Creo que tengo que ver este asunto de cerca, de frente: lo de las intemperies. Cómo lidiar con tantas experiencias en una vida. La pasión, de acuerdo, pero cómo canalizarla, cómo darle cauce. El calor infernal por un lado, las intemperies por el otro. Todo parte de una misma tómbola, y una con determinación tomándolo todo en las manos. Llevándolo todo en la espalda. En el pecho, los brazos, las piernas, el seso siempre extraviado en la velocidad. Trece años de viaje y cuánta algarabía, cuánta desorientación, cuánto sentido expuesto a la intemperie. Cómo encontrarle sentido a tanta interacción profunda y a tanta interacción superficial. Qué es el encuentro. Qué esperamos de él. Qué nos queda. Primer sábado de silencio luego de mucho tiempo. Entonces pasar revista a un mes de alegría y pasión. De descubrimientos y paseos. Encuentros y música. El río sigue avanzando. Pero tal vez yo me modifiqué, como siempre estas cosas. Las experiencias nos devuelven a una esencia que a veces se nos escapa. Me gusta recordar quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy. Sólo en el encuentro nos hacemos más grandes, más presentes. Sólo en el silencio recordamos, decantamos. Existir es una experiencia de pasión secreta. Saber que todo avanza más rápido que nuestro espíritu cansado. La lectura es un refugio, una casa. La sensación de querer comprender, aunque sea difícil.
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