempre es viernes en mi corazón, canta Alex Anwandter. La iglesia me mandó al infierno, y el congreso piensa que estoy enfermo, canta. Pasan años, pasa el tiempo, martillando el mismo clavo, cansado y el trabajo se hace eterno, canta. Nuestra convicción es firme. No hemos dejado de reunirnos en seis años. Truenos, relámpagos. Papeles, trabajo, casa, abandono, problemas. Canicule, lluvia, nieve. La iglesia nos manda al infierno, el congreso nos deporta. Las denuncias archivadas. Ex parejas nos siguen acuchillando, disparando. El presupuesto para el arte recortado. Precariedad nuestro hogar. Avalanchas, incendios. Siempre es viernes en nuestro corazón. La pasión es sin duda resistir. Nuestra pasión es como una música incandescente. Nos guía el humor y la solidaridad. Nuestros derechos sobre todo. La voz y la acción de todas quienes nos preceden y nos acompañan. Tal vez el feminismo parece un movimiento disperso: muchas voces en una sola voz.  Contratiempos: vamos ganando con el viernes en nuestro corazón. La pasión de vencer al silencio. Ganamos, y sin dudar: seguimos. 

1 de junio de 2026

Pasión VI

Annie Ernaux es la hostia. Tiene tan merecido el premio nobel. Cada día lo confirmo más. Leí hace unos días “Mémoire de fille”: un libro perfecto. De esos que sé que van a acompañarme hasta el final de mis días, porque al igual que ella, yo también soy “un ser literario”: “alguien que vive las cosas como si ellas debiesen ser escritas un día”. La incorporé a mi lista de autoras de la novela-tesis de nuestras vidas, Doris Lessing, Simone de Beauvoir, Gabriela Mistral, Hannah Arendt, Virginia Woolf, Annie Ernaux. Tengo el libro en mis manos y recorro los pasajes donde subrayé y anoté un asterisco (es mi manera de volver luego a los libros para transitar lo que era crucial), y sé que cada párrafo van a ser varios meses, o años, para realmente integrarlo y comprenderlo en profundidad. Es como que me encontré con una amiga, alguien que se hizo las preguntas que yo también me hago, antes de mí, y entonces ya tiene una pequeñas luciérnagas en la oscuridad, esa torre del faro para llevarte a algún lado. Su manejo de la forma es superior. Estoy tal vez diciendo boludeces porque eso ya quedó zanjado. No importa, igual está bien insistir sobre esto, porque no todos los días se acerca una a lo más alto. El punto es este, su literatura tiene la distancia precisa entre emoción y forma. Está el libro, y a una medida equidistante de él está la emoción del relato sincero, y la separación de la forma. Esto es, cercanía y lejanía se conjugan de manera ideal. Si pudiésemos leer cada día libros así estaríamos al otro lado. Pero el arte es reacio a plegarse a las medidas justas. No se obtienen así no más. Además es más que el arte, porque es la entrega de una parte de uno mismo. Y eso requiere riesgo, parresía, como diría Aristóteles, la franqueza que oculta el miedo, lo transmuta, lo hace indisociable de la verdad. Cuando leo libros, ahora puedo advertir esta relación con la verdad, si se escribió con una amenaza real o no, si hubo un gesto de coraje, si el libro nació solamente de la forma o si él acarrea el temor cierto de expresar lo que nos quita el sueño cuando no hay nadie más en la habitación. Tampoco aspiramos a libros de pura emoción porque se nos desvanecen entre los dedos, y la literatura es forma. Creo que ambas cosas se entrenan, aunque de distinta manera. La emoción se obtiene del vivir, y la forma, del trabajar. De los libros que he leído este último tiempo, también me sorprendió mucho el último libro de Judith Godrèche: impecable. Contiene la medida justa. Siempre es un placer descubrir esto. Es escaso. Un espejismo que pocas veces existe en la realidad, pero a veces se materializa, como oasis en el desierto de la literatura, tan exigente que todxs se van quedando fuera del vagón en el camino, pero algunos libros llegan. La literatura es un desierto fascinante, del cual estoy dichosa de formar parte, aunque probablemente me haya caído del vagón todas las veces, pero mi obstinación es de película de terror: soy capaz de lo que sea necesario. Un ser literario. Encontré al fin mi definición, en un libro por supuesto, todo lo que vivo tiene una sola función, destinarse a ser escrito, como si cada paso estuviese adosado a una forma en tiempo real. Lo que dije no es contrario a la atención plena, no implica estar en dos lugares al mismo tiempo, sino que el ser literario habita el presente de esta manera. Simplemente no hay una separación. Cada paso es un párrafo, cada aventura una historia. Cada momento, además, no es solamente existencia y literatura de manera integrada, sino que existencia está a su vez dividido integradamente en dos personas, la que vive y la que observa. Vivo sola pero es como si viviera con alguien, hablo en voz alta, y voy comentando mis pensamientos y acciones, para elogiarlos o recriminarlos. Una especie de Fernando Pessoa en potencia. Pero aquí solo hay dos, y no setenta. No perdí la cabeza, habitamos el mundo en una conversación constante con uno mismo. Para llegar a nuestra verdad. Para dar con la forma. Para alcanzar la emoción. Ese modo que tenemos de existir y observar en un solo instante es una facultad sorprendente. Sentir y reflexionar de manera integrada. Somos una suerte de máquina asombrosa. El ser literario es al mismo tiempo de eso estilo. Como una especie de paisajes que se suceden. Arte integrado. El ser literario tiene algunas dificultades, las preguntas dentro de las preguntas. Lo resuelto puede convertirse en interrogación al momento siguiente, o incluso nacer con una pregunta dentro. Un mecanismo es ir zanjando interiormente, aunque esté la pregunta en la pregunta. Pero luego esta decisión puede revelarse apócrifa, porque debe pasar el cedazo de la parresía, de dónde viene esta decisión, se apresura a llegar la pregunta. Las cosas que sentimos tienen una parte de verdad y una parte de condicionamiento, de trauma, de trazado anterior, de imposición, de experiencia pasada, y eso genera una oscilación que hace difícil hasta el vivir con una misma y nadie más. Porque siempre somos dos. Si integro un tercero ya es una gran multitud. Me preguntan en ocasiones si las cosas que escribo suceden en la realidad. La literatura es por definición ficción porque consiste es una serie de elecciones y decisiones que se interponen entre la experiencia y el papel. Es un tema de estilo sobre todo, porque se trata de dar con la palabra que se acerca lo más posible a la emoción y la forma que organiza de la mejor manera la experiencia en su conjunto. A pesar de formar un todo integrado, hay una distancia insalvable entre la experiencia y el texto. Hay una especie de querer convencer, persuadir, inventar una estructura que se pliegue a la experiencia, a lo real de ella, para que exprese su abismo verdadero, no su coraza, y esto es una decisión y una constatación al mismo tiempo. Constatamos qué es lo esencial de la experiencia, y al mismo tiempo decidimos qué es lo esencial de ella para nosotros. En un mismo movimiento están las dos cosas, lo que ella nos dejó inesperadamente, y lo que creemos que debería habernos dejado, creamos esta parte recurriendo al plano completo de nuestra existencia. Conviven ambas cosas, la sorpresa y la convicción de su ubicación en el hábitat de nuestro devenir. Es como que avanzamos con una constelación que nos rodea, y depositamos la experiencia en la línea de planetas para que el conjunto tenga algún sentido. El ser literario es la necesidad de que el sentido le dé armonía al plano completo. Que existir tenga alguna razón de ser. Creo que la principal motivación, en mi caso, es que estar aquí sea entretenido, sobrevivir. Un gran juego mortalmente serio: no hay tantas oportunidades. Yo intento asir el humor y lo irrisorio de todo lo que se nos viene encima, que es bastante. Algo así como que no dejan de llegar cosas. Escribo para contrariar a lo rígido y la velocidad. Escribo porque me siento libre. Para, en un mismo gesto, dejar de lado las imposiciones y simplemente escribir por hacerlo. Cuando se dice pasión creo que se quiere decir que es fuego que habita y se traduce es una necesidad de organizar la realidad en frases, que estructuren este existir sin sentido aparente. Creo que el sentido hay que inventarlo, y que la imaginación es consustancial a este acto. La propia verdad y derechamente inventar un universo propio que nos extraiga de lo más ácido, y que le dé liviandad a la certeza de que cualquier modificación a lo que vivimos toma tiempo. La velocidad nos engaña en eso, nos desconcierta pensando que se precipitarán los resultados, y en realidad estamos inermes ante los ciclos y lo requerido para cada etapa. La rigidez tampoco nos ayuda, y como existir es con baches constantes, la imaginación nos da el significado que precisamos para que no todo parezca columnas de piedra y en cambio puentes y callejuelas. Lugares donde perdernos un poco y olvidar la calidad de absurdo de nuestro conjunto de días. El sentido hay que inventarlo, y de eso se trata, en definitiva, la literatura.