13 de noviembre de 2025

Lisa en el Planeta fantástico, Vitalidad animal, Extravagante emoción (Libros)

Lisa en el Planeta fantástico, Vitalidad animal, Extravagante emoción.

Prefacio

“Lisa en el Planeta fantástico” es una novela. Está compuesta de tres libros: “Lisa en el Planeta fantástico”, “Vitalidad animal”, “Extravagante emoción”. Este es el primer libro. Es una novela de 400 páginas en total. Es un intenso recorrido por el Planeta fantástico, compuesto de creatividad, caos y abismo. El primer libro contempla un relato en desorden temporal, y los otros dos en orden cronológico, desde el apartado “Caos”, en el segundo, y desde el apartado “Abismo”, en el tercero. Escribí la mayor parte de estos textos los años 2012 y 2013, a mis treinta y uno, y treinta y dos años. En tres semanas más voy a cumplir cuarenta y cinco años. A los treinta y dos años me fui de Chile, donde había nacido, para vivir en Europa, por lo que este libro recorre los últimos años que viví en Santiago de Chile. Fue un período bastante potente y vehemente de mi existencia, pero también difícil y definitorio, separada de mi primer marido, trabajando de abogada en derechos humanos, creando literatura, música y arte, leyendo filosofía, haciendo activismo anti-racista, intentando comprender por qué todo se sentía tan opresivo, hasta un punto de un no retorno que me estuvo pisando los talones, pero que finalmente rehuí. Algo así como la expansión más absoluta y el infierno más completo. Fue interesante leerlo en este momento, porque no me habría podido imaginar que los treinta años fueron tan turbulentos, y la distancia espacio temporal da a las cosas otro cariz. Me parecieron unos libros muy atractivos en el sentido que describen la existencia desde el núcleo de la creatividad. Desde el fondo más lleno de fuego y de precipicios. En esa época decidí que tenía finalmente que largarme de Chile, de ese trabajo con un jefe que me hacía la existencia imposible y me había acosado, de un profesor que además era mi jefe y que también me había acosado, de un círculo de gente maravillosa, pero otros espantosos, un ambiente que me hacía zancadillas todo el tiempo en el camino para poder abocarme a desarrollar la creación -por supuesto sin incluir a mi familia que siempre me han apoyado en todo, y algunos amigos y amigas-, y unas dudas gigantes marchando codo a codo con la certeza total de que había aspectos que no comprendía para nada, pero que ese momento llegaría. El conjunto de experiencias difíciles me llevó a una nave espacial de fuerza, el primer año, y a una depresión casi suicida en el segundo, llegando a diagnósticos psiquiátricos y remedios. Pero yo seguía adelante, escribiendo, siempre. Eso no cambiaba jamás. Una vez fuera de Chile, y sintiéndome libre, dejé toda angustia, remedio, psiquiatra y psicólogo, y nunca he vuelto a todo eso en doce años. Pero en ese momento todo era real, profundo, apasionado y duro. Fue una época de volver a la música y de conocer a mucha gente. Personas que significaron mucho para mí en ese momento. Y las amigas, los amigos, una magia difícil de describir. Estoy tan agradecida. Así como ahora mi existencia son casi exclusivamente los libros y el silencio, en ese momento era el carnaval constante. No se detenía nunca. Recuerdo con cariño esa época porque obtuve gestos de amor y amistad que nunca olvido. Creo que ese es el verdadero Planeta fantástico. La felicidad de lo sublime y la música. Opté por conservar la mayoría de los textos tal cual, porque a pesar de que no me identifican ahora en muchas cosas, y en ocasiones me sorprenden, creo que tienen la gracia de reflejar un momento y estados particulares, que siempre puede ser algo que tenga sentido para alguien más, y eso es el fin último de la literatura. No escribimos para nosotros, en lo más profundo, escribimos para los demás, para ayudarlos a vivir, así como los demás nos han ayudado a vivir a nosotros. Todo es un gran baile de significado. También creo que este libro describe bien el tránsito hacia la comprensión de lo que había que modificar en cuanto al amor y los vínculos, y sobre todo, la noción de la libertad, y de la necesidad de ella para la creación. Una necesidad perentoria. La que yo tuve. Así como mi novela “Afuera” creo que fue una novela pre-feminista, anterior a la serie “Lisa”, esta es una novela pre-pre-feminista. Donde está el germen de todo, lo que luego ayudaría a organizar mis certezas y convicciones. Es una novela en lo más sustancial sobre el arte y la creatividad. Sobre la experiencia vital y cómo esta interactúa con la creación. También con el activismo. Desde dónde surgen los impulsos de los actos. La motivación final que subyace, el salto inicial. Quién queremos ser, quién somos. El hecho de estar insertos en algo más grande. Ahora veo eso con mucha más claridad, pero antes lo vislumbraba como algo personal, y eso se nota claramente en estos libros. Ahora sé que nada es azaroso, y que todo lo que vivimos tiene consecuencias, no todo nace de nosotros, sino de nuestras circunstancias. En ese momento lo ponía todo en mí. Era un error, pero no tenía cómo saberlo en ese momento. La lectura de esas 700 páginas que tienen los tres libros originales –dos de los cuales no han visto la luz y espero puedan verla en una próxima fase, debido a que aquí me incliné por una selección que diera mayor fluidez al relato-, me sitúa en una comprensión que antes no tenía. Me muestra muy claramente la brecha entre una situación y otra. Entre los treinta años y los cuarenta y cinco, y todo lo que ha ocurrido en el mundo que nos ha ayudado para tomar esa distancia y actuar, y creo que tal vez debiese decir: todo eso que nos ha salvado la vida. Porque es muy radical. No es sólo ayudar para comprender, es modificarlo todo. El tiempo y todas sus modificaciones nos han salvado la vida. De eso ya no tengo dudas. Lo sugestivo de estos libros es que esas reflexiones están insertas en cientos de aventuras fantásticas y delirantes que me ocurrieron esos años. Me di el tiempo de redactar algunas en ese momento, en que tenía la convicción de que la existencia había que escribirla, y que era una escritora, por lo que todo lo que sucedía era sobre todo literatura, más que otra cosa. Esas ideas ya las tenía. Esas las conservo. Todo es literatura. 120 libros a cuestas y la cima del amor y la gloria. Me siento serena y feliz como no me había sentido tal vez nunca. Con la edición de estos libros cierro una etapa, larga, accidentada y fantástica. Vivo en un Planeta fantástico. Otro Planeta fantástico. El nuevo Planeta fantástico. Soy una escritora y estoy preparada para las grandes obras. En Lyon, en este otoño luminoso, a punto de viajar a Santiago de Chile, me encuentro con la vida. Creo que comprendo ahora algunas cosas de la vida. Más que antes al menos. Pero siempre es la sorpresa de creer que comprendíamos. Yo estoy tranquila y preparada para comprender. Sobre todo, preparada para disfrutar. Y sobre todo, preparada para escribir. Sigue el amor, la amistad, la literatura y la acción. Sigue la música del nuevo Planeta fantástico. 
Gracias. 

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 09 de noviembre de 2025.




6 de noviembre de 2025

Extravagante emoción III

El día antes de casarme con Henri el tenista, apareció de sorpresa Ariel el dibujante en mi trabajo para hacerme, según dijo, una propuesta indecente: invitarme a almorzar. Tal vez a él le pareció divertido. A mí para nada. Más bien me pareció de un humor negro aberrante, como que incluso excedía el humor negro, lo desbordaba, y terminaba anulándolo, por lo que finalmente era un humor que te aniquila, en vez de hacerte reír. Eso fue lo que sucedió. Me aniquiló. Accedí a su sugerencia indecorosa y fuimos a almorzar: ¿Lisa, en serio? Te lo juro. Eso me decía a mí misma. Porque Ariel el dibujante es de un humor refinadísimo y muy torcido, en ocasiones. Ahora que lo pienso, que fuera a buscarme a la oficina sin previo aviso para sonreírme y decirme encantado que quería ir a almorzar conmigo en este importante momento, fue una putada. Porque además lo hacía a propósito, justo el día antes. Quería resolver cosas consigo mismo, como el hecho de que él no era el novio en ese preciso instante, pero y qué pasaba conmigo, con la serenidad interior que yo necesitaba. Qué se las arregle, parecía decir. Estaba todo alegre, y me preguntaba cosas de la ceremonia del día siguiente, detalles. Lisa, qué fuerte que te cases, tú, es difícil, comentarios de ese tenor. Qué intentas decir, Ariel del demonio, diabólico y maligno. Qué haces aquí hablándome de estos tópicos. Es mañana, ¿estás entendiendo la situación? Claramente no. Así cualquiera, apareces de imprevisto el día antes, cuando todas las cartas están echadas. Qué maldita ocurrencia. Creo que fue cruel, sin haberlo querido. Él un torbellino de emociones, pero qué diantres importaba eso, si la que se iba a casar era yo. Ariel, no entiendo qué estás haciendo aquí, ni el sentido de esta propuesta insensata. Tal vez podrías pensar un poco en mí. En la noche tenía una taquicardia rarísima. Acostada en la cama no podía dormirme. Qué necio, por dios. 
Un año después nos encontramos en un asado de bienvenida. Nuevamente la debacle. En ocasiones siento que lo detesto en realidad, y me detesto a mí misma de pasada por esos sentimientos del infierno. Al amor no lo detesto, porque no creo que esto sea amor. No tengo idea qué es, algo sinuoso y retorcido. Algo que pertenece al lado oscuro de la luna. 
Me llamaba de números desconocidos entre un encuentro y el otro, desde el otro lado del planeta, entonces yo contestaba. Henri el tenista al lado. Luego las explicaciones. Por qué te llama, etc. Desde dónde. Qué le pasa. Hasta cuándo. Es la peor historia en realidad, ahora caigo en cuenta. Y nunca se acaba. Es una pesadilla eterna. 
Qué eres, por dios, ¿una piedra en el zapato?, ¿la expiación interminable de mis pecados?, ¿el precio a pagar por los zigzagueos?, ¿el costo de la vida que sube otra vez? ¿el peso que baja que ya ni se ve? Juan Luis Guerra es de gran ayuda. Yo me vuelco a ese tipo de cosas cuando todo es confusión. Los ritmos alegres. El humor, por supuesto. Es lo único que resuelve. Pero no el humor oblicuo de Ariel el dibujante. A nadie le importa qué piensa usted. Será porque aquí no hablamos inglés. Eso dice la canción. La democracia no puede crecer. Si la corrupción juega ajedrez. A nadie le importa qué piensa usted. Repite. Pero luego dice: Será porque aquí no hablamos francés. Non, monsieur. ¿Pero quién descubrió a quién?, se pregunta Juan Luis Guerra.
Tal vez Jean el saxofonista y Ariel el dibujante es lo que me queda por resolver en la vida, para entender bien cómo funcionan las cosas. Una peregrinación al infierno.
Todas esas condenadas decisiones perentorias no sirven para nada. Hay que considerar que yo soy idéntica a ellos, o algo por ahí, entonces una paga con su propia medicina. ¿Incapaz de concentrarme en una cosa a medida que el tiempo transcurre? ¿Oscilante?
Lo más cándido es que yo quiera resolver en cinco minutos lo que no he resuelto en veinticinco años. Hay algo muy primitivo del ser humano, la situación de darse y darse contra la pared cincuenta veces, volver a llevar a cabo cosas para entenderlas cientos de veces. Hay como una falla ahí. O es lo que nos hace humanos tal vez. En este caso, me excede, no comprendo bien. Si la existencia intenta decirme algo, no le ha ido bien, porque me he saltado todas las revelaciones posibles. No vi ni una e hice caso omiso a cada advertencia que quiso entregarme. El amor es una putada incomprensible. 
Cuál es el costo de una relación para que resulte. A veces siento que tengo una personalidad que no ayuda, después siento que son opciones, después siento que quería otras cosas, etc. voy cambiando. Pero normal cuestionárselo, ¿no? ¿Para hacerlo mejor? ¿Para no sufrir?
En la balanza, a pesar de que todo es éxtasis, prefieren no estar conmigo que sentir esa oscilación en acción y sufrir. Luego yo logro cerrarlo todo cuando me enamoro de otro, lo que me da una tregua, pero después es uno más para el eterno retorno, si es que es de esos que llegan al corazón. Que embisten al corazón hasta someterlo. Es excepcional. 
Bueno, ahora sabemos que el promedio de tiempo para olvidar a alguien ronda en torno a los veinte años, que es lo que me ha tomado con Ariel el dibujante, y con Jean el saxofonista ya han pasado aproximadamente cuatro, por lo que quedan alrededor de dieciséis no más, voy bien.
Lo mejor que me ha ocurrido es Fiona Apple: I don’t believe your reasoning. Now I understand you’re a human. And you’ve got to lie, you’re a man. And you’ve got to get what you want. How you want it, but so do I. And I wanted to try.
But so do I.
Y las habichuelas no se pueden comer, canta Juan Luis Guerra. Ni una libra de arroz, ni una cuarta de café. Somos un agujero. Afirma. En medio del mar y el cielo. Quinientos años después. Una raza encendida. Negra, blanca y taína. Canta. Do you understand?

5 de noviembre de 2025

Vitalidad animal V

Todo es literatura. Todo puede ser literatura. Pero la vida: difícil. Otra cosa. Qué. Ese es el tema. Qué. Qué es. Tenemos esa preguntita, mientras las acrobacias no cesan. La pregunta implacable. Me la hacía yo en esa biblioteca. Mientras la noche llegaba a las cinco de la tarde en Lyon. Releía a Cortázar en la oscuridad de una novela imaginada, y de pronto: desolación gigantesca. Murió David Bowie. De un momento a otro. Ya no estaba. “I bless you madly, sadly as I tie my shoes, I love you badly, Just in time, at times, I guess. Because of you I need to rest, Because it’s you, that sets the test”. Por qué ahora. “And I Want to Believe, In the madness that calls 'Now', And I want to Believe, That a light’s shining through, Somehow. And I Want to Believe, And You Want to Believe, And We Want to Believe, And We Want to Live, Oh, We Want to Live. We Want to Live. I Want to Live. Live”. Exacto. Queremos vivir. Vivir. Es lo que yo me decía. Aunque él había abandonado la contienda inesperadamente. Poco después nos abandonaba Prince. Como si fuera poco intentar vivir. Escribir para qué decir. Pero vivir: más difícil. No. Pero todo puede ser literatura. Un gran consuelo. Para evadir la gran pregunta. Describirla mientras llega alguna respuesta razonable. Alguna respuesta que sirva. Prince compuso una canción que se llama Caos y desorden. “I’m just a no-name reporter. I wish I had nothing to say. Looking through my new camcorder. Trying to find a crime that pays. I get hit by mortars, everywhere I go I’m loitering. Chaos and disorder ruining my world today.” Una buena descripción del Planeta fantástico. Bowie y Prince lo entendían a la perfección. Juntos partieron para dejarnos en el abandono. Luego la gran pregunta, cómo. Cómo hacerla. Qué. Hacia dónde. Hasta cuándo. De qué manera. Chaos and Disorder. La luz que brilla a través, de alguna manera. El Planeta fantástico para darle sentido a la luz que brilla de alguna manera. Confiar en la manera. Creer. La devoción a la religión literaria. Porque todo es literatura.
A mí me gustan los hombres que me hacen reír. Le digo a Jean el saxofonista, diez años desde esa decisión y todavía quiero casarme contigo. Me responde, Lisa, estoy muy viejo. Me hace reír mucho, Jean el saxofonista. En ese momento decías lo mismo, le digo, pero eres cabeza dura, igual que yo. Lo importante es creer en la vitalidad animal con el cuerpo completo. Saber que todo es el Planeta fantástico, a pesar de las acrobacias.
Leo una pequeña broma, se indica: “Pensé que la adultez era una crisis tras otra. Me equivocaba. Varias crisis, al mismo tiempo, todas juntas, todo el tiempo, para siempre”. Una descripción excelente del Planeta fantástico. Caos y desorden. Pero todo es literatura.
A mí me gustan los hombres que me hacen reír, como Jean el saxofonista, como Ariel el dibujante. Porque de Planeta fantástico ya tenemos suficiente. De música desvaneciéndose en el aire. De abandonos imprevistos y prematuros. Lo que me interesa son los hombres que me dan ideas originales respecto a lo que es el sentido de la vida. Me interesa el cielo azul. Que no haya drama, pero que sea fascinante. Fascinación o nada. El Planeta fantástico es una vocación.
Me relaciono con hombres, para poder observarlos. No hay que descartar esa opción. Porque el Planeta fantástico es una vocación. Porque qué es, y sabemos, existir: acrobacias. Pero yo quiero creer, como Bowie. Soy una reportera sin nombre, como Prince. Creando grandes universos y grandiosas mitologías. A veces. En la oscuridad de la ciudad invernal con el sol que se va a las cinco de la tarde. Pero cuando soñamos es otra cosa. Ahí está el problema: soñar es un puñetazo en la cara. Una patada en el estómago. Zancadillas cada cinco minutos. Baldes de agua fría sobre la cabeza dormida. Un café frío porque nos pusimos a pensar en otra cosa y pasaron los minutos. Una sopa en un tarro porque la despensa está vacía. Una acera donde vamos tropezando por las raíces. Un canto en la ducha que nadie oye y se pierde en el sonido del agua hirviendo. Pero a mí me gustan los hombres que me hacen reír, y todo es literatura.
Como las instrucciones de Cortázar, escribí a fines de ese año un texto que se llamaba: Instrucciones para volver a empezar. Decía lo siguiente: Lo primero, apele a todo el humor que le sea posible. Lo segundo, no tenga miedo (sólo un poco, quizá). Ahora bien: (dos puntos) tomar la maleta con firmeza, abrirla y desempacar. Sin pensar, la historia de cada prenda, los recuerdos evocados, todo eso da lo mismo. Hay que seguir. Ponerlo todo en el armario como si lo hubiese encontrado todo en la calle antes de llegar, caminando por ahí. Ni cuestionarse el porqué de la maleta ni el determinado lugar elegido para desembarcar. Luego cada libro en la estantería como si el automatismo lo hubiese a usted invadido. Ya habrá tiempo para comprender. Los primeros momentos son críticos. Una mala noticia: los posteriores son aún peor. Pero no hay mal que por bien no venga. Quédese con eso. Aférrese a esas razones que dieron tantas vueltas en su cabeza y que lo impulsaron a tomar la maleta. Eso es lo importante. Volver atrás no tiene caso. Tomará más tiempo un posible cambio que su paciencia. Cuando la maleta y el par de cajas estén vacíos, diríjase al salón y ponga un poco de música. Quizá un buen libro, hasta una cerveza. Prohibido pensar (o pensar mucho, sólo un poquito, pero sin dar rienda suelta a lo que vaya apareciendo). Si los pensamientos lo atacan y quiere correr muy lejos, tome rápidamente el teléfono y disque el número de esa persona que podrá hacerlo sentir como en casa. Una cosa es importante, no cualquier número ni cualquier persona, sobre todo no esa, esa no. Esa que complicará aún más las cosas, ese tercero que lo enredará todo y no le quedará más que definitivamente correr sin rumbo fijo. Pensarán que se volvió loco cuando sea visto por las calles. No se amilane. Es cierto, todos podemos equivocarnos, llamar al número equivocado. No importa, en último caso, es mejor llamar a ese tercero que a quien se quiere olvidar. Cuando esté cansado de correr, deténganse un momento en el parque. Compre un croissant. Un café, también es buena idea. Reciba ese tímido rayo de sol que llega entre las nubes. Dese cuenta que todavía queda café, croissant y sol en el mundo. ¿Qué más se puede pedir? Lo otro llegará a su debido tiempo, sólo recuerde que la cantidad de tiempo que le queda caminando por el mundo es limitada, ¿y para qué insistir? Piense en esto: un día habrá alguien que pueda leerle un poema, por mientras, siempre se puede tomar el libro y leerlo usted mismo. Eso es lo más importante. Y después hay varias otras cosas que soportar a cambio de la lectura del poema. Aproveche mientras pueda. Porque nunca se sabe qué va a depararle la vida. ¿Llueve afuera? Hasta en las tormentas se pueden admirar los rayos. Confíe, aunque todo parezca decir lo contrario. Recuerde algo: todo tiene remedio menos la muerte. No se muera, recomenzar no es exactamente lo mismo, aunque a veces se le parezca. Ni piense en eso. Sólo piense en todo lo que le gusta hacer, y hágalo. Una y otra vez. Quiérase. Diga: él se lo pierde. Si fuese necesario, repita: él se lo pierde. Probablemente tenga razón: él se lo pierde. Quédese con eso, y vea la luminosidad del rayo. Cuando haya salido el sol ni recordará la tormenta. Qué maravilloso es el tiempo. Tómelo. Déjelo pasar sin intentar detenerlo. De una u otra forma todos vamos hacia la muerte, el asunto es no morir antes, estando todavía con vida. Y volver sería como morir. ¡Y volver a tomar la maleta! Ni loco. Vea lo avanzado, ¡qué maravilloso! Y ese sueño que tenía, ¡sí es posible! ¡ahora es posible! Qué magia. Tómela. Tome ese sueño. Recuerde ese, no al pelotudo o la pelotuda que le impidió realizarlo. Ahora depende de usted. Siga, tranquilo, nadie se interpondrá entre usted y sus sueños, no si usted no lo autoriza. Qué agradable. Y qué bonita es la vida (no lo olvide).
Y ahora escucho un discurso que dice: “New York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes e impulsada por inmigrantes. Y, a partir de esta noche, liderada por un inmigrante.” Mamdani. “Para llegar a cualquiera de nosotros tendrá que pasar por encima de todos nosotros”.
Los de la cabeza roja nos les gusta la literatura. Temen de la literatura, la persiguen.
Estamos todos nosotros. Todo es política. Todo es literatura. Todo puede ser literatura.
Turn up the volume. Subamos el volumen de la música. Vitalidad animal. Literatura.

4 de noviembre de 2025

Vitalidad animal IV

Lo importante es sentir el amor. El resto es secundario. El resto puede desvanecerse, no llegar nunca, deformarse, volverse infierno o acrobacia. Sentir el amor: eso es lo crucial. Poder apropiarse del sentimiento y llamarlo por su nombre. Llamarlo al orden, intentar atraparlo en el aire y dejarlo sentado a nuestro lado en el sillón turquesa. Sentimiento desafiante, por qué te me vienes encima. Preguntarle. Por qué me das este tiempo de miseria. Por qué me persigues cuando intento ir a la cocina tranquila a prepararme un café, para sortear el día en su totalidad sin doscientos obstáculos. Al amor hay que agarrarlo por el cuello e inmovilizarlo. ¿Me dejas tranquila hoy? Te usaré, decirle. Haré salir de tu sustancia la montaña rusa más monstruosa, será espantoso. Amenazarlo. Si no me das un poco de paz todo será aterrador y dantesco para ti. Porque tendrás que presenciar el espeluznante nacimiento de los versos que turban. Los que aparecen en tu lado más desmesurado, tu lado más horroroso. El que moviliza lo que no creíamos poder presenciar. Lo que no creíamos poder decir. Sí. Yo tengo un desafío adicional. Pronunciarlo no me es tan difícil. Si está el sentimiento está la palabra. Pero luego. Qué. Ahora qué. Continuar con los días que pasan, y esas palabras siguen reverberando. ¿Pero y si todo se modifica? Si luego esas palabras ya no significan exactamente lo mismo. A mí en lo primero me va fantástico. En lo segundo, a duras penas sigo adelante. Avanza el tiempo y todo es confusión. ¿Yo dije eso? ¿Cuándo? Debacles. Ahora sé que me ocurre con los libros que leo, la música, los hombres. El zénit absoluto, y luego: pocos me siguen el ritmo, pocos quedan guardados en mi corazón. El amor estremecedor no siempre cruza la línea final. Malas noticias: muy pocas veces. Peores: es excepcional. Lo más alto sobrepasa la barrera de la luz, y esa es una conducta que requiere bastante. Digámoslo así, la literatura excelente, la música excelsa, el amor verdadero: reliquias. Algo digno de fervor. Algo digno de recogimiento y fogosidad. Algo inusual y casi inexistente. Entonces encontrarlo: desmayo. Desfallecimiento, síncope. Es como encender la vela que ilumina el universo, encontrarse con algo de esa clase. Cada una de esas ocasiones son revelaciones definitivas. Lo sentí con Jean el saxofonista, lo sentí con Rayuela de Cortázar, lo sentí con el disco From the Choirgirl Hotel de Tori Amos. 
Luego de mi unión con Jean el saxofonista volvimos a Lyon. Era un crudo invierno, pero no nos hacía mella. Me iba a dejar en las mañanas a la estación de trenes, y me iba a buscar en las noches, todo era corazones y flechas, y yo iba a encerrarme a la biblioteca de la universidad todo el día a leer como poseída y a escribir. Me puse a releer a Cortázar. Creía poder llegar a una nueva revelación definitiva, la de la vida verdadera (no tenía idea qué era eso todavía). En esa biblioteca, con la noche que llegaba muy temprano a Lyon, el frío afuera para desestabilizarte, rodeada de montañas de libros en estantes, con los corazones y las flechas en el corazón, y unas semanas antes de decidir que me dedicaría exclusivamente a la literatura (y al amor), escribí un texto que titulé Cortázar y la verdadera vida. Decía así: ¿Dónde estaba ahora mi cabeza? Siempre perdida en las divagaciones, me hacía consciente de las líneas que estaba leyendo, del placer que me producía la buena literatura, de mi constatación de un futuro con ambiciones difíciles, en definitiva, de un universo tan amado, pero casi inalcanzable. Me veía en mi justa dimensión y humildad, una pequeña hormiga perdida en las páginas de Rayuela. ¿Cómo podía proponerme escribir habiendo reencontrado ese paraíso elevado de mil figuras en una, de gozo, de arte, cuasi perfección…? todo parecía en vano, y la realidad y la posibilidad de expresarse por unas palabras parecía de pronto un interés tan utópico como estúpido, o al menos ingenuo, por decir algún apelativo amoroso y condescendiente. Me embarqué en un delirio de esos sin final, dejaría a Cortázar poseerme, leería un millar de libros, le rogaría un ápice de piedad, de comprensión, la posibilidad de poder redactar un par de escritos que llevaran su nombre, le tiraría la oreja para despertarlo, decirle que aún vive, que quizá esos huesos son aún algo, me arrodillaría ante su mirada, suplicándole unas imágenes que me iluminen como dándome una gracia divina, un don que me lleve por las calles volando, pero lentamente para apreciar todos los detalles del paseo, con una breve parada en el Rhône, de esas que dan energías fulminantes y al mismo tiempo pacíficas, lo miraría fijamente, con lágrimas en los ojos, para decirle que no hay nada más importante en esta existencia, le mentiría diciéndole que no me importa tanto, le vomitaría todas esas ganas de tirarme a ese río aunque eso signifique la locura desatada, le vendería mi alma, porque no veo que haya nada más útil e importante. Le susurraría al oído una melodía que quizá exista en mí, que quizá lo vuelva loco a él también, le diría que podríamos habernos conocido, que siempre soñé con ese encuentro, en las calles de una Francia que veía tan lejana, que ahora veo más de cerca aunque todavía no entienda nada. Definitivamente perdida, pero con una intuición de un destino cierto, las llaves de la dicha, y un destino incierto, pero cubierto de flores, aunque a veces cerradas. Le preguntaría si es posible otra oportunidad, le preguntaría cuántas tuvo él, le diría que puede decírmelo todo, que me sentaré a escucharlo aunque sea por décadas, pero me interesa todo, que su corazón tiene tanto valor como la que él creyó tenía su mente, le diría que cada una de sus palabras me hacen llorar de emoción, le diría que la vida es una montaña rusa que a veces llega tan, pero tan alto, le diría que se fue sin conocernos, que no me dio esa oportunidad, le diría que estoy segura que nos habríamos entendido bien, le diría que aquí en Lyon también recuerdo tantas de sus líneas, que justo ahora veo que sale el sol en este invierno menos frío que otros vividos en esta ciudad, que el sol siempre termina por salir aunque luego parezca como que nunca, realmente nunca ha salido, y todo parezca como un sueño que acaba al despertar, y le diría que debe reencarnarse, que tiene el deber de reencarnarse, y que nos daremos cita al lado del gran río, y que un par de cervezas cambiaran el curso de la historia, la pequeña historia de dos vidas, dos pequeños peces que pasan por el río, pero pasan al fin, pero pasan, pero se encuentran, pero no es necesario mucho más, sólo que sepa que nos encontraremos, que estamos siempre encontrándonos, que nos súper encontramos una y otra vez, que no nos detenemos jamás de encontrarnos, que va conmigo, que yo casi ni existo, porque he dejado espacio para que me posea, para que baile conmigo en ese baile eterno que despliego por las calles, con esa sonrisa de saberme pez perdido nadando en el río, pero con un pez dentro que se llama Julio, pero me guía de esquina a esquina, aunque luego llegue al campo, al bosque y al silencio, y la calma parezca el despertar de un otrora sueño de grandeza, pero que permanece, pequeño, pero universal y lleno de verdad. Un puente a la otra vida, a la vida de verdad, la que vivo cuando estoy entre tus líneas, la que vivo cuando me tomas en tus brazos, la que vivo cuando puedo ser esas líneas y olvidar que hay un mañana, la que me inyecta aún más vida, y evita que ruede colina abajo. Dame más líneas, porque haré de ellas una existencia, porque me darán tantos atardeceres mágicos, porque una sola vida no es suficiente, porque nunca hay mundo suficiente, porque si tengo que vivir, quiero que sea contigo, aunque lo invadas todo, aunque los colores cambien, aunque tu nombre se llame existencia entera, aunque luego tenga que dejarte descansar, y partir por mí misma, liberándome como siempre con ese gozo de volar que da miedo a veces porque luego caes o puedes caer, o puedes volar, o caer y volar, y partir, y quedarse, como siempre, con tu libros, Cortázar, con tu magia, con tu belleza, que está tan lejos, pero me ayudará a seguir, siempre que haga falta, aunque luego me haga llorar, y sabré, una vez más, que escribir tiene una parte de tristeza, una parte de realidad, una porción de desaliento, por tanto sentimiento profundo y desesperado, por la apropiación del dolor del otro, por la constatación de la complejidad existencial del mundo subterráneo, oculto, ese que no se dice, ese mundo mudo, que todos cargamos, en silencio, pero que determina nuestra verdadera vida. Ven ahora, Cortázar, ven a estas calles soleadas, ven a estas grandes avenidas invernales, ven a estas pequeñas callejuelas llenas de nada, a dármelo todo, a conversar un momento conmigo, toda una vida, todo lo que pueda durar, hasta que me digas que es necesario pasar a otra cosa.

Vitalidad animal III

Hace exactamente diez años decidimos casarnos con Jean el saxofonista. Yo me había ido a Barcelona, no lográbamos ponernos de acuerdo. Hablamos por teléfono, muchas horas. Casémonos, Lisa, me dijo Jean el saxofonista. Mi dicha no tenía final. Escribí ese día, 03 de noviembre del año 2015: “A veces los planetas vuelven a alinearse, encontrando una órbita aún más cómoda. Esos momentos pueden entregarnos un sentido, incluso a veces para toda la vida. Hoy ha sido una de esas ocasiones para mí, donde el plano mayor de la existencia se devela, permitiéndonos la benevolencia hacia todos los terremotos que acechan y oscurecen el alma a ratos. Sólo puedo pensar en tu abrazo.”   
Cuatro días antes Jean el saxofonista me escribía un correo desde Lyon, el cual leí con mucha atención en Barcelona. “Lisa, dudé si enviarte o no estas líneas, pero creo que es lo mejor para ti y para mí. En relación a tu pregunta –‘yo creo que no me amas tanto como yo te amo’-, te equivocas, y lo sabes muy bien. Mis reacciones, a veces coléricas y distantes, que he provocado entre nosotros últimamente, surgían desde lo más profundo de mí mismo porque no veía ninguna solución a nuestra relación, ninguna salida posible. Te veía y te sentía como un pájaro enjaulado. Te amo, Lisa, pero nuestras vidas y nuestras expectativas no son compatibles. Te deseo lo tengas todo, y más que eso. El tiempo que hemos pasado juntos ha sido para mí cercano a la perfección. Tienes que vivir tu vida, y sé que ya emprendiste el vuelo. Eres y serás siempre para mí una persona hermosa. Je t’aime mi amor.”
Al mes siguiente, un día 17 de diciembre, nos casábamos en El Quisco, en Chile, y celebramos con un almuerzo al sol en Isla Negra con gente tan amada. Existir es tan sublime, y tan duro en ocasiones. Je t’aime, pour toujours, mi amor. Nunca se olvida el amor que se ha recibido. Mi vitalidad animal se nutre del amor. Mi desasosiego, mi caída. La extravagante emoción y todo su baile en el aire. Hoy es un asoleado día de otoño en esta ciudad de las hojas rojas furiosas. Los árboles ondulando con el viento. Leo y leo estas 700 páginas escritas los tres años anteriores a Jean el saxofonista, aquella época cuando comenzó el Planeta fantástico. En un sentido no puedo creer todo eso que estaba en mí en ese momento. Todas esas reflexiones y encuentros. Realmente era la vitalidad animal, y la extravagante emoción. Caos y abismo. Una especie de serenidad muy particular, que flotaba en la electricidad del ambiente. Me siento dichosa ahora, de leerlo y saber que pude ordenar el caos en dirección a la creación. Me llega el reflejo del sol que se mece en el río serpenteando. Las hojas en movimiento lo hacen aparecer y desaparecer. Escucho Imogen Heap y Shekhar, que cantan: Minds without fear. “Search and rescue. Treasured fractals of our lives. If we move like lightning charging through the angry sky. And intercept on the arrow of time. Well we just might make this out with our heads held high.” La flecha del tiempo y la cabeza en alto. Sé que confiaba en mí misma en ese momento. Pero es una confianza diferente a la que tengo ahora. Tenía muchas cosas que resolver, conmigo misma, con los demás, y con el mundo. La vitalidad animal la conservo intacta. La creatividad también. 120 libros a cuestas. El amor es la razón absoluta para escribir. Sus devaneos nos aturden y desorientan. En ese desconcierto se escribe la vida.   

3 de noviembre de 2025

Vitalidad animal II

Las dos mejores decisiones que he tomado en mi vida han sido separarme de Henri el tenista y alquilar el piso en Lyon. La literatura está muy agradecida de ellas. Yo también, de haberlas tomado. Dos decisiones difíciles. Que tomé, a pesar de todo. Me casé muy enamorada, y tenía una confianza, que no sé exactamente de dónde venía, pero de que sería un vínculo eterno. Sin comentarios a esta afirmación. En cuanto al piso en Lyon, estaba casada con Jean el saxofonista, muy enamorada, y le propuse que viviéramos en dos casas, yo en la ciudad, para escribir, y él en la casa del campo. Yo iba los fines de semana. Bueno, tal vez en la lista de las mejores decisiones deba agregar el haberme casado con Jean el saxofonista, a quien amo perdidamente, aunque ahora estemos separados. Él me decía en ocasiones, vas a dejar de quererme. No. No sé bien por qué decía esto. Nunca entendí. Bueno, se equivocó. A veces sucede. Pero la vida tiene constantemente eso de hacer apuestas en el vacío. Yo aposté por la literatura. Es escurridiza, pero a veces se acurruca a mi lado. Jamás dócil, jamás dejándose someter. Siempre alerta y escondiéndome enigmas que va lanzándome cada cinco minutos. Tal vez sea el vínculo más intenso que tengo, lo que no es poco decir. Vivo con ella. Todo mi día transcurre en sus brazos. Somos grandes amantes. Nos perdonamos todo, nos concedemos todo, pero sin descanso. Pero sin tregua y con una exigencia que devasta. A veces la siento como un amante inflexible. Me desmoraliza. No hay atajos ni momentos de calma. A veces la siento como una maestra que está observando atenta. Que va dándome ánimos, pero al mismo tiempo indicándome todo lo que no está resultando para nada. Tenemos una relación muy tensa en ocasiones. No es relajado. Es la valía misma de la vida lo que está en juego. El valor de mí misma, de lo que el mundo es capaz de dar. De lo que está mostrando y yo no estoy viendo. Me esfuerzo por entenderla. Por comprender al mundo. Las contradicciones y paradojas me confunden, pero ella es perfecta. Cuando está ahí, es nítida, éxtasis. Igual que la música. Trance absoluto. El arte y la belleza son túnel de euforia. Salto al precipicio. Caída libre. Expansión estelar. Día asoleado. Río caudaloso. Epifanía constante. La libertad total. Sólo estoy bien cuando puedo sentirla. Siento el arte, en mi emoción, en mi cuerpo. Vivo para crear esa anomalía en la planicie. Cuando nací leyendo Gabriela Mistral ya todo estaba escrito. Luego conocí cada paraíso. Intuiciones, todo eran intuiciones. Clímax que me permitían crecer cada vez. Hacerme inmensa para comprender. No iba entendiendo tanto, pero seguía. Llegué un día al Planeta fantástico. Había obtenido pequeños fragmentos antes. Escribí en ese momento: “Yo nací para escribir. Yo nací para cambiar el mundo. La curiosidad infinita me ha llevado por la tierra atenta. Hay que correr riesgos para llevar a cabo el propósito en la vida.” Tenía un poco más de treinta años. Lo leo ahora. Ese libro del caos vital. Me da vida, porque todo eso está muy lejos ya. Estoy alegre. Porque lo llevo dentro, pero de otra manera. La vitalidad animal y la extravagante emoción me constituyen sólo como llama para encender. Mi serenidad es distinta de aquella. Esta es una serenidad absoluta. La noción de que estamos solas, la literatura y yo: para siempre. 

2 de noviembre de 2025

Extravagante emoción II

Hay experiencias que siguen reverberando en el tiempo. Que se van revelando de a poco. Como fue Brasil para mí, y ese carnaval y esa isla. Las experiencias donde hay una dosis de desorientación son siempre más interesantes. Por ejemplo si tienes que elegir entre un club med o una mochila al hombro, no hay donde perderse. El control total aniquila toda experiencia posible. O bueno, es la experiencia del control: algo extraño en ocasiones. ¿Algo irreal? Pero lo más irreal es lo nuevo, que nos desconfigura suavemente. Cada experiencia de la alteración de nuestra estructura queda en nosotros como melodías por cantar. Ariel el dibujante me manda una canción de K-efe. No la conocía. Me hace reír. La letra dice, se siente intenso pero es love, me gusta cuando lo hacemos de a dos, intenso pero es love. Cada encuentro con él es una experiencia. Como un viaje. No te preocupes si no te aprueban, cuando te critiquen tú solo di: soy yo, canta Bomba Estéreo, a nadie le importa lo que estoy haciendo, lo único que importa es lo que está por dentro, soy yo, cuando más te pegas fuerte, más profundo es el beat, soy así, y tú ni me conoces a mí, bien relajada, you know what I mean. Fuego, mantenlo prendido, cantan, y no lo dejes apagar. Watch out!, you might get what you’re after, canta Talking Heads, strange but not a stranger, burning down the house. Tal vez Europa fue para estar lejos de todo. Para reorganizar la vitalidad animal y la extravagante emoción. Para conocer a Jean el saxofonista. Escuchar sus acordes. Respirar. Entender el carnaval. Sentir la manera de describir esa isla. Necesitaba sentirla. En el silencio. Así es como se siente el amor. Se siente lo importante. En el silencio. En las pulsaciones interiores. En los beats en sordina que nos van guiando. Yo pensé que me costaba tomar decisiones definitivas. Tal vez todo lo mío es definitivo. Mi amor por las cosas, mi pasión por el presente. Mi entrega. Mi candor. Mi ánimo. Mi entusiasmo. Mi partida. Mis relaciones que me han desarmado. Todos esos viajes. Esos recónditos rincones donde experimenté la vida. Donde me encontré con ella. Sigo visitándola. La habito completamente. Ahora soy la vitalidad animal y la extravagante emoción. De manera permanente. Suena cansador. Lo es por momentos. Pero: I’m just a writer. Duda, caos, abismo, clímax. No lo dejes apagar. En mi cuerpo van las historias completas. Las voy dejando salir. Para organizar la casa. El universo total. Todas sus ramas que van creciendo. Ahora caen las hojas. Pronto llegaré a las flores. Tres semanas para el sol incandescente. Intenso pero es love. Esa es mi existencia. Intensa, pero es amor. Es lo que me digo. Me río todo el tiempo. De cualquier cosa. Si es trágica con humor negro, si es luminosa, con sincera entrega. Soy yo. Llevo las historias. Las llevo por las islas. Los carnavales. Para despertar, para gozar, para reflexionar, para los clímax definitivos. Escribo la gran historia que no se apague. Que esas ganas de existir sean el testigo de ese Gran Planeta fantástico. Donde todo es posible. I’m not afraid of anything, I want it all, canta The National. It’s half your fault so half forgive me, cantan. Swoon and fall into my arms, canta Imogen Heap. I’m not afraid to tell you what I want, never leave me out here for too long, canta The National. Intenso, pero es amor. Sólo soy una escritora. Para despertar, para gozar, para reflexionar, para cada clímax. Definitivo. La pasión es definitiva. El amor es definitivo. Todo fue por ese carnaval, por Ariel el dibujante, por Jean el saxofonista. Intenso, pero es amor. Entrar en el trance de la música. De a poco. Tras 25 años. Tras 12 años. Intenso, pero es amor.

Extravagante emoción

El Planeta fantástico está hecho de vitalidad animal y extravagante emoción. Caos y abismo. Duda, caos, abismo y clímax. Para ser precisos. Porque todo tiene un comienzo y un final. Lady Gaga le dice a un entrevistador el año 2009, “because I’m a female and I make music, you’re judgemental. I’m just a rock star.” Yo veo que las personas tienen una vida. En mi caso: I’m just a writer. Sólo una escritora es ser el fuego absoluto. Es desvanecerse con la música. Es no encontrar salidas. Puertas cerradas. Prohibido pasar. Duda. Abrirlas. Caos. Abismo. Clímax. Volver a comenzar. Nunca es igual. Frases como beats. Que tengan la pulsación del corazón. Que se sientan en el pecho. Una pequeña vibración entre las costillas. En el tórax. Se hace inmensa. Lo invade todo. Al ritmo de la euforia de estar en vida. El caos y el abismo es el tránsito necesario. Para los beats que perforan. Las dudas. La culminación. Antes del abismo en el Planeta fantástico hubo una etapa final del caos: el carnaval de Río de Janeiro. Fue en esa explosión, y en embarcaciones, y en grandes islas donde se forjó la continuación del Planeta fantástico: el viaje definitivo. Pero antes había que pasar por el abismo. Porque la cima es siempre después de la duda, el caos y el abismo. No hay atajos. En aquella época del Planeta fantástico partimos a Brasil con dos amigas. La vitalidad animal. Yo no había estado nunca en un despliegue de esa magnitud. Mi existencia se modificó. Quiero vivir aquí, me dije. El país de la euforia y la música. De otras cosas también. Estuvimos en las favelas. Muchos muertos esta semana. Si los poderosos dejan de consumir drogas ilícitas legalizándolas se acaba la matanza. ¿La terminamos? Que se destruya el que quiera, pero por qué destruir a quien tiene menos en nombre de la salud de todos. Los grandes consumen y destruyen, es la gran paradoja. Conocimos una cantidad de gente impresionante en Brasil. Formas de vida que me llamaron la atención. Era el tiempo de la vitalidad animal y la serenidad de esas playas de la música suave en una fogata. Creo que ahí comprendí todo. Había que partir. Lejos. Convertir la vitalidad animal en libros. Emancipate yourselves from mental slavery, none but ourselves can free our minds, how long shall they kill our prophets, while we stand aside and look?, some say it’s just a part of it, we’ve got to fulfill the book, cantábamos, con Bob Marley & The Wailers. Won’t you help to sing, these songs of freedom? because it’s all I ever have, redemption songs, cantábamos. Era todo muy serio, yo lo sabía. Cantaba con ahínco. Porque sabía que era esencial. Ese pueblo y esos encuentros. Esas certezas. Comprendí cosas. La creatividad se parecía a ese carnaval y a esa isla completa. Aquí está todo, me dije. Hice el amor en la playa por primera vez, en la arena, sobre un pareo que tenía la bandera de Brasil, orden y progreso. Todo era revolución. Cada encuentro, cada conversación, cada baile, cada canción, cada nado por esa agua salada cristalina. La amistad y la alegría. Europa tiene un lado tan aburrido. Hay cosas que no se entienden aquí. De tanta forma a veces se pierde lo esencial en ocasiones. A mí me interesa la vitalidad animal. También la forma, pero mezcladas. Fue un viaje de mucho humor y catástrofes. Estoy alegre de haber nacido en Latinoamérica. Le debo mi vida completa. A todos esos lugares de paraíso que recorrí a través de los años. Con los amigos, con Ariel el dibujante, con la familia. Tuve una comprensión completa sobre el existir. De sur a norte, todo lo recorrí. Cada país y cada manifestación. Cada ínfimo detalle que me transformó. El carnaval de Río me abrumó y me estalló el cerebro. Era como ver toda mi literatura desplegarse por las calles. Todo el éxtasis existir fuera de mí. El brío en acción, como un gran escenario. Una ciudad incendiada e incendiaria. La playa de esa ciudad, qué idilio, el vergel de la vorágine. Un sol incandescente, cada día. Quemarse por dentro y por fuera. Encandilarse, expandirse. Tengo que hacer algo con mi vida, me dije. Lo primero, dejar ese trabajo con ese jefe de mierda. Miraba el océano y lo confirmé. Mataré a Narciso, lo supe en ese momento. En segundo lugar, tengo que irme de ahí. En tercer lugar, dejar el derecho en su forma actual, transformarlo en activismo de fuego, como este carnaval, y lo más importante: escribir. Tengo que comenzar a redactar el verdadero Planeta fantástico. El de la soledad, la distancia y la huida. El de la fiesta, el estruendo y el goce. Iré en busca de mejores oportunidades, como hace la gente que parte. Con ellos iré, hasta las últimas consecuencias. Lejos de casa. Cerca de casa. Conocer la casa. Habitar la otra casa. Volvimos a Santiago de Chile desde ese carnaval. Torbellino. Preparar la nave. Llegó marzo. La oficina. Un poco más de caos. Crear las estrategias. Caos intenso. Ariel el dibujante. Abismo profundo. Septiembre de ese año partía en un avión a Barcelona. No al carnaval, pero a algo por descubrir. Tenía un poco más de treinta años. Llevaba encima la playa y el carnaval. Abrí el arca. No había dinero ni animales, pero tenía el carnaval. Lo había vivido. Entonces comencé. 

1 de noviembre de 2025

Vitalidad animal

A mí lo único que me excita es publicar libros. Todo el resto es interesante, pero no lo más alto. Tengo un deseo intenso por los libros. Sueño con libros, fantaseo. Los hombres, interesante, pero no lo más alto. Los amigos, lo más alto. Casi como publicar libros. Tengo una vitalidad animal para las letras. Como si todo fuera un baile con el instante. Una danza interminable con la inmortalidad imaginaria. Me lo vivo como catarsis colectiva, como catarsis inclemente. Como movimientos indecentes. Simbiosis obscenas. Como si las palabras fueran cuerpos. Organismos para habitar. Para descubrir. Para indagar y explorar. Soy siempre virgen como un bosque deshabitado, y mujer incandescente. Las promesas de cima me aceleran. Nunca detengo a la nave espacial. La música me perfora una y otra vez. Como si nos encontráramos carnalmente en cada ocasión sin recordar la anterior. La sorpresa total. Así enfrento cada libro. Una nueva maniobra en la altura sin lugar donde caer para vivir. Salto. Como un tigre que no calcula bien la distancia entre un obstáculo y otro. Caigo. Esto es todas las veces. Me río a carcajadas. Esto es todas las veces. Como en cada encuentro amoroso. Saltar, caer, y reír. Entremedio llorar un poco. Depende de cuán arriba llegó todo, llorar un poco más. Muy arriba, llorar muchas veces. Muy arriba, reír muchas veces. Lo único que me interesa es la intensidad que me parta en dos. La fuerza del rayo. Que pulverice el presente completo. Tengo una vitalidad animal que es la creatividad en acción. Un afán de seducir cada rincón del presente. Me inspiro de los sentimientos y emociones que son extravagantes. Voy eligiendo los que brillan más, los que no entiendo bien, los que me desafían a inventar nuevas cosas para llevarlos encima. Todo consiste en una selección minuciosa, que no llevo a cabo para nada, porque todo es vértigo y desconcierto. El control es nulo. Sólo vitalidad animal y despeñadero. Olvido y me arrojo. Cada salto una apuesta que abrasa. Entonces el clímax, la euforia, y la perplejidad. Así es cada vez. Lo seguiría haciendo, hasta que me pulverice el deseo y ya no pueda seguir. Ocurre en ocasiones. En las relaciones, no en los libros. A la pluma no se renuncia. Tal vez tampoco al amor. Yo he renunciado muy pocas veces. Inmediatamente he retomado. Incluso cuando creía que moría. He amado siempre. Así como he escrito siempre. Al arte y al amor no se renuncia nunca. Pulverizarse es parte del oficio. Ser humano de las palabras es ser animal de costumbres. Todos los días las frases. Todos los días los significados. Clímax y turbación. Porque las palabras van transformándose como monstruos infernales de halloween y de fuego. Crees que tienes una en las manos, y luego abres los brazos y nada, no hay nada. Estás segura que hubo ese significado, pero nada. Dónde estaba. En qué lugar obtuve ese sentido. Buscar, buscar. Quizá el paraíso que soñamos cuando estamos enamorados es aquel del que fuimos expulsados, donde todos los abrazos son inocentes, escribe Doris Lessing. Las palabras no son inocentes en ningún sentido. El enamoramiento con cada una dura poco. Enseguida descubrimos que la ambigüedad es la regla. Nuestra constitución ambigua lo empeora todo. Como organizar un encuentro entre entes de caos. Es ilusorio. Pero tan alto. Por eso cada libro es una culminación, igual que el encuentro sexual. Porque decimos, no importa que todo sea vacío y sinsentido, aquí hay algo. Lo voy a dejar ahí al lado del camino. Que lo tome quien quiera, y vamos tomando lo que otros dijeron, lo que pulverizó a otros, y no hay fiesta más espectacular. Es la Gran Ultra Inmensa Fiesta. Exacta al Planeta fantástico. Entonces uno toma cada obra y la incorpora al corazón para que explote la alquimia. Igual como cada encuentro amoroso, cerca del corazón queda y explota. En obras, creaciones. En inspiración para otros, porque todo es dar y recibir. Esta es la regla básica de la vida. Dar y recibir. No se puede sólo dar, o sólo recibir. Esa es la pulverización definitiva. Vamos escribiendo y vamos leyendo. Vamos bailando y vamos observando. Vamos amando y vamos dejando que nos amen. Seducir a la existencia es la regla número uno del Planeta fantástico de la Gran Ultra Inmensa Fiesta. El humor que penetre el hielo, para evitar que caigan los glaciares. Que todo sea devastación y asolamiento. No olvidemos que todavía no sabemos dónde está Julia Chuñil. Porque escribir y amar es transitar con desaparecidos, con muertos. Es decir algo para que la Gran Ultra Inmensa Fiesta sea tal. Porque la vitalidad animal necesita serenidad y justicia. Inspiración sin intervalos. Una constante de paraíso, ese de los abrazos inocentes. Amo las palabras pero las miro con distancia. No quiero ser ingenua. La existencia no me lo ha permitido. En muchos momentos no me lo ha permitido ni el Estado, ni la sociedad, ni jefes, ni parejas, ni amigos, ni familiares. Estados que asesinan, sociedades que oprimen, jefes que acosan, parejas que maltratan, amigos que violan, antepasados que abusan. Pero vamos remando para mantener la cadencia lo más constante posible. Para que toda la composición siga intacta y modificar lo desértico completo. Seguimos intentado amar a los hombres, y tantas veces resulta. Estoy agradecida. Tenemos que ir todos juntos, con los animales no humanos. Contra la dominación que aniquila la vitalidad animal. Este año sabemos que la contienda es más dura que nunca. No renunciamos. 

Planeta fantástico XIV

Primero de noviembre. Que me perdonen los muertos, por hoy. Estoy en un Planeta fantástico. Pienso todos los días en ellos, que me eximan por hoy. Hoy es el día de los vivos. Quiero que de ahora en adelante sea ese día, cada vez, cada día. Como canta Silvio Rodríguez: soy feliz, soy una mujer feliz, y quiero que me perdonen, por este día, los muertos de mi felicidad. Y si esto fuera poco, como canta Rodríguez, tengo mis cantos que poco a poco, muelo y rehago, habitando el tiempo, como le cuadra a una mujer despierta. Recuerdo con gran nitidez la primera vez que escuché esa canción, en un bar en el centro de Santiago de Chile, era una adolescente, quedé en jaque, tal como Aureliano Buendía de García Márquez recuerda la primera vez que su padre lo llevó a ver el hielo. Yo no estoy frente al pelotón de fusilamiento sin embargo, creo, sino todo lo contrario. Liberada en este momento de ese pelotón, si puede alguna vez uno liberarse. Si bien en el país donde nací se expresan a veces ideas de esa línea con gran soltura. De todos los lados. Quedan las reminiscencias. Crea resquemor aquello. Aquí es el otoño, todas las hojas en el suelo. Muchos muertos en este lado del planeta. Pero dije que hoy los dejaré descansar tranquilos, porque la serenidad es algo que hace falta. Ha sido un año durísimo, infame. Todo lo que pueda decirse es poco. Yo he intentado hilar lo que sucede en esta mitad de mi vida, no sin dificultad por tanta catástrofe. A fin de este mes cumplo cuarenta y cinco años. Frente a una especie de pelotón de fusilamiento, que también ha sido un Planeta fantástico, en otros aspectos. Una gran paradoja, pero quien dice que existir es muy distinto que eso. Tengo la música, que escucho: Imogen Heap en este momento. Me lleva una y cien veces al Planeta fantástico y siento como danza mi cuerpo, porque debo haber nacido para eso. Me escribe Ariel el dibujante que está muy alegre que visitaré prontamente mi tierra natal, y podré unirme a él en el baile, lo que tanto nos gusta, la quintaesencia del Planeta fantástico, la conversación y el movimiento. El amor y el deseo son drogas más potentes que cualquier otra cosa. Lo más alto. El Planeta fantástico absoluto. La explosión verdadera. La nave espacial de las bienaventuranzas. Quiero vivir una y otra vez. Recordar a los muertos, y vivir sin medida ni freno. Quiero que me posea la intensidad para decir lo que tengo que decir. Son cosas importantes siempre. Porque vivir es importante. Es esencial. No se trata de intentar vivir, sino de vivir. Dejar de lado los pelotones de fusilamiento. Porque nos han traído muerte, desgracia y pesadillas. Secuelas, miedos. Este país incorporó el concepto de falta de consentimiento en la definición penal de violación. Que se vaya disolviendo ese pelotón de fusilamiento. Las muertas las recordamos mañana con fuerza. Los muertos. Las niñas, los niños, los adolescentes. Porque todos los días son los días de la vida y la muerte. Existir es un baile delirante entre los dos. Una desconcertante mezcolanza de la que cuesta sacar cosas en claro. Yo hago un esfuerzo sobrehumano en este sentido. Como las bestias y los monstruos del día de ayer, sobrehumanos. Debo tener algo de bestia, de monstruo, de bruja. Una desconcertante mezcolanza. Se me señala seguido esta falta de orden, esta interrupción constante de la dominación uniforme. No llegué hasta acá para la unanimidad, me irrita. Tengo que haber llegado hasta acá para algo. Para liberarme del pelotón de fusilamiento, y vivir el Planeta fantástico. Tal vez desde el comienzo fue eso: el fantástico planeta. Luego distracciones grotescas. En ese lugar, en que una persona cantaba en la guitarra la Pequeña serenata diurna, de Rodríguez, yo advertí algo sin medida. Algo que iba a llevarme más allá de las fronteras. El Planeta fantástico no tiene fronteras. No tiene jerarquías que aniquilan. Vivo en un país libre, creo. A diferencia de Silvio Rodríguez. Nací en un país que es libre, creo. No lo era en ese momento empero, para nada. Diez años tuve que estar junto a la muerte. Cual solamente puede ser libre, canta Rodríguez, en esta tierra, en este instante, y soy feliz porque soy gigante. Amo a una mujer clara, canta, que amo y me ama, sin pedir nada, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual. Yo amo a un hombre desconcertante y caótico, pero no me importa. En realidad amo a dos, desconcertantes y caóticos, Jean el saxofonista y Ariel el dibujante. Pero yo estoy en la misma fibra, así es que no me importa tanto. Más bien sólo un poco, creo. Dudas tengo siempre. Esa es una constante. Pero cómo puede ser de otra manera en este lugar de pelotones de fusilamiento, y hielo, derritiéndose. De animales no humanos que son muchas veces tratados como animales humanos: mal. Primero de noviembre yo recuerdo al Planeta fantástico para que me dé vida. Hace falta, hace falta. Que acabe ya este año del infierno. Yo quiero amar, no tengo dudas. Eso siempre está claro. Debo ser una mujer clara, que ama. Pidiendo mucho. Infinito. Transformar es exigir. Lo tibio no da llama. Las hojas de fuego que veo afuera encienden el entusiasmo. Que sea el Planeta fantástico. 

30 de octubre de 2025

Planeta fantástico VII

La primera vez que nos besamos con Ariel el dibujante estábamos celebrando un año nuevo maya en el Valle del Elqui, en el norte de Chile. Teníamos veinte años. Era un lugar hermoso, con un río cristalino. Al lugar lo llamaban Río mágico, creo que quedaba cerca de Pisco Elqui, un pequeño pueblo, no muy lejos de Montegrande, donde hacía clases Gabriela Mistral, la poeta y diplomática premio nobel chilena, y de Vicuña, donde nació. Era de noche, estábamos sentados con Ariel el dibujante en una fogata, con más personas, que no conocíamos, que cantaban y tocaban la guitarra y unos tambores. De las personas que conocíamos sólo estaba Victorine, una amiga mía de la universidad con quien acababa de encontrarme por casualidad, los amigos con los que habíamos venido dormían, no sé qué hora era. En realidad nos habíamos ido a dormir todos a la tienda de campaña, pero se escuchaba la música de la fogata de la celebración de año nuevo, era un día de julio, invierno austral, supongo que el veinticinco, que es el día que se celebra el año nuevo maya, no podía dormir y pregunté quién quería ir a la fogata un momento. Yo voy contigo, contestó Ariel el dibujante. Tampoco dormía. En realidad yo ya estaba obnubilada por él, desde hace unos meses, pero éramos amigos. Nos habíamos acariciado en la oscuridad inesperadamente el verano recién pasado, en una excursión en la montaña, y yo había quedado cucú. Pero yo estaba enamorada de Arsène el guitarrista, con quien estaba en una relación hace más de tres años. Arsène me había dejado una semana antes de esa fogata, de un día para el otro. Algo horrible. Habíamos recorrido en auto toda la costa desde Santiago hasta Bahía Inglesa, un balneario en el norte, a 800 kilómetros de la capital. Luego pasamos dos semanas ahí, conociendo todas las playas y pueblos a la redonda hasta una reserva nacional que se llama Pan de Azúcar donde hay zorros salvajes, y la semana siguiente, me comunica que me dejaba. Partí con mis amigos al Valle del Elqui. El destino inicial era Cusco y Machu Picchu, queríamos hacer el Camino del Inca, pero la empresa aeronáutica a la que habíamos comprado los pasajes quebró, y nos quedamos sin boletos y sin el dinero. Partimos en auto al norte, eran las vacaciones de invierno. Hacía frío, pero cuando salía el sol durante el día, mucho calor. Cuando nos levantábamos todo tenía una pequeña cubierta de hielo, la oscilación térmica es muy grande en la montaña. Luego los rayos del sol la hacían partir. En la tarde me encuentro con Victorine, le cuento que Arsène el guitarrista acababa de dejarme. Estaba muy sorprendida. En la noche vuelvo a encontrármela, le presento a Ariel el dibujante. Se queda ella en la fogata, conversando con alguien. Ariel el dibujante y yo, suspendidos en este momento mágico. Conversamos, mirando el fuego, escuchando la música. Recuerdo que le pregunté directamente, ¿te puedo besar? Me da risa pensarlo ahora. Luego me dio una vergüenza terrible mi osadía, y dije una excusa muy mala, ridícula, como que no había estado con nadie más que con Arsène hace tanto tiempo, o algo así sin ningún sentido, porque no era que quería besar a alguien, si no que quería besarlo a él, pero no se me ocurrió nada más. Empecé a hablar de otras cosas para cambiar el tema, y me paró en seco. Lisa, sí, sí me puedes besar, me dijo. Es una escena divertida, ahora que lo pienso. Nos besamos, pero no fue como un beso de fogata tarde con alcohol de por medio y sin importancia, duró un largo momento, muy largo, suave e intenso, como el deseo concentrado de todo lo que habíamos querido hacerlo hace meses. Me enamoré de él en ese mismo instante y para siempre, hasta hoy, veinticinco años después. De hecho el próximo año van a ser veinticinco años desde esa fogata mágica. No nos separamos más. No, de hecho nuestra relación comenzó muy accidentada, porque Ariel el dibujante no terminaba de hacerse la idea, y yo intentaba superar el fin de la relación con Arsène el guitarrista, lo que me sumió en un estado nostálgico fuerte. Ese verano, seis meses después, partimos en bus al sur de Brasil, con Ariel el dibujante y unos amigos, y ahí creo que ya todo iba mejor. Cuatro días de bus seguidos cruzando el continente para llegar a Florianópolis, Barra da Lagoa y Pantano do Sul. Enamorados con Ariel el dibujante. En ese bus surgió la conversación acerca de cómo debíamos decir a quien preguntara cuál era la naturaleza de nuestro vínculo. Lisa, puedes decir que eres mi novia, me dijo Ariel el dibujante. ¿Ah sí?, pregunté yo. En ese bus eterno, en medio de películas que ponían para distraer a los pasajeros, y juegos de bingo, y otras diversiones varias muy extrañas, comenzó nuestro noviazgo oficial. Ariel el dibujante tenía un pequeño cuaderno en el que esbozaba breves historietas que me hacían reír. Luego en Brasil finalmente había que decir “meu namorado”, y a mí me parecía lo más bonito del mundo decirlo así. De hecho me enteré porque una mujer me preguntó algo sobre “mi enamorado”, y yo me dije, qué romántica esta mujer, le llama enamorado al novio. A continuación caímos en cuenta que todos eran románticos y esa era la manera oficialmente aceptada. Nos causó gracia, por supuesto. En ese viaje yo aseguraba que Nelly Furtado era brasilera porque su apellido era portugués, a lo que mis amigos se rieron mucho de mí, y yo iba preguntando por ahí a la gente por las calles para saber si era así, y nadie la conocía, y ellos se reían más de mí, eran tres amigos hombres más Ariel el dibujante y gozaban burlándose amistosamente de mí, lo que finalmente yo también disfrutaba, porque no me tocaba todo el tiempo a mí ser el objeto de las mofas, por suerte. Nelly Furtado resultó ser Luso-canadiense, así es que yo no estaba tan perdida, su apellido era portugués efectivamente. También se dedicaron a exagerar todo el viaje, que duró un mes en total, porque yo dije que ni loca saltaba en bungee, esas cuerdas en que uno cae al vacío en un precipicio, y que prefería cualquier otra cosa. Entonces exageraron, y preguntaban todo el tiempo, prefieres esto otro, más esto otro, y yo respondía que sí, lo que era una broma, evidentemente, porque por supuesto todas eran cosas muy obscenas o asquerosas, o absurdas o ridículas, pero raya para la suma, nos divertimos en grande inventando estupideces, lo que hacíamos seguido. El invierno siguiente fuimos finalmente a Cusco e hicimos el Camino del Inca hasta Machu Picchu, con Ariel el dibujante, mi hermano Baptiste y unas amigas, caminando cuatro días, llevando nuestras mochilas al hombro, tiendas de campaña, la comida, etc. No creo haber hecho un viaje más maravilloso en toda mi vida, esa caminata interminable por esa montaña impresionante y mística. Estábamos enamorados con Ariel el dibujante como yo no había estado nunca. Todo era hermoso. Fuimos pareja seis años. Recuerdo esas aventuras leyendo ahora sobre el Planeta fantástico, que sucedió seis años después de terminar mi relación con él. En ese momento nos reencontramos, unos meses antes de que yo partiera a vivir a Europa. Escribí en ese tiempo del reencuentro un texto que se llamaba Hot Knife, como la canción de Fiona Apple, que dice: “If I’m butter, then he’s a hot knife. He makes my heart a cinemascope screen. Showing the dancing bird of paradise. He excites me. Must be like a genesis of rhythm. I get feisty. Whenever I’m with him. I’m a hot knife, he’s a pat of butter. If I get a chance, I’m gonna show him that, he’s never gonna need another, never need another. El texto decía: Me llama Ariel el dibujante y hablamos sobre la idea de ir a la playa juntos, él al otro lado del auricular con su voz de paraíso que me revuelve la cabeza y me derrite, y luego colgamos, y yo me imagino el sonido del mar, y Ariel el dibujante besándome al calor de la chimenea, y luego desvistiéndonos mientras sus labios siguen buscando los míos, y luego imagino su lengua sobre mis pezones, y luego él presionando fuerte contra mi cuerpo, pero con la mayor suavidad y delicadeza como sólo él sabe hacerlo, y luego lo imagino tomándome de los brazos mientras lo hace, y luego sintiendo el éxtasis simultáneo y sincrónico, y luego imagino sus brazos escondiéndome en una quietud única e infinita, y pienso que nadie en el mundo hace el amor como Ariel el dibujante, y que mi amor por él no tiene final.

29 de octubre de 2025

Planeta fantástico IV

En aquella época del Planeta fantástico estuvimos juntos de nuevo un momento con Ariel el dibujante. Fue inesperado. Luego de esa primera vez después de años escribí un texto en el que hablaba de cascadas, sol, y océano, y delfines saltando, y cimas nevadas, y cordilleras, y águilas, y flores exuberantes, y pájaros, y baile. Un estado catatónico. Perdí la cabeza. Después no sabía cómo encontrarla de nuevo. Pasa eso. Es el problema del amor. Se olvida todo. Todo empieza y termina contigo, le dije. Cómo puedo hacer cualquier otra cosa sabiendo lo que es el amor, le dije. Sólo quiero amarte. Ahora leo el texto y me causa gracia. Es de una exageración insólita. Creo que tengo un gran sentido del humor. O había realmente perdido la cabeza en ese momento, o las dos. Igual me hace feliz, saber que sentí eso, cada vez que recuerdo que conocí el amor me alegro. Aunque la emoción haya estado al borde del precipicio. Ya sé lo que es el amor, le dije. Y ya sé que para eso quiero vivir. Era la expansión absoluta. Quedaba atrás el caos, y se acercaba el abismo. Se parecen en algunos aspectos, pero en otros se diferencian. Aquí era algo sin vuelta atrás. Hablando ahora con él, le digo, tal vez nos deberíamos haber casado, nosotros, nos habríamos ahorrado problemas. Pero cuando te digo estas cosas te pones nervioso. Lo hago reír. Ya no me pongo tan nervioso como antes, me dice. Me hace reír a mí. Realmente podemos hablar de lo que sea, es muy agradable. A continuación del texto de las águilas y las cascadas, escribí un texto que se llamaba La cordura me abandona. Decía lo siguiente: El reencuentro con Ariel el dibujante, y su idilio, me dejan en un estado de conmoción irreversible, y pierdo la noción del tiempo, y junto con eso la cordura, y el juicio, la sensatez, la  sabiduría, el discernimiento, la madurez, la cautela, el equilibrio y el aplomo, sobreviniendo, en definitiva, la locura total, acompañada de la imprudencia y la precipitación, y le envío diversas fotografías, unas cuantas canciones, y le escribo cientos de poemas, además de pasear por las calles y los parques de Santiago en un estado de zombie enamorado, cuya pasión lo insufla de brío y bienaventuranza, y luego de asfixia aguda, desfallecimiento, y de un vértigo afilado, punzante y violento, reforzado por la lista interminable de canciones que suenan en los audífonos cuya materia está compuesta de lo necesario para cortarse las venas por el ser amado, inspirando zozobra y desesperación,  junto con la voluntad de sacrificio e inmolación por la causa amorosa.
Lo leo ahora y me pongo a reír. Recuerdo haber caminado la ciudad entera escuchado canciones desesperadas tipo Leona Lewis, Ed Sheeran, Whitney Houston. Pop y soul enamorado para morir un momento, o hundirse de manera definitiva. El amor se intercalaba con un sufrimiento horrible por la intensidad del sentimiento. Sinceramente todo me parece tragicómico ahora. Me parece que ese libro, la tercera parte de Antonia Serrat y el caos, es un tratado de humor negro. Leer lo que uno sentía, con una cierta distancia, es un ejercicio de mucho humor. Hace bien. Quizá la desorientación se transformó en cinismo con el correr de los meses. Luego de la cordura que abandona, escribí un texto que se llamaba Bleeding Love: el amor que aprieta el corazón hasta matarlo. Decía esto: Camino, camino, y debo detenerme cada cierto tanto. Porque este amor aprieta mi corazón y duele, mucho, me ahogo. Debo parar y respirar hondo, rogando porque deje de sangrar, y sangrar y sangrar. Se asfixia. Y voy quedando vacía, de tanta sangre que cae a borbotones. Que todo lo invade. Qué hacer. Qué cresta hacer. No para de sangrar, y se asfixia. Se aprieta, y duele tanto. No puedo respirar. Este amor me mata. No me deja seguir caminando. Me detengo paralizada. Me acurruco en el suelo. Sin parar de sangrar, y sangrar, y sangrar. Y el corazón tan estrujado que ya no late. No queda aire ni sangre, y no sé qué cresta hacer. Si pudiera decirte que esto me está matando. ¿Entenderías?

28 de octubre de 2025

Planeta fantástico II

Antonia Serrat y el caos, son tres libros, hay uno anterior a las aventuras del Planeta fantástico. Son 700 páginas en total. Cambia el sentir un amante, escrito durante el 2011, Antonia Serrat y el caos, escrito durante el 2012, y Menos locura y más romanticismo, escrito el 2013, hasta unas semanas antes de partir a vivir a Europa. Creo que podría ser algo así como duda, el primer libro, caos, el segundo, abismo, el tercero. Ha sido especial e intenso leer todo ese recorrido, antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Cómo era mi presente de los treinta a los treinta y dos años. Uno de los últimos textos del segundo libro se llama La intuición de mi destino. Decía así (los nombres en este libro están adaptados a la serie Lisa): 
Es fuerte, porque a pesar de todo, Henri el tenista va a seguir siendo mi marido para siempre. Es parte de mí. Una parte de él está bajo mi piel. Siempre estará ahí. Irá conmigo a todas partes. Con cariño, para siempre.
A veces no quiero luchar más, contra todo. Quiero simplemente fluir, quiero paz. El fin de semana me encontré con Ariel el dibujante en el matrimonio de Julián. Es algo que está como atravesado en mí. Que me quita a veces la respiración. Una condena extraña, una profundidad desconocida. La tensión es potente cuando estoy cerca de él. Mis músculos no se distienden en ningún momento mientras él esté a metros mío. No hay explicación posible. ¿Él también lo sentirá? Será tantos años acariciando su cuerpo. Rozando sus labios. Será que amé demasiado sus manos, sus brazos, cada centímetro de su cuerpo. Amé hasta el fondo todo lo que había en él. Lo amé hasta desintegrarme. Hasta desaparecer. Me hice estrellas a su lado. Polvo mágico, esencia de la vida. Lo más íntimo, y lo más recóndito del corazón. Lo más microscópico del alma, lo que está más escondido. Eso adonde nadie llega. Que sólo podemos acceder nosotros, en momentos únicos que no vuelven a repetirse y se marchan, fugaces, como la intuición difusa del destino. Ayer estuve en el campo, en uno de esos momentos, al atardecer, el viento meciendo las hojas, con una delicada fuerza, el sol entre las hojas apareciendo y desapareciendo, despidiéndose, -este es el paraíso- pensé, lo sentí, lo sentí, una paz profunda, la vida misma, despojada de todo, una magia sabia y perfecta. Habría querido alargar ese momento, el sonido del viento en las hojas, suave y melodioso, calmo. De alguna manera Ariel estaba en ese sonido, y en ese momento no había dolor ni nostalgia, solo alegría y serenidad. ¿Cuándo dejará de doler verlo? Hace un año fui a una ceremonia de matrimonio, y estaba él. En ese momento, él frente a mí, el sol en el cielo, juré que me estaba uniendo a él de por vida. En esas palabras de amor, estaba nuestro amor, que todo lo puede, que nunca muere. ¿Todo muere? ¿Cuándo? ¿Hay algunas cosas que no mueren? Yo pensaba que todo acababa. Pero esa fuerza de nuestras entrañas, de nuestros cuerpos unidos, nunca acaba. Pasa el tiempo y sigue ahí, alertándome acerca de la vida cada vez que lo veo. Apelando a algo que está escondido, que ya no vislumbro, pero es tan intenso que me ahoga, me hace querer escalar la montaña más alta, caminar el sendero más largo, con él, escapar, con él, para siempre, huir de este mundo, los dos, de la hostilidad que a veces se aloja en mi corazón. ¿Acaso en él había paz? ¿Acaso alguna vez hubo paz? ¿Acaso alguna vez habrá paz? En mi corazón, en mi alma. Acaso el caos me dará una tregua. Me dejará caminar libre al menos un tiempo. ¿Acaso soy el caos? Un caos intenso, que va y viene. Que cambia, que permanece. Acaso somos dos seres desconcertados que vagamos juntos en la inmensidad, todo el tiempo. Dos amantes del caos, dos atrapados en el caos, dos destinados a ir y volver de esta vida incierta y confusa. Acaso estamos buscando nuestra identidad y en el fondo es la misma. Acaso estamos unidos en el alma. Acaso estamos unidos en el sonido del viento en las hojas. Acaso estamos unidos en las estrellas y su fulgor intermitente. Acaso estamos unidos en las razones para vivir. Para seguir aquí. Acaso tenemos cada uno una razón para el otro. Acaso cuando la podamos compartir todo acabará. Nos volveremos una explosión de vida, una erupción planetaria. Acaso nacimos para sufrir, para sentir la nostalgia desintegrándonos. Acaso estamos preparados para vivir. Acaso podremos morir un día, lejos uno del otro. Acaso cesará un día el dolor de vernos, el nudo de la fuerza almacenada, escondida. La fuerza timorata, que siente vergüenza. Que traspasa nuestras corazas y propósitos, dejándonos al descubierto, despojados de armas para defendernos. Acaso esto es una condena ineludible. Acaso es el destino, maldito, entrometiéndose a pesar de todo. Acaso esto es una enfermedad sin cura. Acaso es un trastorno, delirante. Acaso es lo que tenemos que aprender en este tiempo, en esta era. Acaso el problema soy yo. Acaso debo acabar con todo esto porque no tendrá final. Acaso partirás para dejarme inmóvil para siempre. Acaso detendrás el tiempo hasta que ruegue por nuevos parajes, por colinas verdes, por una huida exitosa, cueste lo que cueste. Acaso quieres que acabe con tu vida para que pueda seguir con la mía. Acaso el caos cesará. Acaso vas a matarme de una vez para que pueda renacer. Acaso vas a alargar esta agonía, este éxodo de mí misma, donde no me encuentro, donde mi identidad florece y muere, donde se marchita hasta que ya no sé cuál es mi nombre. Acaso tú sabes mi nombre y vas a decírmelo. Acaso tienes razones para mí. Acaso crees que yo voy a salvarte. No podré hacerlo. Estoy lejos ya. Un abismo nos separa. Es la paradoja hecha física. No podemos alcanzarnos, y sin embargo somos lo mismo. Ese es el gran caos, que nos tiene atrapados. Que debemos sortear, o resolver. Tomar decisiones si es posible, operarnos la cabeza, apelar a la ciencia, a la cordura. Olvidar nuestra constitución etérea, poner los pies firmes en la tierra y recordar, por qué dejamos de estar juntos. Recordarlo todo, todos los desencuentros, todo el dolor, los celos, nuestra volatilidad, nuestra poca empatía. Yo sólo quiero recordar eso, para saber por qué no estoy contigo ni tú estás conmigo. Yo sólo quiero recordar, y que ese recuerdo aniquile esa chispa de tu alma que queda en mí, ¿o acaso moriré si ella muere? ¿Tienes razones para mí? ¿Me harás tener fe en la humanidad? ¿Acaso sabes qué decir? ¿Sabes cómo se hace? ¿Acaso sabes algo que yo no sé? Acaso el caos convive contigo, pero sin destruirte. Acaso me dirás cómo se hace eso. Acaso unirás tu caos al mío hasta que podamos expulsarlos a ambos y vislumbrar un pequeño cosmos, maravilloso y sereno. Muy pequeño e íntimo. Acaso nos uniremos en la fibra más íntima de nuestra alma, donde haya algo que no pueda romperse. Acaso podremos crear algo que no pueda romperse. Acaso hay algo que no puede romperse. Como nuestro amor, herido y maltratado, sollozante. Acaso queremos acariciarlo hasta que sane, hasta que podamos estar juntos sin lágrimas perpetuas, sin hacernos daño, acaso es posible quererse sin destruirse. Acaso nosotros construimos sin destruirnos. Acaso eso es lo que queda y nos mata de cuando en cuando. Acaso nos liberaremos un día de esta condena, maldita, perversa, inexplicable. Acaso alguien tiene alguna respuesta. Quizá alguien sabe algo, que nosotros no entendemos. Quizá alguien pueda explicarnos. ¿O debemos buscar en nosotros mismos? Yo no creo que esto sea el amor. El amor moviliza, y esto mata, mata, mata. Va escarbando por dentro tuyo hasta que vas quedando vacío. Es demoníaco. No puede ser amor. ¿El amor es caos? ¿Es destrucción? ¿Hemos sido engañados? ¿Nunca podremos comprenderlo? El matrimonio no es amor. El matrimonio es soledad. Quizá esto es el amor entonces, el amor real, intenso y mortal. El amor suicida y lleno de vida. El amor que te lleva a abandonarte, a desconocerte. A dudar, todo el tiempo. Dudas y más dudas que se renuevan. Yo quisiera algún día amar en paz, pero el caos es muy fuerte, y todo lo domina. Acaso debo dejar de luchar contra él y hacerme su amiga, para entenderlo. Acaso no existes y sólo eres una parte de mí. Quizá soy yo misma, dispersada e intentando unirme, unir mis partes. Acaso nunca se unirán. Acaso seré diez cosas al mismo tiempo, siempre, sin posibilidad de univocidad. Diez voces intentando expresarse, gritando, clamando por mostrar la vida que subyace en cada cosa. Acaso este libro no puede terminar de manera tranquila. Acaso sería un oasis temporal. Acaso asumiré la profundidad con cariño y podré disfrutar la vida, intensamente, de cuando en cuando. Lo que sé es que yo quiero vivir. Y que esto nunca lo voy a olvidar. Nunca. Voy a vivir. Voy a vivir. La muerte ya no es mi amiga, y yo voy a vivir. 

27 de octubre de 2025

Planeta fantástico

Llevo días leyendo las intensas y caóticas aventuras del Planeta fantástico, 600 páginas non-stop, inéditas. Editando ese desborde de energía, vitalidad animal y extravagante emoción. Entendiendo los mecanismos internos de toda aquella maquinaria imparable, y todo el gozo de esa creatividad infinita e inspiración inmanejable. Mientras escucho The National, que canta: You own me, there’s nothing you can do, lucky you. En aquella época del Planeta fantástico le compuse una canción a Gaël el humorista, que decía lo siguiente (se llamaba aprender a llorar): Me estaba esperando en silencio bajo un rosal/ Y cuando llegué lo miré y se puso a llorar/ Si tú me prometes me dijo llevarme hasta el mar/ Entonces yo pueda quizá enseñarte a besar/ Por qué tienes pena si yo lo que quiero es cantar/ Quizá si lo intentas puedes aprender a vivir// Para qué te enamoras me dijo si vas a sufrir/ Amar se trata sobre aprender a llorar/ Si me das tus latidos le dije lo puedes sentir/ Yo nací me dijo para aprender a morir/ En mi alma llevo siempre escondido un puñal/ Que aparece y me hiere cuando te vas y no estás// Vamos al mar le dije para vivir/ Cuando todo muera nosotros sabremos amar/ Cuando la música aloje en tu corazón/ Cuando el camino se preste para reír/ No quiero estar lejos de tu valor/ Ni de tu fuerza profunda para luchar// Amar está hecho de caos y de creación/ Cuando se muere los/ suspiros se van a dormir/ Yo quiero las olas, tus ojos y una flor/ La pasión, las nubes y un final/ Cuando me hayas enseñado a besar/ Entonces sabré que aprendí a llorar, en el mar. Luego le compuse otra (que se llamaba cuando quieras ir): Cuando viene el lobo quieres huir/ Cuando se hace tarde quieres morir/ Cuando la ola rompa querrás sentir/ Cuando quieres anclas el cambio está ahí/ Cuando el deseo te lleva de aquí/ Querrás crear un mundo donde fluir// Cuando quieras ir/ No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin/ Cuando quieras ir / No habrá un fin.

19 de octubre de 2025

Furioso deseo (Libro)

Furioso deseo
Prefacio

Furioso deseo es una novela, es el libro séptimo de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, el quinto, Forma fulminante, sobre la magia, el sexto, Drama fascinante, sobre la música, y el séptimo, Furioso deseo, trata sobre la imaginación. Este libro relata el inicio del Planeta fantástico. Las peripecias que precipitaron la entrada forzosa a aquel planeta de la euforia y la música. Escribir relatos con una cierta distancia en el tiempo tiene la gracia de poder observarlos con un poco de humor, y conservar lo relevante. Tal vez no parece, pero estoy agradecida de esta persona que me llevó de lleno al Planeta fantástico de un día para otro, cuando yo pensé que todo llegaría con calma. No hay que subestimar al caos, es fuerte y poderoso, nos instala en situaciones particulares o en ocasiones difíciles, pero que con el tiempo comprendemos el significado. Este libro habla de tormentas y embriaguez vital. También de furioso deseo y de catástrofes. Mi especialidad. Estoy consciente de mi responsabilidad. Algunas cosas sólo pueden suceder en la tormenta, dice una canción de Flying Colors. Mirar el caos a la cara, cantan. Este es un nuevo relato de las aventuras de Lisa. A decir verdad, me encantan, me divierto viviéndolas, recordándolas, escribiéndolas. Todo es imaginar la ficción. Este libro habla sobre el furioso deseo de modificarlo todo. Mi cualidad principal. Lo que conservo y me permite seguir, a pesar de las catástrofes, propias y ajenas. Tal vez todo es una especie de juego, incluso ahora que veo las hojas rojas, amarillas y cafés caer con el viento hacia montículos en la acera. Siempre voy con la música, mi compañera principal, además de la literatura, Doris Lessing, Simone de Beauvoir, y tantas otras. Tantos autores que me taladran de furioso deseo sin descanso. Mi espíritu es expansión ilimitada cada día. Catorce años del Planeta fantástico y no cesa. Hay cosas que sólo se pueden llevar a cabo en la tormenta. El Planeta fantástico es el caos absoluto del furioso deseo vital. No hay tristeza, no hay melancolía posible. Todo es expansión, amor y gloria. Lo que queda, que sea en grande. Sólo hay una oportunidad, ¿no? La imaginación es nuestra mejor aliada. Vuelan y vuelan las hojas por el aire. Nubes, cielo azul, van pasándose la posta. El río transcurriendo. El arte siempre en la cima. Creo que lo más importante que he aprendido en estos años de Planeta fantástico es a amar la vida. Su caos completo y la creatividad asociada. Caen, caen las hojas con fuerza. Se eleva la magia. La electricidad del ambiente. Los acordes que nos exaltan. Los hechos que relato sucedieron en un otoño como este, en el hemisferio contrario. En el reverso inevitable de los acontecimientos que siempre nos está acechando. Porque cada cosa tiene su parte secreta que nos moviliza. Espero haber reproducido los eventos con la chispa que tuvieron para mí. Con la intensidad que me caracteriza, que jamás voy a dejar de lado. Mi tendencia es hacia el optimismo, eso no varía. Soy una devota al entusiasmo. La verdad, me sale natural. Vivir es suficientemente eufórico con estos paisajes y melodías como para pasarlo por alto. Yo amo. Es tal vez mi error. Me tiene sin cuidado. Yo nací en la tormenta, y en la literatura. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 19 de octubre de 2025.


17 de octubre de 2025

Furioso deseo

Vivo con Doris Lessing y un piano. Largas conversaciones. La imaginación la tengo. La imaginación es el furioso deseo de modificarlo todo. El anhelo feroz porque las cosas no sean exactamente como son. Nosotros los románticos precisamos obstáculos, escribe Doris Lessing. Persigo amor y gloria, siempre, escribe Lessing. A menudo dice que hay varias personas coexistiendo en usted, ¿qué parte le corresponde a la escritora?, le preguntan en una entrevista. Soy escritora al cien por ciento, responde Doris Lessing, cuando se escribe bien, se moviliza todo el ser, se engloban los recuerdos, la experiencia, el cuerpo, se escribe desde el plexo. Sólo se está escribiendo de verdad cuando se es consciente de que se están sondeando varios niveles al mismo tiempo, continúa Lessing, creo que la escritura sin vida suele ser obra de personas que escriben desde la cabeza, es una exudación del intelecto, no se ve chispa ninguna. Yo busco la chispa con furioso deseo. Para eso lo desarmo todo. Me siento con Doris y el piano y les propongo ideas. Cómo ven esto, cómo lo ven por aquí, por acá, así, de esta manera, de esta otra. Son de gran ayuda, porque Doris y la música lo comprenden todo. Saben lo que debe venir y cómo. Todo es chispa y melodía. No pensé llegar a este momento de las grandes conversaciones. Del amor y la gloria. Mickey Mouse se convirtió en una vaca, canta David Bowie. Pero la película es un aburrimiento triste, canta, porque la escribí diez veces o más, está a punto de volver a escribirse. Les cuento sobre el furioso deseo, los hago parte, les describo el río, y la masa de aventuras eternas que me acompañan. La imaginación es la facultad para compilar en una imagen unitaria los múltiples datos sensoriales que vienen dados con la intuición, escribe Byung-Chul Han. De nuevo, el amor, de Lessing me dejó volando en el aire. Pido tan poco y tengo tanto. Escuchábamos a Glenn Miller, Cole Porter, dice Lessing en la entrevista, esa música, tan potente, sólo expresaba deseo, espera, carencia, si uno se detiene un momento a pensar en ello, no se puede evitar pensar que eso deja huella, que necesariamente nos afecta. Nos afecta, todo nos afecta, Mickey Mouse, las vacas, Cole Porter, las películas vueltas a escribirse. La chispa intentando no extinguirse. Las intuiciones forzándose a construir algo en el cerebro asediado. Intensifico las conversaciones con Doris y el piano. Lo intensifico todo para que quede algo. Voy escribiendo lo que me proponen en ese lenguaje inconfesable. En su estado actual, escribe Doris Lessing, signos y símbolos, augurios y presagios y agüeros, comparaciones sensatas y tontas, se formaban a partir de una voz oída al azar en la calle, el ladrido de un perro, un vaso que se le caía de la mano y se hacía pedazos sonoramente sobre una superficie dura. Todo me habla del amor y la gloria, de la mitad de la vida que comenzó. Del tiempo nuevo que empezó. Secretamente discuto con Doris y el piano. Necesito que me den la venia para cada locura y prudencia que alcanza mi chispa. Sé que están presentes recibiéndolo todo y lo agradezco. Ellos me han dado tanto más que yo a ellos. Pido tan poco y sin embargo tanto, es lo que obtengo. Tantas estrellas alineadas y planetas por descubrir. Viví en un planeta fantástico, y sin embargo no hace más que comenzar. Debiese hablar aquí de ese Planeta fantástico, de cómo empezó. Fue el día de mi bienvenida de soltera, un fin de semana del mes de marzo del año dos mil doce en Santiago de Chile. Las historias son lo mío. Para ellas el furioso deseo es incandescente. A veces la imaginación no es suficiente y la realidad hace su parte mostrándonos cosas que se habían quedado fuera de ella. No hay engaño posible en la capacidad de soñar. De alguna manera todo es cierto, si la locura no nos ha tomado completamente. Pero hay un elemento irracional en cada acción que emprendemos. La creatividad es irracional en un sentido. Viene de ninguna parte. Nace de la chispa impronunciable que cargamos con nosotros. Sólo uniéndolo todo con un deseo furioso cuaja la preparación. ¿Hay vida en Marte?, se pregunta David Bowie. ¿Hay vida en esto?, me pregunto yo. Tiene que haberla. La busco. Me he pasado la vida buscando siempre algo, escribe Doris Lessing, eso le ha ocurrido a todo el mundo, claro. Yo busco la vida, busco la auténtica conversación con Doris y el piano. La conversación íntima que me señale lo esencial. La he encontrado en la literatura y la música, también en la amistad y el amor. Renuevo los votos con el arte en cada ocasión. Te entregaré mi vida, le digo. Los testigos son Doris y el piano. Firman lo que hace falta. El pacto queda sellado. Furtivamente me encuentro con ellos en la medianoche. Junto al río, bajo la luna llena. Junto a la cascada. Les entrego mi cuerpo, mi furioso deseo de cambiarlo todo. Es lo más valioso que poseo. Mi integridad depende de ello. Mi cordura y mi afán de empecinarme en vivir. Como literatura y vida son sinónimos exactos no tengo problemas en saber de qué se trata existir. Mi margen de acción es pequeño, y sin embargo innumerable. Poseo la creatividad y la imaginación para enfrentarme a cada día. Las aprendí de Doris y el piano. Lo saben, y me acompañan con humildad. Lo poseo todo en el fondo, porque los llevo dentro. Se manifiestan sin detenerse. Lo que busco es manifestarme para transformar. Un día comprendí lo que era la imaginación. Armé la escena de la catarata y realicé la ceremonia. Lo mío es el arte, me dije. Todo será explorado porque transformar es imaginar. Ante las puertas del castillo imagino. En los márgenes imagino. Con Doris y el piano imagino. Horas se me van en el salón de las ceremonias. Observando pasar la vida mientras me suceden las historias. El furioso deseo es mi más fiel compañero. Cada año la ceremonia. Renuevo mi compromiso con el Planeta fantástico. En definitiva es la fragilidad y la delicadeza de existir. Cada pequeño gesto que nos permite la vida. 

11 de octubre de 2025

Drama fascinante (Libro)

Drama fascinante
Prefacio

Drama fascinante es una novela, es el libro sexto de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, el quinto, Forma fulminante, sobre la magia, y el sexto, Drama fascinante, trata sobre la música. Sobre el furor y la luna llena. Siempre es mejor escribir que perder la prudencia debido al misterio y al anhelo. Drama fascinante habla sobre bandas musicales y sobre el deseo que destruye. Sobre canciones y pasión. Sobre la inspiración, el rol de la música en la literatura, y aventuras encantadoras, como siempre. Trata sobre todo de los remolinos que son música y nos empujan a la música, como ese estado embriagador que a veces conocemos, o no. Esa es la encrucijada acá. Esa posibilidad incierta, como siempre. La de la música, la de los cuerpos, la del amor, la del arte. Este es un deslumbrante drama de esos que nos permiten la vida, que nos mantienen andando, escribiendo, anhelando, embriagándonos, desintegrándonos, que nos derrotan. Porque todo es perder, tarde o temprano, pero está el deseo y el amor para continuar. Está la música de las profundidades, y la sensación de la ilimitación. Me quedo con la pasión aunque acabe conmigo, la música es todo lo que me importa.
Gracias.   

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 10 de octubre de 2025.