1 de noviembre de 2025

Vitalidad animal

A mí lo único que me excita es publicar libros. Todo el resto es interesante, pero no lo más alto. Tengo un deseo intenso por los libros. Sueño con libros, fantaseo. Los hombres, interesante, pero no lo más alto. Los amigos, lo más alto. Casi como publicar libros. Tengo una vitalidad animal para las letras. Como si todo fuera un baile con el instante. Una danza interminable con la inmortalidad imaginaria. Me lo vivo como catarsis colectiva, como catarsis inclemente. Como movimientos indecentes. Simbiosis obscenas. Como si las palabras fueran cuerpos. Organismos para habitar. Para descubrir. Para indagar y explorar. Soy siempre virgen como un bosque deshabitado, y mujer incandescente. Las promesas de cima me aceleran. Nunca detengo a la nave espacial. La música me perfora una y otra vez. Como si nos encontráramos carnalmente en cada ocasión sin recordar la anterior. La sorpresa total. Así enfrento cada libro. Una nueva maniobra en la altura sin lugar donde caer para vivir. Salto. Como un tigre que no calcula bien la distancia entre un obstáculo y otro. Caigo. Esto es todas las veces. Me río a carcajadas. Esto es todas las veces. Como en cada encuentro amoroso. Saltar, caer, y reír. Entremedio llorar un poco. Depende de cuán arriba llegó todo, llorar un poco más. Muy arriba, llorar muchas veces. Muy arriba, reír muchas veces. Lo único que me interesa es la intensidad que me parta en dos. La fuerza del rayo. Que pulverice el presente completo. Tengo una vitalidad animal que es la creatividad en acción. Un afán de seducir cada rincón del presente. Me inspiro de los sentimientos y emociones que son extravagantes. Voy eligiendo los que brillan más, los que no entiendo bien, los que me desafían a inventar nuevas cosas para llevarlos encima. Todo consiste en una selección minuciosa, que no llevo a cabo para nada, porque todo es vértigo y desconcierto. El control es nulo. Sólo vitalidad animal y despeñadero. Olvido y me arrojo. Cada salto una apuesta que abrasa. Entonces el clímax, la euforia, y la perplejidad. Así es cada vez. Lo seguiría haciendo, hasta que me pulverice el deseo y ya no pueda seguir. Ocurre en ocasiones. En las relaciones, no en los libros. A la pluma no se renuncia. Tal vez tampoco al amor. Yo he renunciado muy pocas veces. Inmediatamente he retomado. Incluso cuando creía que moría. He amado siempre. Así como he escrito siempre. Al arte y al amor no se renuncia nunca. Pulverizarse es parte del oficio. Ser humano de las palabras es ser animal de costumbres. Todos los días las frases. Todos los días los significados. Clímax y turbación. Porque las palabras van transformándose como monstruos infernales de halloween y de fuego. Crees que tienes una en las manos, y luego abres los brazos y nada, no hay nada. Estás segura que hubo ese significado, pero nada. Dónde estaba. En qué lugar obtuve ese sentido. Buscar, buscar. Quizá el paraíso que soñamos cuando estamos enamorados es aquel del que fuimos expulsados, donde todos los abrazos son inocentes, escribe Doris Lessing. Las palabras no son inocentes en ningún sentido. El enamoramiento con cada una dura poco. Enseguida descubrimos que la ambigüedad es la regla. Nuestra constitución ambigua lo empeora todo. Como organizar un encuentro entre entes de caos. Es ilusorio. Pero tan alto. Por eso cada libro es una culminación, igual que el encuentro sexual. Porque decimos, no importa que todo sea vacío y sinsentido, aquí hay algo. Lo voy a dejar ahí al lado del camino. Que lo tome quien quiera, y vamos tomando lo que otros dijeron, lo que pulverizó a otros, y no hay fiesta más espectacular. Es la Gran Ultra Inmensa Fiesta. Exacta al Planeta fantástico. Entonces uno toma cada obra y la incorpora al corazón para que explote la alquimia. Igual como cada encuentro amoroso, cerca del corazón queda y explota. En obras, creaciones. En inspiración para otros, porque todo es dar y recibir. Esta es la regla básica de la vida. Dar y recibir. No se puede sólo dar, o sólo recibir. Esa es la pulverización definitiva. Vamos escribiendo y vamos leyendo. Vamos bailando y vamos observando. Vamos amando y vamos dejando que nos amen. Seducir a la existencia es la regla número uno del Planeta fantástico de la Gran Ultra Inmensa Fiesta. El humor que penetre el hielo, para evitar que caigan los glaciares. Que todo sea devastación y asolamiento. No olvidemos que todavía no sabemos dónde está Julia Chuñil. Porque escribir y amar es transitar con desaparecidos, con muertos. Es decir algo para que la Gran Ultra Inmensa Fiesta sea tal. Porque la vitalidad animal necesita serenidad y justicia. Inspiración sin intervalos. Una constante de paraíso, ese de los abrazos inocentes. Amo las palabras pero las miro con distancia. No quiero ser ingenua. La existencia no me lo ha permitido. En muchos momentos no me lo ha permitido ni el Estado, ni la sociedad, ni jefes, ni parejas, ni amigos, ni familiares. Estados que asesinan, sociedades que oprimen, jefes que acosan, parejas que maltratan, amigos que violan, antepasados que abusan. Pero vamos remando para mantener la cadencia lo más constante posible. Para que toda la composición siga intacta y modificar lo desértico completo. Seguimos intentado amar a los hombres, y tantas veces resulta. Estoy agradecida. Tenemos que ir todos juntos, con los animales no humanos. Contra la dominación que aniquila la vitalidad animal. Este año sabemos que la contienda es más dura que nunca. No renunciamos. 

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