17 de octubre de 2025

Furioso deseo

Vivo con Doris Lessing y un piano. Largas conversaciones. La imaginación la tengo. La imaginación es el furioso deseo de modificarlo todo. El anhelo feroz porque las cosas no sean exactamente como son. Nosotros los románticos precisamos obstáculos, escribe Doris Lessing. Persigo amor y gloria, siempre, escribe Lessing. A menudo dice que hay varias personas coexistiendo en usted, ¿qué parte le corresponde a la escritora?, le preguntan en una entrevista. Soy escritora al cien por ciento, responde Doris Lessing, cuando se escribe bien, se moviliza todo el ser, se engloban los recuerdos, la experiencia, el cuerpo, se escribe desde el plexo. Sólo se está escribiendo de verdad cuando se es consciente de que se están sondeando varios niveles al mismo tiempo, continúa Lessing, creo que la escritura sin vida suele ser obra de personas que escriben desde la cabeza, es una exudación del intelecto, no se ve chispa ninguna. Yo busco la chispa con furioso deseo. Para eso lo desarmo todo. Me siento con Doris y el piano y les propongo ideas. Cómo ven esto, cómo lo ven por aquí, por acá, así, de esta manera, de esta otra. Son de gran ayuda, porque Doris y la música lo comprenden todo. Saben lo que debe venir y cómo. Todo es chispa y melodía. No pensé llegar a este momento de las grandes conversaciones. Del amor y la gloria. Mickey Mouse se convirtió en una vaca, canta David Bowie. Pero la película es un aburrimiento triste, canta, porque la escribí diez veces o más, está a punto de volver a escribirse. Les cuento sobre el furioso deseo, los hago parte, les describo el río, y la masa de aventuras eternas que me acompañan. La imaginación es la facultad para compilar en una imagen unitaria los múltiples datos sensoriales que vienen dados con la intuición, escribe Byung-Chul Han. De nuevo, el amor, de Lessing me dejó volando en el aire. Pido tan poco y tengo tanto. Escuchábamos a Glenn Miller, Cole Porter, dice Lessing en la entrevista, esa música, tan potente, sólo expresaba deseo, espera, carencia, si uno se detiene un momento a pensar en ello, no se puede evitar pensar que eso deja huella, que necesariamente nos afecta. Nos afecta, todo nos afecta, Mickey Mouse, las vacas, Cole Porter, las películas vueltas a escribirse. La chispa intentando no extinguirse. Las intuiciones forzándose a construir algo en el cerebro asediado. Intensifico las conversaciones con Doris y el piano. Lo intensifico todo para que quede algo. Voy escribiendo lo que me proponen en ese lenguaje inconfesable. En su estado actual, escribe Doris Lessing, signos y símbolos, augurios y presagios y agüeros, comparaciones sensatas y tontas, se formaban a partir de una voz oída al azar en la calle, el ladrido de un perro, un vaso que se le caía de la mano y se hacía pedazos sonoramente sobre una superficie dura. Todo me habla del amor y la gloria, de la mitad de la vida que comenzó. Del tiempo nuevo que empezó. Secretamente discuto con Doris y el piano. Necesito que me den la venia para cada locura y prudencia que alcanza mi chispa. Sé que están presentes recibiéndolo todo y lo agradezco. Ellos me han dado tanto más que yo a ellos. Pido tan poco y sin embargo tanto, es lo que obtengo. Tantas estrellas alineadas y planetas por descubrir. Viví en un planeta fantástico, y sin embargo no hace más que comenzar. Debiese hablar aquí de ese Planeta fantástico, de cómo empezó. Fue el día de mi bienvenida de soltera, un fin de semana del mes de marzo del año dos mil doce en Santiago de Chile. Las historias son lo mío. Para ellas el furioso deseo es incandescente. A veces la imaginación no es suficiente y la realidad hace su parte mostrándonos cosas que se habían quedado fuera de ella. No hay engaño posible en la capacidad de soñar. De alguna manera todo es cierto, si la locura no nos ha tomado completamente. Pero hay un elemento irracional en cada acción que emprendemos. La creatividad es irracional en un sentido. Viene de ninguna parte. Nace de la chispa impronunciable que cargamos con nosotros. Sólo uniéndolo todo con un deseo furioso cuaja la preparación. ¿Hay vida en Marte?, se pregunta David Bowie. ¿Hay vida en esto?, me pregunto yo. Tiene que haberla. La busco. Me he pasado la vida buscando siempre algo, escribe Doris Lessing, eso le ha ocurrido a todo el mundo, claro. Yo busco la vida, busco la auténtica conversación con Doris y el piano. La conversación íntima que me señale lo esencial. La he encontrado en la literatura y la música, también en la amistad y el amor. Renuevo los votos con el arte en cada ocasión. Te entregaré mi vida, le digo. Los testigos son Doris y el piano. Firman lo que hace falta. El pacto queda sellado. Furtivamente me encuentro con ellos en la medianoche. Junto al río, bajo la luna llena. Junto a la cascada. Les entrego mi cuerpo, mi furioso deseo de cambiarlo todo. Es lo más valioso que poseo. Mi integridad depende de ello. Mi cordura y mi afán de empecinarme en vivir. Como literatura y vida son sinónimos exactos no tengo problemas en saber de qué se trata existir. Mi margen de acción es pequeño, y sin embargo innumerable. Poseo la creatividad y la imaginación para enfrentarme a cada día. Las aprendí de Doris y el piano. Lo saben, y me acompañan con humildad. Lo poseo todo en el fondo, porque los llevo dentro. Se manifiestan sin detenerse. Lo que busco es manifestarme para transformar. Un día comprendí lo que era la imaginación. Armé la escena de la catarata y realicé la ceremonia. Lo mío es el arte, me dije. Todo será explorado porque transformar es imaginar. Ante las puertas del castillo imagino. En los márgenes imagino. Con Doris y el piano imagino. Horas se me van en el salón de las ceremonias. Observando pasar la vida mientras me suceden las historias. El furioso deseo es mi más fiel compañero. Cada año la ceremonia. Renuevo mi compromiso con el Planeta fantástico. En definitiva es la fragilidad y la delicadeza de existir. Cada pequeño gesto que nos permite la vida. 

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